Shingeki no Kyojin no me pertenece, sino al gran Hajime Isayama.

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Tales of a Voyager ─

«Dear Captain»

I

Un hermoso clima se hacía presente esa jornada, con una fresca brisa proveniente del océano, haciendo más llevaderas las altas temperaturas y el golpe de los fuertes rayos solares.

La ciudad se veía más viva de lo normal. Sus calles se encontraban excesivamente pobladas y bulliciosas, los puertos estaban repletos y ni hablar de los bares, llenos de nuevos marinos ansiosos por una buena cerveza luego de estar horas y horas trabajando en ese abrasador tiempo.

Resopló con fastidio, esquivando todas las personas que pasaban, queriendo hacerse un camino fuera de ese gentío que no le permitía llegar a su tan anhelado destino.

─Oigan, ¿ese no es…?

Sonrió ladinamente, era algo normal oír ese tipo de comentarios a diario. Es más, podría decir que ya había oído es susurro al menos siete veces y eso que era apenas era mediodía.

Vaya, no quería sonar arrogante, pero era la verdad. No sabía muy bien como la gente se daba cuenta quién era, pues siempre intentaba pasar desapercibido, aunque parecía que eso no estaba funcionando como lo esperaba los últimos tiempos.

Cinco interminables minutos le tomo zigzaguear entre la gente para así poder llegar a donde deseaba. Recargó su mano en la pequeña puerta de pesada madera y empujó, encontrándose con un panorama tan acostumbrado en ese sitio.

Una melodía de piano resonando de fondo, siendo opacado por los gritos, las risas y los cánticos de los hombres que se encontraban allí. También podían divisarse a algunas prostitutas sentadas en la barra, coqueteando con cualquiera que se aproximara. También podían verse a los típicos borrachos mañaneros, los cuales buscaban pelea por cualquier cosa.

Rió en voz baja. Sin duda, le encantaba ese lugar.

Ni bien dio un solo paso en la habitación, todo quedó en silencio, cortándose incluso el piano, todo el mundo estaba atento al recién llegado.

La vista de los presentes allí se clavaba en aquel joven muchacho de fuerte y desafiante presencia, enmudeciendo a cualquiera que osase a mirar fijamente a esos intensos ojos aguamarina. Sin duda alguien intimidante y muy misterioso.

Se abrió paso entre la marea de gente, llegando a una mesa apartada. Siempre estaba libre, pues todos sabían muy bien a quién pertenecía ese asiento y pobre el que accidentalmente lo ocupara, pues estaría tentando la paciencia de un hombre muy peligroso.

Se sentó, recostándose en su asiento y posando ruidosamente sus pies sobre la mesa, haciendo resonar el taco de éstas contra el tablón, no haciendo más que mantener la atención del público en él. Luego de unos pocos segundos, todo el mundo retomó sus actividades, como siempre solían hacer.

Solo pasaron unos segundos y una bella muchacha de cabellera rubia corta se acercó, con una sonrisa coqueta y un marcado bamboleo de caderas, moviendo graciosamente su larga falda. En su mano traía una gran jarra de cerveza y un plato de comida. Algo que parecía ser sopa o algo así.

Sus labios formaron una mueca de diversión al ver a la chica intentando captar su atención.

─La casa invita ─anunció Hitch, cantarina.

─La cerveza viene justa, pero la comida mejor déjasela a alguien que la necesite más que yo ─dijo, mientras se acomodaba y se sentaba apropiadamente, aceptando la jarra─. Y dile a la casa que venga, que tengo que hablar con él.

Ella asintió y volvió por donde vino, dispuesta a cumplir con lo pedido.

Le dio un sorbo a su bebida. Metió la mano dentro de su morral de cuero y de su interior sacó un par de mapas y un lápiz. Desplegó el más grande y se puso a observar las rutas que había marcado en él.

Sintió como la silla frente a él se movía y en ésta se colocaba su mejor amigo, Armin Arlet.

─Eren, ¿cómo va todo? ─saludó con su típico tono alegre y cálido─. ¿Acaso la nobleza te tiene tan ocupado como para saludar a tu mejor amigo? ─Sintió un tinte burlón e irónico que le hizo dar algunas carcajadas.

Todos se voltearon a mirarlo. No era normal que riera así tan abiertamente.

─No seas tonto, cabeza de coco. ─Negó con la cabeza, riendo un poco─. Sabes que todo esto es nuevo para mí, y bastante aburrido la verdad. ─Suspiró.

Armin sonrió.

Eren Jaeger, su mejor amigo, el hombre más peligroso y temido de toda la isla Paradis. Siendo alguien independiente, que seguía sus propias reglas. Podría decirse que era intocable. Todo el mundo le debía algo. Nadie se atrevía a negarle nada.

A pesar de esto, no era un mero criminal. No, no, no. Era un famoso aventurero, dueño de una de las marinas mercantes más grandes de todo el mundo, vendiendo mercancía exótica, la cual obtenía de los continuos viajes que realizaba.

A sus veintiún años recién cumplidos, amasaba una fortuna envidiable y una fuerte reputación. Era alguien confiable y leal, muy bueno negociando, un muy buen socio. Sin embargo, si descubría algo que no le gustaba o se rompían sus normas, bueno… él se encargaría de dejar en claro quién mandaba y no de una manera muy bonita.

Era muy inteligente y manipulador, nunca haría algo porque sí. Todo tenía que estar bien premeditado, tener un motivo, una razón. A pesar de que en su niñez era conocido por ser muy apasionado, testarudo e impulsivo, con los años había aprendido a controlar muy bien sus impulsos.

Y no solo era alguien que se valía por su cerebro, pues también estaba bien entrenado en el uso de armas blancas, de fuego y en las artes marciales mixtas. Haciéndolo alguien aún más peligroso.

Se sabía el importante lugar y todo el prestigio que se había ganado en el mundo de los negocios, además de eso, todos sabían muy bien lo que sucedería si se metían con él. Por lo que sus barcos siempre estaban bien custodiados y nunca en todos esos años habían sufrido un ataque.

A todo esto, se le sumaba el contacto directo con el rey y la nobleza, así como también los fuertes lazos con los monarcas de otros países muy poderosos.

─Armin, ¿me estás escuchando? ─se quejó el castaño, al ver que mientras él hablaba su amigo parecía estar ido en sus propios pensamientos.

El aludido sacudió la cabeza, saliendo de su ensoñación.

─Lo siento ─se disculpó─. A ver, cuéntame.

Jaeger suspiró sonoramente y miró desaprobatoriamente a su interlocutor durante unos segundos, para luego retomar su cuento desde el principio.

─Estuve viendo un par de rutas nuevas, estoy pensando en salir en una nueva excursión ─reiteró─. Al este.

Alzó las cejas con intriga, queriendo oír las razones de esa decisión.

─¿Al este? ¿Qué es lo que hay allí?

El castaño sonrió y señaló un punto en el mapa en la zona de oriente, con una leve inclinación al sur. El otro frunció el entrecejo, acercando su rostro a la cartografía, sin entender a lo que se refería.

─Allí no hay nada…

─Oh, mi pobre e inocente cabeza de coco, que no esté en los mapas no significa que no exista. ─Se cruzó de brazos─. Son zonas inexploradas, nadie ha navegado las aguas orientales, no me extraña que no se tenga registro de lo que hay allí ─argumentó, con seguridad y trazando una línea que rodeaba toda el área que él planeaba visitar.

Armin miró a su compañero inseguro. Sabía muy bien sobre las leyendas de las extrañas tierras olvidadas del este, donde habitaban todo tipo de monstruos y tesoros escondidos. Un cuento de hadas, vamos. Nada que un adulto debería creer y mucho menos buscar, pero Eren era muy diferente.

Jaeger metió la mano en su morral nuevamente y tomó un libro de cobertura de cuero y amarillentas páginas. Lo abrió en una cierta página y se lo tendió al otro muchacho, el cual lo recibió y comenzó a leer con gran interés lo que le había entregado.

─¿Qué es esto? ─inquirió, desviando la vista solo por unos instantes para luego reanudar su lectura.

─Es la razón de mi visita a las islas orientales. ─Se estiró para señalarle algo en una de las hojas─. Y esto es lo que busco, amigo mío.

Sus ojos se abrieron como platos mientras leía lo que le había sido señalado. Sin poder comprender del todo cómo podían existir todas las cosas y lugares que eran descritos en dicho jornal. Confundido, observó al dueño del objeto.

─¿Dónde conseguiste esto? ─preguntó azorado.

─Es una de las enciclopedias que escribió mi padre, la encontré hace un par de semanas mientras me mudaba ─informó, recibiendo de vuelta el libro y guardándola─. En total, hay tres de ellas.

─¿Así que el señor Jaeger, ah…? ─musitó para sí.

No había conocido al padre de su mejor amigo. Nunca lo había visto en toda su vida, pero sabía muy bien quién era. Era el médico de la familia real, muy famoso por su experto trato y la cantidad de pacientes que había atendido a lo largo de todo el país de Paradis.

Lamentablemente, Grisha Jaeger había fallecido hacía ya más de un año, simbolizando una gran pérdida para Eren, pero éste pudo recuperarse bastante bien.

─Mi padre viajó a cientos de lugares y todos ellos están registrados en los diarios que encontré ─comentó─. Y todos esos sitios no han sido explorados por nadie más. Quedó todo en secreto, nadie nunca ha oído de estas excursiones ─contó, ojeando rápido el libro que tenía en manos para luego guardarlo─. Hay coordenadas, descripciones, bocetos, mapas… de todo.

Sus orbes verdes se veían iluminados por la emoción. La alegría y la curiosidad tatuadas en sus facciones. Con un gesto que rebelaba la llama aventurera y esa chispa que nunca perdía fuerza.

Sabían muy bien que ya a esa altura, todo el mundo había oído su conversación, pues gradualmente las voces se habían educido a un punto en el que solo se podían oír ellos hablando.

Rió un poco.

─¿Alguien quiere acompañarme? ─gritó, con burla, haciendo que todos los fisgones se avergüencen al ser pillados y retomen sus actividades.

─¿Es significa que nos vamos de expedición? ─cuestionó el rubio, con una gran sonrisa de añoranza.

Eso le traía muchos recuerdos.

─Eso, amigo mío, es algo que no se pregunta.

Continuará…

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¡Buenas a todos!

Bien, aquí está el primer capítulo, luego de una semana. Como dije, todos los martes habrá actualización. Tranquilos, no me dará la loca y dejaré de publicar. Tengo tres capítulos más escritos y sigo escribiendo.

Como verán, intentaré mantener un formato de capítulos no muy extensos para que no se vuelvan tediosos de leer. Intentaré no superar las 2500 palabras. Me pondré ese margen, pues quiero que sea una lectura corta pero fluida y entretenida.

Sé que quizás esperaban que siguiera el hilo del prólogo, pero quiero suponer que pudieron relacionar algo del prólogo y este capítulo. Prometo que en los próximos veremos un poco más sobre este tema. Por ahora, solo esperen.

Muchas gracias por leer y comentar, si este capítulo les gusto, no olviden dejar su review, me ayuda y me motiva mucho.

Y con todo eso dicho, me despido.

¡Beso & Abrazos!

Tania.