Evangelion no nos pertenece. Pertenece a su respectivo autor.

Este fic contendrá violencia, palabrotas,etc. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que ya está puesto en categoría T.

AlexMRC, Leo Pen 16 y erendir hacemos esto por simple diversión, sin ánimo de lucro.

—comentarios

—"pensamientos"

—*teléfono, comunicador, etc"

demonios


Esta historia ha sido creada por erendir, AlexMRC y Leo Pen 16, por tanto la historia es de nosotros tres

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Capítulo 1:

LOS DE OJOS NEGROS


Una habitación a oscuras. Una pequeña habitación en la cual solo había una cama, un pequeño armario y un escritorio. La luz del sol aún no asomaba por el horizonte, aunque una minúscula parte empezaba a tintarse de los colores del amanecer, por lo que la noche aún reinaba en la ciudad y capital de Japón, Tokio.

En dicha cama, un joven de unos diecinueve años dormía tranquilamente boca abajo. Su largo cabello castaño oscuro ocultaba sus ojos y las sábanas le tapaban del frío de finales de marzo. El invierno estaba a punto de irse y dejar paso a la primavera. Para extrañeza de la mayoría, el frío invierno había durado más de lo esperado y las olas de frío habían sido más duras que años anteriores.

A la mayoría no le importaba, pero los más alarmistas, o los más espabilados, sabían que era cosa del cambio climático. Pero bueno, no estamos para hablar de ello.

El despertador que se encontraba en la mesilla al lado de la cama estaba por marcar las siete y cuarto de la mañana. El joven castaño no tenía que entrar a clases hasta las ocho y media de la mañana. Claro que, al ser lunes, el levantarse para ir tan temprano a las clases de ciencias de la Universidad era algo que poco apetecía.

Dicho despertador empezó a sonar con fuerza para despertar al durmiente castaño. Este se removió debajo de las sabanas, sacando su brazo izquierdo para encontrar ese aparato del demonio.

Tanteo la mesilla, buscándolo, hasta que consiguió encontrarlo y apagar el maldito ruido. Gruñendo molesto las palabras 'maldito martes' por haber sido levantado de su sueño, el castaño se levantó lentamente de la cama. Y era normal que tardara tanto. En comparación con el agradable calor que tenía bajo las mantas, el frío de su habitación invitaba a no salir de la cama.

Pero, a pesar de todo, tenía que ir a clase. Hacía poco que empezaba su primer año en la Universidad de Tokio, por lo que lo último que debía hacer era empezar a faltar a clase.

Una vez que se incorporó y desesperes se fue hasta la ducha para vaciar la vejiga y darse una rápida ducha. Luego solo tuvo que vestirse con ropa cómoda, desayunar, preparar su almuerzo, coger su portátil y apuntes y salir de su apartamento, rumbo a su primera clase.

Para cuando salió por la puerta, los rayos del astro rey ya iluminaban el largo pasillo que conectaba los distintos apartamentos de los estudiantes de la residencia que había dentro de la Universidad.

—Buah. – bostezó mientras se acomodaba su mochila con el portátil y sus apuntes.

—¡Ei Shinji! – escuchó como le llamaban.

El joven castaño se dio la vuelta, dejando ver sus ojos de color gris oscuro. Él era Shinji Ikari, hijo de Yui y Gendo Ikari. Ambos eran unos famosos científicos que actualmente se encontraban trabajando en Italia. El castaño había heredado la gran inteligencia de sus padres, y también su pasión por las ciencias. Por ese motivo se encontraba estudiando ciencias en dicha Universidad.

—Hola Reby. – saludó sonriente a su compañera de clase.

Reby, o Rebeca, era una chica transferida desde New York. Shinji la conoció el primer día y, debido a que sabía hablar inglés gracias a sus padres, fue elegido para ayudarla a adaptarse a las costumbres japonesas. Era una chica bastante guapa. Rubia de ojos azules y buen cuerpo. Pero, a pesar de sentir la obvia atracción debido a su belleza, el castaño no sentía nada más. Eso permitió que ambos se hicieran amigos.

—¿Ya te volviste a quedar dormido muy tarde? – inquirió entrecerrando los ojos, observando las pequeñas ojeras que tenía el castaño.

—Jejeje… bueno… — se rascó la mejilla, nervioso.

—Ahhh. Shinji, Shinji, Shinji. – negaba con la cabeza y los brazos cruzados, haciendo que su largo cabello dorado se moviera elegantemente – Cuantas veces he de decirte que debes dormir más. No es saludable. Y ni siquiera hemos empezado con los exámenes. – le riñó mientras empezaba a andar hacia su primera clase, siendo seguida por el nombrado.

—Lo lamento. Es que estaba intentando solucionar la fórmula para poder aplicarla al proyecto. Cuando lo conseguí eran las dos de la noche. – explicó, intentando librarse de una reprimenda.

Si algo había aprendido de esa chica era que le gustaba ayudar a la gente sin esperar algo a cambio.

—… vale. Por hoy te perdona. – le sacó la lengua, burlándose – Pero intenta no hacerlo muy seguido.

—No prometo nada.

Ambos caminaron tranquilamente, charlando de cosas triviales, hasta llegar a la que sería su primera clase del día. ¿Y cuál es la mejor manera de empezar el día después de haber dormido unas cuatro cinco horas? Pues con una clase de matemáticas puras y duras.

Debido a la hora temprana, una vez que llegaron al aula pudieron observar que apenas había dos de sus compañeros en toda la sala. Dos chicos de cabellos oscuros, al igual que sus ojos. Las diferencias eran pocas entre ambos, pues eran primos de madres gemelas.

Una vez que saludaron, ambos se fueron a sus respectivos asientos, donde sacaron sus apuntes del día anterior y sus portátiles.

—Por cierto, ¿qué tal les va a tus padres? – curioseó la rubia.

—Bien, por lo que sé. Siguen trabajando en ese proyecto que parece ser muy duro y complicado. – respondió mientras encendía su portátil.

—¿Hace cuánto no los ves?

—… — se quedó pensativo unos segundos – Creo que… desde la inauguración. Tampoco hace tanto. Apenas unas semanas.

—Ya veo.

—¿Y tú?

—La semana pasada. Mi padre vino a hacerme una pequeña visita, aprovechando que tenía una importante reunión aquí.

—Ahhh. ¿Y tu madre?

—Pues en New York, cuidando de mi abuela.

—Entiendo. ¿Y qué tal tus hermanos?

—Cada uno a lo suyo, como es normal. Pse, se creen que por tener unos cuantos años más ya no tienen por qué saber de su pobre y linda hermanita menor. – comentó con dramatismo.

El castaño evitó reírse ante el espectáculo de su amiga. No pasó mucho tiempo hasta que empezó la clase. Tal y como esperaba, el aula se llenó hasta aproximadamente la mitad. No sabía por qué ese año su carrera no había sido tan reclamada como hasta hace poco, pero bueno, mejor para él. No le gustaba estar agobiado de mucha gente.

Debido al sueño que tenía por haber dormido poco, el joven castaño estuvo a punto de dormirse varias veces, pero la rubia conseguía mantenerle despierto. Al final, luego de terminar la primera clase, la cual duró dos horas enteras sin prácticamente descanso, Shinji pudo dormir un poco, pues no tendrán clase hasta dentro de una hora.

Rebeca se quedó a su lado, velando por su sueño… y que alguno de sus compañeros no les gastase ninguna broma.

El resto del día pasó igual. Shinji se intentaba mantener despierto durante las clases y luego dormía en los descansos.

—Buah, que sueño que tengo. – se quejó.

—¿Otra vez se ha vuelto a dormir hasta tarde?

Otro chico se acercó al dúo. Tenía el pelo castaño como el de Shinji, pero sus ojos eran negros.

—Ichiei. – saludaron ambos.

—Sep. Este atolondrado de aquí – la rubia señaló al castaño, el cual la observó con ojos serios – ha vuelto a quedarse despierto por la fórmula de ayer.

—Ahhh. Esa puñetera fórmula. Si he de ser sincero, yo lo intente hasta las once. Luego me fui a dormir.

—Gandul. – masculló Shinji.

—De gandul nada. – Sonrió contento – Puede que no consiguiera terminar la formula, ¡pero mírame! ¡Estoy fresco como una lechuga! Y he conseguido terminarla hoy. En cambio tú, amigo mío – sonrió arrogante – prácticamente te has quedado dormido en todas las clases. Bueno, casi dormido, si no fuera por la rubia aquí presente.

Rebeca se cruzó de brazos, orgullosa.

—Irse al cuerno. – murmuró, ocultando su cara entre sus brazos, agotado.

—Oh venga hermano. Ya hemos terminado. ¿Qué os parece si nos vamos a comer al restaurante de la esquina? Ese tan rico. No he comido en todo el día, y tengo mucha hambre. – ofreció Ichiei.

—Por mí no hay problema. Tengo la nevera vacia. – Dijo llorosa la rubia — ¡Shinji, tenemos que ir al súper!

—…

—¿Shinji? – al ver que no le respondía, lo zarandeó levemente – Increíble, se ha vuelto a dormir.

Ichiei sonrió pícaramente.

—Dale un besito para que se despierte. – hizo un movimiento sugerente con las cejas.

La rubia alzó una de sus finas cejas rubias, con rostro divertido.

—¿Y que esa tal Asuka me mate? No gracias.

Al escuchar ese nombre, el castaño la miró extrañado.

—¿Asuka?

—Sep. Shinji suele pronunciar ese nombre en sueños.

—¿Es el de su madre? – Rebeca negó — ¿Hermana? ¿Prima?

—No tiene.

—Entonces… — abrió los ojos hasta casi salirse de sus órbitas — ¡este pequeño desgraciado tiene novia y no me lo ha dicho!

—Que yo sepa no tiene novia. – negó la rubia.

—¿Una chica que le gusta?

—Posiblemente. – se encogió de hombros.

—Vaya. Pues habrá que sonsacarle la información luego. – Sonrió divertido – Ahora mejor será despertarlo. ¿Cómo lo hacemos?

Ambos se miraron con una sonrisa maligna.

XXXXX

El trío iba caminando por las calles de la Universidad. Ichiei y Rebeca sonreían alegres mientras que Shinji tenía un gran enojo.

—¿En serio no había otra forma de despertarme? – masculló.

—Lo siento amigo, pero era la forma más divertida. – señaló Ichiei.

—¡Divertida para vosotros, cabrones!

—Oh venga Shinji. No te enojes, por fi. – Rebeca puso cara de cachorrito, impidiendo al castaño enojarse con ella.

—…

El castaño recordó cómo le habían despertado. Él tenía la cabeza girada hacia un costado. Ichiei había encendido su móvil y puesto la imagen de un bicho muy feo de ocho patas y ocho ojos. Era una imagen muy fea y acojonante. Rebeca se había encargado de despertarle tranquilamente por lo que, al abrir los ojos, lo primero que vio fue la imagen. Del susto pegó un grito, cayendo de su asiento de una forma de lo más divertida para los presentes.

—… — gruñendo cosas ininteligibles, el trío se fue hasta el restaurante que había propuesto Ichiei.

XXXXX

La Ciudad del Vaticano, oficialmente Estado de la Ciudad del Vaticano, o simplemente el Vaticano, es un país soberano cuyo territorio consta de un enclave dentro de la ciudad de Roma, en la península itálica. Es uno de los seis micro estados europeos.

La Ciudad del Vaticano alberga la Santa Sede, máxima institución de la Iglesia católica. Aunque los dos nombres, «Ciudad del Vaticano» y «Santa Sede», se utilizan a menudo como si fueran equivalentes, el primero se refiere a la ciudad y a su territorio, mientras que el segundo se refiere a la institución que dirige la Iglesia y que tiene personalidad jurídica propia como sujeto de Derecho internacional.

La máxima autoridad del Vaticano y Jefe de Estado del mismo es el sumo pontífice, por lo que puede considerarse la única teocracia de Europa. El Papa delega las funciones de gobierno en el secretario de Estado. Además de ser el sumo pontífice de la Iglesia católica, y el jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, es también, para los que profesan la religión católica romana, el 'vicario de Cristo sobre la tierra y el sucesor de Pedro'.

Lo que casi nadie en todo el planeta sabe es que, en lo más profundo de la sala más profunda del Vaticano se hallaba la sala más importante del mundo. En dicha sala se encontraban reunidos aproximadamente unos cien científicos, militares y técnicos.

Dicha sala tendría aproximadamente diez metros de alto, cien de largo y cien de ancho. Estaba dividida en tres, siendo separadas por paredes de telas para indicar la separación.

En la primera sala, la más pequeña de todas, había una gran máquina. Una gigantesca ruleta que se mantenía de forma vertical sobre una gran plataforma.

La segunda sala era donde se encontraban los científicos, haciendo distintas pruebas. Lo curioso era que entre todos los científicos, muchos de ellos tenían ropas eclesiásticas, pero cooperaban entre ellos sin problema alguno.

La tercera sala, la principal, era la que ocupaba más espacio. Prácticamente era la que se encontraba cualquiera que entrara al lugar. Dicha sala estaba llena de pantallas, ordenadores, mapas, mesas y sillas y muchos aparatejos. Los militares y técnicos, incluyendo también personas eclesiásticas, se encontraban reunidas, yendo de un lado para otro.

Fuera de esa sala, en el despacho del Papa en el edificio del Vaticano, se encontraban varias personas reunidas. Dichas personas eran Yui y Gendo Ikari, Kyoko Zeppelin Soryu, Ritsuko Akagi, Misato Katsuragi, Kozo Fuyutsuki, el actual Papa y dos jóvenes adultos.

Uno tenía el pelo grisáceo y la otra de color azul. Pero lo peculiar eran sus ojos rojos como rubíes. Sus nombres eran Kaworu Nagisa y Rei Ayanami.

—Bien, ¿ya estamos todos reunidos? – preguntó el Papa.

El actual Papa de la Iglesia Católica se encontraba sentado en su escritorio. Las demás personas presentes en la reunión se encontraban sentadas en cómodos sillones y sillas.

—Esperen un momento, por favor. – pidió un hombre vestido con ropajes rojos y blancos.

Se trataba de un Cardenal, mano derecha del Papa.

—Llegas tarde. – recriminó el Papa con gesto serio.

—Lo lamento su Santidad. – se disculpó mientras se sentaba en su lugar correspondiente.

—Bien. Ahora sí estamos todos. Por favor, demos comienzo a esta reunión.

—Gracias su Santidad. – Agradeció Gendo Ikari – Esta reunión es debido a un asunto muy urgente. Hemos descubierto que los demonios han dado un gran paso en su plan.

—¿A qué se refiere, Dr. Ikari? – preguntó el Cardenal.

—Al parecer, la creación de cuerpos humanos artificiales por parte de los demonios está a punto de terminar. Dentro de poco serán capaces de llegar aquí con cuerpos humanos vacíos que les permitirán usar su verdadero poder.

El gesto de todos se agrio.

—Eso no es bueno. Lo han conseguido antes de lo esperado. – murmuró el Papa, recostándose en su sillón. Entonces observó a los dos presentes con ojos de color rubí – ¿Que piensan en el Cielo sobre este asunto?

—Lo mismo que aquí abajo. – Declaró Kaworu, cuyo nombre angelical era Tabris – Desgraciadamente no podemos iniciar un ataque al Infierno. Eso sería un suicidio. Lo que han propuesto es seguir con el plan. Empezar a llamar a los elegidos de los EVAS.

Al decir su última frase, pudo notar como el gesto de Yui y Kyoko se entristecía.

—¿Ya es hora? Creo que aún son muy jóvenes para… — expuso Gendo con disgusto.

—Dr. Ikari, me temo que no podremos esperar mucho más. – declaró Rei, observando al hombre, el cual agachó su cabeza. Al contrario que Tabris, ella no había revelado su nombre angelical – Sé que les duele. No puedo comprender sus sentimientos, pero sé que les duele. No es decisión nuestra, sino de nuestro Padre.

—¿Pero por qué unos niños? Eso es algo que nunca podré entender. – murmuró el anciano Kozo Fuyutsuki.

—Es algo que tampoco sabemos nosotros. Los caminos de nuestro Padre son inescrutables.

—Esperaba que no dijeras eso.

—Bien, entonces, ¿cómo deberíamos de empezar a proceder? – consultó Misato Katsuragi, quien estaba al mando de las operaciones militares.

—Por ahora lo mejor será esperar. Seguiremos eliminando demonios que posean cuerpos humanos. – Respondió Kaworu – Cuando llegue el momento, entonces los traeremos.

—¿Y cuándo será ese momento?

—No lo sé. Pero lo sabré cuando llegue. – sonrió relajado.

XXXXX

Los días siguieron pasando hasta que llegó el viernes por la noche. Shinji se encontraba cenando en su apartamento mientras escuchaba interesado las noticias.

—*Parece ser que la noche anterior hubo otro asesinato. Esta vez fueron dos víctimas.* — explicaba la presentadora — *Una pareja de ancianos fue brutalmente asesinada y sus cuerpos fueron mutilados. Este es el quinto asesinato en lo que llevamos de semana. Por motivos obvios, no mostraremos imágenes de como quedaron los cuerpos. La policía no ha conseguido encontrar ninguna prueba, lo cual dificulta enormemente su actuación. Parece ser que el asesino, o los asesinos, cuidan hasta el último detalle. La población está muy asustada…*

El castaño dejó de observar la pantalla del televisor. Su estómago se revolvió. Estaba asustado. A pesar de estar dentro de la Universidad, el miedo seguía presente. A saber hasta dónde sería capaz de llegar el asesino… o asesinos.

Pero era viernes, y había quedado con Rebeca e Ichiei para salir a tomarse algo. Terminó su cena, se duchó y se cambió. Cogió sus llaves y móvil y salió. Para poder salir de la Universidad tuvo que mostrar un carné de estudiante.

Una vez afuera solo tuvo que caminar tranquilamente por las alborotadas calles de la capital hasta llegar a un pequeño parque, en el cual había quedado con el dúo.

—¡Ei Shinji! – saludó Rebeca – Ya me preguntaba cuanto más ibas a tardar. – se cruzó de brazos, haciendo un puchero.

—¿Pero qué dices? Si apenas llego… — miró la hora en su móvil – veinte minutos tarde. – Murmuró avergonzado – Yo… ¿lo lamento? – sonrió nervioso.

—¿Lo siento? ¿Te crees que un 'lo siento' es suficiente por hacer esperar a esta bella dama? – hizo pose de modelo mientras se echaba flores.

—… pobre del tío que tenga que aguantarte. – bromeó Ichiei.

La rubia se sonrojó.

—¡Cállate capullo! – Gritó mientras le daba un golpe en el hombro — ¡Y tú no te rías! – le advirtió a Shinji, que se estaba aguantando las ganas de carcajearse.

No tardaron mucho en ir a un pequeño pub donde pudieron relajarse después de la dura semana. Dejando a un lado los estudios, el trío juvenil charló de diversos temas, incluso sobre la reciente ola de asesinatos que tenía asustada a la población.

—¿Creéis que será solo uno? – curioseó Rebeca con seriedad, dejando su cerveza en la mesa que estaban sentados.

—Yo creo que sí. – Respondió Ichiei – Pero me sorprende que el cabrón no deje ni una sola pista. O es muy inteligente o muy meticuloso. ¿Tú qué opinas? – le preguntó al castaño.

—No lo sé. Pero sin duda es alguien muy peligroso. Y lo peor es que no tiene ningún patrón. Ataca a cualquiera, dando igual género o edad. Y lo hace tanto de día como de noche. Si os soy sincero, estoy acojonado. – admitió.

—Pues ya somos dos. – suspiró Rebeca.

—Tres. Y los demás están igual. No se sienten seguros incluso dentro de la Universidad. – Dijo Ichiei – Y es normal. El hijo de puta ese ha atacado en todas partes. ¿Os acordáis del primero? Lo hizo en el mismísimo Santuario Meiji. Sigo sin poder creerme que no tengan nada de ese asesinato. ¡Se está burlando de todo el mundo! – exclamó con enfado.

—Shhh. – la rubia hizo el gesto para que bajara la voz – No sabemos quién es, así que lo mejor será que bajes el volumen. Podría estar en cualquier parte.

—Si… creo que tienes razón. Yo no sé vosotros pero, ¿os parece bien si dormimos todos juntos? Sinceramente, no me siento nada seguro estando solo en mi apartamento.

—Por mi vale. – Shinji se encogió de hombros – Yo estoy igual que tú.

—De acuerdo entonces. – Rebeca se cruzó de brazos – Pero ni se os ocurra hacer algo extraño… o sabréis porque en mi país me llamaban la 'rompe pelotas'.

—…

—…

XXXXX

El trío se encontraba caminando de vuelta a la Universidad mientras pasaban por el pequeño parque donde se habían reunido. Para su desconfianza, todo estaba en calma. Tranquilo. Una calma y tranquilidad que ponían los pelos de punta.

Rebeca, asustada, se abrazó de ambos chicos, los cuales se mantenían alerta ante cualquier posible amenaza.

Entonces, para su sorpresa, un hombre apareció frente a ellos. Aparentaba treinta años, vestidos como un oficinista. Una persona normal. Ese habría sido el pensamiento de cualquiera pero… ese hombre no era normal. Se dieron cuenta de ello cuando vieron sus ojos negros. Córnea, iris, pupila y esclerótica. Todo negro.

A pesar de ser tres contra uno, el miedo inundó sus cuerpos, provocando temblores. Dicho miedo incrementó cuando vieron a esa persona sonreír.

Bien… bien… más juguetes… — susurró.

El trío intentó correr hacia otro lado pero algo les golpeó en la cabeza. No fue el golpe de algún objeto o de una patada o puñetazo. Fue algo mental. No sabían que era, pero sin duda podía compararse a un golpe con un bate de béisbol de madera.

Esta noche nos vamos a divertir de lo lindo muchachos. – siguió sonriendo el hombre mientras veía aparecer a otros dos por el camino que habían llegado.

Un hombre y una mujer. El hombre aparentaba estar en sus cuarenta bajos y vestía como un obrero de construcción. La mujer parecía estar en sus veinte bajos, vestida como una maid.

Ambos también sonrieron como psicópatas, mostrando sus ojos negros como la mismísima oscuridad.

XXXXX

La oscuridad le envolvía. No podía ver absolutamente nada, pero si sentía algo, apenas nada, pero algo. Le costaba recordar lo último que vio y sintió. Recordaba estar con sus dos amigos, volviendo por el camino a su hogar, hasta que una persona se interpuso. Un hombre de ojos negros. No recordaba haber sentido tal terror. Un terror que le heló la sangre y paralizó sus miembros. Ver directamente esos ojos era aterrador. Se sentía uno como si hubiera caído en un pozo sin fondo y al que ninguna luz era capaz de llegar, pues sus sombras, su oscuridad, envolvían y engullía esa luz, por más potente que está fuera.

Luego vino aquel golpe, un golpe sin usar ningún objeto. Había sentido como su mente era aplastada y golpeada una sola vez, pero con una fuerza más que descomunal. Aun le dolía como si un camión le hubiera pasado por encima. Incluso el movimiento más leve le provocaba gran dolor. Los gemidos escaparon de su garganta sin poder detenerlos.

Ohhh, mirad esto. Parece que esta pequeña sabandija ya ha despertado. Pero es una lástima… me hubiera gustado despertarla como a los otros dos.

Reconocía ese tono de voz. Se trataba del hombre… bueno, no podría llamarlo hombre. Era aquel ser que se había aparecido antes… el de los ojos negros. El miedo volvió a invadir hasta la parte más íntima de su ser. Su cuerpo volvió a temblar de puro terror. Cerró los ojos, no queriendo abrirlos, deseando que aquello solo fuera una pesadilla. Intentó mover sus extremidades para hacerse un ovillo, pero no podía. Unas cadenas se lo impedían. Hacer el más mínimo movimiento clavaba dichas cadenas en su piel, desgarrándosela.

Venga estúpida rata, abre los ojos o te los abriré yo. Sinceramente no me importa, pero no quiero adelantar la diversión.

La burla de aquella voz sólo provocaba asco y temor en el joven. Con toda la fuerza de voluntad que poseía, Shinji abrió los ojos, aterrándose al ver al ser de ojos negros de cuclillas a apenas medio metro de él. Sus negros ojos mirándolo fijamente. No podía aguantar esos ojos, por lo que giró su cuello, pero ese ser agarró con fuerza y sin delicadeza alguna sus mejillas, haciendo que volviera a verle. Shinji, a pesar del terror, no pudo cerrar sus ojos, pues las palabras dichas por ese ser aún resonaban en su cabeza.

Bien… bien… así está bien… Además, no querrás perderte la fiesta, ¿verdad?

Aquel ser soltó las mejillas de Shinji, levantándose, caminando hasta una mesa, la cual tenía un cuerpo acostado. Los otros dos seres de ojos negros estaban ahí, llenos de sangre, sonriendo extasiados. Fue entonces cuando Shinji pudo ver a la perfección la zona en la que se encontraba, pues ahora sus ojos se habían acostumbrado a la poca luz que había en aquel lugar, pero era suficiente como para permitirle ver todo lo necesario.

Su estómago se contrajo y sin poder evitarlo vomitó, vomitó mucho, vomito como nunca antes lo había hecho. Y no era para menos. El cuerpo de aquella mesa era el de su amiga Rebeca… o al menos lo que quedaba de ella. Tenía el cuerpo abierto por completo. Un charco de sangre en el suelo, rodeando la mesa. Restos de órganos tirados por el suelo sin la menor preocupación. Sangre salpicada en todos lados. Pero lo que más le aterró fue el rostro de puro dolor de su amiga. Había muerto con ese rostro. ¿Y cómo podía verlo estando sentado en el piso? Pues porque todo estaba lleno de espejos, espejos que permitían observar todo. Notó como un líquido caliente empapaba su entrepierna y la zona circundante, pero no le importaba pues el terror no le dejaba reaccionar.

Cuando por fin pudo dirigir su mirada a otro lugar, entonces descubrió que le había pasado a su amigo Ichiei. No podía estar más aterrado porque no era humanamente posible. El estado de su viejo amigo no era para nada mejor que el de Rebeca. Incluso podría asegurar que era peor. El cuerpo de Rebeca no tenía órganos ni sangre y estaba abierto en canal, pero al menos estaba entero. Pero el de Ichiei… lo suyo era aún peor. ¿El motivo? Estaba cortado en trozos, y a más de uno le faltaban partes. A Rebeca se habían comido sus órganos y bebido parte de su sangre… a Ichiei le habían devorado casi por completo. Lo que quedaba de su rostro era apenas reconocible.

—¡Aaaaaahhhhhh!

El grito desgarrador de Shinji posiblemente fuera escuchado a bastante distancia, pero no había nadie lo suficientemente cerca para poder oírlo. El grito fue tal que le dolió la garganta como muy pocas veces. Estaba más que seguro que la locura a la que había caído era tal que posiblemente no saldría de un manicomio en su vida.

La risa de los seres de ojos negros atrajo su atención, desviando su mirada de los pocos restos del cuerpo de su amigo a aquel trío de seres inhumanos.

Parece que la ratita se ha asustado. — comentó con burla la mujer — Es una lástima. Quería que se despertara mientras le habríamos en canal.

Hum, no sé qué decirte. Ese grito ha sido maravilloso. – sonrió el otro hombre muy complacido, el completo desconocido.

Ambos tenéis razón. Pero lo importante es que ahora podemos comer mientras nuestro último invitado está despierto. — la sonrisa del ser de ojos negros que conocía se ensanchó tanto como su rostro permitía, mostrando sus dientes manchados de sangre y restos de carne entre estos.

Entonces se fijó en que los tres estaban también llenos de sangre, desde la punta de sus cabellos hasta los zapatos. Y terminada la frase los tres se pusieron a comer como si no hubiera un mañana… empezaron a comerse el cuerpo de Rebeca. Los gritos de Shinji volvieron a resonar en la sala, una y otra y otra vez, aunque su garganta le doliera como mil demonios. Ni ellos paraban de comer ni Shinji de gritar.

Entonces, en apenas un instante, alguien entró por una de las ventanas rotas del lugar. Lo primero que pudo ver Shinji, era que se trataba de una chica que aparentaba tener su edad y la cual portaba una Aranza de aspecto antiguo, muy antigua, de madera y cuya punta era de hierro.

Nada más verla los tres demonios dejó lo que estaban haciendo y se volvieron para encarar a su nuevo invitado. Horribles gruñidos surgieron de sus gargantas a reconocer esa lanza.

—La Lanza del Destino. — siseó uno.

Shinji no entendía nada de lo que estaba pasando. No reconocía esa lanza ni su nombre, aunque esos seres de ojos negros parecían reconocerla con un simple vistazo. Puro notar cómo temblaban de miedo.

Entonces se fijó en esa chica. Ojos rojos como rubíes y pelo corto azul. Pero le da una sensación extraña. No sabía que era, pero algo le decía que no era humana, aunque esa misma sensación también le decía que no era como los seres de ojos negros.

—Demonios, seres infernales, hoy es el día de vuestro juicio. — sentenció la chica.

—Asqueroso ángel. ¡Hoy es el día de tu muerte! — exclamó la mujer mientras corría hacia la peli azul.

Los otros dos fueron también. La peli azul apenas hizo algún movimiento punto cuando los tres demonios estuvieron a la suficiente distancia, blandió su lanza.

Primero perforó el pecho de la mujer, atravesándole el corazón. Luego esquivó el ataque de uno de los hombres, blandiendo la lanza, golpeándole en la barbilla con la base de dicha lanza y luego moviéndola entre sus manos le provocó un corte desde la entrepierna hasta la cabeza.

Shinji estaba aterrado por lo que había visto, pero tuvo aún más terror al ver como del cuerpo de los demonios, como aquella chica los había llamado, empezaron a iluminarse con leves destellos para luego tener un último flash, para después volver a la normalidad.

El tercero detuvo su avance al ver como aquella chica fácilmente había acabado con sus dos compañeros. Se dio la vuelta y empezó a correr, intentando escapar, pero aquella chica lo vio. Se puso en posición y lanzó su lanza con una puntería inmejorable, atravesando el último demonio, en cuanto bueno mismos clases que los otros dos anteriores.

Extendiendo el brazo, la lanza volvió a manos de la chica. El lugar se quedó en completo silencio durante unos instantes. Shinji observaba aterrado a la chica. Esta, por su parte, estudiaba el lugar sin moverse del sitio. Cuando dio con Shinji se acercó con suaves pasos, agachándose cuando lo tenía a menos de medio metro.

—¿Estas bien? — consultó con tono neutro.

Shinji tuvo que admitir que su voz era angelical. Y hubiera dicho algo, pero el estrés y shock por lo vivido recientemente, y al sentir que estaba a salvo, a pesar de que su salvadora acababa de matar a tres seres con una lanza, provocó que su mente se desconectara y cayera en la inconsciencia.

Su cuerpo cayó como peso muerto a un lado. Rei no se movió, sino que se le quedo viendo.

—Parece que sí.

XXXXX

Shinji abrió sus ojos con pesadez, pues se encontraba muy cansado. Lo primero que observa fue el techo de su habitación, el cual estaba iluminado por el sol del mediodía. Se incorporó en la cama, rascándose la cabeza.

O según su edad ya, intentando recordar cómo había llegado hasta allí. Algo no cuadraba. Se puso a recordar lo que había pasado anoche. Había salido con sus amigos y en la vuelta a casa…

—¡!

Se levantó de golpe, y tuvo que apoyarse debido a un fuerte mareo que le dio. A su mente habían llegado los recuerdos de anoche. Aquellos seres de ojos negros, los cuerpos de sus amigos y las chicas de la lanza.

Corrió hacia el baño para vomitar al recordar las horribles escenas que presenció. No podía querer sé que eso realmente hubiera ocurrido la noche anterior. Una respuesta Movistar se lavó la boca y fue en busca de su móvil. Y busco desesperadamente por todo su apartamento sin encontrarlo. Al golpearse las piernas frustrado noto que tenía el móvil en su bolsillo del pantalón.

Lo desbloqueo y llamó primero a Rebeca. Durante largos segundos esperó y esperó, pero nadie contestabas. Al final hablamos escuchando el buzón de voz, y dado que de nada le servía. Entonces decidió llamar a su amigo Ichiei, pero el resultado fue el mismo.

Desesperado se sentó en la cama y el móvil cayó al suelo. Se agachó y se llevó las manos a la cabeza pensando en qué demonios hacer. No recordaba donde estaba el lugar en el cual aquellos seres habían hecho aquello la ropa bien, pero podía hablar con la policía y que yo buscara dicho lugar, aunque ello supusiera que le tuvieran como posible asesino.

Se palpó otra vez los pantalones, notando que también tenía su cartera y sus llaves. Sin siquiera cambiarse ropa salió de su casa rumbo a la estación de policía más cercana.

Por la calle la gente se le quedaba mirando horrorizada a ver los restos de sangre. No tardó mucho en llegar a la comisaría. Los policías al principio ni le miraron, pero cuando se fijaron en él no tardaron en ponerse en guardia, llevándose las manos a las pistolas pero sin desenfundarlas.

—Necesito ayuda. — musitó con apenas un hilillo de voz.

Los policías volvieron a mirarse entre sí. Aún alertas llevaron a Shinji a una sala de interrogatorios, donde el joven les explicó con todo lujo de detalles lo que presenció la noche anterior. Lo primero que pensarán los policías era que se trataba de los mismos asesinos o asesino de los crímenes de las últimas semanas. El modus operandi era exactamente el mismo. El problema era que cuando Shinji les explicó lo de los ojos negros y la chica de la lanza, pensaron que había sufrido algún serio trastorno por lo que vio aquella noche.

Le hicieron varias preguntas, para comprobar si aquel joven tenía algo que ver con el resto de crímenes, pero en ningún momento hubo indicio alguno, por lo que pudieron descartarlo. A pesar del descarte, Shinji en ningún momento abandonó la comisaría, pues aún podía haber alguna prueba de que él fuera cómplice de los asesinos o en caso contrario para protegerlo de dichos asesinos. El que según él hubiera muerto los tres secuestradores por la chica de la lanza no quería decir que esa parte se la creyeran del todo.

Lo primero que hicieron fue desplegar a gran parte de su personal para buscar aquella zona en la cual se había provocado los asesinatos de los jóvenes Ichiei y Rebeca.

Durante aproximadamente cuatro días, Shinji estuvo bajo vigilancia pero pudo volver a su apartamento. Los policías tardaron dichos cuatro días en poder localizar la zona del asesinato. A pesar de haber presenciado escena similares en los asesinatos de las semanas anteriores, aquello fue demasiado para más de uno.

Los restos del asesinato y carnicería seguían igual que cuando Shinji estuvo presente. Aquella chica no había tocado nada, lo había dejado exactamente como estaba.

Los forenses pudieron estudiar los restos de los cuerpos de los dos amigos de Shinji aunque su estado no era precisamente bueno. Lo que les sorprendió un poco fue que había restos de dichos cuerpos en los estómagos de los tres humanos que Shinji describió como los de ojos negros, pues sus aspectos coincidían.

Ahora, con los cuerpos presentes, pudieron afirmar que se trataba de los tres asesinos. Pero ahora tenían que investigar si esos tres asesinos tenían que ver con los asesinatos que había habido hasta aquel momento.

Entonces llegó el momento más duro de todos, avisar a la familia de los dos jóvenes asesinados. Obviamente ambas familias estaban destrozadas por lo sucedido. Cuando dijeron que les dejarán ver los cuerpos, les avisaron de que iba a ser muy duro y que aconsejaban que solo los que tuvieran más estómagos fueran a reconocer los cadáveres.

En ambos casos, solo los padres entraron en el depósito forense de cadáveres. Estuvieron ahí durante largos minutos, y cuando salieron, ambos matrimonios tenían el rostro ceniciento y sin duda habían vomitado. El resto de ambas familias habían intentado sonsacarles informacion, pero ambos matrimonios se habían cerrado en banda, explicando que sería mucho mejor que no los vieran.

XXXXX

Al día siguiente, la familia de Rebeca comenzó el papeleo para repatriar el cuerpo mientras que la familia de Ichiei se llevaba lo poco que quedaba a su pueblo natal. Ambas familias intentaron contactar con Shinji por la relación de amistad que tenía con sus respectivos hijos, pero el comisario que llevaba el caso les negó dicha petición alegando que el mismo Shinji había estado presente y no sería nada sano para su salud el que fuera interrogado otra vez.

XXXXX

Mientras todo eso sucedía en la capital nipona, en la Ciudad del Vaticano, Rei informaba de todo lo sucedido ante el Papa y los altos mandos. La ángel había estado vigilando al joven Ikari desde que fuera secuestrado y casi asesinado por los demonios. Al ver que no había más presencia demoniaca, decidió volver al Vaticano y dar su informe.

Yui se llevó las manos a la cara totalmente destrozada por lo que había presenciado y vivido su retoño. Gendo le acaricio la espalda mientras su gesto se endurecía. Deseaba con todas sus fuerzas haber previsto el ataque y haberlo podido evitar. Así hubiera podido evitarle todo ese dolor a su hijo, el asesinato de dos jóvenes y el insufrible dolor de sus respectivas familias.

El resto de los presentes se mantenían en completo silencio mientras Rei seguía con su explicación de los acontecimientos. Una vez hubo finalizado se sentó en su sitio mientras Kaworu cerraba los ojos, rezando mentalmente por los asesinados.

—Maldita sea. — masculló Misato — Si los hubiéramos sabido…

—¿Como se encuentra el joven Ikari? — preguntó el Papa a Rei.

—Con la depresión y estrés producto de lo que ha vivido. Obviamente no se recuperara fácilmente de esto.

—¿Y su opinión sobre los demonios?

—Puedo deducir que no sabe que pensar en este momento. Su mente está dividida entre si lo que vio era real o un producto de su imaginación.

—¿Que deberíamos hacer? — inquirió Fuyutsuki — No quiero sonar desalmado, pero este seria el mejor momento para traer a Shinji. — las palabras del anciano provocó que Gendo le mirara de mala manera — Gendo, sabes que tengo razón.

Cuando el padre de Shinji estuvo por recriminarle, Yui se enderezó, limpiándose las lágrimas.

—Tiene todas la razón, profesor. Mi hijo ahora sabe sobre la existencia de los demonios, aunque su parte lógica intenta negarlo. Hay que aprovechar su encuentro con esas abominables criaturas para explicarle.

Todos pudieron notar el gran dolor que le provocaba esas palabras a la mujer. Después de todo, y aun siendo aquella una misión para salvar a la Humanidad de su extinción, seguía siendo una madre, una madre que sabía lo que le podría ocurrir a su amado hijo. ¿Podía negarse? Por supuesto, pero aquello podía significar el fin del mundo. Como humana que era, quería salvar su especie, pero como madre que era, quería poner a su hijo a salvo de todo mal. Pero tomó una decisión hace ya mucho, y debía apechugar con todas y cada una de sus consecuencias. Solo esperaba que algun dia su hijo pudiera perdonarla.

Gendo la miro acongojado. El estaba en la misma situación que ella. Después de todo, era su hijo.

—Bien, entonces estamos de acuerdo. — la voz del Papa sacó a todos de sus pensamientos — Rei, ya que tu has hecho contacto con el joven Ikari, serás quien lo traiga hasta aqui. No le fuerces, convéncelo, pero no le reveles la verdad. Eso lo haremos aquí, en su momento.

Nadie refutó las palabras de su Santidad. Kaworu soltó un suspiro y miro a su compañera. Rei le devolvió la mirada y asintió. Tenía luz verde para llevar al joven Ikari hasta aquel lugar.

XXXXX

Había pasado un dia entero desde que la familia de Rebeca se había llevado su cuerpo de vuelta a los Estados Unidos. Shinji no había salido en momento alguno de su apartamento. Se podía ver que había adelgazado, pues apenas había probado bocado todo aquello que entraba a su estómago era devuelto casi instantáneamente.

Lo mismo ocurría con su higiene personal. No se había lavado en todo ese tiempo. La suciedad, la grasa, las legañas… Su aspecto no era para nada agradable.

Algunos habían llamado a la puerta de la casa del joven Ikari, pero este no había hecho el más mínimo gesto de ir a abrir. No quería ver a nadie. Ni siquiera había cogido su teléfono o usado su ordenador. Su hubiera seguido así mucho tiempo, a saber cómo hubiera acabado.

Entonces escuchó como alguien llamaba a la puerta, pero no hizo caso, nuevamente. Aquel que estuviera al otro lado volvió a llamar, pero Shinji no se levantó de su cama. Durante cinco minutos aquella persona siguió llamando, incluso dijo su nombre varias veces, pero para Shinji eran como susurros en medio de una tormenta. Pero entonces algo nuevo ocurrió.

PUM

su puerta salió volando por un violento golpe. Esta vez Shinji si se levantó, aterrado. Temiendo que fuera uno de esos seres de ojos negros, la furia, ira y sed de sangre surgieron en su interior. Cogió el primer objeto que pilló y salió corriendo de su cuarto con ganas de matar a uno de aquellos seres, pero no contó con que sus piernas le fallarían.

Nada más abrir la puerta de su cuarto, su cuerpo cayó al suelo. A pesar del subidón de adrenalina, llevaba varios días sin comer ni beber, tumbado en su cama. No levantó la cara del suelo, maldiciendo su cuerpo por fallarle en aquel momento. Ahora el miedo y terror ocupó el lugar que antes había cubierto la furia, ira y sed de sangre. Esperó y esperó, pero solo escuchó unos pasos que se alejaban y a alguien levantar un peso.

Levantó su rostro y se quedó asombrado, pues reconoció al instante a aquella chica, la que le había salvado de los seres de ojos negros. Rei había cogido la puerta que antes había golpeado y la colocó en su sitio original lo mejor que supo. Una vez colocada miro a Shinji con su eterno rostro neutro.

—Lamento haber roto tu puerta, pero no me habrías y necesitaba entrar. — se disculpó.

Pero Shinji no dijo nada durante unos largos segundos. Ambos se quedaron quietos, mirándose el uno al otro. Al final Shinji decidió ponerse de pie, no sin dificultad, y apuntó con su dedo a la peli azul.

—T—tú…

—Nos vemos otra vez.

—¡Tú! ¡La de la Lanza!

—Si, soy yo.

El brazo de Shinji tembló con violencia, recordando los sucesos de aquella horrible noche.

—¡¿Qué haces aquí?!

—He venido a buscarte.

—¿Para ir con la policía? ¡Si, eso explicará muchas cosas!

—No, no vamos a ir con la policía. Ellos de nada pueden ayudar.

—¿Como?

—Es tal y como he dicho. Ellos no puede hacer nada.

—¿Y qué es lo que quieres de mi? — siseó totalmente desconfiado.

—Necesito que vengas conmigo a Italia, pero antes tendrás que ducharte, pues hueles peor que un perro mojado que ha estado retozando en mierda.

—No pienso irme contigo. Y no vas a obligarme. — desafió con ojos entrecerrados.

—¿Estás seguro?

—Totalmente.

—Muy bien.

Y entonces, sin que Shinji pudiera hacer algo para remediarlo, Rei se movió, se puso a su espalda y golpeó su nuca, dejándolo inconsciente. Lo atrapó con su brazo y miró a su alrededor.

—¿Donde estará el baño?

XXXXX

Shinji abrió los ojos mientras mascullaba una maldición. Se llevó la mano a la nuca, acariciándola. Entonces recordó e intentó incorporarse, pero un cinturón de seguridad se lo impidió. Alterado miró a todos lados, comprobando que estaba en un coche de cristales tintados, y en el asiento de al lado estaba Rei. Iba a gritarle, pero entonces noto que llevaba puesta otra ropa y ya no olía mal. Sonrojandose, gritó.

—¿Que me has hecho?

Rei giró su cuello para mirarle con el mismo rostro de siempre.

—Te he bañado y quitado toda la mugre. Como te dije, no puedo llevarte a aquel lugar oliendo así.

—T—tu h—has v—visto…

—No tienes que preocuparte. No tengo ese tipo de sentimientos. Sol te bañe y te metí en este coche.

—¡Me has visto desnudo! ¡¿Acaso no tienes vergüenza?! ¡Eso es delito!

—Si, te he visto desnudo. No, como ya he dicho, no tengo ese tipo de sentimientos. Y no me has dejado otra opción, aunque sea delito.

—¡Déjame salir de aquí!

—No puedo hacerlo.

—¡Hazlo o…!

—Si vas a amenazarme, ¿he de recordarte lo que pasó en tu piso?

Shinji tragó duro mientras miraba esos ojos rojos, recordando perfectamente como no había visto a Rei casi moverse cuando le noqueó. Por mucho que la amenazara, obviamente él no estaba bien como para plantar pelea a nadie, y ella parecía estar en perfecta forma física. Sus posibilidades de ganar eran prácticamente nulas. Se recargó en su asiento mientras mascullaba. Podía tener voz de ángel y ser una bella mujer, pero en aquel momento la odiaba con gran fuerza.

Una vez que el auto se detuvo, ambos se bajaron del vehículo. Shinji abrió sus ojos al ver que se encontraba en el aeropuerto principal de la capital. Varias ideas atravesaron su mente, pero al notar la mirada de Rei pudo comprobar que ella también había pensado en eso.

—Por favor, no hagas una estupidez o habrá duras consecuencias.

Otra vez tragó duro. No veía la lanza antigua por ninguna parte, pero el no verla solo le daba ideas de que aquella chica podía llevar algún otro tipo de arma. Caminaron solos por el aeropuerto. Shinji seguía a Rei en todo momento, prácticamente a su lado por petición—orden de la peliazul. Cogieron un trasbordo rumbo a Italia. No hablaron en momento alguno.

XXXXX

El viaje fue de lo más incómodo para el joven Ikari. Había tenido muchísimas horas para estudiar a aquella chica extraña. No había cambiado su gesto en todo el viaje, no había dicho nada, solo se había mantenido con la mirada al frente, esperando tocar tierra. Ni siquiera la había visto dormir, lo cual era extraño después de trece horas de vuelo.

Era plena noche cuando el avión aterrizó en la capital italiana. A pesar de que debían ser las ocho de la mañana en Tokio, el móvil de Shinji marcaba la una de la noche. El cambio de horario había sido muy brusco. Mientras atravesaban el aeropuerto romano, Rei sacó un móvil de su pantalón y marcó un número.

—Aquí Rei, hemos llegado.

—"Así que se llamas Rei." — pensó Shinji — ¿A quien has llamado?

—Lo sabrás más adelante.

Después de trece horas sin hablarse, el joven castaño esperaba algo más de interacción. Una vez salieron del aeropuerto, un vehículo casi igual al de Tokio les estaba esperando. Ambos subieron a la parte trasera. El chofer les llevó a través de las calles de la capital italiana. Shinji se quedaba asombrado por lo poco que podía ver a través de los cristales. Era una ciudad totalmente distinta a la capital japonesa.

En ningún momento sabía dónde estaba, ni siquiera fue capaz de reconocer la Ciudad del Vaticano, pues nunca había escuchado de aquel lugar. Tuvo que admitir que aquello era una gran e impresionante obra arquitectónica. El vehículo se detuvo a las escaleras de la entrada principal de la Basílica.

Salieron del coche y comenzaron a andar. Rei le ofreció ayuda a Shinji cuando le vio flaquear. Al principio el Ikari se negó, pero luego tuvo que tragarse su orgullo para poder seguir adelante. Estaba demasiado débil. Entraron dentro del edificio y Shinji se quedó asombrado al ver en el techo la obra de Miguel Ángel. Caminaron a través de muchos pasillos, siendo guiado por Rei, hasta llegar al despacho del Papa.

Sin siquiera llamar a la puerta, Rei entró aun cargando a Shinji. Lo primero que vió este fue al anciano hombre sentado tras su escritorio, pero la felicidad inundó su ser al ver a sus progenitores sentados en uno de los sofás. Ni siquiera se fijó en si había otra gente cuando su madre le abrazó con fuerza.

—¡Oh mi pequeño! — repetía una y otra vez Yui mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas.

Gendo se sumó al abrazo, satisfecho por tener a su hijo a salvo en aquel lugar.

—Oh hijo, pero mira como estas. — recriminó con tristeza Yui al ver el estado en el cual se encontraba Shinji — No has comido nada, ¿verdad? — Shinji solo pudo bajar la mirada — No te sientas culpable. Después de lo que viviste es algo muy normal, aunque nada sano.

—Pues estaba peor cuando lo encontré. — habló Rei llamando la atención de los presentes — Tuve que noquearlo para poder bañarle.

El Papa suspiró al escuchar esas palabras..

—Rei, te pedí que no lo hicieras a la fuerza.

—No tenía otra opción. El tiempo apremia y no podía perderlo en una discusión estúpida. — se explicó sin remordimiento alguno.

—Ahhh. Bueno, ya que. — entonces miró a Shinji — Un placer conocerte en persona, Shinji Ikari.

—¿Y tu quien eres?

—Soy el Papa, el líder de la Iglesia Cristiana.

Podía no ser religioso, pero por supuesto que sabía quien era el máximo dirigente de la religión más extendida del mundo. Hizo una reverencia.

—Un placer conocerle. Ahora que caigo, ¿qué hacéis vosotros aquí? — preguntó a sus padres sin entender.

—Hijo… es algo muy difícil de explicar… — comenzó Yui.

—Tiene que ver con los seres de ojos negros… los demonios. — terminó su padre con voz seria.

Shinji abrió sus ojos todo lo humanamente posible y dirigió su mirada a Rei.

—Eran… demonios…

—Así es. — respondió la peli azul.

—Y tú… ¿qué eres?

—Yo soy un ángel.

—Un ángel… — siseó entrecerrando los ojos — Un ángel no mata a las personas. Pero tu si.

—Tenía que hacerlo. Era necesario.

—Pero, ¿por qué los mataste? — exigió saber — ¡Podías haberlos exorcizados, como hacen los demás! ¡No había necesidad de matarles! ¡Eres un ángel! ¡¿Cómo pudiste hacer algo así?!

A pesar de los gritos de Shinji, Rei no reaccionó en lo más mínimo. Yui estaba por responderle, pero Gendo le llamó la atención negando con la cabeza.

—Al contrario de lo que la gran mayoría cree, cuando un demonio posee un cuerpo humano toma posesión de parte de su alma. La corrompe. Llena su ser por completo de pesadillas, dolor, tristeza… cuando se expulsa a un demonio, éste deja el alma del humano en estado vegetal. Pero no es tan sencilla la cosa. Aunque las máquinas humanas no lo detecten, el humano pasa por un sufrimiento inhumano. Es una continua pesadilla para él. La peor de las torturas que puede sufrir un alma humana. Lo que nosotros hacemos lo que yo hice con la lanza, era no sólo expulsar al demonio del cuerpo, sino también purificar el alma. Con ellos ciertamente le de muerte, pero también le doy descanso. Le permito tener paz, que creo es muchísimo mejor que vivir en estado vegetal mientras vive la peor de las pesadillas todo el tiempo.

Shinji quedó en shock ante la explicación del ángel. Lo entendía. Por supuesto que lo entendía. ¿Quién querría vivir el resto de su vida de aquella horrible manera?

—Pero… ¿no hay ninguna manera de expulsar al demonio y sanar el alma?

—Me temo que no. Si existiera, entonces la usaríamos.

—¿Y qué pasa con todos esos exorcismos? ¿Acaso no se recuperan los que han sido poseídos?

—No lo hacen. Aunque parezca que ciertamente se recuperan, realmente sus cuerpos así como sus almas duran muy poco antes de caer en la maldición de los poseídos. Es un alargamiento de su agonía. Por eso nosotros no dudamos en hacer esto cuando vemos a un humano poseído. No es sólo lo que le pasará cuando se expulsa al demonio, sino también todo lo que sufre cuando es poseído.

—...

—Hijo. — la voz de su madre llamó la atención de Shinji — Será mejor que te sientes.

Aun con dificultad, el joven Ikari se sentó entre sus padres mientras dirigía una mirada a su madre, esperando una explicación.


erendir: bueno, pues aquí el primer capítulo. Espero os haya gustado.

AlexMRC: No hay mucho que decir, solo un saludo para ustedes y que esperen actualización.

Leo Pen 16: Un saludo para todos los lectores y espero que les haya gustado este cap!