Bleach es propiedad de Tite Kubo.

Advertencia: (¿Se puede considerar advertencia? XD) Spoilers de la saga de los cuentos desconocidos de las zampakutou y un poco del drama CD.


Reto número: 02.

~Gracias~


-No tienen de qué preocuparse. – Repitió la mujer de la trenza con confianza, tranquilizando a ambas jóvenes. – Tan sólo necesita descansar, despertará pronto.

Rangiku sonrió y Momo suspiró aliviada, llevándose una mano al pecho como quien quiere recuperar el aliento perdido en una larga carrera.

-¿Podemos entrar a verle? – Preguntó la teniente de la décima, y la castaña miró con esperanzas a Unohana.

-Adelante. Tan sólo no perturben su descanso. – Finalizó con una leve sonrisa, para después correr la puerta que daba al cuarto donde el capitán se reponía, dejándoles pasar.

-Muchas gracias, Unohana-taicho. – Agradeció Hinamori sinceramente, antes de seguir los pasos de su amiga y compañera de batalla. La mencionada se limitó a devolverle la sonrisa como toda respuesta.

Y ahí estaba él. Recostado en esa camilla de blancas sábanas, sus párpados cerrados y completamente estático. Nunca lo había visto de esa manera, el fuerte y gruñón capitán seguro de sí mismo daba paso a un niño frágil en recuperación. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Hinamori, a la vez que sentía cómo se erizaban los vellos de su nuca. Pues aunque la capitana había asegurado que su mejor amigo estaba fuera de peligro, la escena que presenciaba en esos momentos no hacía más que recordarle a esa horrible pesadilla que vivió durante meses posteriores a la traición de Aizen. Lo menos que quería era que otros sufrieran lo que su persona, mucho menos si se trataba de Hitsugaya. Ahora era ella quien estaba ahí, de pie, y él en la camilla, era irónico cómo los roles habían cambiado de lugar.

Rangiku adivinó sus pensamientos, al ver de reojo la triste y opaca mirada que puso la teniente por segundos.

-Unohana-taicho ha dicho que no es nada grave. – Intentó levantarle los ánimos, dedicándole una mirada tranquilizadora. Después señaló al paciente de forma burlona.– Mira, hasta tiene su ceño fruncido y todo. ¡Se nota que está perfectamente!

La chica melocotón no pudo reprimir una sutil risa ante este último comentario dicho por su amiga. Matsumoto, al haber cumplido su objetivo colocó sus manos en su esbelta cintura, con una sonrisa de satisfacción.

Alejando sus malos pensamientos y ya más calmada, Momo se acercó un poco hasta el lecho del albino y comprobó, aliviada, que su pecho subía y bajaba de forma pausada y tranquila, como lo haría, efectivamente, cualquier persona que simplemente dormía.

Divisó una sillita pocos pasos a su derecha, y fue directamente a tomarla. Con un poco de esfuerzo la levantó y la colocó frente a la cama de Toushiro, para así sentarse y tenerlo cerca de su persona.

Sin dejar de observar a su caído amigo, habló en voz baja para no perturbar su reposo.

-Dijo Kurosaki-kun que había sido Hyourinmaru quien lo había traído aquí… - Comenzó con los ojos fijos en el impasible rostro del joven. - ¿Dónde estará? – Agregó con preocupación disimulada.

La voluptuosa mujer cerró sus ojos, soltando una exasperación. Después se dirigió tranquila al florero que descansaba en un buró, y mientras cambiaba el agua y agregaba nuevas flores que esparcieran un aroma más relajante, contestó:

-No lo sé. Si es como mi taicho, de seguro ha de estar por aquí, pero no se va a dejar ver. – Hizo una pausa. Después agregó en un susurro, tanto así que la teniente de la quinta no le pudo escuchar. - Ya sabes cómo puede llegar a ser.

Miró de reojo a su capitán, recordando aquellas veces en las que él visitaba a Hinamori cuando la chica estaba en coma, poniendo la excusa de necesitar ir al aseo. Si ella siempre supo sus verdaderas intenciones era porque, después de tantos años de trabajar a su lado, podía decir que le conocía bastante bien.

Hinamori no contestó.

Matsumoto colocó una última rosa amarilla en el florero, y después de asegurarse que su obra de arte se veía radiante y hermosa como ella misma era, se giró hacia la chica que seguía sentada en aquella silla con la mirada perdida.

-Iré a ver si ya han traído a Haineko y Tobiume. – Se la pensó dos veces antes de añadir: - ¿Vienes, Hinamori?

Era tonto lo que había dicho puesto que ya sabía cuál iba a ser la respuesta de la joven durazno. Y confirmó que estaba en lo correcto cuando los orbes chocolate se posaron en los celestes de ella, con dulzura.

-Yo me quedaré un poco más con Hitsugaya-kun. – Sonrió tratando de no verse preocupada. – Te lo encargo, Rangiku-san.

Claro que sí. No podía esperar otra cosa de la mejor amiga de su capitán.

Tras un último chequeo al joven prodigio, abandonó la habitación, cerrando tras de sí la puerta corrediza. Mientras se dirigía al cuartel de la cuarta división, no pudo evitar recordar el encuentro que tuvieron con Ichigo Kurosaki, y aquella mirada curiosa que le había dirigido el shinigami sustituto a Momo durante su encuentro.

Ichigo podía tener razones para cada una de sus acciones. Por eso sospechaba que él sabía algo, y era por seguro que iría después a mantener una charla con el pelinaranja.

Claro que lo primordial ahora era, asegurarse que ambas zampakutou estuvieran ya dentro de los trece escuadrones bajo vigilancia, como se había ordenado.

Vaya sorpresa que se llevaría al no encontrarlas allí.


Aunque sabía de antemano, y se esforzaba por creer que su amigo de la infancia estaba a salvo, aún no podía quitarse esa extraña opresión en el pecho que la golpeó con fuerza horas antes, cuando el reiatsu de Hitsugaya había desaparecido por completo de un momento a otro. En ese entonces… sintió literalmente como si un rayo le hubiera golpeado, para después ser inundada por una fría soledad. Como si algo dentro de ella hubiera sido cortado, o más bien arrebatado, el susto que se llevó al no sentir ni una pizca de la presencia del albino fue uno de los más grandes que había pasado en su vida tras la muerte, pese a que intentó mantenerse serena.

"Pero él está bien." Pensó, disfrutando de cada parte de la oración.

-Vaya susto que me diste, Hitsugaya-kun. – Susurró con un tono dulce, pero sus ojos no menos preocupados.

Él seguía dormido, sin mover un solo músculo. Y bueno, ¿Por qué debería hacerlo? Sufrió graves daños en su pelea para recuperar a Hyourinmaru, y si le sumamos los efectos de la medicina no iba a despertar en un buen rato. Mínimo hasta mañana.

Hitsugaya ya había recuperado la fidelidad de su zampakutou. Uno menos. Faltaban todos los demás, si bien habían logrado engañar y atrapar a Haineko y Tobiume, no es como si éstas volvieran a ellas así como así. Sería complicado, y además… aún recordaba cada palabra dicha por su espíritu. Cómo las pronunciaba, con rencor e ironía a la vez, como si con hacerle recordar cada error que cometió en el pasado disfrutara el sufrimiento ajeno.

"Tú crees que toda esa gente en la que confías son tus amigos." Había dicho el espíritu femenino, con picardía. "Pero no lo son. Tú eres la única que lo siente de esa manera."

Se le estrujó el corazón y sus ojos se humedecieron a causa del recuerdo de las desgarradoras palabras.

Vale que había planeado con Rangiku dejar que la confundiera, pero… eso no cambiaba el hecho de que lo que había dicho su propia zampakutou seguía siendo cruel para su persona.

¿Eso sería cierto? ¿Realmente Momo nunca tuvo algún amigo en el cual apoyarse?

Se sintió como una estúpida al pensar en eso, ella sabía mejor que nadie los valiosos compañeros de vida que tenía. ¿Ejemplos? El pelirrojo Renji, su viejo amigo de la academia. Hoy en día no demostraban mucho su amistad, pero ambos se apreciaban demasiado el uno al otro, lo sabía puesto que de vez en cuando éste le hacía crueles bromas. Hisagi, quien fue su senpai y le dio ánimos para seguir luchando más de una vez. El tímido Kira, que siempre estaba disponible cuando ella le necesitara y la reconfortaba, pese a no haber nacido con el don de las palabras. Rangiku, que siempre le daba consejos sobre lo que sea, al parecer todas los requisitos para ser su mejor amiga estaban escritos en su currículo no oficial. Y Toushiro, aquel niño que siempre intentaba sacarla de quicio cuando ambos vivían en el Rukongai, ése infante con el que observó el crepúsculo más de una vez y que usaba las semillas de la sandía como misiles.

Un niño que había crecido y madurado en varios aspectos a lo largo de esos años, frente a sus ojos.

Pero, ¿Y ella?

Si se ponía a pensarlo, aún se sentía pequeña e ingenua, sin poder hacer algo por ella misma. Mientras que Hitsugaya se daba a respetar, se le llamó genio y se graduó en tiempo récord. Y por su fuera poco, había tenido el gran honor de convertirse en capitán de una respetada división. Inclusive, y para Momo lo más importante y admirable de su mejor amigo, había superado la soledad. De ese niño con miedo a relacionarse y que ponía una barrera invisible ante todos y todo, ya no había ni rastro.

Y en todas esas décadas de conocerle, al ver cómo lograba cada una de sus metas… Ella comenzaba a sentirse pequeñita a su lado, pero feliz, poco a poco algo dentro de ella había florecido sin saberlo siquiera, hasta que fue un día…

Hasta que un día una de sus únicas miradas la estremeció como gelatina.

Y supo al instante que eso no se debía al miedo ni mucho menos. Pues el corazón palpitante le mandó un mensaje que fue capaz comprender…

-Hitsugaya… - Las últimas letras se quebraron, pues había su voz ahora hablaba con dificultad.

Entrelazó sus propias manos, sintiendo cómo estas sudaban al son del tambor que tenía como corazón. La simple y calmada respiración que daba el joven ya la tenía hasta los nervios. Parecía que soñaba con algo bastante agradable, se le veía tan tranquilo, en esos momentos le hubiera gustado descansar como él…

Y cuando quiso darse cuenta, Hinamori ya había abandonado su asiento y estaba sentada en el borde de la blanca camilla, a su lado.

Se sorprendió. ¿En qué momento ella se había movido sin notarlo siquiera?

Ahora podía apreciar con más detalle el rostro adormilado del joven prodigio. Su faceta era la de siempre, fría e insensible. Incluso como había dicho Matsumoto, no parecía dejar su ceño fruncido aún estando herido de gravedad. Pero hacía mucho que no le veía así, desarmado, y con aspecto frágil…

De cierta forma, en ese momento se sintió más cercana a él.

Su mirada se dirigió sin quererlo a los labios masculinos, que entreabiertos dejaban escapar una tranquila respiración. Un rubor adornó sus mejillas, y la sangre fluía como fuego por todo su cuerpo. De nuevo escuchó el molesto retumbar de su corazón, que no hacía más que bombear una y otra vez, de manera rápida y desesperada, casi juraría que se le salía del pecho. Sintió sus propios labios resecos, y se los mordió, tratando de reprimir cierta necesidad que comenzó a inundarla. Tragó saliva.

Ella nunca sería capaz de confesársele a Hitsugaya… Y si ese momento no llegaba, ¿Esta no era la oportunidad perfecta para realizar uno de sus deseos egoístas?

¡Exacto! Hinamori nunca pudo decidir nada por sí sola, por un momento, el lado oscuro que estaba muy escondido en su alma le hizo recordar, que ser una vez egoísta no haría ningún mal… Toushiro estaba inconsciente, nunca sabría lo que pasó. Sólo sería un roce, sólo quería saborear esos labios que prometían saber a menta fresca. Sentir cerca de su amigo de la infancia que poco a poco parecía alejarse de ella… Una pequeña fracción de felicidad que se merecía.

El rostro de Hitsugaya parecía atraerla sin remedio, como cual malicioso gato atrae a un inofensivo ratón.

De forma mecánica, se agachó lentamente, y con una de sus manos llevó su castaño mechón detrás de su oreja, para que no hubiera impedimentos en ese acontecimiento. Tratando de ignorar el retumbo de su corazón, se dejó llevar, e hipnotizada por esos labios masculinos se acercó hasta quedar a escasos centímetros del chico.

Su plácida respiración chocaba con su rostro, y efectivamente, esparcía un aroma de menta y vainilla, mezclado con un toque de madera vieja, lo que hizo que los sentidos de Momo se volvieran más vulnerables, ahora estaba segura que no tenía control de sí misma. Y la verdad, no le importaba. Estaba tan cerca…

Abrió su boca con algo de timidez, mientras la sangre se reunía en sus mejillas y sentía cómo temblaba. Nunca creyó que los labios de Hitsugaya causaran tantos sentimientos contradictorios en ella…

Sintiendo una electricidad recorriendo todo su cuerpo, estuvo a punto de rozar los fríos labios del capitán…

Sin embargo, antes de que el beso se consumiera, se detuvo en seco.

Se quedó estática al percibir un fuerte reiatsu demasiado familiar. Al reconocerle, el corazón se le detuvo y el alma se despojó de su cuerpo.

Hitsugaya… había…

Estando segura de que aquella presencia espiritual era de Toushiro y por consecuencia, había despertado en el momento menos indicado. Hubiera gritado de no ser porque se había quedado en estado de shock. Comenzó a sudar. Pero se armó de valor y cuando abrió los ojos de golpe, con clara vergüenza, lista para enfrentarse a esos orbes aguamarina, se dio cuenta que el joven aún seguía inconsciente, al ver su rostro carente de sentimiento alguno y sus bellos ojos aún escondidos bajo los párpados.

Por un momento, soltó un suspiro de tremendo alivio. Sin embargo, nada tenía sentido. Habría jurado que el reiatsu que sintió y seguía presente, era parte de la esencia clara y única del albino. Estaba segurísima, nadie más congelaba de esa manera con su mera presencia. Si no era Hitsugaya…

Entonces, ¿Quién?

Tragó saliva, y sus mejillas se encendieron al darse cuenta de tal acercamiento con su mejor amigo. Reprimiéndose mentalmente por la estupidez que estuvo a punto de cometer, se alejó del rostro masculino y giró su cabeza hacia la puerta de la habitación. Aquella presencia se acercaba de forma considerable, y tras volver a su asiento frente a la cama, lo único que hizo fue esperar.

Sin previo aviso, la puerta de la habitación se corrió lentamente. Hinamori abrió los ojos como platos al ver a esa persona alta, de melena larga como una cascada y que le recordaba al vívido color de los ojos de Toushiro, y cuya presencia era tan congelante como el mismo joven prodigio.

Él no se inmutó al verla, sabía desde hacía tiempo que ella estaría ahí. Por otro lado, Momo a penas y abrió sus rosados labios intentando pronunciar palabra.

-Hyourin…maru… - balbuceó, incapaz de creerse que había terminado por encontrarse con la zampakutou de su mejor amigo en un lugar como ése.

El espíritu materializado la ignoró y pasó de largo, caminando con elegancia y a la vez decisión hasta colocarse al lado de su amo, ante la atónita mirada de la castaña. Escaneó al chico de arriba abajo, cerciorándose que se encontraba en buenas condiciones.

Cuando por fin salió de su sorpresa, sonrió con dulzura al comprender los sentimientos del espíritu hacia Hitsugaya. Estaba más que claro que se preocupaba a creces por él.

-Él estará bien, despertará dentro de nada. – Aseguró la chica melocotón, y éste la miró por segunda vez con sus grises e indiferentes orbes.

Ella se estremeció un poco ante esa fría mirada, que era muy parecida y a la vez completamente diferente a la de Toushiro. Cada que Momo intercambiaba miradas con su mejor amigo, no sentía frío ni rechazo. Admitía que era muy escéptica, pero siempre veía un brillo que lejos de ahuyentarla, le daba alegría y reconfortaba su corazón como ningún otro. Nunca supo la razón, pero así era.

Sin embargo, pese a que éste hombre frente a sí era parte de Toushiro, no era el caso. Él no le transmitía esa confianza que veía en los orbes turquesa del capitán. Fue por eso que no pudo evitar aquel estremecimiento, pero no rehuyó su mirada.

La observaba con detenimiento, sin apartarse de su amo. Era la primera vez que se topaba cara a cara con la chica, pese a haber luchado por ella cientos de veces ya.

Exacto. Él había sido empuñado incontables veces antes por y para la seguridad de aquella jovencita.

Como lo había recordado esa tarde gracias al shinigami sustituto.

"-Él me golpeó con todo lo que tenía, y me ayudó a recuperar mi memoria. – Le explicó, con el joven inconsciente aún en brazos. – Por favor, deja que descanse un momento.

Ichigo envainó su espada colosal tras su espalda, a la vez que una media sonrisa se dibujaba en su rostro, conforme con la decisión que había tomado el espíritu.

-En ese caso, supongo que no tendrás problemas para regresar al Gotei. – Dicho esto, se dio media vuelta listo para continuar su búsqueda. – Dile a Toushiro que no se le ocurra hacer alguna estupidez en sus condiciones. ¡Nos vemos!

En cuanto a penas dio un paso para marcharse, la voz de Hyourinmaru tras su espalda lo retuvo:

-Espera, shinigami.

Él detuvo sus pasos, y miró al hombre de larga cabellera, un tanto sorprendido por la repentina petición.

-¿Hm?

-Debe de haber algo dentro de ti, algo fuerte como para que Muramasa nos haya prohibido acercarnos a ti. – Insistió por segunda vez en el día, a lo que el joven de cabellos anaranjados frunció el ceño. – Piensa bien lo que hagas, no caigas en su juego.

Ambos se mantuvieron en silencio, tan sólo se escuchaba el silbido del viento golpear el paisaje rocoso y que revolvía los cabellos de los presentes. Hasta que finalmente, Ichigo dejó escapar una exasperación que tenía un claro tono de gracia.

-No tienes que decírmelo. - Se llevó una de sus manos a la nuca, masajeándola. – Además, no es como si piense perder. – Después agregó con decisión: - Hay cosas que quiero proteger como para darme ese lujo.

Y de pronto, más recuerdos volvieron a la cabeza de la zampakutou materializada. Abrió levemente los ojos con sorpresa, como si de un momento a otro alguien le hubiera restregado en la cara algo de suma importancia. Ahora no fue su amo quien lo hizo, sino esa simple frase que salió de la boca del shinigami sustituto. Cosas qué proteger…

-¿Esa es la razón de tu zampakutou? – Preguntó sin dejar aún lado su seriedad característica.

El Kurosaki le dirigió una mirada de extrañeza. No llegó a comprender del todo sus palabras.

-¿La razón… de mi zampakutou?

Hyourinmaru miró al caído capitán que sostenía, recordando el pasado y la primera vez que él pudo escuchar su voz. La primera vez que él fue capaz de alcanzarle, y todo por el deseo de un simple crío que a penas había disfrutado de la vida.

-Él fue capaz de escucharme. – Comenzó a explicar, hablando más para sí que para el joven. – Porque tenía cosas qué proteger. Porque quería protegerla. – Agregó con énfasis, recordando el grito del niño en ese entonces, desesperado por obtener poder que le hiciera más fuerte.

-¿Protegerla…? – Sabía que estaba haciendo muchas preguntas carentes de sentido alguno. Pero no sabía por qué el espíritu de hielo le contaba esas cosas que él no podía comprender.

Y de pronto lo supo, la imagen de cierta chica que a penas conocía vino a su cabeza. Hyourinmaru pareció percatarse de ello y cerró los ojos, esa era su forma de dar la razón.

-Momo… - Habló en un susurro, atando cabos de todo aquello. Sus ojos se abrieron como platos. Una vez creyó encontrar la respuesta, se dirigió a la zampakutou tratando de disimular su sorpresa. – Eso significa… ¿Qué tú…?

-No es lo que piensas. – Cortó secamente él, adivinando sus pensamientos. – Yo no existo por esa niña, deberías saberlo más que nadie, tú que tienes tanta relación con tu zampakutou. Tan sólo fui liberado por ese deseo que al parecer compartes con mi amo.

Ichigo volvió a pensar. Después sonrió, comprendiendo las palabras del hombre e inconscientemente, se llevó la mano a la espalda, acariciando la empuñadura de Zangetsu.

-Bueno, digamos que fue algo así. – Respondió como si nada el joven a la primera pregunta que le había hecho el dragón de hielo. Sonrió nuevamente, con aires de grandeza. – No defraudes a Toushiro, aunque estoy seguro que no lo harás. – Le dio la espalda, y tras despedirse con una seña de mano, salió corriendo de ahí, sintiendo que ahora conocía mucho más al capitán de la décima división debido a esa pequeña charla con su espíritu."

Y era precisamente esa joven frente suyo, la razón de cada vez que Hitsugaya lo había empuñado y liberado cientos de veces su Bankai.

Que no se mal interprete. Como ya le había explicado al shinigami sustito, el sentido de su existencia no era por aquella chica de piel melocotón. No, si Hyourinmaru existía era por y para Hitsugaya. Él es y siempre sería al único al cual serviría, al único que protegería. Las zampakutous nacen con su Shinigami, y mueren con ellos. Sin embargo…

Sin embargo, si Toushiro conoció su nombre y le escuchó en la oscuridad, fue sólo por aquella niña. Y lo quisiera o no, el anhelo de su amo era el suyo propio. Desde el principio supo que una fuerte conexión lo unía a la teniente por el simple hecho de que ella… inconscientemente le había dado paso libre a dejar la soledad. Fue entonces cuando Hitsugaya deseó hacerse fuerte y descubrió a Hyourinmaru, que pese a haber estado siempre a su lado se había negado a creer.

No era tonto. Sabía que gracias a ella su dueño había dejado atrás la fría soledad que ambos temían.

"Y por esa única razón…"

Hinamori no pudo soportar más ese tenso ambiente que se había formado. Él no dejaba de mirarla con sus grises orbes bien clavados en ella, y bueno… ¡No es como si hubiese hecho algo malo! Comenzaba a sentirse nerviosa, demasiado, cabía decir. Además, la locura que había estado a punto de cometer no dejaba su conciencia tranquila.

Se puso de pie lentamente, tratando de ignorar aquella sensación de su piel erizada bajo la gélida mirada. Se acercó hasta ambos, pero lo único que hizo, ante la curiosa ojeada del espíritu, fue inclinarse hasta quedar a medio metro de su mejor amigo, y con una sonrisa dibujada en su rostro le revolvió su cabello blanco con dulzura, como solía hacer hace muchos años cuando ambos eran unos críos en el Rukongai.

-Recupérate pronto, Shiro-chan. – Y la sinceridad y bondad con que lo había dicho, desconcertó al dragón de hielo.

Nunca creyó que hubiera personas así.

Era una lástima que Hitsugaya no hubiera estado despierto para escuchar aquellas conmovedoras palabras. Quizá una parte de su inconsciente guardaría ese momento en su memoria por el resto de sus días… Y de cualquier forma, Hyourinmaru estuvo de testigo, quizá, sólo quizá algún día se lo haría saber.

Momo sonrió con algo de tristeza al ver que él no daba señales de querer abrir los ojos. Igual, estaría bien.

Había estado tan cerca…

Alzó su vista entonces para toparse con el espíritu materializado, que en ningún momento dejó de analizarla, como si fuese una extraña adivinanza a la cual necesitaba encontrar respuesta. Y lo que siguió le pilló desprevenido.

-Gracias, Hyourinmaru. – Murmuró la teniente, controlando su voz temblorosa debido a la vergüenza. Pero aún así, lo dijo con una veracidad admirable. – Gracias por traerlo sano y salvo.

Él se mantuvo en silencio, como ella había previsto. Hinamori, tras hacer una reverencia, se alejó a pasos lentos de ahí en dirección a la puerta, mientras el dragón de hielo la veía partir.

"…Por esa única razón, Hyourinmaru le estaría agradecido eternamente a aquella niña."

Una vez estuvo a punto de abrir la puerta corrediza, escuchó la grave y a la vez distante voz del espíritu, que detuvo sus pasos.

-...Gracias a ti, Hinamori Momo. – Fueron sus impasibles y frías palabras, pero que a pesar de todo, le dejó un buen sabor de boca a la chica, sintiendo una agradable sensación de armonía en su pecho.

No entendió del todo aquel agradecimiento. Sin embargo, le restó importancia, y lo único que hizo, como siempre había sido su costumbre, sonreír antes de desaparecer tras la puerta de la habitación donde la persona más importante para ella se recuperaba, sin saber si quiera que sus fríos labios estuvieron a punto de ser derretidos por los cálidos de ella.


Yo... siento que divagué mucho en este capítulo, no era lo que tenía planeado desde un principio, pero no importa XD

Lady-chan cumplió su reto de esta semana (creo e.e ) Así que, ¡He actualizado puntualmente! Yay, aplausos, no creí que fuera puntual haciendo algo XD

.x: ¡Gracias! Yo también los amo, de hecho, todos deberían hacerlo. ¡El mundo tiene que darse cuenta del amor que caracteriza a estos dos! Espero te haya gustado, y ¡Bienvenida! Es la primera vez que te leo por aquí~!

LadyDy: Estoy enojada, jum. No me quieres enseñar tu cabello XD Ok no. ¡Yay! Qué bueno que te haya gustado, esa es la meta QwQ Y exacto...Hitsugaya es demasiado tímido si se trata de Hinamori... DEMASIADO. Creo yo (?) Y bueno... ¡porque es un personaje de anime! Q.Q Es casi perfecta, chicas así de amables y puras como ella ya no se ven hoy en día. Una verdadera lástima, pero aún así hay personas muy amables en este mundo (?) ¿POR QUÉ NO HAY HOMBRES COMO HITSUGAYA? No creo... ¿Se llenó de spam tu bandeja?XD (El morado que terminó siendo rojo...XD) PD: Gracias por no hartarte de mí con mis raras ideas :3

Bloddy Cherry: ¡Yaaaaaay, qué genial! ¡Gracias! Me alegra mucho *-*

Escarlata10: ¡Eso! ¡Viva el HitsuHina! Lo sé, mucho HitsuKarin rondando por aquí... lo único que podemos hacer es no darnos por vencidas y, ¡Escribir! XD Lo sé, terminarán juntos o si no me encargaré de matar a Tite con mis propias manos (?) ¡Muchísimas gracias por tu review!

ambar51chick: Muchas gracias, ¡espero te haya gustado éste!

Akari Haruko: ¿Estaba triste tu día antes? :c En ese caso, me da más felicidad haberlo escribido. ¡Gracias! Jajaja, Lady-chan es muy cumplida y buena, seguro que no las defraudará ;)

Vegetable lov3r: Sí, Lady-chan, yo también quiero escribir mucho, así que a ponernos las pilas! XD Me alegra que te haya gustado! Espero este haya sido de tu agrado también! :3

Eso fue todo, ¡Nos leemos la próxima semana! Y cuando se me ocurra actualizar LPEF XD Ahora me voy a leer el nuevo capítulo de Bleach e.e