Hola de nuevo, aquí con el segundo capítulo de esta historia. Bueno como ya saben es una ADAPTACIÓN así que puede que haya un poco de OoC, el caso es que yo no quiero alejarme demasiado de la esencia del personaje, o sea que Draco de repente sea muy dulce y todo eso, así que si está pasando esto, por favor háganmelo saber. Solo quiero conocer sus opiniones que estoy segura forman parte de irme convirtiendo en mejor escritora y conocer su percepción. Ahora si a leer.

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling y Off Campus: The Deal lo es de Elle Kennedy. Solo soy una inmensa admiradora de sus obras.

Advertencia: Esta historia contiene lenguaje obsceno y escenas no aptas para menores. Leer bajo su propia responsabilidad.


─De verdad creo que deberías cantar esa última nota en mi mayor ─ insiste Wayne. Es como un disco rayado, soltando la misma sugerencia sin sentido cada vez que terminamos de repasar nuestro dueto.

Pero soy pacifista. No creo en el uso de los puños para resolver los problemas. Creo que cualquier tipo de pelea organizada, incluso las deportivas, son una barbarie y pensar en las guerras me revuelve el estómago.

Pero aun así, estoy a esto de soltarle un puñetazo a Wayne Hopkins en la cara. O por lo menos un hechizo que lo deje irreconocible.

─Esa nota es demasiado baja para mí. ─Mi tono de voz es firme, pero es imposible ocultar mi enfado.

Wayne pasa una frustrada mano por su pelo oscuro y ondulado y se vuelve a Emily, que está jugueteando nerviosa en el banco del piano.

─Tú sabes que tengo razón, Emm ─le implora─. Será un golpe más impactante si Granger y yo acabamos en la misma nota que si hacemos la armonía. Además lo justo es apoyar a un miembro de tu misma casa.

─No, el impacto será mayor si hacemos la armonía ─le rebato.─ Y no te atrevas a chantajearla.

Estoy a punto de empezar a arrancarme mi propio pelo de la cabeza. Sé exactamente lo que está haciendo Hopkins. Él quiere acabar la canción en su nota. Ha estado soltando tonterías como esa desde que decidimos formar un equipo para la actuación de invierno, haciendo todo lo posible para que destaque su voz y mandarme a mí a un segundo plano.

Si hubiera sabido lo divo que es el idiota de Wayne, le habría dicho que ni de chiste a este dueto, pero el imbécil decidió mostrar su verdadera cara después de haber empezado los ensayos y ahora es demasiado tarde para echarse atrás. He invertido demasiado tiempo en este dueto y lo cierto es que me encanta la canción, en serio. Emily ha escrito un tema increíble y una parte de mí no quiere decepcionarla lo más mínimo.

Además, sé bien que el colegio prefiere los duetos a los solos, es un hecho: las últimas cuatro actuaciones que han ganado, porque sí, es una competencia donde el o los ganadores obtienen muchos puntos para ganar la Copa de las Casas, han sido duetos. A los jueces les encantan las armonías complejas y esta composición las tiene en abundancia.

— ¿Emm? —suelta Wayne.

—Eh…

Puedo ver cómo ella se derrite bajo su mirada magnética. Wayne Hopkins tiene ese efecto en las mujeres. Es exasperantemente guapo y encima su voz es fantástica. Desafortunadamente, él es plenamente consciente de ambas cualidades y no tiene ningún reparo en utilizarlas en beneficio propio.

─Quizá Wayne tenga razón ─balbucea Emily, evitando mirarme a los ojos mientras me traiciona—. ¿Por qué no lo intentamos en mi mayor, Hermione? Vamos a hacerlo una vez y a ver cuál funciona mejor.

¡Eres una traidora! Eso es lo que quiero gritar, pero me muerdo la lengua. Como yo, Emily se ha visto obligada a hacer frente a las demandas estrafalarias de Wayne y a sus "brillantes" ideas desde hace semanas, así que no puedo culparla por tratar de llegar a un punto intermedio.

─Ok ─suelto─. Intentémoslo.

El triunfo ilumina los ojos de Hopkins, pero no permanece ahí mucho tiempo porque después de cantar la canción otra vez, queda claro que su sugerencia no vale para nada. La nota es demasiado baja para mí y, en lugar de conseguir que la hermosa voz de barítono de Wayne destaque, mi parte suena tan fuera de lugar que desvía toda la atención.

─Creo que Hermione debe quedarse en la tonalidad original. ─Emily mira a Wayne y se muerde el labio, como si tuviera miedo de su reacción.

Y aunque el chico es un arrogante, no es estúpido.

─Bien ─suelta─. Lo haremos a tu manera, Granger.

Aprieto los dientes.

─Gracias.

Afortunadamente, nuestra hora llega a su fin, lo que significa que el salón está a punto de pertenecer a algún otro estudiante. Ansiosa por salir de allí, recojo con rapidez mi partitura y me pongo mi túnica. Cuanto menos tiempo tenga que pasar con Hopkins, mejor.

¡Merlín! No lo soporto.

Irónicamente, cantamos una canción de amor profundamente emocional.

─ ¿A la misma hora mañana? ─me mira expectante.

─No, mañana estaré estudiando en la biblioteca. Será un poco más tarde.

El descontento endurece su rostro.

─ ¿Sabes qué? Podríamos haber tenido la canción más que preparada hace mucho tiempo si tu horario no fuera tan… incómodo. No sé porque tienes que estudiar tanto.

Arqueo una ceja.

─Dice el chico que se niega a ensayar los fines de semana. Porque te recuerdo que estoy libre ambos días: sábados Y domingos antes de la cena.

Sus labios se tensan y a continuación se marcha con paso tranquilo sin decir nada más.

Idiota.

Un profundo suspiro suena detrás de mí. Me doy la vuelta y veo a Emily sentada aún frente al piano, todavía mordiéndose el labio.

─Lo siento, Hermione ─dice en voz baja─. Cuando les propuse a los dos cantar mi canción no me imaginé que Wayne sería tan difícil.

Mi enfado se derrumba cuando me doy cuenta de lo disgustada que está.

─Oye, que no es tu culpa ─le aseguro─. Yo tampoco esperaba que fuese así de imbécil. Pero es un cantante increíble, así que vamos a tratar de centrarnos en eso, ¿de acuerdo?

─Tú también eres una cantante increíble. Por eso los elegí a los dos. No me podía imaginar a nadie que no fueseis ustedes dando vida a la canción, ¿sabes? Deberías dedicarte a esto después de la graduación.

Le sonrío. Es una chica súper dulce, creo que eso influyó a que fuera seleccionada en Hufflepuff. Sin embargo, no tomo mucha importancia a lo último que dijo. Por supuesto que yo ya se lo que quiero hacer cuando salga de aquí. Trabajar en el Ministerio de Magia. Es mi gran sueño. No digo que cantar no me guste, es reconfortante pero no es algo que me apasione.

—Te prometo que va a ser un éxito tu canción, Emm. No hagas caso de las rabietas absurdas de Wayne. Creo que a él solo le gusta discutir por el hecho de discutir.

Se ríe.

─Sí, probablemente. ¿Hasta mañana entonces?

─Sí. Nos vemos luego.

Me despido con la mano y a continuación salgo del salón y me dirijo a mi sala común. Estoy agotada. Exhalo un suspiro de alivio cuando atravieso el retrato de la Dama gorda. Ha sido un día largo y todo lo que quiero hacer es tomar una ducha caliente y meterme a la cama, pero no puedo, debo empezar los deberes de la próxima semana si quiero evitar que se me junte todo. Así que subo al dormitorio y me obligo a sentarme frente a mi escritorio sacando todo lo necesario. Afortunadamente no está ninguna de mis compañeras con las que comparto el espacio, no estoy de humor para escuchar sus risitas después de leer alguna revista tonta.

Escucho un pequeño toquido en la puerta y antes de que pueda preguntar quién es, veo la cabeza de Ginny asomándose. Siempre hace lo mismo.─ Hola, ¿Qué tal tu día?─ Me saluda sentándose en el borde de mi cama. Lleva en una de sus manos lo que parece un trozo de pergamino arrugado. Le devuelvo el saludo mientras comienzo a escribir, ella ya sabe que la escucho aunque esté haciendo tarea así que espero a que siga hablando.

─Escucha esto─ Su comienzo informal me pone en guardia. Sé muy bien que cuando empieza una frase con escucha esto, por lo general, va seguido de algo que no quiero oír.

─ ¿Qué pasa?─ Volteo hacia ella y se confirman más mis sospechas cuando veo la enorme sonrisa que adorna su rostro.

─Hay una fiesta en la Sala de Menesteres la noche del miércoles─ Sus ojos marrones empiezan a brillar con intensidad─ Tu vienes conmigo.

Suelto un quejido.

─ ¿Una fiesta entre semana? Ni de chiste. De ninguna manera.

─Por supuesto que sí, Herms─ Cruza los brazos sobre su pecho─ Siempre estás muy ocupada con que estas estudiando, haciendo tareas tuyas, de Harry o de mi hermano, un montón de cosas. Tienes que divertirte aunque sea un poco. Además me prometiste qué harías un esfuerzo este curso para ser más sociable.

─Soy sociable─ Me lanza una mirada escéptica. Y sí, yo había prometido eso, pero esto es lo que pasa: no me gustan las fiestas.

Me violaron en una fiesta. Es por ello que casi no acudo a ellas.

Merlín, odio esa palabra. Violación. Es una de las pocas palabras del vocabulario que tiene un efecto visceral cuando se oye. Como una bofetada con la mano abierta en la cara o una jarra de agua congelada sobre la cabeza. Es desagradable y desmoralizador, y yo intento con todas mis fuerzas no permitir que controle mi vida. He trabajado mucho en lo que me pasó. Vaya si lo he hecho. Sé que no fue mi culpa. Sé que no fue algo que pedí y sé que no hice nada que invitara a que sucediera. No me ha arrebatado mi capacidad de confiar en la gente ni me da miedo todo hombre que se cruza en mi camino. Años de terapia me han ayudado a ver que la culpa la tiene exclusivamente él. Algo no funcionaba bien en él. No en mí. Nunca en mí. Y la lección más importante que aprendí es que yo no soy una víctima, soy una superviviente.

Pero eso no quiere decir que el ataque no me cambiara. Y tanto que lo hizo. Hay una razón detrás de conocer una gran cantidad de hechizos protectores para poder defenderme. Hay una razón por la que no bebo en público ni acepto copas de nadie, ni siquiera de mis amigos, porque siempre hay una posibilidad de que puedan estar dándome, sin saberlo, una copa contaminada.

Y hay una razón detrás de que no quiera ir a muchas fiestas. Supongo que es mi versión personal del Trastorno de Estrés Postraumático. Un sonido, un olor o la visión de algo inofensivo hace que los recuerdos emerjan en espiral a la superficie. Escucho música a todo volumen y conversaciones en voz alta y carcajadas. Huelo a whiskey y a sudor. Estoy entre una multitud. Y de repente, vuelvo a tener catorce años y vuelvo a estar en la fiesta de Sally Birchgrove, atrapada en mi propia pesadilla personal.

Ginny suaviza su tono cuando ve mi angustiado rostro.

─Hemos hecho esto antes, Herms. Será como todas las otras veces. En ningún momento te perderé de vista y ninguna de las dos beberá ni una sola gota. Te lo prometo.

La vergüenza tira de mis entrañas. La vergüenza y el arrepentimiento y un toque de asombro, porque, de verdad, es una amiga de veras increíble. Ella no tiene por qué mantenerse sobria ni permanecer en guardia solo para hacerme sentir bien, pero lo hace cada vez que salimos y yo la adoro profundamente por eso.

Pero no me gusta que tenga que hacerlo.

─Está bien─ cedo, no solo por ella sino también por mí. Le he prometido a mi amiga ser más social, pero también me he prometido a mí misma que iba a hacer un esfuerzo por probar cosas nuevas este año. Para bajar la guardia y dejar de una vez de tenerle tanto miedo a lo desconocido. Puede ser que una fiesta clandestina no represente mi ideal de diversión, pero quién sabe, igual acabo pasándolo bien.

El rostro de Ginny se ilumina.

─ ¡Súper! Y encima ni siquiera he tenido que jugar la carta que tenía.

─ ¿Qué carta? —pregunto desconfiada.

Una sonrisa eleva las comisuras de su boca.

─Roger Davies va a estar allí.

Mi pulso se acelera.

─ ¿Cómo lo sabes?

─Porque Michael y yo nos encontramos con él en el comedor y nos dijo que iría. ¿Sabes? Es extraño que a ti, alguien que dice odiar el Quidditch porque no le encuentra ningún sentido, pierdas la cabeza por alguien que lo adora.

─Yo no he perdido la cabeza por él─ Me defiendo─ Solo me gusta. Y es que él no es como el resto, él es diferente.

─Dice la chica que no ha hablado ni una sola palabra con él.

─Es diferente─ insisto─ Es tranquilo y serio y, por lo que he visto, no va por ahí tirándose a todo lo que lleva falda, como hacen sus compañeros de equipo. Ah, y es inteligente; le vi leyendo a Arsenius Jigger en el patio la semana pasada.

─Probablemente era una lectura obligatoria.

─No lo era.

Ella entrecierra sus ojos.

─ ¿Cómo lo sabes?

Siento el rubor subiendo por mis mejillas.

─Una chica le preguntó en clase el otro día y él le contestó que Jigger era su autor favorito.

─Por las barbas de Merlín. ¿Ahora espías sus conversaciones? Das miedo. —Ginny exhala un suspiro─. Bueno, hasta aquí hemos llegado; el miércoles por la noche intercambiarás frases de verdad con él.

─Puede ser ─le digo sin comprometerme─. Si se da la oportunidad.

─Yo haré que se dé. Ya en serio. No nos vamos de esa fiesta hasta que hayas hablado con Davies. No me importa si es solo tú diciendo hola, ¿qué tal estás? Vas a hablar con él. —Clava el dedo en el aire— ¿Está claro?

Suelto una risa.

─ ¿Está claro? —repite con tono estricto.

Tras un segundo, suelto una exhalación de derrota.

—Clarísimo.─ Asiente con la cabeza antes de levantarse e irse a su dormitorio. No puedo evitar que una sonrisa se forme en mi rostro. Fui al comedor con Harry y Ron por la tarde así que no siento apetito. Dejo un momento a mi mente viajar hacia la clase de hoy y la pequeña interacción con Roger, suelto un suspiro imaginando como sería hablar con él teniéndolo frente a mí, pero entonces algo mi cabeza se desvía y recuerdo el extraño encuentro Malfoy, lo más seguro es que era una broma de mal gusto o quien sabe, de todos modos prefiero no darle más vueltas al asunto y me concentro en lo verdaderamente importante. Mis estudios.


La biblioteca siempre me ha parecido un lugar muy tranquilo. Desde el momento que puse un pie aquí en primer año me sentí como si estuviera en casa, rodeada de libros y un silencio apaciguador. Aquí uno puede desde trabajar tranquilamente hasta ponerse a pensar sin ser interrumpido. Soy consciente de que muchos critican el que me guste pasar el tiempo aquí metida pero, así como todos tienen ese lugar especial donde sienten tanta comodidad que parece que las horas y minutos no existiesen, yo también lo tengo. Y es aquí.

Lamentablemente, hay ocasiones en llega alguien a ese mismo espacio y toda esa serenidad que tenías de repente es profanada por la persona a quien menos desearías ver allí. Y es eso exactamente lo que está pasando en este momento. Hasta hace unos instantes estaba muy bien leyendo un libro de Pociones cuando noto una sombra frente a mí. Al principio pensé que podría tratarse de alguno de mis amigos pero al levantar la vista con quien menos imaginaba encontrarme era a Draco Malfoy.

Tenso mi mandíbula y no disimulo en absoluto cuando me encuentro con sus centellantes ojos grises. Se pasa la mano por su cabello rubio y muestra una sonrisa de medio lado. Sé muy bien la razón del porqué está aquí y es lo que no me gusta, porque creí que había sido muy clara ayer, pero al parecer no.

─Granger. Que coincidencia encontrarte aquí.─ Se sienta en la silla de enfrente.

─Sí, una gran coincidencia.─ Murmuro─ ¿Qué es lo quieres?

─Una profesora particular.

─Lo siento. No hay de esas. Pero lo mejor que te puedo ofrecer es un buen libro, ¿Qué dices?─ Sonrío con dulzura.

─ ¿Sabes lo que hice anoche? ─dice, sin responder al sarcasmo.

Hago como que reflexiono.

─ ¿Acostarte con una inocente estudiante de alguna otra casa? Oh, espera, si se involucró contigo, entonces no debe ser tan inocente.

─En realidad, con una chica de mi misma casa─ dice engreído─ Pero lo que digo es lo que hice antes de eso. ─ Eleva una ceja rubia─ Pero estoy muy intrigado por tu interés en mi vida sexual. Te puedo dar más detalles en otro momento si quieres.

─No quiero.

─En otra ocasión─ dice en un tono despectivo, cruzando las manos sobre la mesa de madera. Observo sus dedos largos que parecen lo bastante ágiles y necesarios para alguien como él que juega Quidditch.

─Ayer fui al grupo de estudio─ me informa─ Había otros tres allí, ¿y sabes cuál era la nota más alta en el grupo? ─ Suelta la respuesta antes de que pueda aventurarme a decir una respuesta─ Un 6. Y nuestra nota media combinándolas era un 5. ¿Cómo se supone que voy a aprobar ese examen si estoy estudiando con personas que son tan tontas como yo?

No respondo, en su lugar tomo el libro que había dejado sobre el mueble y continúo la lectura donde la dejé. Tal vez si lo ignoro se marché. Es lamentable lo que me acaba de decir pero no tengo ningún interés en ayudarle.

─ ¿No me has escuchado?─ Pregunta irritado al darse cuenta de que no le hago caso. Estamos así por unos minutos más en los que siento su mirada perforándome mientras trato de leer. Pero creo que llega a tal grado de molestia que siento como me arrebata el libro de las manos y lo avienta hacia un lado con tanta puntería que cae sobre la cabeza de un chico de la otra mesa quien suelta un quejido en voz alta. En lugar de enojarme contengo las ganas de reír por lo cómico del golpe.

En menos de un minuto llega la señora Pince quien le exige salir a Malfoy de la biblioteca inmediatamente por hacer mal uso de los libros y lastimar a otro estudiante. No dice nada y abandona la estancia a regañadientes sin despegar su mirada de mí la cual parece decir: no vas a deshacerte de mí tan fácilmente.


No va a deshacerse de mí tan fácilmente.

Estoy en mi ronda de prefectos junto con Pansy, he visto en la tabla de horarios que hoy también le toca a Granger y la Comadreja, sinceramente sigo preguntándome cómo es que lo habrán elegido a él para esto y no a San Potter que es el protegido de Dumbledore, si es de lejos una de las personas más estúpidas que he conocido, casi al nivel de Crabbe y Goyle.

Como los recorridos los hacemos individualmente me doy un par de vueltas por la que es mi ruta y al no ver nada fuera de lo normal voy en búsqueda de Granger. Sé que puedo parecer un estúpido persiguiéndola pero también sé que puedo lograr convencerla, siempre obtengo lo que quiero. Y lo que quiero es que me ayude a pasar Aritmancia.

Además estoy seguro de que habrá algo que quiera a cambio. No debe ser muy difícil. Es una sabelotodo. Lo más probable es que sea un libro o algo así. Doy vuelta en una esquina y es allí donde la veo, a mitad de pasillo abriendo una por unas las puertas de los laterales e iluminando con su varita. Me acerco poco a poco hasta que gira hacia donde voy caminando, es obvio que ya se ha percatado de mi presencia pero hace como que no y revisa la siguiente puerta. No pierdo el tiempo y avanzo los metros restantes.

─Granger.─ Mira por encima del hombro, frunciendo el ceño profundamente.

─ ¿Qué no te cansas? Ya te dije que no voy a darte clases particulares.

─Claro que lo harás─ Me encojo de hombros─ Solo tengo que averiguar qué quieres a cambio.─ Se gira a toda velocidad cerrando fuertemente uno de los salones vacíos.

─Quiero no darte clase. Eso es lo que quiero.─ Puedo ver su rostro por el Lumos de la punta de mi varita.

─Muy bien, es evidente que el dinero no te interesa─ cavilo como si ella no hubiese hablado─ Entonces tiene que haber algo más─ Reflexiono sobre ello un instante─ ¿Alcohol? ¿Hierba?

─No y no, ¿quién te crees que soy? Desaparece ya de mi vida.

Comienza a caminar de nuevo olvidándose de las puertas restantes para seguramente irse a buscar a Weasley. Tengo que pensar en algo rápido.

─Está bien. Supongo que tampoco te van las demás drogas─ Me ignora, creo que fue un comentario tonto considerando como es la sangresucia. Pensándolo mejor, si deseo que acepte será mejor acostumbrarme a no decirle así.

─ ¿Qué tal una cita?─ le ofrezco. No es que me guste la idea, en absoluto, tan solo por el hecho que es Granger de quien estamos hablando, pero no tenía otra cosa con que atacar. Esto, por supuesto, sí le ha llamado la atención. Nuevamente me observa con una expresión total de asombro.

─ ¿Qué?

─Ah. Tengo tu atención─ Exclamo victorioso.

─No, tienes mi repulsa. ¿De verdad crees que quiero salir contigo?

─Todo el mundo quiere salir conmigo.

Se echa a reír.

Tal vez debería sentirme ofendido por su reacción, pero me gusta el sonido de su risa. Es como un musical, con un tono ronco que cosquillea mis oídos. Sacudo mi cabeza alejando esos pensamientos.

─Solo por curiosidad─ dice ella─ cuando te despiertas por la mañana, ¿te admiras frente al espejo durante una hora o dos?

─Dos─ Le contesto con orgullo.

─ ¿Y chocas los cinco contigo mismo?

─ ¿Chocar los cinco?─ Siento confusión, no tengo idea de que se refiere con eso. Debe notar mi cara porque resopla y responde.

─Es una expresión muggle. ─Agita la mano restándole importancia─ Como sea. Siento desilusionarte, Míster Perfecto, pero no estoy interesada en salir contigo.

─Creo que me estás malentendiendo, Granger. No estoy buscando una relación amorosa contigo. Sé que no te gusto. Y si te hace sentir mejor, tu a mí tampoco me gustas.

─Pues sí que me hace sentir mejor. Estaba empezando a preocuparme que podría ser tu tipo y eso es algo demasiado aterrador; incluso para pensar en ello.

─Estoy hablando de imagen─ Aclaro.

─Imagen─ Repite.

─Sí. No serías la primera chica que sale conmigo para aumentar su popularidad. Pasa todo el tiempo.

Granger se ríe de nuevo.

─Estoy perfectamente contenta con mi peldaño actual en la escala social, pero muchas gracias por ofrecerte a "aumentar mi popularidad", Malfoy. De verdad.

La frustración revuelve mi garganta.

─ ¿Qué puede hacerte cambiar de opinión?

─Nada. Estás perdiendo el tiempo. ─Niega con la cabeza, parece tan frustrada como yo─. Mira, si invirtieses todo el esfuerzo que estás utilizando en acosarme y lo canalizaras en tus estudios, te iría mucho mejor.

Se da la vuelta apagando la luz de su varita y la observo marcharse por el oscuro pasillo intentando pensar en mi próximo movimiento.

No me viene absolutamente nada a la cabeza.


Creo que quedó un poco corto, pero la razón es que quería separarlo de la siguiente parte que publicaré muy pronto. Gracias a las que le han dado una oportunidad a este fic, en serio. Muchas Gracias.

¿Reviews?