Bien, bien, sigo con estos one-shots que he escrito ultimamente y en realidad no van a ningún lado, jaja...

02.
Personajes:
House, Cuddy, Rachel
Resumen: Cuddy se ha obsesionado tanto con tener su familia perfecta que cuando lo consigue no puede verlo.
Advertencias:Huddy, un poco angsty, un poco fluffy, un poco de todo, spoilers de la temporada 6.
Notas: Regalo para alwaysonstandby en el intercambio Amigo Invisible de LJ (uno de tantos)

Todo es de Fox y David Shore, etc.

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(Des)Perfecto

Con un vaso de bourbon en la mano había estado pasando aquella apacible tarde de otoño, tocando la guitarra, el piano y regodeándose en su miseria. Miró el pasillo vacío, extrañaba a su amigo, no era como si se hubiera ido para siempre, se dijo y se repitió. Cerró los ojos, le ardían, y se recostó en el sillón sosteniendo con fuerza el vaso corto casi vacío de licor, no estaba ebrio, se necesitaba mucho más que eso para embriagar al gran Gregory House.

Navegó en el limbo del momento previo a quedar dormido, ese donde todavía escuchas los sonidos del exterior y sientes un poco de frío por la falta de una manta, logró vaciar su mente de la ausencia de Wilson, y sobre todo, de la ausencia absoluta en su vida de Cuddy. Debía admitir que ese asunto no lo había estado dejando dormir bien, pero por su propia sanidad mental debía ser capaz de apartar esa opresión de su pecho, no quería volver a "ver" a sus colegas muertos, no quería regresas a Mayfield. Lo único bueno que había salido de todo aquello había sido que, al menos en su mente, por un instante que pareció verdad, Lisa Cuddy había sido suya.

La imagen de Cuddy sonriendo con Rachel en brazos le llenó la mente con luz, pero todo se ensombreció cuando a la imagen perfecta se le unió Lucas, eran una familia de portada de revista, ella se lo merecía, merecía ser feliz, House debía entenderlo pero desprenderse de ese trozo de su corazón era un dolor terrible, insoportable, peor que el de su pierna, creía que no había un dolor peor que el que lo asolaba día y noche, pero ese sufrimiento físico era nada comparado con lo que sentía ahora.

No supo si estaba soñando, alucinando o estaba pensando todo aquello conscientemente. Abrió los ojos de golpe al escuchar la puerta timbrar. No podía ser Wilson porque él no regresaría hasta dentro de unos días, estaba en un congreso de oncología en Seattle.

Se puso de pie y tomó su bastón, se encaminó a la puerta, no dio un vistazo a la mirilla y aún deslumbrado por la luz de una tarde plena, abrió la puerta. Frente a él estaba Cuddy con Rachel en brazos, poco a poco pudo enfocar la vista y creyó que todo era producto de su imaginación.

─¿Cuddy? ─quiso asegurarse, su voz más ronca de lo usual producto de haber estado dormitando. Se talló los ojos.

─House ─ella ignoró el hecho que no había sido invitada a pasar e ingresó al apartamento─, no acudiría a ti si no estuviera tan desesperada… ─comenzó, House frunció el ceño─, mi niñera está enferma y Wilson en Seattle.

El nefrólogo ya sabía hacia dónde se dirigía aquello y no le agradó en absoluto, nunca había pasado tiempo con el engendro (como él solía referirse a Rachel).

─¿Qué te hace pensar que yo lo haré?

─¡House!, te estoy pidiendo un favor…

─¿Y Lucas de todos modos? ─fue su último tiro.

─Fuera de la ciudad trabajando ─ella dio pocos detalles, House notó ese punto, luego miró al pequeño bulto que se removía en brazos de Cuddy.

─Debes estar realmente desesperada para pedir mi ayuda ─dio su veredicto, ella lo miró con ambas cejas levantadas.

House estiró los brazos para recibir a la niña y Cuddy comprendiendo el mensaje, se la cedió sonriendo.

─Gracias ─suspiró─, no serán más de un par horas, te lo aseguro ─luego vio a su alrededor, la botella de bourbon sobre una mesita de centro─. ¿Has estado bebiendo? ─se acercó para olerlo, su aroma era a licor, pero también a pizza de queso y papas fritas.

─No estoy ebrio ─él respondió con un falso tono indignado pero apartando a Rachel del alcance de su mamá.

Era el momento perfecto, era el momento ideal de demostrarle que había cambiado, la oportunidad que antes le había birlado por la sola presencia de Lucas y por el simple prejuicio de tratarse de él.

Cuddy lo miró atenta, estaba sobrio definitivamente.

─Sólo prométeme que no beberás mientras Rachel esté bajo el mismo techo que tú ─no esperó una respuesta, se giró hacia la puerta y cuando tuvo la perilla en la mano miró por sobre su hombro, lo vio y estaba completamente perdido sosteniendo a su hija─, gracias House ─y se marchó sabiendo el gran sacrificio que eso representaba para él.

Rachel había demostrado ser una niña tranquila e inteligente, de todos los niños del mundo, ésta definitivamente le desagradaba menos a House, por esas cualidades y desde luego por estar ligada a Cuddy.

─Sólo somos tú y yo ─la sentó en el sofá junto a él y la niña lo miró con aquel par de ojos enormes y expresivos, de color diferente a las orbes acero de la Decana, pero igual de chispeantes. Ante aquello, Rachel sonrió─. No sé qué se supone que haga contigo, así que veamos televisión ─y prendió el aparato.

Eso los ayudó a distraerse unos momentos. Rachel apenas hablaba y caminaba, incluso aún necesitaba ser cambiada, pero sabía expresar a la perfección sus necesidades, fue cuando con fuerza (su poca fuerza infantil) jaló a su niñero de la tarde de la manga de su camisa.

─¿Sí? ─él preguntó como si esperara que le respondería con total coherencia y exactitud.

Ella lo jaló con más efusividad y señaló la cocina, trataba de articular palabras pero eran intentos inútiles.

─Tienes hambre, ya veo… pero supongo que si te alimento con comida chatarra tu feminazi madre me matará ─era más como hablar solo pero no importaba. Se puso de pie y cojeó sin bastón a la cocina, sin Wilson ahí se había dedicado a comer pura y absoluta porquería, comidas rápidas y cosas listas para prepararse en el microondas.

─¡Bingo! ─expresó cuando entre tantas envolturas de golosinas y envases vacíos de cerveza encontró un plátano en buen estado, era perfecto─. Muy bien, no sé si te guste esto pero no me importa… ─regresaba a la sala de estar con la fruta en una mano y una cuchara en otra─, ¡hey!, ¿qué haces? ─dijo cuando vio que Rachel había llegado de algún modo al piano y estaba tratando de acomodarse en el banco.

─Música ─ella dijo sin más, sin notar que estaba cerca de algo sagrado para House.

Él se quedó perplejo y olvidó la fruta, era la única palabra que le había escuchado en toda la tarde, no podía creer que esa palabra había sido "música", dejó el plátano y la cuchara junto a la botella de bourbon en la mesita de centro y caminó hacia la niña y el piano.

─Así es ─asintió─, música ─la apartó para sentarla en su regazo, abrió la tapa del piano y tocó una nota, Rachel lo imitó, tocando la misma tecla.

House arqueó una ceja y sonrió de lado, eso podía ser interesante. Tocó la siguiente nota y Rachel hizo lo mismo, repitieron el patrón un par de veces más y ambos, con pausas y sin forma, habían tocado la primera línea del "El Himno a la Alegría"

─Tus manos son muy pequeñas, pero cuando sean más grandes tal vez te pueda enseñar ─le dijo─, ahora deja que un experto lo haga ─pareció que Rachel entendió perfecto porque apartó las manos y él comenzó a tocar algo mucho más complejo.

House estaba disfrutando tocar porque él siempre disfrutaba hacerlo, pero extrañamente Rachel no le estaba estorbando como creía que le estorbaría, incluso gozaba al escuchar su risa que de vez en cuando se le escapaba, esa chiquilla disfrutaba la música definitivamente. Su risa vivaz le recordaba a la de Cuddy.

Así, sólo así el tiempo corrió rápido y no se les hizo tedioso, no dejaban de ser dos desconocidos que no sabían cómo romper el silencio incómodo, y ya fuera porque uno no era el más locuaz conversador y la otra aún no podía hablar, las palabras no eran ni de lejos el método para romper ese silencio, lo descubrieron así, la música era la solución.

Cuddy por fin había terminado sus pendientes y fue a recoger a su hija, al llegar al apartamento de Wilson y House se llevó una sorpresa al encontrar la puerta abierta, estaba por entrar enfurecida ante la irresponsabilidad del niñero emergente, pero escuchó música y eso la detuvo. Entró cautelosa y vio la escena, sonrió porque era enternecedor, no había otro sentimiento en su corazón, sólo ternura.

House con Rachel en su regazo tocando el piano mientras el sol se ponía. Una absoluta belleza, una fotografía que quería conservar en su memoria para siempre, porque sabía de su rareza, y en ello radicaba su encanto.

Quiso llorar, no supo por qué y al no encontrar la razón se abstuvo, pero la vista se le nubló momentáneamente, caminó hasta donde House estaba con su hija y ante la sorpresa de ambos, que estaban muy concentrados en la música, Cuddy se sentó en el pequeño banco donde apenas cabían todos y recargó la cabeza en el hombro del doctor. Él dejó de tocar por la sorpresa.

─No pares ─pidió Cuddy y de inmediato él obedeció mecánicamente, siguió tocando.

Ninguno de los tres lo veía, pero si se miraba desde afuera, lucían como la familia perfecta sin siquiera intentarlo.