Los personajes de Gakuen Alice no me pertenecen.

[Especial III]

La melodía del amor.

— Segunda Historia —

Me llamo Natsume Hyuga y tengo 16 años.

Y lo que más me inquieta es…

Mikan Sakura

. . .

« Absurdo.»

Era el pensamiento del pelinegro mientras permanecía de pie frente a esas dos chicas. Las clases ya habían terminado desde hace unos minutos, por esa razón, se permitió asistir a aquella pequeña reunión a la cual fue invitado desde las primeras horas de la mañana. La carta decía que se verían detrás del gimnasio al terminar las clases, sin embargo –como era costumbre– la chica nunca tenía el valor de ir sola a confesarse a él.

—Hyuga, la verdad es que tú… —Comenzó a declararse la chica de cabello rubio, quien lo había citado en ese lugar, siendo motivada por su amiga pelinegra que se encontraba a escasos centímetros de ellos. Las mejillas sonrojadas de la chica le daban a entender lo difícil que era la situación para ella, sin embargo, eso pareció no importarle.

« Absurdo.»

Estaba perdiendo la paciencia.

— ¡Kya! —Un fuerte grito logro que se perdiera el incomodo y difícil momento que vivían en esos momentos ambos chicos, Natsume busco con la mirada a la causante de aquel chillido, ya que no sólo fue el grito lo que se escucho, también un fuerte golpe fue seguido de esté.

Su mirada carmesí se topo con una avellana, la cual lo veía con confusión y preocupación— Natsume… —llamo la niña al ver a su compañero de clase frente a ella.

—Tonta, ¿qué demonios estás haciendo? —Pregunto molesto el pelinegro mientras trataba de levantar a su compañera estirando su mano hacia ella. La castaña, un poco preocupada, acepto la gentil mano que su compañero le ofrecía, pero las miradas asesinas que le brindaban las dos chicas que se encontraban allí la atemorizaron un poco.

Por su parte, el pelinegro –olvidando por completo la presencia de la rubia y la pelinegra– espero por la respuesta de Mikan. — Yo sólo quería subir a aquel árbol… —Comentó la castaña evitando la mirada carmesí y señalando el cerezo que se encontraba a sus espaldas—, pero al trepar, me resbale y caí. —termino de decir, para después reír torpemente.

—Tonta —Recriminó el pelinegro para después tomar la mano de la castaña y llevarla al salón a causa de un pequeño raspón que le había ocasionado la caída—. Vamos.

—Espera Hyuga. —Lo detuvo la chica rubia.

—Es verdad —dijo el pelinegro deteniendo su avance, girando nuevamente hacia las dos chicas—, no tengo ningún interés en salir contigo.

Y sin decir una palabra más, salió de aquel lugar llevando a una confundida Mikan de la mano.

. . .

—Vamos Natsume, no es tan grave. —chilló la castaña haciendo un mohín; sin embargo el pelinegro no le prestó atención. Con un gesto amable, colocó un curita en la rodilla herida de la chica. En esos momentos se encontraban en el salón, el cual ya estaba vacío.

— ¿Qué hacías en ese lugar? —Interrogó con un poco de interés –claro, disimulándolo–, el chico de mirada carmesí.

La castaña mordió levemente su labio inferior, trató de esconder su nerviosismo pero fue en vano. —Yo… sólo buscaba corroborar algo. —contestó con las mejillas ligeramente sonrojadas.

— ¿Corroborar qué? —Insistió Natsume.

—Algo que me inquietaba. —susurró Mikan desviando la mirada, provocando un suspiro por parte del azabache.

—Bueno, no importa —dijo, dejando ese asunto por la paz—, lo bueno, es que has hecho que me quitara de encima a esas chicas molestas. —confesó con una leve sonrisa en los labios, inquietando a la castaña, la cual asintió levemente con la cabeza.

—Ya veo… —Comentó Sakura mientras veía hacia la ventana, pronto anochecería, fue de lo que se percató y fue lo último que se escucho entre ellos, antes de salir de aquella aula.

. . .

— ¡Mis amores! Felices vacaciones de verano. —Chilló un hombre rubio mientras alzaba ambos brazos, con una gran sonrisa en los labios. Los demás alumnos le imitaron al ver que los últimos minutos de la clase se terminaban. ¡Vacaciones de verano! Era lo que traía alegría a aquel salón.

La castaña estaba a punto de levantarse de su asiento y salir brincando alegremente por la puerta del salón, sin embargo, al ser pronunciado su nombre de los labios del tutor de la clase, se detuvo en seco.

— ¿Sucede algo profesor Narumi? —Preguntó Mikan con una leve sonrisa. Esperaba que fuera rápido, porque quería marcharse en seguida.

El profesor la observo con un poco de tristeza y le dijo: —El profesor Jinno me ha mencionado acerca de tu calificación en matemáticas… y digamos, que hay un problema —Mikan sudó frio, ¡era cierto! su calificación en matemáticas era un "poco" mala—, el profesor ha dicho, que debes tomar clases complementarias.

El rostro de la castaña palideció. ¡¿Cómo?! Después de haber lidiado con Jinno durante todo un semestre, ahora tenía que verlo durante las vacaciones.

El hombre rubio, sonrió con gentileza. —Pero no te preocupes —Comentó tratando de calmar a la castaña, lo cual logró—. Ha dicho que tiene algunos asuntos que atender, así que no tendrá tiempo para ti, pero ha ordenado que te encargue a otra persona —La chica de mirada color miel estaba a punto de ofrecer a Hotaru, pero el rubio se adelantó—. Natsume. ¿Puedes venir? —Con sólo escuchar su nombre, los latidos de su corazón aumentaron su ritmo.

—Puedo… más no quiero. —Respondió con simpleza el pelinegro, pasando de largo. Sabía perfectamente para qué lo querían, Jinno ya se lo había comentado la tarde anterior, primero se lo ordeno a Imai, pero está fue más astuta y logró zafase del problema, pero él no tuvo elección.

—Vamos, no seas así —dijo Narumi deteniendo la huida del pelinegro, quien aun les daba la espalada—, Jinno ha dicho que te lo encarga a ti… ¿O estás seguro de desobedecerlo?

El pelinegro se tensó. No es que le tuviera miedo al profesor de gafas y cabello castaño, sólo quería ser precavido; por esta razón volteo hacia la castaña y le dijo: —Nos vemos mañana a las dos en punto… ni un minuto más. —para después salir por la puerta del salón mientras suspiraba con fastidio.

—Fantástico, ahora todo está solucionado. —Comentó Narumi, para después salir del salón despidiéndose de la castaña, quien permaneció de pie, sin mover un musculo. ¡No lo podía creer! ¡¿Natsume le daría clases durante las vacaciones?!

¡Estaba perdida!

. . .

—Al menos eres puntual. —Comentó el pelinegro sentado en unas de las bancas del ya vacío salón. La castaña hizo un puchero, tampoco era tan irresponsable como el pelinegro pensaba.

—No soy una niña pequeña, como para no saber lo tengo que hacer. —Y tras decir esto, tomó asiento justo detrás del pelinegro, quien aun tenía su mirada fija en la de la castaña. Bueno, si quería disfrutar sus vacaciones, tendría que terminar lo más rápido posible con esto.

— ¿Cómo termine teniendo que pasar las vacaciones de verano viéndome aquí contigo? —Reclamó el pelinegro. Sólo habían pasado un par de horas y ya se encontraba desesperado. Con malestar, recargó el codo de su brazo en el escritorio y en la palma de esté, descansaba su cabeza, mientras su mirada se encontraba fija en una castaña, que en esos momentos sufría con algunos problemas matemáticos.

—No eres el único que sufre… —Suspiró con desgano la chica de ojos color miel—, yo también tenía planes: pasear con Hotaru, comer con Hotaru, hablar con Hotaru…

—No creo que Imai estuviera de acuerdo con eso —interrumpió el pelinegro, provocando que la castaña hiciera un puchero—, bueno, lo que sea, sigue moviendo tu mano. —dijo, refiriéndose a los problemas matemáticos que aun le faltaban.

— ¡Pero no les entiendo! —Chilló la chica alzando ambos brazos, en protesta. Natsume suspiro por el cansancio que le provocaba estar repitiendo lo mismo a la chica, se estaba desesperando.

—Demonios, Mikan… —la castaña se sobresalto al sentir a Hyuga tan cerca de ella—, esta vez presta atención o me largo de aquí. —Sentenció el chico, comenzando a explicar de nuevo y mientras lo hacía, no se percato de la mirada intensa con que Mikan lo observaba.

—Bueno… terminamos. —Dijo una hora después, ya cuando los ejercicios para ese día habían sido resueltos.

—Gracias. —Susurró la castaña poniéndose de pie, sin apartar la vista del pelinegro, quien tomaba su mochila para retirarse por ese día. Ambos caminaron por el silencioso pasillo, pareciera que la escuela se encontraba sola, pero estaban conscientes de que los integrantes de algunos clubes estaban presentes en la institución.

—Nos vemos. —Se despidió el pelinegro al estar frente a la entrada de la escuela, sin siquiera voltear a ver a la castaña, sin embargo el llamado de está lo detuvo. Volteó, para nuevamente interrogarla con la mirada –como siempre hacia– y observó el nerviosismo en aquellos ojos avellana.

La vio desviar la mirada de él mientras sus manos temblaban un poco y sus mejillas cobraban un ligero color rojizo— Ah… —sus labios se separaron, pero percibió un poco de duda en su rostro— No es nada —dijo finalmente con una tierna sonrisa—. Adiós… Hasta mañana.

Y la vio alejarse lentamente, del lado contrario de donde él vivía.

. . .

—En este caso: X es igual a… —Comentaba una castaña mordiendo con desesperación la goma de su lápiz. Natsume observaba con detenimiento cada una de las acciones de Sakura y una ligera sonrisa formaban sus labios cada vez que el ceño de Mikan se fruncía aún más.

—Por cierto Natsume —Susurró la chica captando la atención del pelinegro—. Acaso, ¿no tienes algo planeado para vacaciones? —Preguntó, sin apartar la vista del papel, Natsume la observó con detenimiento y suspiró con cansancio.

—La verdad… —dijo mientras hojeaba un cuaderno—, no tenía nada que hacer, a excepción de jugar videojuegos y estar echado en la cama todo el día.

Al terminar de hablar, observó como aquellos ojos avellana se despegaban del papel, para observarlo a él. Por un momento escuchó un pequeño ruido, algo que retumbaba, pero se escuchaba muy lejano.

—Yo pensé… —Comentó la castaña sin apartar la mirada del pelinegro.

—Eso es un milagro. —Se burló el chico interrumpiendo a Mikan, quien infló las mejillas.

Guardaron silencio después de aquella plática, la castaña seguía escribiendo, mientras el pelinegro observaba los tonos anaranjados del cielo a través del ventanal.

— ¡Terminé! —Gritó alegremente la castaña entregando las hojas de los ejercicios a Hyuga.

—Vas mejorando. —Fue lo último que dijo Natsume tras una rápida hojeada al trabajo de la chica. Momentos después, ambos ya se encontraban en la entrada del gran edificio.

—Ya es tarde… —Fueron las palabras de Mikan al observar el cielo, sin percatarse de la mirada de Natsume—. Me voy.

Sin embargo, un fuerte agarre en su brazo derecho, le impidió seguir su camino. Giro sobre sus talones, encontrándose con el pelinegro, quien en esos momentos desviaba su vista— Yo te acompaño. —Dijo sin darle mucha importancia.

Y así fue como ambos comenzaron a ir juntos de regreso a casa, desde ese día, sin decirlo o preguntarlo, ambos caminaban al atardecer con poco distancia entre ellos.

. . .

— ¿Tienes hermanos? —Fue la pregunta lanzada al azar por la castaña. El pelinegro la observo sorprendido, era la primera vez que le preguntaba sobre su familia.

—Tengo una hermana menor, llamada Aoi. —Respondió mientras corregía los ejercicios que Mikan había terminado hace unos momentos, pero no se atrevía a verla a los ojos. Era algo extraño, que se repetía muchas veces ya, a lo largo del mes que llevaban con las clases, algunas veces podía escuchar un sonido, un leve golpeteo que lo incomodaba y lo ponía nervioso, al punto de no poder ver a la chica a la cara, pero era bueno disimulándolo.

—Debe ser muy bonita. —Dijo la chica jugando con sus dedos.

— ¿Cómo lo sabes? —Preguntó Natsume, ya que era cierto, su hermana era una de las pocas chicas más tiernas y bonitas que él conocía.

—Por que las caras bonitas abundan en tu familia —Contestó la castaña distraídamente recordando a la madre del pelinegro, quien había conocido tiempo atrás; para después sonrojarse violentamente por lo que acababa de decir—. ¡No lo digo por ti! —Se apresuró a decir, al ver la cara de sorpresa de Hyuga—. Bueno, no digo que no seas guapo. ¡Lo eres! —Con desesperación se puso de pie tirando la silla al suelo, cada palabra que decía la comprometía más, pensó; pero sus pensamientos se disiparon al ver un pequeño sonrojo en las mejillas del pelinegro—. Yo… —Susurró la castaña con los ojos vidriosos, viendo con timidez al chico de ojos carmín.

Mientras tanto Natsume prestaba atención a cada una de las acciones de la chica, sus movimientos torpes su sonrojo y sonrisas nerviosas que lanzaba. Nuevamente el sonido del golpeteo se hizo presente, fue entonces cuando lo supo. Se trataba del sonido de su corazón, latía tan rápido… al estar cerca de la castaña.

Su sorpresa fue tal, que lo único que logro hacer, al sentís sus mejillas calentarse, fue golpear ligeramente el rostro de la chica con las hojas que sostenía, interrumpiendo lo que estaba por decir.

«¡Demonios! Soy tan bruto.»Pensó el chico, dándose cuenta de lo que había hecho por impulso.

—Tú… —Trató de decir el pelinegro, pero nada venia a su mente. ¿Qué le podía decir a la castaña en ese momento tan incomodo?—. Terminemos de una vez. —Susurró enfrentando la mirada color miel, la cual no se había apartado después del golpe. Observó la tristeza en ellos y algo se contrajo en su interior.

—Vamos a casa… —Murmuró Natsume al no recibir respuesta de Mikan. Los pasos de aquellos estudiantes eran lentos… y el silencio que envolvía a ambos era bastante incomodo.

¡Maldita la hora en que Jinno tuvo la gran idea de que le ayudara a la castaña! Era el pensamiento del pelinegro mientras mostraba su ceño fruncido. No se atrevía a ver a la castaña, ya que era tan incomodo y vergonzoso.

Y se pudo dar cuenta de que era la primera vez que le sucedía aquello.

—Ya sólo será esta semana. —Escucho que comentaba Mikan sin voltear a verle. El corazón del pelinegro se oprimió. Era verdad… dentro de poco se terminarían las clases y ambos ya no se verían hasta el nuevo curso, y probablemente no estarían en el mismo grupo.

—Perdón por las molestias —Fue lo último que susurro la chica antes de seguir caminando dejando atrás a Hyuga, justo en el cruce donde ambos siempre se separaban—. Hasta mañana. —Se despidió y siguió su camino sin parar, ni voltear a ver al pelinegro.

Natsume aun permaneció unos momentos de pie en el mismo lugar, viendo partir a Sakura. Por un momento un sentimiento de desesperación lo invadió, quería decir algo, pero no estaba seguro de qué, quería detenerla, pero no sabría qué hacer después de eso. Por eso decidió dar vuelta y seguir su propio camino.

. . .

—Cada día son más complicados. —Se quejó la castaña inflando infantilmente sus mejillas. Natsume sonrió, pero se tenso al encontrarse directamente con la mirada de la chica, pero rápidamente el contacto se perdió.

Ya era casi una semana desde aquella tarde, donde ambos se habían inquietado, Natsume se encontraba confundido y Mikan temerosa. Por tal razón no habían vuelto a hablar de aquel suceso. Ninguno de los dos sabia que pesó exactamente, pero estaban consientes de que algo andaba mal.

—Mañana será el último día —Comentó la castaña momentos después de haber abandonado la escuela. A Natsume eso lo atrapo desprevenido, era cierto, el día de mañana ya todo regresaría a la normalidad, todo volvería a ser como antes. Observo con atención a la chica que acariciaba en esos momentos a un lindo gato, él cual, ambos se habían encontrado mientras regresaban a casa—. Bueno —dijo reincorporándose—, se hace tarde… —Susurró dando la vuelta quedando a espaldas del pelinegro—. Hasta mañana. —Se despidió como siempre, desde hace una semana sin voltear a verle.

Natsume, sin detenerse a verla partir, siguió su camino sin contestar. Suspiro. Mañana sería el último «Hasta mañana» que escucharía de ella. Mañana sería la última vez que caminarían juntos de regreso a casa. Mañana dejaría de platicar con ella de cosas sin importancia. Mañana sería el último día en que podría ver libremente sus sonrisas y pucheros, y sonreír por ello.

Mañana, todo se terminaba.

Y claro.

Pronto ellos volverían a ser los de antes… Él la saludaría ocasionalmente y ella se dejaría ver o se acercaría a él pocas veces.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, ese sonido… era tan molesto para él, desde el primer día que la vio, ignoro aquel estúpido sonido, lo escuchaba retumbar, pero era muy lejano, sin embargo… ahora, era cada vez más fuerte.

¿Todo volvería a ser como antes?

Algo le decía que ya no sería así.

Gracias a ese estúpido sonido.

. . .

—No lo recordaba. —Comentó la castaña con nerviosismo al ver a su profesor frente a ellos.

—Es lógico que tenga que venir a supervisar el trabajo de usted, Sakura —Contestó el hombre castaño tomando los papeles que Natsume le ofrecía—. Gracias Hyuga. —El pelinegro asintió tomando su mochila.

— ¿Te vas? —Preguntó la castaña al ver la acción del pelinegro.

—No tengo más que hacer aquí. —Dijo viendo fijamente a la chica, quien frunció un poco su ceño. Y al no escucharla decir algo más, decidió que era mejor marcharse.

—Yo… —Pero no pudo terminar ya que el pelinegro había abandonado el aula, sintió una gran necesidad por llorar, pero la presencia de su profesor de matemáticas se lo impidió.

. . .

Sus manos se encontraban guardadas en sus bolsillos mientras caminaba por los vacios pasillos de la escuela, aun no se había retirado… se sentía inquieto, frustrado y molesto, al igual que una enorme inseguridad; lo cual lo sorprendió. ¡¿Cómo era posible que la castaña provocara todo eso en él?!

Sin embargo, había algo más. Algo más fuerte y grande, que retumbaba dentro de él, un sentimiento cálido y tranquilizante, que le provocaba: ¿Felicidad? ¿Bienestar? ¿A gusto?

¿Amor?

Sus pasos pararon en seco, su ceño ya no se fruncía y sus ojos se abrían más ante la sorpresa que sentía.

¿Estaba enamorado de Mikan?

Sus mejillas se colorearon al instante, una enorme vergüenza lo invadió y sus manos comenzaban a sudar.

—Estoy enamorado de ella… —Susurró, no era una pregunta, era una afirmación.

Ahora lo entendía todo.

Buscarla siempre con la mirada desde el primer día que la vio, aun cuando nunca había hablado con ella; el no poder verla directamente a los ojos sin avergonzarse; preocuparse por ella cuando no la veía cerca y saberse a gusto escuchando su voy ante cualquier tontería dicha por ella.

Él quería a la castaña, le gusto desde el primer momento en que se conocieron, inconscientemente anhelaba estar a su lado.

Pero.

Ya era demasiado tarde.

Había perdido su gran oportunidad.

Escondió su mirada tras su flequillo y siguió andando; quería regresar a casa y echarse en su cama.

Así… como debió ser desde un principio.

— ¡No te vayas! —El grito se escuchó por todo el pasillo provocando que su andar se detuviera abruptamente. Giro sobre sus talones y ahí estaba, la causante de ese mar de confusiones, melancolías y malestares

—Mikan. —Nombro a la chica frente a él.

—Yo… —Nuevamente las palabras se atoraron en su garganta, sus mejillas se sonrojaron y sus piernas temblaron—. Natsume yo… —Pero fue interrumpida.

— ¡Todo es tu culpa! —Gritó el chico con frustración, sin importarle la mirada confusa de la chica siguió: —Tú eres la única culpable de lo que me pasa.

La castaña no lo podía creer. ¡¿Qué demonios hablaba Natsume?! —No entiendo… ¡¿Por qué me culpas a mí?! ¡Es más! ¡¿De qué me estas culpando?!

— ¡De todo! —Cerró sus ojos con fuerza—. Tú me fastidias, me molestas, ¡me irritas! —Al escuchar esas palabras algo en la chica se rompió—. Sin embargo… —había bajado el tono de voz— me siento tan cómodo a tu lado, me gusta cuando me hablas, cuando te miró por alguna extraña razón mi día es más alegre… —sus mejillas se sonrojaron, cubrió su rostro tratando de ocultar tan vergonzosa acción— ¡Ya vez! ¡Por tu culpa tengo estos pensamientos tan cursis!

Sorpresa, era la única palabra que podía describir el rostro de la castaña. Nunca había visto esa faceta del pelinegro, quien en esos momentos cubría su rostro, tratando de calmarse.

—Natsume… —Trató de consolar la castaña, sin embargo el chico nuevamente la interrumpió, diciendo algo que no le agrado a Mikan.

—Eres una idiota… —Comentó, desviando la mirada.

Eso hizo hervir la sangre de la castaña. — ¡¿Yo una idiota?! ¡Tú eres el idiota! ¡Me echas la culpa, cuando tú también la tienes! —Paro un poco para tomar aire—, ¡¿Acaso no te dabas cuenta de lo que provocabas?! ¡Siempre sintiéndote el Todo Poderoso Natsume! ¡Jamás me diste la oportunidad de acercarme a ti para hablarte! ¡Siempre que me veías desviabas la mirada ofendido o fastidiado! ¡Siempre con tu pose de "todo me vale v$%& "! —Eso sí sorprendió al pelinegro, jamás pensó que la castaña tuviera ese vocabulario— ¡Por eso me atreví a espiarte cuando esas chicas tontas se confesaban a ti! ¡Maldita sea, no sabes cuánto me dolió caer de ese jodido árbol! —Respiro hondo… y trato de tranquilizarse—. ¿Y sabes que es lo peor? Qué después de todo, te gustaba tenerme cerca… cuando yo pensaba lo contrario.

Eso sí que acabo por sorprender al chico, quien después de los gritos desesperados de Mikan, no sabía que decir. ¡Mikan se le estaba prácticamente declarando! ¡Cuando él le había insinuado sus sentimientos minutos antes!

Sonrió. Sorprendiendo a la chica, quien esperaba nerviosa por la respuesta del chico.

—Vamos a casa. —Ordenó Hyuga tomado la mano de Mikan. Ella, sin pensarlo o dudarlo, acepto.

. . .

«El amor es complicado.»

Ese era uno de los pensamientos del pelinegro, mientras caminaba lentamente por las calles de la ciudad; no prestaba atención al cielo anaranjado que se encontraba sobre él –como muchas veces lo hacía–, ya que alguien más la exigía.

Fue entonces, cuando apretó un poco el agarre de sus manos, que el estúpido sonido se hizo presente aún más fuerte que antes, sin embargo, ya no era un sonido incomodo, se había vuelto una melodía agradable.

—Aquí vivo. —Señalo la castaña una pequeña casa amarilla, con un pequeño jardín lleno de varias flores coloridas, provocando una sonrisa divertida por parte del pelinegro. Natsume asintió, para después ver la intención de la castaña de entrar a su casa.

— ¿Mañana tienes algo que hacer? —Preguntó rápidamente, deteniendo a la chica, está sonrió, negando lentamente—. Entonces mañana en la escuela a la dos en punto.

— ¿Eh?

— Imagino que Jinno no estuvo conforme con tu trabajo —Reprimió una risa, al ver una mueca nerviosa por parte de Mikan— Podemos repasar y si haces los ejercicios rápido… podemos ir a tomar algo…

Una enorme sonrisa adorno el rostro de la castaña quien asintió en repetidas ocasiones.

— Muy bien… —Dijo, para después intentar dar la vuelta e ir a su casa, pero un fuerte agarre en su brazo lo detuvo. No lo vio venir, o mejor dicho no lo esperaba… por un momento pensó que se trataba de un sueño, pero la calidez de aquellos labios contra los suyos, esa sensación… sabía que era realidad.

Cuando el contacto se perdió, el enorme sonrojo y la brillante sonrisa que la castaña le regalo, lo dejo más que embelesado. Ahora lo sabía… Mikan lo volvía loco. Pero antes de que pudiera volver a unir sus labios, la castaña se escapo y corrió hacia el interior de la casa.

— ¡Hasta mañana! —Grito antes de cerrar la puerta. La pobre ya no podía con tanta vergüenza.

Sonrió nuevamente mientras seguía su camino… ya mañana haría pagar a esa tonta niña de ojos color miel.

Fin.

Ya acabé, después de 6 meses de ausencia jejeje. Bueno ¿Qué les pareció? Esta historia es invención mía, mi cursi mente se puso a trabajar. Bueno, espero que lo hayan disfrutado, ya extrañaba el NatsumexMikan, después de tanto Yaoi, ya una queda un poco desorientada.

Gracias a todas por sus comentarios en el capitulo anterior, bueno, ya pronto terminare con todos los especiales y verán una gran sorpresa… si, el nuevo capitulo de Una vez más.

DEDICADO A MONSSE.

Tercer Lugar.

Gracias por tu participación y por tu apoyo a lo largo de este año. Y gracias a todas y todos, los que participaron, prometo apurarme con los especiales.

Gracias por leer. Cuídense.