Con lo bien que se habían llevado durante el verano en La Madriguera… Se lo habían pasado realmente bien bromeando con los gemelos, distrayendo a Ginny (que no pasaba por un buen momento), incluso desgnomizando el jardín se habían reído más de lo que pod

Capítulo 2

La carta

-¡Maldita sea, George! ¡O sales de una vez o te juro que echo la puerta abajo!

Los gritos del menor de los varones Weasley se oían en toda la casa y, probablemente, ya habrían despertado a toda la familia. Volvió a aporrear la puerta del baño como si se le fuese la vida en ello, pero antes incluso de hacerlo ya sabía que tendría que esperar a que al imbécil de su hermano se le pasasen las ganas de tomarle el pelo para poder ducharse. Pero claro, eso no significaba que no pudiese desahogarse con la pobre puerta y propinarle a ella los golpes que le encantaría descargar contra la nariz del gemelo. Había muchas razones por las que no se atrevería jamás a hacerlo y una de ellas subía las escaleras con decisión y el entrecejo muy, muy fruncido en ese preciso momento.

-¡Por las barbas de Merlín, Ronald! ¡Como vuelvas a gritar te juro que te pasarás un mes entero desgnomizando el jardín! ¡Tu padre está intentando dormir!- Molly Weasley parecía realmente enfadada. No porque Ron la hubiese despertado con sus gritos (de hecho llevaba casi una hora levantada preparando el desayuno) sino porque sabía que seguramente ya habría desvelado a su esposo y últimamente eran pocas las ocasiones en las que el pobre Arthur podía descansar. – Anoche llegó a casa demasiado tarde como para que tú te enterases de la hora que era, pero el hecho de que tu padre necesite dormir más de tres horas al día a ti te da igual, ¿verdad?

-Lo siento, mamá. No me había dado cuenta- se disculpó Ron con las orejas coloradas y la cabeza gacha. Sabía por experiencia que mirarla a los ojos en ese momento se convertiría en una auténtica declaración de guerra, porque Ron todavía estaba demasiado enfadado como para que sus disculpas sonasen creíbles. Aún así no pudo evitar intentar dejar claro que, en este caso, él era la víctima- Pero la culpa es del imbécil de George que se ha encerrado en el baño justo cuando yo iba a entrar solo por fastidiarme. ¡Tengo que ducharme!

-¡Pues haberte levantado antes! Te he llamado tres veces antes de despertar a tus hermanos. Así que ahora te aguantas y esperas a que salga George. ¿O acaso sólo te puedes duchar tú en esta casa?

-¡Pero es que él ya se ha duchado, mamá! Sólo lo hace para ponerme nervioso.- No pudo controlarse y le dio una patada a la puerta. Al momento sintió la mano de su madre golpeándole la nuca y tuvo que adelantar las manos para no darse un cabezazo contra la puerta.

-Te he dicho que no des más golpes.- dijo su madre con las manos apoyadas en las caderas. – George, abre la puerta antes de que me enfade de verdad.

La puerta del baño se entreabrió unos centímetros, lo suficiente como para que George asomase la cabeza pero sin llegar a salir del baño. Era mucho más seguro mantenerse lejos del alcance de los cachetes de su madre. El gemelo esbozó una muy poco convincente sonrisa y miró a su hermano menor- Buenos días, Ronnie. ¿Querías algo? Me ha parecido oír que me llamabas.- La furibunda mirada de Ron no hizo más que aumentar el regocijo que se vislumbraba en la suya propia.

Su madre resopló y empujó la puerta para abrirla del todo. Probablemente ella sí quería tener a George a su alcance.

-¿Es verdad?- preguntó.

-¿Qué Ron todavía no se ha duchado?- contestó el gemelo con la expresión más inocente que fue capaz de adoptar.- Por el tufillo yo diría que sí… Entre tú y yo, mamá, este chico empieza a preocuparme- añadió bajando la voz como si pretendiera hacer una confidencia a su madre pero asegurándose de que Ron lo escuchase perfectamente.

Este se lanzó hacia su hermano con la intención de rematar lo que había empezado con la puerta pero su madre lo agarró por una oreja antes de que consiguiese dar más de dos pasos.

-¡Estate quieto ya o te juro que te petrifico! Y tú, jovencito,- dijo girándose hacia donde estaba su otro hijo- sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Te has duchado ya o no?

-Pues no. El que se ha duchado es Fred- contestó el chico- ¿De verdad crees que yo sería capaz de intentar fastidiar a mi hermano favorito en un día tan importante? ¡Por favor, mamá! ¡Me ofendes!- el exagerado gesto con que acompañó sus palabras hizo pensar a Molly que su hijo, probablemente, se había pasado el tiempo suficiente en las escaleras para asegurarse de poder entrar en el baño justo antes de que lo hiciera Ron.

-¡Mentiroso! ¡Sal de una vez de ahí!- gritó Ron enfurecido mientras intentaba abrir la puerta que su hermano se había apresurado en intentar cerrar en el mismo momento.

-No os imagináis la suerte que tenéis de que no pueda conjurar los mocomurciélagos.

Todos se giraron hacia el pie de las escaleras. La voz de Ginny había sonado tan amenazadora que incluso su madre fue incapaz de reaccionar.

-Papá no es el único que intenta dormir, ¿sabéis?

-Lo siento, cariño. Pero ya sabes cómo son tus hermanos.- intentó tranquilizarla su madre.- George, dúchate de una vez y deja de molestar a Ron.

-George ya se ha duchado, mamá. – dijo entonces Ginny acercándose a ellos y entrecerrando los ojos.- Lleva más de media hora sentado delante de la puerta del baño esperando a que este mendrugo- señaló a Ron para que no quedasen dudas de a quién se refería- se decidiese a levantarse para poder cerrarle la puerta en las narices y despertarnos a todos a gritos. Fred debe ser el único que todavía ronca en su cama.

La mirada que Molly dedicó a George bastó para que este saliese del baño sin protestar.

-¿Qué quieres que te diga, mamá?- dijo encogiéndose de hombros- No pude resistirme. Y, por cierto, Ginny: gracias. Empezar el día castigado era lo que realmente me apetecía.

-¿Preferirías los mocomurciélagos?- dijo Ginny dirigiéndole una furiosa mirada. Y deja en paz a Ron de una vez.

- Gracias, Gin.- dijo este, no sin cierta sorpresa.

- De nada, hermanito- dijo Ginny con una sonrisa maliciosa y palmeándole la espalda.- Es que me resultaría muy difícil volver a dormir si te diese un ataque de ansiedad, y creo que te faltaba muy poquito. ¿Crees que podrás aguantar tanta emoción hasta la noche?

La carcajada de George resonó por toda la casa mientras su madre ponía los ojos en blanco esperando el nuevo ataque de furia de su hijo menor. Ron empezó a soltar una retahíla de insultos que ni George ni Ginny escucharon porque ya bajaban las escaleras riendo la última gracia de la muchacha e ignorando a su hermano.

- Jovencito, te has ganado a pulso una dura semana de desgnomización- dijo su madre en voz muy baja cuando Ron acabó de despotricar contra sus hermanos agarrado a la barandilla de las escaleras.

- Pero, mamá ¡no es justo!

- Cariño, entiendo que estés nervioso pero no pienso tolerar ese lenguaje en mi casa. Y ya deberías haber aprendido a ignorar a tus hermanos. ¿No ves que se lo pones muy fácil?

- ¡Yo no estoy nervioso! No entiendo por qué a todo el mundo la da por decir que estoy nervioso y hacer bromas a mi costa- dijo Ron mientras se dirigía al baño.

- Ron, cielo, no pasa nada. Todos sabemos lo que ocurre. No debes avergonzarte de ello.- le dijo su madre mientras le apartaba un mechón de pelo de los ojos.- Hermione estará muy contenta de que vayas a buscarla, ¿no?

Ron se ruborizó al instante y miró a su madre.

- No… No sé a qué te refieres, mamá- balbuceó el muchacho. Sabía perfectamente a lo que se refería su madre pero no lo admitiría ni bajo los efectos de la maldición cruciatus. ¿Cómo se le ocurría a su madre decirle esas cosas? ¡Él no era Ginny! No hablaba de lo que sentía, y menos, con su madre.

- Cielo, sé que es difícil para ti admitir una cosa así sobretodo con los gemelos revoloteando a tu alrededor todo el día para meterse contigo. Pero yo soy tu madre y te conozco mejor de lo que crees.

- Mamá… Yo no… no- Ron empezaba a notar que le faltaba el aire y no encontraba la manera de salir de aquella situación tan embarazosa. ¿Tan evidente era que incluso su madre se había dado cuenta?

- Ron, da igual. No hace falta que lo pidas. Bill te acompañará esta noche a casa de Hermione y yo me ocuparé de que todos sepan que solo lo hace porque yo le obligo. Así que, quédate tranquilo.

Ron levantó la cabeza sorprendido y, por primera vez desde que había comenzado la conversación, miró a su madre a los ojos. Ahora sí que no tenía ni idea de lo que estaba hablando.

- ¿Bill?

- Sí, cariño. Tu hermano Bill. Ya sé que seguramente habrías preferido que te acompañara papá, pero tiene mucho trabajo, cielo.- dijo su madre. Al parecer, no había notado la confusión que se reflejaba en el rostro de Ron- Bill es un gran mago. Con él estaréis seguros. Y él tampoco se chivará.

- ¿Cómo…?- no podía ser. ¿Acaso Bill, su hermano Bill, también lo sabía?

- ¡Ron, por favor!- su madre parecía estar perdiendo la paciencia y volvía a tener el entrecejo arrugado- ¡Deja ya de fingir! A todos nos da miedo salir por ahí solos con todos esos mortífagos atacando a la gente a todas horas. No eres un cobarde por admitir que te asusta ir a buscar a Hermione. Además, aunque no sea para encubrirte, sabes que no pienso dejarte salir solo. ¡Y no se hable más!

Su madre bajó a la cocina dándole a la cabeza y murmurando algo sobre el estúpido orgullo Griffindor que Ron no alcanzó a entender muy bien. Aunque tampoco se esforzó demasiado. Era evidente que su madre no estaba hablando de lo que él pensaba. Entonces se dio cuenta de que había dejado salir el aire que había estado conteniendo en forma de un gran suspiro de alivio. Sonriendo, se metió, por fin, en el baño y cerró la puerta. La aseguró con magia desde dentro porque sospechaba que George no se había cansado de su bromita y le apetecía ducharse con tranquilidad.

Aunque se empañaba en decir lo contrario, lo cierto era que sí estaba nervioso. De hecho, estaba a solo un paso del puro histerismo. Y todo era culpa de Hermione.

Mientras se desnudaba y se metía en la bañera recordó que debía enviar a Pigwidgeon a la hora convenida a su casa para que supiera que todo iba bien y estuviera tranquila. Sabía que se le había hecho un poco tarde pero todavía tenía tiempo de sobra así que decidió relajarse un poco. Metió la cabeza bajo el chorro de agua caliente que salía de la alcachofa de la ducha y dejó que el agua le recorriese el cuerpo llevándose la tensión a su paso.

- Eres un imbécil, George- murmuró mientras apoyaba la frente contra la pared.

Lo raro era que solo uno de los gemelos se había decidido a tomarle el pelo. Definitivamente, pensó, era muy raro. Aunque era cierto que Fred era el más remolón de los dos, a Ron le había extrañado que George no lo hubiera convencido para levantarse y complicarle el día ya bien tempranito por la mañana.

- Seguramente tomará el relevo en el desayuno- se dijo a sí mismo con resignación mientras cogía el bote de champú.

Al fin y al cabo llevaban así dos días, aprovechando cada segundo para tomarle el pelo y provocar sus ya famosos ataques de ira. Ron tenía que reconocer que los había echado de menos desde que se habían independizado, pero sólo habían pasado 48 horas desde que los gemelos habían vuelto a casa, cuando decidió que no estaba tan mal echar de menos a tus hermanos. Era mejor idolatrarles en la distancia que detestarles desde la habitación de al lado.

Después de la muerte de Dumbledore, al final del curso pasado, Fred y George habían decidido involucrarse más con la Orden del Fénix. Y dado que el número 12 de Grimauld Place había quedado inutilizado como cuartel general, la mayoría de las reuniones tenían lugar ahora en La Madriguera. Por ese motivo, y asegurando a su madre que ayudarían en todo lo posible con los preparativos de la boda de Bill y Fleur (o, al menos, que no molestarían demasiado), los gemelos habían vuelto a casa.

Lo malo era que su llegada había coincidido con la llegada de la carta. Durante un breve instante Ron pensó en lo fácil que hubiera sido que aquella estúpida lechuza hubiera llegado tan solo media hora antes. Pero había llegado justo en el momento en que Fred y George salían de la chimenea gritando a los cuatro vientos que la alegría había vuelto a la casa. Ni siquiera le dio tiempo a intentar esconder la carta. Fred ya estaba leyendo por encima de su hombro cuando se la estaba desenrollando de la pata a aquel inoportuno animal.

- ¡Oh, mira, George!- dijo a su hermano mientras le arrancaba de las manos el pergamino a Ron- No ha pasado ni una semana desde que terminó el curso y ya se están enviando cartitas.

- ¡Vaya, Ron!- dijo su hermano con una gran sonrisa burlona en la cara- ¡Qué bonita es la… "amistad"!

- Dejadme en paz. ¡Y dame esa carta!- gritó Ron- Te recuerdo que es para mi.

- Acabáis de llegar y ya la estáis montando- era Ginny que corría escaleras abajo para abrazar a los gemelos- Os he echado de menos.

La mirada que dirigió a los gemelos fue lo suficientemente reveladora para Ron como para tener claro que, desde entonces, no sólo iba a tener que sufrir las burlas de sus dos hermanos mayores. La pequeña de la familia estaba deseando tener alguien con quien distraerse y él siempre había sido un blanco fácil para sus bromas. Estaba a punto de enfadarse cuando recordó que Ginny, su hermanita pequeña, no lo estaba pasando muy bien últimamente. Y su mejor amigo era la causa.

Ni Ginny ni Harry habían querido contarle exactamente qué era lo que había sucedido entre ellos en el funeral de Dumbledore, pero Ron sabía que ya no estaban juntos. No había que ser ningún genio para darse cuenta. Durante el viaje de vuelta en el expreso de Hogwarts se había propuesto sonsacarle a Harry por qué narices había decidido, de repente, que su hermana no merecía la pena. Incluso se había propuesto ser paciente y comprensivo y esperar a que le contara toda su versión para partirle la cara y despedirse amistosamente de él hasta la boda de Bill. Pero Hermione, como siempre, había sido mucho más observadora y perspicaz que él y le había contado lo que ella suponía que había pasado entre los dos muchachos. Después de escucharla, a Ron se le pasaron las ganas de golpear a Harry por haber hecho daño a su hermana. Ahora quería pegarle por ser un estúpido resignado y dramático. Ron estaba contento de que Harry intentase proteger a Ginny incluso renunciando a lo único que le había hecho feliz hasta el momento: su relación con ella. Pero, en el fondo, sabía que Ginny no estaría más segura dejando de ser su novia. Cualquiera que conociera mínimamente a Harry Potter sabría quiénes eran sus amigos y quiénes le importaban. Ginny seguiría estando en el punto de mira sólo por haber sido su novia. No importaba que ya no lo fuera.

Pero Harry se sentía más seguro así y Ron tuvo que reconocer que sería más fácil convencer a Ginny de que no podía seguirlos. Porque aunque pensase que Harry no tenía por qué haber dejado a Ginny, no consentiría jamás que esta les acompañase. Pero ahora no tenía que preocuparse por eso. Con motivos o no, Harry había puesto fin a la relación y Ron conocía lo suficiente a su hermana como para saber que no intentaría seguirlos. Lo único que le preocupaba ahora era que no recordaba la última vez que había visto sonreír a Ginny. Y eso era malo, muy malo.

Volvió a mirar a los gemelos que ya estaban sacando de sus maletas nuevas muestras de los últimos productos de Sortilegios Weasley y le alegró pensar que ya no sería el único que se desviviese por hacer sonreír a su hermanita. Pensó resignado que merecía la pena ser el objeto de sus burlas si así conseguía que ella se olvidase, aunque sólo fuera por unos instantes, de lo mucho que echaba de menos a Harry.

Eso fue justo antes de que sus hermanos le obligasen a abrir la carta y leerla en voz alta delante de ellos.

- ¡A vosotros no os importa lo que Herminone me cuenta en ninguna carta!

- ¿Acaso sospechas que te cuenta algo que hará que se te suban los colores si lo escuchamos, hermanito?- dijo Fred arrastrando melosamente las palabras.

- Vamos, Fred- continuó su hermano- No sé a qué viene eso. Hermione solo es su amiga y los amigos no se dicen cosas de esas en las cartas, ¿verdad, Ron?- Estaba seguro de que George podría haber sonado mucho más inocente pero no le interesaba que a Ron se le escapase la ironía de sus palabras.

- Apuesto a que si fuera una carta de Harry ya la habrías abierto y leído en voz alta.- señaló Fred mientras le daba un codazo cómplice a Ginny. Durante un momento a ella se le oscureció la expresión pero al momento miró a Ron y sonrió ampliamente al comprobar lo coloradas que tenía las orejas.

-¡Oh, vamos, Ron! Abre la carta de una vez- le dijo- A lo mejor es importante.- esta vez Ginny hablaba sin rastro de burla en la voz y Ron pensó que podía tener razón

Cuando se despidieron en el andén nueve y tres cuartos, Hermione y él habían decidido que hablarían unos días antes de la boda (a la que, por supuesto, ella estaba invitada) para concretar los detalles de su marcha. Ninguno de los miembros de su familia debía sospechar que planeaban fugarse con Harry porque intentarían impedírselo y eso no era negociable. Pero todavía quedaba más de un mes para la boda. De hecho, tan sólo había pasado una semana desde la última vez que se habían visto y ya tenía una carta de Hermione en la mano. ¿Le habría pasado algo?

En aquel momento se olvidó de que tres de sus hermanos lo miraban expectantes y abrió la carta casi con desesperación. Comprobó que la letra de Hermione parecía más temblorosa de lo normal y empezó a ponerse nervioso. Seguramente, sus hermanos lo notaron porque en seguida abandonaron el tono jocoso con el que se habían dirigido a él hasta el momento y se miraron preocupados.

Lo ojos de Ron recorrían a toda velocidad el pergamino absorbiendo con avidez la información que este le brindaba.

-Ron…- preguntó con cautela Ginny- ¿Ocurre algo? ¿Hermione está bien?

Ron había acabado de leer la carta pero no levantaba la vista del pergamino. Sus hermanos volvieron a mirarse: estaban empezando a preocuparse de verdad.

-Ron, me estás poniendo nerviosa.

- Se ha vuelto loca…- murmuró Ron levantando la cabeza y sin dirigirse a nadie en particular.

Ginny no aguantó más y le arrancó la carta de las manos y comenzó a leerla en voz alta:

Querido, Ronald:

Ya sé que no esperabas tener noticias mías tan pronto pero esto es importante. Me temo que he tenido una grave discusión con mis padres y no estoy segura de que me permitan asistir a Hogwarts el curso próximo. De hecho, me han dejado bastante claro que no piensan darme ni un solo galeón más para ese "espantoso colegio", como ellos lo llaman ahora.

Tampoco estoy muy segura de que me dejen asistir al enlace de tu hermano y Fleur y eso ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Ron, ¡quieren apartarme del mundo mágico! Y no estoy dispuesta a permitírselo.

Como te he dicho al inicio de esta carta, hemos tenido una fuerte discusión con graves consecuencias. He decidido que me voy de casa.

El problema es que, de momento, no tengo muy claro lo que voy a hacer.

No me gustaría abusar de nuestra amistad pero… ¿podría quedarme en tu casa unos días? Sólo hasta que decida lo que voy a hacer a partir de ahora. Es que, no tengo a dónde ir…

Pero, Ron, consúltaselo a tu madre. No me gustaría ser una molestia. Me imagino que estaréis muy liados con los preparativos de la boda y todo eso.

Espero tu respuesta lo antes posible.

Atentamente: Hermione Granger.

Ginny terminó de leer la carta y miró a Ron. No sabía qué decir. Al parecer, los gemelos también se habían quedado sin habla. Ron estaba más pálido de lo normal.

- Se ha vuelto loca…- volvió a decir Ron- ¿Cómo se le ocurre…? ¡Irse de casa, ni más ni menos!

- Desde luego, no me esperaba algo así de la prefecta perfecta- dijo Fred.

- Se ha tomado muy en serio lo de romper las normas, ¿no?- comentó George. Era evidente que los dos intentaban restarle importancia a la noticia. No era un tema sobre el que se pudiera bromear fácilmente pero fue la única manera que se les ocurrió para intentar que Ron reaccionara.

- Ron- intervino Ginny- Voy a buscar a mamá ahora mismo. Tiene que saber lo que pasa. Si es cierto que Hermione quiere dejar la casa de sus padres tenemos que ayudarla.- y, sin esperar a que su hermano diese alguna señal de que la había escuchado, salió corriendo en busca de su madre.

Ron levantó la cabeza y miró desafiante a los gemelos.

-Os lo advierto, una sola broma sobre esto y…- sus hermanos no le dejaron terminar la frase.

- Tranquilo, Ron- lo interrumpió Fred- A nosotros también nos preocupa Hermione.

-No son buenos tiempos para deambular sola por el mundo mágico- corroboró George.- Envíale enseguida una lechuza diciéndole que iremos a buscarla esta misma noche.

- No tan rápido, jovencito.- su madre había aparecido en el umbral de la puerta seguida de una Ginny sin aliento.- Ginny me ha contado lo de la carta. Déjame verla.

Ron le tendió el pergamino a su madre y esperó a que esta terminara de leerlo para abrir la boca.

- Tenemos que ir a buscarla, mamá. No puedo… no podemos dejarla sola ahora.

- No he dicho que no vayamos a ayudarla. Solo digo que no vais a ir a buscar a nadie esta noche.

- Pero mamá…- protestó Ron enseguida.

- Ron, es peligroso.- dijo su madre en un tono que no admitía réplica- Envíale a Pigwidgeon y dile que la recogeremos en un par de días. Que no se le ocurra moverse de casa hasta entonces.

Ron asintió y subió corriendo las escaleras. La nota de respuesta que envió con su pequeña lechuza tenía la letra tan temblorosa como la de la propia Hermione. No podía negar que estaba muy preocupado. Aquella reacción no era propia de Hermione. Pero sospechaba que su firme decisión de acompañar a Harry en su búsqueda tenía algo que ver con el origen de la discusión.

Los dos días habían pasado entre los nervios propios de la incertidumbre y las bromas de los gemelos que no se habían tomado muy en serio la advertencia de Ron y no desaprovechaban la oportunidad de tomarle el pelo sobre la visita anticipada de Hermione. Todos sabían que Ron estaba muy preocupado por ella pero los gemelos seguían pensando que era una muy buena manera de aliviar la tensión. De ese modo, podían pensar en la muchacha sin preguntarse cómo lo estaría pasando.

Ahora, tras su ansiada y relajante ducha, Ron agradecía de corazón todas y cada una de las bromas que los gemelos le habían gastado aunque no lo admitiría en la vida. Gracias a ellos había podido relajarse lo suficiente como para ver que Hermione estaría disgustada pero a salvo en su casa, que en menos de 48 horas podría abrazarla y hablar con ella para aclararle lo sucedido y que Ginny volvía a sonreír (aunque fuera a costa de lo que el sentía por su mejor amiga).

Se miró en el espejo intentando peinar su ya demasiado largo cabello y no pudo evitar sonreír. Esa noche vería a Hermione. Tenía mucho que explicarle, y no se libraría de una buena reprimenda por su comportamiento.

- Irse de casa… Está loca.

Terminó de vestirse y salió del baño. Al abrir la puerta se encontró con la sonriente pero adormilada cara de Fred.

- Sí que has tardado en acicalarte, hermanito. ¿No tendrás una cita esta noche, verdad?

- Déjame en paz, Fred- le contestó Ron casi por inercia. Lo cierto era que no le había sorprendido encontrarse allí a su hermano mayor.

- ¿Te has perfumado? ¡Hueles a flores!- rió Fred acercándose a él- ¡Esto le va a encantar a George!

Y diciendo eso se fue corriendo escaleras abajo, llamando a gritos a su hermano.

- ¡Yo no me he…!- comenzó a gritar Ron, intentando parar a Fred, pero en aquel momento se dio cuenta de que el bote de champú que había utilizado sin fijarse en lo que estaba haciendo, no era el que utilizaba siempre. Se cogió un mechón de pelo y se lo acercó todo lo que pudo a la nariz.- ¡Mierda! ¡Es el champú de Ginny!

Volvió a mirar hacia las escaleras y le pareció escuchar las risas de sus hermanos provenientes de la cocina. Suspiró con resignación una vez más y se dijo a sí mismo que iba a ser un día muy largo.

Pero no importaba demasiado.

Esa noche iba a ver a Hermione.

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Bueno, aquí está el segundo capítulo. Siento el retraso pero me ha costado bastante escribir sobre lo que siente Ron. Además, he intentado recrear un poco el ambiente caótico que siempre reina en una casa con tanta gente. Yo tengo tres hermanos y siempre era una batalla intentar llegar primero a la ducha. Espero haberlo logrado aunque solo sea un poquito. Y también espero que os guste.

Espero reviews, por favor.

Un saludo y gracias por leer.