CAPÍTULO 2
Ya eran cerca de las 7:30 pm, un chico de rubio entraba al restaurante del lujoso hotel, tomo asiento en una mesa un poco separada del resto, como es de costumbre un mesero se acercó, le dio el menú y prosiguió a tomar el pedido y se retiró.
Minutos después el chico ya estaba dando por terminada su cena cuando dirigió su vista hacia la entrada y, vaya coincidencia, por ella entraba la misma señorita que llego en la tarde, se dirigió hacia una mesa cercana a la suya, los minutos pasaban rápidamente.
Arnold una vez terminada su cena, pidió un café, en ese instante alzo su mirada a la mesa cercana y se encontró con unos hermosos ojos azules, que le parecían haberlos visto, le trasmitían un cariño …algo inexplicable, era como si ya los hubiera visto hace mucho. Enseguida la chica desvió la mirada y se perdió contacto. Depuse de eso Arnold quiso volver a atrapar esa mirada, pero ya no se pudo. En vez de eso la desconocida acabo de cenar, se paró y salió del restaurante sin siquiera regresar a ver.
Habían pasado casi dos días desde que el rubio había llegado a Los Ángeles y su tío no había dado muestras de vida, del aburrimiento ya había recorrido casi toda la ciudad, además de eso ya se había cruzado unas cuantas veces con la desconocida había tratado de conversar con ella, pero siempre se interponía algo.
Arnold estaba sentado en la mesa de costumbre, había pedido ya su almuerzo con la esperanza de que la desconocía llegara también, no era porque él era uno de esos típicos pervertidos; si no que había algo en ella que le hacía conocido y quería descubrirlo, además que nunca es malo tener una amiga más.
En ese preciso instante la rubia entraba, tomaba asiento y cogía el menú que le estaban entregando. Los minutos pasaban en el elegante restaurante sin más ruido que el del piano que los acompañaba en la comida. El rubio termino de almorzar y salió del lugar, pero en la entrada se topó con la desconocida, como buen caballero le cedió el paso, lo que tuvo como respuesta un simple- Gracias- nada más ni una mirada.
Los dos rubios se dirigieron a la recepción, ella iba con paso decidido y recto, parecía una modelo.
- ¿Sera una modelo o una actriz no muy conocida? -pensó Arnold llegando a la recepción detrás de la chica.
-Buenas tardes, por favor la llave de la habitación 142-Dijo la rubia.
-Si, por favor también la llave de la habitación 143- Pidió Arnold, dándose cuenta que la chica había sido su vecina y no se había percatado.
La recepcionista dejo las llaves encima del mostrador, acto seguido los dos muchachos las cogieron y se dirigieron al elevador.
Otra vez se habían encintrado en la puerta de este, como bien sabemos el rubio cedió el paso teniendo la misma respuesta que la vez anterior.
Una vez adentro el mozo pregunto-
-¿Piso?
-Piso 10 por favor -respondió Arnold
- ¿La señorita? - volvió a preguntar.
-Igual piso 10-
Arnold pensó que, ya que subían juntos talvez le podría hacer la conversa, pero todas las mujeres tienen ese defecto de portarse como si nadie estuviera, ya que la rubia se había puesto a buscar algo en su bolso y parecía muy entretenida.
Una vez llegado a su destino salió rápidamente solamente susurrando un –"Gracias"- al mozo
Había sacado las llaves de su habitación y las metía en la chapa. Muy detrás venia el rubio jugando con sus llaves, llego a su puerta y las introdujo, quiso girar la chapa, pero no pudo, simplemente la chapa no habría.
Las saco y volvió a intentar, pero fallo, fue cuando se dio cuenta que la desconocida tenía el mismo problema, muy amablemente se acercó a ella
-Me permite señorita-
- Sí, claro –Respondió mientras le extendía las llaves, pero Arnold no las cogió, en vez introdujo su llave en la chapa y esta abrió la puerta sin ningún problema.
- El problema es que nos hemos confundido de llaves, aquí tiene- dijo Arnold mientras le entregaba sus llaves y tomaba las de él.
- Que distraída, muchas gracias- Dicho esto entro en la habitación y cerró la puerta.
Arnold se quedó completamente chasqueado, pensó que con la excusa de las llaves iba a comenzar una charla, pero se quedó esperando por la cortante respuesta de su vecina.
Prefirió entrar en su habitación y llamar a Odaris para pasar el tiempo. Una vez adentro se sentó en un cómodo sofá.
Si, era un hombre muy afortunado, entre tantos pretendientes que tiene Odaris ella se había enamorado de él, ella había llegado en el preciso momento, cuando había creído que el amor no estaba hecho para él, tomo el teléfono y marco el número de su novia y futura esposa.
-¿Quién habla?- Sonó la melodiosa voz de Odaris.
- Hola amor, ¿Cómo estás?.
- Aaahhhh… con que te acordaste que tienes novia eh?- respondió con tono muy ofendido.
- Lo siento eh tenido muchas cosas que hacer- mintió
-Enserio? ¿Haber dime en dónde estás? Te apuesto a que todavía sigues en Los Ángeles
- Emmm…si todavía sigo aquí.
- Si ves …no me mientas …que puedes hacer allá…más que pasear-
- Lo siento… no era mi intención per..- Pero fue interrumpido, ya que llamaban a la puerta.
-Envió especial para el sr. Shortman - Se oyó una voz detrás de la puerta
- Pase – Grito Arnold
- Amor espérame un minuto- dijo Arnold por el teléfono.
- Buenas tardes. Aquí tiene…buen viaje-Dijo el mensajero antes de salir.
- Gracias-respondió- Espere…dijo buen viaje? -Pero el mensajero ya había salido dejándole un sobre.
- Odaris sigues allí?-preguntó.
- Si…pero dime porque sigue en Los Ángeles…tu tío todavía no te dice nada-
- Pesimamente en este instante acaba de llagar un sobre, permíteme un rato- dejo el teléfono sobre la mesita mientras abría el sobre que llevaba su nombre, acto seguido saco un boleto muy extraño.
- Odaris?
- Si Sr. Shortman sigo aquí- respondió fríamente
- Acabo de recibir un boleto a New York de parte de mi tío-
- Ahh…ya era hora que te dijera algo, y dime ¿A qué hora es tu vuelo? - pregunto la hermosa castaña.
- Pues ese es el problema … no es un ticket de avión ..es un boleto de tren para esta noche.
