II

Cuando David llegó a casa, Julián estaba en la mesa del comedor. Había guardado la agenda y el teléfono y esperaba que el día que seguía pudiera recordar tomarse un tiempo para escribir o leerlo, o simplemente recordar que existía, se había hecho la cena y había guardado la cena a David en el microondas. Observo como el entraba a la cocina y dejaba sus llaves en las pizas de hierro del llavero, abría la nevera, sacaba la jarra del jugo y un se servía en un vaso, luego de eso, escuchó como abría el microondas y la porcelana sonar un poco, antes de volver a escuchar el microondas cerrarse y luego nada.

David estaba entrando al comedor. Julián alza la mirada al percibir su presencia con el oído. Se ven mutuamente, hay un aire de reconocimiento y luego un deja vu.

El azabache sonrió poco a poco y juntó los dedos de las manos sobre la mesa.

—Hola.—Le dijo para cuándo David se colocó el plato y el vaso en la mesa justo al frente de Julián y sin aun sentarse se acercó a donde Julián se encontraba, bajo la mirada del mismo, le dio un beso en la esquina de la cabeza—

—Hola, mi amor – Le respondió y se inclinó un poco, lo suficiente como para verle los ojos, a los ojos azules que recordaba bien –

Se observaron por unos segundos, David al parecer esperaba que Julián hiciera algo más, pero el venezolano se limitó a sonreír y sus orejas se enrojecieron con leve timidez, aun no completamente acostumbrado.

—¿Qué tal te fue hoy? – Preguntó entonces, una vez David se encaminó al lado de la mesa que le correspondía. Lo escuchó suspirar pesadamente –

—… ¡Bien!, es ya casi una rutina — Le dijo al sentarse y tomar el vaso— Solo me encargo de la supervisión, necesitan a alguien meticuloso para ello, no sé cómo pude caer en ese puesto

Julián emitió una risita amortiguada. Realmente David se estaba preguntando aquello con seriedad.

El otro comenzó a comer. Hubo un silencio pequeño,

—¿Cómo estuvo tu día? – Le preguntó una vez tragó –

Julián le contó lo que había hecho en el día, por supuesto omitió lo de su agenda, el mensaje y lo de su teléfono. Preguntó de quien eran los libros que tenía en el librero, a David le pareció extraño al primer momento pero luego creyó entender.

—Tuyos… —

— ¿míos?

David, asintió.

— ¿Por qué están tan viejos y descuidados? –

David emitió una risa.

— ¿y tú cuantos años piensas que tienes?—

—Ah…—Julián se enderezó, cuestionó a David con la mirada, mas confundido que ofendido. La verdad, no sabía qué edad tenia realmente…— veintiséis…

David se había quedado congelado, apretó los dientes un poco y luego los labios. Al parecer David había dicho algo que no debía.

—Lo siento, era broma –dijo con una suave sonrisa, como arrepentido — Son tuyos, pero me imagino que alguien más te los dio. Supongo que alguna donación de tu trabajo.

—¿Mi trabajo?...—El venezolano pregunto a continuación— ¿Qué trabajo tenía antes?

—Eras profesor de historia. –

El otro arqueó las cejas sorprendido. La verdad no tenía ningún recuerdo de eso, y no recordaba anotar ese detalle en la agenda, seguramente porque había sido revelada en horas como estas, estas horas donde no podía escribir.

Julián sintió la oscura mirada sobre él.

—¿de segundaria?

—Si. – David parecía sorprendido, arqueo ambas cejas algo emocionado.

—qué suerte la mía. – Julián dijo con una sonrisa — ¿Qué posibilidades hay de que a un profesor de historia se le borre la memoria?, sí que tengo mala suerte. –

Julián emitió un risa amarga, bajó los ojos hacia sus manos que yacían sobre la mesa, David por otro lado no se rio, ni siquiera sonrió. Entonces Julián guardo silencio, algo arrepentido de mencionar aquello. Nuevamente la incomodidad y el silencio se hicieron presente. Pasaron unos segundos en donde no se dijo nada hasta que Julián se animó a preguntar algo que rondaba su cabeza:

—David ¿tenemos depósito?—

—No ¿Por qué? –

—Es que encontré una puerta…— Julián prosiguió en ese momento con cautela, el otro lo observo atentamente – cerrada, y pensé que era un deposito, intenté abrirla pero ninguna llave encajaba. ¿tú tienes la llave?

— ¿Hablas de la puerta siguiente al cuarto de invitados? – David se relamió los labios y hablo despacio—

Julián asintió .

—Sí, yo tengo la llave –

—Y… ¿Por qué la mantienes cerrada? –

—Por aquí allí guardo las cosas que te atormentan – Dijo y tomó un trago de jugo, perseveró el silencio—

—¿Qué?—

David emitió un suspiro profundo. Al parecer no era la primera vez que sucedía.

—Ya te lo había explicado ¿no? — David habló ahora cansado – allí están las cosas como…los álbumes de tus padres, tus alumnos, regalos, fotos del accidente, tus exámenes médicos…

Julián arqueo ambas cejas, sorprendido. David palideció de repente.

—pero... ¿Por qué

—No, Dame un respiro –

—Pero… ¿Por qué me lo ocultas? ¿No crees que eso podría ayudarme a recordar?

—Julián, la última vez que entraste allí, te tuve que sacar llorando, y pasaste todo el puto día histérico y odio verte así – David le respondió, entre triste y molesto. No podia evitarlo., no parecía estar molesto con Julián por esto. –

—¿He entrado allí antes? –

—Ay dios mío. – David suspiró reuniendo toda su fuerza de voluntad para hablar – no lo recuerdas ¿verdad?, si, no es la primera vez que tenemos esta conversación y no es la primera vez que cedo y dejo que entres…son cosas que te atormentan.

—pero tal vez en esta ocasión sea diferente…

—No, no lo será. – David apretó los puños bajo la mesa, su voz se escuchó severa y determinada, Julián no entraría allí de nuevo eso se lo había prometido a si mismo— No vas a entrar allí.

Julián guardó silencio.

—David no puedes negarme eso.

—Julián, basta. – Sentenció entonces el colombiano. Sus ojos café lo observaron con frialdad tal que por un momento congelaría cualquier cosa, sin embargo, Julián no se dio cuenta de esta advertencia silenciosa—

— ¡Pero necesito saber! ¡Necesito recordar!

—No, no lo necesitas, no necesitas ese cuarto para recordar – Le reclamó el colombiano alzando la voz por encima del otro, rompiendo la última barrera de su paciencia. — ¿Por qué no lo entiendes? Cada vez que recuerdas algo de esa habitación, te pones triste, no hay buenos recuerdos allí. No quiero verte llorar, solo quiero que esto funcione, y que puedas vivir de estas memorias.

David se encontraba abatido, tanto que Julián se sintió culpable de exigirle aquello, observó como cerró los ojos cafés y suspiró, aun pálido, con los labios blancos, el estómago le hizo estragos la digestión y sintió nauseas, frustrado, el colombiano se llevó ambas manos al rostro. .

—Solo quiero que estés bien conmigo, solo quiero que este feliz – Lo escuchó susurrar con un sentimiento decaído. Y fue entones que toda la atmosfera tranquila, desapareció, se volvió pesada –

Julián arrastro los dedos de la mesa, con la intención de ocultarlos bajo de ella, pero fue cuando David movió la mano derecha hacia la de Julián, impidiendo que se alejara, fue una acción inesperada y algo rustica, pero el venezolano no se molestó en jalar más sus manos. Más bien se quedó quieto, con incomodidad, y dentro de este acto se cohibió de moverse.

—Julián, no te alejes de mi — Le dijo el colombiano – lo siento, no quería asustarte. Solo…es que, Julián yo no quiero que recuerdes lo que pasó, es demasiado doloroso verte así,

—¿Cómo así?

—Fuera de control, histérico, triste. –

Julián apretó los dientes. Sintió un dolor en la boca del estómago, bajó la mirada por el barnizado de la mesa donde ambos se encontraban. Sintiéndose acorralado.

—Está bien, no es necesario que me muestres el cuarto – Le dijo luego de un momento de reflexión. Profunda y pesada –

David amasó suavemente los dedos del otro como si con esta acción pudiera drenar todo aquel estrés antes producido. Observó al venezolano con atención, en una densa expectación.

—Gracias – Eso fue lo que dijo el colombiano. Una vez dicho esto, se levantó del asiento donde se encontraban y retirándose de es mesa, como llegó se fue, besando la esquina de la cabeza de Julián, para ir a la cocina.

El resto de la noche fue historia; una niebla densa de incomodidad y silencio logro hacer una brecha entre ambos, la mención de aquel cuarto logró mellar su confianza. Julián porque aunque había dicho que no era necesario saber sobre este cuarto y su contenido aun sentía deseos de saber que era lo que allí contenía. ¿Era aquel depósito verdaderamente capaz de alterarlo de tal modo que David tuviera que cerrarlo con llave? Si era así como se decía entonces ese lugar algo debía de hacerle recordar.

Obviamente, Julián quería recordar y el hecho de no haber podido saber esto, era porque no habia podido escribirlo en su agenda.

Sin embargo, este día sería diferente, puesto que viendo que David se encontraba en un estado de abatimiento en su habitación, Julián pasó la mayor parte de la noche en la sala, aprovechó la ocasión y fue al cuarto de invitados, rápidamente sacó la agenda de donde la había guardado y escribió en la página siguiente lo que había acontecido esa día, al salir no encontró a David por ningún lado del exterior y al ir a la habitación este yacía acostado en la cama matrimonial.

Se vieron, Julián en la puerta y David en la cama tuvo que levantar la mitad del cuerpo para dar a conocer que no estaba dormido pero nadie dijo nada. Solo compartieron aquellas miradas de reconocimiento y un extraño, pero familiar sentimiento anidó dentro de aquella habitación, dos extraños en un cuarto que los conocía muy bien.

Fue entones que David hizo un ademan con la mano, un gesto dirigido a él para que se acercara, renuente a hablar. Julián lo dudó, pero finalmente, luego de unos cortos segundos se adentró a la habitación y el aire frio del lugar le golpeó el cuerpo completamente. Miró el reloj que estaba al lado de la lámpara y pronto serían las diez de la noche. Esta era la hora ideal para dormir, pensó el venezolano, pero sintió que en otro momento lo hubiera dicho.

— ¿Cómo estás? –Dijo en cambio, algo parco. David no hizo otra cosa que mirarlo con un aire desaminado o quizá cansado –

—Estoy bien. Descuide. – Respondió y movió el cobertor azul oscuro de la cama dando a entender que no se levantaría y permanecería allí, porque su intención era dormir. Se acostó dejando caer su cabeza en la almohada y mirando a Julián desde allí con la densidad de sus ojos — ¿Cómo está?...

—Bien. –Respondió y le acompañó con un asentimiento de cabeza— No pareces estar bien.

—Tampoco tú— Respondió el, pero luego sonríe— solo estoy cansado, algo triste porque el día se va a terminar. Vas a olvidar todo en la mañana.

Julián hizo un gesto amargo, eso era verdad y lo peor es que no podía hacer nada para evitarlo. David no dejó de mirarlo incluso en la amargura del silencio que provocó. El afectado no tenía palabras para ahuyentar aquel sentimiento de impotencia, David tampoco decía nada, era verdad, él iba a olvidarlo todo. Todo.

—Venga – Dijo David con voz parca, y le hizo un gesto de acercamiento. Lo invitó a acostarse a su lado (ya que Julián solo se atrevió a sentarse al borde de la cama) ya era momento de ir a domir. Julián se arregló lo mejor que pudo, se cubrió con el cobertor y apoyó su cabeza junto la almohada libre todo esto bajo la mirada de David que no dijo ni una sola palabra después de que estuvo en la cama a su lado.

Julián fue incapaz de verlo porque sabía que dentro de ese silencio tan profundo y espeso David estaba inconsolablemente triste. Profundamente abatido y de alguna forma Julián también lo estaba. Tiró un somera mirada hacia el otro, David observaba su perfil, a su lado. Se miraron en silencio por poco segundos hasta que David deslizó una de sus manos hacia el y le toco el rostro, con un suave gesto, como si acariciara una hoja aterciopelada le quiso brindar consuelo de alguna forma

—Duerme tranquilo. – Le dijo. Pero esto era imposible. Julián sospechaba que en la mañana lo amargaría.

Bajó los ojos , incapaz de verle el rostro, y se percató que el otro levantó el cuerpo para alcanzar la lámpara y apagarla, en ese momento, Julián tiró la vista hacia él, y se dio cuenta que tenia una cadena rodeando su cuello, bañada en oro, relucía fuera de la camisa, sin embargo no tenía algo mas, era fina y delicada, pero nada más y fue entonces cuando la luz se apagó dejándolos a oscuras y una grácil caricia en su cuerpo lo hizo estremecer.

.

.

.

Julián vio como David salía por la puerta de la casa esa mañana. Era lunes, y como el no sospechaba no había escrito nada en su agenda el fin de semana, no recordaba nada de lo ocurrido el día anterior, ni los días anteriores al mismo, solo susurros del pasado cercano a través de un cristal. Recorrió la casa en su estancia solitaria y nuevamente encontró la agenda y el teléfono del cual leyó y volvió a sentirse impotente y perdido en ese escenario.

Fue hasta la última página de su agenda y descubrió un croquis de donde estaba, en efecto, como había leído, existía un supermercado a unas cuadras de donde estaba, recordó entonces que el había hecho esto mismo, experimentó la misma sensación de miedo que aquella vez, ¿Qué sucedía si no podía volver? ¿Cómo regresaría?.

Meditó estas posibilidades mientras tomaba las llaves que estaban sobre el microondas ¿Qué tan importante era salir de la seguridad de su hogar?, pero quizá no era tan importante, solo que esta monotonía, el encierro le asqueaba y en parte se sentía enfermo. Estancado.

Abrió la puerta con cuidado y miró el jardín que estaba descuidado, lo consideró en este estado por que no había alguien dedicado a mantenerlo. David decía, que era él quien le proveía de cuidados, pero Julián jamás podría recordar o verse haciendo esto, por alguna razón se imaginó que él no tendría el tiempo.

—Mercedes. – Pronunció aquel nombre cuando estuvo fuera de casa y cerró la puerta del jardín detrás de sí.

Ya en el exterior puso atisbar la calle, las demás casas pintadas de colores diversos y con sus jardines, uno que otro perro, algunas personas que pasaban de allá para acá por la acera, lo miraron, pero este era ajeno a lo que pudieran pensar, estaba seguro que en su cara destacaba la apariencia de encontrarse perdido y aunque esto no era mentira, no terminaba de ser incómodo.

Abrió la agenda y siguió el croquis hasta el supermercado, caminó con cautela y se dejó guiar por los carteles de publicidad que habían en la acera, reconoció un puesto donde reparaban calzados, más adelante un puesto de perros calientes, y más adelante a este se encontraba el estacionamiento del supermercado

Dio una mirada a la agenda y lo confirmó, sí. Era ese, definitivamente. Ingresó y sintio el aire acondicionado golpearle el rostro, en el interior no era tan grande como se veía desde afuera, esto porque mucho de los productos se encontraban apilados, había una gran variedad, pero apenas había un espacio en el pasillo para poder caminar dos personas, tampoco era que había una gran cantidad de personas, pero el lugar era agradable. Sintió ganas de comprar algo dulce para comer, de modo que revisó la parte de los dulces y encontró una que recordaba gustarle mucho. Era una galleta de vainilla, simple y sin relleno.

—María. –

-¿Disculpe? ¿Necesita ayuda?- Escuchó alguien hablarle. Cuando Julián tomó el empaque, la chica en cuestión le reconoció- Oh, eres tú… el venezolano.

— ¿Disculpe?-

—Ah, lo siento. Olvidé su memoria-Advirtió ella- Soy Lucia, ¿no te acuerdas? Cuando viniste la primera vez me pediste ayuda para hacer una llamada.

Julián permaneció con su rostro sin expresión alguna, hasta que finalmente los recuerdos –aunque algo borrosos- vinieron a él.

—Ya me acordé de ti- Dijo finalmente-

—¿Si? Qué bueno. Ha pasado un tiempo desde que te vi ¿Qué ha pasado?-

—Bueno, no había podido salir.

—Es por tu novio ¿no?- Inquirió ella con interés- No le gusta que salgas…

—Sí, seguro fue eso.-

—Si estás aquí, entonces asumo que él no sabe que te has escapado-Dedujo ella. Hablaba como si lo conociera desde toda la vida y esto en parte inquietaba a Julián porque desconocía el alcance que ella tenía en sus recuerdos- ¿Cómo te fue la otra vez?

— ¿Hablas de la primera vez que estuve aquí?

Ella asintió.

—Bueno, no es la primera vez que pasas por aquí- Dijo ella, pero si darle importancia.- ¿Qué paso cuando llegaste a casa?

Julián estuvo un momento en silencio y luego buscó en su agenda con prisa.

—Eh…eh…-Dijo mientras intentaba encontrar algo en estas páginas- no lo sé.

—Nada bueno por lo que veo. ¿Cómo va tu tratamiento? –Preguntó ella- Disculpa que te pregunte tantas cosas, pero es que la última vez te fuiste muy rápido y me preocupe un poco que no aparecieras…

— ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos? –Preguntó Julián.

—Hace unas cuantas semanas. –

—Ya veo….- Julián hizo una pausa y se mantuvo en silencio, quizá procesando todos los recuerdos que venían a el- ¿Dijiste que iba a hacer una llamada? ¿Tienes idea de a quién llamé?

—Eso sí que no lo sé, no te tenía tanta confianza como para preguntarte- le respondió- ¿No lo anotaste?... bueno seguro no tenía importancia.

— ¿Eso crees? –

—Sí, luego de eso, no estaban tan desesperado por hacer una llamada, solo caminabas por aquí, comprabas algún dulce y te ibas. Te hablaba, claro, pero no como ahora, esa última vez te fuiste muy rápido como si olvidaras hacer algo. -

El silencio permaneció. Julián no sabía que decir, tampoco sabía por qué no había escrito sobre eso, debió de escribir sobre estos eventos antes, ¿acaso lo había olvidado?... ¿Por qué no escribió sobre Lucia? ¿Acaso carecían de importancia estas cosas?, No lo creía así, haber hecho un contacto con alguien diferente a David hubiera sido digno de escribir en la agenda y además… ¿tratamiento? ¿Qué tratamiento?

—… ¿Vas a llevar esas galletas?-

—Ah…si.-Dijo, las tenía en la mano-

—Ya te las facturo-

Y así fue.

—Tienes que volver antes de las seis….o sino tu novio se enojara. Es un buen hombre ese David, se ve que se preocupa por ti.

—Me hace sentir mal escuchar eso y estar fuera de casa sin que lo sepa

—No estás haciendo nada malo –Le dijo ella – Solo compras galletas, además, quizás eso te ayude a crear nuevo recuerdos y retenerlos.

—Ojala. Lucia. –

—Por cierto ¿Pudiste recordar a ese tal Eduardo? ¿Era….tu primo hermano o algo asi? – Cuestionó ella.

— ¿Eduardo? ¿Cómo sabes de Eduardo?-

— ¿Lo recuerdas?

—No. Pero lo tengo anotado en la agenda.-Aseveró él. Lucia le entregó la bolsa con el paquete de galletas - ¿Sabes de el?

—No más que tú. Lo mencionaste una vez, creías saber quién era, un familiar, alguien que se fue muy lejos. –

— ¿ah sí?, Recuerdo que David me dijo que se fue a Ecuador…-

—Uy, eso está bien lejos-

—Sí, lo está.-

— ¿Por qué crees que se fue? –Preguntó Lucia, pero esta pregunta no iba con la intención de ser respondida, era obvio que Julián no lo sabía – Seguro algún estudio o algo, no sé.

Lucia miró el reloj del computador.

—Una cosa antes de irme. –Pidió Julián - ¿Conoces a una tal Mercedes?-

—Mercedes….no. –Respondió ella- No recuerdo que la hayas mencionado, ¿No escribiste de ella?

—No.

—Seguro es un nuevo recuerdo.-Determinó ella- Así como lo tuviste aquella vez… con ese tal... ¿cómo era que se llamaba?...No lo recuerdo. ¿Andy? ¿Anderson?...

Julián también hizo el esfuerzo por recordar pero nada vino a él en ese instante. De momento, solo le interesaba saber ¿Quién era Mercedes y donde y quien era Eduardo para el?

Confirmó algunas cosas con Lucia estando en la caja, afortunadamente no habían demasiados clientes ese lunes, así que pudieron hablar sin molestar.

—Ya debo volver. Debo hacer el almuerzo. –O más bien querría decir que debía de comer el almuerzo, pues David lo tenia siempre listo para el en el microondas-

—Ay, eres un hombre afortunado. Él te cuida mucho aunque no lo recuerdes, ¿eh? Seguro te quiere mucho… ¿Cómo es eso?

— ¿Eso qué?...

—Es que soy….algo metiche… ¿Cómo es eso tener a un hombre de pareja? …siendo tu hombre.

—Es una sorpresa para mi cada día- Respondió Julián con sinceridad. – pero luego es más….normal. .

— ¿Tu lo quieres?

Julián asintió sin pensarlo dos veces. Eso era lo que había escrito en la agenda y por tanto, era santa palabra. No lo habría escrito si no fuera cierto y en ese momento lo sentía muy real. Lucia lo miró sin decir nada, sintió de igual forma que esas palabras eran reales y sintió algo de envidia, ella tambien deseaba poder tener a alguien a quien amar y ser amada, pero a la vez sintió algo de pena por Julian y su condición actual.

Cuando se marchó por la puerta le dio su número telefónico para mantenerse en contacto, Julian aseguraba llamarla desde su casa, pero recomendaba no llamar después de las seis de la tarde o los fines de semana, eso sería contraproducente.

Julián no podía evitar sentirse mal por ocultarle tales cosas a David, pero…también pensaba que no era justo no tener algo de privacidad, iniciar por su cuenta algo, una amistad, algún acto de independencia que lo ayudara a avanzar a su ritmo. Pensaba que si no se movía a su ritmo jamás avanzaría.

Escribió en su agenda todo lo relacionado a Lucia, a un desconocido Eduardo, sobre Mercedes, una desconocida llamada y demás con la esperanza de recordarlo al día siguiente. Comió en almuerzo en silencio y se sintió muy solitario el resto de la tarde. Extrañaba a David y en general, algún contacto humano dentro de su vida.

Casi se queda dormido en el sofá de la sala, pero no lo hizo y se levantó rápidamente para poder quitarse el sueño de encima, no sabía que podía pasar si dormía por intervalos pequeños y esperaba no descubrirlo. Fue al teléfono marco el número de Lucia, y habló con ella hasta la tarde, pero solo hizo el papel de receptor pues Lucia tenía unas ocurrentes historias para contar y esto le alegró la tarde a Julián en cierta forma. Ya no había nada nuevo que pudiera descubrir de él y sus recuerdos con ella por lo que sospechaba de modo que esa tarde se olvidó de su agenda y escuchó a Lucia con interés.

Así era una conversación cotidiana. Una voz humana. Una historia.

Historia

— ¿Y entonces…eres profesor de historia? O….eras..-

—Si, según David lo soy.

—Tienes cara de ingeniero.

—Jejejeje…No creo que se me dé, mija, no tengo un apego por las matemáticas y todo eso.

—A ver…entonces dime cuando es el día de la independencia.

—El 5 de Julio. –

—Error…

Alguien abre la puerta de la casa y es entonces que Julián se despide rápidamente y cuelga. Con la misma velocidad esconde la agenda debajo de un mueble cercano. David ya está allí y es paquete de galletas está en la mesa del comedor.


Hola, Gracias por leer hasta aqui. Espero les haya gustado. Nos leemos pronto.