Mi mejor enemigo
Capitulo 2
Se movía de un lado a otro retorciéndose las manos. En cuanto había llegado a su departamento, corrió a meter dentro de una maleta algo de ropa y cosas personales. Se sintió mareada y tuvo que sentarse, no había podido probar bocado desde que llegó, pese a no haber ingerido solo un café desde el desayuno.
Ya tenía más de dos horas desde que Shaoran seguramente había abordado el jet que la llevaría de regreso a España después de casi tres anos de ausencia. Sintió su corazón acelerarse de solo pensar que estaba a pocos minutos de reencontrase con el que fue su amor desde la adolescencia. Aun podía sentir las mariposas que sintió, cuando el la miro por primera vez sonriéndole.
Recordando cuado en medio de una fiesta, se atrevido a besar a Shaoran Li en frete de todos. Y también recordó con dolor, cuando Isabella le había confesado que estaba enamorada de mismo muchacho que ella. Claro que su hermana nunca se entero de amor que ella sentía hacia al que ahora es su esposo.
Y fue cuando sus sueños comenzaron a derrumbarse junto con su propio mundo.
Pero ahora iba a verlo de nuevo porque su hermana necesitaba de ella. Y se le revolvió el estomago una vez mas cuando pensó en ella y en la situación en que se encontraba.
¿Que clase de hermana era cuando estaba pensando en el marido de su propia de Isabella?
Corrió al baño cuando las nauseas fueron mas fuertes. Se inclino sobre la tasa desechando los pocos alimentos que había ingerido esa mañana y las pastillas que había tomado para tranquilizarse.
Se puso de pie, y tomo su cepillo de dientes, mientras le dedicaba una mirada molesta al retrete, se mojo la cara y se quedo viendo frente al espejo.
Durante ese tiempo que estuvo alejada de su país y de todo lo que conocía, había logrado muchas cosas. Había encontrado en Sydney otra familia en sus amigos, había logrado terminar su carrera y poner una agencia de modelaje que actualmente contaba con el más alto prestigio y con el mejor socio que alguien podría tener.
Pero en cuanto a su vida intima trataba. Ahí no había conseguido tener un proceso. Cuando abandono España, también la abandono su corazón.
Porque este siempre le iba a pertenecer a Shaoran Li.
El sonido del timbre llamando la sobresalto, se apresuro a secarse la cara y corrió hacia la puerta hasta que logro abrirla.
El corazón se le paro en cuanto lo tuvo frente a ella.
-¿Por qué tardaste tanto en abrir?- pregunto ceñudo Shaoran.
Sakura no le contesto inmediatamente y se hizo a un lado. Notando su reacción al reconocerlo. Shaoran entro y cerró la puerta y durante varios segundos permaneció de pie junto a ella estudiándola.
Temblorosa Sakura bajo la mirada. Lo noto muy hermoso. Esa no era la palabra usual para describir a un hombre, pero le quedaba muy bien a Shaoran. Era moreno, tenía las facciones perfectas de un ángel caído y la elegancia de un leopardo. No había cambiado en nada desde que se fue y aun poseía esa mirada que parecía traspasarla.
Sakura no pudo evitar recordar su último encuentro.
Se encontraba recostada sobre el pasto del jardín, mientras platicaba con Isabella. Cuando noto que alguien se acercaba, demasiando tarde se dio cuenta de quien se trataba y para entonces ya no habia tiempo para que pudiera alejarse allí.
-Señoritas- las saludo con un leve movimiento de cabeza.
-Señor Li- respondió Isabella sonrojada mientras le sonreía.
Sakura se levanto sin decir nada. Ese seria la última vez que lo vería y al día siguiente se iría del país por el bien de su hermana y también para ella. No soportaría el ver a Shaoran cortejando a su hermana estando ella allí.
El se quedo con ellas conversando con Isabella, porque ella solo se dedicaba a tratar de fingir interés en la conversación permaneciendo callada. Hasta que llego una doncella para llevarse a Isabella y tomara sus pastillas. Su hermana ingería un cóctel de pastillas que le molestaba que la gente le observara tragarlas.
Se quedo sola con Shaoran formándose un silencio incomodo entre ambos. Sakura se percato como los muslos del el se tensaron y su ceño adquiera indiferencia. No se percato de que el la miraba hasta que sus ojos se encontraron, y Sakura tembló ante la frialdad con que la miraba.
Su corazón se encogió cuando se dio cuenta de que su presencia lo molestaba. Desde que lo había besado en esa fiesta el había actuado de manera fría y distante con ella.
Entonces molesta con él. Se levanto del la silla con brusquedad, pero antes de que pudiera dar una paso, el le hablo.
-Me entere que te vas- comento Shaoran.
-Si- respondió ella cerrando los ojos.
-¿Por qué?
Sakura no le contesto, se encogió de hombros y volvió a tomar asiento. Se negaba hablar de ese tema precisamente con el.
-¿Estas huyendo?- pregunto mirándola fijamente.
-Algo así- respondió ella por impulso. Quiso golpearse cuando se dio cuanta de lo que había dicho. Shaoran la miraba con una ceja alzada.
-Tienes que estar muy ardida.
Ella lo miro sin comprender ¿Por qué tendría que estar ella ardida?... Ella estaba dolida.
-Te dejaron con el corazón destrozado y por eso quieres irte. Quieres huir en vez de afrontarlo-dijo con rabia. Mirándola con esa brillante y desafiante mirada ámbar.
Abrió la boca para decir algo pero la volvió a cerrar de nuevo. De alguna manera había escogido las palabras correctas para describir el porque de su precipitado viaje. Pero ¿Por qué le hablaba rabioso?
-Eres débil. Las mujeres como tu son débiles.- lo escucho decir con burla.
Sakura quiso preguntarle a que se refería con eso de las mujeres como tú. Pero se limito a mirarlo desafiante. Ningún Kinomoto era débil.
-Me tienes sin cuidado lo opines de mi- le espato furiosa- jamás pensé que fueras un machista.
-Yo no soy un machista- le dijo el con aire ofendido.
-Si lo eres- afirmo- no solamente las mujeres son "débiles"- repitió ella con el mismo tono de voz que el había empleado- también lo son los hombres- dijo por ultimo perdiendo en autocontrol.
Shaoran se desconcertó al verla perder la paciencia.
-Y si tuvieras un poco de razonamiento. Comprenderías que no involucre a todo el sector femenino dentro de mi opinión- le dijo voz seca.
Sakura sintió su cara ponerse roja, pero no sabia si era a causa de la vergüenza, o de la furia que sentía por considerarle tonta.
-¿Me estas diciendo tonta?- se atrevió a preguntar ella.
-Las verdades a veces pueden llegar a lastimar- respondió encogiéndose de hombros.
Permaneció callada a causa de la incredulidad. ¿Y ese era el gran Shaoran Li? El heredero y orgullo de toda la familia Li. ¡Pues para ella no era más que un primate! Cuando por fin reacciono se puso de pie y se marcho como si nada hubiera pasado, sin mirar ni una vez a Shaoran.
Al día siguiente no lo vio y no tuvo tiempo de despedirse de él como lo deseaba. Y cuando abordo ese avión, con la esperanza de olvidarlo costara lo que costara, comprendió que no lo lograría. Su corazón se había quedado en España. Con Shaoran Li.
Después de un largo silencio, el comento:
-¿Estas sola?
Sakura asintió con la cabeza.
-¿Qué le paso a Isabella?- preguntó.
Shaoran le señalo con una mano uno de los sofás.
No tenia ganas de discutir y aun temblando se dirigió al sofá y se sentó. Entonces el se movió y con un temor interior vio como le cambiaba la expresión. Apartó la vista y respiro hondo antes de hablar.
-Ha habido un complicación después del parto- le informó- Isabella a perdido mucha sangre.
-Dime que ha pasado- exigió. No le estaba diciendo todo.
Lo vio respirar varias veces antes de seguir hablando.
-Sufrió una caída- informo Shaoran- tuvieron que hacerle una cesárea. Sufría una fuerte hemorragia y cobro urgencia que trajeran a mi hijo al mundo lo mas rápido posible.
A pesar del sufrimiento que ambos padecían. El porque la mujer que amaba estaba entre la vida y la muerte. Y ella porque era su hermana la que corría peligro mortal. Aun así pudo notar el orgullo que sentía al hacer mención de su hijo.
-¿El niño…?
-Es pequeño y esta en la incubadora. Por lo demás esta perfectamente formado y sano. Es… es su madre la que plantea serias preocupaciones. Isabella ahora esta en terapia intensiva y los doctores temen que el resultado final no sea muy prometedor.
El silencio que le siguió fue frió. Supo que Shaoran estaba en una profunda conmoción. Estaba a punto de perder a su esposa. Su hermana moría. Y el hijo de ambos necesitaba ayuda para respirar. No podía empeorar.
-Lo siento- dijo el con tono seco- Necesita de tu tipo de sangre y en el hospital no la hay.
Pudo ver con sorpresa la antipatía que le producía el haber recurrido a la ayuda de ella. No sabía que estaba pasando. Ni porque el comportamiento tan hosco con el que era tratada de su parte. Pero se sintió enferma por su manera de tratarla.
-Discúlpame- pidió- pero voy a vomitar- se levanto y fue a toda velocidad al cuarto de baño.
No la siguió ni ella esperó que lo hiciera. Entonces pensó en Isabella, tendida en la cama de algún hospital, y a su familia sufriendo por ella, supo que su hermana estaría rodeada de protección. La imagen debería de haberla confortado, pero experimentó otra arcada.
¿Por qué? Porque ella misma se había excluido. Era la condenada enviada al exilio por su propia decisión. Y ahora tenia que vivir con las consecuencias.
-Isabella…- gimió su nombre entre sollozos.
Shaoran no se hallaba en el salón cuando al fin regresó. Lo encontró de pie en la cocina. Estaba echando agua hirviendo en una pequeña cafetera de cristal y acero, pero al oírla entrar, giró la cabeza. Durante un breve instante, lo vio tal como lo había visto tres años atrás.
Entonces la imagen se desvaneció y se vio sustituida por la de un hombre cansado, que vivía con el dolor encerrado en su interior.
Le ofreció una sonrisa breve antes de darle la espalda otra vez.
-Pensé que los dos necesitábamos esto -explicó, indicando el café ya preparado-. También te he preparado algo de comer.
Al ver las dos tostadas de pan sobre la barra de la cocina el estomago se le contrajo y nuevas ganas de vomitar le llegaron, no por la idea de ingerir algo. Si no porque resucitaba recuerdos de viejos tiempos.
Tiempos en los que un joven rico, sofisticado y consentido la había sorprendido por su independencia a los servicios domésticos. Desde joven tenia casas en muchos lugares de prestigio, aviones, helicópteros y un precioso yate que dejaba a cualquiera sin aliento. Dirigía una enorme empresa multinacional que empleaba a miles de personas por todo el mundo, pero no le gustaba que los criados interrumpieran su intimidad, solo aceptaba sus servicios como una necesidad en su ocupada vida mientras desempeñaran las tareas cuando el no estuviera presente.
Aun recordaba como ella y su hermana se había sorprendido cuando el padre de ambas les había dicho que Shaoran sabia cocinar y lavar. Y por experiencia propia, podía decir que era capaz de preparar en el mejor café que Sakura jamás había probado.
Seguramente Isabella tenía una feliz vida a su lado, su hermana solía disfrutar de los quehaceres de la casa. A pesar de los regaños que recibía de sus padres, a ella nunca le importaron y ayudaba en la casa a los criados. Pero conforme fue creciendo junto con su enfermedad, y su cansancio se hizo más frecuente dejo de involucrarse en las labores domésticas.
-Preferiría que nos marcháramos ya- pidió con serenidad.
-Por supuesto -confirmó él-. Pero todavía disponemos de una hora. Mi avión necesita repostar y llevar a cabo las revisiones habituales, y luego esperar permiso para despegar.
Sakura se encogió de hombros.
-Ven a comer- ordenó el.
-¿Cómo están mi familia?- pregunto mientras se sentaba en un de tos taburetes altos y tomaba una de las tostadas.
-Tu madre se la pasa todo el día junto a Isabella y el bebé. Touya ha estado turnándose con ella cuando puede- respondió.
-¿Y papá?
-Tratando de evadir la situación- dijo contando sus palabras, lo vio suspirar y continuo- le a caído mal ver a su hija de nuevo en el hospital. Se la pasa todo el día metido en la hacienda.
-Isabella había batido record al llevar casi tres años sin estar internada- explico Sakura- probablemente no esperaba verla de nuevo luchar por su vida.
-Ella es fuerte se recuperara- dijo bruscamente el.
Sakura se sobresalto ante su brusquedad, pero guardo silencio. Shaoran aprovechó ese momento para acercar el otro taburete y sentarse a su lado. De forma accidental, le rozó el muslo con la pierna cuando se inclinó para servirle café. A ella se le puso la mente en blanco y no fue capaz de describir la sensación ardiente que brotó en su estómago ni evitar las imágenes que brotaron en su mente imaginándose desnuda con el encima mientras se acariciaban y exploraban.
En un esfuerzo por fingir que no sucedía nada, alargó la mano para tomar una tostada y llevársela a la boca. Mordió pero no la saboreó, y supo que le costaría tragarse el bocado. Tenía la boca demasiado reseca y necesitaba beber café.
¡No! Lo que ella necesitaba era que que se apartara de ella para no tener que sentirlo de esa manera. ¡Necesitaba recordar el motivo por el que se encontraba allí! Se sintió avergonzada... podía olerlo, sentirlo, ¡incluso probarlo!
¿Qué le sucedía que era incapaz de mantener a raya esos pensamientos horrendos?
Sintió un nudo en la garganta cuando intentó tragar. Se despreció; y lo despreció a él por presentarse allí y hacerle eso... por mostrarle la mujer débil y superficial que tenía que ser por dejar que la afectara de esa manera en un momento en que...
-¿Leche? -preguntó él.
-No -logró responder a la pregunta... mientras su mente se abstraía de pensar en él de esa manera.
-Voy a preparar una maleta- mintió.
Se puso de pie con una brusquedad que sorprendió a Shaoran, y se marchó sin dedicarle ni una sola mirada.
º º º º º º
A solas en la cocina, Shaoran clavó la vista en la taza de café y pensó que Sakura estaba más hermosa que nunca. Pero se dijo que todo era mentira. Esos ojos esmeraldas, habían convertido mentir en un arte. Lo mismo sucedía con la boca sensual y apetecible y el modo en que levantaba la barbilla siempre que se permitía mirarlo.
Soltó la taza y se puso de pie con una explosión de furia y disgusto, mezclada con una sensación no deseada de pesar.
Suspiró y se plantó ante la ventana de la cocina. En el exterior aún caía la lluvia. La noche tormentosa prometía que el vuelo a España sería brusco.
Se preguntó por qué se había presentado allí.
Ojalá supiera qué era lo que lo había impulsado a hacerlo. ¿Realmente había creído que sería lo bastante hombre como para enterrar el pasado en ese momento de tragedia y encarar la situación con comprensión y compasión? ¿O lo había motivado algo más básico, como contemplar algo de remordimiento en la cara de Sakura?
Sabía que era un tonto por presentarse en persona. Debería haberse quedado en Granada, junto a su madre y su hermana y la familia de su esposa. Debería haberle dejado un mensaje en el buzón de voz…
Ha habido una complicación, tu hermana se está muriendo
-Diablos -maldijo.
Isabella... mueriendo.
El corazón comenzó a palpitarle como la lluvia en la ventana. Vio su propio y duro reflejo.
Le dio la espalda y la violencia en su interior creció como un globo enorme que hizo que deseara golpear algo... ¡cualquier cosa que contrarrestara su terrible dolor!
Se obligó a pensar en su hijo. Porque en él todavía había vida y, por ende, debería de haber esperanza. Sacó el móvil del bolsillo de la chaqueta y marcó un número. Descubrir que la tormenta hacía que no hubiera cobertura no lo ayudó a mejorar de humor. Guardó el aparato y regresó al salón para utilizar el teléfono fijo de Sakura, con la esperanza de no tener que quedarse atrapados allí hasta que acabara la tormenta. Cuanto antes se marcharan a Granada, antes podría alejarse de ella.
Lo sorprendió descubrir lo mucho que necesitaba hacer eso.
Mientras hablaba por teléfono, oyó a Sakura por el pasillo. Mantuvo la espalda hacia la puerta al tiempo que hablaba con su madre en español; percibió la quietud de ella en el umbral como una descarga eléctrica en la columna.
Al colgar, se volvió. Notó que había logrado darse una ducha rápida y cambiarse de ropa. La falda sexy había sido reemplazada por unos vaqueros viejos y un jersey que casi se fundía con su piel cremosa. Llevaba el pelo recogido. Pero lo que quitaba el peinado severo lo devolvía al resaltar la forma delicada del rostro pequeño y ovalado, los increíbles ojos verdes y la boca suave, que podrían parecer de una virgen de no ser en realidad armas de pecado.
º º º º º º
-¿Algún cambio?- pregunto ella.
-No ha habido cambios. Ninguno -respondió a la pregunta
Ningún cambio se repitió ella.
Sin saber si era algo bueno o malo. Eso indicaba que Isabella aún resistía, pero también afirmaba que seguía en peligro, lo cual no representaba ninguna tranquilidad. Quería saber más... necesitaba saber más, y hasta llegó a abrir la boca para exigir que él le contara todo. Pero cambió de parecer al aceptar que el conocimiento probablemente haría que volviera a derrumbarse, y necesitaba mantener la compostura si quería sobrevivir a las largas horas de viaje que la esperaban.
-Tengo que llamar por teléfono si tú ya has terminado -fue lo que dijo-. He de comunicarles a algunas personas que estaré ausente un tiempo.
El asintió y se apartó a un lado. Parecía proyectar una sombra pesada sobre su salón. Al alzar el auricular y sentir el calor que había dejado la mano de él, experimentó una extraña intimidad.
Le costó marcar el número de Eriol, quien antes de dejarla sola. Él junto a Tomoyo le había hecho prometer que les marcaría en cuanto ella abandonará el país. Esa había sido la condición para que la dejaran sola.
-Hola, Eriol, soy yo. Te llamaré apenas llegue. Yo también te quiero -murmuró.
Notó que Shaoran daba media vuelta y abandonaba la habitación.
Respiró hondo ante el torrente de simpatía y preocupación que en ese momento no quería recibir y se puso a explicarle lo sucedido.
Shaoran reapareció cuando realizaba la segunda llamada para confirmar que su vecina aún tenía la llave de su apartamento.
-Gracias, Tony, te debo una -murmuró agradecida-. ¿Si cenamos cuando vuelva? Desde luego. Será estupendo.
El tenso silencio regresó en cuanto colgó. Shaoran se ponía la gabardina y su perfil podría haber estado moldeado en hierro.
-¿Alguien más? -preguntó antes de dedicarle una sonrisa dura-. ¿Sólo a los dos hombres de tu vida? He de reconocer que eres consistente, Sakura.
Su reacción fue la de marcharse sin otorgarle la satisfacción de una respuesta. Los motivos que tuviera para estar amargado, imaginarios o no, eran libertad de Shaoran, pero el derecho de lanzarle ataques cuando otras cosas resultaban tan importantes hizo que sintiera un desprecio que la tomo por sorpresa.
No pensaba explicarle que Tony era una mujer y que Eriol era el hombre que le había salvado la vida cuando ella decidió abandonar España. Y dejarle parte de su vida a su hermana.
Y porque ¿no? También darle la felicidad a el. En vez de lanzarle comentarios venenosos, debería estar dándole las gracias.
Menudo arrogante. ¡Seguía siendo el mismo primate de siempre! Bueno solo que mas crecido.
Se hallaba ante la puerta de entrada cuando ella salió del dormitorio con un abrigo negro de lana y un gorro que le cubría las orejas.
-¿Es todo? -preguntó sin mirarla a los ojos.
En una mano sostenía una maleta y en la otra el maletín acolchado que contenía el ordenador portátil.
-Sí -respondió, colgándose el bolso en el hombro-. ¿Tienes coche o usamos el mío?
-He alquilado uno.
Dio la vuelta, abrió la puerta y salió al rellano, luego fue a llamar el ascensor mientras Sakura cerraba el apartamento. Bajaron como dos desconocidos y salieron a la lluvia. Por suerte, el coche se hallaba a unos metros. Utilizó un control a distancia para desbloquear el auto y le abrió la puerta de Sakura antes de ir al maletero, guardar sus cosas y finalmente ponerse al volante.
Cuando el coche arrancó, ella giró la cara hacia la ventanilla.
º º º º º º
Estaba enfadado consigo mismo por hacer ese comentario sobre su vida personal.
Lo había situado en la posición de parecer duro y desagradable, y podría haber dado la impresión de que le importaba, cuando no era así.
Podía tener a todos los Tony que le apeteciera esperando turno ante su cama.
Pero Eriol Hiraguizawa era un asunto un tanto diferente.
Shaoran había oído hablar sobre el amigo íntimo y socio de Sakura, porque Isabella jamás cesaba de hablar de lo bien que había funcionado la agencia de modelaje que habían montado y de los buenos amigos que eran.
Sabía que ambos se habían conocido en la universidad, ambos sobresaliendo en diseño por ordenador. Ya por entonces Shaoran había escuchado las palabras de orgullo de Isabella acerca de Sakura. Pero aun no se creía del todo que fueran solo amigos. Sobre todo siendo Sakura una mujer aun mas hermosa que cuando la vio hace años.
Tuvo que aferrar el volante con fuerza al pensar en su hermosura. Una belleza asombrosa y fascinante. Las pecas se habían desvanecido y el cuerpo se había llenado hasta cobrar una forma verdaderamente espectacular.
Recordó el primer y único beso que se dieron durante una fiesta. La primera vez que se besaron lo tomo por sorpresa cuando ella se lanzo sobre el. Pero una vez repuesto su intención había sido darle un saludo fraternal para poner fin a su arrebato.
No había tenido intención de responderle con un beso apasionado, sólo uno de esos intercambios ligeros que se compartían con alguien con quien se había pasado una velada agradable. Pero cuando Sakura se entrego con entusiasmo Lo había excitado como nadie lo había hecho nunca.
Al detener el coche ante un cruce, comprobó la calle en ambos sentidos y aprovechó la oportunidad para mirarla. Sintió que algo caliente salía disparado de su corazón a su entrepierna. Sólo ella tenía la capacidad de convertirlo en una masa de hormonas desbocadas sin siquiera intentarlo.
Diez años más joven, se había despertado una parte de su deseo con ese cabello asombroso, ese rostro deslumbrante, un cuerpo fantástico y unos deseos insaciables que lo hicieron temer que pudiera decidir buscar satisfacción en otra parte.
º º º º º º
Como me lance otra mirada de esas, me volveré y le daré una bofetada… o lo besare hasta quedarme sin aliento.
Decidió Sakura mientras observaba el perfil de Shaoran a través del reflejo de la ventanilla.
-No podremos despegar con este tiempo -soltó él.
Esperó que Dios la perdonara por haberse concentrado en Shaoran en vez de pensar en su hermana. Buscó en el bolso un pañuelo de papel.
-¿Te encuentras bien? -inquirió él.
-Perfectamente –repuso.
-Queda poco para el aeropuerto.
Con los dientes apretados, Shaoran siguió conduciendo, con los ojos clavados en la lluvia en su afán por llegar al aeropuerto y quebrar el contacto íntimo con esa mujer. Nunca se sintió tan aliviado como cuando vio las luces del aeropuerto privado donde los esperaba su avión. Necesitaba algo de espacio... aire para respirar que no estuviera ultrajando con la fragancia de esa mujer.
El aparcamiento estaba techado. Al bajar, le señaló a Sakura la terminal de salida, luego se marchó en la otra dirección para entregar las llaves del coche. Cuando regresó a buscarla, ella se había quitado el gorro y el abrigo y se hallaba ante el ventanal con la vista clavada en la lluvia que caía del cielo.
Con un metro setenta era alta para una mujer, pero junto a él, parecía pequeña, frágil, delicada. Decidió brindarle espacio suficiente. Se dirigió al bar y pidió una copa; permaneció allí contemplándola sin beber, ajeno al hecho de que Sakura había observado su reflejo en el cristal.
Ella se concentró en la lluvia que azotaba las luces del aeropuerto mientras el viento lo golpeaba todo. Rezó para que el tiempo mejorara y pudieran partir.
Isabella, su querida Isabella, y el bebé… el pequeño Hien. El hijo de su hermana con Shaoran
Quizá el destino decidió apiadarse de ellos, porque media hora más tarde Shaoran apareció junto a ella.
-Creen que la tormenta moderará un rato -informó-. Si podemos subir a bordo y prepararnos, quizá dispongamos de la oportunidad de salir de aquí.
Le sonó tan bien, que al instante fue a recoger sus cosas de la silla donde las había dejado. Se puso el abrigo y el gorro mientras Shaoran hacía lo mismo. Cinco minutos más tarde, caminaban lado a lado, pero distanciados en espíritu.
Mágicamente, a mitad de camino hacia el jet, la lluvia y el viento pararon de repente y, al alzar la vista, Sakura vio las estrellas a través de un hueco entre las nubes.
-Elige un asiento y abróchate el cinturón -instruyó él en cuanto entraron en el aparato-. Voy a hablar con el piloto.
Cuando desapareció más allá de la puerta que conducía a la cabina, apareció un ayudante de vuelo que se llevó sus cosas. En cuanto le sugirió el mejor asiento que podía ocupar del lujoso interior, se marchó.
Dos minutos después, el avión despegaba con rumbo hacia el agujero entre las nubes que conducía al cielo estrellado. Y una hora después, Shaoran aún no había vuelto. Al llegar a la conclusión de que se mantenía adrede apartado de ella, tal como había hecho en el aeropuerto, fue capaz de relajar la guardia, y casi en el acto sintió que los párpados se le cerraban.
Se dejó ir y soñó con la risa familiar de Isabella. Y en el sueño todos estaban bien.
º º º º º º
Shaoran la observó un rato, extrañamente afectado por lo en paz que parecía estar. Recordó que solía dormir de esa manera. Tan quieta a su lado, que en ocasiones había tenido que controlar el impulso de inclinarse para comprobar si aún respiraba. Una idea idiota, ya que la había tenido en brazos y sentido la calidez que emanaba de ella.
Deja de pensar en eso.
Se dijo al reclinar la cabeza sobre el respaldo y cerrar los ojos. Pero unas escenas desagradables lo obligaron a abrirlos otra vez.
Isabella... Isabella…
Se movió inquieto. Los hombres no lloraban. Él quería llorar. Quería que esposa estuviera bien, regresara para ver crecer con hijo de ambos y así juntos poder transmitirle una vez más lo mucho que significaba para ellos.
Las lágrimas comenzaron a quemarle como ácido. Se puso de pie y empezó a caminar por el avión. Ese había sido el peor día de su vida y todavía no había terminado. Sentía como si hubiera ido por el mundo transmitiendo malas noticias. Les había comunicado la noticia a los familiares de su esposa, a la madre de él y a su hermana Meiling. A pesar de la desaprobación de ellas, había volado a Sydney por Sakura.
Y en ese instante regresaba a casa otra vez con una pasajera, que evidentemente consideraba la evasión a través del sueño una opción mejor que permanecer despierta para hablar con él.
Aunque él tampoco quería hablar con Sakura.
Tampoco quería despertarla.
Con expresión lóbrega, regresó junto a ella. Aún no había movido ni una pestaña. Tenía el rostro relajado pero pálido, y respiraba de forma pausada, con los labios cerrados.
º º º º º º
Sakura despertó de su refugio de sueño y vio a Shaoran de pie ante ella. Se hallaba tan cerca, que podía sentir su aliento en la cara. Sus ojos se encontraron y, en los de él, vio ira, desprecio y consternación. Una vez más, experimentó el impacto pleno del dolor.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
-¡Oh Shaoran! –y por impulso, se lanzo hacia el a abrazarlo.
El la abrazo sorprendido al principio y después apretó más el cuerpo de ella a él. Hasta que pudo sentir sus senos apretarse contra su pecho.
Y la odio. La odio por despertar en él, deseo. Por hacerlo olvidar de Isabella y de su hijo.
La odio con la misma fuerza con la que la deseaba en ese momento.
Sakura levanto la cabeza y lo miro con rabia.
Ella también comenzaba a odiarlo.
Comenzaba a odiarlo, por tenerlo tan cerca cuando había miles de kilómetros invisibles que la distanciaban de el. Por querer besarlo tan solo una vez mas.
Por querer pensar que Isabella no existía; y así poder seducirlo hasta conseguir que él pudiera tomarla y hacerla suya.
-Te odio -sollozó ella y, con un impulso ciego, le lanzó un puño tembloroso
-¿Odio? -repitió y le capturó la mano antes de que pudiera golpearlo-. Desconoces el significado de la palabra -espetó con dureza-. Esto, preciosa, es odio...
Con un tirón, la alzó para pegarla contra él; acalló el grito de protesta con su boca y una embestida de la lengua. La besó con furia, con castigo, con dolor, pero fue el calor de su pasión lo que la impulsó a luchar para liberarse. Un brazo le ciñó la cintura y se encontró pegada a su cuerpo. Él le soltó el puño con el fin de poder reclamarle la nuca y mantener la presión del beso.
Saqueó su boca mientras emitía maldiciones roncas. La besó y la besó hasta que dejó de oponerse y comenzó a temblar. Sus labios se movieron en un festín sensual y hambriento... y entonces, de pronto, terminó tal como había empezado.
Shaoran la apartó con tal violencia, que ella aterrizó en el asiento. Mareada y desorientada. Lo observó dar media vuelta y marcharse. Al llegar al otro extremo, recogió lo que parecía una botella de whisky, se sirvió una copa y se la bebió de un trago.
Al contemplar sus hombros rígidos, quiso decir algo... soltar un torrente de insultos por atreverse a besarla para probar su comentario. Pero sentía los labios ardientes y temblaba tanto por dentro, que no creyó poder expresar ningún pensamiento coherente puso la cara entre las manos y rezó para que hubiera estado demasiado ocupado le había castigándola como para notar que le había devuelto el beso
El silencio que reinó después fue como una navaja que cortó cada segundo que les quedó de viaje. Hasta que aterrizaron bajo un claro cielo español.
º º º º º º
Shaoran había dejado el coche en el aparcamiento del aeropuerto. Sakura ocupó la plaza del acompañante y dejó que él guardara sus cosas. Fueron a Granada en completo silencio. Cuanto más se acercaban a la ciudad, más ansiosa se sentía. Al final, el coche aminoró y entró en un edificio antiguo que hacía las veces de un hospital muy exclusivo.
Cuando Shaoran detuvo el coche, la piel comenzó a hormiguearle. Respiró hondo, se soltó el cinturón de seguridad y bajó. Al dirigirse hacia la entrada del hospital, las piernas empezaron a temblarle. Él se situó a su lado, pero no hizo intento alguno de tocarla.
Se dijo que no quería que lo hiciera. Pero en cuanto entró en el vestíbulo silencioso del hospital, lo puso en duda. Shaoran le indicó el camino hacia los ascensores.
Una vez dentro, él le dijo:
-No te alarmes por el equipo médico que la rodea. En casos como éste, es normal supervisar todo lo que...
Las puertas se abrieron a un recibidor similar al vestíbulo de abajo, y el valor de Sakura se fue a pique, paralizándola.
Cerró los ojos e intentó tragar saliva; respiró de manera entrecortada, dominada por una sensación de pavor. Shaoran clavó la vista en ella. Tenía el rostro pálido y los labios entreabiertos. Parecía luchar por controlar el impulso de sujetarla.
-Estoy bien -susurró ella-. Dame un segundo para...
-Tómate tu tiempo -cortó con tono hosco-. No hay prisa.
¿No?
Se dijo ella para sus adentros. ¡Quizá ya hubiera llegado demasiado tarde!
Demasiado tarde... gimió en agonía. Demasiado tarde se refería a los años que había evitado acercarse a España, al modo en que había aislado a Isabella y a su familia de su vida durante meses... años.
Se obligó a moverse. La primera persona a la que vio fue a su madre Nadeshiko. Estaba agotada. El rostro hermosamente definido se veía consumido por la ansiedad y el dolor.
Las lágrimas volvieron a asomarse a sus ojos y la voz le tembló cuando tuvo que dirigirse a su madre.
-Madre- llamó- Siento mucho lo que esta pasando con Isy -murmuró cuando la mirada sorprendida de la mujer la miro.
Vacilo al tiempo que alargaba los brazos para atraer a su pobre mujer a su abrazo. No por miedo a su rechazo, pero no sabia como reaccionario después de tanto años en que se privo de ella.
Tardo unos segundos en darse cuanta que el abrazo era bien recibido. Su madre se dejo caer en ella, y Sakura se sintió complacida en que la considerara su sostén en esos momentos. No vio a nadie y más y se obligo a separarse de ella al pensar en Isabella.
-No me voy a ir- le susurro, cuando su madre se aferro a ella.
La mujer cedió y la miro con un brillo de alegría en los ojos.
-Me alegra verte hija- dijo acariciando su mejilla- tu padre y tu hermano no creerán que estas aquí.
-Lo tendrán que creer en cuanto me vean. No pienso irme- afirmó.
Entonces Shaoran se situó detrás de ella, apoyando las manos en sus hombros en lo que Sakura sólo fue capaz de describir como una especie de declaración. No dijo una sola palabra, pero todos los ojos se alzaron hacia la cara de él, y luego se apartaron incómodos.
-A tu izquierda -instruyó en voz baja.
-Iré avisar al doctor de tu llegada- dijo Nadeshiko con emoción en su voz.
Permaneció callada y con la boca reseca, se obligó a caminar otra vez. La mano de Shaoran no la abandonó al entrar en un pasillo que dejó a toda su familia atrás, algo que agradeció, porque no quería ningún testigo cuando se enfrentara a lo que se avecinaba.
Y llegó con rapidez... con demasiada rapidez. Shaoran se detuvo ante la primera puerta que apareció y ella lo imitó, viendo cómo la empujaba y la instaba con delicadeza a avanzar.
Sentía el cuerpo pesado y una sensación de temor le dificultó el movimiento de las extremidades al entrar en una habitación bien iluminada, de paredes blancas, con una enfermera de pie junto a la cama.
Y acostada en ella vio a la mujer de cara pálida.
Notas de Autora:
¡¡Hola a todos!!
Aquí estoy de nuevo, con una nueva actualización de esta maravillosa historia.
Espero sinceramente les guste este nuevo capitulo. Lo eh escrito con mucho esfuerzo y cariño para todos ustedes.
Es el segundo capitulo de la historia, así que les ruego que sean un poquito condescendientes, poco a poco le iré dando color y forma. Piedad y paciencia. Y prometo que pronto veremos más escenas SxS. Y el papel que jugara cada uno de los personajes.
Muchas gracias a: Johanna-Ikary, Piwy, MIICAA, Esmeraldy, Confudes Agony, gabby.foxx, juchiz, Angel Zafiro, HaRuNo-SaMy, Khorih, Kantia, danny1989 y Ninor-san. Por su apoyo en el primer capitulo. Sin duda este capitulo va dedicado a todas ustedes.
No olviden dejar sus reviews.
Nos vemos es próximo capitulo.
Besos
Celebriant O. D.
"Todas las penas se pueden tolerar si las cuentas en un relato"
