Capítulo 1:
Acuéstate conmigo.
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¿Qué otra cosa más podía explicar el comportamiento de mi cuerpo? No me gustan las mujeres, es claro; a mis 23 años no me llaman la atención, aunque tengan lindas curvas y rostros perfectos, me dan la impresión de que no son para mí. Además, no puedo estar enamorado porque no tengo sentimientos buenos. Las últimas manifestaciones corporales que he tenido han puesto en claro que las mujeres, en especial Sakura, me provocan cosas muy extrañas.
—¿Nada que decir? —le pregunté.
Ella estaba en trance. ¿Qué se supone que debía decir? "Oh si Sasuke, perfecto, ya sabía que eras gay desde hace dos años, por eso me olvidé de ti y me enamore de Naruto. Pero no te preocupes, guardaré tu secreto, aunque creo que toda la aldea lo sabe de sobra; y es que, muchacho, teniendo a tantas mujeres a tu alrededor nunca aceptaste siquiera a una. He estado esperando este momento durante toda mi vida. ¡Felicidades!"
—¿Te gusta Naruto? —frunció el ceño— No se te ocurra acercártele con intenciones sucias. Él es de Hinata.
Vaya que es tonta. Enamorada de ese perdedor y defendiendo el compromiso que tiene con otra. Sakura Haruno está verdaderamente loca. Talvez por eso ama a Naruto, porque, aunque ella lo niegue, ambos son tal para cual.
—No me gusta —arrugué la frente. ¿Cómo podía pensar que yo sentía algo por ese imbécil?
—¿Te quedarás en mi casa?
Ahí estaba de nuevo la sensación en la boca del estómago. No podía estar ahí por mucho tiempo, por mi propio bienestar y por la dichosa misión larga que haré. Tsunade dijo que me mandaría a la aldea de la arena. Bien, estaré lejos de aquí.
—Si tú quieres —rodé los ojos. Ella me doblegaba el orgullo.
—Acuéstate conmigo —suplicó.
¿Ella dijo eso? ¿Quiere que tengamos sexo? ¡Por Dios, acabo de confesarle que soy homosexual y en lo único que piensa es en saciar sus placeres! Menuda pervertida tengo de compañera. Talvez podríamos experimentar algunas posiciones que maneja el libro de Kamasutra del falso de Sai, sería divertido.
¿Por qué demonios estoy pensando estas cosas?
Me sonrojé imperceptiblemente cuando vi que palmeaba con su mano el lado derecho de su cama, que, obviamente, estaba vacío. Ella no quería tener relaciones sexuales conmigo, lo único que deseaba era que yo me acostara a su lado y que así pudiéramos platicar más cómodamente. Estúpidos pensamientos obscenos.
—Tengo que irme.
—¿Tienes una misión? —me cuestionó mientras se sentaba en la cabecera de su cama.
—Así es —le dije.
—¿Cuánto tiempo estarás ausente?
—Dos semanas —abrió sus ojos.
—¡La boda de Naruto es en un mes Sasuke! —gritó. Todavía no puedo creer que se preocupe por su infelicidad.
—Hn.
—Recuerda que eres el padrino y debes de apoyar a la causa —me observó fijamente. Sentí un calor en mis mejillas, me di la vuelta y me dispuse a salir de esa casa.
—¡Adiós, sangrón!
Sonreí. Esa chica, aunque me hiciera sentir cosas absurdas y aunque me diera asco, era mi favorita. Claro que ella nunca sabría eso, sería como verla sonreír a cada momento en el que yo esté presente o como recibir cumplidos por su parte, no es buena idea, considerando las estúpidas náuseas que eso conllevaría. Pero, pensándolo bien, sería placentero. Una sonrisa de Sakura por cada cosa bien hecha.
¡Sasuke Uchiha, deja de pensar cosas irrelevantes!
Soy gay. Eso es relevante. Parece que caminé muy rápido. Ya estoy en el objetivo: la aldea de la arena. Tengo que ayudar a Gaara a encontrar a los espías que han estado filtrando información de los movimientos monetarios de la villa. Cosa fácil.
—Naruto se casa en un mes —expresé.
—¿Con Sakura? —cuestionó el Kazekage.
—No —lo miré fijamente—, con Hinata Hyuuga.
—Que sorpresa, siempre pensé que él estaba enamorado de Sakura.
—Ya no —puntualicé.
De verdad que hablar de ese tema me parecía repugnante, aburrido. Fue bastante sencillo encontrar al chico que estaba filtrando archivos a enemigos de la arena. Me tomó una semana asegurarme de que el pobre infeliz en realidad estaba actuando bajo amenaza. Debía encontrar a su jefe a como diera lugar. No podía regresar en estos momentos.
Tardé otros siete días encontrar a la mente maestra: un don nadie, experto en la estafa. Acabé con él en menos de diez minutos. Fue muy reconfortante saber que hay personas lo suficientemente inferiores a mí. Pobres ilusos los que creen que pueden superarme. Pero todavía no puedo volver. No quiero volver.
Me quedé otra semana vagando en la aldea, descansando de las migrañas que, estando en Konoha, son recurrentes. Aquí nada me duele, nadie me molesta, no hay rubios gritones, sonrientes falsos o pelirrosas escandalosas. Todo aquí es perfecto. Debería considerar vivir en este lugar.
Y hablando de pelirrosas, debo regresar a mi aldea porque, si no lo hago hoy mismo, Sakura me matará por demorarme tres semanas. Estoy seguro que en cuanto me vea gritará todas las maldiciones posibles en cinco diferentes lenguajes. Las chicas son siempre exageradas, talvez por eso no me agradan.
¡Por mi sharingan!
Hasta ahora no había considerado un punto clave en todo esto: al nombrarme gay, estoy aceptando que me gustan los varones. Si, si. Pero al proclamarme homosexual estoy cortando las posibilidades de restaurar mi clan. Y hacerlo incluye tener sexo con una hembra. Una hembra que, por lo menos, me caiga bien.
¿Qué voy a hacer?
—¡Sasuke Uchiha, pedazo de animal sin huevos! —en medio de mi ensimismamiento alcancé a oír los gritos de una chica. Una que conozco muy bien y que me estaba esperando en la entrada de la aldea.
—Hn —bufé.
—¡No me vengas con tus inútiles monosílabos de mierda! —vociferó— ¡Te dije que volvieras en dos semanas, pendejo!
—No exageres.
—¿Qué no exagere?—preguntó, enseñándome sus puños— No lo haré cuando te rompa la boca y tenga que llevar tu cuerpo desmembrado arrastrando a la boda de Naruto.
—Necesito que me ayudes.
—¿Te demoras tres malditas semanas y lo único que pides es ayuda? —cuestionó indignada— ¡Jódete!
—Ayúdame a encontrar a la perfecta futura madre de mis hijos.
Me miró desafiante.
—Espero que me pagues bien, Uchiha. Será la última vez que te ayude —suspiró—. ¿Cómo la quieres?
—Cómo tú —confesé. No sé por qué esas palabras salieron de mi boca.
—Muy gracioso Uchiha —comenzó a reír a carcajadas—. Vete a descansar, mañana iremos a comprarte lo necesario para que estés presentable en la boda del futuro Hokage.
—Hn.
Si, todo era una broma. Me sentí sumamente aliviado cuando me mandó a mi casa.
—A las ocho de la mañana, princesa —dijo seductoramente mientras me guiñaba el ojo derecho.
Eso fue bastante raro. Al ver que se alejaba de mí sentí un vacío en el pecho. Y, al analizarla de pies a cabeza, reparé en su diminuta cintura; en todos los años que tenía conociéndola, nunca la había visto tan exquisita. Mi sharingan estaba activado, mi respiración era agitada.
Al ser gay, estoy seguro que todo lo que sentía era envidia.
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¡Qué alguien le diga a este pedazo de idiota que no es gay! Sólo esta enamorado, ¿cierto? Sé que me ausenté demasiado, pero creanme, no lo hago con intención; a veces la inspiración no llega y se te borran las ideas, es horrible. Espero que les guste este capítulo. Aquí podemos ver que a Sasuke no le agradan para nada las chicas que no se llamen Sakura. Y he decidido que la historia tendrá sólo cinco capítulos, ya que no me gusta hacer de mis fics algo aburrido y tedioso. Nos leemos más pronto de lo que creen.
risita=*
