Los personajes de Ranma ½ pertenecen a la mangaka Rumiko Takahashi y solo escribo para los fans por diversión que aman esta genial serie de Anime y manga sin obtener algún ingreso económico.
1.
Años atrás.
Era un día normal e Izanami se levantaba de su cama con mucha flojera. Eran las seis de la mañana y detestaba levantarse a esa hora, pero no le quedaba de otra. Casi se caía en el camino porque no tenía la suficiente fuerza o más bien, no quería caminar. Apenas llegó al baño, pero al salir se cayó y se quedó dormida en el piso.
Sin embargo, escuchó una voz que no conocía.
Izanami abrió los ojos y se levantó teniendo una mirada que no se podía describir, pero tenía un dolor en el pecho.
—Tengo que ir—dijo poniendo su mano en su pecho.
Una hora después, Akane se levantaba y salió de su habitación con un bostezo. Caminaba con lentitud y cuando iba a bajar. Escuchó la voz de Shun diciéndole que fuera a despertar a Izanami. Ella gruñó porque no le gustaba, aunque tampoco le gustaba hacerlo con Ranma. Se regresó y tocó la puerta.
—Izanami—llamaba Akane tocando por quinta vez—. Voy a entrar y no entiendo por qué tengo que tocarte—dijo entrando y despertó lo suficiente al darse cuenta de que Izanami no estaba en su cama.
Fue a su baño y tampoco estaba lo cual le extraño. No sabía por qué fue a su armario y vio ropa desparramada lo cual significaba algo.
—Al fin dios me escuchó y desapareció—comenzó a sonreír y lloraba de felicidad.
Akane regresó a su habitación y se alisto y brincaba de felicidad como nunca. Bajó y Shun estaba sentado en la mesa y esa sonrisa que tenía Akane no era normal.
—¿Sucede algo?
—Nada—respondió sentándose y sin borrar su sonrisa.
—¿Dónde está Izanami?
Akane dejó de sonreír y pestañó varias veces.
—Se fue temprano—le mintió regresando su sonrisa.
Shun seguía pensando en el extraño comportamiento de Akane.
—Que bueno que Izanami se está haciendo responsable—contestó Shun sonriéndole.
Akane regresó a la habitación de Izanami y solo lo hizo para recoger la ropa que había tirado Izanami y no pudieran sospechar de su desaparición. Sabían que se darían cuenta tarde o temprano, pero un poco de tranquilidad no estaría mal. Al estar haciéndolo, encontró una caja de madera que parecía como si fuera uno para zapatos y estaba abierta y por curiosidad la tomó para ver lo que tenía.
Miró fotos de ella cuando era niña y sintió un nudo en la garganta porque desde pequeña se parecía a Ranma. Pero no le quiso tomar importancia y siguió viendo. Había cosas que era basura como cosas pequeñas que quedaron de algunos juguetes que debió haber tenido de niña. También había un pedazo de papel que, por las rayas en un fondo azul claro, dedujo que se trataba de un pedazo de un mapa. Encontró un plumón rojo que estaba abierto, pero se dio cuenta de que estaba fresco, lo que quería decir que Izanami lo había abierto hoy. Vio un pedazo de papel blanco que no estaba maltratado. Parecía como si Izanami hubiera escrito algo y lo encerró en un círculo con el plumón y lo arranco dejando un pedazo donde quedo esa parte del circulo con la palabra "Zona Sur, Aoki".
Esto era muy sospechoso, pero algo decía que Izanami se fue por una razón y la única manera de descubrir eso, es buscarla. Pero era algo que no haría. Incluso sonrió pensando en eso. Solo que algo que siempre le llamó la atención de Izanami era que siempre hacia cosas que cuando eran serias, era peligroso, pero interesante.
Shun suspiró y les dio un folder a Emi y Maru y ellos no dejaban de ver la carpeta y pensaban que era ridículo, pero no les quedaba de otra. Estaban en la oficina de Shun y se sentó en su silla y esperaba que ellos vieran el contrato.
—A pesar de ser niños, pasaron el examen de confianza y ese es el contrato para entrar—empezó a explicar mientras ellos lo leían—. Incluye, además, la cláusula para que guarden silencio, porque la bruja malvada dijo que también se encargarían de esconder el secreto de la existencia de ya saben que.
—No sé por qué usted piensa que por solo ser "niños" —habló Emi haciendo comillas con sus dedos—, no podemos guardar el secreto de su vida—hizo una mueca—. En primera, Izanami es una niña también y está en este juego. En segunda, tenemos la misma edad de mi ti... es decir, de Akane—sonrió victoriosa—. Por el momento, prestaremos atención a lo que dice este contrato, vigilaremos cada palabra que este escrito por lo que hoy no te...
—Aquí esta—Maru le dio el folder a Shun.
—¡¿Lo firmaste sin leerlo?! —exclamó Emi.
—¿En serio es necesario leerlo? —le preguntó.
Emi pensó y era cierto. Abrió el folder y firmó las hojas. Se lo dio a su padre y él los recibió.
—Que buenos niños son—le sonrió Shun.
Los chicos hicieron una sonrisa forzada.
Los chicos salieron y al darle la espalda la puerta, Emi vio a Maru.
—¿En serio es necesario leerlo? —Emi repitió las palabras de Maru como burla.
—Como si no confiaras en él, es tu padre—le susurró eso último.
—Pero allá no estábamos en los decadentes, por lo que no sabemos que reglas hay.
—Hubiera leído el contrato si lo hubiera escrito mi tía.
—Eso es cierto—concordó Emi.
Justo recordándola, vieron pasar a Akane por el pasillo y por su rostro parecía inquieta. Después salió y buscó algo en su escritorio y se regresó. Volvió y ahora se veía desesperada. Entró nuevamente y fue cuando ellos decidieron seguirla. Vieron que entró al baño y Emi entró dejando a Maru afuera.
Emi cerró la puerta y la buscó por los gabinetes, hasta ver sus pies.
—¿Se encuentra bien compañera? —preguntó Emi.
Akane se asustó que casi se cae. Lo bueno es que estaba cerrado el inodoro porque hubiera sido vergonzoso. La chica abrió la puerta y Emi se asustó por la mirada que le mostraba.
—No me molestes—le pidió Akane.
—Es que... estábamos preocupados porque la veíamos un poco alterada—explicó Emi.
—Yo no estaba preocupado por ella—dijo Maru afuera del baño.
Emi hizo una mueca.
—Bueno, yo estaba preocupada, ¿Podemos ayudarte en algo? —preguntó Emi.
—Yo no quiero ayudarla—dijo el chico nuevamente.
—¡Bueno yo! —gritó viendo la puerta—. ¿Puedo ayudarte en algo?
—En nada—le respondió Akane—. Esta vez lo quiero hacer sola y saber por mi cuenta donde esta Izanami.
—¿La podemos ayudar en algo? —preguntó Maru abriendo la puerta.
—¡¿Ahora si la quieres ayudar?! —exclamó Emi.
—En nada, ya se los dije—contestó—. Izanami y yo jugamos así—aclaró—. Solo que esta vez lo quiso hacer ella y no se robó el decadente, a diferencia mía que si lo hago.
Hubo silencio y fue cuando se dieron cuenta de algo. Afortunadamente, la generala no estaba y entraron al túnel y al llegar donde se encontraba, no estaba el objeto. Akane salió al igual que los chicos.
—Maldita Izanami... ahora está jugando sucio—dijo Akane—. Me ayudaran quieran o no quieran a encontrar a Izanami y ni una sola palabra a Shun y Usui.
El hecho de que ayudarían a su tía joven hacía que se preocuparan un poco porque sabían que era capaz de todo.
—Pero necesitaremos una pista—dijo Emi.
Akane sacó el papel cortado y se los mostró.
—Lo encontré entre las cosas de Izanami junto al plumón que estaba abierto y servible por lo que sé que es reciente.
—"Zona Sur, Aoki" —leyó Emi—. Veo que la palabra "Aoki" no está completa, por lo que la parte sur de aquí es... —Emi tembló y atragantó—, Aokigahara.
—El lugar favorito de las personas deprimidas que quieren acabar con su vida—comentó Akane con normalidad—. Eso quiere decir que Izanami está deprimida y quiere acabar con su vida—sonrió.
Los chicos se quedaron en silencio sin dejar de observarla.
—Vamos—ordenó Akane y los chicos la siguieron.
Los tres chicos entraron al bosque de Aokigahara, y Emi estaba tensa porque veía los anuncios de motivación para que la gente deprimida se fuera y buscaran ayuda. Este lugar era muy conocido por encontrar personas muertas y la mayoría era jóvenes que vinieron a suicidarse. Cada cierto tiempo venía gente para encontrar gente desaparecida y no había ni una sola vez que no encontraran cuerpos de personas. En sí, el bosque no era feo, pero era inquietante.
—¿Izanami suele deprimirse? —preguntó Emi.
—No—respondió Akane—. O bueno, a lo que yo sé, pero dudo que sea de esas chicas que son cobardes y quieran acabar con su vida. Yo pude hacerlo, pero... nunca lo logré o me dio miedo hacerlo.
Emi y Maru se vieron.
—Es que... yo... fui una cobarde en no regresar a casa.
—Algún día lo hará—dijo Emi.
Maru le dio un codazo.
—Solo lo haré cuando Ranma se vaya, porque sé que llegará un momento en el que se tendrá que ir. Así poder regresar, pero no dejare el grupo... claro no es que me haya encariñado con ellos—dijo eso ultimo con indiferencia.
Los chicos sonrieron porque era obvio que se había encariñado. Si no fuera por Emi, harían lo posible por hacer que se fuera y no soportar sus exigencias en la escuela.
Emi gritó y abrazó a Akane y esta la empujó.
—No me toques—dijo Akane.
Emi señaló un punto y vieron el cuerpo de un joven que por su uniforme no debía pasar los dieciocho años.
—Solo es un muerto—dijo Akane.
—¡¿Y lo dice así nada más?! —exclamó Emi ahora abrazando a Maru.
—Pues acostúmbrate, porque eso lo veras todos los días—dijo Akane y siguió su camino.
Akane miró la tierra y vio un pedazo de papel. Lo recogió y se sorprendió porque era el faltante.
—Miren.
Los chicos se acercaron.
—Es una dirección, debe de estar más a fondo del bosque... así que ni modo, seguirás viendo muertos—le sonrió Akane a Emi.
Emi nuevamente abrazó a Maru, pero esta vez comenzando a llorar.
Siguieron caminando y Akane piso algo y lo levantó. Emi volvió a gritar porque era un pedazo de mano. Sin embargo, había sido recién cortada porque la sangre era fresca. Estaba con plumón negro una flecha que seguía el camino al que iban. Volvió a caminar y encontró otra mano y nuevamente Emi gritó. Siguió unos metros más y era otra mano. Así fue consecutivamente.
—No entiendo. Al principio Izanami me daba a entender de que no quería que la buscáramos, pero yo no soy tonta, ella dejo el camino de manos para nosotros, pero... ¡¿Por qué manos?! —explotó Akane teniendo en la mano la carne cortada. Es más, ¡¿Desde cuándo corta manos?!
—A mí no me sorprendería—pensó Maru.
—Si seguimos este camino podremos encontrar a Izanami—señaló Akane—. Si vemos que está bien, nos largamos porque por mí que se quede aquí.
—Pero, aun así, nos da a entender que si está preocupada por ella—dijo Emi con burla.
—Claro que no—contestó Akane con arrogancia.
Akane lanzó la mano para que llegara en manos de Emi y esta gritó y lo lanzó por ahí.
—Lo que no entiendo es por qué se fue Izanami y quisieran que la encontraran—se cuestionaba Akane—. No es la primera vez que jugamos así, pero siento que hay algo más y posiblemente no sea un juego.
—Es como una telenovela—dijo Emi.
—¿Una telenovela? —preguntó Akane porque no entendió a lo que se refiere.
—Si. Que la hayan raptado y sin que él se diera cuenta, Izanami dejara pistas para que la encontraran, pero durante el tiempo en el que estuvo cautiva se enamore de su raptor y termine en una hermosa boda—contestó Emi con una sonrisa soñadora.
Maru se inquietó por eso, aunque jamás le tomaba en cuenta lo que Emi decía.
—Dudo que Izanami se deje secuestrar—respondió Akane—. Es más, no puedo ver a Izanami enamorada de un hombre.
—¿Eso quiere decir que ella va para...?
—No—Akane se detuvo y se dio la vuelta para verla—. Me refiero a que Izanami no piensa en eso ni con hombres ni mujeres... Aunque...
Maru ya se había tranquilizado con eso, pero el "aunque" no le gustaba.
—Una vez encontré algo entre mis cosas y recordé que debía dárselo, a lo que voy es que fui a ese lugar, Ranma me siguió porque pensaba que me había ido y me vio con un amigo que conocí de niña y él se puso celoso porque creía que estaba enamorada de él... ¿Creen que Izanami hizo lo mismo? Porque esto comenzó en su armario y en esa caja.
—¿Qué este buscando a ese chico para entregarle lo que le dio de niña? —preguntaba Emi.
Las chicas terminaban el posible rompecabezas.
—Pero Izanami no tiene un Ranma que la cele, así que... puede ser.
—Hay que seguir con el camino, ¿no? —habló Maru antes de que comiencen a llenarle cosas en la cabeza y su imaginación le haga una mal jugada.
—¿Entonces, el decadente donde entra? —se preguntaba Emi.
Los tres se dieron cuenta de que objeto entregaría. Decidieron seguir con el camino, pero esta vez con más velocidad porque no podían permitir que Izanami lo entregara.
En otro lugar del bosque, se hacía un recorrido para turista que querían conocer la historia del bosque que es considerado el bosque del suicidio. Llegaron a un lugar en donde en cada árbol estaba escrito unas palabras para las personas que quieren venir a ese lugar para acabar con su vida, lo piensen mejor y decidan pedir ayudar para acabar con su depresión.
—¿Es cierto que hay personas muertas más adelante? —preguntó un turista al guía que era una mujer joven.
—Así es—contestó el guía—. Cada año se hace una búsqueda de personas desaparecidas y tal vez se podría hallar en este lugar sin vida—le sonrió.
Todos se quedaron pensando, ¿Qué clase de persona sonríe en una situación así?
—¿Es cierto que hay un estanque que puede curar cualquier enfermedad y maldición? —levantó la mano una chica pelirroja.
—Hasta ahora es un rumor porque nadie puede entrar a lo más profundo de bosque—respondió la guía—. Ninguno de nosotros ha podido hacerlo.
Ranma pensó que para ella no hay imposibles y que lograría llegar a ese lugar.
Había pasado tres horas y Akane estaba harta de recoger manos con flechas. Las lanzaba y siempre llegaba a Emi y ella estaba aterrada cada vez que las tocaba y las lanzaba rápidamente por ahí.
—Esa maldita Izanami—gruñó Akane apretando sus dientes—. Yo voy al punto. Nunca le hago dar vueltas al asunto y ella quiere jugar conmigo y hacerme enojar. Pero cuando la vea la voy a descuartizar y ahora si la matare.
Emi atragantó.
—Y yo que creí que los años la endurecería, pero parece que ya era de ella—comentó Emi en voz baja.
—Lo bueno es que ya estamos acostumbrados—dijo Maru.
Acabaron el camino de las manos. Akane recogió una bufanda azul que reconocía muy bien.
—Esta bufanda es de Izanami—dijo Akane.
—Como pudo dejar su bufanda si hace frío—dijo Emi—. Incluso estamos bien abrigados. Pero más allá de las montañas, hay un lugar en donde el clima es muy calido—recordó Emi.
—¿Por qué? —preguntó Akane.
—Hay rumores de que existe un lago que puede curar cualquier enfermedad y maldición—contestó Emi.
—¿Para que quiere Izanami ese lago? Enfermedad no tiene, mucho menos maldición—dijo Akane—. Mientras cierta persona no se entere de esto todo estará bien—sonrió con confianza.
Sin embargo, se quedó como piedra al ver a cierta chica con una gran mochila.
Emi y Maru vieron donde dirigía su mirada.
—Ahí está Izanami—sonrió Emi—. ¿Pero por qué tiene el cabello rojo?
Fue cuando Maru y Emi se dieron cuenta y se miraron.
—¿Sera posible que esa chica sea...? —se dirigió a Maru y lo preguntó con una voz baja, pero grave— Ella es Nanami.
—No seas tonta, es Ranma Saotome—aclaró Maru.
—Ohh—solo dijo eso Emi—. Hay que sacarla de aquí.
La encaminaron por el lado contrario antes de que él la viera. Se le cayó a Akane la bufanda de Izanami y Emi la recogió para dárselo a Maru y al recibirlo sonrió y lo guardó. Al final tuvo que levantar a Akane para irse lejos de Ranma.
Ranma suspiró del cansancio y se sentó recargándose en un árbol. Nuevamente estaba solo, aunque la soledad era algo que siempre lo acompañaba. Había pasado un año desde que Akane desapareció y eso no lo había superado. La inquietud de saber dónde estaba y el porqué se fue. Sentía que había sido su culpa, pero intentaba pensar que había hecho... ¿y si no hizo nada? ¿Ella se habrá ido por su cuenta? Incluso tiene el temor de que alguien se la llevó y sobre todo que esté muerta y esa ultima la quería quitar de su cabeza porque no era así. Sabía que no era así, ¿Qué hará ahora?
Cuando supo de ese supuesto lago, no lo pensó y vino a averiguar. Tal vez era verdadero y así podía acabar con su maldición. Pensar en que Akane regresara y viera que ya no se convierte en mujer, se podía imaginar la felicidad que sentiría porque ya era un hombre completo para ella. Pero viendo la realidad, si Akane pensara que era "el hombre" perfecto para ella, no lo hubiera dejado.
Se sintió extraño en ese momento, incluso comenzó a nublarse. Las nubes eran grises haciendo que se oscureciera. No estaba lloviendo, aun no porque había relámpagos por lo que era obvio que llovería en cualquier momento.
Escuchó un llanto, sentía una tristeza en ese sonido. Vio a una chica que tenía el cabello corto lacio color negro, con flequillo en donde sus ojos escondían. Se mordía los labios y tenía un quimono blanco. Empezó a darse cuenta de que ya no estaba en el bosque y era de noche. Podía ver un lugar de descanso con aguas termales y estaba seguro de que estaba en el jardín por las luces que iluminaban. Se dio cuenta que la chica estaba mojada, la ropa le pegaba a su piel, pero no le estaba dando importancia a eso porque no dejaba de sentir esa inquietud.
Cada vez que se acercaba a ella sentía dolor en su corazón, pero ¿por qué? La chica se detuvo al estar enfrente de Ranma. El chico seguía sin ver sus ojos, pero le llamó la atención algo que estaba en su rostro.
Comenzó a acercar su mano para llegar a tocar esa cicatriz que marcaba el rostro de la chica que lloraba.
2.
La chica detuvo la mano de Ranma.
—Te he dicho que no me gusta que toques mi cicatriz—le dijo.
Ranma bajó la mano y no dejaba de verla, pero quería ver sus ojos. Había algo familiar.
—Sé que me trajiste aquí para que me distrajera, pero... en este lugar lloró aún más—comenzó a llorar—. Nunca voy a olvidar lo que hice porque yo si lo odiaba, pero no quería matarlo y ahora ella me odia.
Ranma no entendía lo que decía, pero quería seguir escuchándola.
—Por eso no quiero regresar—siguió—. La vergüenza y los señalamientos de las personas a las que más amo y que estuvieron conmigo durante el mayor tiempo de mi vida es algo que no quiero sufrir. Prefiero estar sola, llorar sola, sufrir sola y que ellos hagan su vida sin mí y me olviden.
—Pero tú no debes de sufrir—habló Ranma con calma—. Todos cometemos errores. Puedo entender tu soledad. Tengo personas que me quieren, pero sigo solo y preguntándome que es lo que puedo hacer para encontrar la felicidad.
—¿Qué es la felicidad? —le preguntó—. Yo creía ser feliz. Creía ser la mejor cuando no era así para los demás. Solo era una carga y más para mi supuesta madre. Siempre decía que era una molestia y mi papá... y tú...
—¿Yo? —preguntó Ranma confundido.
—¿No quieres una hija así? No merezco ser tu hija. Una hija que odia y es capaz de matar por obtener lo que quiere y que no se lo quiten.
—No—Ranma puso su mano en la otra mejilla de la chica—. No importa que así sea mi hija, yo la voy a querer porque es algo mío.
—Y si... ¿Vuelvo a morir?
Ranma abrió los ojos al sentir que se ahogaba. Estaba nuevamente en el bosque. Por un momento sintió que era una situación real, que no era un sueño lo que vio. Él se puso de pie al sentir una presencia atrás de él y al voltear no había nadie. Sentía que se estaba volviendo loco y tal vez era un espíritu. Había muerto mucha gente en ese lugar por lo que no le debería de sorprender. Siguió su camino.
Una persona en silla de ruedas estaba atrás de un árbol y vio como desaparecía en el camino Ranma.
—Solo es una imagen fugaz de lo que pasara en un futuro—dijo—. Esa imagen no se la puedo mostrar a ella... lacus—sacó una pequeña esfera de color azul.
Esa persona desapareció.
Más adelante, Ranma se sentía perdido porque había muchos árboles y no se podía ver un camino que le pudiera ayudar a encontrar ese lago. Piso algo y gritó porque era una mano. Lo bueno que era una chica porque se hubiera visto muy mal a pesar de estar convertido en chica.
—Debes de pensar positivamente y pronto dejaras este cuerpo de mujer—se dijo
Se tropezó con algo y cayó enfrente de una cabeza humana y se levantó con un grito que fue escuchado por Akane y los chicos.
Se detuvieron un momento y Akane comenzó a reírse.
—Después de todo vamos por un buen camino—sonrió Akane.
A quince metros de ellos apareció Ranma completamente en pánico por lo visto anteriormente.
Akane dejo de sonreír porque estaba lo más cerca posible de su "prometido" en estos meses.
Emi comenzó a reírse.
—Parece que no vamos por un buen camino—dijo Emi.
Akane se dio la vuelta para verla con una mirada de pocos amigos, provocando que ella se asustara y se escondiera atrás de Maru.
Akane se puso la capucha de su chamarra y se puso una mascar blanca que tenía Izanami para hacer bromas y se acercó a Ranma.
Ranma ya se había calmado después de respirar hondamente y siguió caminando. Sonreía porque al fin había encontrado un camino. Sin embargo, sintió una presencia atrás de él que lo seguía y se dio la vuelta sin dejar de caminar. Comenzó a sudar de los nervios y gritó corriendo lo más lejos posible de ella.
Akane se quitó la máscara y comenzó a reírse.
—Ahora entiendo de dónde sacó lo bromista Nanami—comentó Emi que no se había movido de su lugar—. Luego que ni se queje porque son igualitas... o bueno, a lo que yo recuerdo de ella... ¿Dónde estará mi prima? —comenzó a llorar—. Y llorare más si ella ya no es bromista y traviesa.
—Yo estoy completamente seguro de que sigue siendo igual—dijo Maru.
Akane se acercó a ellos y chasqueó los dedos para decirle que la siguieran. Lo cual los dos pensaron que no era nadie para hacer lo que diga, pero no les quedo de otra porque seguían con la búsqueda de Izanami.
Paso diez minutos y era lo mismo, era un camino sin fin y eso ya le estaba molestando a Akane. Pero había otra cosa que le estaba molestando más a Akane.
—¿Algunos de ustedes me puede conseguir agua? —preguntó Akane.
—Si, hay una tiendita en este bosque donde el encargado es el espíritu de una persona que se suicidó—contestó Emi con sarcasmo.
Akane tomó a Emi del mecate de su chamarra que estaba en su cuello para acercarla.
—A mí nadie me habla con sarcasmo—le dejó en claro—. Porque yo soy...
—La reina del sarcasmo—terminó Maru por ella.
—Exacto—dijo Akane sin soltar ni dejar de ver a Emi.
—Ya me quedó claro—contestó Emi con lágrimas en los ojos.
—Me da mucho gusto—le sonrió con amabilidad.
—No intente ser amable porque no le queda.
—¡QUÉ!
Emi comenzó a llorar.
La soltó y encontraron otro camino que estaba en cemento y liso y fue un alivio para Akane porque así no encontraría algún animal o partes de cuerpo humano.
—No los conozco, pero ya que estoy aburrida cuéntenme de su vida—habló Akane.
—¿Y para que quiere saberlo si no le importa?
—Parece que en poco tiempo me has conocido muy bien.
—La conozco de toda la vida—pensó Emi.
—He vivido casi lo mismo que usted—contestó Maru.
—Que desgracia, al fin alguien que me entiende—comenzó a llorar Akane.
—¡Eso no dice nada! —exclamó Emi.
—Rayos, es Izanami me las pagara—gruñó Akane—. ¿Que podrá ayudar para que la encontremos? Porque sabemos que nuestro lugar es ese lago, ¿pero en que dirección está?
Akane se detuvo, pero se quedó tiesa y mirando un solo punto. Los chicos se acercaron y vieron su mirada. Fueron al punto que veían, pero no había nada. Emi paso su mano por sus ojos, pero seguía así.
De repente, Akane se encontraba enfrente de un estanque de agua termales y vio que estaba en una casa de descanso donde normalmente había aguas termales. El cuarto donde se supone dejaba su ropa para poder entrar y meterse. Vio dentro a una chica de cabello corto y negro que no dejaba de llorar. No estaba desnuda, tenía una yukata blanca y delgada y se daba cuenta de eso porque estaba pegado a su piel. Esa chica le daba la espalda y no dejaba de llorar.
—Déjame sola—dijo.
Akane pudo reconocer esa voz.
—Izanami.
—Solo quiero estar sola... ¡Déjame en paz! —le gritó sin dejar de llorar ni mirarla a los ojos.
—¿Por qué lloras? —preguntó Akane.
—Tú lo sabes, no entiendo porque me lo preguntas.
—No, no lo sé—dijo elevando un poco la voz con un tono un poco más duro.
—Por más que lo intente, no lograran que olvide lo que hice.
Quería preguntarle lo que había hecho, pero sentía que eso la alteraría más.
—Déjame sola, mamá—dijo.
—¿Mamá? —preguntó Akane.
Después de eso solo veía a Emi que pasaba su mano por sus ojos y fue cuando parpadeó. Nuevamente estaba en el bosque.
—¿Qué le sucedió? —preguntó Emi.
—Yo... —ni siquiera ella sabía lo que había pasado—. Nada—respondió—. Hay que seguir.
Akane volvió a caminar el camino que ya había decidido.
Los chicos se vieron y estaban confundidos con lo que había pasado. De igual manera la siguieron.
Atrás de un árbol estaba escondido ese mismo chico en silla de ruedas que los había visto atentamente.
—¿Se podrá cambiar el futuro? —se preguntó.
—¿Qué futuro? —preguntó una voz.
Aquel subió la mirada para ver la rama de un árbol donde se encontraba un chico que le sonreía.
—Me llamaste la atención ya que tienes un lacus—dijo Masaru.
El chico mostró la esfera azul. Él tenía el cabello color azul rey que llegaba al inicio de su cuello, ojos cafés, piel blanca, aparentaba más o menos veinte años y su mirada era triste, esa era la que siempre tenía desde que supo lo que lo tiene en sillas de ruedas. Tenía una camisa de cuello de tortuga y manga larga color amarillo y sus piernas eran tapados con una cobija gruesa, aunque no tenía frio.
—¿Qué futuro le mostraste a Akane? —preguntó Masaru.
—Uno que no vera con sus propios ojos nuevamente, pero por más que quisiera evitarlo será imposible.
—Los del sexto mundo tienen una capacidad muy interesante, pero ¿Qué haces aquí? Para ustedes este mundo es insignificante.
—No porque hay algo que quiero y que ella me traerá—contestó.
—¿Ella?... Ya veo, le mostraste el futuro de la niña, pero... ¿tan malo será?
—Solo ella lo puede decidir—contestó el chico—. Sabía desde hace años que pasaría. Poco a poco no podré moverme, ni siquiera un dedo. Yo solo puedo mostrarles el futuro a los padres o alguien de su misma sangre. Aunque también suele pasar a la persona más cercana a él o ella.
—Bueno, en el caso de Akane me sorprende porque en cierta manera, no ha pasado mucho tiempo desde que convive con Izanami.
—Esa mujer es la madre de Izanami.
Masaru agrandó los ojos.
—Ella no pertenece aquí y cuando se entere... cuando se enteren ambas será el inicio de la desgracia.
Nuevamente vio imágenes del futuro, pero concluyó que posiblemente sea el indicado. Levanto la esfera y brilló.
—Veamos si en verdad ya existe un sentimiento—dijo el chico.
Masaru no entendió lo que quiso decir.
Akane y los chicos seguían caminando. Pero Emi y Maru se detuvieron y Akane no escuchó los pasos. Se dio la vuelta y ellos estaban con la mirada perdida.
—Oigan—llamó Akane pasando la mano derecha en Emi y la otra en Maru.
De repente, los chicos se encontraban en la azotea de su escuela. Incluso traían puestos sus uniformes. Miraron y había una chica con el mismo uniforme, cabello corto negro y no dejaba de llorar. No sabían quién era porque le daba la espalda. Estaba casi pegada a la cerca, pero le incomodaba que estuviera llorando.
—Si no me quieren ver llorar, déjenme sola—dijo.
—Esa voz...—dijeron ambos.
—Izanami—mencionó Emi—. Pero ¿Por qué ella tiene nuestro uniforme? —preguntó Emi.
—Yo cometí un error—siguió Izanami—. Mi padre no debe de tardar en decirme que no merezco ser su hija y ni se diga de la sargento que debo de ser una burla ser su hija.
—¿Su hija? —preguntó Emi.
Emi comenzó a pensar ella...
—Como no me di cuenta antes, ella se parece a Raiko... ella es Nanami.
—No me sorprende que no te hayas dado cuenta—comentó Maru.
—Este es el peor error y merezco la muerte—siguió.
De repente, veían una mano que pasaba por sus ojos y parpadearon al ver a Akane que los llamaba.
—Hasta que resucitaron—dijo Akane—. ¿Qué les sucedió?
Los chicos se miraron y era un poco confuso lo que había pasado.
—Nada—dijeron.
—Entonces hay que seguir.
Akane siguió su camino y los chicos estaban confundidos por lo que habían visto.
—Posiblemente haya sido un universo alterno, porque también mencionó a su papá—pensaba Emi—. Si ella no hubiera desaparecido, pero... ella es Nanami—sonrió Emi.
Maru no estaba convencido con lo que dijo Emi, pero prefirió dejarlo así porque era algo que no podría pasar.
Aquel chico y Masaru los veía y este ultimo seguía sin entender lo que había hecho.
—Con ellos podre llegar a ese lago.
—¿Y si mejor usas el decadente?
—No funciono—contestó el chico.
—Es imposible eso—dijo Masaru—. Siempre funciona.
—Izanami lo intentó. Pude caminar, pero volví a recaer—contestó con tristeza.
—Así que conoces a la niña—dijo Masaru—. Ellos la buscan, ¿Dónde está?
—Sé que me está buscando, pero me preocupa un poco porque si se encuentra con la persona a quien más odiará, será otro futuro y será aún más feo.
—Oye, ese lago...
—Ese lago está escondido. Para eso debes de entrar por un túnel, pero se encuentran ahí unos percances. ¿Crees en los fantasmas? —le preguntó.
Masaru se quedó helado.
—Con la cara que pones, veo que te dan miedo—dedujo—. Esa es la idea, a mi también me dan miedo, por eso mando a esos tres a que los derroten. Tantos muertos que hay en este bosque, algunos cuerpos no son encontrados y esos espíritus se convierte en fantasmas protectores del lago. Si Izanami no ha cambiado, encontrara otra manera que no sea el túnel porque fácilmente puede oler los problemas. Claro, excepto los suyos. Aunque, quien sabe... y la chica pelirroja se adelante.
Ranma entró al túnel y según lo que había investigado, para llegar debía pasar por un túnel. No evito recordar cuando fue al túnel donde supuestamente había fantasmas. Pero se entristeció al recordar a Akane. Si no se hubiera ido posiblemente ella estaría a su lado. Estuviera renegando y eso hizo que sonriera, incluso hasta se estaba imaginando su voz.
Más atrás...
—Ach, cada vez está haciendo más calor—renegaba Akane quitándose su chamarra—. Cuando vea a Izanami...
—La matare—terminaron por ella y ambos se quitaban su chamarra.
—Eso ya lo ha dicho un millón de veces—dijo Emi.
—Es que ustedes no saben lo que es estar las veinticuatro horas con ella. Me entenderían si lo hicieran.
—De hecho, lo he hecho—susurró Emi—. Si es la que yo recuerdo, la entiendo.
Akane sonrió con maldad.
—Si esa tonta pasa por aquí, espero y la espante los fantasmas—dijo.
Emi y Maru se detuvieron.
—¿Fantasmas?
—Si el bosque es conocido por ser el lugar donde vienen a suicidarse, es obvio que debe de haber fantasmas aquí.
—¿Y... no le tiene miedo? —tembló Emi.
—Para eso lo tenemos a él que no protegerá en caso de que aparezca un fantasma—sonrió Akane confiada de que así será—. He visto que es una persona responsable, educado y valiente.
—Eso es cierto—sonrió Emi y miró a su primo.
Sin embargo, dejo de sonreír al verlo un poco nervioso.
—Es imposible que le tengas miedo—le susurró a Emi—. Recuerdo que nos protegías a mí y Nanami de los fantasmas y monstruos en el cuarto de la tía Akane.
—Porque sabía que no había nada dentro del armario—contestó Maru comenzando a temblar.
Emi atragantado y lo agarró del brazo.
—Si nos mantenemos juntos, nada pasara—intentaba calmarlo y de paso calmarse—Si... nada pasara...
Emi se dio cuenta que en el otro brazo de Maru estaba Akane que comenzó a temblar de miedo.
—Eres el hombre, nos tienes que proteger—dijo Akane con una voz ahogada.
—No entiendo de donde salió eso de que el hombre debe de proteger a la mujer.
—Eso decía mi novio cuando lo traje aquí—dijo una chica al lado de Emi que tenía un uniforme de marinerito y su cuerpo apenas se veía.
—Es su responsabilidad—dijo otra chica un más grande que la anterior.
—Mi papá era muy valiente—dijo una niña de cinco años que estaba arriba de la cabeza de Maru.
Los tres chicos se detuvieron y sintieron un escalofrió helado y salieron corriendo lo más lejos posible de los espíritus.
Más adelante, Ranma seguía caminando, pero vio un orificio en una de las rocas. Extrañamente le llamó la atención y al acercarse. Un líquido verde fue disparado a sus ojos.
—Ay, arde—dijo Ranma intentando quitárselos.
Sintió que algo lo empujaban y se asustó porque eran gritos.
—¡Como es posible que una niña de cinco años haya venido a suicidarse! —gritó Emi.
Akane tapó los oídos de Ranma.
—¡Eso no importa ahorita! —gritó Akane.
Chocaron con algo y sintieron una electricidad al tocarlo y los cuatro perdieron el conocimiento.
El chico en sillas de ruedas utilizó el lacus para detenerlos.
—¿Cómo no pensé en aparecer con lacus en lugar de que ellos se encargaran de los fantasmas? —dijo el chico pegando su mano su cara.
—Eso se llama no pensar—dijo un anciano atrás de él y poniendo su mano en el hombro del chico—. En mis tiempos, los jóvenes eran más listos.
El chico sintió helado su espalda.
Alzó lacus y levantó a Ranma y desaparecieron no sin antes gritar de miedo.
3.
Akane comenzó a abrir los ojos y al recuperar la visión por completo se paró de golpe. Veía a los alrededores y no estaban los chicos. Estaban en una clase de bodega, pero no lo sabía con exactitud, era un lugar gigantesco. Miró en el suelo a Izanami completamente inconsciente. Se lanzó a ella y la agarró del cuello de su blusa.
—¡Despierta demonio barato! —dijo Akane furiosa mientras la zangoloteaba—. ¡Por tu culpa estoy aquí y vi muchos fantasmas feos! —comenzó a llorar.
—De hecho, la definición de ella no es demonio barato—dijo una voz.
Akane soltó a Izanami y a unos diez metros de ella estaba aquel chico en silla de ruedas.
—En un futuro lejano tendrás un nieto que ese si será demonio barato y lo digo en serio—le comentó.
—Yo no tendré hijos y por obvio un nieto—le contestó.
—Es lo que yo miró en un futuro. Solo dependerán de ustedes si lo cambian o no.
Lo que le inquietaba al chico es que seguía viendo ese futuro.
—Ah, por cierto... Tengo a tu prometido en la siguiente puerta—señaló la puerta.
—¿Quién eres tú? —preguntó Akane—. ¿Por qué Izanami está así? —señaló a la chica.
—¿Quieres que Ranma Saotome e Izanami se vean?
Akane no había pensado en eso.
—Por eso los tengo separados—explicó.
—¿Pero quién eres tú?
—Yo solo quiero el lago, pero no entiendo porque Izanami vino a traerme el decadente—dijo mostrándolo.
—¡Devuélvemelo! —Akane iba a correr, pero nuevamente la separó esa barrera.
—Es inevitable no quererlo, pero no funciono conmigo—dijo con seriedad viendo el objeto—. Recuerdo que tenía siete años... Pero también el peor año. Mientras estudiaba magia en una escuela de prestigio en mi mundo sentí un dolor en mis piernas. Hasta que llegó el día en el que no las podía mover. Después siguió en otra parte de mi cuerpo y quede inmóvil y solo podía mover mi cabeza. Mi enfermedad era muy extraña, pero encontraron un síndrome humano. Mi cuerpo comienza a sentir debilidad, entumecimiento, y mi frecuencia cardiaca no era normal. Ya había desaparecido tales síntomas, incluso ya caminaba, pero hace poco volví a recaer. Y temó que nuevamente quede inmóvil por completo. Lo que no entiendo, es por qué Izanami quiere traer el decadente si ya lo había utilizado anteriormente.
—¿Entonces conoces a Izanami? —preguntó Akane.
—Nos conocimos cuando éramos niños, mi tutora y la de ella se juntaron para un asunto de trabajo—respondió—. Mientras estaban ellas dos conversando, yo jugaba con Izanami. Le comenté que existía un lago en este bosque y quería ir.
—Y conociendo a Izanami escapó y te trajo aquí.
—No habría de otra porque tampoco caminaba en ese entonces—dijo refiriéndose a que agarró su silla y lo empujo al bosque—. Me trajo aquí, pero al final no lo encontramos. Por eso ella utilizo el decadente y pude caminar y creí que todo estaría bien, pero mientras estudiaba sentí un hormigueo y al ponerme de pie nuevamente caí. Por eso regrese a buscar ese lago.
—Lo que no entiendo es porqué Izanami vino.
—Esa es mi pregunta—respondió—. Pero, estando aquí pasan cosas muy raras y he leído que hay espíritus protectores de ese lago, creo que les tocó verlos. Esos eran inofensivos, pero dicen que hay otros que no lo son y su pasatiempo favorito es...
Izanami movió un dedo, después sus manos y abrió sus ojos abruptamente. Sus ojos estaban dilatados y se levantó con lentitud.
Los dos chicos lo vieron y Akane entendió a lo que se refería.
—Entrar a un cuerpo y jugar un rato—terminó el chico con tranquilidad.
Akane se hacía para atrás conforme avanzaba, pero se dio cuenta de que no debía temerlo.
—Sigue siendo Izanami, no me da miedo—sonrió Akane.
—Si, se notó—dijo el chico—. Debes de encontrar una manera de derrotarlos.
—¿Derrotarlos?
Ranma tocó el hombro de Akane y se dio la vuelta. También tenía los ojos dilatados y se acercaba con lentitud, pero Akane nuevamente caminaba de reversa.
—¿Son gemelas? —preguntó el chico.
—¿No ves el futuro?
—Pero tienes la duda, ¿no?
Akane agrandó los ojos.
—¿Serán hermanos? Esa es tu pregunta—sonrió.
—¿Lo son? Dime que lo son—exigió Akane.
—El verdadero parentesco eh... Aunque te lo dijera sigo viendo el mismo futuro.
—¿Qué futuro?
—No es momento de que lo sepas—le respondió.
—¡Dímelo! ¡Todo este tiempo me tiene sin dormir esa pregunta!
—Sufrirás por eso, ¿Quieres sufrir ahora? Me dirás que ya estás sufriendo, pero, aunque tengas ese sentimiento ninguno quiere sufrir más de lo que ya está.
Akane se sintió incomoda y no quería llorar. Lo quería saber, pero era cierto. Tenía miedo de saberlo porque eso sería acercarse a él nuevamente y aun no era tiempo. A pesar de todo está consciente de que pasara algún día porque si en verdad eran hermanos ella querrá conocer su origen ¿No?
—¿Qué quieres? ¿Qué te lleve al lago? ¡No sé dónde está!
—Lo sé. Tampoco me trates como malo porque no lo soy.
—¡Entonces detenlos!
—Yo no soy quien los controla.
Akane se mordió la lengua porque era cierto.
—¡Dame esa cosa! —exigió Akane.
El chico le lanzó el decadente. Akane lo pedía, pero por más que le decía que los llevara a ese lago no pasaba nada.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Shun de mal modo.
Satsuki sacó humo de su boca.
—Aquí no se fuma—le comentó Shun—. ¿Qué quieres?
—Ando buscando al idiota de Masaru... dijo que iría con Izanami a buscar dulces.
—¿A buscar dulces? —preguntó Shun alzando la ceja—. ¿Desde cuándo son amigos?
—No diré más allá de eso—dejó en claro—. En fin, no lo encuentro.
—Ahora que lo mencionas, no he visto a Izanami en todo el día.
—Tampoco están Akane y los nuevos—dijo Usui entrando a la oficina.
—¿Tendrá algo que ver? —pensaba Shun.
—Me preguntó si tendrá algo que ver que Ranma Saotome este en el bosque suicida.
—¿Tiene que ver? Espera... ¿Bosque suicida? —preguntaron ambos.
—Akane me paga a la semana para que vigile a su prometido—explicó Satsuki—. Pero lo raro de todo es que eso se lo venía a decir hoy, por lo que no lo sabe... solo que... Masaru si lo sabía... Ese idiota—gruñó.
Los tres chicos caminaban por el camino que tomaron Akane y los demás. Shun se sentía un poco nervioso porque en ese bosque había muerto muchas personas por lo que debía haber espíritus alrededor.
—¿No me digas que tienes miedo de encontrar un muerto? —preguntaron Satsuki y Usui al mismo tiempo que venían al frente.
—Ves uno todos los días—dijo Satsuki.
—Una cosa es encontrar muertos y otras es ver fantasmas.
—En este lugar se han encontrado cuerpos de personas que vienen a suicidarse—explicaba Usui—. En algunos árboles hay carteles que tienen escrito palabras de motivación para que pidan ayuda antes de cometer el acto.
—Muy pocos le hacen caso—comentó Shun—. ¡Dime que no vinieron a suicidarse!
—¿En serio crees que Izanami vendría a suicidarse? —preguntó Satsuki—. Sería algo imposible de ver. Como es Izanami dudo que llegue a esa opción si tiene algún problema.
Satsuki seguía caminando, pero al no escuchar respuesta de ellos se dio la vuelta y los dos chicos estaban con la mirada perdida.
—Oigan—le hablaba.
Ellos no respondían, pero a pesar de ver el rostro de Satsuki ellos miraban otra cosa.
Estaban en ese mismo bosque, pero en otro lugar donde había más árboles y además de que era de noche. Estaban los carteles que habían dicho. Pero más al fondo vieron a una chica que les daba la espalda, cabello negro corto y podían ver eso porque ella vestía ropa para dormir de manga corta y pantalón largo. Ella lloraba de rodilla pegado a un árbol y en su mano izquierda tenía un clavo grande y en la otra un martillo.
—Aquí nadie me va encontrar ni evitar mi muerte—dijo la chica.
—Esa voz...—dijeron los chicos comenzando a asustarse.
Shun corrió a ella.
—¡No lo hagas, Izanami!
Ella comenzó a voltear, pero antes de que vieran una marca en su rostro veían nuevamente a Satsuki.
—¡Oigan! —les gritó.
Ellos despertaron de esa ilusión.
—¿Por qué no me respondían?
Shun y Usui se vieron y después a ella.
—Nada.
—Encontré algo que nos podría ayudar—dijo Satsuki mostrando una mano con una flecha—. Hay muchas y marcan un camino.
Shun se desmayó y los otros dos veían el cuerpo.
—La mujer destinada a él deberá ser independiente porque de él no la podrá detener—comentó Satsuki.
Ranma e Izanami llegaron a Akane, pero ella con sus brazos los agarró como una manera de abrazó, pero lo hacía para detenerlos y hablar con el chico en silla de ruedas.
—No funciona—respondió Akane.
—Es obvio que no funcionara—dijo—. Esa cosa lo hace cuando quiere y menos lo hará si no es lo que quieres. ¿No quieres salvarlos?
—El que te lleve a ese lago no hará que los detenga.
—El hecho de que estén poseídos es una maldición, ¿no?
Akane atragantó y nuevamente lo pedía, pero nada pasaba.
—Lacus podría llevarme, pero debo de saber con exactitud su ubicación—comentó mostrando su esfera pequeña color azul—. Mi tutora me lo dio, ella también tiene otro, pero lo estoy usando de una manera incorrecta porque yo puedo sacar esos espíritus de ellos, pero eso sería contra las reglas según ella—miró atentamente el objeto teniéndolo cerca de su rostro—. ¿Qué está bien y que está mal? Siempre me lo he preguntado, a veces siento que ella hace mal, pero dice que si es para nuestro beneficio está bien y no mal y este caso lo que quiero es que... ella no sea algo malo porque para ella si lo será.
—¿Y por qué tienes que depender de ella? —le preguntó Akane.
—¿Qué no me estás viendo? —pregunto con cierto coraje, pero no dejaba de ver a Lacus.
—¿Y eso qué? —le dijo Akane—. Si en verdad fueras fuerte esa silla de ruedas no te detendría.
—Eso me lo dijo Izanami hace años—dijo—. No cabe duda de que son ma...
Ranma e Izanami agarraron del cuello a Akane logrando zafarse de ella.
El chico reaccionó al escuchar el grito de Akane quiso detenerlos con lacus, pero una fuerza lo agarró del cuello y lo levanto hasta pegarlo a la pared y eso hacia que no pudiera respirar. Quería quitárselo, pero no veía ni sentía el tacto de lo que lo mantenía pegado.
Akane quería quitárselos, pero sus manos ya no estaban reaccionando.
—Vaya que has perdido fuerza—dijo Akane con dificultad refiriéndose a Ranma—. Y tú, no eres nada aun para mí, Izanami... Te falta por aprender de mí y de Ranma claro.
Akane vio cómo llegaron Emi intentando quitarle a Ranma y Maru a Izanami. Pero ellos dos usaron fuerza anormal y los lanzo hasta pegarlos a la pared. Akane se concentró en Ranma y lo alejó de ella, pero él insistía, pero no sabía que hacer porque no quería lastimarlo. Más allá de lo que paso lo seguía amando. Pero no le quedó de otra. Al momento de que se acercó lo tomó de la espalda baja y al ser él mujer se le facilitaba por su estatura y lo besó.
Tenía que resistir y para que él no se alejara fue un beso profundo en donde Akane tenía que meter su lengua y en su mente pensaba que no era lo que esperaba de un beso con Ranma. Pero, fue cuando él correspondió lo cual a ella no le importó si estaba consciente o no porque ella se perdió en ese momento.
Al sentir más pesado el cuerpo de Ranma dejo de besarlo y él cayó desmayado. Akane cayó de rodillas y tenía sus ojos ocultos en su fleco.
—Tuve... —levantó la mirada con los ojos llorosos—, tuve mi primer beso con una mujer—comenzó a llorar de manera cómica—. Debía ser romántico y hermoso cuando tuviera mi primer beso con Ranma.
El chico de la silla de ruedas miraba la escena de Akane como ridícula, aun con el dolor porque esa fuerza no lo soltaba.
Emi quedó inconsciente con el golpe e Izanami se acercaba a ella con lentitud, pero Maru la detuvo y la puso frente a frente.
—Izanami, reacciona—decía.
El chico de la silla de ruedas cayó al suelo al no sentir la presión en el cuello que lo mantenía pegado a la pared. Tosía y se arrastró para llegar a su silla. Levantó la mirada mientras se arrastraba y los miró y vio una visión.
—Claro... Aprovechó el momento.
Al ver que no reaccionaba hizo la misma acción que Akane.
Izanami se resistía, pero Maru la sujetaba fuerte. Hasta que sintió que ella correspondía al beso y él no pensaba que así serían las cosas al igual de lo que pensaba Akane. El cuerpo de ella cayó inconsciente.
Akane no se había dado cuenta por estar lamentándose y recordó a Izanami. La miró en brazos de Maru y pensó, ¿Habrá hecho lo mismo? Se sacó ese pensamiento porque era imposible.
El chico de la silla de ruedas llegó y se sentó en ella. No era la primera vez que se separaba de su silla de esa manera por lo que ya estaba acostumbrado.
—Lindo beso—le dijo, pero viendo a Akane.
Akane se sonrojó.
—Solo falto que besara a la otra chica, pero... no importa—después de decir eso miró a su esfera pequeña—. Tal vez ese lago no existe y solo sea un rumor falso.
Emi se levantó y escuchó eso último que dijo.
—De hecho... si lo hay.
El chico se sintió esperanzado.
—Pero... es un lago común y corriente porque resulta que he estado enferma del estómago durante una semana y se supone que debe curar enfermedad y me metí y aun me sigue doliendo... Además de que el agua esta fría—tembló.
El chico se deprimió en un aura oscura.
Akane suspiró. Se acercó a Maru y le dio a Ranma.
—Dame a Izanami—exigió—. Ellos despertaran y no quiero que se vean, así que llévenselo.
—En ese caso me iré porque no quiero que Izanami me vea—dijo.
—¿Y eso por qué? —preguntó Akane.
—Porque ella pidió el deseo con muy buenas intenciones.
—¿Hace cosas con buenas intenciones? —preguntó Emi.
—Por eso mismo—respondió el chico—. A lo que voy es que ella pidió el deseo de que volviera a caminar y si se entera de que no funciono se deprimiría. Es mejor que sea un recuerdo de un acto de bondad que hizo cuando era niña—sonrió.
—Sabes... Eres la primera persona que puede hablar bien de Izanami y también debes de ser el primero que no tenga alguna mala experiencia o recuerdo con ella—sonrió Akane.
El chico se quedó pensando.
—¿Cuenta que ella me haya dado un dulce de vomito que me provocó vomito durante una semana? —preguntó.
—No cabe duda de que es un demonio barato—se lamentó Akane sujetando más fuerte a Izanami.
—Ya te dije que no es un demonio barato—le recordó.
—Está bien.
Se escuchó un quejido de Ranma y eso alarmó a Akane.
—Llévatelo antes de que me vea—le ordenó Akane a Maru.
Los dos chicos asintieron y salieron.
Akane esperó para seguirlos, pero sintió curiosidad de algo y se detuvo para verlo nuevamente.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó Akane.
—No será la última vez que nos veamos.
—Pero aun así quiero saberlo.
Él se quedó un momento en silencio y sonrió.
—Me llamó Maximilian y vengó del sexto mundo.
—¿Entonces la existencia de los otros mundos es cierta?
—Conoces a Masaru, ¿No? Que, por cierto, me dio un mensaje para Izanami, pero como no quiero que me vea... Dile que el viernes está libre para ir a buscar dulces.
—¿Desde cuento ellos dos son amigos?
—Eso yo no lo sé—respondió.
—¿Estás seguro de que no quieres saludarla? —le preguntó Akane.
—Como dije, quiero que ella tenga buenos recuerdos de mi como yo también quiero tenerlos de ella, a excepción del dulce de vomito, pero para ella fue divertido—sonrió.
Por otro lado, Maru se había quedó en la salida un momento más escuchándolo. Sintió un movimiento de Ranma y cuando vio que abría los ojos le dio un codazo en la cabeza y se volvió a desmayar.
Al día siguiente, Akane entró al baño y se encontró a Izanami lavándose la cara y vio que tenía ojeras por lo que se le hizo extraño porque durmió toda la noche.
—¿Qué te sucede?
—Tuve un sueño un poco extraño. Soñé que iba al bosque suicida a buscar a alguien que conocí de niña y termino... —atragantó.
—Termino...
Se mordía los labios.
—¿Me creerías que terminó con... un beso?
—¿Un beso? —preguntó comenzando a temblar porque no recordaba el beso que le dio a Ranma convertida en chica.
—Si, eso no me dejo dormir toda la noche porque termino donde bese al chico nuevo, el que tiene de amiga a la chica simpática que quiere ayudar a todos.
—Ah, eso... Solo fue un sueño—le sonrió.
—Más bien una pesadilla.
—Por eso—les respondió sin borrar su sonrisa.
Ella salió del baño y se quedó Izanami pensativa.
—¿Por qué soñé eso? —se preguntaba—. Solo... le hice un comentario a la chica simpática de que... —se calmó—, él era lindo... ¡AH QUE ESTOY DICIENDO! —se daba cachetadas—. ¡Olvídate de eso! Pero era cierto... ¡AH! —se volvió a dar cachetadas—. ¡Olvídate de eso! ¡Él no te gusta! ¡Él no te gusta! —diciendo eso salió del baño.
Maximilian llegó al lago que era aún más hermoso de lo que era el bosque de Lacus en su mundo. A pesar de ser invierno, el árbol de cerezo estaba en su máxima belleza y podía reflejar el color de las hojas en el agua. El pasto verde y los alrededores era simplemente hermoso.
El chico se cayó de su silla de ruedas y se arrastró al agua. Pero antes de entrar, lo pétalos del árbol volaron alrededor de él y pudo escuchar una voz que le decía "Tú lo necesitas" comenzó a sentir un dedo de su pie y después otro. Hasta que pudo ponerse de pie. Eso le provocó una sonrisa y lágrimas en los ojos.
—No era estar dentro del agua—dijo viendo el árbol—. Eran ustedes.
Un rato después entró Emi y fue a lavarse las manos.
—Se me hace muy extraño que papá y mi tío no vinieran.
Mientras que Satsuki y Usui estaban inconscientes, Shun estaba paralizado mientras espíritus de niñas primaria coloreaban con crayolas transparentes en todo su cuerpo.
—A...auxilio—dijo.
