Drabble. 2.

La nueva posesión del joven Killua, fue aquel pequeño gitano pelirrojo. ¿Cómo se le atribuía ese nombre a ese chico de cabellos rojos como el fuego? Debido a su tez morena y a su comportamiento salvaje, impropio de estar entre la realeza de la familia Zoldyck.

Sin embargo, allí se encontraba. Fue limpiado y aseado tanto como se pudo, intentaron acortarle el cabello algo largo, pero el muchacho se resistió y solo lograron quitarle hasta los hombros. Quisieron recogérselo en una coleta el que quedaba, pero solo para fastidiar a sus "captores", el niño se arrancó el suficiente para que le quedara corto y desnivelado. Los sirvientes aseguraron que era un bruto y eso solo acotó su fealdad indígena.

El emperador no obstante, pareció gustarle la abstinencia del muchacho a cumplir los deseos que se le imponían. Era divertido, por lo cual, la primera noche, lo llevaron atado ante la sala principal del banquete para declararlo no solo como el regalo de Killua por la fiesta en su honor, sino como la mascota oficial de la familia. Illumi, el mayor de los hijos, encontró más divertido otorgarle un collar de perro, usado por los mismos que se empleaban en las cacerías, cerniendo y apretándolo contra el cuello hubo quejas, solo quizás señales de dolor que el muchacho mostró por los malos tratos que recibió.

A su "dueño", más concretamente, el pequeño Killua, no parecía molestarle que toda la familia Zoldyck y ramas secundarias de la familia, se rieran y humillaran al pelirrojo. Jugaba con sus hermanos en la mesa, ya fuera con la comida o cubiertos, a veces siendo regañado por la delicadeza de su madre, siendo esta más reparadora en Killua y que no se ensuciara, que en sus otros dos hijos.

Milluki quizás fue el que más disfrutó de regocijarse en el sufrimiento ajeno de la nueva mascota. Era de Killua, por tanto, era casi como vengarse de él. Cogió el látigo de azotar a los perros o caballos, generalmente los primeros, que sostenían cerca los criados por si los animales se alteraban. Se acercó al más pequeño y atado de manos a la espalda, y los pies encadenados a una de las columnas de piedra maciza, así evitando que se escapara.

-Oye, perro, levántate y baila para mí.-ordenó alzando el látigo, como una amenaza, eso provocó la risa de algunos y las burlas de otros, refiriéndose a que no sería capaz de hacer que le obedeciera ni un tonto. Así fue, que el pelirrojo se negó a cumplir su petición, y le escupió gruñendo. La ira que al obseso de los hermanos le inundó, la expuso como un arrebato proyectándolo con insultos y un fuerte latigazo en la cara al pelirrojo.- ¡Gitano asqueroso! ¡Discúlpate y lame mis botas! ¡Solo así quizás me apiade de ti y no haga que te azoten mil veces!

Las risas de los adultos continuaron, los padres no intervinieron, uno divertido de ver a Milluki al menos mostrando algo de orgullo que por otras partes no parecía tener, y a la Emperatriz se le hacía indiferente.

Como el gitano, de nuevo, no cumplió el mandato, fue golpeado varias veces, en las cuales le rompieron el labio inferior, y varias marcas rojizas en su rostro empezaron a sangrar. En el último latigazo, se rebeló atrapando la cuerda entre sus magullados dientes y tiró de ella para que Milluki perdiera el equilibrio, cayendo al suelo a su lado. Empezó a golpear como podía al gordo, cuando este trató de levantarse, le mordió una mano clavando tanto los dientes, que sintió el sabor del metal en la boca, no por ello le liberó de la más mínima agonía. La emperatriz entonces, se levantó asustada por su hijo, apartándolo del pelirrojo y cogiéndole la mano a su segundo varón.

-¡Deprisa, llamad a un médico, este gitano repugnante puede haberle infectado con una de sus enfermedades!

Las risas cesaron y muchos se acercaron a Milluki, que por primera vez, tenía la atención de todos, muchos le felicitaron de tener agallas y haberse resistido contra ese salvaje. Illumi preguntó a su padre si quería que enseñara al "bicho" su lugar, Silva negó con la cabeza.

-Mojarlo con agua helada y que pase la noche en la intemperie, bien atado. Si sobrevive a mañana, ya sabrá lo que es mejor para él.

Y así se hizo.

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Killua no podía dormir por la noche, a pesar de que su Nani estaba contándole un cuento que siempre le gustaba. Todo el rato preguntaba por su "mascota", quería que durmiese junto a él, pero la Nani no estuvo de acuerdo en permitirlo, repitiéndole que el muchacho fue castigado por su padre.

Claro que, Killua no se percató de casi nada de lo sucedido en la cena, por jugar con sus hermanos y los criados, pensando que todos se reían porque su mascota les hizo algún truco de magia, aún atado. Pero después de lo ocurrido con Milluki, no supo nada de él, solo que fue castigado por morder a Milluki. Él le defendió entonces, diciendo a su padre que él también mordía a Milluki, porque el obeso se metía con él muchas veces, y nunca le castigaba. Su padre le dijo que era diferente.

Que el chico era su mascota, al igual que un perro debía obedecer, y cuando los perros desobedecen se les ha de enseñar con castigos.

Eso fue suficiente para que el pequeño príncipe desistiera en primera parte, sin embargo, a hora tardía en la noche, salió al patio cubierto con su manta azul. No había guardias por el patio interior, dónde sabía que tenían al gitanillo, hacía frío y sus piececitos descalzos lo notaron enseguida. Por ello incrementó el paso hasta encontrar al pelirrojo debajo de un árbol, atado al mismo y temblando de frío.

Sus dientes castañeteaban y mantenía los ojos fuertemente cerrados, a veces sorbiéndose los mocos.

Cuando notó a Killua cerca, abrió los dorados ojos brillantes, que Killua asemejó por razones, a los de un zorro. Había visto zorros husmear por las tardenoches, cerca de las cocinas, y sus ojos dorados brillaban a la oscuridad, con este chico, sucedía lo mismo. Su inocencia, sin embargo, no se daba cuenta de la maldad y los envenenados deseos que tenía el cautivo, de hacerle mal.

Contra pronóstico del mayor, Killua se quitó su manta y se la echó por encima. No podía liberarlo, porque sabía que su padre se enfadaría, pero dado que era su mascota, no quería que pasara frío.

-Buenas noches, Konkon -le llamó, para disgusto del pelirrojo, por el nombre, hizo una mueca.- ¿No te gusta?

"Konkon" no contestó, manteniendo el ceño fruncido.

-Bueno, si te portas bien esta noche, papa te dejará dormir conmigo y Nani te dará chocolate caliente, ¡ella seguro que sabe un nombre mejor! -aseguró con una sonrisa.

La nueva sorpresa para "Konkon", fue que el pequeño, antes de irse, le dio un beso en la frente, como hacía Nani para que se durmiera. Después salió corriendo de nuevo adentro.

La buena obra del joven Killua, sin embargo, atrajo el enfado del hermano herido, que al ver la manta a la mañana siguiente, cuando fue a ver si el gitano ya sabía cual era su lugar, la reconoció. Mandó golpear al pelirrojo treinta y siete veces, y que no le dieran de comer, encima que le llevaran a las mazmorras hasta que su padre ordenara sacarlo de allí.

Se mordió así mismo para fingir que el gitano le mordió de nuevo, así evitaría que su padre le regañara por dar órdenes que él no dictó.

No supo que esa acción, borró la única ocasión quizás, de que el chico acabara disculpándose, tras recibir una pequeña muestra de afecto del menor de los Zoldyck. Aquello opaco por el momento, esa luz y el resto de la mente y corazón del cautivo se sumió en un odio oscuro que pensaba desatar, llegado el momento contra ellos.

To be Continued.