Corazón muerto

Capitulo Dos

—¿Se le ofrece algo más, señor?

La azafata prácticamente estaba ronroneando, inclinada sobre él, dándole un buen vistazo de sus pechos a través de su pronunciado escote. ¡Por Dios! ¿Le permitían usar su uniforme de aquella manera? Parecía más un disfraz de esos para playboy. Viendo a la otra azafata que estaba dando vueltas por allí, en la primera clase, Shaoran se dio cuenta que el uniforme si debía ser más largo y menos provocativo. ¡Diablos! A él solamente se le pega como un chicle una azafata que de seguro quiere su dinero y poder… y llevárselo a la cama. Quizás hasta quería que se casaran para ser una mujer mantenida. ¡Qué horror!

—Ejem, ejem.

Alguien se aclara la garganta detrás de la atrevida azafata, pero el castaño no puede ver quién es la persona. Su campo de visión está limitado. Solo puede, o ver a la azafata, o la ventanilla por donde estaba mirando, tranquilo y relajado en su asiento, el paisaje hasta hacia unos momentos.

La aeromoza se pone erguida y se enfrenta a la persona que osa interrumpir su coqueteo con el guapo y multimillonario empresario.

—¿Sí? ¿Necesita algo? —pregunta de forma educada. O al menos lo intenta, ya que una nota de irritación se filtra en su voz.

— Si, necesitaría que te apartaras para poder sentarme —la voz de Meiling es peligrosamente dulce. Su primo sabe que ella está por decir algo ofensivo—. Y también que dejaras de abalanzarte sobre mi primo. Nunca tendrías oportunidad con él, no sale con perras desesperadas —si, ahí el comentario insultante.

La cara de la azafata se puso roja por la humillación y la rabia. Contuvo las ganas de pegarle una cacheta y responderle con algo desagradable a la de ojos rubí. No podía iniciar una pelea y perder su empleo. Con la poca dignidad que le quedaba dio media vuelta y se marcho, dando fuertes pisadas, y sin mirar atrás.

Meiling se dejo caer en su asiento, cruzo piernas y brazos y comenzó a regañar a su primo.

—¡Por Dios Shaoran! Aprende a sacarte de encima a las mujerzuelas tu mismo. No siempre voy a estar cerca para socorrerte.

—Pero…

—Tienes que aprender a diferenciar a las mujeres honorables de las de poca monta, y a partir de allí vez que actitud debes tomar: educado o la de un ogro irritado.

—Pero…

—La de un ogro irritado es la que tienes siempre cuando andas trabajando. Cuando frunces el ceño porque te molesta algo y solo sueltas frases cortantes, e ignoras a los de tu alrededor. ¡Sí! ¡Justo ese ceño que tienes ahora! —dice, y lo aprueba asintiendo con la cabeza—. Esa es la actitud que debiste tener hace un momento. No la de un educado caballero, porque con eso solo… ¿Shaoran? ¿Me estas escuchando?

Shaoran enfoco su atención en el paisaje, ignorando el parloteo de Meiling. Por suerte para él, Meiling se canso al rato y se durmió. Si alguien la viera en ese momento no creería que la pelinegra es como un loro, hablando todo el tiempo.

Al dormir todo el mundo parece muy tranquilo.

…o.O.o…

Abrió sus ojos abruptamente. Justo cuando estaba a punto de quedarse dormida en la bañera una melodía inundo el cuarto de baño.

Su celular.

Se seco la mano con la toalla que estaba allí y se estiro para alcanzar el pequeño aparato. Cuando lo logro miro la pantalla: "Tommy llamando". Contesto sin dudarlo.

—Hola.

¿Saku?

—Sí. ¿Quién más va a ser?

Oh, tienes razón. Lo que pasa es que estoy un poco nerviosa —la risa un poco histérica que siguió después de esa confesión lo hacía obvio, pero no era normal que Tomoyo estuviera nerviosa.

—¿Por? ¿Paso algo?

No, no. Solo estoy un poco preocupada. Ya sabes, por lo de la familia Yoshida.

—No lo estés; no va a pasar nada.

Ya sé, pero no puedo evitarlo. Sakura…

—Dime.

No, nada.

—Dime Tomoyo.

Mi madre se entero de que iban a venir de visita y los invito a la fiesta.

Sakura frunció el ceño. — Tomoyo, sabes que no tengo idea a quienes te refieres ¿cierto?

A los Li, y creo que también viene Hiraguizawa.

Eso no lo esperaba, pero tampoco sufrió una conmoción como al parecer esperaba la amatista. — ¿Y?

¡¿Y?! —su amiga casi le chilla en el oído, pero la castaña lo anticipo y había alejado un poco el celular—. ¿Acaso… ya no sientes nada por Li?

—No —respondió con absoluta sinceridad—. Eso fue hace mucho tiempo, cuando éramos unos críos.

Oh… —Tomoyo sonaba decepcionada y perdida. Todo ese tiempo pensó que Sakura nunca tuvo un novio estable porque seguía enamorada de Shaoran. Esa era la única explicación que tenía para la actitud indiferente que tenía sobre las relaciones de pareja—. Mmm… bueno, solo llamaba para avisarte. Nos vemos luego, Saku.

—Adiós.

Termino la llamada, salió de la bañera y saco el tapón que impedía que el agua se fuera por la tubería.

La relajación y paz que consiguió con el baño de burbujas se fue por el desagüe junto con el agua y la espuma.

…o.O.o…

La cama tamaño matrimonial estaba repleta de vestidos de todos los colores. Shaoran contemplo con un miedo incipiente como el cuarto de su prima era atacado por una maniática de cabello negro y ojos rubíes…

¡Oh, por Dios! ¡Era su prima!

Shaoran sonrió ante su broma privada y se apoyo contra el marco de la puerta, los brazos cruzados. Era la imagen de la relajación.

— ¿Cuál me pongo? ¿Cuál? Podría ser este… no, no es muy formal. Quizás este… no, mejor no —Meiling buscaba frenética el vestido adecuado para la ocasión. Agarraba un vestido, lo observaba no más de tres segundos y sino cumplía sus expectativas lo tiraba sobre la cama y cogía otro.

Al empezar a aburrirse Shaoran decidió ayudar a la pelinegra.

—Ese te quedaría bien.

—Sí —concordó—, pero no sirve para la cena —refuto, siguiendo con su arduo labor.

Con un suspiro el castaño opto probar otra táctica para hacer que su prima lograra vestirse y pudieran irse. — Se nos va a ser tarde. A ti te gusta llegar a tiempo, detestas hacer esperar.

—Si me hubieses avisado con más anticipación yo podría haber dejado elegido lo que me iba a poner —dijo Meiling. De repente su expresión malhumorada cambio por una de dicha—. ¡Este es perfecto! —grito.

—¿O sea que ya terminaste? —indago esperanzado Shaoran.

—Obvio que no —dijo como en un tono de "¿acaso eres estúpido?"—. Ahora me faltan los zapatos. Mmm… y también tengo que ver el peinado.

Shaoran soltó un quejido y empezó a darse golpecitos contra el marco de la puerta.

—Maldita sea… maldita sea… —mascullaba.

…o.O.o…

La mansión Daidouji estaba repleta de personas de la alta sociedad empresarial. Los camareros contratados esa noche parecían no dar abasto, iban de un lugar a otro. Los invitados estaban ataviados con elegantes trajes y vestidos, pero sin duda la que más destacaba era una hermosa castaña con un vestido verde. O eso opinaba su diseñadora y amiga, Tomoyo Daidouji.

—¡Estas esplendida! —canturreo Sonomi Daidouji, la madre de la amatista, apenas Sakura ingreso a la mansión. Sonomi estaba en la recepción recibiendo a los invitados como buena anfitriona—. Cada día estas más hermosa, heredaste la belleza de tu madre —Sakura sonríe y agradece—. Tengo que irme, están llegando más personas. Luego nos vemos querida. Tomoyo debe andar por el salón —agrego apurada antes irse a seguir saludando.

La castaña camino con paso lento hacia el salón, donde se hallaban todos. Al llegar lo primero que hizo fue buscar a su amiga. Recorrió el lugar con la mirada, pero ni rastro de la amatista. Suspiro y se puso a pasear a lo largo y ancho del recinto. Cuando se detuvo para recoger una de las tantas copas que ofrecía uno de los camareros alguien se aproximo a ella hasta quedar de frente, una sonrisa amistosa presente en su rostro.

Era un hombre. Alto, quizás 1,82 cm, un poco robusto, de cabello rubio ceniza y ojos grises. El esmoquin negro le quedaba de maravilla. Para la mayoría de las mujeres debía ser un deleite para la vista; Sakura ni se inmuto.

—Buenas noches, señorita Kinomoto.

—Ya nos conocemos hace tiempo. Puedes llamarme por mi nombre; tratarme de tu —dijo y bebió un trago de su copa. La sonrisa del sujeto se hizo más amplia.

—Está bien. ¿Cómo has estado?

—Bien, pero estaría mejor si no tuviera que haber venido a esta fiesta.

—Viniste solo porque te lo pedimos ¿cierto? —la muchacha asintió—. Lo siento, pero queríamos conversar algo contigo. Además al venir hiciste feliz a tu amiga y a todos los hombres de la sala con ese vestido.

Ella ya sabía que diría algo por el estilo. A su parecer Tomoyo se había excedido con el vestido. Por delante le llegaba hasta tres dedos debajo de la rodilla y caía en cascada formando una pequeña cola por detrás, la espalda estaba al descubierto; por suerte llevaba el cabello suelto (se había dejado crecer el pelo y ahora le llegaba a mitad de la espalda). Su cabello naturalmente lacio fue ondulado un poco para la ocasión. También había sido maquillada levemente, más que nada sus ojos para resaltar su increíble color. Y para rematar tuvo que ponerse unas sandalias plateadas de taco aguja que la hacían (por lo menos) cinco centímetros más alta.

Sakura no participo en nada para su "producción estética". Si, Tomoyo tenía su propia Barby andante de carne y hueso.

—Cállate. ¿De qué querían hablarme?

La hizo sentarse en uno de los sofás antes de platicar.

—Bueno, como tú ya sabes somos el Clan más poderoso de Japón. Estamos planeando que mi hermana menor, Hitomi, se case con el jefe del Clan de China.

—Shaoran Li.

Frunció el ceño y se sentó en una postura más enderezada. — ¿Lo conoces?

—Lo conocí cuando era una niña, cuando recolectaba las cartas Clow —la explicación pareció relajarlo.

—Pues queremos que se casen, para fijar una alianza fija entre ambos clanes; además de que es ventajoso para todos porque son los clanes con más poder mágico.

—No entiendo que tiene que ver eso conmigo.

—No mucho en realidad. Es solo que estoy algo nervioso y me desvió del tema —dice, pasando una de sus manos por su cabello. Ante esa revelación Sakura parpadeo, sorprendida.

—¿Y por qué estarías nervioso?

—Sakura, tú tienes un gran potencial mágico. Mi familia está deseando que te unas a nuestro clan mediante una unión… matrimonial.

Todo se detiene alrededor de ellos, han formado su propia burbuja personal en donde no llegan las charlas de los demás, los ruidos. La pequeña Kinomoto no sabe hacer otra cosa más que mirarlo con asombro. Luego sacude su cabeza, provocando que su cabello se agite con la sacudida y algunos mechones van a su rostro. Se los retira y ve directamente a los ojos de Ren.

—¿Me estas proponiendo matrimonio?

—No… en este momento. Veras, mi familia quiere que nos casemos, yo quiero salir contigo; ver si podemos estar juntos pero porque me gustas. Y mucho.

Un silencio se instala entre ellos y Sakura siente la boca seca. "¿Cómo me debo sentir? ¿Halagada? ¿Con esa sensación de mariposas en la panza? ¿Alegre... por el inicio de un amor?" Su mente le dicta lo que debe hacer por educación: aceptar salir con él y después ver como sigue el asunto. Pero su corazón esta silencioso, no experimenta emoción alguna. Esta callado y no ofrecerá su opinión al igual que todos esos años.

—Lo siento, Ren; pero no puedo salir contigo.

—¿Por qué no?

—Porque… —"¿Le digo?" Suspiro—. Es complicado, y no puedo explicártelo aquí —abarca el salón con un movimiento de su mano—. Si quieres saber podemos encontrarnos mañana y te doy la explicación que te mereces.

—Está bien —estaba visiblemente tenso. Se pone de pie—. ¿Cuándo y dónde?

—Yo te llamare mañana para acordar el lugar.

Ren asiente y se dispone para irse, pero antes se vuelve y mira a Sakura con determinación.

—De verdad me gustas. Si yo creo que puedo lograr que me ames… lo intentare. No soy de los que se rinde ante el primer obstáculo.

"Cuando escuches la historia… ojala que te rindas conmigo".