No surgía imagen alguna. Solo se veía el brillo de aquel fondo blanquecino. Poco a poco, las imágenes aparecían, mostrando una vez más, el trágico recuerdo de ese pasado. Un recuerdo que a veces, quisiera olvidar.

Se escuchan las alegres risas de dos melodiosas voces femeninas. Las primeras imágenes aparecen una detrás de otra, como si fuera una secuencia intercalada con destellos bancos dividiendo cada una de las escenas.

Dos blancas manos se agarraban una de la otra. Una era grande, pero delicada, como la de una mujer adulta; la otra era un poco más pequeña y tierna, como la de un infante.

Pétalos de cerezos volando a favor del viento. Frondosos árboles de esas mismas flores vistas en el camino debajo de ese despejado firmamento azul.

Las risas de un infante escuchadas en forma de leves ecos. Una joven mujer con ondulados cabellos oscuros y hermosa tez blanca permanecía de espaldas sin mostrar su rostro.

¡¡Vamos!! – una voz femenina se escuchaba en ecos - ¡¡llegaremos tarde!! – seguido de alegres carcajadas de felicidad.

Un oso de felpa con un delgado lazo azul era sostenido por una mano infantil. Unos medianos pies calzados con vistosos zapatos azules caminando entre la enlosada acera.

Las imágenes pasaban en forma lenta, pausada. Un destello blanco.

De repente, el suave viento trae consigo una pequeña y blanca pluma. La infantil mano suelta lentamente la mano de la mujer, y sus calzados pies se detienen. Aquella pluma se veía hermosa. Su color era como el blanco de la nieve y brillaba como la luz.

Sus calzados pies toman otro rumbo y camina hacia la pluma. Su oso es guardado sobre su pecho. Alza su pequeña mano para alcanzar aquella pluma traviesa. Quería tenerla. No sabia porque pero deseaba tener esa pluma; pero antes de poder atraparla, aquella pluma desvanece su brillo y desaparece como el polvo, degradándose como si hubiese sido solo un espejismo.

Su mano queda en el aire. Permanecía quieta. Apenas percatándose de lo que ocurría.

¡¡NO!! – un grito aterrorizado suena y siente como es empujada hacia delante. Su visión solo veía aquel destello blanco, pero luego se aclara viendo otra acera. Ella cae al suelo, agarrando con fuerza y temor a su muñeco.

De repente se escucha el fuerte sonido del freno de un carro. El sonido de un choque. El sonido de los vidrios quebrándose. El sonido de un cuerpo volcándose sobre algo. Su corazón latía de terror. Solo podía mirar el verde pasto que estaba al frente de su temblorosa vista. Luego escucha los gritos de la gente. Con temor su vista gira hacia atrás.

Un auto detenido con vidrios quebradizos en la parte frontal del capote. Un cuerpo tirado sobre la carretera. Sus manos sueltan el oso de felpa dejándolo caer al suelo. Los mismos cabellos oscuros manchados por la oscura sangre que se estaba esparciendo. El grito agobiado de la pequeña niña al ver la horrible escena.

¡¡¡¡¡………..MAMÁAAAAAAAAAAA………………….!!!!...

Vuelve el mismo fondo blanquecino y de repente todo se torna oscuro.

Aún era de noche. Ya había pasado más de las 12 y la lluvia era aún más fuerte que hace algunas horas. Los truenos sonaban constantemente y el viento hacía mover el vidrio de las grandes ventanas.

Su cuarto estaba oscuro. Lo único que lo iluminaba levemente era la poca luz blanquecina de los postes de luz que iluminaban las calles. Su cama estaba desarreglada y sus sábanas podían tocar el enmaderado piso como si se los hubiese quitado de un salto, producto de un mal susto. Permanecía quieta, sentada sobre la butaca de edredón lila que estaba justo al lado de su entreabierta ventana, que dejaba pasar un poco de viento que rozaba las rosadas cortinas con encaje, dándoles algo de movimiento. Al lado de esa butaca se encontraba una gran caja de madera donde había muchos muñecos, entre ellos, estaba aquel oso de felpa con lazo azulado. La habitación permanecía desordenada, llena de cajas que aún no se habría. Había cierto vacío que solo era llenado por unas cuantas cosas esenciales usadas para tener un ambiento más o menos acogedor mientras se terminaba de arreglar todo, como la cama y la mesa de noche.

Abrazaba sus largas y albas piernas contra su pecho. Sus largos cabellos oscuros cubrían su rostro y la poca luz no dejaba ver el resto de su femenina silueta. Solo observaba como caían las cristalinas gotas de invierno sobre su ventana, tratando de alguna forma olvidar aquel sueño, o más bien, su perdurable recuerdo. Para ella, cada una de esas escenas envueltas en destellos blancos, los podía ver en su mente como si apenas hubiese ocurrido, sin importar cuantos años hayan pasado. Siempre era lo mismo. Esas horribles y tormentosas imágenes llegaban a su subconsciente cuando querían a través de sus sueños. Eran pocas las veces que ocurría eso. Y cuando pensaba que con el pasar del tiempo ya no volverían, retornaban de nuevo a su mente. Era algo que no podía controlar y que permanecería en su memoria para siempre.

Sus delicados dedos tocan suavemente el vidrio de su ventana, tratando de sentir esas pequeñas gotas de lluvia que tanto la relajaban. Le gustaba la lluvia. Era algo que siempre la hacía sentir mejor. Pero en ese momento, no era suficiente. Entre sus cabellos, se podía ver aquella lágrima de dolor saliendo de sus ojos con destellos grises recorriendo su pálida mejilla y el brillo de sus tiernos labios iluminados por la luz de aquella plateada luna que permanecía despejada a pesar de las oscuras nubes presentes en aquella noche de invierno.

(to be continued...)