Mil disculpas, pero a mi cuerpo se le ocurrió que sería buena idea enfermarme y me dolía la cabeza a horrores y cada vez que prendía la lap veía borroso y me martillaba la cabeza.

Espero que disfruten el capitulo.

Agradecimientos: emihiromi, Sesshiria, Silvemy89, Kxito-chan, Nadja-chan

Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi es de la propiedad de Rumiko Takahashi.

Capitulo 1: Mirada de silencio.

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"La vida es demasiado corta como para ser insignificante"

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"-Pareces perdido"

"-Estoy bien…"

"-Toma mi mano, Inuyasha… Te regresare a casa"

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— ¡Inuyasha Taisho!

— ¡¿Qué?!

—Gracias por volver a la realidad y deleitarnos con su atención, joven Taisho.

La voz de Kaede-sensei destilaba sarcasmo, realmente esa vieja podía ser muy intimidante cuando lo quería. Varias risillas se le escaparon a mis compañeros de clase acrecentando la ira de la anciana maestra, que al ver la hoja de mi examen en blanco frunció el entrecejo. Sus pequeños ojos negros parecían brillar con renovada juventud gracias a la ira contenida.

Tratando de suavizar las cosas sonreí mostrando todos mis blancos dientes, esto solo logro que Kaede rodara los ojos.

—De nada te servirá coquetearme, muchacho del demonio.-Contesto ella con voz monótona, sus labios se fruncieron y miro al asiento vacío de tras de mí. Sus ojos brillaron con maldad y se giro en mi dirección con una sonrisa diabólica. —Inuyasha, ¿Dónde está Kagome?

¡Vieja malvada!

Quien viera a Kaede pensaría que era una dulce viejecita ¡Que equivocados estaban!

Sabiendo su victoria, la anciana camino entre las fialas de estudiantes con una amplia sonrisa de satisfacción. Ella iba a molestarse mucho cuando Kaede le contara que entregue el examen en blanco. Odio el instituto.

El reloj parecía haberse confabulado con aquella bruja, pues solo bastaron unos segundos para que el reloj sonara con la campana de salida.

Resignado, entregue el examen en blanco, Kaede me reprocho en silencio.

Al pasar por los pasillos del instituto podía sentir sobre mí la mirada de las chicas, este día mi presencia causaba mas revuelo de lo usual ante la ausencia de mi acompañante.

Kagome.

Kagome siempre ha sido alegre y llena de vida, nunca la había visto llorar y parecía que la cosa más insignificante la ponía feliz. Ella era todo lo contraria a mí, pero era todo lo que quería, era más de lo que necesitaba… y hoy estaba a punto de volverme loco. El día había sido tedioso y aburrido, las constantes e indiscretas miradas, así como los murmullos y molestos rumores me estaban causando migraña. El día estaba a punto de terminar, yo solo deseaba correr a ver a Kagome.

Desde que éramos unos niños, Kagome y yo siempre habíamos estado juntos al grado de que todos los que nos conocían no podían ver a uno de nosotros sin el otro.

-¿Dónde está?

Fruncí el ceño ante la pregunta maliciosa de Sango. Su cabello castaño ondeo en el aire con gracia, parecía más inquieta de lo normal, en parte por que debió haber estado buscándome por todo la escuela, sabía que me estaba escondiendo de ella.

-Tú sabes tan bien como yo que Kagome fue al médico.- Sango amplio su sonrisa y corrió a tomar la mano de su novio. Miroku se quedo unos metros atrás mirándome con un gesto de disculpa; aun así, sus ojos azules parecían brillar con travesura.

Estaba disfrutando esto tanto como su novia

-¡Y dime, Inuyasha… ¿sobreviviste un día sin ella?!

-Argh… ¡Miroku!-nunca desee, como ahora, estrangular a sango.

-Vamos, sango. No molestes a Inuyasha

Miroku me dio una mirada divertida y jalo a Sango más cerca de él

Desde el momento en que pisaba el instituto la mirada de todos se posaba en mi espalda, aquellos ojos curiosos que parecían juzgarme como mero entretenimiento hoy parecían más interesados. La razón era muy simple, desde que comenzamos la preparatoria, hoy había sido la primera vez que llega a la escuela sin Kagome Higurashi.

Kagome nunca me juzgo, para ella solamente era Inuyasha, y eso para ella era suficiente.

Era un alivio salir de allí, solo unos meses más y nos graduaríamos, mi corazón palpito de forma lenta y pesada, después de esto… ¿Qué pasaría entre Kagome y yo…?

No me había dado cuenta del momento en que comencé a correr, hasta que vislumbre el auto de mi hermano estacionado frente a la casa de Kagome, mi corazón comenzó a palpitar más fuerte, no me detuve a tomar aire, no cuando ella estaba tan cerca; me odiaba por ser tan débil y aun así no me importaba ser dependiente de ella, estaba mal y era patético pero aun así…

—Inuyasha… ¿Qué haces ahí parado?- la voz de Sesshomaru no tenía ese tono autoritario lo que me hizo preocuparme, él no era precisamente conocido por su tacto con las personas, especialmente conmigo. — Ella te está esperando.

No necesitaba más incentivo, corrí la pequeña distancia que me separaba de ella; los ojos de Sesshomaru parecían más inexpresivos de los normal, y su semblante no parecía tan sereno como su voz lo indicaba, algo andaba mal, aun así… no quería detenerme.

Entre a la casa sin tocar, pasando del hermano de Kagome y su madre, era descortés lo sabía, pero mi prioridad era Kagome.

Cuando mi mano estaba a punto de tomar el pomo de la puerta esta se abrió abruptamente, Kagome corrió en mi dirección saltando a mis brazos a penas se abrió la puerta.

—¡¡Inuyasha!!

Que dulce era la sensación de sus brazos rodeándome, su calor aliviando mi fría soledad.

—Llegaste en tiempo record. Sessh-chan me debe dinero.-su sonrisa se amplió mostrando los hoyuelos de sus mejillas.

—La escuela fue un asco, no me vuelvas a dejar solo.-mi voz sonaba más patética de lo que creía, le estaba rogando y aun así no importaba

—Nunca te dejo solo. Jamás.- Kagome estaba tan cerca que su aliento chocaba contra mi rostro, si tuviera el valor, si pudiera acercarme lo suficiente para rozar sus labios con los míos…

— ¿Me extrañaste?- la pregunta formulada con inocencia parece una cruel broma. Asentí levemente y ella me sonrió, aun así sus ojos precian mas apagados.

— ¿Qué sucede?

Kagome me miro con seriedad, sus ojos chocolates parecían querer atravesarme, fue en ese momento que note su estado, Kagome se veía ojerosa y muy pálida, estaba más delgada que se veía tan frágil me dolía verla así. Sus ojos se clavaron en los míos, de repente pareció despertar de su trance recuperando el brillo en sus ojos castaños.

—Nada, estoy cansada.

— ¿Por qué fuiste al doctor?

Ella guardo silencio y después sonrió, parecía esconder un secreto que no parecía dispuesta revelarme, sentía la sangre agolparse en mis mejillas.

—Vayamos a la fiesta de Koga-kun.

No

— ¿Por qué?-no podía evitar sentirme curioso a veces Kagome parecía perdida en sus pensamientos, otros parecía querer decirme algo, pero apenas su boca se abría soltaba un suspiro y se reía intentando que de alguna manera olvidara lo que se que intentara decirme.

Justo como ahora.

—Porque es viernes y estoy aburrida. Por favor Inuyasha. No me estoy muriendo.- Kagome pareció sobre saltarse y rio con amargura, parecía tan infeliz. Su expresión me recordó a aquella vez en la que ella se fue de mi lado, ¿se iría de nuevo?, ¿Me dejaría… otra vez?, ¿esta vez se despediría?

—Iremos si eso es lo que quieres.-ocultando mi desesperación y miedo, sonreí

Esa lo único que podía hacer.

El resto de la tarde Kagome me hablo de su visita al médico, cuidando como siempre no mencionar la razón de su visita, siempre que le preguntaba, sonreía y cambiaba de tema.

¿Qué me ocultas, Kagome?

A las 5 en punto me saco de su habitación, había dicho que tenía que arreglarse, y yo también.

Cuando baje me disculpe con la familia de Kagome por la entrada tan violenta que había hecho, Sota sonrío con picardía y se limito a palmearme la espalda antes de irse, la madre de Kagome acepto mis disculpas y me pidió le diera las gracias a Sesshomaru por haberlas traído a casa.

A pesar de ser una mujer muy dulce como su hija, parecía bastante tensa y cansada; deseaba preguntar pero temía la respuesta.

Mi casa estaba al lado de la de Kagome únicamente dividida por el gran árbol sagrado, cuando niños solíamos utilizar las ramas para pasar de una habitación a otra, ese árbol significaba mucho para nosotros.

A las 8 en punto llegue a la fiesta… solo.

Kagome se había ido sin mí y eso me daba mala espina, al pasar por la casa de Koga sabía que esta sería una de esas fiestas en la que todos se embriagarían hasta perder el conocimiento, hice una mueca de disgusto, pasara lo que pasara, yo había ido a esa fiesta por Kagome.

Cuando entre varias chicas se acercaron a mí con gesto coqueto, supongo yo, y tal como me lo pidió Kagome las despedí lo más amable que pude, no estaba de humor para estas cosas, solo deseaba encontrarla. Acababa de salir del hospital y sus aspecto era muy delicado, me atemorizaba que le llegara a pasar algo, a pesar de la estridente música logre escuchar su voz, mis ojos escanearon la habitación hasta dar con su silueta.

Finalmente la encontré en un rincón alejado de la gran casa.

Me quede helado.

Kagome estaba borracha y Koga estaba intentando besarla, lo peor era que ella no lo quería evitar, parecía más que dispuesta a dejar que ese asqueroso lobo le pusiera las manos encima.

Le iba a arrancar la cabeza.

Kagome soltó una risa musical y entonces vi todo rojo.

Lo siguiente que recuerdo fue la cara de sorpresa de Kagome mientras me lanzaba sobre Koga con todas mis fuerzas.

Sabía que iba a ser una mala idea ir a la fiesta… para Koga.

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Espero ansiosa sus mensajes

No maten a la escritora o ya no habrá historia.

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¡¡¡ADELANTO!!!

—Te concederé lo que deseas

—Te quiero a ti…

Kagome meneo la cabeza en gesto resignado, sus ojos me miraron con profundo dolor.

—Sabes… Sabes que eso no es posible.-su voz salió en un suspiro apagado.

—Kagome…

—Dime

— ¿Te casarías conmigo?- la pregunta estaba formulada, ¿rechazaría ella mi único deseo?