Chapter 2: Cap 2 confesión
- Hola Saludó Ron mirando por toda la sala común.
- Hola. ¿Qué sucede?
-¿Has visto a Lavander?
- No, no he visto a La-La Contestó irónicamente Creo que ya se dirigió al comedor. ¿Tan rápido la necesitaba? ¿No podía esperar aunque más no fuese que terminaran las clases de la mañana? Pensaba Hermione, pero un suspiro de alivio y la posterior declaración de Ron la dejaron perpleja.
-¡Menos mal! No quiero toparme con ella.
-¿Por qué?
- ¡No la soporto más! Fue un error salir con ella, me arrepiento de haberle pedido que fuéramos algo más que compañeros de casa y ahora no puedo quitármela de encima. Me persigue como si fuera un perro faldero, y ya tengo suficiente con mi patronus - A Hermione esa noticia debía hacerla feliz, pero por el contrario, sintió pena por Lavander, y cólera hacia Ron.
Él la había usado para saciar sus deseos sexuales y ahora le huía.
Lo hubiese pensado de cualquiera, excepto de Harry, tal vez de Neville tampoco, pero jamás se le hubiese cruzado por su mente que Ron fuese tan vil, casi lo colocó al nivel de Malfoy, y eso era ya mucho decir.
Sabía que los muchachos pensaban diferente con referencia al sexo, que para ellos era más hormonal, más físico, pero siempre pensó que su hermoso pelirrojo era distinto a los demás, que era más idealista, más romántico. ¿Pero por qué? ¿Acaso no era un hombre? ¿Por qué iba a ser diferente? Ella lo idealizó, como si fuese un príncipe de un cuento, pero parecía que no era nada más y nada menos que el villano de la historia.
-¿En qué piensas? La interrumpió el chico.
- Nada Contestó dubitativa dirigiéndose al retrato de la dama gorda, pero su carácter y sus principios fueron mayores, giró sobre sus talones, se le acercó nuevamente y dijo Lo cierto es que me sorprende tu actitud, nunca lo hubiese pensado de ti, definitivamente no tolero a los hombres como tú, me has defraudado Y sin pensarlo siquiera le dio una sonora cachetada y regresó a la ya abierta puerta.
Ron se tomó la mejilla extremadamente sorprendido. ¿Qué había sido eso? Sabía que Hermione estaba fuera de sí, pero eso era demasiado, nunca había visto a su amiga tomar una actitud tan violenta, tan fuera de ella. Miró a todos lados, debía enfrentarla y averiguar que rayos le pasaba, por suerte la sala común estaba desierta, ellos eran los últimos en irse porque debían controlar que los alumnos cumplieran los horarios, antes que el retrato se cerrara, y que la chica quedara del otro lado completamente, la tomó de la muñeca y bruscamente la entró en la habitación.
-¿Me puedes decir por qué demonios hiciste eso? La preguntaba mientras ella se equilibraba para no caer.
- ¡No maldigas! El reto salió instantáneo, era común que ella le llamara la atención por mal decir, lo hacía todo el tiempo, pero a la vez Hermione estaba sorprendida, tanto por su actitud como por la de Ron.
Nunca toleró la violencia, no era parte de su lógico actuar, aunque sabía que si quería podía ser agresiva, siempre buscaba la forma más ecuánime de solucionar las cosas.
No sabía que decir, si abría la boca delataría a Lavander, aunque pensándolo bien, la verdad era que la rubia le contaba en confidencia a una amiga su encuentro con él, en todo caso era ella la que estaba en falta por estar en el lugar y tiempo equivocados.
¿Por qué le pegó? Ni siquiera ella misma lo sabía. ¿Se solidarizaba con Lavander? Se unía en una implícita hermandad con las mujeres despechadas que pugnaban por el respeto de aquellos que amaban y a los cuales se entregaban sin miramientos. Era probable, pero no.
Ella le había pegado porque sintió una puntada en su corazón, de repente el muchacho perfecto del cual ella estaba perdidamente enamorada, demostraba su humanidad; demostraba su condición de ser humano, ya no era un dios, ya no era el ser mágico que ella imaginó, era un simple mago, lisa y llanamente un ser con magia, como todos los demás que conocía.
Era presa de una angustia que intentaba disimular, no era el momento de demostrar debilidad, ahora más que nunca debía ser más inflexible, se daba cuenta que su relación con Ron iba a ser imposible, ella no podría amar a una persona como él. No porque ella fuera perfecta ¡Nunca nada más lejos de la realidad! Sino porque por primera vez lo veía como realmente era, como su amigo, que se había equivocado, que había cometido un error garrafal, y esta vez no era una redacción o un hechizo, era jugar con los sentimientos de una persona, de repente se imaginó estar en el lugar de Lavander; estaría destrozada.
Quería irse pero Ron no la soltaba.
Miró la mano que la hacía prisionera, no era la primera vez que observaba la extremidad de su amigo, lo hacía cuando él tomaba notas, cuando manipulaba objetos en la clase de pociones, cuando comía; pero nunca tan de cerca, tan palpable.
La notó fuerte, ancha, masculina, recordó su sueño y se sonrojó.
¿Quién más que Ron podría estar en sus fantasías? No era algo que la sorprendía realmente, siempre intuyó que fuera él, desde ahora iba a tener un rostro con quien soñar, iba a ser muy difícil sacarlo de sus eróticos sueños, pero sabría que sería aún más dificultoso, sino imposible, sacar a Ron de su corazón, sentimentalmente hablando, porque él nunca dejaría de ser su amigo; a los amigos se los perdona, se les hace ver sus errores, implorando se dieran cuenta de los mismos y luego se continuaba con la amistad. Eso era la amistad, los buenos y los malos momentos; los aciertos y los errores.
Sus pensamientos fueron interrumpidos.
- Estoy esperando una respuesta Le decía su interlocutor, lo miró a los ojos.
Realmente era hermoso; los cabellos apenas largos, pero desordenados y rebeldes; de un rojo fuego, brilloso y aparentemente sedoso, nunca se había animado a tocarlos. Alto, altísimo, pero ya no desgarbado como años atrás, tenía una pose gallarda y varonil. ¿Desde cuándo? ¡Claro! ¡Quidditch! ¡Bendito deporte! Nunca se imaginó que las tardes, que pensaba perdidas ayudándolo a entrenar, hubiesen sido en realidad tan bien aprovechadas; y por último esos ojos, azules, profundos, intensos, ahora anhelantes, aguardando una respuesta que tardaba en llegar, ella estaba embelezada apreciando su perfección, que alejaba sus tristes pensamientos que embargaban su corazón, dándole una esperanza.
No podía ser que una criatura tan físicamente perfecta no fuera un ser mágico superior, pero luego reaccionó, los hechos lógicos le daban cuenta de la cruel realidad.
- La utilizaste, y ahora la descartas, tenía otro concepto de ti.- Contestó resuelta, sintiendo como su corazón se estrujaba - Veo que estaba muy equivocada.
-¿Utilizarla? Yo - Ron hizo silencio. En cierta forma eso era correcto, lo había hecho, para darle celos a Hermione, en venganza a las constantes cartas de Vicky, y creía haberlo logrado.
Muchas veces ella se iba cuando los veía juntos, o ponía un gesto de furia cuando besaba a la rubia, él la había visto, ese era el objetivo, rabiarla; y sabía que lo había logrado, ella de hecho hasta lo atacó en varias oportunidades.
Tal vez darle celos no había sido una idea del todo buena, en realidad la alejó más de lo que la acercó a él.
¡Cómo odio a Mclaggen! Por suerte sabía que el chico era un idiota y no iba a encajar con Hermione, ella necesitaba a alguien especial, alguien como él. Diferente si en su lugar hubiese estado ese aprovechado de Krum, él era más instruido, mayor, con más mundo.
Eliminó esos pensamientos de su cabeza, y se enfocó en las palabras de su amiga, que sonaban angustiadas a pesar de notar que ella intentaba disimularlo.
¿Qué tenía que ver Lavander en todo eso? ¿Desde cuando Hermione se solidarizaba con la muchacha? ¿Sería que ella se preocupaba por su noviazgo porque él no le interesaba sentimentalmente? Pero él sabía que ella lo amaba, las señas eran claras, bueno, no del todo, pero allí estaban. ¿Los celos no eran un síntoma de amor? ¿Y si sólo era un interés fraternal? ¡Por Merlín! Eso le destrozaría el corazón, que únicamente le pertenecía a ella. ¿Cómo era que no entendía que a la que realmente amaba era a su maravillosa castaña? Para ser una sabelotodo, era bastante tonta. ¡Bellamente, tonta!
Nadie podría superarla, era perfecta, sus cabellos antes alborotados, ahora caían majestuosos sobre sus hombros formando perfectos rizos que concluían en su busto, enfocó la mirada en su pecho, pero luego la apartó rápidamente, no era momento de enervarse, recordó cuando la imaginaba entre sus brazos en lugar de Lavander, y sacudió levemente la cabeza, observó su boca pero tampoco era una buena idea pensar en esos carnosos y aparentemente suaves labios que moría por probar. ¿Serían tan dulces como se los imaginó? Se tentó de probarlos, pero no era el momento, se centró en sus dientes antes tan amplios y que ahora eran una línea perfecta de blancas perlas; su cuerpo, escultural, como el de una deidad, la Venus de Botticelli, sin necesidad de ningún entrenamiento, y por último y no por ello lo que más adoraba esos ojos almendrados, cafés, centellantes, que ahora estaban apagados, tristes. ¿Desilusionados?
Pero él la amaba desde antes de ser tan físicamente perfecta, el la amaba desde que la conoció, pero no se dio cuenta hasta el segundo o tercer año.
En ese momento se decidió, no iba a dudarlo más, ese era el momento de explicarlo todo, entonces concluyó, ajeno a los reales pensamientos de la chica.
Puede ser, pero no hice nada que ella no quisiera, de hecho hice mucho menos Recordó la sala de menesteres y su cobarde pero a la vez heroica huida, supuso que pronto el chisme correría por toda la escuela, con lo cual lo mejor era decírselo él mismo a Hermione. Lavander no dudaría un segundo en hacer de él un hazmerreír por su actitud. Pero no podía, no quería hacer el amor con Lavander, muchos pensarían, y de hecho él mismo lo hizo, que era un estúpido. ¿Qué más daba un pequeño desahogo sexual? Pero él no era de esos hombres, no era de aquellos que tenía sexo con cualquier mujer, aún sabiendo que no habría demasiadas consecuencias, porque estaba al corriente que su actual novia, no era ninguna casta niña de primer año. No entendía porque Lavander reaccionó intentándose intregar de esa forma, su relación estaba bastante tranquila, él cumpliendo sus deseos de generar celos a Hermione, ella pavoneándose con el nuevo guardián de Gryffindor, unos besos, algunas caricias. ¡Claro que se le cruzó por su mente algo más! Sus hormonas estaban alborotadas, pero no así. No fue educado de esa manera.
Él había puesto sus ojos en una sola mujer y esa era la que estaba ahora frente a él, con cara de no entender nada.
Hermione estaba perpleja. ¿Quién era la persona frente a ella? ¿Dónde había ocultado a Ron?
-¡Eres una basura!- le gritó.
-¿Perdón? él gritó más.
-¿Qué hiciste menos? ¿Menos que acostarte con ella?
- Yo no me acosté con ella. - La declaración salió rápida, limpia, creíble. - Ella lo quería, pero yo no. Sus orejas enrojecieron, al igual que su rostro, ya no había marcha atrás, si había dicho eso, que de por sí era bastante humillante, ya no había ninguna traba para decir lo que realmente sentía. Aún no entendía como era que Hermione pensaba eso. ¿Acaso ella no sabía que clase de persona era él? ¿No le había dado pruebas de su educación? Bueno, los últimos meses, no, pero tenía una causa valedera de su actuar, al menos eso pensaba; aunque ahora maldecía haberse dejado influenciar para tomar esa decisión de estar con Lavander para celar a Hermione, entonces sin dudar acotó Yo deseo hacerlo con alguien realmente especial. Alguien como tú.
- Pero ella le contó a Parvati. Yo las oí - Entonces Hermione rebobinó mentalmente lo antes escuchado - ¿Qué has dicho? Creía haber oído aquello que deseó desde el tercer curso, de hecho desde antes también, pero debía confirmar que fuese cierto y no una broma de su inconsciente.
- Yo no tuve relaciones con Lavander Explicaba Ron mientras levantaba el brazo femenino que aún sostenía, apresaba la diminuta mano con toda la potencia de la suya y entrelazaba los dedos Confieso que salí con ella para darte celos. En cierta forma la usé, y sé que estuve mal, fue infantil mi actitud, pero intentaba hacerte sentir un poco lo que sufría con tu relación con ese búlgaro cejudo. Yo debería haber actuado de otro modo, vencer mis temores y decirte abiertamente lo que siento.
Sufro y te celo no como tu amigo, te quiero como un amigo, y siempre lo haré; pero te amo como un hombre y nunca dejaré de amarte. Te amo Hermione y te pido perdón por no haberme atrevido a confesártelo antes.
Allí estaba, demostrando que la palabra hombre no le quedaba grande, era uno con todas las letras, en mayúsculas, venció sus temores, reveló sus culpas y confesó su amor.
Había puesto las cartas sobre la mesa, todas las fichas en juego. All in, decía el marcador, ahora debía ver si la suerte corría a su favor. Sus cartas eran muy buenas, pero tanto en el azar como en el amor, no hay pólizas de seguros, no hay cien por ciento de seguridad de ganar hasta que la partida esté terminada.
No podía hacer más nada, aunque quería acercarla a su cuerpo y besarla hasta dejarla sin aliento, pero no; la próxima movida era de ella. Debía aguardar.
Pero sólo hubo silencio. Silencio.
Al parecer la jugada no había sido favorable.
Lo tenía merecido, él la había hecho sufrir, se había comportado como un niño innumerables veces, la había hecho rabiar, llorar, padecer, incluso se burlo de ella, y no servía decir que recién la conocía, se había comportado como un cretino, por sus inseguridades, que aún estaban allí, pero su amor era mayor; pero era demasiado tarde, una brecha se había abierto entre ellos, lo había visto en sus ojos antes de confesarle su amor, por su culpa lamentablemente no era correspondido.
Pero su afecto era grande; tanto así que seguiría siendo su amigo; tanto así que aceptaría a ese jugador extranjero de Quidditch, si era su elección, la iba a respetar. Iba a ir a su boda y sonreír cuando él la besara y tal vez ser el padrino de uno de sus hijos. Siempre estaría para ofrecer su hombro, nunca la abandonaría, nunca. ¿Pero en qué pensaba? Tal vez la inminente guerra no le diera oportunidad, tal vez muriera antes de ver todo eso, y en ese momento no le pareció tan mala idea.
Se le hizo un nudo en el estómago y la garganta, por un momento sintió que ese iba a ser el día más hermoso y memorable de toda su vida pero sin embargo era el más triste y doloroso. Lentamente soltó la pequeña y suave mano, que no le pertenecía y se dirigió a la salida.
Hermione estaba petrificada, pero él no había lanzado ningún hechizo sobre ella, en realidad sí lo había hecho, la había hechizado con el más inmenso, maravilloso y feliz de los encantamientos, el amor. Tardó segundos en comprender que Lavander había mentido. ¿Por qué? ¿Importaba? ¡Para nada!
Lo único importante era que él si la esperó, él la amaba y quería entregarse a ella, y ella sería la mujer más feliz del mundo entregándose completamente a Ron, era su sueño, el motivo de su existencia y la lógica razón que colmaba toda su mente.
Las palabras escuchadas eran las más maravillosas que alguna vez alguien le dijo, ni siquiera el saber que la hubieran elegido premio anual era mejor que el amor de Ron, de hecho si en este momento le dijeran que había reprobado todas las materias, no le importaría, tenía su amor, él le pertenecía, su corazón era para ella y pronto su cuerpo también y por Merlín que esos eran los únicos motivos por los cuales valía la pena haber sorteado todas las pruebas que debió conquistar en el pasado.
Sintió frió en la antes cálida unión y al voltear el rostro lo divisó saliendo por el retrato.
Antes de que este se cerrara, tomó la muñeca de Ron con ambas manos y tiró bruscamente atrayéndolo hacia ella, haciéndole perder el equilibrio.
-¡Pueden dejar de jugar! Se quejaba la dama encargada de la puerta, pero ellos no la escucharon.
Para evitar caer, Ron se aferró a los hombros de ella, pero como Hermione se cargó sobre su cuello, perdieron el poco balance y cayeron al piso, ella hacia atrás.
- Yo también te amo. Le confesaba, sin importar que estaba desplomándose al piso.
Él en un rápido movimiento, sujetó su espalda con un brazo y el otro lo estiró hacia delante para frenar la caída; ella se aferró a su cuerpo para aminorar el golpe a su cabeza, que no llegó, Ron detuvo el mismo con su potente brazo dejándola a algunos centímetros del suelo.
Hermione aflojó el agarre y se recostó en el piso lentamente, separando los cuerpos levemente.
-¿Estás bien? Preguntó preocupado.
- Si. ¿Y tú?
- Bien, nada que no se cure con un beso. Y le sonrió, Hermione correspondió la sonrisa, acercó su rostro y lo besó, dulce, tímida y castamente.
Se sentía insegura de profundizar el beso, debido a la comprometida posición en la que estaban. No era el lugar ni el momento, no pudo evitar seguir siendo cerebral. Y se incorporó.
Ron estaba desilusionado, no porque no hubiese sentido nada, por el contrario, una suerte de electricidad corrió por su cuerpo apenas Hermione unió sus labios, pero notó que ella se apartó rápidamente. ¿Habría sentido lo mismo?
No era precisamente la idea que tenía de un primer beso, quería que fuese monumental, épico, memorable, que cuando tuviesen nietos, pudieran contarle anecdóticamente el primer beso que se había dado con su abuela.
Por su parte, apenas levantarse, ella se sintió arrepentida, era su momento de demostrarle que era una mujer, con todas las letras y en mayúsculas y no una niña, de corresponder ese amor que sentía, y se había comportado como la insulsa sabelotodo que era.
¡No! Esta vez le iba a mostrar a Ron lo que sentía y no con palabras, las mismas vendrían luego, porque realmente tenía mucho que decirle, que lo amaba más que a nadie en el mundo, que sólo le pertenecía a él, que si se lo pedía no sólo dejaba de cartearse con Victor, sino que eliminaba a Bulgaria del mapa, cualquier cosa que le pidiera lo iba a ser posible, porque su amor era inmenso, era colosal y así lo debía de expresar con un beso digno de plasmar en una novela de amor, que quedara constado en la historia de la guerra, el primer beso de los futuros héroes del mundo mágico, porque ahora más que nunca sabía que iban a ganar la guerra, no había nada en este mundo que la detuviera para destruir a Voldemort, ahora más que nunca apoyaría a Harry para lograrlo.
Pero ya habría tiempo para decirle todo lo que pasaba por su mente, ahora era momento que su cuerpo se expresara, que su boca, sus manos y brazos hablen por ella.
Así que cuando él había terminado de verificar que su brazo estaba bien, ella arremetió, rodeó el masculino cuello con sus brazos y lo besó.
Pero no se quedó allí, sólo con la unión de sus labios, que ya de por sí era electrizante, se aventuró a más; entreabrió sus labios, asomó su lengua, rogaba que él entendiera, podría dar ella un paso más, pero quería que fuese él en tomar la iniciativa y no debió esperar mucho.
Decididamente la lengua de Ron penetró su boca, invitó a la suya a unirse en una danza húmeda, cálida y dulce.
Él la tomó de la cintura y la atrajo, juntando sus cuerpos. Ella sintió un mareo y un gemido escapó de sus labios; el sonido enervó más a Ron que la apretó más y profundizó el contacto, lo cual parecía físicamente imposible pero lo lograban.
Hermione acarició los rojos cabellos y comprobó que, como pensaba eran sedosos y los despeinó aún más, jugó sensualmente con ellos, se dejó embargar por una desconocida energía que la impulsaba a entregarse sin control.
Por primera vez su cuerpo la guió, no había nada mental en ese beso, sólo la pasión gobernaba en ese momento y le proporcionaba una placentera sensación.
Lentamente comenzó a bajar las manos, tanteando el cuello, los hombros y la musculosa espalda, perfecta, como él, como su dios, que ahora la estaba adorando a ella.
Ron no podía creer que su sueño, su deseo se estaba convirtiendo en realidad, y ciertamente era mejor de lo que alguna vez lo imaginó, pensaba dejar sin aliento a Hermione, pero era él quien no podía respirar, y tampoco lo deseaba; sólo ansiaba el contacto de sus labios, su lengua. ¡Sus manos! ¡Merlín! Si alguna vez pensó que Lavander lo podría llegar a enloquecer realmente era un idiota, eran esas manos lo que lo volvían loco, esa boca, ese cuerpo que se plegaba haciendo inexistente la separación de ambos.
Sentían un fuego volcánico que emanaba desde su interior, pugnando por hacer erupción, incontrolable y placentero, salvaje, pasional, sublime, que los fundían, como si ellos fueran de lava y no hubiese ninguna fuerza física que los detuviera; pero la necesidad de aire llegó, ineludible y fatal y debieron detener el avance de las candentes lenguas que pugnaba por conquistar aquellos territorios inexplorados entre ellos dos.
No soltaron el agarre, era demasiado delicioso, sentir los cuerpos vibrantes, sentir el palpitar galopante de sus corazones, la incandescencia de su abrazo; él comenzó a morder suavemente los labios, que le pertenecían, que eran de su propiedad, mientras que ella pasaba su lengua sobre los de él luego de cada mordida confirmando la posesión, lo que enloqueció al valiente Gryffindor que capturó nuevamente la boca, entregándole un beso aún más apasionado que los volvió a dejar sin aliento.
Ese era el beso que soñaban, desde que se conocieron, se descubrieron, se pelearon, se amigaron, se protegieron, se instruyeron, se ayudaron, se socorrieron, se atacaron, se odiaron y se amaron. Tantos sentimientos encontrados en dos cuerpos que ahora no veían el momento de compenetrarse, de unirse, de entregarse.
El retrato se abrió, pero ellos no se soltaron, parecían estar aislados del resto del mundo.
Un sorprendido Harry los miraba desde la entrada.
