No esperaba actualizar tan rápido, pero hubo un problema en la escuela a la que voy y no tendré clases por unos días. Así que traje este capítulo adelantado.
Stephdragonness: Thank you for be my first review! :'D
Justo minutos después del encuentro de los hermanos Bandicoot y Cortex, Crash y Coco fueron en lancha devuelta a la isla. Coco no paró de hablar en todo el camino sobre el tema. Crash sonreía y respondía de vez en cuando. Tal fue la emoción de ella, que apenas llegó a la cabaña en el bosque, empezó a arrasar todo hasta dar con un libro blanco que había conseguido hace mucho tiempo. Coco lo había guardado para una situación muy especial.
Con un bolígrafo diseñado por ella misma, pintó toda la parte exterior del libro de un rosa color chillón y escribió con una perfecta letra cursiva «El verano Bandicoot». Crash la observaba detrás de forma curiosa mientras devoraba una Wumpa que había sacado de su bodega secreta.
—¿Ves esto, Crash?—dijo Coco mientras hacía desfilar el libro ante los ojos de su hermano—. ¡Este libro es el que presenciará todo lo que pasará en este verano!—gritó escandalizada.
Coco se aseguró de mostrarle cada una de las páginas. Crash intentó tomarlo para verlo mejor, pero Coco chilló dramáticamente y lo sacó de su vista como un rayo.
—¡No lo toques!—advirtió—. ¡Este no es cualquier libro, hermano mayor! Este…—dijo con suspenso. Tardó unos segundos a propósito para darle el toque y siguió hablando—. ¡…Es EL libro! Aquí documentaremos todo lo que pase de aquí ahora hasta que finalice el verano. ¿No es una idea espectacular? ¡La vi en televisión!
Crash le dio la razón rápidamente e intentó escabullirse por la ventana para ir al pueblo de los indígenas. Coco, con su vista de águila entrenada para encontrar muchachos guapos, lo captó enseguida y rápidamente lo atrapó entre sus garras.
—¡¿A dónde crees que vas?!—gritó jalándolo de la oreja—. ¡No nos hemos sacado la foto para inaugurar el álbum! ¡Es súper importante porque cada día tendrá sus fotos correspondientes! Así que TODOS los días hasta el final del verano nos sacaremos como mínimo una foto, ¡no lo olvides!
Coco arrastró a Crash por la sala hasta que obtuvo el artefacto clave: una cámara fotográfica, casualmente de color rosa también. La encendió y comenzó a intentar domar el pelo rebelde de Crash para que saliera decente en la foto, sin demasiada suerte. La menor expresó su disgusto con una mala cara, pero la emoción la atrapó otra vez.
Tomó la cámara, le puso los mejores filtros que pudo y se aseguró de colocarse en una posición para que la luz favoreciera su rostro. Colocó a Crash exageradamente cerca de ella y sonrió mostrando todos los dientes. Crash solo atinó a mirar a la cámara antes de que su flash saltase y lo dejara cegado por unos momentos.
—¡Es perfecto, mira!—Coco le mostró la foto durante un milisegundo y la sacó de la vista de Crash antes de que siquiera pueda verla para poder seguir admirándola.
Corrió rápidamente hacia su libro, tomó su bolígrafo y cinta de pegar. Abrió la primera página, escribió algunos garabatos que Crash no alcanzó a reconocer y saltó rápidamente a la segunda. Allí escribió con su bolígrafo «¡El primer día de las mejores vacaciones! ¡Estoy muy emocionada!» y la pegó perfectamente con cinta. La miró unos segundos bastante satisfecha.
—Muy bien—dijo cerrando el libro y guardándolo en su bolso—. ¿Ahora dónde se habrá metido Aku Aku?
.
.
.
Cortex se levantó muy temprano esta mañana. No estaba acostumbrado a despertar con pensamientos positivos porque así de horrible era su vida. Sin embargo, este día iba a ser diferente, él se aseguraría de ello.
Eran las 6 AM y Cortex estaba trabajando en su E-volvo. Tenía que asegurarse que estuviera en buen estado para la transformación. Como no lo había usado por un buen tiempo, estaba ligeramente deteriorado y bastante sucio. No era problema para él: a Cortex le encantaba trabajar en sus inventos. Ya sea el limpiarlos, configurarlos, mejorarlos… Eso sí, si hablamos de las tarea de la casa, estaban los idiotas de los pingüinos, que por algo Cortex les pagaba.
Por eso mismo, gran parte de la mañana se la llevó el E-volvo de regalo. Tuvo que limpiarlo, re-activarlo y configurarlo otra vez para la mutación. Se molestó ligeramente al ver que eran casi las ocho y aún no llegaban, pero aprovechó eso para darse una ducha y charlar un poco con Nina a través del teléfono.
Cortex siempre se había preocupado por Nina después de la pequeña… «Riña» que él y Madame Amberly tuvieron hace relativamente poco. Sin embargo, se sorprendió bastante cuando Nina le contó que no hubo problema alguno. Antes Amberly la molestaba en cada ocasión que podía con respecto a Cortex y sus obvios fracasos, pero después del encuentro, se detuvo abruptamente y no sacó el tema nunca más. Probablemente porque se sentía bastante humillada.
—¡Nina, mi querida sobrina!—saludó Cortex cuando Nina respondió su llamada—. ¿Todo bien? ¿No interrumpo nada?
—¡T…tío! ¡Me ale…alegro que llamaras!—respondió Nina del otro lado bastante nerviosa.
Y entonces fue como si una alarma empezase a sonar ruidosamente en la cabeza de Cortex. Algo andaba mal; Nina siempre era muy confiada y puede sin ninguna dura jurar por su orgullo como científico malvado que nunca jamás la había visto tartamudear o tener miedo a algo.
—¿Nina, pasa algo?—indagó preocupadamente—. ¡Si sucede algo, siempre puedes decírmelo! ¿No me digas que es Madame Amberly otra vez? ¡Esa vieja bruja! ¡Cuando la vea, voy…!
—¡No, tío! ¡Está todo bien con la directora Amberly! Es que este es un mal momento. Yo… ¡estoy ocupada con las chicas haciendo tarea! ¡Recuerda que los exámenes finales están cerca!
Cortex no era estúpido. Quizá actuaba como tal a veces, pero no era fácilmente engañado. Algo pasaba con Nina, pero ella no quería decírselo. No quiso presionarla demasiado; su relación había comenzado a mejorar recientemente y la quería demasiado como para que una de sus verdaderas relaciones familiares se arruinase.
—Hm… Está bien…—dijo simulando tragarse el cuento.
Nina sonrió del otro lado y se despidió rápidamente. Ambos estuvieron a punto de cortar cuando Cortex escuchó algo que hizo que se pusiera furioso.
—Oye, Nina, ¿cuándo vuelves aquí? ¡Hace mucho frío
—¡NINA! ¡¿Qué fue eso?! ¡¿De quién es esa voz?!—gritó hasta que le dolió la garganta—. ¡¿Nina?!
—¡Te llamo luego, tío! ¡Adiós!—y colgó rápidamente.
Fue… chocante para Cortex. Estuvo unos segundos mirando a su teléfono y reaccionó como todo tío preocupado hace.
—¡GRRRAARGHHH! ¡ESE MALDITO…! ¡SI PONE UNA MANO EN MI SOBRINA…!
Él sabía muy en el fondo que Nina ya era bastante grande. Si bien aún no llegaba a los 18, la sociedad estableció, para el disgusto de Cortex, que es aceptable que «eso» suceda antes de dicha edad. Cortex no tenía ese control sobre Nina. Si ella quería hacerlo, que lo haga. Pero SÍ tenía el control para juzgar a ese bastardo. Esta vez trató de apoyar a Nina y se tragó todo su odio; estaba bastante seguro de que Nina lo traería a su laboratorio por al menos una semana para presentarlo. Ella sabía muy bien que con Cortex no se jugaba, y que aún estaba bajo su techo, o sea, bajo sus reglas.
Cortex volvió hacia su teléfono y tecleó con bastante rencor un mensaje hacia Nina.
«Cuando vaya a la academia y te traiga de vuelta, hablamos» 8:59 AM
«Vale» 9:00 AM
Guardó su teléfono en su bolsillo satisfecho de momento y recordó que aún tenía asuntos pendientes.
—¡Son las maldita nueve de la mañana y esos desagradecidos aún no vienen!
Cortex miró furioso a la puerta de su laboratorio y no pudo evitar imaginarse miles de formas de asesinar a esos idiotas con el lápiz que tenía en su bolsillo. Estuvo tentado a mandar todo al demonio y salir a cazar algunos marsupiales con su querida pistola de plasma, pero la imagen de cinco cristales hermosos y llenos de energía mantenía vivaz la idea de seguir con esto. Además estaba la razón principal por la que hacía esto.
¿Pero POR QUÉ diablos se tardaban tanto? La mocosa había dicho a primera hora, ¡y ya eran nueve de la mañana! Y como si el dios de las casualidades lo estuviese viendo, la puerta de su laboratorio se abrió y dio paso a los invitados.
Coco entró a la velocidad de la luz. Se le veía bastante feliz e igualmente nerviosa. Parecía estar luchando con algo dentro de su bolso hasta que finalmente sacó una cámara y fotografió el lugar.
Crash y Aku Aku entraron justo después de ella con una expresión bastante irritada. Se alejaron lo más posible de Coco y su cámara y se dedicaron a curiosear por el lugar.
—¡¿POR QUÉ TARDARON TANTO?!—exclamó asustando de repente a Coco. Crash sonrió y dejó que su hermana de encargase de todo.
—¿Eh? ¡Pero si apenas son las nueve!—se excusó mientras le intentaba sacarle una foto a Cortex. Este intentó evitarlo a toda costa, pero no pudo ante la insistencia de la menor.
—¿Qué clase de chusma palurda cree que «Primera hora» son las nueve de la mañana? ¡Cabeza hueca!
Coco sonrió y guardó su cámara para el alivio de los tres en el salón.
—Ay, bueno. ¡No sabíamos que eras de los que madrugaban, Cortex! ¿Será que querías ayudarnos lo antes posibile?
—¡Cállate!—dijo abochornado con un ligero sonrojo en las mejillas. Crash prestó atención ante la expresión de Cortex y decidió guardarla en sus memorias. Nunca la había visto—. ¿Y qué hace él aquí?—dijo refiriéndose a la máscara.
—Ah, él…
—He venido a asegurarme de que no intentes nada—interrumpió a Coco.
Cortex refunfuño entre dientes pero no dijo nada.
—¿Y mis cristales?
Coco asintió y sacó de su bolso un pequeño cubo. Lo lanzó al suelo y rápidamente se expandió, dejando salir los cinco cristales. Cortex levantó una ceja y analizó el aparato mientras se acariciaba la barba.
«Vaya… Había olvidado que es una experta en mecánica y robótica al igual que Gin».
Cortex se acercó a los cristales y atrapó uno entre sus manos. Cabe decir que se alarmó bastante al ver que del otro extremo del cristal, Crash lo sujetaba y lo miraba con una expresión hipnotizada.
—¡Atrás, idiota! ¡El cristal es mío!—gritó y comenzó a jalar. No movió ni un milímetro al Bandicoot.
Coco rápidamente intervino y arrastró a Crash con ella. Le susurró algo al oído. Cortex no supo qué fue lo que le dijo, pero dio resultado porque la expresión de Crash cambió drásticamente a una de temor.
—Crash tiene una… extraña atracción por los cristales—dijo Coco mientras desviaba la atención del marsupial
—Sí…—dijo rencorosamente—. Lo sé.
Coco soltó una risita nerviosa y le entregó los cristales a Cortex. Este los comprobó uno por uno y finalmente asintió. Les hizo una seña a los demás para que lo siguieran.
—¡Ni se les ocurra tocar nada! ¡Aquí verán cosas inimaginables; años de esfuerzo y trabajo!
Coco asintió como un robot y siguió el paso de Cortex, pero no pudo evitar el echar un vistazo a las computadoras que operaban en tiempo real. «Increíble…», pensó. Casi vio su funeral cuando Crash tomó uno de los frascos sigilosamente. Aku Aku actuó a tiempo y lo alejó rápidamente.
Cortex echaba miraditas cada tanto para asegurarse de que su laboratorio estuviera a salvo de la estupidez de Crash, y Coco sonreía como una profesional. Aprovechó uno de esos intervalos para acercarse a Crash y darle su merecido.
—¡Crash!—susurró—. ¡No lo arruines!
Un par de golpes bastaron para calmar al marsupial.
—¡Vengan por aquí! ¡Rápido!
Su charla fue interrumpida al ver que Cortex se detenía y los miraba. Frente a él estaba su típica puerta blindada con la «N» grabada, pero esta parecía más oscura y dura.
—Si antes les dije que no toquen nada, ¡aquí no deberán respirar! ¡¿Entendido?!—advirtió de forma muy severa. Coco se paró recta y su silencio lo dijo todo. Aku Aku rodó los ojos y se puso al lado de Crash. La puerta se abrió, esta vez con tres capas, y dio paso a una sala circular. El suelo estaba hecho de cristal y debajo de él había cables de diferentes colores que transportaban líquidos de aspecto extraño. En el centro de la sala estaba el ya conocido rayo apuntando hacia una camilla.
Cortex caminó hacia el rayo, asegurándose de que se oyera el eco de sus pasos para aumentar su presencia. Se entretuvo unos segundos tecleando algo en el panel de configuración del E-volvo y finalmente se giró y miró a los hermanos con una expresión aburrida.
—Está todo listo. ¿Quién será el primero?
Antes de que Crash moviera siquiera una fibra de su ser, Coco empezó a saltar y a gritar «¡YO! ¡Yo! Obviamente yo, ¿no?»
—¡No hagas tanto escándalo!—regañó Cortex.
Cortex caminó hacia la mesa y le ordenó a Coco que se subiera. Antes de ir, Coco dejó su bolso en el escritorio que estaba al lado de ella. Caminó hacia la camilla, se tomó su tiempo al subir y comenzó a ponerse bastante nerviosa al ver cómo era amarrada fuertemente.
—¿Es… esto necesario?—indagó temerosa. Había visto demasiadas películas y la idea de que la amarrasen como un conejillo de indias no le sentó nada bien.
—Claro que sí—respondió y cerró fuertemente el amarre de la pierna derecha, sacándole un quejido a Coco—. ¿Qué otra cosa te contendrá cuando te retuerzas de dolor?
La cara de Coco cambió a una de horror puro. Cortex la disfrutó bastante, pero siguió hablando rápidamente al ver que Aku Aku y Crash iban a intervenir.
—¿Qué? ¿Pensabas que la transformación iba a ser una especie de… masaje? ¡No! Ojalá fuera así; estaría todos los días aquí—dijo recordando sus habituales dolores de espalda—. Vamos a modificar tu cuerpo, querida.
Coco se tragó sus miedos y asintió rápidamente.
—E…entiendo.
—¿Estás segura de esto, Coco?—preguntó Aku Aku preocupado—. Todavía hay vuelta atrás.
—No—dijo con seguridad—. Quiero esto. Ya llegamos bastante lejos y sería estúpido parar ahora.
Cortex por primera vez estuvo de acuerdo con Coco. Había invertido bastante tiempo en limpiar el E-volvo y arreglarlo.
—Como sea—le restó importancia el enano—. No te voy a mentir… Te va a doler bastante. Así que ustedes dos—dijo refiriéndose a Crash y Aku Aku—ni se les ocurra intervenir, ¿entendido? Si lo hacen, probablemente muera.
Cortex sonrió macabramente ante la mirada recelosa de Aku Aku y el temor de Crash. Por supuesto que no la mataría. Tendría bastantes problemas y conocía demasiado bien su suerte a la hora de las riñas contra Crash.
A pesar de que Cortex quería disfrutar el momento, tuvo que abandonar su momento de satisfacción e ir hacia la palanca que lo cambiaría todo. Echó un último vistazo para asegurarse de que estuviera todo en condiciones y apretó un gran botón
La energía empezó a salir del subsuelo y se acumuló rápidamente en el extremo del E-volvo, formando una esfera de color azul que a simple vista parecía bastante inestable.
—Dios, mío, Dios mío… Ahí viene…
La energía llegaba y llegaba, así hasta que la esfera se hizo de un tamaño considerable. Cortex sonrió por última vez y bajó la palanca. El rayo fue disparado rápidamente hacia Coco, haciendo que abriera los ojos y empezara a retorcerse de dolor.
—¡AAAAHHHHHHH!
Crash y Aku Aku se alarmaron bastante. Corrieron rápidamente hacia Coco, pero Cortex los detuvo rápidamente.
—¡Se los dije! ¡Si paran la transformación, ella morirá! ¡Entiéndalo, idiotas! ¡Va a doler obviamente!
Crash apretó sus puños en una obvia impotencia y su mirada se tornó angustiada y con un deje de seriedad. Aku Aku no puedo hacer nada más que confiar en que saldría todo bien.
Apenas pasaron unos segundos y el rayo se detuvo abruptamente. Irónicamente, Cortex fue el primero en hacer a un lado a los demás para poder observar en desenlace de su trabajo. Cuando Cortex decidió que iba a transformar a los idiotas esos en humanos, creyó que iban a salir seres horribles, ¡con muchos granos y una nariz muy grande! Pero no, parecía que todo conspiraba en su contra.
—¡¿…?!
La cara de Cortex se desencajó y miró lo que tenía frente a él.
Ahora la cara peluda de Coco se había vuelto lisa y blanquecina. Su nariz redonda era ahora una nariz pequeña y bien formada. Sus labios eran más bien pequeños y sus pómulos se… ajustaban bastante bien a la situación. Su largo cabello rubio era espectacular y lo fue aún más cuando Coco abrió y mostró sus ojos color verde.
—¿Acaso… ha terminado?—musitó suavemente. Miró a Cortex y a la máscara—. ¿Crash? ¿Qué te pasa, hermano?
Al escuchar la voz de su hermana, las orejas de Crash temblaron y abrió los ojos ligeramente, echó una miradita y su cara se volvió igual a la de los demás.
—¡O por dios! ¡Me están asustando! ¡¿Qué me pasó?! ¡Lo sabía! ¡Soy horrible!—se lamentó mientras comenzaba a forcejear—. ¡Un espejo! ¡Necesito un espejo!
Cortex se despejó rápidamente y se permitió, por una vez, seguir las órdenes de Coco. Fue hacia el escritorio al lado de la puerta y trajo un espejo gótico con una frase graduada que decía «Para mi científico malvado». Desató uno de los amarres del brazo de Coco y esta le arrebató el espejo de las manos.
Con las manos temblando, Coco situó el espejo frente a su cara… … … … Ella abrió la boca y la volvió a cerrar. Luego la volvió a abrir, ¡y la cerró otra vez! No podía decir nada, la situación la sobrepasaba.
—¿Coco…?
—O… Dios… mío…—casi susurró—. ¿Acaso esta soy… yo? Soy… Soy…. ¡MAGNÍFICA!
El ambiente tenso se rompió rápidamente ante el grito de Coco. Cortex se tapó los oídos y procedió a desamarrarla rápidamente para salvaguardar su sistema auditivo. Crash sonrió y corrió hacia Coco rápidamente junto con Aku Aku.
—¡Crash, mira!—Coco rápidamente salió de la camilla y giró sobre sí misma—. ¡Por fin! ¡He estado esperando tanto por esto! ¡¿Ves esto?!—dijo refiriéndose a sus recién adquiridos senos—. ¡Esta es una de las principales razones por la que quería esto!
Crash no entendió demasiado lo que Coco quiso decir, pero la abrazó de todas formas.
El júbilo se sentía en el aire. Cortex pudo jurar que vio algunos destellos rosas por unos momentos, ¡pero no era momento para esas estupideces! Él se necesitaba el ambiente tétrico que todo científico malvado (que se respete) merece.
—¡Ejem!—carraspeó, destruyendo el ambiente—. Lamento interrumpir tan… bello momento, ¡pero todavía queda un idiota más por transformar! ¡Crash, apúrate!
Coco chilló de la emoción y corrió hacia su bolso, sacó su preciada cámara. Atrapó a Cortex y lo colocó justo al lado de Crash para disgusto del científico, y sacó una foto de los cuatro.
—¡Sí, una foto más para el álbum!
Había dos cosas que le desagradaban a Cortex: el café mal hecho por la mañana y Crash Bandicoot. Por eso se alejó rápidamente del marsupial, como si su piel quemara, poniendo la cara más repugnante que encontró en su reportorio de caras.
—¡Sigamos de una vez!
Cortex se llevó a Crash a través de empujones y lo obligó a subirse a la camilla, para seguidamente empezar a sujetarlo. Coco se puso del otro lado y lo animaba contándole todo lo que harían después de esto.
—¡Primero…! ¡Podríamos ir a Japón! Dicen que tienen una cultura bastante extraña, ¡pero no menos aburrida! Además, hay bastantes frutas exóticas—animó y Crash se interesó por la parte de frutas—. ¡Quién sabe! Quizá conozcas una linda japonesa.
Cortex se detuvo por unos segundos y la miró con cara de «¿En serio?». Crash se sonrojó un poco y asintió ligeramente entusiasmado.
—Ya verás, será genial.
Cortex puso una expresión de desagrado, se alejó rápidamente y cambió un poco la configuración del E-volvo para que se ajuste al cuerpo de Crash.
—Si no quieres que te calcine, muévete, chiquilla—advirtió Cortex a Coco. Ella le dio una última sonrisa de ánimo a Crash y caminó hasta ponerse al lado de Aku Aku.
Cortex presionó por segunda vez el botón rojo y recetó una pequeña plegaria. Él no era un hombre de religión, ni nada de esas estupideces. Es más, ni le interesaba, pero su madre era una fiel creyente de Dios y ella se encargó especialmente de introducirle lentamente sus creencias a Cortex en su niñez, cuando aún era un niño feliz y normal como cualquier otro.
Este era el todo o nada. Si salía todo bien para Cortex, Crash se transformaría en humano, pero perdería todas sus capacidades. Cortex obtendría su preciada venganza y por fin podría pasar página en su vida. Por otro lado, si salía todo bien para Crash, se transformaría en humano, pero con todos sus «poderes», haciendo la vida de Cortex aún más miserable de lo que ya es.
—«Oh, gran Dios, ¡no soy un hombre de plegarias! Pero si estás ahí, ¡CÚMPLEME AL MENOS ESTE DESEO!»—ordenó a su manera Cortex justo antes de bajar la palanca. El rayo salió disparado rápidamente y se estrelló contra el cuerpo de Crash.
A diferencia de Coco, Crash no gritó, simplemente empezó a retorcerse de dolor. Pero a los pocos segundos, un pequeño alarido de dolor se pudo escuchar, sorprendiendo bastante a todos. Coco y Cortex rápidamente se acercaron lo más rápido posible para escuchar mejor, y a los segundos, el rayo se detuvo y vino la segunda impresión.
A simple vista, Crash había crecido algunos centímetros. Su cabello se había convertido en una extraña combinación rojo-anaranjado. Ahora su antes piel anaranjada, se había tornado bronceada. Su cara se había ajustado a su cuerpo, su nariz se volvió respingada y sus labios eran del tamaño perfecto, para un cuerpo perfecto. Antes su cuerpo era flácido, pero ahora le habían salido mágicamente músculos por todos lados de su cuerpo.
—¡Crash, por Dios!—gritó Coco y corrió hacia su hermano—¿Te encuentras bien? ¡Tú… gritaste! Bueno, no fue un grito, pero…
Cortex salió de su sorpresa una vez más e hizo a un lado a Coco. Se acercó a Crash y trató de ocultar su nerviosismo. Si antes Crash le resultaba a Cortex incómodo, ahora parecía más… intimidante. No era uno de esos tipos que usaban esteroides, si no que eran músculos bien desarrollados y nada más. Pero aún estaba esa sensación.
—Abre la boca—ordenó a Crash. Este recién abría los ojos y se veía dubitativo—. ¡Ábrela de una vez, idiota!
Crash sonrió al ver como había hecho enfadar a Cortex y obedeció abriendo su boca lo más que pudo. «Hasta tiene los dientes blanquísimos, el maldito desgraciado» pensó el científico.
Cortex tomó una pequeña linterna de su bolsillo y empezó a examinar la boca de Crash. Coco y Aku Aku lo miraban curiosos sin saber muy bien qué estaba haciendo. Después de unos segundos, Cortex finalizó su tarea y prosiguió a explicar.
—Al parecer recuperaste tu capacidad para hablar—dictó y procedió a explicar al ver las caras sorprendidas de los tres—. Cuando Crash «nació», hubo una pequeña imperfección en el E-volvo esa noche. Ese error repercutió en tus cuerdas vocales, dañándolas para siempre y quitándote el don de hablar. Pero al parecer ahora, cuando tu transformación terminó, tus cuerdas vocales se regeneraron y están intactas.
Coco y Aku Aku abrieron la boca muy sorprendidos y miraron a Crash. Rápidamente Coco se acercó a su hermano y empezó a dar saltitos de la emoción.
—¡Eso es increíble!—gritó—. ¡Crash, intenta decir algo! ¡Lo que sea! ¡Como… «Coco»!
—¡No tan rápido!—interrumpió Cortex—. El hecho de que ahora pueda hablar no significa que sepa cómo hacerlo. ¡Es como un bebé idiota al que jamás le enseñaron a hablar!
La cara de Coco pasó de emoción a decepción en cuestión de segundos, pero rápidamente pasó a una de alegría.
—¡Eso no será un problema para nosotros! Si es necesario, yo misma te enseñaré a hablar, aunque no sepa cómo.
Crash sonrió desde el fondo de su corazón y se paró tambaleándose un poco. Cortex prestó atención a cada movimiento. «Es ahora o nunca. ¿Sigues siendo el mismo, Crash?». Sintió como un puñal era clavado en su corazón al ver que como Crash empezaba a acostumbrase a su cuerpo. Pero aún faltaba lo importante.
—Me pregunto si podrás hacer uno de tus… tornados, Crash—dijo tan casual como Cortex pudo, incomodándose un poco al ver que Crash no llevaba nada puesto en su torso.
Crash lo miró unos segundos y asintió con una sonrisa. Se preparó unos segundos… y giró como siempre.
Si ahora las esperanzas de Cortex estaban antes arruinadas, ahora sentía que estaban enterradas diez metros bajo tierra. Ni siquiera lo animó un poco el ver que Crash dejaba de girar ligeramente mareado, eso era normal porque no estaba acostumbrado a su nuevo cuerpo.
Cortex se planteó por segunda vez en su vida el irse a una playa, conseguirse una buena mujer y dejar todo esto. ¡Pero no podía! Aún quedaba Nina en su vida, a pesar de que le haya decepcionado ligeramente la conversación que tuvo con ella. Tampoco podía culparla.
Coco hizo su movimiento especial y sacó rápidamente su cámara. Puso el filtro más colorido que encontró y se sacó una foto a ella, Crash y Aku Aku. Ya tenía pensado el epígrafe de la imagen. «¡El comienzo de nuestro verano!»
—¡SUFICIENTE!—gritó Cortex—. ¡Ya tienen lo que querían! ¡Ahora lárguense! ¡Shu, shu!
Cortex tomó los cristales y les señaló la salida a los tres. Coco murmuró un «Qué amargado…» y se dirigió junto con los demás a la salida. Aku Aku, más convencido esta vez, se despidió de los hermanos y desapareció en un destello.
El científico estaba molesto, no, ¡estaba furioso! ¡¿Había hecho todo esto por solo cinco míseros cristales?! ¡Y lo peor de todo es que el idiota Bandicoot ahora obvtuvo la capacidad de hablar! ¿Acaso este día se podía poner peor? Segundos después, Cortex aprendió que no se debía jugar con el futuro.
¡BOOOOOOM!
Todos giraron su cabeza inmediatamente hacia el estridente sonido. La pared del laboratorio había estallado en mil pedazos. El fuego se empezó a formar inevitablemente y, ante de la vista de todos, apareció una nave de aspecto familiar que alarmó bastante a Cortex. Y casi se siente desfallecer al ver como portales se formaban y dejaban caer robots.
—¡Son esos robots!—exclamó Cortex y desenfundó rápidamente su pistola de plasma—. ¡¿Qué diablos hacen ellos aquí?! ¡Creí que Victor y Mortiz se habían quedado en la décima dimensión!
La situación afectó rápidamente a Crash y saltó en ayuda a Cortex.
—¡Crash, espera! ¡¿Qué haces?!—exclamó su hermana al ver como Crash iba al centro de la batalla—. ¡¿Por qué siempre terminamos involucrados en cosas como esta?!—dijo justo antes de salir a ayudar.
Cortex disparaba a diestra y siniestra. Cargaba todo el plasma posible en su pistola y hacía estallar tantos robots como podía. No tardó darse en cuenta que los robots se concentraban en dos objetivos: sus cristales y Crash.
—¡NO! ¡MIS CRISTALES NO!—gritó con odio puro y corrió hacia ellos—. ¡NO LOS TOQUEN; SON MÍOS!
Crash estaba teniendo bastantes problemas. Sentía como sobrecargaba su cuerpo, sumándole que todavía no lo sabía controlar demasiado bien. Se agachó al ver que uno de ellos quería pegarle un sablazo por la espalda, y aprovechó para robárselo y mandarlo a volar. Buscó con la vista a Cortex y lo encontró luchando contra decenas de robots. Intentó rápidamente abrirse paso, pero le era imposible, los robots salían de todos lados. Uno de ellos sacó una esfera de aspecto sospechoso y se la lanzó a Crash, haciéndola estallar en humo.
Crash rápidamente se tapó la nariz y su boca con su mano para evitar aspirar el humo, pero fue demasiado tarde. Sintió como sus fuerzas lo abandonaban poco a poco. No pasó mucho hasta que cayó al suelo inconsciente.
Coco, que también había robado un sable laser, estaba luchando a todo lo que podía con los robots. Su pecho empezó a doler al ver cómo se llevaban a Crash. Ella tampoco se acostumbraba a este cuerpo; sus movimientos eran desprolijos y lentos.
—¡CRASH!
Coco no era la chica débil que aparentaba, ella también daba saltos enormes y tenía bastante fuerza. Sin embargo, eso no fue suficiente para luchar contra la horda de robots. Lo único que alcanzó a ver fue como arrastraban a Crash, junto a Cortex y los cristales hacia la nave.
—«¡No alcanzaré a llegar a tiempo!—pensó Coco mientras corría a la velocidad más rápida que podía.
Esta vez el universo no favoreció a los Bandicoots. Los robots subieron por una compuerta de la nave y huyeron rápidamente. Los que quedaban en el laboratorio desaparecieron en los mismos portales que llegaron, dejando a Coco sola.
—¡MIERDA!—se desahogó como pudo a la vez que unas lágrimas se escapaban de sus ojos.
Coco no acostumbraba a ser una chica malhablada. Trataba de ser lo más educada posible, pero esta vez no le importó para nada. «No… ¡No es momento de llorar y lamentarse, Coco! ¡Hay que actuar!» pensó. La muchacha se levantó muy determinada y buscó entre su bolso hasta que dio con lo que quería. Una pluma color arcoíris. La tomó suavemente y la presionó en su pecho durante unos segundos.
Frente a ella, empezaron a materializarse plumas de todos los colores. Formaron un pequeño tornado entre ellas y apareció Aku Aku.
—¡Coco! ¿Qué pasa?—dijo animadamente—. ¿Estás….?—y se detuvo abruptamente. Aku Aku miró el laboratorio destrozado, incendiándose y la mirada mortificada de Coco—¡¿…?! ¡¿Qué pasó aquí?!
—¡No hay tiempo para explicar! ¡Crash y Cortex fueron secuestrados por los gemelos malvados y tenemos que ir a rescatarlos inmediatamente!
—¡¿QUÉ?! ¡¿Los gemelos malvados?! ¡Pero si ellos…!—y se detuvo al ver que Coco le advertía con su mirada—. ¡Está bien! ¡Vamos!
Aku Aku empezó a dirigirse hacia donde se fue la nave, pero Coco lo detuvo rápidamente.
—¡Espera! ¡No tenemos forma de saber dónde están!—gritó Coco y Aku Aku se detuvo—. Ya lo he intentado utilizando la pluma, pero me es imposible contactar con Crash. Al parecer, la nave interfiere con esta conexión de alguna forma. Por eso, nos vemos obligados a pedir ayuda a la única persona que nos puede ayudar.
Aku Aku puso una cara de confusión y trató de pensar en esa persona.
—Pero… ¿Quién nos puede ayudar?
La cara de Coco se contrajo en un ligero desprecio y tragó saliva, como si lo siguiente que fuera decir fuera un tabú para ella.
—N. Gin.
¿Estuvo mejor el capítulo que el prólogo? ¿Se rieron? ¿Les gusta como va la historia? ¡Dejen reviews, por favor!
PD: Crunch no es hermano de Coco y Crash en esta historia.
PD 2: No me maten con el título y la imagen de portada. No soy bueno para esas cosas...
