En el planeta Gaea, el reino de Fanelia se prepara para la visita de un aliado, el reino de Asturias, la ahora reina Millerna y el Rey Dryden Fassa, han viajado para acudir a una reunión de monarcas y concretar temas importantes pero un tanto desagradables para Van.
-Honorable rey, lamento interrumpirle, pero todos nuestros invitados se encuentran ya reunidos, no es cortes hacerles esperar- Presuroso le comenta Toshi Ganesha, el hijo más pequeño de Balgus, sobreviviente a la guerra y destrucción de Fanelia, y a quien Van Fanel, lo coloco como su mano derecha.
-Lo siento, solo estaba terminando de escribir esta carta, no quería que las palabras se me extraviaran de la mente- Contesta el Rey de Fanelia, mientras cierra la carpeta que contiene las hojas ya impresas. –Toshi, mientras me acompañas al comedor, platícame los pormenores de esta reunión.-
-Pues vera su alteza, que ciertamente, es un tema entre tantos, que puedo asegurar, no será del todo su agrado, ya sabe como siempre, se comentara de la economía de Fanelia, su desarrollo agrícola, la exportación de productos de la región, y… el pactar alianzas con otros reinos para lograr el crecimiento próspero de nuestro pueblo- Esperando la reacción alterada de su Rey, Toshi camina sin detenerse.
-Supongo que no tengo escapatoria, Fanelia necesita de mí, y como su Rey, tengo que responderles logrando pactar con algún otro reino, aunque eso implique… hacer ciertos sacrificios - Responde Van Fanel, a su ayudante mientras este último le abre las puertas que conducen al comedor.
El encargado de anunciar al Rey, les pide a todos se pongan de pie para recibirle.
-Buenos días su majestad, ¿Cómo se encuentra el día de hoy? ¿Acaso hemos de esperarle otra hora más? -Comenta con tono sarcástico, la reina de cabellera tan brillante como el sol, y ojos tan celestes como el cielo.
-Rey Dryden, Reina Millerna, les ofrezco miles de disculpas por el atrevimiento de tenerles aquí esperando este tiempo, es solo que aún no me acostumbro a todas las responsabilidades diarias de un Rey- Se dirige a los Reyes en respuesta al comentario de Millerna.
Mientras se saludan los monarcas, los ayudantes de ambos reinos se colocan al lado de sus altezas, en tanto que los cocineros y meseros del castillo, comienzan a servir el desayuno.
-Van, sabemos que últimamente, la situación económica de Fanelia no ha progresado, más aun, se ha estancado, los comentarios negativos de la gente han comenzado a llegar hasta otros reinos, y eso no le favorece ni a tu pueblo ni a ti como su rey- Reacomodando sus lentes Dryden describe la situación; para lo cual continua comentando: –Es por eso que hemos venido a ofrecerte nuestro apoyo, podemos ayudarte hasta que tú decidas, con nuevos productos agrícolas, artefactos que disminuyen el tiempo de producción y lo más nuevo en cuanto a tecnología, estamos dispuestos a enviarte la cantidad necesaria de ganado, y proveerte de aditamentos para tus estanques, en materia industrial, contamos con los mejores herreros, costureros y constructores de nuestra región. Por nuestra parte, enviarte algunos cuantos para capacitar a tu gente, no nos perjudica en lo más mínimo, solo existe un pequeño detalle…-
Van, sosteniendo la copa con vino de excelente calidad, interrumpe la frase de Dryden. –Lo sé, créanme les agradezco todo lo que desean hacer por mi reino y mi gente, por ayudarme, por guiarme, y sobre todo por las enseñanzas para gobernar con honorabilidad este reino, pero también me queda bastante claro, que no siempre podrán extenderme la mano, esto implica un costo elevado para ustedes, además no será bien visto que el Reino de Asturias, sostenga los gastos del Reino de Fanelia, cuando este, muy a pesar de ser aliados, no ha pasado a ser parte de Asturias en su totalidad. Mi padre siempre me lo dijo, para que exista equilibrio, un solo rey para un solo pueblo.-
-Van, nuestra intención no es despojarte de tu puesto como Rey, sabemos que has luchado por llegar hasta donde te encuentras, siempre velando por el bienestar de los Fanelianos, pero hay reglas y cuando alguien se encuentra en tu situación, solo existen dos opciones: Pasar tu corona a otro rey más poderoso que tú, aunque eso signifique una deshonra para ti, o pactar alianza con otro reino, así al unirse estos dos reinos, se fusionan todo lo que le constituye, desarrollos, materiales, economía, pero creo que también entiendes cual es la única opción para fusionar tu reino cierto? -El rey Asturiano, le dirige la pregunta mirando por debajo de sus antiguos lentes, mientras intenta cortar un trozo de ternera.
Cambiando su semblante, y oprimiendo sus dientes, el rey de Fanelia responde: -Si Dryden, conozco a la perfección ese método para salvar mi reinado, para que la gente de Fanelia no tenga que migrar o tenga que sentirse deshonrada de haber pertenecido a este lugar. Toshi me ha hecho el favor de hacerme llegar tus sugerencias, obviamente desde el punto de vista de Millerna, todas supongo yo, son buenas candidatas y pesé a su excelente belleza de la mayoría existe un problema: No fui educado bajo esas enseñanzas, casarme sin conocer a la mujer que estará a mi lado por el resto de mi vida y honestamente, no creo justo hacerlo solo por ambición.-
-No es necesario que conozcas y sientas algo por la persona en cuestión, en mi caso, mi padre eligió que yo sería apta para convertirme en la pareja de Dryden, cuando yo ni siquiera le conocía, no sentía atracción por él, y me vi obligada a cumplir por el bienestar de todos, ya que la fusión de nuestros reinos, durante la guerra, era la única opción para que Asturias siguiera adelante. Poco a poco fuimos conociéndonos más, y él siempre fue claro, jamas me obligaría a amarlo, respeto todas mis decisiones, muy a pesar de ya ser mi esposo y tener la autoridad sobre mí. Aun recuerdo que casi al final de la guerra, cuando Asturias ya no estaba en peligro, me devolvió su anillo agregando que ya no estaba ligada a él, pero para entonces, yo ya no deseaba separarme de mi querido rey.- Tomando la mano de Dryden y mirando su vientre abultado, sonrió diciéndole a Van. –Y ahora, me encuentro cercana a ser madre por segunda vez, hablando con la felicidad de mi corazón, te aseguro que no pude ser más afortunada de haberle conocido.-
Después de una breve pausa entre las dulces sonrisas de Millerna y el curioso masticar de Dryden, Van alza su rostro y prosigue: -Quizás puede que tengas toda la razón Millerna, tu situación amorosa, desencadenada en medio de una guerra, ese sentimiento encaminado entre el sacrificio y la respetuosidad de tu rey, fueron el causante de éste giro a la relación, sin embargo yo aún quiero esperar a alguien más y pensar positivamente en que estará a mi lado.- Aparece un silencio incómodo en el comedor y entonces la voz del Rey de Asturias interrumpe. –Van, ya no eres un niño, te diré algo, cuando cargas con el peso de un pueblo, cada vida de toda esta gente, es tu responsabilidad, y como tal debes de dejar de soñar egoístamente, ahora debes de comenzar a actuar, mantener con vida esa esperanza que las personas han depositado en ti, su Rey, sino lo haces, inevitablemente vendrás a la ruina o peor aún, serás presa fácil de otros que quieran obtener tu territorio.
Extendiendo un trozo opaco de papel sobre la mesa, el rey Asturiano comenta: -Aquí he descrito para ti, detalladamente cada opción que creemos será lo más viable a elegir, lamentablemente cualquier ayuda que venga de parte de Asturias, como tú lo has dicho, será momentánea, tarde o temprano, tendrás que decidir si abandonas la corona, ó fusionas tu reino con alguno que te hemos propuesto. Por ahora no te apresures en tomar una decisión.
Con la mirada perdida en el platillo, el rey Van asiente con la cabeza y agradece nuevamente a los reyes por sus atenciones. Después de esto, parece ser que todo transcurre con normalidad, los meseros y ayudantes de limpieza comienzan un vaivén entre el comedor y la cocina, acto seguido se presenta el chef principal anunciando un nuevo postre cocinado especialmente para el deleite de los visitantes, para lo cual Millerna se muestra enormemente entusiasmada por probarlo ya que desde el comienzo del embarazo, el sabor dulce se ha vuelto una adicción a su paladar. Y es así como después de una excelente merienda, exquisito postre y un paseo por los campos de Fanelia, sin darse cuenta el sol comienza a descender sobre las colinas. El capitán de la nave en la cual viajan los monarcas de Asturia, advierte al rey Dryden sobre el peligro de trasladarse en esos momentos, motivo por el cual Van, al escuchar esto, les invita a pasar la noche en el reino y así puedan proseguir con su recorrido a la mañana siguiente.
Toshi da indicaciones a los sirvientes, sobre cuáles serán las habitaciones que ocuparan los reyes, además de explicarles detalladamente las comodidades que deberán tener los visitantes; al final del día, tres de las cincuenta habitaciones del castillo, se encuentran encendidas, dos de ellas corresponden a los reyes y sus más fieles ayudantes, la otra, que se encuentra al final del pasillo corresponde a la habitación de Merle, que seguramente estará dándose un forzoso baño, a regañadientes de Cuoco, una señora mayor con el cabello tan blanco como la nieve, pero con una calidez tal cual una madre, además funge como la cuidadora y acompañante de ésta fiel distinguida amiga del rey.
En el castillo de Fanelia, asi como en todos los otros reinos, solo pueden cohabitar personas de la realeza, según lo dictado en las tradiciones que han sido parte fundamental del pasado y presente de Gaea. A espaldas de ésta enorme construcción, se extiende una sombra que cubre las casas habitadas por todos aquellos que laboran dentro de éste ejemplar monumental. Una que otra noche, podemos encontrar a Van Fanel, paseando entre los pequeños callejones empedrados que acompañan cada hogar de los trabajadores del castillo; usualmente tiende a usar ropajes sencillos y típicos de los lugareños, para pasar desapercibido. A éste joven, le fascina empaparse de los aromas que escapan entre las pequeñas chimeneas cuando las mujeres fanelianas cocinan para sus maridos e hijos, adora escuchar las risas, el chocar de los vasos y una que otra ocasión llantos o reclamos de los hogareños al momento de cenar, siendo éste su remedio para evitar caer sobre la irracionalidad, o tal vez volverse una persona sin humildad, ni gentileza; es tal cual su gusto, que el simple hecho de realizar este recorrido, él puede recordar de donde viene, y saber exactamente hacia donde desea ir.
