PUESTO DE BESOS

Normalmente a lo que huyes, te encuentra...

HERMIONE POV

¡Viernes! ¡Bendito sea!

Y no solamente porque el fin de semana estaba a la vuelta de la esquina, si no que después de la escuela podría refugiarme en la comodidad de mi hogar para leer o ver una película sin tener que enterarme de lo que ocurría por las calles.

Hoy es 12 de Febrero, lo que significaba que dentro de dos días todo el mundo estaría listo para recibir una fecha a la que yo no le tenía mucha empatía: El día de San Valentín.

Solo de escucharlo se me erizaba la piel. Nunca había sido fanática de aquella fecha, se me hacía más como una trampa de la mercadotecnia para poder crear productos inútiles y revenderlos a un consumidor incrédulo.

Pero ¿Quién le haría caso a la chica que no recibe nada ese día?

Lo más valioso a lo que podía esperar era a la próxima locura de mi mejor amiga Ginny, que a pesar de mis protestas siempre tenía algo listo para mí; los chicos eran un tema aparte, esperar algo de ellos era como esperar una sequía en la Antártida, así que ignorando con un esfuerzo titánico los pucheros de Ginny, siempre pasaba aquel día tan tortuoso en mi habitación con una película romántica que lo único que hacía era aumentar ilusiones tontas y sueños falsos.

Nada bueno tenía aquel día si no tenías una persona especial con quien compartirlo, al menos Ginny podía estar con su novio Harry, la adoraba tanto que cumplía cualquier infantil capricho de mi amiga para contentarla pero yo… decir que no estaba enamorada sería mentir, de hecho si lo estaba, y mucho, pero recordarlo era enterrar la espina en mi costado pues sabía que era completamente imposible, así que cobarde como era, me limitaba a aceptar que era un capricho adolescente.

Mis padres habían decidido tomarse todo el fin de semana para celebrar, al principio estuvieron renuentes a dejarme sola, pero ¡Por Dios! Ya tengo 17 años, puedo sobrevivir dos días sin ellos, por lo que después de una lista interminable de recomendaciones y asegurarles que podría mantenerme con vida de manera satisfactoria tomaron el vuelo más cercano y en este momento deberían de estar aterrizando en algún lugar de México para celebrar el día de los enamorados. Así que seríamos yo, la televisión y un tazón gigante de palomitas por lo que restaba de la semana. ¿Divertido no?

Con aquel deprimente panorama decidí que era hora de levantarme de la cama para terminar con mi suplicio semanal. El instituto.

Me vestí con unos sencillos jeans y una polera gris, mi cabello como siempre era un desastre sin remedio, así que lo amarré en una coleta, me puse mis enormes pero cómodos anteojos y ante el espejo de mi habitación estaba la criatura más simple y burda que podría conocer: Yo.

Suspire pesadamente.

No me consideraba una chica promedio, era menos que eso, no había nada en mí que pudiese llamar la atención del género masculino, ni siquiera tenía el suficiente carisma para entablar amistad con las chicas. A veces me preguntaba que veía Ginny en mí para poder considerarme su amiga, ella era totalmente opuesta a mí.

Era más pequeña que yo, sí, pero tenía una figura delicada y femenina, su cabello era rojo profundo, y moldeado de tal forma que se veía perfecto, sus rasgos eran finos, sin mencionar sus vivaces ojos grises que me recordaban tanto a…

"Basta Hermione, quedamos en que eras simple, simple, simple" me regaño mi consciencia.

Y en realidad lo era, me hacía un favor a mí misma al recordarlo, no existía nada interesante en mí, era sumamente delgada y pálida, mi cabello marrón siempre estaba enredado por lo que nunca podía llevarlo suelto, y mis aburridos ojos estaban ocultos tras mis anteojos que según mi mejor amiga, eran una mala broma de la compañía que los elaboró, siempre vestía de manera simple ya que no me llamaba la atención la moda ni el maquillaje (cosa que a Ginny le disgustaba) pero ¿Para qué intentarlo si se de antemano que no habrá un gran cambio? Ya había aprendido a vivir así, no me molestaba, simplemente algunas personas no nacían con la belleza en el paquete y de nada me servía lamentarme por ello.

Con un último vistazo, tomé mi mochila y bajé las escaleras comprobando que sin Wendell y Monica la casa se sentía sumamente vacía, desayuné un poco de cereal, salí para montarme en mi vieja Chevy y conduje hasta el instituto.

Desde que mi vista se posó en el estacionamiento, quise poder dar reversa y desaparecer de ahí, todo era tan... tan… ¿Rosa?

Globos, cintas, peluches, flores, regalos, todo era como un martillazo a mi cabeza, ¡Y ni siquiera estábamos en el dichoso día!

Pero claro, el instituto era conocido por el festival que organizaba el día de los enamorados, el comité de alumno y todo aquel que estuviese deseoso de colaborar, se unía en una odisea interminable para poder recibir entusiastamente el gran día. Obviamente yo era de las pocas pero existentes personas que se mantenían alejadas de todo aquel ajetreo.

Aparque mi automóvil lo más lejos posible de tanta alegría, y ni bien había puesto un pie en la acera cuando un torbellino de hiperactividad me atrapó.

-¡Hermione! ¡Qué bueno que llegas! ¿Qué tal está quedando todo? ¿A que no habías visto una decoración tan original? Y todavía falta la cancha, Todavía estas a tiempo de asistir a…

-Ginny por Dios tranquila que no entiendo nada- le dije a mi entusiasta amiga que tenía un brillo de frenesí en los ojos.

-¿Verdad que todo está bonito? ¿Verdad que sí?

Ginny era parte del comité de la escuela, el cual estaba conformado por los más populares del instituto, aunque ella rara vez hablaba con ellos puesto que se juntaba conmigo, le gustaba participar en festivales y eventos para poder explotar su creatividad.

-Si Ginny, está muy bonito, te luciste en grande-le felicité tratando de sonar sincera, pero al parecer no me salió muy bien.

-No te veo muy contenta por ello-me dijo con su típico puchero.

-¿Pero qué quieres que te diga? Me conoces y sabes que no me entusiasma mucho la celebración, pero si puedo felicitar a mi mejor amiga por su esfuerzo- le dije mientras la abrazaba.

-Hermione, ¿De verdad no quieres venir al festival? Vas a ver que será estupendo, habrá muchos juegos y cosas con las que te divertirás- me suplicó

-No Ginny, tengo una cita importante con mi televisión, no puedo dejarla plantada-bromee.

-Eso no es gracioso.

-Para mí si

Escuchamos que alguien la llamaba y se disculpó diciendo que aún faltaban arreglos y que tenía que ayudar, la despedí con un beso y me dirigí hacia el edificio en que tenía la primera asignatura.

Iba enfrascada observando la decoración tan excesiva que había usado Ginny, cuando escuché varios gritos y me giré para ver la conmoción.

Y vaya que valía la pena aquella conmoción.

Porque la persona que bajaba de un brillante auto plateado era la representación máxima de cualquier idealización femenina.

El súper popular Ron Weasley. Todas las chicas del instituto derrapaban por él, y no se les podía culpar, parecía desgarbado, pero en realidad tenía una figura atlética estupenda, su rostro era un monumento a los ángeles de Botilleli, con los pómulos marcados y unos labios extremadamente sensuales, su cabello de un color rojo se mecía con gracia al compás del viento y su sonrisa torcida parecía querer cegar a cualquier incauta que tuviese la osadía de mirarlo demasiado.

Popular, capitán del equipo de Futbol, presidente del comité estudiantil, estudiante modelo y blanco seguro de las solteras.

Sí, así era él. Tan perfecto que dolía.

En seguida se vio rodeado por un enjambre de chicas que no pudieron esperar dos días para enterrarlo en regalos de colores rosa y rojo, a diferencia de lo que se podía pensar de él, era muy amable y caballeroso, por lo que recibía los cumplidos y obsequios con una sonrisa algo incómoda pero siempre amistosa.

En lo que duró un segundo una pequeña figura se abalanzó sobre él apretándolo del cuello y ahuyentando a las frustradas admiradoras, Ginny nunca perdía la oportunidad para hacerle ese tipo de escenas a su hermano.

Y como mi vida era una telenovela barata, tenía que cumplir con mi papel, estaba completamente enamorada del hermano de mi mejor amiga. Mi amor imposible desde que llegué a este pueblo, el causante de suspiros que únicamente yo podía escuchar y la razón por la que el día de San Valentín era una verdadera tortura.

Me sentía como una más del mar de chicas que lo idolatraban, con la única diferencia que yo no lo acosaba como ellas, me conformaba viéndolo de lejos porque sabía que era un imposible, él era perfecto y yo era tan…

-¡Hermione!

Levante mi vista y choqué con aquella mirada tan endemoniadamente hermosa que hizo arder mi rostro en un rojo brillante. Como odiaba mi palidez en estos momentos, me hacía ver más sonrojada de lo que quisiera.

Ron me saludaba con una mano en el aire mientras que Ginny me sonreía abiertamente y las demás chicas me quemaban con la mirada. ¡Genial! Le conteste levantando mi mano tímidamente y él me regaló aquella sonrisa taaaaaaaan sexy que por el bien de mi salud mental decidí dar media vuelta y reemprender mi marcha al edificio.

Ron siempre había sido muy amable conmigo, compartíamos la clase de física, a veces cuando salía con Ginny él nos acompañaba, y de vez en cuando platicábamos en la sala de su casa o en la escuela, la manera en cómo nos llevábamos podría nombrarse amistad si no fuese porque a la menor oportunidad huía de él porque no me consideraba muy interesante y prefería guardar distancia antes que enterarme que lo aburría. Cobarde de mí.

Ginny, que siempre ha sospechado de mis sentimientos, me reñía de cómo ignorarlo o escapar de su presencia se había convertido en mi deporte favorito- una broma muy mala sabiendo lo torpe que soy-, pero es que sabía que nada podía salir de mi esfuerzo, y siempre que decía eso, rodaba los ojos y murmuraba cosas que nunca lograba escuchar.

En fin, ya iba doblando por la esquina del pasillo hacía mi siguiente clase que era literatura, cuando me topé con algo que hubiese deseado no ver hasta que fuese necesario.

Lavender y su grupo. Mejor conocida como la abeja reina de la escuela, vicepresidenta del comité, popular, hermosa, capitana de porristas y… obsesiva número 1 de mi tormento de ojos cafés.

Esto último aunque no me gustaba había aprendido también a sobrellevarlo, si alguien tenía la belleza para poder estar con Ron era ella, de cabellera rubia y cuerpo de modelo, Lavender tenía de hermosa lo que tenía de mala, le encantaba humillar a todos aquellos inferiores a ella, yo estaba en su lista, por lo visto no le parecía que alguien tan poco agraciada como yo tuviese una mejor relación con Ron de la que ella tenía.

La única clase que compartíamos era Sociales, que tocaba justamente hoy a la última hora, era mi infierno personal, no paraba de agredirme sutilmente, y como el maestro era uno más de los que sucumbían ante sus encantos, bien se le daba ignorar lo que ella me hacía.

Camine lo más rápido posible por el pasillo, no quería recibir mi cuota de insultos antes de tiempo, pero por más rápido que quise ir logré escuchar algo de su conversación.

-Me costó una fortuna, pero bien valió la pena-decía ella.

-¿Estás segura de que eso ayudará? Todas las chicas le están haciendo obsequios-le dijo Parvati, su siempre fiel mano derecha.

-Por supuesto que sí, Ron sabe de regalos costosos y este no le pasará desapercibido-replicó mientras levantaba una pequeña caja… roja, y mostraba su contenido.

Era un elegante reloj de pulsera, y aunque yo no sabía mucho de regalos podía intuir que realmente le había costado un ojo de la cara. Yo nunca le había obsequiado nada a Ron, no porque no quisiese, sino porque recibía tantas cosas que estaba segura de que mi presente sería de risa, jamás tendría tanto dinero como para darle algo lindo.

-Oh pero miren a quien tenemos aquí, ¿Qué tal tu día Granger?

Levanté mi rostro para ver mortificantemente como todas ellas me miraban maliciosamente.

-Bien-susurré débilmente

-¿Ya tienes planes para el domingo?-inquirió con falsa inocencia mientras sus amigas soltaban una carcajada.

No conteste. Era obvio que lo hacía para fastidiarme, decidí ignorarla y caminar más aprisa, pero me bloquearon el paso, era más alta que yo y no había modo de dar la media vuelta porque todas me rodeaban estratégicamente.

-Te pregunté algo, ¿Acaso no puedes contestar?

Nunca le había contestado de mala forma, pero sinceramente hoy no era mi día, estaba de un humor sombrío, así que con toda la educación posible le respondí.

-No tendría por qué contestarte.

-Así que estamos de valientes, ¿La tonta de tu amiga te dio clases de defensa?

A Lavender nunca le había caído bien Ginny, en parte porque ella la ignoraba dando a entender que no era una posible cuñada deseada y porque era mi mejor amiga, lo que hacía más cercana mi relación con Ron.

La forma que hablo de ella, tan despectiva y rencorosa me irritó.

-No hables así de ella- le dije sin levantar mi voz pero si mi rostro para mirarla a sus fríos ojos azules.

-¿Y si lo hago que?-me retó mientras me empujaba.

Los brazos de Parvati me retuvieron de caer, pero nuevamente me vi empujada por ella mientras se reía sarcásticamente.

-No eres muy fuerte si nadie te defiende-escuché a la voz nasal de Parvati mientras caía nuevamente en las manos de Lavender.

-Esto es para que aprendas a no contestarme de nuevo Granger-me dijo La rubia mientras alzaba una mano para abofetearme.

Esto era absurdo, no tenía por qué dejarme de ella, Ginny siempre decía que debía aprender a contestarle, pero si no lo hacía era porque no quería problemas con ella, enojar a Lavender no era muy inteligente, podía hacer de tu vida un verdadero infierno, pero tampoco estaba dispuesta a dejarme golpear, así que con una velocidad poco propia de mí la alejé de mí con un leve empujón, mi intención no era lastimarla, más bien era evitar que me hiciese algo, pero en el proceso ocurrió algo que lamentaría por mucho tiempo.

La caja que tenía tan bien agarrada con su otra mano, se resbalo y cayó estrepitosamente mientras su contenido se golpeaba contra el concreto y dejaba al descubierto el mismo reloj, pero con la caratula partida y pequeños trozos de metal esparcidos por el suelo.

Llevé las manos a mi boca mientras contemplaba mi descuido fijamente. Oh oh. Estaba en problemas.

-¡El reloj!-gritó Lavender mientras se tiraba al suelo como una desquiciada intentando unir los pedazos que ya no tenía solución.

Las demás que me rodeaban también se olvidaron por completo de mí, mientras ayudaban a Lavender a recoger los restos de su regalo, una decía algo sobre un pegamento y otra le daba palmaditas en la espalda susurrándole palabras de aliento, mientras que Parvati lo único que hacía era dar vueltas a su alrededor con una cara de angustia.

Yo salía sobrando en el cuadro, así que sigilosamente me escurrí por el pasillo y lo último que escuche fue el grito de Lavender.

-¡Me las pagarás Granger!


AUTORA ORIGINAL:

ñA! ¿QUE TAL? JEJEJEJE espero que les guste el comienzo...


Gracias por leer!

¿Les está gustando la historia?

Ya saben mi 'política':

5 reviews = actualización INMEDIATA!

Con amor,

Old Brown Shoe :P