—¿Alguna pregunta más?
—No, alcalde Lewis. Creo que eso es todo.
—¡De acuerdo! Te dejaré a solas para que te familiarices con tu nuevo hogar. Yo puedo darte algunas directrices, pero el resto lo vas a aprender tú.
—Hasta mañana.
Bajo la vista al suelo alto desbordada, pues ni sé por dónde empezar. El terreno necesita trabajar en él, la casa también y las plantas y árboles silvestres crecen por todas partes sin ton ni son.
—¿...Seguro que estarás bien? —me insiste el anciano, viejo amigo de mi abuelo.
Compongo una sonrisa firme a la vez que asiento.
—Seguro, sólo necesito familiarizarme un poco más con esto pero estaré bien. Usted ya ha hecho suficiente por mí.
Con esas palabras, Lewis parece darse por satisfecho dejándome a solas en mi desconcierto. Un tocón cercano me sirve de asiento mientras observo, desbordada, las herramientas viejas que estaban en el viejo cofre. El paquete de semillas de chirivía que me ha dado Robin como regalo de bienvenida aún está en mi mano. Va a ser un duro comienzo, pero imagino que las cosas no vienen fácilmente aquí. Debo hacerlo bien. Por el abuelo.
Aunque de momento, me tomo la libertad de posponer el ponerme manos a la obra un poco más. Observo los alrededores y me fijo especialmente en una rana que hay junto al estanque. Suena como una locura, pero juraría que me está mirando fijamente. No sabría decir qué exactamente pero algo me empuja a acercarme a la piedra sobre la que está posada.
La rana no se va, sigue contemplándome con sus ojos verdes y saltones. Es como si me estuviera intentando hipnotizar... Y yo seré una chica de ciudad pero es evidente que este comportamiento no es normal.
—¿Eres un príncipe? —murmuro. Mi abuela solía contarme la historia de un príncipe convertido en rana.
—Bésame y compruébalo —contesta la rana.
El tiempo parece congelarse. Miro a la rana con los ojos como platos, asimilando que acaba de... ¿Hablarme?
—Creo que me voy a dormir —digo para mí misma. Eso es, debo estar cansada.
Pero en cuanto me doy la vuelta, un halo de luz morada envuelve a la rana, y esta se transforma delante de mis ojos en un hombre de cabello y barba violetas vistiendo una túnica negra llena de abalorios.
—Decidí presentarme a ti por medio de mi animal totémico para ponerte a prueba. Quería ver si reparabas en mí. Si no lo hubieras hecho, habría vuelto a mi torre por donde vine sin más —dice, a modo de presentación—. Te he estado esperando.
Parpadeo varias veces, incapaz de mover cualquier otro músculo de mi cuerpo.
—Pero veo que te he asustado, discúlpame —agrega.
—¿...Qwj...? —balbuceo, aún sin procesar lo que acaba de ocurrir.
—Sólo soy un hechicero que vive en la torre del bosque Cindersnap, muy cerca de aquí. Conocí a tu abuelo y pensé que debía venir a presentarme como es debido.
—¡Pues me he llevado un susto de muerte! —protesto—. ¿Y lo de la rana, cómo lo hizo?
—Como ya dije, es mi animal totémico. Y tú puedes conseguir conectar con la ensencia elemental de tu alma y transformarte con su debido entrenamiento.
No me creo ni una palabra de lo que dice este demente, pero no quiero ser descortés. Lo mejor será rechazarlo con educación.
—¿En serio? Pues no se si tendré tiempo, acabo de llegar a este lugar y quería ponerme a trabajar duro cuanto antes ¡Estas piedras no se van a partir solas!
Su mirada entonces se posa en mi bolsa de semillas.
—Entiendo. ¿Sabes? Predije tu llegada en los vapores de mi caldero y he visto cosas... Cosas que no sólo a mí me interesan que cambien sino a todos. Vi a esta región cayendo en manos de una gran corporación y vi que tu granja podría ayudar a cambiar ese destino, haciendo prosperar la economía local. En el futuro ayudarás a la restauración del pueblo y llegarás a ser alguien influyente si quieres.
—Bueno, parece ser que lo único que tengo que hacer es seguir mi plan como hasta ahora. ¿No?
—No es tan fácil —me corta él—. En el futuro deberás tomar una dura decisión. Alguien vendrá a ti y te propondrá un trato, te ofrecerá una exorbitante cantidad de dinero por estos terrenos y tú te verás en un dilema.
—¡Jamás vendería esto! ¡Es un legado familiar!
Él deja escapar una risa seca, mirándome como si él supiera todo y yo no tuviera ni idea de nada.
—Eso es lo que dices ahora, pero de aquí a ese momento muchas cosas pasarán y podrías no verlo tan claro.
—Jamás... —digo, aunque muy flojito, porque por un momento sus palabras me hacen dudar.
—Pero no te preocupes, yo te instruiré en un nuevo camino. Si eliges convertirte en mi discípula adquirirás poderes y medios que te permitirán ayudar al valle y sus habitantes mejor. ¿Qué te parece? ¿Quieres pasarte la primavera cultivando chirivías? ¿O quieres hacer algo más interesante? Dámelas a mí y mañana te daré por ellas algo bueno de verdad.
Puedo ver las dos opciones frente a mí. Por un lado, rechazar lo que me propone, trabajar la tierra, plantar las chirivías y comenzar poco a poco a mejorar las cosas... O puedo hacer el trato y convertirme en su discípula.
—¿Puedo pensármelo un tiempo?
—No. Busco a alguien determinado y dispuesto a confiar en mí, si no tienes eso entonces no eres la persona que creí haber encontrado.
La opción me tienta, pero ¿y si no es más que un embaucador?. ¿Y si me roba las semillas y no le vuelvo a ver el pelo? Lo acabo de ver transformarse de rana a hombre. No sé cómo lo habrá hecho, pero me parece algo digno de mencionar. Por otro lado acabo de mudarme, he dejado mi anterior empleo y no tengo más ahorros que el dinero de mi bolsillo. ¿Y si se me acaba antes de que pueda ser económicamente independiente? ¿Qué será de mí cuando me haya quedado sin un G por seguir a este loco?
Me estoy jugando demasiado. ¿Puedo seguir apostando un poco más?
¿Funcionará?
—Acepto su trato. Quizá me arrepienta, pero lo acepto.
—No lo harás —afirma, como si ya fuera un hecho—. Ahora dame esas semillas, mañana tendrás más noticias mías.
Tras tomar mis semillas, el mago se vuelve a transformar en rana y se aleja por entre la maleza dando saltos.
¿Qué diablos acaba de ocurrir?
LO IMPORTANTE PARA COMENZAR ALGO CON BUEN PIE ES SER OSADO.
LA SABIDURÍA VENDRÁ DESPUÉS.
-Wizard.
