BLEACH 681': Corrupted Purity, Cleansed Evil

Bajo el nuevo cielo bañado en negrura, la última manifestación de lo imposible, Gerard Valkyrie, o lo que había tomado su lugar, permanecía inmóvil frente a los dos capitanes más jóvenes del Gotei 13. Sus ojos, cubiertos bajo un recién formado casco de reishi que se había unido al resto de su armadura, se posaban sobre el dúo con una mirada sin vida.

—Al menos ya no tenemos que aguantar su verborrea —se burló Byakuya, con un tono tan gélido como de costumbre acompañado de un nuevo tono, más cálido, mientras se preparaba para hacer frente a la nueva forma de su enemigo.

—Eso sí que podría considerarlo un milagro —respondió el crecido Hitsugaya entre jadeos, visiblemente fatigado por el uso prolongado de su bankai en tan larga batalla— ¿Algún plan más bajo la manga, Kuchiki?

Antes de que Byakuya pudiese articular respuesta, un tenue murmullo brotó de los escombros bajo el Sternritter M y, con un sonoro estruendo, Zaraki Kenpachi surgió como un meteoro, blandiendo a Nozarashi con la única mano útil que le quedaba, buscando la cabeza del coloso en un estallido de sed de sangre.

—¡Muérete de una puta vez!

—¡Zaraki, no…! —pero las palabras de Toshiro Hitsugaya no llegaron a su destino. Gerard reaccionó sobrenaturalmente rápido e impactó a Zaraki con el dorso de su mano, expulsándolo de la devastada sección del Wahrwelt y colocándolo en caída libre contra la Soul Society a un abismo de distancia.

—Bueno, parece que no estamos pasando por nuestro mejor momento —En frente de los sorprendidos ojos de ambos capitanes, Shinji Hirako apareció de entre los escombros, todavía desorientado—. Y esa cosa negra del cielo tampoco creo que augure nada bueno.

—¡Hirako! Estás despierto.

—Sí, sí. No hace falta que me lo recuerdes. Ya duele lo suficiente. Momo-chan está bien también. La he dejado descansando por ahí atrás junto con Rangiku. Pero no es momento de preocuparse por ellas ahora mismo. Por otra parte, nuestro gigantesco amigo puede que requiera algo más de atención.

—Hemos intentado todo, pero nada parece funcionar contra esa cosa —pronunció Hitsugaya ante el silencio de Byakuya, quien había vuelto a sellar su bankai para intentar recuperar fuerzas ante el ya evidente desgaste de la pelea.

—Ahora mismo no es hora de desesperar, Capitán Hitsugaya. Puede que haya pensado en algo mientras descansaba los ojos ahí atrás —respondió Shinji con una sonrisa confiada—. Sin embargo, necesito que lo bajéis a mi nivel. De no ser así, no estoy seg…

Sin previo aviso, una explosión gigantesca impactó contra la cara del Sternritter, engulléndolo brutalmente en llamas y aturdiéndolo lo suficiente como para que cayese de espaldas sobre un edificio a la vez que los Shinigamis retrocedían por la inmensa onda expansiva. De repente la luz del cielo era visible de nuevo sobre las llamas de la explosión, y en la distancia se podía vislumbrar a los tenientes Marechiyo Omaeda y Shuhei Hisahi aguantando a duras penas el retroceso del Jakuhō Raikōben de la capitana Soi Fon. Junto al trío, o mejor dicho, envolviéndolo, una nube de color blanco pronunciaba unas palabras huecas, cuyo eco reflejaba una voz cálida pero apagada:

—Lo siento mucho. No fui capaz de curar por completo sus… —murmuraba la voz de Isane Kotetsu antes de que sus ya considerablemente inaudibles palabras fuesen interrumpidas por las estridentes órdenes de Soi Fon.

—¿A qué estáis esperando? ¡Acabad con él ahora!

—Eso fue inesperado, pero bastante conveniente. Muchas gracias, Capitana Soi Fon —añadió Shinji antes de usar Shunpo para ubicarse frente a la cabeza del gigante haciendo pie en la parte superior de la coraza que cubría el pecho del Sternritter. Al despejarse la pesada nube de humo, los daños causados por el bankai de la capitana se hicieron visibles. El casco que hace nada recubría el rostro de Gerard había yacía abierto como la piel de un plátano podrido alrededor de su cabeza, y lo que antes era su cara ahora exponía hueso abrasado sobre una carne ennegrecida que se esforzaba ya por reorganizarse para formar de nuevo una cara con rasgos hasta hace unos segundos indemnes. Por suerte, la falta de órganos tan vitales como los ojos impedía al Quincy usar sus sentidos para reaccionar ante la poco más que insignificante presencia frente a él que, sin perder más tiempo, procedía a liberar el shikai de su espada para introducirla en el orificio que en unos segundos se tornaría en la boca de Gerard y, con una sonrisa retorcida, pronunciar:

—Aspira bien. Bankai. Ōfuku Undō Sakanade1.

Tras una explosión de gas dorado, Shinji rápidamente retrocedió con su zanpakuto completamente liberada, similar a su forma en shikai, pero con una hoja duplicada agregada a un segundo anillo de acero parejo al que seguía a la empuñadura de Sakanade. Ya a una distancia segura, el Vizard capitán comenzó a girar ambos filos en círculos opuestos mientras Gerard luchaba contra la pegajosa nube de gas adherida a su cara.

—Ōfuku Undō Sakanade conecta, revierte e intercambia el reiatsu de aquellos que respiran su gas, incluyéndome a mí. ¿Puedes escucharme, idiota? Ahora tú y yo estamos conectados.

Reaccionando por fin a la voz de su enemigo con unos recién estrenados tímpanos, Gerard se abalanzó rápidamente hacia la posición de Shinji, que simplemente desapareció del lugar vía Shunpo sin dejar de girar ambas cuchillas, haciendo que el Sternritter fallase miserablemente y cayese de bruces contra el suelo destrozando aún más el palacio con sus increíbles dimensiones.

—No se siquiera si me entiendes, grandullón, pero tampoco es que me importe en demasía. Tenemos unos segundos para matar y no tengo nada mejor que hacer.

Ante el nuevo estímulo, Gerard volvió a reaccionar y lanzó una patada estirando la pierna desde el suelo que Shinji esquivó con desgana de un simple salto. Los restos de los edificios volaban en todas direcciones mientras los otros dos capitanes observaban con atención desde la distancia.

—Gracias por confirmarme la existencia de unos tímpanos en esa cabezota tuya —se burlaba un Shinji todavía en ascenso—. Vosotros los Quincies sabréis ya que para convertirse en capitán, un Shinigami debe conseguir proficiencia en el uso del bankai. Lo que no sabréis es que cuando aquel bastardo de Aizen nos hollowficó a nosotros los Vizards, fuimos perdiendo poco a poco el uso de dicha habilidad al mismo tiempo que nuestros Hollows internos se fusionaban con nuestras zanpakutos. En cierto modo, perdimos parte de nuestro propio ser, y como consecuencia perdimos también el derecho a ser capitanes.

Cuando Shinji aterrizó grácilmente sobre la espinilla del monstruoso Quincy, éste reaccionó levantándola por los aires justo después de que el capitán usase Shunpo para alejarse de nuevo de su adversario.

—Tras la batalla de Karakura, de la que posiblemente ya tengáis constancia, Kisuke Urahara se aseguró de que Rose, Kensei y yo pudiésemos retomar nuestros rangos ante la falta de capitanes del Gotei 13 mediante una reversión del proceso que nos privó de nuestros bankais en la que básicamente suprimió cualquier tipo de producción de reiatsu Hollow en nuestros cuerpos.

Gerard volvió a lanzar un ataque contra el Vizard, fallando de nuevo y estrellando el puño contra los restos de un edificio cercano. Poco a poco, el Schutzstaffel comenzó a incorporarse.

—Sin embargo, ésta no fue una solución permanente. A pesar de estar separado de Sakanade, el Hollow dentro de mí todavía estaba presente, así que poco después de vuestra primera incursión decidí hacerle una visita. Ya sabes, por el bien de una reconciliación, aunque puede que también fuera porque descubrimos que el reiatsu Hollow era de alguna manera tóxico para vosotros, los Quincies.

Ya en pie, Valkyrie se había deshecho por completo del gas proveniente de Sakanade, y un nuevo yelmo de reishi ya estaba a punto de ocultar por completo el renovado rostro del gigante. Sin alterar su pose en lo más mínimo, volvió a desplegar las gargantuescas alas de su Vollstandig, listo para lanzarse por última vez contra aquel esquivo enemigo a una velocidad a la que no podría reaccionar. Como réplica, los dos filos de Sakanade se sobrepusieron el uno al otro, coincidiendo frente a la mirada de Shinji, que a su vez respondió cerrando su puño entre los círculos de ambas espadas mientras que con su otra mano empezaba a cubrir su cara para manifestar su máscara.

—Desafortunadamente para vosotros, Quincies, él ha vuelto. ¡Gyaku!2

Cuando por fin se hizo el silencio, ambos filos se volvieron a unir en uno, y la máscara Hollow cubrió por completo la cara de Shinji Hirako. Las dos figuras, tan diferenciadas en tamaño, se mantuvieron imperturbables la una frente a la otra durante unos escasos pero eternos segundos que únicamente dejaban el sonido de los escombros a su paso. Sin previo aviso, un grito desgarrador hizo temblar el suelo con el choque de reiatsus opuestos. Con tanto reiatsu Quincy como Hollow fluyendo y chocando entre sí dentro de su cuerpo, Gerard se acuclilló estremecido de dolor, aferrando las manos en su propia cabeza mientras agitaba los restos de los edificios congelados del Wahrwelt con el movimiento de sus alas. Pronto, el casco que recubría la cabeza del gigante volvió a resquebrajarse cuando una enorme máscara Hollow tomó forma violentamente cubriendo de nuevo su cara. De la misma manera, Shinji expresaba una mueca de dolor bajo su propia máscara al mismo tiempo que unas alas de reishi brotaban violentamente de su espalda justo antes de caer de rodillas y sangrar copiosamente por la boca como resultado de la batalla interna que se estaba librando en su interior. Con sus últimas fuerzas, el Vizard se apresuró a pronunciar entre susurros:

—Está hecho… Ahora depende de vosotros…

El siguiente grito de Gerard, distorsionado por su propia hollowficación, sacudió el Wahrwelt por completo, lanzando por los aires a un inconsciente Shinji como una hoja al viento. Los otros dos capitanes, reaccionando rápidamente a aquella visión, saltaron apresuradamente en auxilio de su compañero, ignorando su propio agotamiento mientras avanzaban a contracorriente contra el vibrante sonido que provenía de la garganta del ahora mancillado Sternritter. A pocos metros de su destino, una nueva onda de choque sobrevino a un repentino silencio cuando la máscara de Gerard se fracturó justo antes de que su cuerpo colapsara en una implosión de reiatsu condensado que barrió por completo todos los alrededores, empujando a los tres capitanes varios centenares de metros.

A una distancia segura, el cúmulo gaseoso que recubría tanto a la capitana como al teniente de la segunda división junto con el teniente de la octava dejaba paso a su forma sellada. Una vez envainada Itegumo3, Isane Kotetsu junto con el resto de Shinigamis iniciaba la marcha hacia el humeante cráter que previamente había albergado la intensa batalla contra The Miracle.

El milagro se revierte, aplastado en un choque de reiatsus...