Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn pertenece a Akira Amano.

Claim: Tsuna/Gokudera, principalmente.
Notas: Para completar la Tabla Líquidos de la misión insana, se me ocurrió esta idea. Básicamente un conjunto de drabbles con un tema en común: las Fotografías, y cada prompt corresponderá a una de ellas *se siente fail al tener que explicar un coso suyo (?)*. Y este es un drabble en toda regla (?).
Prompt: Sangre.


Al cambiar de página el semblante del japonés cambió imperceptiblemente. Esa fotografía no era una de sus favoritas, pero como parte de su historia la puso allí.

Nada más era una fotografía de una mano, específicamente de la suya. En algunos lados tenía rastros de sangre seca y raspones. Estaba extendida, su mano derecha miraba hacia el cielo de una blanca habitación.

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Habían pasado horas desde que Gokudera yacía inconciente en esa camilla de hospital. Herido. De nuevo por su culpa, y de esa motivación protegerlo más allá de su vida.

Se suponía que esa tarde jugarían videojuegos en su casa después de clases. Pero no, otra vez detestando el mundo mafioso del que ya formaba parte, recordó como uno sicarios profesionales les habían sorprendido a mitad de camino con orden expresa de matarlo.

Habría sido algo 'normal' dentro de su vida, así como el derrotarlos en compañía de su guardián. Si no hubiera sido por un descuido, un maldito descuido y en una fracción de segundo tenía al italiano sobre él, protegiéndolo.

Si no hubiera sido por la cantidad de sangre, los enemigos habrían durado más de un minuto y medio contra un terriblemente determinado Tsuna.

Tímidamente le recorría los cabellos con suavidad, temiendo despertarlo, aunque eso era lo que más quería; que despertase y pedirle disculpas. Una de las tantas que vendrían en su vida.

—Lo siento —susurró, acariciando superficialmente los dedos de la inmóvil mano en la camilla, esa mano derecha que era símbolo de lo que representaba el orgullo de su guardián.

Esa noche no lo sacarían de allí, pensando que mínimo quedarse hasta que el italiano se despierte al otro día. Se durmió en el sofá, acomodado por él, para las visitas antes de sacar la fotografía de ese día.

De madrugada Gokudera abrió lo ojos, emocionándose enormemente al ver a un joven castaño que quería tanto, ileso y durmiente a su lado mientras le sostenía la mano derecha.

Gesto que él ni se permitió molestar, a su vez apretando suavemente los delgados dedos entre los suyos, finos y largos como de pianista, antes de volver a entrar al mundo de los sueños.

Su mente le llevó a un lugar cálido, donde su tormenta interior se encontraba pacífica entre las nubes mientras el cielo le envolvía.

Se sentía bien.