Primer capítulo de esta historia. ¡Espero de verdad que sea de su agrado!

Servirá como una pequeña introducción de la verdadera personalidad de este espíritu y espero darles una sorpresa. ¡Gracias, mil gracias por las suscripciones, favoritos y reviews! De verdad, me llevé una maravillosa sorpresa al verlos. Suelo agradecer por privado a quienes me dan un comentario, siempre y cuando no sean usuarios no registrados.

Por eso, Oscar: Prometo en estas vacaciones hacer un fanfic enteramente Chakko. ¡Tan sólo espera un poquito que ando con varios exámenes (De hecho, debería estar estudiando ahora mismo xD)

Ruego que me sigan comentando qué les ha parecido la historia, porque ayudan de verdad a que mejore.

No los molesto más, disfruten de la lectura.


DISCLAIMER: No, no me pertenece la franquicia. Pondría más Sukko, si fuera así.


CAPÍTULO UNO

DELA*

Atsuko caminó por los pasillos. Aún movía sus brazos, intentando acostumbrarse a ese cuerpo que ahora ocupaba con total impunidad. Su cuello crujió un par de veces mientras movía la cabeza de aquí para allá y sentía pequeños pinchazos. Se quejó en voz baja, pero luego sonrió.

Sentía dolor.

Mejor dicho.

Sentía.

Hacía tanto que no estaba en un cuerpo que había olvidado este tipo de sensaciones. Volvió a repetir los movimientos, mientras sus ojos se adaptaban a la luz de los rayos tormentosos, iluminando el hermoso hall. Acarició curiosamente las paredes de piedra y los grabados de los bustos de viejas brujas. Estaba muy segura de que la vieja persona que estaba aquí, obviamente debía tenerle miedo.

Pero era una idiota, la verdad.

Nadie se metería en una habitación que estaba vetada debido a que había objetos encantados de alto voltaje que podrían llegar a traerle problemas a aquél o aquella que interactuara.

Una sonrisa cínica se le cruzó por el rostro.

Fue tan fácil encantar a esa boba.

No había tenido el interés de atraerla, la verdad es que esperaba a que la famosa Cavendish alguna vez asomara esa pedante nariz. Le enseñaría un par de lecciones, antes de soltar su cuerpo; mas el destino quiso que fuera Atsuko Kagari, la chica más torpe de Luna Nova.

No le caía mal esa niña, le molestaba en sobremanera que las estudiantes hablaran tantas pestes de ella por no saber volar. Recordaba que cuando fue humana en algún momento, también le costaba muchísimo hacer hechizos, era algo vaga para sus estudios y no tenía un conjunto de amigas que pudieran salvarle las papas del horno cuando estas quemaban y amenazaban con chamuscarse. De hecho, ella, al ser de una familia de magos un poco desprestigiada por la pobreza, vivía en una pequeña habitación; para aclarar, la que usaban las esclavas de servicio. Pagaba su estadía, limpiando la escuela de noche, por lo cual, era usual que se negara estudiar luego de los tediosos y exhaustivos quehaceres. Ahora las normas se habían vuelto más tranquilas y sólo limpiaban aquellos que se portaban mal, como Akko. Después de todo, en esa época Luna Nova destinaba habitaciones así a quienes les costaba pagar la cuota de la academia que era bastante elevada. Luna Nova era una escuela de prestigio para unos pocos. Esto de aceptar niños que provinieran de padres humanos, era algo que demostraba la decadencia en la que se encontraba la institución. Al menos, ese es el pensamiento de las mejores familias de brujos y magos.

No hace falta mencionar que no cualquiera pisaba la vieja morada donde estudiaron las nueve brujas más famosas de la historia.

Más tarde, aprendería que eso es exclusión, ocultamiento del pobre y marginación. Que ella debió haber peleado por sus derechos como estudiante, porque había sido aceptada para estudiar en esa institución como una alumna más. Por lo tanto, debía y merecía ser poseedora de igual trato que las otras chicas.

Sin embargo, de nada sirve llorar sobre el vaso derramado.

Ahora todo es cuestión de que las Hadas hagan ese trabajo que le costaba sus calificaciones, por un salario bastante mínimo. Había casualmente oído la revuelta proletaria que se había efectuado el cuatrimestre anterior y que Akko había estado a favor de estas. Las Hadas hasta llegaron a nombrarla presidenta de su sindicato.

Atsuko siguió caminando, un poco más cómoda con este cuerpo que parecía ser bastante torpe e incierto. Tropezó un par de veces, pero era por su malísima coordinación. Pese a esto, la emoción le hizo sonreír un par de veces cuando casi se iba de bruces al suelo.

Y entonces, la alegría inmensa la embargó.

Saltó en su lugar, dio volteretas, gritó sin pensar en nada, cerró los ojos y lanzó los brazos al aire. Sus ojos se habían llenado de una felicidad inimaginable que era incontrolable, el corazón latía como queriendo salir de su pequeño pecho. Utilizó las piernas para correr por los pasillos, una y otra vez hasta quedar exhausta, contra una pared que sirviera de soporte. La sonrisa era imborrable, sus ojos llenos de una agitación desconocida, eran irreconocibles. Abrazó el cuerpo, amándolo. Lo acarició y se quedó disfrutando de la esencia de Akko, mientras intentaba no hacer tan explícita su felicidad.

-Muchas gracias, Akko. Prometo no hacer tantos líos. De verdad lo prometo.

Luego de unos minutos, más calmada, volvió a la marcha.

Se preguntó qué profesoras seguían trabajando en la escuela. Algo le decía que la vieja bruja de Finnelan aún estaba ahí, con su moral intachable y su dureza típica de escuela tradicional. No obstante, recordaba muy bien que esa profesora fue la única que, al enterarse dónde era obligada a vivir durante su estadía estudiantil, se sobrepuso a los antiguos directivos, pidiendo una reubicación decente. Y lo logró. ¡Esa mujer estricta, enojada, era un demonio!

Como Finnelan era una estudiante modelo, hija de padres millonarios y prestigiosos en el mundo de magos y de brujas; no pudieron efectuar una contra demanda a la que hizo esa joven que aún no se había recibido. La adolescente, de verdad tenía un carácter temerario y casi estuvieron a punto de expulsarla. No obstante, la princesita Holtbrooke también saltó en su defensa. Terminaron detrás de un tribunal; el alumnado de Luna Nova (Que eran unos pocos, pero de familias adineradas y mucha influencia política.) contra los directivos. Hicieron campaña de desprestigio y estuvo a punto de cerrar la institución. Ambas estudiantes, incitaron a otros alumnos que tenían una conciencia de clase intacta, a amenazar con tomar la escuela, si era necesario. No hizo falta.

Atsuko observó el pasillo una vez más y sonrió.

No estaría mal volverla a cruzar ¿Verdad? Quizás hasta le hiciera una visita a su morada, cuando tuviera tiempo. Estaba segura de que daba clases extras a Akko, porque algún lío se había mandado esa chica idiota.

-I think I know why the dog howls at the moon –Canturreó, mientras se dirigía a su habitación, donde a ciencia cierta, se encontraría junto a las amigas de Akko.

Estaba segura que la chica seria era Sucy y que la dulce, se trataba de Lotte. Había escuchado un par de veces esos nombres, en especial, de las insufribles amigas de Cavendish. Obviamente, parloteaban incansablemente pestes de ellas; por lo cual, el círculo terminaba de cerrarse de manera asquerosa.

Entrecerró los ojos.

Bueno, ella odiaba a las amigas de Diana. No entendía como una chica inteligente y tan hermosa como lo era Diana Cavendish, podía soportarlas. Sin embargo, algo debió pasar para que Hannah y Bárbara de repente, se portaran mejor con Akko y las demás chicas; lo cual le llamaba muchísimo la atención. Quizás estaba relacionado con ese misil lanzado por una fuerza oscura, hacia el Otro País.

Estar tantos años atrapada en un espejo como un espíritu amorfo, era la mar de aburrido, así que muchas veces, se quedaba oyendo curiosamente lo que hablaban en los pasillos. Su habitación generalmente estaba cerrada bajo tres mágicas llaves, por lo cual casi nadie se atrevía a pasar, pero las paredes son finas y las voces no dejan de escucharse por más que uno quisiera. Aún así, los profesores casi nunca se pasaban por ahí, por lo cual la estadía se volvía más y más aburrida. Con tanto tiempo encerrada, llegaba un punto que era totalmente desquiciante.

Pero ahora era libre.

¡Era libre!

¡ERA CONDENADAMENTE LIBRE!

Dio un par de vueltas más, gritando y carcajeando a pleno pulmón, hasta que su cuerpo se mareó y frenó, intentando recuperar el aire. Luego volvió a sonreír y llegó a la habitación de Akko. No era difícil encontrarla: Había un cartel bonito tallado en madera que rezaba:

"Lotte, Akko y Sucy"

Cada una con aquello que tanto las identificaba y hacía únicas en el instituto que tenía a homogeneizar a sus estudiantes:

Lotte con libros.

Akko con el sombrero de Shiny Chariot.

Sucy con hongos.

Sí, había oído sobre Shiny Chariot y hasta llegó en algún momento interactuar con esa chica cuando ésta era una pequeña niña de dieciséis años. Chariot se había ofrecido para que ocupara su lugar, con la intención de hacerla feliz, pero luego fue ella misma la que se negó. No quería que Chariot se metiera en más problemas que los que, usualmente, estaba envuelta y que Croix tuviera que salvarle el cuello de ser expulsada, de nueva cuenta.

Ella no confiaba en Croix Meridies como Chariot lo hacía.

Algo negativo se traía esa chica y luego casi mujer, antes de graduarse.

Cuando la volvió a ver merodeando los pasillos, si hubiera sido humana, seguramente sentiría que todos los vellos de su cuerpo se erizarían. Akko parecía tener total ceguera y admiración por esa mujer tan extraña y de oscuras intenciones. Porque ella era capaz de notar la maldad humana y en especial de alguien corrompido por la envidia. Akko corría peligro y una vez más, Úrsula volvía a rescatarla.

O mejor dicho, Chariot Du Nord.

Fue un gran tumulto entre los fantasmas de que la profesora Úrsula, se tratara, en realidad, de Chariot. Las apuestas habían corrido desesperadas, y esta vez, la que había ganado por montón, era ella. Obviamente, el premio mayor era poseer primero el cuerpo de aquél humano que se acercara a su salón hasta que terminara de hacer los deberes que dejó pendientes debido a su repentina muerte…

Sacudió su cabeza.

No.

"Deja de pensar estupideces, abre la puerta", se dijo

Una vez que lo hizo, se encontró conque la habitación estaba apagada y la ventana, herméticamente cerrada. Encendió las luces y no había nadie. Seguramente, al ser temporada de vacaciones, Lotte no estaba, porque el lado excéntrico de la habitación, obviamente era de Sucy y estaba repleto con sus cosas. El de los libros, era de Lotte y la litera de abajo, de Akko, por el obvio póster de Chariot en sus conciertos.

Sonrió de costado y preparó su cuerpo para lanzarse boca abajo contra la cama. Enterró su cara en la almohada, el aroma al perfume de la chica, inundó sus fosas nasales. Con los ojos cerrados, sonrió, derritiendo su cuerpo en el colchón, mientras suspiraba relajadamente. Estaba tan feliz, que no cabían palabras para expresarlo. El almohadón de plumas se sentía de mil maravillas. Ya no recordaba lo que era descansar así.

En algún momento, su cuerpo terminó de relajarse y cayó en un sueño profundo.

Se despertó de golpe, porque alguien apagó la luz.

Abrió los ojos y se puso boca arriba, sorprendida, con las mejillas enrojeciendo. Se limpió la boca, un poco acomplejada. Esperaba no haber babeado demasiado.

-Disculpa. Estabas dormida y la luz suele molestarte.

Era Sucy.

Ahora que la veía de cerca, todo ese aire misterioso, realmente le sentaba bonito. Era una chica pálida, con una mirada bastante apagada. Tenía largas pestañas y el ojo derecho estaba cubierto con su pesada melena. Sin embargo, sus facciones eran delicadas, de mejillas casi rellenas y labios finos pero con una curvatura agradable. Sus dientes parecían un poco puntiagudos, al menos los caninos. Tenía ojeras, quizás de cansancio. Su cuerpo era alto, pero no esbelto. Tenía unas caderas bastante interesantes, unos senos pequeños pero notorios. Era bastante larguirucha. Atsuko notó que la chica curvaba un poco su espalda, había un aire de constante aburrimiento, pero un fantasma de tantos años como ella, sabía que era pura fachada. Sucy realmente parecía ser una persona buena que tenía consideraciones por Akko.

-No te preocupes. –Trató de decir Atsuko, pero luego recordó, que no había sonado lo suficientemente "Akko". –Y… Ya sabes, suelo dormir como un muerto. –fingió una risa estúpida.

Por sorpresa, Sucy sonrió y se sentó en la cama. Su corazón se exaltó. Tenía la sospecha de que si esa chica la miraba más profundo, se daría cuenta que era una farsante y una invasora de cuerpos.

Ni hablar de esto, cuando Sucy trepó por su cuerpo y básicamente quedó a dos palmos de distancias. Sus labios casi chocaban. La respiración de Sucy acariciaba su rostro, provocándole diferentes reacciones que no eran para nada desagradables. Su cuerpo se revolucionó en un segundo. Sintió que cada parte cosquilleaba y que quería… No sabía qué demonios exactamente deseaba, pero de verdad, moría por ello. Sucy tenía los labios entreabiertos, lo pudo ver apenas. Parecía estar pensando en algo y lo más perturbador es que su boca casi estaba acariciando la suya, sin la intención de besarla. Se sentía sedienta, su garganta parecía haber estado una semana sin comer ni beber en el Sahara. Los labios de Sucy, a esa distancia, eran perturbadoramente sensuales. No estaba ruborizada, parecía que este comportamiento entre ambas, era algo completamente normal. Sentía los pechos de la excéntrica chica sobre los suyos, acariciándolos de una forma extraña. Era como casi una pose sugerentemente erótica. Su corazón seguía bailoteando, la sangre en las venas correteaba alegre. Cerró los ojos, suspirando. El aroma de Sucy era muy agradable, era como de pino mezclado con algún fruto del bosque. Y entonces, escuchó que carraspeaba. Atsuko se forzó a abrir los ojos.

Sintió que Sucy se incorporó un poquito, al menos para que sus narices chocaran y nada más. Atsuko hizo un atrevimiento casi sobrehumano para despegar la mirada de esa boca tentadora hacia el objeto que la otra chica levantaba en alto.

-Traje esto. –Le mostró una canasta, agitándola con gracia. –Son hongos nuevos, ¿Quieres verlos?

Atsuko apenas pudo asentir, mientras el rostro se ponía de mil colores. Un calor diferente inundó sus mejillas, sabía que estaba abochornada por haber parecido una idiota enamorada. ¿Qué le estaba pasando?

-...

¿Qué clase de relación tenían Sucy y Akko?

Sucy se incorporó, con una sonrisa satisfecha y se sentó en el borde de la cama. Bien. No había descubierto que detrás de esa mirada parda, se encontraba la de ella. Probablemente Sucy no tuviera el don de ver los cuerpos invadidos. Quizás la relación entre ella y Akko era de más que amigas; algo común entre las alumnas de Luna Nova. Muchas chicas se escondían en su sala para dar rienda suelta a sus hormonas alborotadas.

-Qué raro… -Dijo la misteriosa chica. –…Por un momento creí ver alguien más en tus ojos… –Se incorporó y fue a la mesa que compartían, para desplegar todo el equipo de pociones en un costado de ésta.

Atsuko sintió como si un baldazo de agua helada hubiese caído sobre sus hombros. Tenía los músculos agarrotados y sentía vergüenza, demasiada vergüenza. Había creído que estaba por besarla. Era una ridícula. ¿Qué le estaba pasando? Lamió sus labios, mordiendo el inferior, en el momento que la otra bruja le daba la espalda. Peor que eso, casi la había descubierto. Eso había estado cerca.

¿Dónde estaban sus prioridades?

-…

-Traje la cena. ¿Quieres comer?

Sus ojos se agrandaron, de pura emoción.

El estómago rugió como un león.

-¡Sí! –Saltó de la cama, volando hasta la mesa, mientras buscaba entre las cosas unos vasos y platos. Luego abrió las cortinas, para observar el hermoso y ahora tormentoso paisaje de Luna Nova; mientras Sucy buscaba los alimentos.

Pasada esta prueba de fuego, sintió la vía libre para poner en marcha, su plan maestro antes de ser descubierta.

Sin embargo, mientras masticaba deleitada por los sabores de la carne asada y las papas saladas con arvejas y huevo frito, y escuchaba a Sucy hablar animadamente sobre las propiedades de un hongo que había encargado de Malasia; no dejaba de pensar y reflexionar que a esa avispada bruja no sería fácil convencerla de que era la real Akko Kagari.


*Dela: Significa en Zulú varias cosas, que toman forma en el contexto de la oración. Sin embargo, lo tomo como una exaltación, felicidad suprema.

Pertenece a la canción "Dela (I think I know why the dog howls at the moon)" de Jonny Clegg & Savuka