Perséfone no había probado bocado alguno, desde hace horas que el mismo Hades le había dejado una bandeja de comida recién preparada encima de una mesilla, a pesar de que podía resultar apetecible en esos momentos, no iba a comer absolutamente nada...estaba en un lugar desconocido y lo único que quería era regresar con su madre.

"Debe estar muy preocupada..." Pensaba Perséfone recordando a su madre e imaginándose como debe estar dando el grito en el cielo por no encontrarla.

Perséfone estaba dando su décima vuelta por la gran habitación en busca de una salida, de un escape pero todo era en vano, la única forma de salir, por lo visto, era sólo por la puerta. Muchas veces quiso abrirla y salir corriendo de ahí pero sospechaba que alguien debía estar vigilando el exterior de la habitación.

-Todo esto debe ser un sueño...-Se decía a sí misma para hacerse sentir mejor. Sin embargo, su "casi" tranquilidad se le estaba por derrumbar de nuevo cuando alguien abrió la puerta.

Sin estar preparada, Perséfone reaccionó demasiado tarde cuando escuchó un rechinido. Dio media vuelta y se encontró de nuevo con ese hombre alto de cabellos oscuros y ojos turquesa, se veía tan calmado como hace minutos, todo lo contrario a Perséfone quien puso una distancia pronunciada.

Hades echó un vistazo hacia la mesilla donde seguía la bandeja de comida aún intacta.

-Por lo visto...no has comido nada.- La volvió a mirar. Perséfone no tenía intención de comentar nada sobre eso.- No había dicho esto hace rato pero espero que te sientas cómoda en este lugar...no me refiero a la habitación si no a este mundo...

-¿C-Cómo?.- Fue lo primero que pronunció Perséfone, Hades extrañamente se sintió feliz de que por fin le haya dirigido la palabra.- ¿Qué quieres decir con "este mundo"?

Hades había hecho todo al revés, primero debía presentarse, luego hablarle sobre su "situación" y al final llevarle comida.

-Estamos en el Inframundo...-Suavizó más su voz, no quería que ella lo siguiera viendo con esa mirada de terror, tenía qué hacer su mejor esfuerzo.

-¡¿En el Inframundo?!.- Exclamó incrédula, no podía ser posible...

-Así es...mi nombre es Hades, soy el dios de este mundo...- Había sonado tan firme y seguro, sería lo opuesto a lo que estaba por decir.- Y ahora también es el tuyo...

Ella abrió más sus ojos y se hizo hacia atrás hasta apoyarse con el respaldo de la cama, no dejaba de negar con la cabeza.

-No entiendo nada...no lo comprendo...

-Perséfone...este es tu hogar ahora, tú ahora eres mi esposa...

-¡¿Qué?!.- Exclamó fuerte y con una mano en el pecho.- ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Debe tratarse de una broma!

Hades puso una expresión memorable, nunca nadie le había gritado de esa manera, menos una mujer y mucho menos a quien había elegido como su esposa...¿Esa sería su primer pelea de casado?

-No lo hago, es la verdad.

-¡No!...-Seguía negando ella con afán.- Todo lo que me dices es mentira, yo no puedo estar casada y menos contigo...- Las palabras de Perséfone fueron puñales para el dios, increíblemente le dolían aquellas palabras, tanto que apartó la mirada de ella.- Quiero irme a casa...- Sollozaba.

-Eso es imposible, no hay manera de que regreses.

-¿Por qué?...¿Por qué me haces esto?.- No pudo más y lágrimas brotaron en sus mejillas, esta vez frente a él. Hades era testigo de la frustración y el dolor de Perséfone, saber que él era el causante le provocaba un vacío. Lo más fácil sería dejarla ir pero ya se sentía tan cercano a ella que no estaba dispuesto a que se marchara.

-Ya lo dije, eres mi esposa ahora Perséfone...

-¡Me llamo Koré!.- Contraatacó. Hades negó.

-Eres Perséfone, ese es tu nombre ahora...- Perséfone se mordió el labio inferior. ¿Qué más podía decir?...Ese hombre no accedería, ni gritándole pudo hacerlo cambiar de opinión, mucho menos lo harían las súplicas, o eso pensaba.- Te dejaré sola un momento más, espero logres comer algo y sentirte más cómoda en la habitación, ya que será tuya a partir de este momento.- Su voz sonaba apagada.- Hoy te presentaré a todos, deben saber que eres mi esposa...volveré más tarde.- Dijo Hades saliendo de la habitación lentamente.

Perséfone una vez que estuvo sola, se enfrascó en su coraje. Nunca pensó que la palabra "esposa" llegaría a ser tan amarga para ella, se negaba a aceptar su nueva vida.

Había soñado con casarse...sí...había soñado vivir para siempre con el hombre al que amaba...pero casarse a la "fuerza" y con alguien a quien apenas conocía, no era parte de ese sueño.

Deméter había estado buscando a su hija toda la noche y no había un solo rastro de ella. Con la esperanza de que posiblemente haya regresado a casa, Deméter fue corriendo hasta ahí pero al entrar, el lugar se encontraba solitario y oscuro, Koré no había pisado la casa desde que se fue.

La mujer cansada y preocupada se sentó en la silla del comedor y puso sus manos sobre su rostro, sabía que no debía dejar salir a su hija...siempre lo supo, siempre había confiado en sus instintos y cuando al fin accedía a cambiarlo, Koré desaparece de la nada...Sentía tanto coraje hacia las ninfas por haberla dejado sola...es una lástima para ellas ya que terminaron recibiendo la ira de Deméter.

-No puedo seguir quedándome en este lugar.- Dijo para sí mientras volvía a salir de la casa. Ya era de noche y todo estaba bañado de negrura. Tenía mucho tiempo que no salía a esas horas por el bosque o más allá, todo había sido por Koré pero ahora, tenía qué hacerlo para encontrarla, nada ni nadie le quitaría a su hija.

Se adentró de nuevo al bosque, a penas y podía ver la palma de sus manos pero eso era lo de manos, podía utilizar su tacto para seguir caminando sin chocar con algo y su voz para llamar a su hija.- ¡Koré! ¡Koré!.- Hacía pausas entre el nombre esperando alguna respuesta. Mientras más le seguía llamando más ansiedad le daba. En esos momentos podría pedirle ayuda algún dios, entre ellos a Zeus, después de todo era su padre pero era más fuerte el orgullo, ella misma podría encontrar a Koré.

Mientras tanto...

Un plato y unos vasos cayeron al suelo rompiéndose por completo, esto provocó un ruido incómodo. Hades quien estaba ahí cerró los ojos y luego pasó su mano por sus cabellos oscuros. Cuando abrió los ojos vio con hastío a la mujer frente a él con ligera exasperación.

-Lo lamento...¡Fue mi culpa!.- Dijo la chica mientras se agachaba a recoger las cosas.

-Fue un accidente, eso es todo.- Dijo Pandora mientras terminaba de ayudar a la chica a recoger los pedazos de cristalería.

-Gracias.- Dijo ella una vez que terminaron.- Me vuelvo a disculpar...

-Olvídalo...-Dijo Hades con seriedad.- Entonces...¿Lo harás?

-Ehmmm...¿No se trataba de una broma?

Hades enarcó una ceja, había sido muy claro cuando le dio una orden, justo antes de que se le cayeran las cosas.

-Tiene que aceptarlo señor Hades, es difícil de creer.- Decía Pandora sorprendida. Hades suspiró, no sabía que fuera tan difícil explicar y que le creyeran que había raptado a Koré, ahora Perséfone.

-Sólo necesito que alguien vaya a hablar con Perséfone, le he explicado las cosas y quería volver a hablar con ella pero tengo el presentimiento de que soy el menos indicado para eso.- Pasó una mano sobre su cuello.- Me parece que hablar con una mujer la calmará...o al menos eso creo.- Podía observar que la chica tenía la misma expresión de incredulidad que antes.- ¿No me crees?

-No No...no es eso...ehmmm...¿Y yo he sido la elegida?

-Exactamente, al menos por el día de hoy, Pandora se ocupará del banquete mientras tú a ayudas a alistarse...- Dijo Hades firmemente. Pandora observó también a la chica y fue un poco más consiente.

-¿No tienes inconveniente?.- Le preguntó.

La chica de pronto puso semblante nostálgico y en pocos segundos suspiró con fuerza.

-Tengo unos minutos antes de irme...¿Dónde se encuentra? ¿Y qué más tengo qué hacer?

Habitación.

Habían pasado minutos, pero para Perséfone era una eternidad. Se había cansado de llorar y no lograr nada, todos sus planes exprés no servirían de nada y por muy sorprendente que fuera, comenzaba a sentirse desesperada...¡Jamás se había sentido así!...No que ella recordara.

Apoyó su cabeza una vez más contra la almohada, tenía un aroma distinguido, un aroma natural que lejos de todo, resultaba agradable, era un aroma difícil de explicar. Cerró los ojos con liviana esperanza, tal vez sí era una pesadilla, dormir podría ser lo mejor.

De inmediato se escucharon unos golpeteos en la puerta. Perséfone abrió los ojos lo más que pudo y se arrimó hasta una esquina buscando desesperadamente un objeto que le sirviera de arma. Ella no contestó pero aun así la puerta fue abriéndose poco a poco. Había tomado un candelabro, estaba dispuesta a usarlo de ser necesario.

Una mujer de medianos cabellos negros había ingresado a la habitación, sus ojos negros se clavaron en una asustada Perséfone y luego en lo que tenía en la mano.

-No se asuste, no pienso hacerle daño.- Dijo la chica sonriéndole, esperando que eso ayudara a relajarla.

-No confío en ti ni ninguna otra persona de este lugar.- Dijo Perséfone con manos temblorosas y vio que la chica llevaba una caja de madera entre sus manos.

-Y lo comprendo perfectamente.- Seguía diciendo calmadamente.- Repito que no pretendo hacerte daño si no todo lo contrario pero tengo la intención de presentarnos Perséfone.

Otra vez ese nombre, de sólo escucharlo le daba rabia, ese nombre que había profesado aquel sujeto de cabellera oscura que se hacía llamar Hades.

-No me llamo así...mi nombre es Koré.- Recalcó su nombre. La chica pestañeó apantallada.

-¿Eres la hija de Deméter?.- La pregunta hizo que Perséfone sintiera alivio.

-¿Conoces a mi mamá?...¡Por favor!...Ayúdame a regresar con ella.- Dejó el candelabro en su lugar y fue acercándose a la chica con más confianza.- Debe estar muy preocupada por mí, ni siquiera sé cuánto tiempo he estado en este horrible lugar...debe sentirse muy mal.- No había más verdad que la que tenía enfrente: Perséfone estaba ahí en el Inframundo en contra de su voluntad. ¿Por qué Hades había hecho eso? ¿Por qué con ella?.- Ayúdame a salir...debe haber un error, yo no debería estar aquí, yo no soy Perséfone.

-Mantenga la calma, no debe exaltarse tanto.- Dijo inútilmente.- Yo sé que pensará que digo las cosas tan fácilmente pero no logrará nada poniéndose así.

-¿Y qué debo hacer?...¿Quedarme encerrada de por vida estando casada con un hombre al que no amo?.- Se cruzó de brazos.- Por favor, ayúdame...no quiero estar aquí.

-Como dije antes, no puedo hacerlo.- Dijo mostrando aflicción.- El motivo de mi presencia es para informarle que habrá un banquete con el motivo de presentarla a todo el Inframundo.

Perséfone alzó la mirada, muy resignadamente, otra esperanza fallida.

-¿Qué les hace pensar que me presentaré ahí?...

-Bueno pues...ya sabe...son favores que me piden.- Sonrió ligeramente, la chica era amable y Perséfone no podía echarle la culpa ni ensañarse con ella, como dijo ella, sólo estaba...¿Haciendo un favor?.

- ¿Un favor?...¿De quién?

-De su...esposo.- Dijo en pausas esperando no recibir un regaño.- Vengo a ayudarla con su ropa y su peinado, debe estar muy elegante para la ocasión.- Perséfone seguía negando débilmente, querían presentarla con un título en el que ella jamás estuvo de acuerdo, se sentía como un objeto. La peli negro la seguía observando, no sabía de qué otra manera poder ayudarla para sentirse mejor.- No es tan malo como parece...- Dijo después de poner la caja de madera frente a un espejo.

Perséfone le dirigió la mirada con asombro.

-¿Hablas sobre el banquete?

-No...hablo del señor Hades.- Perséfone parpadeó de par en par, no estaba pensando exactamente en eso pero la chica parecía afirmar que se preocupaba más en cómo sería Hades que en cómo regresaría con su madre.- Tiene cierto apego hacia usted.

-Yo no lo conozco.- Repuso secamente.

-A veces no se necesita conocer demasiado a las personas para sentirlas especiales...nunca había visto al señor Hades de esa manera, con ninguna mujer y ahora, la ha desposado y supongo que la ha dejado dormir en su habitación.

-¿Su...habitación?...¿Él duerme aquí?.- Cuestionó observando la cama casi con miedo.

-En efecto.- Contestó. Perséfone entendió por qué el aroma en la almohada y pronto se le erizó la piel...¡Ese aroma le había gustado!.- Entonces...¿Me deja ayudarle?.- Sonrió.

Perséfone no quería tener nada que ver con aquel lugar, sentía pena por negarse ante la chica tan amable pero no podía aceptar aquello. Sin embargo, antes de poder decir un "No" más firme pensó mejor las cosas guardando silencio...si iba a haber un banquete significaba que saldría de esa habitación y así podría encontrar una salida. Si había demasiada multitud podría escabullirse, esa era una oportunidad.

-Sí...está bien, después de todo necesito salir de este lugar un rato si me voy a quedar aquí.- Dijo ocultando muy bien sus intenciones.

-Excelente...entonces le ayudaré primero con su peinado, por favor...siéntese aquí.- La chica haló una silla frente a un espejo. Perséfone lentamente caminó hacia ella y se sentó, su reflejo le recordó a su madre, la extrañaba tanto como ella.

-No quiero verme en el espejo.- Volteó la silla y se sentó.

-Como desee...primero se lo cepillaré.- Ella agarró un cepillo que estaba dentro de la caja que llevó. Perséfone examinó el interior, había varios objetos como cepillos, peinetas, adornos entre otras cosas. Para ayudarle a la chica, soltó su largo cabello el cual estaba atado en una coleta y pronto, comenzaron a cepillarle todo el cabello.

-No te pregunté antes...¿Cuál es tu nombre?.- La chica desvaneció su sonrisa sin dejar de cepillar.- ¿Estás al servicio de...él?

-No...vivo aquí en el Inframundo pero no recibo órdenes directas del señor Hades, aunque merodeo mucho aquí en el castillo no es mi hogar, en cuanto termine de ayudarla me iré.- Su voz no sonaba para nada animada y Perséfone se comenzaba a preguntar sobre su origen.- No le puedo decir mi nombre pero puede llamarme Pat.

-¿Pat?...¿Por qué no puedes decirme tu nombre?

-Es...complicado...pero no es la única, nadie más en este castillo lo sabe, todos me llaman igual.

Perséfone dejó de insistir, tenía sus motivos para no decir su identidad, algo misterioso de hecho.

Pasaron varios minutos más y Pat seguía con el cabello sólo que ya lo estaba moldeando y acomodando.

-Sólo un toque más.- Dijo Pat. Por último, se acercó de nuevo a la caja y sacó una peineta con adornos florales color negro. Lo colocó en la cabeza de Perséfone, checó todo el peinado y al final dio un aplauso.- He terminado, si quiere puede verse.

Perséfone dudaba pero al final se levantó de la silla y dubitativa se acercó al espejo. Cuando vio su reflejo de nuevo no podía creer que fuera ella. El peinado y el leve maquillaje opaco la habían cambiado, jamás creyó verse de esa manera. Expresaba oscuridad con ello, como si Koré hubiera desaparecido...se sintió muy rara.

-¿No le gustó?.- Preguntó Pat al ver que ella no reaccionaba.

-Siento que soy otra...-Dijo sin apartar la vista de enfrente.

-Lo sé...y aún falta el vestido.

-¿También eso?

-Sí...es como el que lleva puesto ahora pero en color negro.

-Negro...¿Acaso todo tiene que ser negro aquí?.- Dijo con hastío, era increíble.

-De hecho...sí.- Dijo pensativa, era un punto muy cierto.

-¿Qué tiene de malo el que tengo? Yo quiero y puedo irme con este, me despejaré un rato de aquí y luego regresaré.- Se separó del espejo.

-Bueno...a ciencia cierta no lo sé, pero pues a decir verdad el blanco aquí no es nada común...-Pat guardó silencio de golpe y miró hacia la puerta.- Tengo que irme...

-¿Irte? ¿A dónde?

-Te hablaré un poco de ello mañana, por el momento me despido y le deseo suerte...ya vendrá Pandora a terminar de ayudarle- Sonrió antes de abrir la puerta.- Por cierto...si sigue con la idea de irse de aquí, le recomiendo que no coma nada.

-¿Eh?...¿Por qué?

-La atarían para siempre a este lugar...por favor, no mencione que yo se lo dije.- Terminó de decir Pat apresuradamente y se fue de ahí.

Perséfone frunció el ceño y dirigió su atención a la bandeja de comida que le había dejado Hades, sintió más ácido en su estómago.

-Por eso quería que comiera...-Murmuró apretando sus manos. No dejaba de sorprenderse por las maneras que usaba para retenerla en ese lugar en contra de su voluntad, menos mal que no probó absolutamente nada. Ella medio bufando quería volverse a encontrar con Hades para desatar toda la rabia que sentía, sólo por eso. Pronto, se fijó en la tenue luz que entraba por la puerta...Pat no había cerrado bien. Perséfone se acercó y asomó la cabeza al exterior, no había nadie custodiando...esa era una nueva oportunidad.

Perséfone terminó por salir de la habitación sigilosamente, frente a ella estaba un largo pasillo atenuado por luces amarillas y naranjas. Caminó más rápido hasta llegar a otro pasillo, se aseguró bien de que no había nadie y siguió avanzando hasta donde pudiera encontrar otra salida.

-Listo señor, ya está todo en orden.- Decía Pandora mientras le mostraba la gran mesa con diferentes tipos de platillos y bebidas.

Hades con una mano en el mentón examinaba todo, tenía que ser perfecta aquella presentación.

-Muy bien Pandora, me agrada.- Dijo guardando su ansiedad.- Sólo queda reunir por fin a todos.

-¿Va a traer a la señora Perséfone ahora?

-Mejor...ve tú por ella, yo me quedo aquí para recibir a todos.

Pandora asintió con la cabeza, aunque desde hace rato quería conocer a Perséfone también se le hacía curioso ver que Hades estaba tratando de evitar hablar con Perséfone, estaba segura que era como medida de precaución.

-Enseguida vuelvo.- Dijo Pandora emprendiendo sus pasos hacia la habitación de Perséfone no sin antes haber tomado el vestido para ella.

Pandora había escuchado muchas veces sobre Deméter, incluso llegó a verla en alguna ocasión pero ella era muy diferente a los otros dioses. Deméter no vivía en el Olimpo, ella prefería una vida apartada de todo lo divino...vivir rodeada de la naturaleza era su mejor opción. También había escuchado hablar de Koré pero en muy escasas ocasiones, Deméter había tenido mucho cuidado para que los dioses no supieran mucho de ella y vaya que lo logró...de hecho, no tenía idea de que Hades la conociera y mucho menos que la raptara y la tomara como esposa...¡¿A quién se le ocurre?!

Pandora mientras pensaba en todo aquello, sin darse cuenta ya había llegado a la habitación de que ahora era de Perséfone. Llamó a la puerta pero no recibió respuesta, a lo mejor no la había escuchado.

-Señora Perséfone...¿Ya está lista?.- Abrió despacio la puerta pero estaba todo oscuro.- ¿Señora Perséfone?.- Volvió a llamar, esta vez con duda. Su corazón se sentía agitado. Entró con más confianza a la habitación para buscar a Perséfone hasta en el rincón más oculto pero nada...ella había escapado.- ¡No puede ser!

-Señora Pandora...¿Se encuentra bien?.- Preguntó Zelos algo intrigado por ver a Pandora alterarse y verla en los aposentos de Hades.-¿Qué le ocurre?

-¡¿Viste a la señora Perséfone salir de aquí?!.- Exigió saber Pandora.

-¿Quién?...¿De quién me habla?.- El espectro estaba muy confundido.

-¡Olvídalo!...Sólo quiero que busques a una chica, alguien que está en el Inframundo y que nunca antes la hayas visto...dile a todos los demás para que la comiencen a buscar, ¿Entendiste?

-S-Sí...Como usted ordene.- Dijo el espectro y Pandora se fue con rapidez, le gustase o no, tenía que avisarle a Hades.

-¿Tú tienes idea de por qué nos pidió venir?.- Preguntó en voz baja Aiacos a Radamanthys quien estaba a su lado.

-No, ninguna...¿Y tú Minos?

El peli gris negó con la cabeza, ninguno de los jueces estaba enterado de nada, la última vez que hablaron con Hades fue cuando dijo que no tenía humor para resolver asuntos sobre el Inframundo. No sabían qué le había pasado pero ahora lo veían más animado.

-¿Y si está enfermo?.- Preguntó Aiacos y los otros jueces negaron con la cabeza.

-¿Enfermo de qué? Quisiera saberlo...- Radamanthys se aguantó las ganas de golpear a Aiacos por su comentario humorístico.

-No pues yo sólo decía, como antes dijo que no tenía humor para nada y ahora prepara un banquete...sin mencionar que ha estado saludando a los espectros que han llegado con cortesía.- Volvía a comentar Aiacos. Los tres jueces miraban a Hades.

-Eso es cierto, debe ser alguna buena noticia para que él esté así.- Dijo Minos pensativo.

-Sí pero...¿Cómo qué?...yo opino que tal vez sean nuevos castigos a los traidores.- Decía Radamanthys con precisión.

-Puede ser...alguna nueva prisión y condena.- Dijo Minos.- O ha vuelto a encontrar su inspiración en el Inframundo.

-O tal vez se ha dado cuenta de lo bien que hemos trabajado para mantener el Inframundo en buen estado.- Dijo Aiacos. Los tres jueces estaban llegando a conclusiones más laborales.

Pandora ingresó al lugar, estaban alrededor de setenta espectros y aun faltaban por llegar pero eso era lo de menos, el punto estaba que debía informarle a Hades sobre Perséfone.

Hades estaba platicando con Valentine y Niobe, obviamente, sobre todas las labores que hacían en el Inframundo, los dos espectros esperaban algún tipo de gratificación. Hades escuchaba a medias, estaba más interesado de ver a Pandora llegar con Perséfone para dar inicio a la cena. Al ver que Pandora se iba acercando, sonrió más de lo que de por sí, ya estaba.

-Pandora...¿Por qué has demorado tanto?.- Preguntó el dios. Pandora esbozó media sonrisa, con la mirada trataba de decirle a los dos espectros que quería hablar a solas con el dios pero tal parecía que no entendían el lenguaje visual.- ¿Por qué no me contestas?...¿Dónde está Perséfone?.- Preguntó alzando la mirada para buscarla. Los dos espectros se miraron entre sí al escuchar aquel nombre.

Pandora suspiró y juntó sus manos hacia el frente.

-Señor...lo que pasa es que...es que...

Hades se estaba frustrando, Pandora no hablaba claro y el hecho de no ver a su esposa le molestaba más.

-Dilo de una vez...¿Dónde está ella?

-A eso voy...es que fue a su habitación a dejarle el vestido y a decirle que era hora del banquete pero...cuando entré ella no estaba.

Hades abrió más los ojos, una molestia en su pecho le caló.

-¡¿Qué?! ¡¿Pero cómo?!...¡¿Y la chica ya no estaba?!.- Hades estaba furioso.- ¿Acaso nadie estaba al tanto de la puerta?

-Pat ya no estaba y ningún espectro estaba al tanto, me encontré con Zelos pero ni enterado está.

Hades no dijo nada, se tragó su coraje y volteó a ver a todos los demás, todos habían guardado silencio y observaban a su dios muy molesto, sin razón aparente.

-Ustedes vienen conmigo...- Señaló a los tres jueces quienes se acercaron de inmediato.- ¡Todos se van a poner a buscar!- Todos los espectros asustados asintieron.

El lugar fue desalojándose, nadie ponía objeción alguna, no se iban a meter con Hades enojado además del profundo respeto que le tenían.

-Señor...¿Qué debemos buscar?.- Preguntó Radamanthys.

-A mi esposa.- Dijo como si nada mientras seguía dando zancadas.