N/A¡Gracias a todos por vuestros reviews! Os dejo con el segundo capítulo, al fin sabremos qué pretendía Sirius con aquella poción. ¡Espero que os guste!

2. La revista

Era sábado y día de la visita a Hogsmeade. Sin embargo, esa semana habían bajado en picado las temperaturas y varias tormentas habían asolado los terrenos de Hogwarts, por lo que muchos alumnos habían decidido permanecer en el interior cálido y acogedor del castillo en lugar de bajar a pasear por los alrededores nevados del pueblo. Esa era la razón de que la sala común de Gryffindor estuviese llena a esas horas, cuando Remus (por fin decentemente vestido y calzado) bajó las escaleras.

Cuando el merodeador cruzó la sala, las chicas que hablaban en el rincón giraron la cabeza en distintos grados de disimulo. Y en distintos grados de disimulo surgieron los cotilleos.

-Dijiste que estaba con una chica.

-¡Y es verdad! Los vi hace un rato en la puerta del dormitorio de los chicos.

-¿Seguro?

-A lo mejor se ha quedado allí a esperar que vuelva.

-O tal vez se ha escapado por la ventana para que nadie la vea y han quedado en otro sitio para verse con más intimidad.

-¿Y de qué casa era¿La reconociste?

-Ni idea. No me sonaba de nada su cara.

-¿Cómo era?

-Pues no estaba mal… Bueno, para ser sinceros era muy guapa. Morena y de ojos claros. Muy atractiva.

-¿Le gustan los ojos claros? Entonces tengo una oportunidad.

-No lo creo. Parece que su relación está bastante… avanzada. Ella tenía puesto un pijama de chico y él iba a medio vestir. Yo diría que ya lo han hecho.

-¿Tú crees?

-Casi seguro.

-Entonces tendré que darme prisa y pasar al ataque.

Las demás se giraron sorprendidas hacia la chica que acababa de hablar.

-¡Pero May, Lupin está saliendo con ella!

-¿Y qué? Eso es porque todavía no me conoce.

-Sí que te conoce. De hecho yo diría que te evita amablemente.

May miró a su amiga con expresión disgustada.

-Pues yo creo que Sirius a ti no te hace el más mínimo caso. Espabila, guapa, eres demasiado poca cosa para ese chico. Además, estoy segura de que Lupin no podrá resistirse en cuanto ponga en marcha mis dotes de seducción –y con un movimiento que pretendía ser elegante, se retiró el pelo de la cara-. Conseguiré ser su pareja en el baile de Navidad y después de eso todo será coser y cantar. Ya veréis, me quitaré a esa chica de en medio en un pis pas y luego… ¡Ay!

El grito llamó la atención de sus compañeras.

-¿Qué te pasa?

-¿Por qué gritas?

-¿Quién me ha tirado del pelo?

La chica miraba molesta a su alrededor.

-¿Pero qué dices? Nadie te ha tirado del pelo.

-¡Habéis sido una de vosotras, seguro!

-¿De qué hablas?

-¡Te estoy diciendo que…¡¡Ahh!!

-¡Qué!

-¡Lo habéis vuelto a hacer!

-Vamos, no seas ridícula… No hay nadie cerca.


-Bueno, por ahora todo va bien. Parece que has pasado desapercibido y nadie se ha dado cuenta de que vienes conmigo. ¿Sirius?

Remus miró a su alrededor. Aunque sabía que no podía ver a su amigo al menos esperaba oír algo que le indicara que estaba a su lado: su respiración, sus gruñidos…

-Sirius¿estás ahí? –murmuró-. ¡Contesta!

Se volvió hacia el retrato por el que acababa de salir. Creía –esperaba- que Sirius estaría cerca de él, lo suficientemente cerca como para aprovechar y salir a su lado por el hueco de la pintura, pero estaba claro que era esperar demasiado.

-Voy a tener que atarlo –murmuró entre dientes-. Como a un perro.

Con un suspiro de resignación dijo la contraseña y el hueco volvió a abrirse. Casi al instante una ligera brisa le revolvió el cabello y un golpecito en el hombro le indicó que Sirius estaba otra vez a su lado. Remus cerró otra vez la entrada.

-¿Se puede saber dónde estabas?

-¡Esa descarada estaba hablando de ti!

-¿De qué hablas?

-Esa cría… May.

La voz de Sirius sonaba molesta.

-¿La chica rubia? Es de cuarto¿no?

-¡Está planeando conquistarte!

-¿A mí? –Remus soltó una carcajada divertida-. ¿Seguro que no te has equivocado de persona?

-¡Quería llevarte al baile de Navidad!

-Vaya.

-¿Cómo que "vaya"¿Qué significa ese "vaya"¿Es que te gusta?

-No lo sé. No lo había pensado.

-¡Debes estar bromeando! Esa tía no te conviene. Además no juega limpio. Sabe que estás con alguien y no le importa lo más mínimo. Está dispuesta a romper una relación para…

-¡Ey, para, para¿Qué yo estoy con alguien? –Remus alzó las cejas-. ¿Y soy el último en saberlo?

-Bueno, ellas creen que estás saliendo conmigo.

Remus se detuvo.

-¡¿QUÉ?!

-Nos vieron.

-¡Pero yo no estoy saliendo contigo¡Eso es absurdo!

-¿Y qué quieres que haga? El caso es que ellas piensan que somos pareja, y a pesar de todo esa May quiere salir contigo. Y no le importa nada que ya nos hayamos acostado.

Remus se había puesto increíblemente pálido.

-¿Creen que… nos hemos acostado? –preguntó escandalizado.

-Sí.

-¡Genial¡Mi reputación a la mierda por tu culpa!

-Vamos, Lupin, no seas trágico. Además¿de qué sirve tener buena reputación?

-Pues quizás a ti no te sirva de nada –replicó enfadado-, pero a mí me resulta muy útil.

-¿Para qué?

-¡Para lo que no te importa!

-El hecho de que te hayas acostado conmigo no va a influir en tu reputación, no sé por qué te molesta tanto.

-¡Es que no me he acostado contigo! –gritó nervioso.

-¡Ya lo sé! –le llegó la airada respuesta-. Pero ella cree que sí, y a pesar de todo quiere seducirte. ¿Crees que eso es jugar limpio? No es una buena chica, sólo te digo eso.

-Bueno, pues tendré cuidado. ¿Es eso lo que quieres oír?

-Más te vale no caer en sus redes, Remus J. Lupin, te aviso. Esa chica no es para ti.

-¿Sabes? –replicó con ironía-. Me alegro de no poder ver tu cara en este momento, porque pensaría que estás celosa.

-¡Yo no estoy celosa! –Sirius se sonrojó al comprender lo que había dicho-. Digo, celoso.

-¡Pues es un consuelo!

El resto del camino Sirius no dijo ni una palabra. Prefirió permanecer callado para no soltar otra tontería. Remus agradeció un poco de silencio. Llevaba una mañana muy agitada y temía que pronto empezaría a dolerle la cabeza.

No tardaron en llegar a la lavandería. Conocían el lugar porque habían estado allí un par de veces. Nunca para hacer nada bueno, claro. Remus empujó la puerta y la dejó abierta para permitir el paso a Sirius, que entró sin decir nada.

Dentro todo parecía estar en movimiento. Un puñado de elfos domésticos iba de un lado a otro, ocupados diligentemente en lavar y planchar y ordenar la ropa de los alumnos. En un rincón un grupo se encargaba de colocar los uniformes en unas perchas y otro guardaba la ropa, perfumada y limpia, en cestas con etiquetas: Gryffindor, 2º curso, cama B; Slytherin, 4º curso, cama C.

Por fin, Sirius se quitó la capa y avanzó hacia los elfos que se ocupaban de los uniformes.

-Buenos días –saludó.

Remus se colocó a su lado y saludó a su vez al elfo doméstico, que les dirigió una mirada algo sorprendida.

-Buenos días. ¿Qué desean?

-He perdido mi uniforme –dijo Sirius intentando parecer compungido. Remus hizo una mueca al ver su boquita fruncida. ¡Mira que era teatrero!-. Me preguntaba si podrían darme uno nuevo.

El elfo asintió y sacó un lápiz de detrás de su puntiaguda oreja.

-Por supuesto, señorita, si me dice su habitación se lo llevaremos enseguida.

-Es que lo necesito ahora. No puedo ir en pijama por el colegio. Lo entiende¿verdad?

El elfo sacudió la cabeza.

-Claro, claro. ¿Cuál es su talla?

-¿Talla?

-Sí.

-Eh…

-¿No lo sabe?

-Es que he adelgazado últimamente y no sé exactamente qué talla tengo ahora.

-Oh –el elfo sacó un metro de su bolsillo-. Permítame.

Remus se tapaba la boca para que no vieran su sonrisa, mientras el elfo saltaba alrededor de Sirius, tomando medidas.

-Bien, espere un minuto.

Y exactamente un minuto después el elfo le entregaba una falda y una camisa, perfectamente dobladas.

-Estos le quedarán bien. ¿También necesita la corbata?

Sirius miró a Remus buscando ayuda.

-Sí, también la ha perdido.

-¿Casa?

-Ravenclaw –dijo el castaño.

-De acuerdo. Aquí tiene.

-Gracias.

-De nada. Vuelvan cuando quieran. Señorita, señor…

-Adiós.

-¿Ravenclaw? –preguntó Sirius una vez fuera-. ¿Para qué?

-¿Quién sabe? Puede que algún día la necesitemos.

Sirius sonrió.

-Bien pensado.

-¿Dónde vamos ahora? Tendrás que cambiarte.

-Tengo una idea. Sígueme.

Remus obedeció y caminó tras él, agarrado disimuladamente a su capa para no perderse. Poco después se detuvieron junto a la estatua de una bruja jorobada. Remus la reconoció en el acto.

-Me cambiaré aquí dentro. ¿Vas a entrar?

-Mejor te espero fuera.

Sirius asintió y agitando la varita pronunció el hechizo que abría la entrada secreta.

Remus vio el hueco que se abría sobre la espalda de la bruja y un crujido de ropas le indicó que su amigo había entrado. Poco después el hueco se cerró y él se recostó en la pared, dispuesto a esperar.

Mientras aguardaba, Remus pensaba en lo extraña que resultaba aquella situación. No entendía por qué tenía que ponerse nervioso cada vez que Sirius/chica andaba cerca. Sirius era su mejor amigo, aunque sabía de sobra que para él era diferente: ya había aceptado el hecho de que él y James fueran inseparables. Siempre estaban de acuerdo en todo. A menudo uno terminaba la frase del otro de la forma más natural, como si siguieran en todo momento la misma línea de pensamiento. Eran poquísimas las veces que Remus los había visto discutir y cuando esto pasaba el enfado no duraba más de un par de horas. James gritaba algo, Sirius le retiraba la palabra y un rato después uno de los dos se acercaba al otro y empezaba una frase absurda. Y todo volvía a ser como siempre.

Con él era distinto. Sirius siempre se empeñaba en protegerlo y cuidaba de él de la misma manera que se cuida de un hermano pequeño o de una mascota. A Remus no le gustaba parecer débil; no le gustaba la expresión de lástima en el rostro de quienes lo compadecían. Y a pesar de todo, la presencia de Sirius a su lado le tranquilizaba. Le hacía sentir bien. Sus abrazos eran distintos a los de los demás. También ellos habían discutido alguna vez: Remus llegaba a pensar que Sirius disfrutaba sacándolo de sus casillas. Y sus enfados podían ser bastante largos. En una ocasión estuvieron más de dos semanas sin hablarse. Fue horrible, y ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el primer paso para acabar con aquella situación. Sin embargo, pasara lo que pasara, al final siempre había una sonrisa que solucionaba las cosas. Siempre.

-¿Qué haces ahí tan callado¿En qué piensas?

Remus se giró sobresaltado y lo que vio lo dejó sin aliento.

-¿Qué¿Vas a quedarte ahí sin decir nada?

-Te sienta bien el uniforme.

-¿Tengo que alegrarme por eso?

En fin, parecía que ahora era Remus el que tenía que ayudar a su amigo con sus problemas.

-Bien, ya hemos dado el primer paso.

-¿No crees que esta falda es muy corta? Me siento desnudo con las piernas al aire…

Remus decidió ignorarle.

-Será mejor que vayamos a la biblioteca. Quizás encontremos algo en la sección de Pociones. Aunque antes… -Remus miró a Sirius, que en ese momento se entretenía colocando bien los pliegues de su falda- quiero que me cuentes por qué acabaste así.

-¿A qué te refieres?

-Bueno, está claro que tu objetivo no era precisamente convertirte en chica. Quiero saber qué poción fue la que salió mal.

-…

-Vamos, Black, si quieres que te ayude necesito saberlo.

-Eh, Remsie…

Remus puso los ojos en blanco mientras daba golpecitos en el suelo con el pie. Empezaba a desesperarse.

-¿Qué?

Sirius soltó un suspiro exagerado.

-Verás…

-Te escucho.

-Es que…

-¿Sí?

-Es que…

-¿Lo vas a decir o no?

-¿Te enfadarás cuando te lo diga?

-No.

-¿De verdad?

-¡Suéltalo de una maldita vez!

-Eraunapocióncrecepelo.

Murmuró la respuesta tan rápido y en voz tan baja que Remus apenas pudo entenderla.

-¿Puedes repetir eso?

Sirius contuvo el aliento.

-Una. Poción. Crecepelo.

-¿Qué?

-Ya lo has oído –resopló enfadado cruzándose de brazos.

-Pero, Sirius¿para qué…?

-¡A ver, Lupin¿Para qué piensas que sirve una poción crecepelo? No hay que pensar mucho¿sabes? Cre-ce-pe-lo. Su propio nombre lo indica.

No pudieron seguir hablando y fue una suerte porque Remus iba a soltar una bordería. Pero justo en ese momento escucharon unas risas nerviosas y un segundo después aparecieron ante ellos dos alumnos cogidos de la mano, susurrándose palabras cursi al oído. Al verlos se sonrojaron violentamente y pasaron corriendo junto a ellos, para desaparecer al otro lado del corredor.

-Creo que no es un buen sitio para hablar.

-¿La sala común?

-Está llena de gente a estas horas.

-¿La Biblioteca?

-Vamos.


[En la Biblioteca…

-Ahora explícame lo de esa poción.

Estaban sentados en la mesa más apartada, hablando en susurros con las cabezas muy juntas. Sirius resopló, en su rostro había una expresión parecida a la vergüenza o el arrepentimiento. Era la primera vez que Remus la veía, así que no sabía muy bien cómo calificarla.

El chico castaño hizo un rápido repaso a la situación y no pudo evitar sonreír: por una vez Sirius le estaba pidiendo ayuda. ¡A él! Aquello le hacía sentir una persona importante: Sirius confiaba en él cuando se había escondido del mismo James. Y por si fuera poco estaba aquel otro detalle. Remus sabía que habían sido el centro de atención de todas las miradas desde que habían cruzado la puerta: Sirius era muy atractivo en su forma femenina y Remus suponía lo que estarían pensando de ellos al verlos en plan conspiratorio, tan cerca el uno del otro. Se permitió ruborizarse un poco, pero la voz suave y algo nerviosa de su compañera le hizo volver a la realidad.

-Todo fue por esa revista.

-¿Qué revista?

-La de motos. Esa que compré este verano en Londres.

-Ah, esa revista –sí, recordaba cuando Sirius llegó aquella tarde a la habitación y se la enseñó orgulloso-. ¿Qué pasa con ella?

-Verás… ¿Recuerdas la foto de la portada?

-¿La foto?

-Sí, la del chico ese tan atractivo. Dijiste que te gustaban sus pantalones.

Cuero negro. Ajustados. ¡Uff¿Cómo iba a olvidarlos?

-De hecho, dijiste que te gustaba el chico.

-¡Yo no dije eso! –protestó acalorado.

Se dio cuenta de que había alzado la voz cuando oyó a la señora Pince chistar molesta al otro lado de la sala.

-No dije eso –repitió en voz más baja.

-Dijiste que te gustaba su ropa, el color de los ojos y el pelo. Se veía poco más en la foto.

Pero se intuía.

Debajo de los pantalones…

-Bueno…

-A mí me gustaba la moto.

-Hmm. De eso no me acuerdo.

-El caso es que el otro día la encontré por casualidad dentro de mi baúl, la estuve hojeando… y pensé que podría quedarme bien ese peinado.

-¡¿Qué?!

-Da un aspecto rebelde muy cautivador¿no crees? –Remus simplemente lo contemplaba con la boca abierta. ¡Ya sólo faltaba que le dijera que se había comprado unos pantalones de cuero! Y como si su amigo fuera capaz de leerle el pensamiento, añadió-. También creo que me quedarían bien unos pantalones como los que llevaba¿qué te parece?

-…

-¿Estás bien?

-… -Remus había perdido la voz.

-El problema –siguió Sirius- es que nunca he tenido el pelo tan largo, así que no sabía si me quedaría bien y quería comprobarlo antes de dejarlo crecer, porque si luego no me gusta cómo queda será una pérdida de tiempo, ya sabes.

Finalmente, Remus fue capaz de reponerse de la imagen mental que había aparecido en su cabeza.

-¡Un momento, espera¿Estás diciendo que preparaste esa poción para parecerte al tío de la revista sólo porque te gustaba su moto?

-Bueno, no sólo por eso –se defendió-. Tú dijiste que ese peinado te gustaba y generalmente tienes buen gusto para esas cosas.

Aquello era demasiado para el pobre licántropo.

-¡Sirius Black, estás como una cabra!

Su amigo frunció el ceño.

-Haz el favor de no llamarme así cuando hay gente cerca¿quieres? Se supone que esto es un secreto que no puede saber nadie. Puedes llamarme Sira. Me gusta ese nombre.

-Está bien, Sira: estás como una cabra.

-Gracias.

-¡No era un cumplido!

-Ah¿no?

Remus resopló molesto.

-Ahora haz el favor de centrarte. ¿Tienes idea de qué es lo que pudo salir mal?

Sirius (o Sira) se dio un par de golpecitos en la barbilla con los dedos.

-A ver, déjame pensar… No fueron las colas de rata, parecían en buenas condiciones, y los ojos de murciélago los cogí prestados el último día de clase. Las babosas estaban vivas hasta que empecé a preparar la poción, así que… ¿Por qué pones esa cara?

-¿Alguna vez te he dicho cuál es la asignatura que más odio?

-Hmm¿Pociones?

-¿Y de verdad te bebiste ese potingue?

-¡Pues claro! Para presumir hay que sufrir¿no?

Remus no pudo evitarlo. Simplemente fue superior a sus fuerzas. Soltó una carcajada que consiguió atraer la atención de todo el mundo sobre ellos.

-¿Por qué te ríes? –Sira había puesto los puños en sus caderas y parecía molesta, pero aquella actitud sólo consiguió que Remus riera aún más fuerte. Su risa resonaba ahora por toda la biblioteca.

-¿Quieres hacer el favor de callarte?


Dos minutos después estaban fuera.

-¡Has conseguido que nos echen!

-Lo siento –Remus aún tenía que hacer esfuerzos por controlarse.

-Veo que te lo estás pasando en grande a mi costa –dijo molesta.

Remus optó por la que consideró la mejor opción en ese momento: callarse.

-Bueno, no podemos volver hasta dentro de un rato. ¿Por qué no vamos fuera a que nos de un poco el aire?

Remus asintió y siguió a su amigo (ahora amiga) hacia los terrenos, pero cuando casi habían llegado a la puerta se detuvo.

-Espera un momento, esa poción… ¿no la estudiamos en clase el trimestre pasado?

-Sí.

-…

-¿En qué piensas?

-Voy a subir a por los apuntes. Los revisaremos para ver en qué te has podido equivocar.

-¡Buena idea! Vamos.

-No.

-¿No?

-Tú te quedas aquí.

-¿Por qué?

-Ya tuvimos bastante hace un rato. No quiero que nos vuelvan a ver juntos… Además, los de Gryffindor no te reconocerán, no puedes entrar en la torre.

-¡Pero…!

-¡HE DICHO QUE NO!

Claro, había dicho que no. Sira bufó. Realmente Remus podía llegar a ser un tirano cuando se lo proponía. Y todos creían que era tierno y dulce como un cachorrito. ¡JA! Estaba claro que no conocían su faceta agresiva de lobo adulto.

-De acuerdo –gruñó-. Te esperaré en el atrio. ¿Te parece bien?

-No te metas en líos -y el joven desapareció corriendo por las escaleras.

Claro, que a él le gustaban los lobos.


Sira aún tenía los labios apretados cuando finalmente se apoyó en una columna de piedra de las muchas que rodeaban el patio del colegio.

-No te metas en líos, no te metas en líos –murmuraba con vocecita tonta.

A aquella hora había pocos alumnos paseando por allí y se entretuvo en observarlos. Un poco más allá había una pareja de Ravenclaws. Un chico y una chica hablaban en voz baja, mirándose amorosamente a los ojos. De pronto ella se acercó a él y lo besó con ternura en los labios y Sira se encontró pensando en qué sentiría si un chico la besara. Tan ensimismada estaba que no pudo evitar sobresaltarse cuando alguien tropezó con ella, haciendo que un gritito ridículo saliera de su garganta.

-¡Snape¡Ten más cuidado, pedazo de… de…!

En efecto, quien había tropezado con ella era su compañero de curso: un alumno de Slytherin que no se caracterizaba por hacer la vida fácil a los Merodeadores. En realidad, si hay que ser sinceros ellos tampoco es que se portaran precisamente bien con él… (Claro, que tampoco hace falta ser tan sinceros).

Sirius estaba acostumbrado a que el chico moreno siempre lo saludara con una mirada de odio o, como mínimo, indiferencia, por eso, al ver aquella mirada de aprecio y admiración en sus oscuros ojos se quedó parado sin saber muy bien cómo terminar la frase que había empezado.

-Perdona¿nos conocemos?

-¿Eh?

-¿De qué casa eres?

Oh, oh, peligro. Cambio de tema. ¡YA!

-Eres Severus Snape, de Slytherin. ¿Verdad?

El chico abrió los ojos sorprendido y Sira tuvo que contenerse para no reír.

-Eh…, sí.

Sira mostró una sonrisa que esperaba fuera encantadora.

-Sí, te conozco, he oído hablar de ti.

-¿En serio?

-Claaaaro. Eres el mejor en pociones –el joven sonrió-… después de Potter y Black.

Severus cambió su sonrisa por una mirada de odio en tan poco rato que Sira pensó que quizás se la había imaginado.

-¿Eres amiga de Potter y su grupo¿Ellos te han mandado a hablar conmigo?

Genial. Sigue metiendo la pata y verás lo que este grasiento hace contigo.

Sira retrocedió un poco (sólo para asegurarse de no estar a su alcance), se llevó la mano a la cadera disimulando… y gruñó al darse cuenta de que se había dejado la varita en su habitación.

-Contesta¿te enviaron ellos?

-Vamos –sonrió conciliadora-. Yo no empecé a hablar contigo, tú tropezaste conmigo.

Snape entrecerró los ojos. Aquello era cierto.

-¿Qué lees? –preguntó con rapidez para cambiar de tema de nuevo.

-Nada. Un libro sobre…

-¿Sobre pociones? –preguntó ella arrancándoselo literalmente de las manos y rebuscando rápidamente en el interior.

Severus la miraba sorprendido.

-No… Es sobre Defensa Contra las Artes Oscuras.

Sira lo miró como si acabara de cometer un delito y le devolvió el libro con gesto irritado.

-Entonces no me interesa –dijo con desdén-. Puedes marcharte.

-¿Puedo marcharme¿Y quién se supone que eres tú para decirme qué es lo que puedo o no puedo hacer?

-Bueno, pues no te marches si no quieres, pero no esperes que te dé conversación.

Severus gruñó algo en voz baja y se marchó de allí apretando su libro.

-Menudo idiota…

-Eh, Sira.

-Ah, Remus. ¿Lo tienes?

El muchacho se detuvo un momento a recuperar el aliento, estaba claro que acababa de bajar corriendo las escaleras.

-Sí, aquí está –dijo mostrando sus apuntes-. ¿Ha pasado algo?

-Ahora te cuento.

-Sirius…

-¡No es nada! –se defendió ante la mirada algo preocupada de su amigo-. Sólo tuve una charla con nuestro querido amigo Quejicus.

Remus abrió los ojos.

-¿Severus¿Se ha dado cuenta¿Sabe quién eres?

-¡¡Claro que no!! Esa serp… slytherin –corrigió al ver el rostro irritado de su amigo- no descubrió nada.

-¿Y por qué tuviste que hablar con él¿Y si sospechara algo?

-Iba distraído y tropezó conmigo. Pensé que tal vez podría preguntarle a él sobre la poción… Después de todo es el mejor de la clase. ¿Qué te parece?

-Me parece que te vas a quedar calladita y no vas a hacer ninguna tontería.

Sira se dejó arrastrar mientras su amigo la cogía del brazo y la dirigía a un lugar tranquilo.

-Siempre dices eso, pero no te entiendo. Tampoco busco problemas tan a menudo.

-¿Ah, no? Sólo mírate al espejo.

-…

-Vamos, ayúdame a buscar aquí algo útil.

-Sí, Moony.

Continuará…


N/A: No sé a vosotros, pero a mí me encanta este capítulo XD Sobre todo la parte en que Sirius dice a Remus que los demás creen que se han liado, jeje. Y el encuentro con el Slytherin. ¿Qué hará ahora Severus? Seguro que no trama nada bueno...

(Hmm, tenéis razón, Remus está un poco exaltado en este fic. ¿Pero quién no lo estaría?)

DAIABLACK