El sonido continuado e intermitente del despertador martilleó sin piedad en el cerebro de Selina, quien se encontraba tan a gusto metida en su cama medio adormecida. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, sacó el brazo de debajo de las sábanas y detuvo el dichoso ruidito. Consultó su reloj de pulsera: la seis de la mañana. Resignándose, no vio otro remedio que levantarse e ir a la facultad. Hoy empezaba las clases en la Universidad de Gotham, continuando su segundo curso de carrera que, tras haber sido expulsada de su anterior universidad, se había interrumpido.
La muchacha, cargando con sus utensilios de higiene personal, con el pelo despeinado (algo más de lo que solía estar), vestida con una camiseta negra y unas pantalones cortos atigrados, y los ojos entornados por el sueño, hizo memoria de donde se encontraban los lavabos femeninos y se dirigió al fondo del pasillo.
Los lavabos eran un espacio amplio, con, según se entraba, los cubículos de las tazas a la derecha, las duchas al fondo y los lavabos a la izquierda. A primera vista, en el lugar no había nadie, pero Selina enseguida oyó el sonido del agua en una de las duchas, la cual se encontraba con la cortina corrida. Se resignó: seguramente le tocaría tener conversación con una de las chicas que había conocido la tarde anterior.
Mientras se lavaba la cara, oyó que la cortina se corría, y miró discretamente a la joven que salía de la ducha, quien llevaba una botella de jabón líquido en una mano y estaba envuelta en una toalla. Era una chica alta y unos años mayor que ella, de cabellos color castaño oscuro y formas voluptuosas, emanando de toda ella una gran sensualidad y seguridad en la vida.
-Buenos días- saludó la desconocida con amabilidad.
-Buenos días- respondió Selina tras secarse la cara con una toalla y sin mirarla.
-Tú eres Selina Kyle, ¿verdad? No tuvimos ocasión de coincidir ayer, pero ya me han hablado de ti.
Aquella manera que tenía esa chica de decir las cosas, como si dirigirse a ella fuera un favor que le hacía, incomodó un poco a Selina.
-¿En qué sentido?- preguntó girándose hacia la joven, entendiendo que lo había dicho con un doble sentido.
-Bueno, Barbara y las otras chicas me contaron que eres la nueva de la residencia, cosa obvia, y que estás en la habitación seis, que tienes pinta de emo, tanto en tu imagen como en tu actitud, ya que no eres muy habladora que digamos –Selina levantó una ceja, confusa-, y lo más interesante, que parece que Bruce Wayne te hizo tilín.
Selina no dijo nada, mirándola con cara de póker, aunque sin poder evitar un poco de altivez. Se preguntó de qué iba aquella tía.
-Eso lo que me dijeron las chicas- continuó la desconocida-. Luego tenemos lo que he averiguado sobre tu vida estudiantil en la Universidad de Seattle, que me ha parecido también muy interesante. Sobre ciertas actividades tuyas en dicha universidad, en concreto.
Ahí sí que Selina no pudo evitar mostrar una pequeña expresión de sorpresa, abriendo los ojos más de lo normal, y sintiendo un escalofrío de angustia. La desconocida pareció darse cuenta, dejando escapar una media sonrisa.
-Sí, ya sé, tienes una reputación que mantener, y no es de recibo que empezaran las habladurías en la universidad, o que incluso los peces gordos decidieran expulsarte para evitar problemas, poniendo alguna excusa- dijo la desconocida, en un tono como si le estuviera perdonando la vida a Selina.
Esta frunció el ceño. Aquella chica le estaba empezando a caer mal a marchas forzadas. Las pijas guapitas y tetudas siempre tan odiosas.
-Bien, ¿y qué debo hacer para que eso no ocurra?- preguntó estoicamente.
-Nada de especial- respondió la otra-. Simplemente mantener las distancias con Bruce Wayne. Entiendo que a primera vista te causara una gran impresión y que eso te haga querer profundizar tu relación con él, pero no es recomendable para cualquier representante del sexo femenino acercársele más de lo estrictamente necesario.
-Entiendo. ¿Eres una especie de guardaespaldas personal?
La chica le sonrió.
-O simplemente una novia posesiva. Bueno, ¿qué más da? Tampoco estaba esperanzada en que él se interesara en mí, por lo que no tenía intención de intentar nada. Además, en realidad no me van los tíos musculitos y pijos.
-Así me gusta. La proverbial actitud deprimente y pasota de los emos- contestó la desconocida con satisfacción-. Un punto a tu favor.
-¿Tengo que entender que también has amenazado a Barbara? He notado que ella se siente atraída por Bruce.
-La Srta. Gordon es una mosquita muerta que no me preocupa en absoluto. Es más, el propio Bruce ya se encarga de quitársela de encima.
De repente la puerta que daba al pasillo se abrió y apareció Barbara con el pelo suelto, vestida con un pijama gris de mangas y pantalones cortos.
-Buenos días- saludó.
-Buenos días- le correspondió la desconocida con amabilidad-. Veo que hoy te has levantado un poco más tarde, Barbara.
-Bueno, es que me he quedado un poco dormida, pero hay tiempo- respondió la otra, mostrando una sonrisa como disculpa-. Veo que ya se conocen, usted y Selina.
-Sí, hemos tenido una conversación muy instructiva- dijo mirando a Selina con una sonrisa-. Aunque me parece que no me he presentado- le extendió la mano-. Soy Talia al Ghul.
-Mucho gusto- dijo Selina fríamente mientras se las estrechaban.
-La Srta. Al Ghul es profesora en la facultad de medicina. Donde estudia Bruce- aclaró Barbara. La última frase la dijo como suspirando.
-Eso es- asintió Talia.
Selina escuchó aquella explicación con algo de asombro, aunque sin manifestarlo mucho exteriormente. Ahora se entendían algunas cosas. Su mente empezó a especular con la posibilidad de que Bruce y la profesora estuvieran liados. ¿Podría ser posible? Pero otra duda le vino a la cabeza.
-¿Una profesora que duerme en una residencia de estudiantes?- preguntó extrañada.
-Es una larga historia, pero ahora no tengo tiempo para contarla- contestó la docente-. No sería una buena idea que una profesora llegara tarde a las clases. Os dejo, chicas, y os recomiendo que os deis prisa vosotras también.
La profesora se dirigió a la puerta y la abrió, entrando en ese momento Harley, ahora sin maquillaje ni el antifaz del día anterior, por lo que Selina pudo fijarse en su rasgos aniñados. Iba con cara somnolienta y frotándose un ojo, y vestida con una camiseta larga y rosada que le cubría hasta las rodillas, con las palabras "Dulces sueños" estampadas en la zona del pecho.
-Buenos días- dijo Talia mientras salía.
-Ños ñías…- respondió la recién llegada.
-Espabila, Harley- exclamó Pamela, vestida con un camisón verde claro y llegando por detrás de ella, dándole una palmada en el trasero.
-Au, para- se quejó la otra infantilmente.
-¿Qué te ha parecido la profesora Al Ghoul?- preguntó Barbara a Selina, tras regresar de uno de los cubículos y situándose frente al lavabo que había a la izquierda de Selina, mirándose al espejo.
-En una palabra: insoportable- respondió la otra impasible, mientras se cepillaba el cabello.
-¿Y eso?- preguntó Barbara mirándola de reojo, un tanto sorprendida, mientras abría el grifo del agua.
-Digamos que me ha perecido demasiado vanidosa para mi gusto- respondió Selina-. Incluso diría que no le caen bien quienes solemos vestir de forma alternativa.
-¿De verdad?- dijo Barbara de nuevo con un poco de sorpresa- A mí siempre me ha parecido una mujer servicial y simpática. Si incluso decidió trasladarse a Mansión Arkham para estar cerca de su pupilo, Bruce.
-¿Su pupilo?
-Sí, resulta que la Srta. Al Ghul fue la tutora y profesora particular de Bruce durante parte de su adolescencia, y ahora que él va a la universidad, no ha querido dejarle solo e insistió en seguir tutelándole. Excentricidades de ricos, me imagino.
-Caray. ¿Y cómo se lo ha hecho para estar tan cerca de él, incluso viviendo en la misma residencia de estudiantes sin ser estudiante? ¿Y también consiguió una plaza de profesora solo para seguir tutelando a Bruce?
-No conozco los detalles. Supongo que algo ha tenido que ver que el padre de la señorita sea el profesor Ra's al Ghul, uno de los mandamases de la universidad. Pero ahí estoy especulando.
En ese momento entró otra chica, castaña, de pelo corto y vestida con un pijama marrón.
-Buenos días- saludó mientras se dirigía a los cubículos. Las otras chicas también le saludaron.
Por su parte, Barbara y Selina ya habían terminado.
-A ti te gusta Bruce, ¿verdad?- preguntó de repente la segunda a la primera.
-¿Qué? Bueno, yo…- dijo Barbara nerviosa- ¿Tanto se me nota?
-Un poco.
-Eh, tías, dejad de rajar como porteras y apresuraos, si no queréis llegar tarde- oyeron exclamar a Pamela, quien, junto a Harley, salía del lugar.
-Hola, Harvey.
-Hola, Pam.
Harvey y Pamela, el uno enfrente del otro, se miraban y sonreían desafiantes en la entrada del comedor.
-No sé por qué te maquillas, si no consigues disimular esa piel lechosa que tienes- dijo el primero-. Incluso diría que es verdosa. ¿No será que tienes savia en vez de sangre? No me extrañaría que te estuvieras convirtiendo en una planta, tan obsesionada como estás con ellas.
-Yo no estoy obsesionada, y ya sabes que mi piel es pálida por contraste con mi pelo rojizo- respondió la otra frunciendo el ceño-. ¿Siempre me lo tienes que recordar? ¿Y qué excusa tienes tú, Dos Caras? Una parte morena y la otra blanca- dijo señalando el rostro de Harvey-. Parece que te hayan tirado ácido en la mitad de la cara y así te has quedado.
-Qué graciosa eres, si lo sabes muy bien por qué tengo este aspecto.
-¿Esos dos siempre están así?- preguntó Selina mientras ella y las otras chicas escogían su desayuno en el bufete libre.
-Cuando te has acostumbrado resulta divertido y todo- respondió Harley-. ¡Ey, Pastelito!
Llevando su bandeja ya llena, la muchacha se dirigió con paso rápido y con una sonrisa a una de las mesas, alargadas y triangulares, donde se encontraban reunidos tres muchachos hablando y desayunando.
-Buenos días, Pastelito- saludó Harley amorosamente al joven al que había rodeado el cuello con sus brazos desde atrás, situando su barbilla sobre la coronilla de él.
-Buenos días, Harl- respondió el joven sonriendo con cierta resignación, mirando hacia atrás sin volver la cabeza-. Ya sabes que no me gusta que me llames así en público, que la gente se creerá lo que no es.
-Vale, perdone, señor Jota- contestó la chica un poco contrariada y separándose de él. Se sentó a su lado, donde había dejado la bandeja.
-Buenos días a todos- saludó Barbara mientras llegaba al grupo junto con Selina.
Los tres estudiantes saludaron con cortesía a las recién llegadas, mientras estas se sentaban a la mesa, dejando frente a ellas sus bandejas de desayuno.
-Mirad, voy a hacer las presentaciones- dijo Barbara-. Ella es Selina Kyle, estudiante de criminología. El chico de la corbata, pelirrojo y con gafas es nuestro experto en criptología, amante donde los haya de los acertijos y estudiante de periodismo, Edward Nigma. Eddie para los amigos.
-Mucho gusto- saludó el mencionado a Selina-. ¿Te gustan los enigmas?
-Bueno, los que tienen que ver con lo paranormal sí que me interesan un poco- explicó ella-. Sobre todo con la muerte y el más allá.
-Unos enigmas no quitan a los otros- dijo Eddie con una sonrisa un tanto misteriosa-. Todos pueden acabar resultando ser la clave para el último de los acertijos. Por ejemplo: Imagina que hoy es tu último día en la tierra. ¿Harías algo diferente?
Esa pregunta repentina turbó a Selina.
-Pues no sé. Supongo que sí.
-¿Y si por hacer algo diferente, hoy no se convierte en el último día?
La joven asimiló aquella cuestión y se quedó tan descolocada como pensativa. Por su parte, Eddie se quedó mirándola fijamente, sin dejar su sonrisa. Mientras tanto, a su alrededor se había formado un silencio sepulcral.
-Vamos, Eddie, esas filosofías están bien para soltárselas a Bane y Croc, y así escapar de ellos, pero deja tranquila a la pobre chica, que la estás mareando- dijo finalmente el tercer estudiante, que estaba al lado del mencionado.
Aquella intervención consiguió aliviar la tensión de la mesa.
-Estás hecho todo un friki, en el buen sentido de la palabra, claro- dijo Selina a Eddie con una pequeña sonrisa, algo inusual en ella.
-Gracias- dio él devolviéndole la sonrisa y con una pequeña reverencia.
-Ey, Barbara, estarás orgullosa de tu amante, ¿verdad?- soltó Harley.
Todos la miraron, y luego hubo un nuevo silencio, esta vez bastante incómodo, que Selina no llegó a entender.
-¿Quiere decir que tú y Eddie sois novios?- preguntó a Barbara.
-No, no somos novios- dijo ella seria-. Se refiere a un pequeño lío que se armó en la fiesta de mi último cumpleaños, el verano pasado.
-Sí, resulta que mi profe de psicología del miedo, el señor Crane, también es aficionado a los fenómenos paranormales, y en especial a la hipnosis. Un tipo muy divertido, ya te lo presentaré. Pues bien, en dicha fiesta le dio por hipnotizar a Eddie y Barbara…
-Ya está bien, Harley- exclamó la aludida-. Dejémoslo.
-Bueno, pero fue muy divertido- contó sonriente el chico al lado del cual se había sentado Harley-. Ahí quedaron claras algunas cosas.
-He dicho que ya está bien- dijo Barbara enérgica.
Selina se fijó que Eddie ahora estaba cabizbajo y sonrojado, comiendo calmadamente. Prefirió no seguir preguntando.
-Prosigamos- dijo Barbara-. El tipo sonriente y de cabellos ondulados que está al lado de Harley es… Ehm… -la muchacha dudó- Bueno, es Jota. Estudia en la facultad de química y, como creo que ya sabes, es el presidente del club de la comedia.
-Mucho gusto- dijo el recién presentado a Selina, mostrándole una simpática sonrisa.
-Igualmente.
-Bien, pregunta obligada: ¿te gustan las actuaciones y los monólogos cómicos?
-Pues, no puedo decir que yo sea mucho de la broma- respondió Selina.
-Bueno, pero nos vendrás a ver algún fin de semana que otro, ¿verdad?
-Claro- respondió Selina por compromiso-. Por cierto, eso de "Jota" debe ser un pseudónimo, ¿verdad?
-Sí, claro, no es mi auténtico nombre. Como tampoco lo es "El Jóker", con el que suelo presentarme en mis actuaciones.
-Ahora que lo pienso, Jota- intervino Barbara-, me parece que no sé cómo te llamas realmente, o por lo menos no lo recuerdo.
-Pues es verdad, yo tampoco- dijo Eddie, extrañado.
-Ahora que lo decís, ni siquiera yo- intervino Harley divertida-. ¿Cuál es tu verdadero nombre, Pastelito?
Todos miraron a Jota expectantes.
-Así que queréis saberlo, ¿verdad?- dijo este solemnemente. Entonces cambió a un tono más festivo-. Lo cierto es que no me acuerdo.
Ahora todos le miraron atónitos.
-Vamos, Jota, no nos vengas con tus bromas asesinas- exclamó Barbara-. ¿Cómo no vas a acordarte?
-De verdad- aseguró él-. Todo el mundo lleva ya tanto tiempo y sin excepción llamándome Jota que he acabado olvidando mi nombre y apellidos.
-Un claro ejemplo de alguien que ha sufrido un fuerte trauma que le ha hecho perder los recuerdos de su vida anterior, por lo que ha tenido que reinventarse- explicó Harley con una expresión inusitadamente grave en ella.
-Pero, Harley, ¿tú de verdad estudias psiquiatría?- preguntó Selina, acordándose de que esta antes había mencionado que tenía un profesor de psicología del miedo.
-Sí, claro, ¿te sorprende?- preguntó la otra volviendo a su sonrisa habitual.
-Ey, creo que eso que le ha pasado a Jota también acabará pasándome a mí- bromeó Harvey llegando en ese momento junto con Pamela-. A mí también me llama todo el mundo sin excepción "Dos Caras" o "Presidente Dos Caras".
-¿Y gracias a quién?- le preguntó Pamela con tono sarcástico mientras ambos se sentaban.
-Gracias a ti, Hiedra Venenosa- le respondió el otro molesto-. Que fuiste la primera en llamarme así.
-Pues tú no has logrado que la gente me llame "Hiedra Venenosa". Por muy susceptible y obsesionada por las plantas que dices que soy.
Harvey no respondió, retirándole la mirada. Pamela sonrió. "Dos a cero".
-Bien, y por último, pero no menos importante…- empezó Barbara.
-Hola, cariño.
-Ah, hola, tesoro.
En ese momento había llegado la chica que había entrado en el lavabo femenino cuando estaban Selina y las demás. Más arreglada que antes, y con un vestido de tonos marrones, se besó cálidamente con el tercer chico.
-¿Te has dormido?- le preguntó el chico preocupado-. Has tardado mucho.
-Sí, me temo que hoy voy a tener que desayunar en la hora libre- dijo la otra resignada.
-No ocurre nada- le respondió el chico cariñosamente-. Si quieres comeré otra vez contigo, para que te sientas acompañada.
-Ey, ¿estamos por lo que estamos?- les llamó la atención Barbara.
-A la orden- dijo él mientras se sentaban, el uno al lado del otro.
-Como decía, el de la barbita fina y pelo recogido en coleta es Preston Payne y ella es su novia Sondra Fuller, la parejita de tórtolos oficial de Mansión Arkham. Os presento a Selina Kyle.
-Mucho gusto- dijo la chica.
-Encantado- mencionó su compañero.
-Preston y Sondra estudian en la facultad de bellas artes- siguió hablando Barbara.
-Y podemos decir con orgullo que somos los reyes de las figuras de arcilla- dijo Preston.
-Sí, en eso no hay discusión- dijo Barbara-. Tendrás que venir a su próxima exposición, Selina. Ya verás qué obras más geniales hacen.
-Por mucho que nos hagas la pelota no vas a lograr convencerme para que done mi colección de libros antiguos para la biblioteca de la universidad- dijo Sondra gentilmente-. Bibliotecaria.
-Oh, no, yo, qué va, no lo decía por eso- se apresuró a aclarar Barbara.
-Bueno, gente, la conversación es muy amena, pero me temo que tengo que ir marchando a la facultad- dijo Harvey consultando su reloj.
Aquella fue la señal para que todo el grupo se levantara y fuera dirigiéndose a la salida de la sala.
-¿Vamos, Selina?- le preguntó Barbara.
-Si no hay más remedio…
-Ey, espera, Barbara- oyeron decir a sus espaldas.
Se detuvieron y vieron que era Eddie, que venía hacia ellas.
-Oye, Barbara, he pensado que…- empezó a hablar. Selina se fijó que era unos pocos centímetros más bajo que ellas- ¿Te apetecería que fuéramos al cine y luego a tomar algo?
-Lo siento, pero no puedo- le respondió la chica amablemente-. Hoy y los días que vienen estoy muy atareada.
-Vaya, lástima- respondió el otro con una pequeña sonrisa-. Bien, hasta luego.
Y marchó con paso rápido. Selina no pudo evitar sentirse identificada con él.
-Eh, Kitty, un momento- ahora oyeron decir a Harley, que llegaba junto a ellas con Pamela.
-¿A mí me has llamado Kitty?- le preguntó Selina un poco turbada.
-Harley tiene la manía de nombrar a la gente por un apodo- explicó Pamela-. A mí de vez en cuando me llama "Pelirroja".
-¿Y a mí por qué me llamas Kitty?- preguntó Selina.
-Pues… Porque tienes pinta de gatita, siempre vestida de negro, con esos cabellos que parecen unas orejas de gato- dijo Harley-. Y ese pequeño cascabel en el cuello. Y eres tan silenciosa y seguro que tan ágil como un gato. Aunque si lo prefieres te llamo Catgirl, o Catwoman.
-Si tengo que elegir prefiero Kitty- respondió Selina con paciencia. El cuarteto empezó a caminar-. ¿Y querías algo?
-¿Has pensado en apuntarte a algún club de la 'uni'?
¿Yo? No. No tengo ningún interés.
-Vamos, no digas eso. ¿Por qué no te unes al club de gimnasia? Somos poca gente, y estoy segura que tú harías un buen papel.
-No sé. Ya veremos- zanjó Selina.
Mientras salía de la residencia, la joven se fijó en aquel grupo de estudiantes que la rodeaban. Quizá, sin que ella se diera cuenta, habían conseguido que diera un pequeño paso, pero paso, al fin y al cabo, para formar parte de ellos.
