Capitulo 2:
Los días habían pasado y con ello la interminable mudanza de Yuri, sus últimos días habían sido entre muebles, pinturas y los gritos de Chris, su nuevo agente, al ver aquellas bolsas negras debajo de sus ojos.
Y si bien no era el mejor departamento, era suyo; podía tener todo el animal print que quisiera sin oír los interminables quejidos del estúpido de JJ y su manía de tener su cara de idiota en cada recuadro de su casa.
El departamento era simple, pero era cómodo y contaba con lo suficiente para vivir.
Su recamara venía con un baño para su uso personal, había decorado su cuarto con una pintura color roja y un gran alfombrado color negro, su baño tenía un pequeño jacuzzi del cual estaba encantado y su lavabo estaba lleno de cremas para su cabello.
El resto de su casa era igual de simple, su cocina era color negra y dentro de los estantes estaban decenas de platos y vasos nuevos, pegado al estante había pequeño microondas y su almacén estaba repleta de comidas instantáneas en caso de que le diera flojera cocinar, en esta también estaba una isla de cocina color negro con blanco, al lado estaban los pequeños 3 taburetes del mismo color oscuro y en esta descansaban unas pequeñas plantas al lado del lavabo,
al lado inferior, en unas pequeñas repisas que venían con la isla, junto con sus copas, guardaba su alcohol, que si bien no eran más que unas botellas de vino y whisky, eran de gran importancia; también tenía un gran refrigerador, dos grandes hornos y una tostadora, todas color plata, que hacían juego con toda su cocina. Unas pequeñas lámparas colgaban encima e iluminaban muy bien todo el lugar, todo estaba acomodado y le gustaba el juego de color que su cocina ofrecía.
La sala era simple de todo el lugar, las paredes estaban pintadas de un color gris y el gran ventanal daba vista a la ciudad y a gran parte del edificio, había dos pares de sillones, uno color negro, grande, con dos cojines; color rojo y color amarillo; el otro sillón era pequeño, color blanco y en el centro estaba una gran mesa de cristal; a los lados de los sillones había unas más pequeñas con lámparas blancas encima. En la pared de piedra de enfrente color beige se encontraba la tele de pantalla plana y una que otra consola.
Había gastado todos sus ahorros en decorar el interior de su casa (Y una que otra parte del gran dinero que había tomado del malnacido de su ex.) y bien, la localización de su apartamento era un asco, su hogar no lo sería.
Se había matado para acomodar y el empezar su nuevo trabajo tampoco le ayudaba mucho. Chris le exigía que se cuidara, era un hombre extraño, rubio, extravagante, con un novio ardiente que no le importaba presumir y era dueño de la agencia donde lo habían aceptado.
Las palabras de Chris cuando lo contrataron era que "Tenía un futuro por delante con aquella cara linda que se cargaba, con su largo cabello rubio y sus ojos color esmeralda, fieros como ninguno, capaces de hipnotizar y poner el mundo a sus pies."
Era un hombre raro, pero Yuri no pudo juzgarlo cuando recibió pago por adelantado.
Había acabado sus pendientes y había conseguido trabajo, todo parecía estar a su favor para él… ¿Porque se sentía la peor persona del mundo al pasar por la puerta de su vecino? Y es que no podía de evitar estar atento a cada movimiento de aquella persona, se había aprendido cada salida y cada entrada de Yuuri Katsuki y eso no era algo que él hacia.
Sabía que a las 8 de la mañana salía de su departamento, con aquellas miles de capaz de chamarras, vistiendo como vagabundo con aquel tonto gorro que usaba, para luego regresar a las 6 de la tarde y ya no salir.
Incluso pudo jurar oír llantos en las madrugadas.
Y es que no podía dejar de prestar atención cada ves que la puerta contraria se abría.
Podría ser un beta, pero hasta el olía las hormonas de tristeza que aquel omega soltaba desde el primer piso.
¿Era culpa suya? No, el cerdo ya era triste antes de conocerlo.
¿Entonces porque no dejaba de culparse? Era un estúpido mal educado, un prejuicioso de mierda con mal carácter pero al ver a aquel cerdo hundirse en su tristeza no podía evitar sentirse furioso.
Simplemente no comprendía porque vivir en la pena siempre… ¿Un alfa? eso seria estupido, algo ilógico que un ser insensible como el no podía comprender y eso le enfadaba. Cuando el encontró a Jean con Isabella lo primero que hizo fue mandarlo a la mierda.
Nunca se sintió mal, ni siquiera vio algún problema en su persona
¡A la mierda Jean! el se lo perdía por no saber aprovechar algo tan fabuloso como el.
Plisetsky no sabia cuales eran las razones del cerdo, pero algo que si sabia es que quería descubrirlas y quizás disculparse, aunque esto no lo admitiría en voz alta.
Una tarde dos semanas después, hizo algo que no estaba planeado, ni siquiera sabia que clase de ente había tomado su cuerpo para plantarse frente a la puerta de su depresivo vecino y tocar la puerta.
Cuando cayó en cuenta lo que había hecho, gritó internamente y se reprocho. ¿¡Que diablos estaba haciendo!?
Se escucharon pasos caminando hacia la puerta y después de esperar un par de segundos fuera de lo normal, la puerta enfrente suyo se abrió revelando al joven, que contrario al que había espiado hace algunos días por la mirilla de su puerta, se encontraba ahí, más pálido y débil que nunca, ahora su figura sin tantos abrigos de por medio revelaban que ya no estaba gordo, sino más bien desnutrido y este se sostenía con el marco de la puerta para no desvanecer.
— ¿Que..? — Se miraba sorprendido de verlo ahí, pudo notar como su expresión pasó a una de enojo y defensa. — ¿Que haces aquí?
— Yo… quería decirte… — ¿¡Que diablos iba decirle?! Esto no estaba planeado — Cerdo ¿Estas bien?
— Mi nombre no es cerdo, es Yuu… — No pudo terminar de decir lo que iba decir cuando ya estaba desplomándose frente mío.
— Mierda. — Lo atrapó antes de que cayera al suelo. — Cerdo, despierta, vamos. — Le dio pequeñas cachetadas pero no respondía; le levantó el cabello de su frente y pudo notar que ardía en fiebre.
Con un demonio lo que faltaba.
Asustado, lo levantó al estilo nupcial y desesperado apretó el botón del elevador, apenas lo habían reparado y aun así tardaba mucho.
¡No tenia tiempo que perder!
Cuando Yuri pensó que no podía esperar más salió corriendo escaleras abajo y acomodo al joven en el asiento trasero del auto.
No supo como diablos llego al hospital, manejo como si lo persiguiera el diablo y llevo al azabache a urgencias.
— ¡Ayuda! — Gritó cuando vio a las enfermeras y estas sabiendo que hacer trajeron una camilla, Yuri lo recostó sobre esta y solo vio el como se lo llevaban.
Pasó una mano por su cara frustrado ¿Como diablos se le ocurre al cerdo desmayarse? aunque bueno, creo que eso no era algo que tampoco controlara.
Una mano toco su hombro y se sobresaltó, casi golpeando a la pobre enfermera que brinco ante el susto.
— Lo lamento. — Dijo, ahora mas calmado.
— Entiendo su preocupación, el estara bien. — Le sonrío tranquilizando. — Necesito saber si usted o algún familiar suyo pueden rellenar los papeles del paciente.
¿Qué diablos? ¡No sabía ni su nombre!
Por un momento no supo que hacer, no sabia si el cerdo tenía familia y tampoco es que tuviera el celular del azabache para verificar en los contactos.
Trato de recordar si el cerdo había llevado alguien que reconociera, siempre era lo mismo, se iba y regresaba solo.
De repente recordó: ¡El hamster!
Saco rápidamente su celular y marca el numero de aquel chico tailandés del cual siempre olvidaba su nombre, rogó tener el crédito suficiente y solo un suspiro de alivio cuando oyó los tonos de marcación.
A los tres tonos, la voz del tipo solo por el articular:
— ¡Yurio! — Ahora recordaba porque no hablaba tan seguido con el, le había puesto ese estupido apodo, según el, para no confundirlo con su mejor amigo que se llamaba igual. — Que milagro que hablas, ¿Pasó algo?
— Si, Hamster, paso algo. — Tragándose sus insultos, prosiguió. — Mi vecino, tu amigo, se desmayó hace una hora, quería saber si sabes dónde localizar a un familiar de el o si puedes venir a rellenar su hoja de paciente.
— Oh dios, Yuuri ¿Esta bien? — Sonaba preocupado.
— Yo, no lo se… se lo acaban de llevar a emergencias.
— Tratare de salir lo más pronto posible del entrenamiento, de mientras anota todo lo que te dire y quédate hasta que llegue.
— ¡¿Porque tengo que quedarme?!
— Convenceré a la casera de que te baje la renta si lo haces.
Mierda, un descuento no estaría mal…
— Muy bien. — Dijo resignado. — Prosigue.
Anoto en cada párrafo lo que el hamster le decía, el nombre de aquel cerdo era Yuuri Katsuki, tenía 28 años, era procedente de Japón, mide 1.73 y era sangre tipo A.
Al parecer tiene residencia en Rusia por trabajo y vivía solo, también le dicto otras cosas como el seguro medico, etc.
Una ves terminado de anotar todo, Phichit prometió salir lo más pronto posible y Yuri colgó, dejó la hoja del registro con la enfermera y esta le informo que el paciente pronto estaría en el cuarto 112.
Agradeció rápidamente y entró a la sección de los cuartos, el olor a cloro y a desinfectante inundaba todo el lugar al igual que todo hospital y Yuri odiaba eso, más que odiarlo, detestaba las memorias que le traían consigo.
Camino buscando el cuarto y se detuvo en la puerta del 112, respiro hondo y entro, pero no había nadie; todavía no traían al cerdo de lo que le estuvieran haciendo y soltó un suspiro, de todos modos, no creía enfrentarlo hasta que despertara y si tenía suerte, podía hacerlo hasta que la rata llegará.
Paso alrededor de una media hora solo en la habitación, se entretenía mirando sus redes sociales e ignorando los miles de mensajes que JJ le mandaba cada ves que lo veía conectado.
¿Es que acaso aquel tipo no tenía dignidad?
5 minutos después, Yuri comenzaba a preguntarse si no se había equivocado de habitación, no había señal alguna del cerdo y no vio rondando a ninguna enfermera afuera de la sala.
Error, apenas terminando de pensar eso, llego una camilla con el tal Yuuri acompañado de dos enfermeros; este todavía estaba inconsciente pero por fin había agarrado su tono natural. su mirada lucía serena, su ropa había sido cambiada por una bata de hospital, al parecer le habían lavado la cara para controlar la temperatura y le habían echado el pelo para atrás con agua, mostrando sus fracciones, se veía mejor con el pelo así que con la maraña que traía siempre; pudo notar que tampoco portaba sus lentes, hasta que vio al doctor entrar con ellos y una tabla de apuntes.
Otro detalle que Yuri pudo notar por primera ves en su vecino era la gran y profunda mordida que traía en el cuello, no se veía reciente, al contrario, empezaba a cicatrizar y eso no era bueno en un Omega; les daba entender a las personas que era uno abandonado, alguien que ni su propio alfa pudo soportar, lo cual también significaba que cualquier podía tomarlo de juguete sexual y mayormente la sociedad despreciaba a este tipo de omegas.
No podían ser mordidos por otro alfa que no fuera el que lo abandonó con esperanza de que se renovará el lazo, pero si ser sometidos a causa de que ya no tenía un olor del particular que los protegiera.
Eran inútiles, unos juguetes hasta que la mordida cicatriza y se borrara pero eso podría tardar años y muchos, no aguantaban lo suficiente debido a la depresión que venía con ello.
Yuri a veces agradece ser un Beta, era un don nadie que no tenía que estar atado a las reglas de la sociedad, no estaba obligado a ser una máquina de dar hijos, ni tampoco debía obligar a alguien a amarlo.
Podía ser él, si se casaba o no, a nadie le importaba, si lo dejaba un alfa podía mandarlo al demonio y solo eso, era un ser normal que debía casarse con otro de los suyos si quería un hijo pero eso tampoco importaba, total, niños betas había muchos.
Por un momento tuvo lástima por aquel joven; miró como los dos enfermeros lo subían a la cama y como uno se quedaba a conectarle unos aparatos que el no comprendía; el doctor anotó algo de los aparatos, murmuró un "Ahora vuelvo" y salió de la habitación.
De vuelta al silencio, Yuri trato de seguir en sus redes sociales pero le fue inútil, se aburría como el demonio así que se dedicó a observar a la persona que estaba en la cama.
¿Porque había ido a su casa en primer lugar? ¿Que es lo que esperaba recibir después de insultar al gordo de su vecino?
Quizás se sintió culpable y esa culpabilidad había aumentado al verlo desnutrido, era algo que traía atrapada en el pecho.
¿Tanto habían calado sus palabras? bueno, el no había olvidado lo que el cerdo le había dicho pero era obvio que tenía razón, se merecía lo que le había atrapado a ese edificio, el haber sido un tonto y perseguir un sueño, un hombre a costa de su única familia.
Pero nunca pensó que las consecuencias de sus palabras traerian a este pobre hombre al hospital, quizás debería hacerle caso a Mila y callarse la boca por una ves en la vida.
Se notaba la enorme mordida en aquel cuello y a Yuri le recorrió una ola inexplicable de decepción, ese chico probablemente muera de depresión si no luchaba y quizás estaría muy herido para volver a enamorarse de nuevo en algún futuro.
"Lastima, tenia muy bonitos ojos." Se puso un poco rojo al admitirlo, el hecho de que lo pensara no significaba que le atrajera o algo.
El lado positivo de todo esto es que quizás podía hacer las paces con aquel tipo y dormir cómodamente sin presiones a causa del descuento que le conseguiría el hamster sobre la casa.
Todo mejoraba, había hecho su mejor obra del año y tendría mas dinero.
El sonido de la puerta interrumpió sus pensamientos, aquel hombre en bata que había entrado hace ratos atrás y Yuri se saco de onda cuando le dirigió la palabra.
— ¿Familiar del señor Katsuki? — Era un hombre común, pelo corto, bigote, algo viejo.
— Soy yo. — Me levante de la silla y fui hacia donde estaba, y le estreche la mano. — ¿Qué es lo que tiene mi… eh… primo?
— Primero, quisiera preguntarle, ¿Sabe la fecha de su último celo o si ha estado manteniendo relaciones con su ex-alfa?
Por favor, que alguien me mate…
— No somos muy cercanos. — Comente incómodo, Yuri no era ningún santo, pero hablar de la sexualidad de otra persona no era el mejor de los temas. — ¿Tiene alguna enfermedad o algo?
— Dio positivo en la prueba de embarazo realizado mediante un estudio de sangre, estamos 80% seguros de que lo esta, pero una prueba positiva en un Omega hombre siempre puede ser resultado de dos cosas: Un embarazo o Cáncer.
Necesitamos contestación a las preguntas que le hice y hacerle un ultrasonido para descartar lo último.
También se necesita sacar una cita con su nutriólogo de confianza para que pueda proporcionarle una dieta para que pueda llevar un control y no vuelva a recaer por desnutrición y el feto no corra más peligro.
— ¿Se desmayó por mala alimentación? — Tragué saliva, pobre niño. — ¿Por qué el niño peligra?
— Si bien, usted es un beta, debe de saber lo que pasa cuando un lazo está roto ¿O me equivoco?
Por la cicatrización que lleva el señor Katsuki, me atrevo a decir que lleva entre uno meses desde que el alfa rompió el vinculo y aunque el feto no debería estar en peligro ya, aun así se puede dar la muerte del embrión a causa de la fuerte depresión que se da por las fuertes vibras negativas, los omegas en ese estado hacen cosas que pueden afectar su salud, como la perdida de apetito, baja autoestima y en muchos casos puede llevar al borde del suicidio.
Le he programado también una serie de citas con un psicólogo especializado en estos temas para evitar que empeore y ponga en riesgo su vida y la del feto.
— Yo no se que decir… — Era mucho por procesar.
— No diga nada, solo apoye a su familiar y es recomendable que lo convenza de regresar con su ex pareja, eso seria todo; regresare cuando el paciente esté despierto para llevarlo por los estudios necesarios, hasta pronto.
Yuri solo alcanza asentir y sintió como sus piernas cedían ante la silla que tenía detrás de él, se replanteó si aquel descuento valdría tanto la pena y cuando volteo a ver al chico se sorprendió que aquellos lindos orbes azabache lo observaban fijamente.
— Buenas noches, cerdo. — Saludo, ahora si que estaba jodido.
En documentoooo!
He visto un millón de fics donde usan un tratamiento para borrar la mordida y pues puedo decirles que aquí no.
Gracias por leer! Si piensan que esto es malo, el anterior estaba PEOR.
