Disclaimer:

Los personajes de esta historia no son mios, son de la querida señora Meyer. Todo aquel personaje que no reconoscan son de mi propiedad.


Me levanto aceleradamente, mi frente esta sudada. Ahogo el grito que anhela con todas sus fuerzas salir de mi boca y alertar a todos que un mal se acerca. Solo cuando me doy cuenta de que no es la estancia de mis sueños logro acompasar mi respiración. Por mis mejillas bajan las lagrimas por el miedo, me las limpio. Toco el suelo con mis pies y camino en dirección de la ventana del cuarto, al llegar la abro y saco una de mis manos, el aire helado me hace devolverla instantáneamente.

El invierno hace sus primeras advertencias de su aproximación. Resoplo y volteo a mi derecha. Tic, tac, tic. tac. Se escucha el reloj de péndulo que yace en la pared. Tic, tac, tic, tac. Si mas no recuerdo sobre él es que cuando llegue a parar aquí ya estaba y, cuando despertaba gritando y llorando por una de mis pesadillas, el me consolaba con su incesante pero tranquilizante compás.

Camine en dirección a mi cajón y saque una blusa de manga larga, un suéter y una chamarra, encendí la tenue luz de mi lámpara y me puse todo. Camine hacia el espejo y me mire fijamente en el, perecía mas gorda de lo que realmente soy. Aunque no me gustaba como me veía, era preferible a morirme de hipotermia cando saliera. Rebusque en mi cajón mi diario, cuando lo encontré, saque una pluma apague la luz y salí del cuarto.

Baje de puntillas por la escalera y saque la llave del escondite (no tan misterioso), abrí la puerta y salí al patio. Para mi suerte, hacia pocos meses un animal hizo un agujero en el cual yo pasaba perfectamente. Era lo ideal para mis caminatas matutinas. Mire el agujero de reojo, con todo esto puesto no podría pasar. Había una fácil solución pero no era una de mis favoritas. Lo pensé por un segundo pero al final lo hice. Me saque la chamarra y el suéter quedando únicamente con mi blusa de manga larga. Avente ambas prendas por el agujero y pase.

No fue una de mis mejores ideas, con diez segundos sin ellos, mis dedos estaban congelados. Me los puse de manera desesperada y frote mis manos con el fin de recuperar calor. Seguí caminando por la acera de las oscuras calles de Tiverton. El lugar menos atractivo de toda Europa. Todo estaba tan apagado y sombrio que los turistas ni siquiera se atrevían a respirar nuestro aire.

Pasando por la iglesia, oí el "tic, tac" del enorme reloj que tenia. Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac. Seguí adelante y, después de unas cuadras, al frente mío se encontraba el cementerio. Metí en el bolsillo de mi sudadera el diario y el bolígrafo, tome aire y trepe la reja, al llegar a la sima, se podía apreciar todo, entrecerré los ojos para buscar nuevamente la lapida que buscaba, aunque sabía que no era necesario ya que sabia donde estaba, baje y empecé a caminar hacia el norte del cementerio, el lugar más sombrío, oscuro y tenebroso de todo Tiverton, aunque a mi recorrerlo no me daba miedo.

A algunos les daría terror entrar un cementerio a las tres y media de la mañana. A mí antes no me fascinaba la idea pero desde la muerte de mis padres detestaba escribir sola y bueno que mejor compañía que las de mis padres.

Al fondo, se encontraba las lapidas que buscaba, llegue a ellas y las observe como cada noche. Volví a mirar el grabado que tenían; "Amorosos padre y madre", eso era poco comparado con lo que ellos eran para mí.

— Hola— salude—, los vine a molestar nuevamente. Ya deben estar hartos de mí.

Acaricie el verde pasto que creció de lo que antes era tierra únicamente e inhale profundamente. Saque mi diario y escribí en él:

"Nuevamente, la vi, no sé qué es lo que quiere, si es que algo busca, volví a levantarme a las tres de la mañana, nada cambio, sigo viendo la mismo casa , los relojes extremadamente caros , y la misma chica, me volví levantar después de que el reloj marco justo las tres y oí los irritables "tic, tac" que hacía, justo en el mismo lugar, no sé si sea mi conciencia la que me quiera hacer una mala jugada, o sea verdadero, estoy empezando a creer que lo que leí sobre que la gente sueña en blanco y negro es mentira, este sueño es a todo color, tan real.

Al menos he dejado de gritar, ese es un avance para mi, aun recuerdo cuando todas gritaban a coro conmigo creyendo que alguien estaba en el cuarto, con eso frenado tengo más probabilidades de que no me lleven con el loquero, aun no sé porque sigo viéndola, ¿que no se supone que no tienes el mismo sueño más de dos veces?, al menos eso he oído, estoy pensando a considerar que si quiero saber por qué me pasa, debo hacerlo pronto, iré a ver a la "vidente" de aquí, no creo que funcione, pero prefiero arriesgarme a volverme loca por ello, nadie quiere a las locas ni a las raras, soy ejemplo vivo de ello."

Recorro minuciosamente las hojas de mi diario, no todas contienen lo mismo que esto, llegue a la primera hoja de mi diario, era del trece de septiembre del dos mil seis. Era un día antes de que mis padres murieran, y era un día después de mi cumpleaños, odie ese día con toda me alma. Era el día en el cual mis padres habían tenido una gran discusión, no recuerdo con franqueza porque era la discusión. Tac, tic, tac, tic, el tiempo recorría, pero ahora en sentido contrario, tac, tic, tac, tic, tac, tic…

Buscaba en el despacho de mi papa algo para poder leer, ya que mi papa no me dejaba ver la televisión, o la "caja estúpida", como él le decía, y había terminado de leer el libro que había recibido en mi cumpleaños, de pronto encontré un pequeño libro con la inscripción "VIVE Y DEJA MORIR; 007 JAMES BOND", según mi papa, era el mejor agente que podía existir, salí corriendo del despacho y me dirigí al cuarto de mis padres para mostrarlo y pedirle a mi padre si me lo podía prestar, cuando llegue a la habitación oí unos gritos provenientes de adentro:

—… ¡Todo es tu culpa!, has condenado a nuestra hija.

— ¡Ya te dije que no tengo la culpa, es lo mejor, así no lo encontrara!—Protesto mi madre, creo que es por lo del reloj que tome la ultima vez, algo hermoso, tenia miles de dibujos y jeroglíficos, miles de luces salieron de él y una, no sé como describirlo, pero se metió en mi, fue entonces cuando mi mama y mi papa entraron a mi cuarto y me lo quitaron. —, ¡Prometimos esconderlos de ella, se lo prometimos a la niña silenciosa, no buscara ese reloj ahí, es la única esperanza!

—Lo sé pero… ¡Agh!— gruño mi padre, seguido de ello se escucho un horrible sonido, como cuando algo se rompe, había golpeado un cristal.

Me senté en el piso y lleve mis rodillas a mi cara esperando a que la pelea entre ellos terminara y todo esto acabara…

Sigo escuchando el incesante ruido de "tic, tac" del reloj, tic, tac, tic, tac, tic, tac, hasta que meto la mano en el bolsillo de mi sudadera, es cuando me doy cuando de que hay un reloj de bolsillo en ella, olvide por completo que lo traía, lo tome por la pequeña cadena que tenia y lo mire, indicaba que eran las cuatro exactamente. Este reloj fue herencia de mi padre, nada parecido al reloj de mi mama, este no se le comparaba a él, era un simple reloj.

Mis parpados empezaban a cansarse, luchaba por mantenerlos abiertos, si los cerraba, era más probable que la volviera a ver a esa niña, y era algo que no quería. Mire a mi alrededor, pero no lo necesitaba, aquí todos son tan supersticiosos como para entrar a un cementerio a las cuatro de la mañana, ni siquiera el velador venia, el también tenía miedo de este lugar.

Me levante y camine nuevamente al sur para salir del lugar. Antes de ello, un cuervo se poso en la primera lapida del cementerio causándome una sensación de terror, trate de ahuyentarlo, pero este salió volando a mi dirección, me agache y este voló sobre mi y se perdió entre las sombras. Volví a trepar la reja y baje, ahora de manera acelerada, camine de regreso hacia el orfanato tomando una ruta diferente, una que daba hacia la antigua casa de mis padres.

La volví a mirar después de tres meses, también se había convertido en sombras, las cercas que antes tenían un brillante color blanco, ahora eran de un color amarillento y desgastado, y la casa antes color beige se había despintando dejando pequeñas aberturas y la maleza había empezado a escalar por todos lados, y al fondo estaba mi vieja bicicleta ahora oxidada por estar en la intemperie , abrí la puerta y entre caminando por el sendero de lo que antes era una cerámica pulida y extremadamente brillante, llegue a la puerta y vi el timbre que de seguramente ya no funcionaba, saque la llave de mi cuello y abrí la puerta.

El candelabro, las pinturas, los muebles, la chimenea, todo estaba ahí, lo que alguna vez fue mi infancia, nunca puedo entrar, si lo hago, los recuerdos me empiezan a destrozar lentamente, lo intente una vez y no acabo bien, aparte de que siempre que entro me duelen mis marcas de nacimiento, las más raras que existen.

La primera está en mi brazo derecho, en mi muñeca para ser precisos, forma un tipo reloj, solo conformado por un circulo irregular y las manecillas de este, curiosamente, mi reloj personal marca siempre las tres, y mi segunda marca está en mi muñeca izquierda, pero este es un reloj de arena, dos triángulos irregulares conectados por la cúspide de ambos y una línea intermedia en el triangulo de arriba, preguntaría a mis padres por esas marcas tan perfectamente hechas, claro, si no estuvieran muertos.,

Doy un paso hacia atrás y cierro la puerta, y vuelvo a tomar mi curso hasta el orfanato, vuelvo a sacar el reloj de la sudadera, marca las cuatro quince, tic, tac, tic, tac, tic, tac.

Algunas casas tenían luces encendidas, tal vez eran de personas que trabajaban temprano o algo así, había varios vecinos curiosos que se asomaban por la ventana, como cada mañana, todos me conocían aquí como la "rara" o la pobre huérfana, o "bruja". Por algún extraño motivo, llamado Jessica, o Jess, como prefería que le llamaran, todos se enteraron de mis sueños, y empezaban a sospechar por mis marcas tan perfectas y mis visitas al cementerio, llegaban a pensar que mis visitas eran rituales o para invocar al Diablo.

Eso logro que todos los días en mi casillero estuviera escrito la palabra "bruja", ya incluso en mi casillero tenía limpiador y trapo para quitarlo.

Seguí caminando, volví a sacar el reloj, el cual marcaba las cuatro cuarenta y tres, tic, tac, tic, tac, tic, tac. Volví a retomar mi curso hasta que después de diez minutos llague a mi abertura secreta, volví a repetir mi acción de la mañana, me quite las prendas, las aventé y me deslice. Camine a la salida de emergencia y entre, verifique que no hubiera nadie despierto y entre dejando la llave en su lugar, subí las escaleras de puntillas y volví a acostarme para fingir dormir.

¡Psst, psst! — voltee para ver quien hablaba, era Carlie. —, ¿en donde estuviste?

— En el cementerio— respondí.

— ¿De nuevo?

— Si.

— ¿Cuánto hace que tienes ese sueño?— pregunto mientras se levantaba y venia hacia mi cama.

— Más de dos semanas— dije mientras encendía la lámpara de la mesita.

— ¿Sigues viendo lo mismo?— asentí.

— Tengo miedo— respondí con voz quebradiza, no era lo mismo decirlo que escribirlo —, empiezo a creer que no es un simple sueño.

— No puedes tenerle miedo a algo que no existe— respondió. —, es solo un sueño, te prometo que se desvanecerá con el tiempo.

Dijo mientras pasaba su mano por su brazo derecho, soltó un pequeño grito de dolor al subir su mano por arriba del codo.

— ¿Aun te duele?— cuestione tomando su brazo y levantando lenta y cuidadosamente la sudadera.

— Si— dijo haciendo muecas de dolor —, con cuidado, ¡duele, duele!

— Solo quiero ver, espera— al terminar de subir la manga, vi los moretes que tenia, ahora mejores que como estaban cuando llego —, han mejorado.

— ¿Bromeas?, aun me duele— dijo viéndose el brazo —, ojala y mi padre se pudra en la cárcel.

— Lo hará— le asegure —, tuviste suerte.

— Demasiada— concluyo.

Ella había llegado hacia apenas tres meses, la habían rescatado antes de que su padre le clavara una navaja en el pecho, el se volvió loco después de que su mama murió al darla a luz, la odiaba con toda su alma y la maltrataba. Ahora lo que hacía tres meses era un pequeño esqueleto con marcas moradas, al cual nadie se le quería acercar salvo yo, ahora era una bella niña, aunque aun tenía los moretes menos notorios y la cicatriz en su brazo izquierdo, hecho por la navaja.

— ¿Dormirás? — pregunto rompiendo el silencio.

— No lo sé— Carlie me miro detenidamente durante un segundo, miro detrás mío haciendo que yo también mirara asustada, se levanto y se desvaneció en las sombras—, Carlie, ¿a dónde vas? — pregunte pero ella se dirigía a mi arrastrando su sabana y cargando una almohada.

— Dormiré contigo. — concluyo.

Se recostó en mi pecho la abrace y plante un pequeño beso en su pelo suspire y apague la luz. Y de esta manera ambas nos dormimos en la misma cama en la cual apenas podíamos quedar acostadas, ella con sus moretes, y yo con mis sombras.


Capitulo 1. Gracias a las que siguen la historia, ¿quien noto mi adicción por los relojes?, las leo pronto.

Anna