Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de nccm, yo solo la comparto con todas ustedes.
Nunca Te Amaré
Capítulo 2. Comprometidos.
Hace dos meses atrás recibí la peor llamada que le puede ocurrir a cualquiera, era mi madre desesperada, llorando.
— Bella, hija, — Repetía sollozando.
— Mamá habla, me estas asustando, ¿Qué pasa? — Mis lágrimas también salían sin saber por que.
— Tu padre, Hospital San José — Repitió como dialecto indio trancando su celular.
Salí disparada de casa mientras mi compañera y una de mis mejores amigas corría tras de mí preguntándome que me pasaba. Le señale que se montara y fuimos al hospital.
Atravesé corriendo las puertas corredizas que tenían grabada "EMERGENCIA". Me dirigí a la recepción histérica preguntando a la enfermera por encima de mi tono normal de voz — Swan, Charlie Swan — La señora señaló un paraban entendiendo mi desesperación. Cuando crucé la tela verde mi madre estaba sentada tomando la mano inerte de mi padre, su cuerpo estaba conectado a miles de aparatos y se escuchaba el pitido anunciando sus pulsaciones. Al verme se separo de él y me abrazo llevándome a la sala de espera, allí se encontraba Rosalie esperando ansiosa.
— ¿Qué ha pasado? — Preguntó acercándose.
— Chicas fue horrible, habíamos quedado almorzar juntos porque estaba cerca, subí directo a su oficina, lo encontré gritando por el teléfono, maldiciendo a quien sabe quien, cuando colgó solo me dijo "me estafaron" y cayó tendido abrazando su brazo izquierdo. Llamamos al 911 y lo trajeron aquí, el médico dice que sufrió un ataque de nervios que le generó una arritmia cardiaca que por poco se convierte en un infarto — Temblaba de los nervios con el relato de mi madre mientras Rosalie nos abrazaba a las dos pidiéndonos calma.
El médico apareció una hora más tarde con más resultados de exámenes, reviso los aparatos y luego nos explicó su condición. Debía guardar absoluto reposo por dos semanas, hacerse seguimiento diario de la presión y visitar al cardiólogo la semana siguiente después de darlo de alta. No podía recibir ningún tipo de impresión fuerte y por nada del mundo regresar a trabajar hasta que su especialista lo indicara.
Dos días después esperaba a mis padres en mi coche frente a la entrada del hospital para llevarlos a casa. Pasé primero por la farmacia retirando sus medicamentos y luego por una tienda de abastecimiento por algunas cosas que hacían falta. Me sentía tan impotente por verlo tan frágil, tan alejado del caballero de los cuentos que me cuido desde chica. Yo aún era su pequeña princesa, su única hija, aquella que le complacía cualquiera de sus caprichos.
El tiempo pasó de nuevo, un mes después, ya estaba un poco mejor, llevaba la vida con un poco de calma pero había vuelto al trabajo, siempre y cuando respetara los horarios. Aquella mañana me fui a llevarle un café descafeinado para librarlo de la tentación de un expreso bien cargado. Yo me había recibido en Comunicación Social con especialización en Economía, todo por complacerlo y trabajaba en el departamento de finanzas del Negocio Familiar. "El Informador", esa era el periódico más antiguo de la ciudad, fue fundado por mi bisabuelo y pasaba de generación en generación, bueno quien creen que sería la próxima.
Toqué la puerta de su despacho previendo alguna reunión inesperada y así fue, estaba sentado con el dueño de la competencia Carlisle Cullen, que al igual que mi padre había heredado de su padre "El Impulso", el periódico que peleaba con nosotros por las mejores ventas.
— Buenos días — Dije asomando solo mi cabeza.
— Bella, princesa, pasa — Haciéndome señas — ¿Recuerdas a Carlisle? — me preguntó.
— Claro papi — Me acerqué para besar a mi padre — ¿Cómo esta Sr. Cullen?
— Muy bien, gracias y tú Isabella — Me preguntó tendiendo su mano.
— Excelente, viendo a mi campeón recuperarse, nos dió un gran susto — Me puse detrás de la silla de mi padre aún con el café en la mano — ¿Quieren café? — Por sus respuestas tomé dos tazas y repartí el contenido del vaso, para luego ofrecerle las tasas — Me disculpa Sr. Cullen pero es descafeinado para que cierto tramposo se olvide del expreso muy cargado — Dije bromeando.
— No te preocupes Isabella, es genial ver como cuidas a tu padre — Me dedicó una sonrisa tierna.
— Bueno los dejo para que sigan con su reunión — Dicho esto me retire a mi oficina con las cosas que había tirado en la pequeña mesa al entrar.
Fui a mi oficina a revisar las opciones para ayudarnos a salir del atolladero de la estafa que habíamos sufrido. Hace algún tiempo mi padre para modernizar algunos procesos solicito un gran préstamo a un banco. En resumen, el proveedor de maquinarías sencillamente estafó a mi padre y se largo con el dinero, dejándonos deudas que no podíamos pagar o sí las pagábamos no lo haríamos al personal. Supuse que mi padre estaba buscando alternativas con Carlisle, quien también sufrió una estafa menor. Mi móvil sonó insistentemente obligándome a atender y desviar mi atención, vacié la cartera sobre el escritorio para encontrarlo. La música me anunció que era Alice.
— Vas a ser Tío — Gritó del otro lado.
— Ya sé que voy a ser tía — Le recordé.
— No vas a ser tío ¿entiendes? — En ese momento supe que ya le habían dicho el sexo del bebé: era un varón. La felicité con entusiasmo, luego llamaría a Jasper.
— Estoy llamando a Rose pero no la encuentro, ¿podrías avisarle?
— Obvio, ya me voy a su oficina.
— Gracias, te quiero grandote.
— Yo también, besos a mi ahijado.
Dicho esto salí a la oficina de Rose, estaba allí oculta por la fiesta del día anterior. A pesar de estar dentro de la oficina aún llevaba los lentes de sol.
— Rose, tienes que saber — Me hizo señas que me aguantara.
— Baja la voz — Susurró.
— Vaya fiesta te metiste — Me burlé — Si comienzas el Lunes así no quiero imaginar el resto de la semana.
— Luego te cuento pero es alto, definido y hermoso — me reí por su descripción.
— Vamos a ser tíos — Le dije muy bajito, de la impresión se quito los lentes y me vio.
— ¿En serio? — Agarró en el aire mis palabras que señalaban el sexo del bebé mientras yo asentía — ¡Que emoción!
— Alice te llamo pero tu estabas fuera de servicio ya veo porque — Le baje el tono al teléfono me estaba acribillando su sonido.
— Con razón. Bueno a lo interesante ¿Alto? ¿Definido? ¿Hermoso? — Le repetí sus palabras y ella solo movía su cabeza de arriba a abajo sonriendo.
— Me vas a matar — Me respondió tapando su cara — Bueno un solo dolor — Hizo una pausa y lo soltó — Edward Cullen.
— ¿Qué?! — Le grité— ¿Estas loca? ¿Eres masoquista?
— No empieces, solo salimos a bailar y no hice nada mas allá de un inocente beso, quería conservar mi vida al contártelo.
— Eres loca definitivo, Rose ese tipo es un vago, no hace más que vivir la vida loca.
— Es bello, precioso, divino. Si supieras como besa cambiarías de opinión.
— Lo dudo — Le respondí — Tampoco me interesa cambiar de opinión, lo conozco desde siempre y no lo soporto, no tengo ni idea de donde salió teniendo esos padres.
— Bueno tampoco te ataques, solo bailamos, besito y a casita. Tu me escuchaste llegar temprano, lo único fue la bebida, me pasé de tragos — Su gesto era de no romper ni un plato.
Nos despedimos cuando empezó a sonar el teléfono de la oficina anunciando los deberes. Mi amiga Rose estudio en la misma universidad pero la carrera de informática. Estaba encargada del diseño e implantación de la página web del periódico, ya estábamos en fase de prueba. A pesar de despreciar el chico con que había salido me gustaba ver la emoción en sus ojos, después de todo lo que pasó con Emmet fue difícil sacarla de la depresión, por eso no odiaba los compromisos serios.
Una semana más pasó, sin darme una solución, estaba claro que estábamos en quiebra. No quería agobiar a mi padre pero tendría que conversar con él definitivamente para decidir que hacer. Las cuentas bancarias iban en franca reducción pagando un dineral por un crédito que no aportó beneficios a la empresa pero sí al estafador, seguro esta en Las Bahamas tomando piña colada, que se ahogue el muy desgraciado, pensé irónica.
Mi madre me llamó temprano para una reunión en casa a media tarde, sabía perfectamente que algo importante me quería decir, esas son las horas de sus citas para evitar que papá supiera de nuestros encuentros. Billy, nuestro mayordomo y creo que confidente de mi padre abrió la puerta.
— Pequeña, que alegría verte, encuentros maternales eh — Asentí mientras le daba un beso en la mejilla— Te espera en el jardín.
— Gracias — Contesté y le guiñé el ojo. Me picaban los oídos por saber que quería mi madre por eso no reparé mucho más en salir al jardín. Se encontraba pensativa y bastante turbada.
— Madre — Me acerqué para abrazarla — ¿Cómo has estado? ¿por qué esa cara?
— Hija, siéntate — Su voz era una alerta por lo que me senté en silencio prestándole toda mi atención —Estoy desesperada — Dicho esto desplazó sus manos a través de su cabello y se encogió sobre la silla. Me arrodille frente a ella para verla llorar, intente calmarla, necesitaba saber que ocurría.
— Mamá calma, todo tiene solución, te aseguro que la voy a encontrar y haré todo lo posible por salvar el periódico — Aquellas palabras la reconfortaron y me miró agradecida.
- Necesito que me prometas algo — Fueron sus palabras antes de yo jurarle que sí — Tu padre viene en camino a hablar contigo, escúchalo sin pelear, después dime a mí todo lo que sientas, pero no le digas nada a él.
— Me estas preocupando, habla claro.
— Hija tu padre encontró la solución, tiene un socio potencial, lo único es que tiene una regla que te explicará tu padre, solo óyelo y luego me dices la respuesta a mí, yo me encargo de lo demás ¿Me lo prometes? — No pude más que decir que sí entre la confusión pero su rostro era atormentado. En diez minutos mi padre atravesó las puertas hacia el jardín, nos saludo y le pidió a mi madre dejarnos solos.
— Bella, princesa, he encontrado un socio — Dijo alegre pero sus ojos estaban opacos, su felicidad era etérea. Recordé las palabras de mi madre y tragué en seco, algo me decía que esto no sería agradable.
— Papi confía en mí — Lo alenté a hablar sabiendo que algo peligraba.
— Verás princesa, todas las reuniones que he tenido con Carlisle es para definir las condiciones la fusión de los periódicos— Me lleve las manos a la boca — Cariño es la única manera de salvarme de la cárcel, no tengo pruebas del fraude, ni nos aprobaran ningún otro crédito y ya no tenemos para atender todo. Bueno esto lo sabes mejor que yo. Entre los acuerdos a los que hemos llegado esta en mantener nuestro nombre, hacer un concurso de cargos para evaluar al personal y lamentablemente despedir algunos, la sede será nuestro edificio y vendemos activos no utilizables – Hasta allí no veía problema — Todas estas condiciones me parecen justas pero Carlisle quiere algún aval, alguna unión mayor que garantice que todo el proceso — Me pareció justo también, hasta que escuché lo siguiente —Él desea que nuestros herederos, es decir tú y Edward se casen para mantener todo en familia y asegurar la vida del periódico — Ahora si perdieron la cabeza los dos, ahora si entendía a mi madre. Respiré profundamente tres veces para no saltar sobre mi padre y matarlo. Recordé su ataque al corazón, me paré de la silla para irme
— Mi madre te avisará mi decisión — Pude ver su cara de tristeza y miedo pero aún así preferí alejarme un rato.
Me fui a mi viejo cuarto a refugiarme y pensar con calma. Me estaban vendiendo, era eso lo que hacían mis padres o me estaban consultando, dependía de parte mía todo esto. La rabia me invadía, casarme y con ese borrachón bueno para nada. No tenía la fuerza suficiente para afrontar todo aquello.
Me distraje viendo mi vieja casa de muñecas cuando mi madre entró a mi cuarto. Su cara era tan desacoplada, tan envejecida en poco tiempo, llena de ojeras y arrugas. Movió la silla del escritorio y se sentó a mi lado sin decir nada. Así estuvimos hasta que rompí el silencio.
— Lo siento, pero no haré este estúpido trato de ninguna manera. Creo que no hemos evaluado todas las posibilidades — Sabía que lo único que quedaba era vender todo, incluida la casa, para pagar el crédito y declararnos en banca rota para evadir los pagos de pensiones de los empleados porque ya no había dinero para ello, corriendo el riesgo que mi padre quedara entre las rejas por un tiempo — ¿Por qué esa condición? — Pregunté con curiosidad.
— Bella — Silencio absoluto— Hablé con Esme para saber que significaba todo esto, ella no esta de acuerdo por ningún motivo pero me explicó las razones de Carlisle. Él está destruido y desesperado por el futuro de su hijo, al parecer ese chico no sienta cabeza y no encuentra otra salida que casarlo con alguien responsable que lo ayude a salir de la vida de Casanova que lleva — Dicho esto se calló en espera de alguna palabra mía, como continué en silencio prosiguió — Hija, no lo hagas si no quieres, yo te apoyo, si te pedí que me dijeras tu respuesta es para evitar peleas con tu padre, su ataque esta muy reciente y podría perjudicarlo — Sus palabras me hacían daño porque sabía que le esperaba algo peor si era llevado a juicio o peor aún la cárcel.
— Mamá, si alguien supiera lo que aborrezco al Cullen no me pedirían esto — Una lágrima salio de mis ojos — Es un borracho que ha perdido las neuronas de tanta entrada al hospital por el alto consumo de alcohol, un mujeriego de lo ultimo y lo peor un vago que solo vive de su fideicomiso adelantado por sus constantes pataletas. Tú conoces su historia y la tortura que viven sus padres. ¿De verdad me desean eso? — Mi madre perdió el control y se abalanzó sobre mí llorando.
— Estoy desesperada bebé, tu padre ha dejado de dormir y casi no cena. Tuve que obligarlo a que me contara esto porque la rabia en su mirada por hacerte esto lo estaba consumiendo vivo. Sus últimos exámenes salieron alterados — Mi alma empezó a partirse, mi padre moriría por una mala decisión y yo era la única que lo salvaría. Me estaban chantajeando para mantener su estatus social y no pagar los errores. No mis padres no me harían algo así, veía el dolor en las miradas. Me coloqué frente a mamá y solo asentí con la cabeza sabía que ella entendía y sus ojos abiertos de la sorpresa me lo confirmaron, me besó la frente y salió de mi recamara a contarle todo a mi padre.
Había aceptado esta estupidez, me estaba condenando a la peor de las vidas y solo imaginarme al innombrable me daba asco. Se acosté en posición fetal abrazando mi viejo oso y soltando el sin fin de lagrimas que se acumularon en mi pecho. El dolor debió acabarme porque me quede profundamente dormida. Estaba todo oscuro cuando entró una chica prendiendo la luz para dejarme ver un hermoso vestido con sus zapatos negros, acompañados de una caja de terciopelo roja. Me indicó que mis padres se estaban vistiendo y que me esperaban en el salón en media hora.
Hice todo lo pedido pero cuando bajé las escaleras para acompañarlos miles de preguntas empezaron a formularse en mí cabeza. ¿Por qué tenían un vestido preparado? ¿Por qué tenían la celebración preparada? Me habían engañado cuando hablaron conmigo ya habían aceptado, Estaba segura pero ¿Qué hubiese pasado si me negaba? ¿Me obligarían? Preferí olvidarme de la pregunta antes de escuchar su respuesta. Prefería morir a saber que me habían engañado desde un principio.
Me monté en el coche ya totalmente arreglada para mi subasta, no mejor dicho exhibición o quizás trueque. Tomé mi bolso y coloqué algunas cosas en la pequeña cartera plateada que me dieron al final de toda la farsa que habían montado y yo me tragaba completita. Mi móvil vibró, por varias llamadas y mensajes perdidos, intente revisarlo pero cuando alce la tapa pito y se apagó por falta de baterías.
Llegamos a la casa de los Cullen, nos recibieron Esme y Carlisle directamente en la puerta. Cruzamos al salón donde se encontraban Jasper, Alice, Rosalie y otros señores que no conocía. Los saludé con desgano mientras me preguntaban el motivo de la cena. En ese instante comprendí otra cosa, Rosalie no tenía ni idea de todo esto, ella estaba ilusionada con Edward. Necesitaba hablar con ella antes que dijeran el motivo del encuentro. La iba apartar para hablar pero Carlise me llamó.
— Isabella, ellos son mis primos, Eleazar y Carmen y estas chicas son sus hijas Tanya, Kate e Irina. Son nuestros únicos familiares y pronto tuyos — Sus palabras me alertaron pensando que mi amiga había oído todo pero sonreía sin percatase de nada.
— Hola un placer — Salude a todos de besos hasta que las chicas me preguntaron si podían formar parte del cortejo, sin pensarlo dije que sí, ya que más daba todo, a lo mejor ya estaba decidido y yo no sabía.
Escuché los pasos en las escaleras y me volteé para ver mi desgracia aparecer elegantemente vestido a juego conmigo, llevaba un traje negro con una camisa gris claro y una corbata negra, los colores contrastaban con los mis accesorios plateados. Pasó por el lado de mis amigos ignorándolos y se dirigió a mí. Cada paso que daba era una invitación a correr, a mandar todo a la mierda y olvidarme de esta locura pero el rostro de mi padre tras las rejas me pegó al piso. Se paró frente a mi para besarme en la boca pero volteé mi cara a tiempo para no delatarme frente a Rose, pero era tarde me veía extrañada, él ni la miró.
Carlisle advirtió la presencia de su hijo e hizo una seña que atrajo a un mesonero con dos hermosas copas de champán diferentes a las del resto de los invitados, miraba a Rose, podía sentir lo humillada que se sentía su cara era de desconcierto total, pero nada era comparado con lo que vendría.
— Buenas noches a todos — Empezó el anfitrión — Me encanta que estemos aquí reunidos, nunca pensé que llegaría este momento — Unos fotógrafos aparecieron — El día de celebrar el compromiso de mi único hijo con la siempre hermosa e inteligente Isabella — Cerré mis ojos por el terror de ver otra vez aquella tristeza en la cara de Rose pero fue inútil. Alice de no haber estado sentada se cae y Jasper parecía en estado catatónico — Tenía un discurso tan elaborado pero ahora no me salen las palabras solo puedo desearles felicidades y que su matrimonio dure tanto como el de sus padres.
Dicho esto empezaron los aplausos, alzamos nuestras copas para brindar y el mequetrefe me tomó por la cintura para estamparme un beso que acaparó las miras y flashes del salón. Le hubiese pegado una patada de no ser porque todos me veían. Esperen, no se aburran que aquí es donde comienza lo bueno, Edward tomó una cucharilla y sonó su copa.
— Si me permiten, tengo que decir unas palabras — Alzó un poco su voz — Gracias padre por tu palabras, no sabes lo que significan para mí — Maldito irónico y actor de segunda. Dicho esto volteó hacía mi padre — Sr. Swan, bueno próximamente suegro o papá, le pido la mano de su hermosa hija Isabella para desposarla — Este tonto se cree que esta en 1918, esta loco.
— Edward, próximamente hijo mío — Mi padre le seguía el juego — Por supuesto que accedo a esta petición — Se acercaron para abrazarse, por que diablos no se casaban ellos y me dejaban fuera de esto.
Seguía inmóvil frente a ellos hasta que Edward logró superar su mayor nivel de estupidez poniendo una de sus rodillas sobre el piso y sacando una caja de su bolsillo – Que se abra el piso por favor y me trague- Así fue se abrió pero la caja dejando ver un fascinante anillo de compromiso en oro blanco y un solitario pero gigante diamante.
— Querida Bella — Me hirvió la sangre al oírlo llamarme por el apodo de mis padres — He recibido el consentimiento de tu padre para hacerte mi esposa y esta pequeña joya representa la promesa que dentro de un mes — ¿Que?! Un mes, nadie pensaba avisarme— Estaré esperándote en la Iglesia para hacerte mi esposa bajo la Ley de Dios y llenar tu vida de alegría — Maldito me habría hecho llorar si fuera todo real, que declaración para alguien que odias, estaba disfrutando a mi costa pero ya sabría lo que es bueno.
Me tocó alzar la mirada para encontrarme con mi amiga llorando por mi traición si se puede llamar así este deprimente espectáculo. La frialdad de su mirada robó las últimas fuerzas y un sollozo ahogado desgarró mi garganta mientras las lágrimas fluyeron de la humillación y todo lo que sentía.
Debía responder porque los fotógrafos esperaban el momento justo para retratarnos, moví mi cabeza señalando que sí mientras él colocó el anillo en mi dedo para luego besarme y abrazarme como cualquier típica celebración
— Considera esto como lo único que recibirás de mi parte y es porque forma parte del contrato — Susurró al rozar con mi oreja. Cuando se iba a separar lo atraje para no romper el abrazo.
— Tú en cambió no recibirás ni unos buenos días de mi parte, al menos que salga en el contrato—respondí, inclinándome hacia su cara.
Apenas eran las doce del medio día cuando mi padre llegó con sus típicos insultos a despertarme.
— De verdad que me tienes harto Edward Anthony, se puede saber que diablos pasó para que no fueras en toda la mañana a la oficina — Sus gritos me penetraban el cerebro, cuanto habré bebido anoche.
— Baja la voz — Le grité — ¿Cómo entraste a mi casa? — Le volví a gritar.
— Que difícil será decirle al conserje que no tengo idea de donde estas desde hace tres días y que tengo miedo de encontrarte medio muerto otra vez — Me escupió con amargura.
— Te prohíbo que vuelvas a entrar así — Le grité mientras me paraba al baño. No se que sucedió pero de repente me encontré empotrado contra la pared y mi padre me agarraba por el cuello de mi camisa, nunca lo había visto tan enfadado.
— Escúchame muy bien porque lo que te voy a decir lo haré sólo una vez, me hartaste, me cansaste y ahora vas a madurar sí o sí. Me equivoque mil veces al darte todo lo que pedías pero ahora jugaras con mis reglas y más te vale que las cumplas o tu fideicomiso será la mejor donación que ha recibido la casa hogar en años — Estaba furioso sus ojos parecía que se iban a salir.
— Papá ¿se te olvida que hace un año me diste potestad sobre mi dinero? — Le respondí riendo y eso lo enfureció tanto que me volvió a empujar, me estas hartando papá si no fuera por esa palabra a la que le debo respeto estarías arrepintiéndote mil veces de tocarme, pensé.
— Crees que soy tan idiota para dejarte todo a tu libre albedrío, en el contrato existe una cláusula de retiro por mal comportamiento y ya la ejecuté gracias a tu brillante expediente policial lleno de entradas por alcoholismo, se te acabó Edward hasta aquí te di una oportunidad.
— ¿Qué quieres decir? — Mierda estoy quebrado o qué.
— Que a partir de ahora harás lo que te diga o nunca volverás a ver tu dinero – esta loco ahora si que le dio al viejo.
— ¿Qué diablo se supone que debo hacer? — Le pregunté aún empotrado a la pared.
— Primero te vas a bañar y quitar ese olor a bar de mala muerte que llevas encima luego prepara tu maleta te vienes conmigo a casa, tu apartamento queda confiscado para reparaciones.
— ¿Qué coño estas hablando? — Le pregunté mientras me empezaba a desvestir para tomar una ducha. uff de verdad que si huelo mal.
— Que te vienes a vivir con tus padres hasta que tu estudio sea adecuado para ti y tu esposa — Ah esposa, debo estar borracho aún.
— Papá ¿Qué esposa? Yo no pienso casarme nunca — Le respondí riendo.
— Eso crees, vístete decente que vamos a una joyería por tu anillo de compromiso el cual pagará obviamente de tu dinero.
— ¿De que diablos estas hablando?
— Esta noche es tu brindis de compromiso con Isabella Swan, ya todo está arreglado — Me dio un ataque de risa al escuchar las tonterías de papá.
— Tú de verdad crees que pienso comprometerme con esa chica, no me hagas reír.
— No lo creo estoy seguro, ya tu mamá preparó la cena y tu ropa te espera en casa — mierda está hablando en serio.
— ¿Tú estas hablando en serio? — Le respondí fuera de mí.
— Tan en serio que si no vas, mañana saldrás en la primera plana del periódico entregando un cheque gigante a la casa hogar. — Sus palabras me estaban haciendo molestar.
— Pretendes que me case con esa estirada, malcriada y ultra ridícula niña mimada — Le grité.
— Sí, precisamente este es el tipo de chica que te hace falta para madurar así que todo está arreglado, su padre me confirmó que ella también acepto.
— Papá si ella me odia más de lo que yo a ella, mejor dicho aseguro que no aceptó.
— Lamento no coincidir contigo hijo, pero su padre y yo estamos haciendo un negocio que lo salvará de la debacle económica y la cárcel por la estafa que sufrieron así que si su hija no acepta no hay negocio y por supuesto, acepte o no, ya no tienes dinero a menos que trabajes.
— La vendieron — Me dio un ataque de risa. — la niña fresa fue vendida para mí — Las carcajadas salieron de mi boca.
— Te advierto Edward que todo no es tan fácil para ti como piensas. Si esta chica me hace saber que tu compartimiento sigue siendo el mismo, si no cumples el horario de trabajo, si la tratas mal o te divorcias ya sabes a donde parará tu dinero.
— ¿Qué te pasa? Prefieres verme casado e infeliz con esa tipa que tiene un palo atravesado por el — Me interrumpió con un cachetada. Mierda esta molesto de verdad, nunca me había pegado.
— No pienso permitir que te pierdas, no lo voy a hacer — Sus ojos se humedecieron — Te casaras con esta chica y la trataras lo mejor posible, vas a madurar quieras o no. Mis padres se casaron sin conocerse y fueron felices así que como por las buenas no maduras ya sabes lo que te toca.
Preferí no decir más, nunca había visto a mi padre así ni siquiera cuando metí el auto en la piscina. Me duché y metí la ropa en la maleta, bueno lo que estaba limpio. Salimos en su auto y me indicó que me llevarían el mío a casa. Por el camino nos detuvimos en una joyería y me toco a mí escoger el bendito anillo, mierda tenia que aceptar esta locura si alguna vez quería ver mi dinero.
Esta chica la conocía muy poco o mejor dicho nos ignorábamos bastante, que maldito anillo le puede gustar seguro uno bien caro pues si acepto venderse así. Le pregunté a la chica por un anillo sencillo pero elegante, ella se veía así como describí al anillo. Me enseño varios modelos y finalmente me decidí por uno de oro blanco con un diamante un poco grande para calmar sus requerimientos bueno sería lo único que le daría si ella quería algo más que se lo comprará ella. Salimos de la joyería mi padre estaba de acuerdo con el anillo, claro con lo me costó hasta yo lloraría al verlo. Llegamos a casa a media tarde, mi madre estaba en la sala decorando y dando órdenes.
— Edward, hijo — Vino a abrazarme a penas me vio — ¿Cómo estas? ¿Ya sabes? — Asentí sin decir nada — ¡Oh! hijo yo tampoco estoy de acuerdo con esta locura pero tu padre está fuera de sí y tu tienes la culpa eso no puedo negarlo — ni yo.
— Madre cálmate — Le dije cuando sus ojos se humedecieron — Yo pienso seguir las normas de papá sin pelear no voy a hacer una guerra familiar, si esa fue su decisión la aceptaré, pero esa chica te juro que no la soporto, no es mi estilo — Claro ella es del estilo de mi padre una vieja prematura, nada que ver con mis gustos, ahora tendré que olvidarme de la catirota de ayer.
— Hijo, Isabella es muy hermosa y una gran chica — si claro, si aceptó esto me imagino que debe ser una gran chica, con bastantes ganas de mantener su lugar en la sociedad antes que verse arruinada— Estoy segura que si ella conoce todo lo bueno que hay en ti y tu lo bueno en ella llegarán a entenderse hasta quizás a Enamo — La corte en medio de esa locura.
— Madre si acepto esto es porque papá nunca había estado tan enojado y no pienso salir mañana en primera plana entregando mi dinero a los pobres pero en lo que pueda salirme de esta locura no dudes que lo haré y ni imagines que me voy a enamorar de esa — Terminé de hablar sin dejarle decir nada me fui a mi habitación.
Había ganado, mi padre había ganado. Me estaba obligando a casarme con esa muñeca de porcelana más fría que el hielo. Estoy seguro que no tiene sentimientos por eso nunca ha tenido novio, por frígida, seguro es virgen, ni dudarlo es tan tonta. Pues seguiré tu jueguito idiota papá seguiré todas tus reglas hasta recuperar mi dinero para irme del país con todo y olvidarme de toda esta mierda.
Había pasado el tiempo suficiente para empezar a prepararme para mi orden, para hacer caso a la voluntad de mi padre. Me arreglé lo mejor posible y decidí aprovechar el momento para divertirme un poco con la mujer perfecta nunca rompo un plato. Prepare un estúpido discurso para pedirle matrimonio y que a las vez complaciera las tonterías de mi padre, sería bueno mantenerlo contento. Estaba seguro que estarían varios fotógrafos de ambos periódicos así que llevaría todo al máximo, no pude evitar reírme cuando pensé en arrodillarme a sus pies, seguro la muy tonta se lo cree, claro porque para aceptar casarse conmigo seguro que a parte del dinero iba por mis cueros, al final todas siempre caen y como es tan orgullosa nunca lo aceptaría y aprovechó la ocasión.
Escuché el timbre sonar y me asomé por la ventana del cuarto, allí estaban mis futuros suegros, viejos sin vergüenzas prefirieron vender a su princesita de hielo. La puerta de atrás se abrió saliendo la muñequita de porcelana perfectamente vestida, antes de acercarse a sus padres hizo un gesto extraño parecía limpiar una lagrima pero desde la distancia no podría asegurarlo. Espere un poco más para hacer la entrada haciendo que ella me esperara, total a ver si así aprende que no será nada fácil su nueva vida, caza fortuna con cara de santa.
Baje las escaleras con parsimonia y vi de lejos a la rubia con que pasé un rato el día anterior. Que diablos estaba haciendo aquí, ojala no se ponga a dar escenitas, estaba sentada con Jasper y Alice.
Evitando complicaciones pase de largo frente a ellos dirigiéndome directo a mi prometida, sí prometo joderte, pensé. Mi padre me vio y sin darme oportunidad de correr empezó su ensayado discurso, ya me lo imagino frente al espejo practicándolo.
— Buenas noches a todos, me encanta que estemos aquí reunidos, nunca pensé que llegaría este momento — No me hubieses obligado y te aseguro que nunca hubiese llegado — El día de celebrar el compromiso de mi único hijo con la siempre hermosa e inteligente Isabella — hermosa sí pero bien tonta y engreída, siempre viendo por encima del hombro, ja si es una enana — Tenía un discurso tan elaborado pero ahora no me salen las palabras solo puedo desearles felicidades y que su matrimonio dure tanto como el de sus padres — Mejor diría la ambición de sus padres. Dichas las palabras empezó el brindis, un chico llegó con unas copas ridículas para nosotros, ya era el momento de empezar mi show.
— Si me permiten, tengo que decir unas palabras — Traté de alzar la voz para que todos escucharán bien incluso los periodistas — Gracias padre por tu palabras, no sabes lo que significan para mí — Significa que haré todo lo posible por recuperar mi dinero, canté para mí — Sr. Swan, bueno próximamente suegro o papá — si claro viejo avaro — Le pido la mano de su hermosa hija Isabella para desposarla — hermosa hija sí pero de piedra, parece una estatua y con lo blanca que está, menos mal me la llevo a la playa a ver si agarra color.
— Edward, hijo mío próximamente — ¿Hijo mío? Si como no olvídate de mi dinero — Por supuesto que accedo a esta petición — Nos abrazamos felicitándonos mientras ella parecía molesta, que raro.
Seguía inmóvil frente a mí con su estrecho gesto así que empecé mi juego poniendo una rodilla sobre el piso y sacando una caja del bolsillo del pantalón, su vista bailaba entre un espacio vacío tras de mí y mi cara, que diablos veía tanto. Abrí la caja dejando ver su mega costoso anillo que me dolió pagar con toda mi alma, antes de dejarla se lo quitaría y lo venderé.
—Querida Bella — Me reí internamente, sabía que le molestaba que la llamaran así a menos que fuera alguien de su agrado — He recibido el consentimiento de tu padre para hacerte mi esposa y esta pequeña joya representa la promesa que dentro de un mes estaré esperándote — obligado claro está — En la Iglesia para hacerte mi esposa bajo la Ley de Dios y llenar tu vida de alegría — Otra vez veía para el fondo, quería voltear a ver que había tras de mí.
Me tenía esperando como un tonto arrodillado, me estaba acalambrando y me estaba mareando de ver hacía arriba, de repente movió su cabeza señalando y por fin le coloque el anillo en su dedo besándola para las fotos, después
— Considera esto como lo único que recibirás de mi parte y es porque forma parte del contrato — La abrace y le susurré. Cuando me iba a alejar me apretó con fuerzas para evitarlo y se inclinó a mi cuerpo para dejarme sorprendido con sus palabras.
— Tu en cambió no recibirás ni un buenos días de mi parte, al menos que salga en el contrato. — Ella tampoco quería esta boda, sus palabras me lo aclararon pero para que acepto, bueno no importa eso hacía las cosas más fáciles.
Después de todo vinieron las fotos en familia y los pocos invitados, me extrañó no ver a la rubia rica el resto de la noche pero agradecí su prudencia. Alice y Jasper se acercaron alucinados a preguntarnos que significaba todo esto.
— Se puede saber como están comprometiéndose esta noche — Preguntó Alice enojada.
— Yo no sabía nada Edward, ¿por qué no confiaste en mí amigo? — Reclamó Jasper.
— Alice yo — Isabella bajo su mirada e hizo una pausa — Luego te explico por favor, pero deseo preguntarte algo.
— Esta bien pero de esta no te salvas ok, dime suéltalo de una vez — le dijo aún enfadada.
— ¿Quieres ser mi madrina de matrimonio?
— En serio — Abrió los ojos — Sí, claro que sí, mil veces sí.
— Bueno si Alice es la madrina entonces jasper serás mi padrino, ¿te parece amor? — Agarré a Isabella por la cintura y le di un beso en la mejilla.
— Si me parece genial — Dijo en un susurró.
— Amor seremos los padrinos, genial, bueno Bella tu fuiste mi madrina y fuiste la mejor ya verás que seré una súper madrina, ay tenemos tanto que planear y ahora que dejé de trabajar para llevar al pequeño en mi panza tengo todo el día disponible para ti, tenemos tanto que hacer en un mes, es tan pronto — Alice hablaba sin parar y mi prometida de cristal parecía que se rompía.
— Claro, Alice haremos todo lo que quieres.
— Jasper, te toca prepararme mi despedida de solteros y quiero muchas bailarinas exóticas. Mi muñequita no se pone celosa verdad — Le dije apretándole las mejillas suavemente.
— No cariño, para nada aprovecha ahora — Me respondió apretando mis mejillas pero me clavo las uñas.
El resto de la noche fue igual, me divertía un mundo con esta chica, era tan orgullosa y vengativa. Mi tío Eleazar estaba feliz que sus pequeñas fueran del cortejo, casi se ofreció a pagar la boda de la emoción y mis primas fueron acosando a Isabella por toda la noche.
Todos fueron retirándose hasta que solo quedamos los novios y sus padres, en decir podíamos quitarnos las caretas. Nos sentamos en la sala, nuestros padres empezaron a hablar de todo mientras ninguno de los dos podía dar una opinión. Mamá explicó que viviríamos en mi estudio que a partir de mañana comenzaban las reparaciones para adecuarlo a los dos. Renné, mi interesada suegra, señaló que se encargarían de la boda y mi padre me volvió a joder diciendo que yo pagaría el viaje de Luna de Miel. Escuché a Isabella bostezar, parecía aburrida y sus padres de percataron y decidieron que era el momento de irse, ella se paró para despedirse y aproveché el momento para seguir mi juego.
— Charlie, yo llevaré a tu hija a casa necesito hablar unas cosas con ella.
— Por supuesto, que alegría que quieran hablar.
— Bueno entonces es mejor que los padres nos retiremos — Señaló mi padre.
— Yo estoy cansada Edward, ¿Podríamos hablar mañana? — Respondió Isafría.
— Me encantaría hacerlo ahora — Le dije haciendo los pucheritos de Alice, me moría por dentro de la risa.
— Hija, si tu prometido quiere hablar deberías aceptar — Le regaño su madre en tono conciliador.
— Esta bien — Respondió sonriendo irónica.
Finalmente terminaron las despedidas y la dirigí al salón. Estaba nerviosa, resultaba placentero poder verla así, me estaba vengando cada cosa que me había hecho, cada humillación que había pasado al ser comparado con ella, siendo los hijos de los dueños de los principales periódicos, siempre hablaban de su eficiencia y de mis burradas. Mi padre se la pasaba comparándonos, ahora me iba cobrar unas cuantas.
— Que quieres — Escupió su veneno.
— Nada amor — Le dije tratando de besarla pero me alejo de una cachetada.
— Te permito que me toques delante de la gente, pero que te quede claro una maldita cosa, tanto tú como yo sabemos que esto es una farsa así que cuando estemos solos a tres metros de distancia, ¿Me entiendes? — Eso acabo con mi caballerosidad y me abalancé sobre ella apretándola por la cintura y restregándola a mi cuerpo.
— Escúchame bien tu a mí, serás mi esposa y si me provoca tocarte lo haré, si me provoca besarte lo haré y si me provoca que me lo mames lo harás perrita.
— Maldito idiota, no obtendrás nada de mí jamás, si quieres algo para divertirte búscate un maricón porque esta mujer es mucho para ti — Ah era astuta sabía defenderse, pero me cabreo mucho su comentario.
— Ya sabía que estabas hecha de mármol, eres toda una piedra fría, pero te aseguro que esto te calentará — Dicho esto la apreté contra mi y la bese a la fuerza, ella se resistía y peleaba hasta que se le ocurrió morderme y me rompió el labio.
— Me sé defender Edward Cullen, yo no soy una de tus tipas entiendes, me caso contigo tan o más obligada que tú, porque te aseguro que mis razones aunque inentendibles para muchos son mucho más lógicas o humanas que las tuyas — Sus ojos temblaban de la rabia.
— Si claro, el dinero, es entendible, muy lógico y sobre todo humano — Le dije riendo.
— Me importa muy poco lo que pienses y tu dinero puedes usarlo para limpiarte el trasero si quieres, desde hace mucho que me mantengo y no necesito de tu fideicomiso de niño.
— Me alegra que estés clara porque ni te ilusiones que te voy a mantener, tú pagarás todo lo que uses en mi casa y te salvas que no te cobre el alquiler, o quizás me lo pagues en especias.
— Jamás, escúchame muy bien Edward Mequetrefe Cullen, jamás pagaras por algo mío prefiero morir de hambre antes de hacerte pensar que tienes derecho a algo sobre mí, te detesto.
— No tanto como yo a ti, prefiero mil veces una muñeca de goma, es mil veces mas caliente que tu.
— Maldito — Dicho esto se volteo y se fue. Maldición si mi padre se entera, salí corriendo tras de ella.
— ¿A donde crees que vas? — Le pregunté halándola por el brazo.
— A mi casa idiota, ya llamé un taxi.
— Ni lo pienses, yo te llevo, no quiero mas líos con mi papá, por mi te vas a pie pero me mataría mañana, así que caminandito al auto — Le dije arrastrándola prácticamente y la metí en el asiento del copiloto.
— Suéltame, puedo sola — Dijo terminándose de poner el cinturón.
Salí de mi casa a toda velocidad mientras más rápido llegara a su casa más pronto me largaría al bar. La dejé en casa de sus padres y me baje a abrirle la puerta.
— Hasta mañana cariño, dormiré ansioso pensando en ti — Sin decir nada entró a su casa tirando la puerta me estaba empezando a divertir haciéndole pagar cada una de las que me había hecho. Salí directo a un bar cercano a despejarme un poco y buscar algo de compañía a una temperatura normal.
¡Hola hermosas! les traigo un nuevo capitulo bastante largo. ¡Ellos si que se odian!
Tengo pensado actualizar dos veces a la semana hasta capaz tres :D
Pero les pregunto ¿Prefiren capitulo largos o cortos? ¡Todo depende de ustedes!
¡Cuidense!
Iris.
