Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen, sin embargo, la trama es toda sacada completamente de mi cabeza


—¿Ya? — salió un murmullo de mis labios, con media conciencia mía en la inopia.

Sentí como me besaba en la parte superior sobre mi pelo y me acariciaba el lateral de mi rostro. Noté como se ponían mis vellos de punta y una tonta sonrisa se instaló en mis labios.

—Sigue durmiendo, cariño. Solo cubriré mi turno de guardia— me arrulló con ternura.

Quise oponerme. Levantar mi brazo, aferrarme a él y que no se moviera en toda la noche de mi lado. Que me sostuviera en sus brazos y estuviera junto a mi. Pero sabía que Edward tenía que hacerlo, no por algo era el capitán. Suspirando por lo bajo, cerré los ojos y terminé asintiendo mientras me acomodaba bajo las sábanas.

—No te escapes— le advertí en broma.

Sentí su risa sobre mi mentón segundos antes de volver a caer en la inconsciencia.

¿P-pi-piratas? — balbuceé perdida— ¿Nuestros… padres?

No. Imposible. ¿Charlie Swan y Carlisle Cullen? ¿Piratas? No podía ser cierto.

A mi memoria llegaba la imagen de ellos charlando como buenos amigos mientras que Esme y Renée tomaban té en la sala. Nosotros éramos una familia de bien. No vivíamos en la abundancia, por supuesto, pero tampoco teníamos faltas. Sí teníamos más dinero de lo normal. Charlie y Carlisle eran unos prestigiosos abogados que habían estudiado juntos, por lo desde siempre habían estado la familia Cullen y Swan junta. Mi familia… la familia de Edward siempre había sido normal…

¿Piratas?

Sentí como la fuerza abandonaba mi cuerpo y si no fuera porque los brazos de Alice me rodeaban hubiera caído al suelo. Mi alrededor dio vueltas y el aire dejó de viajar a mis pulmones.

¡Bella! — oí su voz justo antes de notar como me alzaba en sus brazos. Su aroma me rodeó.

Tiéndela aquí, Edward— habló Alice con premura y la escuché moverse por la habitación.

Mientras que mi cabeza no dejaba de dar vueltas sobre aquella noticia, sentí como Edward me dejaba sobre algo blando y con sus manos apartaba un mechón de mi flequillo.

¿Bella? ¿Me oyes?

Quise asentir, pero mi cuerpo no reaccionaba. Era como si mis músculos se hubieran paralizado, convirtiéndose en piedra. Jadeé.

No te preocupes, Edward, ella está bien. Solo tuvo un mareo— intentó tranquilizarlo la voz de Alice pero al parecer no surgía ningún efecto pues sus orbes verdes seguían teñidos se inquietud y preocupación.

Mi corazón aumentó de velocidad ante aquella mirada y algo en mi estómago se retorció.

Bella, pequeña, por favor di algo— me pidió todavía acuclillado a mi lado. Cogió una de mis manos y una descarga, como si fuera un relámpago, fluyó por mis extremidades, llenándome otra vez de energía y despertándome.

Ed... — mi voz sonó rasposa— Ward..

El alivio cruzó su mirada al igual que una estrella fugaz y su tenso rostro se relajó tenuemente. Mis ojos vagaron a mi alrededor y me di cuenta que me encontraba tumbada en el sillón que había estado el rubio tiempo antes. Este se encontraba mirándome detrás de Edward, por encima de sus hombros, y creí ver la lástima brillando en sus ojos miel. Alice, por otro lado, estaba asomada por el respaldo del sillón.

¿Estás bien? — inquirió haciendo una mueca de preocupación.

Esta vez pude cabecear confirmando y tras inspirar profundamente, quise levantarme. Edward se dio cuenta de mis intenciones y me ayudó, sosteniendo mi cuerpo. Un relámpago cruzó mi pecho ante la mirada y las acciones de Edward en esos momentos. Había desaparecido el prepotente e indiferente pirata y estaba mi cariñoso y amable amigo…

Pirata…

¿Quieres un poco de agua? — me preguntó Alice sentándose a mi lado y cogiéndome las manos como señal de apoyo. Al hacer ese gesto, Edward tuvo que quitar la suya y sin darme cuenta, mi boca se curvó en una mueca por la ausencia de su tacto— ¿Un poco de aire? Por aquí no es bueno pasear pero si vamos a la planta de arriba si corre un poco de más aire. ¿Prefieres mejor algo de comer? ¿Fruta?

Realmente ya me estaba encontrando mejor, había sido un bajón momentáneo, pero su parloteo me mareaba un poco. Al parecer Edward leyó mis pensamientos porque, levantándose, lanzó una mirada a la chica.

Alice, déjala. La estás agobiando— le dijo firmemente.

Solamente la estoy ayudando, burro— le respondió en cambio ella, fulminándolo. Sus manos apretaron las mías cariñosamente y honestamente eso supo a gloria, después de todo este tiempo sin verdadera compañía, pues Edward no contaba. Siempre tan… gruñón, impertérrito y distante— Bella es mi amiga y quiero que esté bien. Un amigo es para estar en las buenas y las malas… no sé si sabes eso— masculló esto último con retintín y en voz muy baja, aunque los tres de la habitación la oímos.

La mandíbula de Edward se cuadró del enfado y juró algo por lo bajo en el momento en el que se pasaba una mano por su desordenado pelo cobrizo.

Chicos, por favor— se oyó la voz de rubio.

Edward resopló y Alice alzó el mentón, orgullosa, mientras sus dulces ojos cafés se clavaban en mi.

Estoy bien, Alice, de verdad, muchas gracias— le sonreí ínfimamente para ver que no mentía.

Edward eres un bruto— exclamó ella, como si no se creyera del todo mis palabras, y se volvió a mirar al cobrizo el cual se encontraba en esos momentos paseando por la habitación, pensativo y un poco cabreado— ¿Es que no tienes un poco de tacto o decencia? ¿Por qué se lo has tenido que decir de esa manera, eh? ¡Es normal que a la pobre le haya dado algo!

Alice, no empieces…— espetó Edward en voz filosa parando de andar.

Tuvimos una larga conversación acerca de esto, Edward. Tú no puedes ir por la vida así, sin que te importen las cosas— ignoró su comentario y tono de voz, siguiendo su regaño. Se levantó de mi lado y se enfrentó a él, cruzando sus brazos. Yo solamente podía observarlos perdida y conmocionada— Ella no sabe nada de esto, ¿recuerdas? Y todo porque así quisiste, así que no te pongas ahora como si fueras un mártir. Te he dicho muchas veces que ella tenía derecho a saberlo y…

¡¿Y qué quieres que haga, eh?! — cortó su parrafada dando un paso hacia ella. Sus ojos se habrían oscurecidos y su sien se podía ver la vena hinchada por la ira. Inconscientemente me levanté, pues esa mirada no presagiaba nada bueno, y cuando me quise dar cuenta el rubio se había colocado junto a Alice— ¡¿Qué hago?! ¡¿Quieres meterla en todo este lío y que salga perjudicada?! ¡Ya ves como a acabado todo!

¡Y si no hubieras sido tan terco y obstinado las cosas hubieran podido ser de otra manera!

¡Maldita sea, Alice, yo creía que las cosas no serían así!

Edward, Alice, tranquilizaos. Así no hacéis nada más que pelearos. Lo pasado, pasado está.

Allí estaba yo, asistiendo como espectadora a una conversación que estaba segura de que tenía que ver conmigo. Sin embargo, no entendía nada de ello. Mi cabeza no hacia otra cosa que dar vueltas, sin encontrar sentido alguno a todo eso.

Y eso me enfurecía muchísimo.

Estaba realmente cansada de no saber que ocurría en mi vida. De no saberlo, mientras que personas desconocidas sabían mejor de ella que yo. ¿Es que acaso parecía invisible? ¿Estúpida? ¿Tonta? Porque así era como me sentía en ese momento.

Edward— pronuncié después de unos segundos de silencio. Él levantó la mirada y sus orbes esmeralda se clavaron los míos— Quiero saber la verdad. Toda.

Soné decida, firme, segura. Y me aplaudí por ello, pues a pesar de todo, sentía como mis piernas iban a empezar a temblar en cualquier momento por aquella situación.

Durante unos segundos se quedó callado hasta que, finalmente, haciendo una mueca, terminó cabeceando. El aire que inconscientemente había estado reteniendo escapó de mis pulmones de puro alivio.

Con un gesto de mano me invitó a sentarme (o me ordenó, no estoy muy segura) y cuando lo hice, Edward inspiró profundamente como si se estuviera preparando para una prueba muy difícil. Sentí un nudo en la boca del estómago de la impaciencia.

El día que mis padres murieron, hace 5 años, tal y como pasó con los tuyos ocurrió cuando unos encapuchados entraron en la casa y mataron a cualquiera que se cruzaran por su camino, como bien sabes— empezó a explicarme con voz monocorde— Oficialmente se proclamó que fueron unos ladrones que habían entrado para robar y para poder huir tuvieron que aniquilar a todos los que estuvieron en la casa. Un desafortunado accidente, dijeron. Esta noche yo no me encontraba en casa, sino que estaba en la casa de un socio de mi padre. Debía de llevarle un recado urgente y al final se me hizo la noche por lo que no pude volver a casa…

Su voz se desvaneció y sus ojos, ahora totalmente opacos, parecían que no estaban conmigo. Sino que él con su mente se encontraba a miles de kilómetros de mí. Un familiar dolor se empezó a formar en mi pecho, rememorando aquel Edward taciturno y perdido… y solo.

Cuando volví al día siguiente y mi tío me contó la noticia, en ese momento, sentí como si el mundo se me tambaleara y no pudiera permanecer de pie. En un instante, mis padres habían desaparecido.

Edward…

No quería creerme aquello—siguió hablando, como si no me hubiera escuchado—
Era como si mi corazón se hubiera roto en mil pedazos. Los días pasaron y yo sentía que poco a poco iba adentrándome en un abismo oscuro, en donde no podía ver el final.

Quise levantarme. Ir hacia él y abrazarlo. Sus palabras estaban llegando a mi corazón y las lágrimas querían salir de mis ojos ante todas las emociones que estaba sintiendo. Oh, Edward… Ahora mismo parecía un muñeco sin vida. Se encontraba parado en medio de la habitación con la mirada baja, colocada en cualquier lugar, y su cuerpo estaba tenso, como si en cualquier momento fuera a salir corriendo. Sus ojos, fríos y distantes, aunque podía distinguir todo el odio y el dolor, no me miraban y quería que lo hiciera. Yo quería empaparme de su mirada esmeralda.

Sin embargo, un día me encontraba en el estudio de mi tío, rebuscando entre las antiguas cosas de mis padres, cuando de pronto lo vi. Entre todos sus ilustrísimos libros había un cuaderno. Era muy simple y parecía bastante usado. Sus hojas estaban llenas de manchones, la tinta en algunos sitios estaba corrida y alguna que otra página parecía que estaba arrancada de cuajo. Desde un principio me llamó la atención, jamás había visto eso a pesar de todas las veces que había visitado el despacho de mi padre… Allí lo supe todo.

Edward calló segundos antes de que una mano se pusiera delante de mí. Salté, sorprendida por el movimiento, y mis ojos parpadearon para que así pudiera enfocar bien lo que era. Era un libro. Con una tapa oscura, llena de rallones. No, no era un libro… sino un cuaderno.

¿Ese era el cuaderno?

Mis ojos se abrieron como platos y sintiendo como el corazón se me subía a la garganta, rápidamente miré hacia Edward el cual me observaba fijamente, creyendo que, esta vez, la que saldría corriendo en cualquier momento sería yo. Desvié mi vista hacia el cuaderno de nuevo y me fijé en que me lo había tendido Alice, la cual también me miraba mordiéndose el labio inferior preocupada.

Toma— me dijo suavemente— Creí que deberías verlo.

¿Entonces este…?— murmuré volviendo a mirar el objeto en cuestión.

Sí— asintió Alice lentamente— Edward me lo dio para que lo cuidara y protegiera y sé que ahora deberías tenerlo tú. Te pertenece.

Con un extrañó tirón en el pecho, alcé una de mis manos y con mucho cuidado, como si fuera una valiosa reliquia, lo cogí entre mis manos. Parecía como si en cualquier momento fuera a romperse y deslizarse entre mis dedos.

Tal y como me había dicho Edward este estaba sucio y sus puntas dobladas. ¿Qué secretos escondería? ¿Qué había ocurrido para que, de pronto, Edward decidiera alejarse de todo y todos y convertirse en un pirata?

Lentamente lo abrí y el crujido de sus páginas al sostenerlo en una página cualquiera, cortó el tenso mutismo que se había instalado en la habitación. Una caligrafía pulcra y legible me dio la bienvenida. Casi sin darme cuenta, mis ojos empezaron a viajar entre sus palabras.

"sabíamos que nada iba ser fácil. Las posibilidades de fallar eran mayores a las de conseguir nuestro objetivo, pero aun así no pensábamos rendirnos. Después de tanto tiempo disfrutando de la vida como lo hemos hecho, Charlie y yo hemos llegado a una conclusión: ha llegado la hora de que cambiemos.

Atrás van a quedar nuestras maravillosas aventuras luchando, combatiendo, surcando los mares, buscando nuestro botín… Sin embargo, estoy seguro de que la aventura que nos espera ahora también tendrá miles de sorpresas. Nunca olvidaremos nuestros corazones piratas. Forman parte de nosotros y nunca cambiaremos. Pero creemos… estamos seguros de que ellas lo valen.

Esta es la noche. Hoy atracaremos y las rescataremos.

Y nada ni nadie podrá impedirlo"

Bella…

Cuando me quise dar cuenta, a través de mis ojos las lágrimas habían hecho acto de presencia. Mi pecho se sacudía en sollozos. Temblorosa, cerré el cuaderno y cuando alcé la mirada, me encontré con el rostro de Edward contraído en una mueca a poca distancia de mí.

Edward…— murmuré perdida.

¿Qué era todo ese mundo que yo desconocía? ¿Cómo me lo podían haber ocultado? ¿Quiénes eran mis padres en realidad?

Su mirado, de un verde oscuro, se ancló en la mía. De pronto, se inclinó hacia mí y fue cuando sus brazos me cogieron de improvisto, acercándome hacia él. Jadeé, conmocionada y en ese momento me vi en su pecho, rodeada por sus firmes y cálidos brazos.

Se estaba tan bien…

Shhh, ya ha pasado todo. Tranquila— me susurró sobre mi pelo, mientras yo me descargaba, siendo imposible parar.

¿Por… por qu-qué? Y-yo no…

Edward se sentó a mi lado, sin apartarme de un segundo de sus brazos, y cuando más o menos estuvimos a la misma altura, pude apoyarme en su pecho. Una de sus manos jugueteaba con mi pelo mientras que la otra descansaba en la parte baja de mi espalda, casi abarcándola en su totalidad de anchura. Su mentón se encontraba sobre mi cabeza y su aliento acariciaba mi pelo, consiguiendo que me estremeciera.

Durante esa noche me dediqué por completo a leerlo de cabo a rabo, una y otra vez, intentando comprender cada una de las acciones que habían hecho mis padres… y los tuyos— retomó la conversación, esta vez, en tono bajo e íntimo, pues no necesitaba alzar más la voz para que yo lo escuchara. Escuché en parte tranquila, en parte inquieta— Esa misma noche, antes de que el sol saliera, escapé de allí, sabiendo que no podía permanecer más tiempo en aquella jaula que yo mismo me había creado. Tenía que vengar a mis padres y descubrí como hacerlo.

Pero… ¿por qué…?

Bella, nuestros padres se conocen desde que eran unos críos, al igual que tú y yo. Eran huérfanos y la dura vida de la calle les hizo unirse para poder sobrevivir al día a día. Cuando tenían 15 años, cansados de pasar hambres y penurias, decidieron embarcarse en un barco pirata, ser parte de la tripulación. Estuvieron varios años curtiéndose en esa vida hasta que finalmente pudieron conseguir su propio barco y su propia tripulación.

Papá… Aquel hombre que me sonreía todas las mañanas, que me daba un beso en la frente antes de acostarme, que se sentaba conmigo de pequeña a tomar el té y unas galletitas siempre que podía… Ese hombre… era un pirata.

Tras varios años en esa vida, de pronto, nuestros padres se enteraron de un grandioso botín que iba en el barco de uno de los más grandes piratas del momento. Lobo Negro, le llamaban. Ellos también tenían su prestigio y sabían que podrían con todo lo que se le pusiera por delante, así que poco tuvieron que pensar antes de que se enfrentaran a lo que sería una de sus últimas batallas— el tono suave e hipnótico de Edward paró, de pronto, por unos segundos, como si estuviera midiendo sus palabras o pensando muy bien lo que se iba a decir. Sin embargo, por un lado deseaba saber lo que había ocurrido lo más pronto posible, pero también quería que este momento durara para siempre— Allí fue donde las conocieron.

Mi corazón saltó, emocionado. Nunca les había preguntado propiamente a mis padres como se conocieron, como surgió su amor, pero ellos siempre me habían dicho que fue cosa del destino. Aquel destino caprichoso que inspiró los deseos de sus corazones. Yo no lo había entendido en su momento lo que querían decir… pero ahora…

Nuestras madres eran mujeres que habían sido llevadas en contra de su voluntad hacia las nuevas tierras— habló en un murmullo pero aun así sus palabras, una a una, se clavaron en mi pecho.

¿Qué? — jadeé, separándome para que nuestros ojos se encontraran.

En sus pupilas esmeraldas podía captar miles de emociones que bullían en su interior. Su mirada relucía, fiera, salvaje… atormentada.

Con tranquilidad, levantó una de sus manos y la colocó sobre mi mejilla izquierda. Mi cuerpo se estremeció. Su mano era cálida, pero callosa, resultado de estos últimos años. No tenía nada que ver con sus dulces y tiernas manos de antaño. Estos dedos eran de un hombre, no de un joven.

Un hombre convertido a la fuerza.

No he podido mucho saber más de ellas, en el pasado, pues como bien sabes no les gustaba hablar de ello— me explicó pausadamente— Pero sí he podido leer en los escritos como, cuando atracaron el barco del Lobo Negro, se encontraron con un calabozo lleno de mujeres.

¿Mamá y Esme…?

Sí— asintió— Y créeme, según describe mi padre, fueron las únicas mujeres que alzaron el mentón orgullosas y no se doblegaron ante nadie, ni siquiera a sus compañeros. Eso fue lo que más les llamó la atención de esas dos muchachas.

A pesar del dolor que estaba sintiendo, mis labios se curvaron, emocionada. Cómo no. Renée y Esme, de las mujeres más luchadoras que he conocido yo. Siempre con una sonrisa en sus labios, pero con un buen cazo en la mano cuando hacía falta poner orden. Me sentí muy orgullosa de ellas.

Aquello fue un encuentro del momento— me siguió explicando Edward mientras subía su mano hasta colócame un mechón tras mi oreja—Pronto estuvieron rodeados y no tuvieron tiempo de más. Debían huir si no querían morir en aquel lugar, y así lo hicieron. Sin embargo— añadió cuando vio como abría la boca para decir algo (¿eso significa que la dejaron allí, a su suerte?) — mira aquí.

Apartó su mano de mi rostro, dejándome un cosquilleo en su lugar, y cuando me quise dar cuenta se estaba inclinando hacia delante. Sentí mi respiración atragantarse por su cercanía (podía oler su arome y sentir su respiración) y noté como una de sus manos rodeaba mi cintura, palpando algo a mi espalda. Irremediablemente mis ojos se escaparon a los suyos, y cuál fue mi sorpresa cuando me lo encontré ya observándome. Pareció como si mi corazón quisiera salírseme del pecho.

Estaba tan cerca, y me miraba tan fijamente, que podía llegar a ver las motitas oscuras en sus hermosos ojos verdes.

No sé cuánto tiempo paso exactamente, pero algún momento perdido, me di cuenta como Edward bajaba sus pupilas para que estas se enfocaran en mi mentón. Sentí la sangre hervir en mis venas y un irrefrenable deseo de acortar nuestras distancias mi inundó.

No obstante, apenas tuve tiempo de moverme, que Edward se había separado como alma que lleva el diablo, después de haber parpadeado, al igual que si se hubiera despertado de un sueño.

Intentado yo despertar del sueño en el que me había introducido, lo vi ojear con toscos movimientos el cuaderno que anteriormente había tenido entre mis manos. Encontró lo que busca y aún sin mirarme, me lo pasó. Descendí mi mirada para descubrir lo que quería enseñarme, aunque mi mente en estos momentos se encontrara a miles de kilómetros de allí.

La bonita caligrafía de Carlisle Cullen me saludó de nuevo.

"Hace tiempo que he acabado mi turno de guardia. Estaba por encerrarme en mi camarote para poder descansar un poco después de un día tan agotador cuando me encontré a Charlie recostado pobre la baranda de la popa observando el brillo de la luna en el océano. Su rostro estaba serio y desde lejos podía llegar a oír el sonido de su mente funcionando.

Parecía preocupado.

Curioso, me acerque a él y aunque al principio no pareció notar mi presencia, cuando le coloqué una mano en su hombro como saludo, sus (también cansados) ojos se clavaron en mi.

'Hey', le dije '¿Qué te tiene tan pensativo a estas horas?'

Su ceño se frunció.

'Tan solo pienso en esta mañana' me respondió tosco. 'En aquellas mujeres'

Quise parecer sorprendido, pero en realidad no lo estaba. Honestamente yo tampoco había podido olvidar a las presas del barco. Sobre todo a esa castaña y de ojos color miel que me había mirado con valentía y decisión, como si no dejara que nadie la superara. Eso me gustaba de las personas. Eso me había atraído de ella. A pesar de las desgracias, como bien sabía, uno debía levantarse con la cabeza en alto y superar cada obstáculo. Esas cosas se aprenden en la calle.

'Nunca llego a imaginar cómo alguien puede traficar con personas' expresé en voz alta y vi a Charlie asentir de acuerdo a mis palabras.

Sí, puede que nos hubiéramos metido en una vida delictiva. Ser pirata no era algo legal precisamente. Robar, estafar, incluso matar… Pero había algo con lo que jamás jugaríamos y era con la vida de otras personas tan solo por diversión. Y mucho menos si esas personas eran inocentes, como lo eran esas mujeres.

Nos quedamos en silencio, cada uno en nuestros pensamientos. En mi mente volvió a aparecer esa hermosa muchacha. Estúpidos y babosos nos había dicho nada más aparecimos por la puerta. Divertido por su adorable rostro fiero, quise acercarme a ella, pero otra mujer se colocó delante de ella, protegiéndola: ¡Idos al infierno!

En ese momento lo supe.

Realmente no estaba muy seguro de si hacíamos bien o tan solo estábamos siguiendo un absurdo deseo… pero si no se cometían locuras… ¿para qué diablos servía la vida?

'Compañero' sonreí expectante 'Despertemos a todos. Hay un sitio al que debemos ir'

Volvería a ver a esa furiosa mujer… y a sus hermosos ojos color miel.

Regresaron sobre sus pasos y sin que se dieran cuenta, siguiendo al barco donde se habían encontrado a las mujeres— habló Edward cuando vio como pasaba la página y me encontraba ya con la fecha de una semana después.

Sonreí y mi pecho se hinchó ante la hermosa historia de amor que estaba presenciado. Sí, como habían dicho, parecía cosa del destino que había puesto cada cosa en su sitio en mejor momento.

Me emocionaba muchísimo por mis padres y los señores Cullen.

Imagino que las rescatarían, ¿no? — musité.

Por el rabillo del ojo vi a Edward acomodándose en el sofá mientras se pasaba una mano por su cabello cobrizo.

Fue una ardua batalla. Tuvieron que pasar tres intentos antes de que finalmente pudieran sacar a todas las muchachas del calabozo. Nuestras madres fueron de las últimas porque así lo decidieron ellas aunque eso no hizo otra cosa que ocasionar más dolor de cabeza y presión en la mente de Carlisle y Charlie.

De mi pecho escapó una risilla porque realmente me lo imaginé. Edward me miró curioso y creí distinguir como sus comisuras parecían querer alzarse, pero no hizo ningún movimiento. Carraspeó, serenándose.

Entonces cuando lo hicieron, nuestros padres decidieron acabar con la vida de pirata, ¿no? — pregunté mientras rememoraba las palabras de Carlisle en el primer fragmento que leí.

Sí, podría decirse que sí. Esme y Renée aceptaron quedarse a su lado después de las insistencias y de que ellos le prometieran un buen futuro, aunque, al parecer, a ellas no les importaba tanto eso. Solamente querían un bonito hogar, cálido…— murmuro ausentemente esto último— Volvieron a la cuidad y con el dinero que habían podido conseguir en sus años de piratería, estudiaron…

Y llegaron a convertirse en uno de los más respetable abogados— terminé por él, sintiendo un nudo en el estómago.

Edward cabeceó aunque parecía como si no me hubiera escuchado, solamente perdido en sus pensamientos. Bajé la mirada, observando el cuaderno que sostenía entre mis piernas. Ante mí tenía un gran mundo el cual había desconocido. Ahora se habría ante mi como si fuera de otra dimensión. Todavía mientras pensaba todo lo que había leído y que me había contado Edward me costaba asimilarlo. Pero ahora… sí… podría llegar a encajar en realidad. Sin embargo…

¿Sus muertes…?— no acabé la pregunta, pero no hizo falta.

Escuché a Edward suspirar sonoramente antes de inclinarse hacia delante. Apoyó los codos en sus rodillas y pasó una de sus manos por su quijada, haciendo una mueca.

Lobo Negro— respondió escuetamente.

Mi corazón saltó. ¿El pirata que tuvo encerradas a nuestras madres…?

Carlisle y Charlie estaban seguro que había muerto en la batalla, pero no fue así— su voz sonó ronca y contenida, mientras que sus ojos brillaban peligrosamente— Quedó muy malherido y su "imperio" devastado así que decidió esconderse. Pero cuando se recuperó… quiso vengarse.

Me estremecí. ¿Eso quería decir que un loco que estaba suelo había matados a nuestros padres por el simple hecho de vengarse? Mis ojos se aguaron, pero esta vez fui fuerte y pude retenerlo.

Ahora podía llegar a entenderlo.

Sí, ahora las cosa tenían sentido.

Esos hombres mataron a nuestros padres… y es por eso que Edward se había convertido en pirata. Estaba segura. Iba tras ese Lobo Negro para acabar con él…

Deberías descansar— anunció Edward de pronto, levantándose— Ven, le diré a Alice que te prepare una habitación, te quedarás aquí una buena temporada.

Tal y como él decía, me sentía mentalmente agotada después de esta dura charla, pero a pesar de ello no se me pasó por alto del matiz de la última frase. ¿Yo?

¿Cómo que me quedaré? — inquirí levantándome también y mirándolo con el ceno fruncido— ¿Y tú? ¿Qué harás?

Edward me miró y por segundo distinguí al hombre con el que me encontré tiempo atrás en el muelle, salvándome la vida. Frío, distante… peligroso.

Por supuesto, seguiré yendo tras ese desgraciado.

Llamaron suavemente momentos antes de que la puerta del camarote se abriera. No me giré, pues sabía perfectamente quien era. No pude evitar sonreír cuando los pasos se detuvieron abruptamente.

Terminando de recogerme el pelo con maestría, me di la vuelta y me topé con la intensa mirada de Edward.

—¿Qué? — cuestioné alzando una ceja— ¿Qué piensas? — pasé innecesariamente las manos por la falda de mi vestido, como si le estuviera quitando una arruga.

Edward me dio un buen repaso (que, honestamente, consiguió que me sonrojara) y una sonrisa cruzó su cara. Parecía satisfecho con lo que veía. Y orgulloso. Y feliz.

Quise reír.

—Estás hermosa como siempre, querida— me alagó y teatralmente hizo una reverencia. Bufé suavemente divertida y estiré una mano.

De nuevo, Edward malinterpretó mi movimiento queriendo y tontamente, la cogió con delicadeza para dejar un dulce beso en los nudillos, sobre mis pulcros guantes blancos. Rodé los ojos y aferrándome a su mano, tiré de él hacia mí. Mi hombre se dejó hacer y pegándose a mí, sentí su ronca risa sobre mis labios.

—Realmente estás preciosa, Bella— murmuró contra mis labios.

—Lo sé— dije en respuesta.

Mi respiración era errática. Estaba tan cerca… Él terminó de acortar la distancia que nos separaba y mis labios bebieron de los suyos por un momento. No fue suficiente, sin embargo, teníamos que separarnos. Con sus manos en mi cintura y la mía en su pecho, no pude evitar pensar lo guapo y elegante que se veía con ese traje negro que llevaba. Tan diferente y a la vez parecido a mi pirata…

—¿Estás preparada para volver a la cuidad?

—Claro— asentí, sonriéndole— Siempre y cuando estés a mi lado.

—Siempre.

Oh, no. Eso sí que no.

Fulminé con la mirada al tonel que tenía delante de mí lleno de frutas como si cada una de las piezas fueran diminutos Edward los cuales pudiera aplastar con facilidad.

Me dolía las extremidades y mi espalda después de estar tanto tiempo en la misma postura, escondida entre las decenas de cajas que había en la alacena del barco, pero sabía que no era seguro moverme hasta que el barco no hubiera zarpado, cosa que había hecho hacía poco, y aun así todavía debía poner bastante distancia por medio si no quería que se diera media vuelta y todo mi plan se fuera al traste.

Me sentía mal por no haberme despedido de Alice. Esa chica había llegado a caerme bien, pero lo último que debía hacer era levantar sospechas después de la que lie.

Después de que Edward me anunciara su (egoísta) decisión de partir solo mientras que me dejaba a mi junto a Alice y Jasper (como me lo habían presentado posteriormente), me negué firmemente. Uno, porque yo también tenía el mismo derecho que él a vengar la muerte de nuestros padres y dos, porque no pensaba volverme a alejar de él tras habernos reencontrado. Él había asegurado que, cuando todo acabara, volvería a por mí, pero la última vez tardó cuatro años en hacerlo y no pensaba sentarme como una tonta a esperar. Teniendo en cuenta, claro, que nuestro "recuentro" había sido ocasionado por una fuerza mayor como era el protegerme de mi asesinado. No llega a ser así y los años seguían pasando sin alguna noticia de él.

Reconozco que sentía miedo. Estaba asustada por la aventura a la que había decido embarcarme, pero el dolor por los acontecimiento y mi firme determinación no me dejaba flaquear. Debía seguir adelante. Estaría junto a Edward de ahora en adelante y a pesar de que él no me quisiera aquí, me aferraría con uñas y dientes a este barco, tanto metafórica como literalmente hablando si era preciso. Yo también sentía mi sangre hervir con tan solo imaginarme la figura del Lobo Negro, primero queriendo mandar a Esme y a mi madre al nuevo mundo como esclavas, y después matándolos.

Por mucho que me asustara la idea, y un profundo odio y rencor había nacido en mi pecho hacia aquel hombre. Quería matarlo con mis propias manos.

Ese hombre nos había dejado huérfanos a Edward y a mí.

Ese hombre había roto cualquier rastro de inocencia en el joven Edward hasta convertirlo en el pirata que era ahora.

Ese hombre me había robado a mi Edward.

Y no saldría con la suya.

No sé cuánto tiempo más estuve en esa posición, pero cuando apenas entró luz por las escaleras que daba a la cubierta supe que había anochecido y ya estaríamos a bastante distancia. Y qué demonios. Si aun así Edward quería dar la vuelta, no lo dejaría. Era mi vida y él no podía decirme que hacer.

Lentamente me incorporé y un siseo bajo salió de mis labios cuando me moví. Sentía punzadas en mi espalda y una de mis piernas se había quedado dormida. Apoyándome en uno de los toneles de mi alrededor me levanté y arqueé mi espalda. Dolía. Quise dar un paso, pero supe que algo malo iba a pasar. Primero porque apenas veía y seguro que me chocaría con algo y segundo porque tenía que cojear. Realmente no sentía mi pierna.

Dichoso Edward— farfullé.

¿Quién anda ahí?

Ante la voz grave que se escuchó a escasos pasos de mí, mi cuerpo se sentó y mi corazón dejó de trabajar por unos segundos. Me habían descubierto. De pronto, la idea de esconderme durante todo el camino no me parecía tan mala.

¿Qué pasa, James? — inquirió otra voz, solo que esta se encontraba más alejada, juraría que encima de la escalera.

Oí el sonido de pasos.

Me ha parecido escuchar algo aquí abajo.

Demonio, seguro que será una rata o algo así, estúpido.

Ahogué un chillido. ¡¿Ratas?!

Sin embargo, los pasos seguían acercándose peligrosamente. Inconscientemente di un paso hacia atrás temiendo que me encontraran y para mi desgracia terminé chocando con otro barril con frutas que había a mi espalda, causando que algunas piezas cayeran al suelo.

Apenas tuve tiempo de lamentarme. De pronto sentí como me agarraban con fuerza del brazo y tiraban de mí con precisión. En medio de la oscuridad distinguí las fracciones de un hombre, que me sonreía burlón.

Pero mira a quien tenemos aquí…

El corazón se desbocó en mi pecho. A este hombre no lo conocía de la tripulación de Edward.

¡James, ¿qué ocurre?!

El tal James me miró fijamente.

¡Hazte a un lado! ¡Ya verás que sorpresa llevo! — rio socarrón. Me tiró hacia la escalera— Tira, preciosa, te encontrabas en el sitio equivocado.

Me aferré a la escalera, todavía con la pierna cojeando levemente. Edward… ¿Dónde estaba Edward?

E-espera yo…— no pude terminarla frase. Cogiéndome por la cintura toscamente me encontré agarrándome a la madera para no caerme.

¡Sube, chiquilla!

Y apretando los labios, hice lo que ordenó. De todas formas pocas posibilidades tenía de hacer algo aquí abajo. En la cubierta sería más fácil encontrar a Edward, o que él me encontrara a mí.

Cuando llegué arriba sentí la brisa marina rodearme. Me estremecí. James subió tras de mí y al incorporarse volvió a cogerme del brazo. Me retorcí, gimiendo. Me hacía daño.

¡Suéltame!

Mira lo que he encontrado ahí abajo, Eric— se carcajeó— Un buen botín.

En medio de mis sacudidas por soltarme pude distinguí el rostro de otro pirata y vi su mirada de asombro y su piel pálida.

¡He dicho que me sueltes, bruto! — seguí chillando. Conseguí darle un codazo, pero lo único para lo que me sirvió fue para me apretara aún más contra él— ¡Déjame!

Maldita niña…

James…— murmuró el otro pirata.

¿Qué está ocurriendo aquí?

Mi cuerpo se paralizó. Esa voz grave y peligrosa era…

¡Capitán! — exclamó el compañero del idiota.

Sentí como James aflojaba el agarre, sin embargo, no terminó de dejarme del todo. Quise moverme, pero tampoco quería encontrarme con sus brillantes ojos esmeraldas. ¿Qué debía que hacer?

No me haga repetir— dijo y su tono se oscureció— ¿Qué está ocurriendo?

Bien, me había visto ya, no podía dar marcha atrás. Lo hecho, hecho está, Isabella.

¡Suélteme! — y aprovechando la discusión, con todas mis fuerzas llegué a darle una patada en la espinilla. El hombre gritó y maldiciendo a los cuatro vientos, por fin me soltó.

¡Maldita seas, estúpida! ¡Te vas a enter…!

¡James!

Y, de pronto, todo pasó a gran velocidad. Cuando pude separarme del hombre, mi cuerpo dio varios pasos atrás y a poco estuve para caerme. Mi espalda chocó contra uno de los mástiles del barco y si ya de por sí mi espalda dolía, con ello conseguir ver las estrellas. Gemí en el interior, con el dolor expandiéndose en mi espalda. Al oír la voz de James maldiciendo para mí, tan solo tuve tiempo se levantar el mentón cuando una silueta se acercó con premura a nosotros.

Ni se te ocurra tocarla, imbécil.

Era Edward, quién había cogido al vuelo el brazo de James y por la mueca de este, lo hacía con mucha fuerza. Pero aunque su voz había sonado suave y filosa, lo peor no fue eso, no. Sino que sus ojos, brillantes y misteriosos, estaban fijos en mí.

Genial, ironicé en mi interior. La fiesta había acabado.

Pero esa mujer…—espetó James.

Si no quieres que los pedacitos de tu cuerpo terminen esparcidos por todo el océano será mejor que apartes tu sucia mirada de ella. Ahora, ¡fuera!

Edward lo empujó y cuando James restauró el equilibrio a unos pasos más allá, nos miró por unos segundos, demorando su mirada demasiado en mí.

¡LARGO!

Y tanto él como si compañero, desaparecieron de nuestra vista.

Todo el aire que había estado conteniendo fue expulsado de mis pulmones. Sin embargo el peligro no había pasado. No, ahora sabía que venía lo peor. Porque de ese idiota podría huir dándole una patada en la espinilla (como bien había hecho antes) pero con Edward… no podía patearlo y simplemente irme. Porque… ¿A dónde iría en primer lugar? ¡Estábamos en un barco! ¡En medio del océano!

Notaba de forma escalofriante la penetrante mirada de Edward en mi nuca, pero en ningún momento lo miré. De pronto, las manchas de la madera en la cubierta me parecían de lo más interesante del mundo.

¿Si lo ignoraba se marcharía?

¿Y bien? — habló cuando el silencio empezó a ser peligrosamente espeso.

Tragué saliva.

Isabella, maldita sea, ¿qué mierda haces aquí?

Lo oí resoplar y gruñir algo para él que no llegué a entender. De pronto, sentí como aferraba mi brazo y tiró de mí. Ante el movimiento repentino, mi espalda de resintió y cuando me quise dar cuenta, un siseo de dolor se había escapado de mis labios en el mismo momento en el que mi cuerpo chocaba con el suyo. Cerré los ojos aguantando las punzadas en la parte baja de mi espalda y si no fuera por los brazos de Edward que me sostuvieron, hubiera caído al suelo.

¡Bella! ¿Qué te pasa?

N-nada— jadeé cuando los dolores lentamente fueron menguando. Era plenamente consciente del fornido cuerpo de Edward junto a mí, de su atragante aroma, de la calidez de sus manos… Se estaba tan bien…

Joder— farfulló y entonces me vi alzada en brazos.

Esta vez la exclamación no fue de dolor, sino de asombro. Sorpresa por encontraba cargada por Edward. De pronto su rostro se encontraba demasiado cerca, y aquellos ojos esmeraldas me miraban tan intensamente… Sentí un cosquilleo en mi estómago y un estúpido calor en las mejillas.

Terminarás cogiendo un resfriado— espetó, apartando súbitamente sus pupilas.

Nos llevó hacia su camarote y en el camino, por encima del hombro de Edward, llegó a distinguir a varios de los tripulantes que hacían guardias mirándolos asombrados. No había ni rastro de James.

Edward cerró las puertas tras él de una patada y suavemente la dejó sobre las sábanas de la cama. Casi sonreí por la delicadeza con la que era capaz de llegar a tratarme. Entonces, Edward empezó un intranquilo paseíllo a lo largo de la habitación pasándose la mano por el pelo y mirando a todos los lados, como si en las paredes pudiera encontrar la respuesta de lo que estuviera pensando.

Te has escapado— no fue una pregunta, sino una afirmación.

Me encogí débilmente, pero rápidamente cambié de movimiento. No dejaría ver lo que asustaba. Terminé por encogerme de hombros, esbozando una sonrisa.

Costó lo suyo, pero sí.

Te dije que te quedaras allí, ¿es que tú no escuchas?

Claro que lo hice— fruncí el ceño, como si su pregunta me ofendiera.

La verdad que ver a ese Edward nervioso e intranquilo, como si un hilo se hubiera soltado de la camisa y hubiera estropeado su atuendo entero, me parecía algo divertido. Nunca había llegado a verlo así desde que nos encontramos y por un momento me hacía recordar al chiquillo que jugaba conmigo. Y, en realidad, me había imaginado que la reacción sería peor. No me estaba gritando ni clamando a los cuatro vientos, aunque el tono bajo y contenido que utilizaba también conseguía ponerse en alerta.

¿Entonces? — gruñó, parándose a mirarme—¿Qué demonios haces aquí? ¡Debías quedarte con Alice!

¿Y dejarte a ti solo? — espeté como respuesta alzando la barbilla con orgullo.

No necesito que seas mi maldita niñera— sus ojos llamearon furiosos.

¡Y no lo soy! — me levanté, yo también furiosa, ignorando el dolor que me había asaltado con el repentino movimiento— Pero quieras o no estamos juntos en esto.

¿Qué? — exclamó atónito arqueando sus cejas.

Te adentras en todo esto en busca de venganza, ¿no? Muy bien, pues yo también— afirmé y la seguridad de mi voz hizo que me sintiera orgullosa. El rostro de Edward mostró una mueca de furia, pero no acobardé— Mataron a mis padre, Edward.

¡Sabía que no debería de haberte dicho nada! — dio un fuerte golpe en el escritorio, haciéndolo temblar.

¡Tenía derecho! — di un paso hacia delante— ¡Era mi vida! ¡Debía saberlo!

Lo sabrías— dijo entre dientes—, pero cuando yo hubiera acabado con ese cabrón y no hubiera ningún peligro.

Sus palabras llegaron a mi como si de una bofetada se tratase. ¿Tan poco confiaba en mi? Mi cuerpo entero se tensó y sentí mis ojos aguarse. Pero no lloraría delante de él.

Muy bien— hablé en un murmullo— Sin embargo, las cosas han ocurrido así y me lo has contado antes. Y te digo que haré todo cuanto esté en mi mano para permanecer en este barco, contigo. Como si me tengo que amarrar contra el mástil, no me importa— lo miré y sus impenetrables ojos hicieron lo mismo— Estaré aquí y juntos vengaremos a nuestros padres.

Durante unos segundos Edward no dijo nada. Simplemente se me quedó mirando y por unos segundos me pareció advertir uno extraño brillo en sus pupilas, pero tal cual vino, despareció.

No me respondió.

Y cuando me quise dar cuenta, había dado grandes zancadas para dirigirse hacia la puerta. Esta se cerró tras él con un fuerte portazo.

Tal y como le había dicho, no me fui.

Durante los primeros días apenas veía a Edward y aquello fue demasiado parecido a los días posteriores a mi "secuestro". Mi espalda poco a poco fue mejorando y llegó un momento en el que ya no me dolía.

No salía del camarote y mi tiempo lo mataba mirando a través del ojo de buey del camarote o curioseando los mapas que Edward dejaba desplegados sobre el escritorio.

Me costaron varios intentos de gruñidos, gritos y peleas para que Edward me escuchara y viera mi punto de vista. Durante un primer momento, Edward tan solo aparecía para coger lo que necesitara, ni me miraba si quiera. Eric, él que había estado con James, era el encargado de traerme la comida y aquello que precisara. La primera vez que me vio se dedicó a disculparse una y otra vez sobre lo que había ocurrido y después de que yo le quitara importancia al asunto me enteré que James había sido enviado al mástil mayor como vigía. También supe que James había embarcado recientemente en la isla Tortuga.

Por eso no lo reconocí ni él tampoco supo nada de mí.

Un día soleado, decidí que ya había acabado con mi encierro propio y salí al exterior. En un primer momento sentí todos las miradas puestas en mi pero las ignoré lo mejor que pude y con paso lento, me dirigí a la proa. La brisa me daba en la cara y un agradable cosquilleo me recorría. Honestamente, había llegado añorar un poco el olor a mar rodeándome, los cálidos rayos del sol sobre mí, el sonido del barco navegando sobre las olas…

Me acerqué hacia baranda y apoyé mis brazos en ella. En ese momento cerré los ojos, con mis pelos meciéndose por el viento y recordé. Visualicé el rostro sonriente de mi madre, la sonrisa de mi padre, el brillo en la mirada de Esme, la voz de Carlisle… Cuanto los echaba de menos… Por un segundo deseé estar junto a ellos. Poder verlos, tocarlos, sentirlos…

Un nudo se formó en mi pecho, pero no lloré. Tenía que ser fuerte. Ahora debía ser fuertes.

Por ellos, por mí.

Inspiré profundamente antes de abrir mis ojos y admiré el mar azul extenderse por nuestro alrededor hasta desaparecer. Me recliné, dejando caer la cabeza sobre mis brazos.

Las vistas eran hermosas.

A lo lejos un movimiento me atrajo la atención. Me fijé bien y para mi sorpresa me di cuenta de que eran… ¡delfines! Sí, era un delfín que había saltado. Reí, maravillada y inconscitemente di un paso hacia delante y la parte superior de mi cuerpo se inclinó hacia delante. Por unos segundos sentí como la gravedad desaparecía. Mi cuerpo se desnivelada y me pareció ver más cerca al tranquilo océano.

Un chillido de la impresión escapó de mis labios y si no fuera porque sentí a alguien agárrame, estaba segura de que me habría caído al agua. Me estampé contra algo duro.

¡Ay!

¡Bella!

Edward.

De un respingo, me moví y mis ojos se encontraron con la mirada fulminante de él. Mi corazón saltó.

¿En qué demonios estabas pensando, Isabella?

Sonaba muy enfadado. Echaba chispas, diría yo.

Tragué saliva y alcé el mentón.

Estaba mirando el agua simplemente— respondí orgullosa.

¿Y tenías que asomarte de esa manera? — gruñó— ¿No podías verlo desde más distancia?

Edward, por favor— murmuré fastidiada. El humor de este Edward no me gustaba nada. Tan gruñón, odioso y cínico.

Ibas a caerte, Isabella. Y si no hubiera estado cerca de ti habría sido así. ¿No ves los peligros en los que estás envuelta aquí? — espetó y se pasó la mano por su despeinado pelo.

Me crucé de brazos y lo miré fulminante.

Estaba todo controlado— ignoré su bufido— Y sí, soy consciente de eso.

¿Entonces? ¿Por qué demonios sigues aquí? ¡Te dije que allí estarías a salvo!

Sentía como si sangre se calentaba del enfado. ¿Realmente estaba tan ciego? ¿No podía parar un momento en pensar en mi?

¡Yo no quiero estar a salvo!

Maldita seas, chiquilla…— apartó la mirada para posarla en el océano con su ceño poblado de arrugas— Algún día me dará algo por tu culpa.

No tienes que cuidar de mi como si fuera una niña chica— farfullé con el picazón en mi pecho por su forma de comportarse.

¿Es que no te das cuenta de que eso es imposible? — me miró y mi corazón dejó de bombear por unos segundos— ¿No te das cuenta de que siempre estás en mis pensamientos? ¿No te das cuenta de que jamás dejaré de preocuparme por ti?

El silencio reinó por unos segundos entre nosotros. Nos sostuvimos la mirada en lo que me pareció a mí fue eterno. Sus ojos brillaron intensamente e incompresiblemente me entraron ganas de llorar.

Edward terminó apartando la mirada. Suspiró y sus hombros se hundieron, como si de pronto se sintiera muy cansado.

Voy a luchar junto a ti— repetí estúpidamente— Y no me harás cambiar de decisión. Estaremos juntos.

Quise acercarme a Edward, abrazarlo, que él me sostuviera entre sus brazos…

Edward me miró y entonces, creí ver una pequeña sonrisa floreciendo en sus labios. Mi corazón latió loco y mi respiración dejó de funcionar por unos segundos. En esos instantes era…

Sí, era MI Edward.

Y, de pronto, hizo realidad mis deseos.

Fue en un parpadeo, pero cuando me di cuenta había tirado de mi brazo y mi cuerpo se había estampado con su pecho antes de sus brazos me rodearan. Su aroma penetró por mis fosas nasales y su calidez me sobresaltó. Me sostenía tan delicadamente…

Mi estómago se llenó de un intenso cosquilleo y una lágrima se escapó por mi mejilla. Mi labio inferior se curvó por las hermosas sensaciones que estaban formándose en mi pecho y me aferré con desesperación a su camisa.

Edward era un estúpido arrogante, un frívolo y un tosco. Sin embargo, bajo todo eso aún se encontraba mi mejor amigo, aquel chico que había estado conmigo desde que había sido una cría, cuidándome, protegiéndome…

Terminarás matándome algún día, Bella— susurró sobre mi pelo. Pude sentir el leve tinte de preocupación y ansiedad bajo eso— Ya no tendré que tener mil ojos aquí, eso no me bastará. Un millón necesitaré contigo.

Pues enséñame.

Su cuerpo se tensó, pero yo no presté atención a eso. De pronto, una idea estaba empezando a coger forma en mi mente. Si tantas pegas ponía a que me quedara junto a él porque tendría que estar pendiente de mí… Si me enseñaba como poder defenderme sola… ¡ya no tendría ninguna queja!

Sí, decidido. Aprendería a luchar, tanto en un cuerpo a cuerpo, como con la espada. Si quería permanecer al lado de Edward como su igual y no una carga, tenía que fortalecerme.

Sonreí después de tanto tiempo y fue como si la fuerte presión que me había estado sofocando el pecho desde que me colé en el barco desde isla Tortuga de pronto se deslizara esta desaparecer.

¿Qué? — inquirió sorprendido Edward.

Con mis comisuras izadas me aparté de él y nuestras miradas se encontraron. Verde y marrón. Asombro y determinación.

Sí, ahora una nueva Bella estaba naciendo.

Enséñame a pelear.

Sonreí cuando el ambiente de la cuidad llegó a mí. Desde la cubierta mis ojos recorrían vivaces el puerto, lleno de voces, sonidos, risas… de vida. El ancla había sido bajada apenas poco segundos antes, y Edward junto a los demás marineros también deseosos te tocar tierra firme, estaban preparando los últimos detalles para que pudiéramos desembarcar.

Distinguí a un par de niños correteando por ahí, los puestos llenos de pescados, las tabernas llenas de marineros, las mujeres haciendo sus quehaceres diarios como la compra o ayudar a sus maridos.

El mar me encantaba, lo amaba. La libertad, las aventuras que te daba. Yo era feliz cuando navegaba junto a Edward a cualquier lugar, sin embargo, también había llegado a añora la vida en la tierra. Pero sobre todo había echado muchísimo de menos a nuestros amigos.

Y uno siempre quería descansar de la vida de alta mar de vez en cuando.

—¡Señora!

Reprimí el impulso de rodar los ojos cuando me llamaron. Daba igual cuantas veces dijeran que me llamaran Bella, había algunos a los que no le entraban en la cabeza. Este en especial se trataba de Garret, un muchacho, apenas mayor de edad que había escapado de su ciudad natal cuando no pudo aguantar más la situación familiar. Sin apenas comida ni dinero, nos lo encontramos vagando por unas de las calles de la cuidad. Lo único que pudimos hacer fue invitarnos a que se nos uniera.

Me llevaba muy bien con él. Era un chico agradable y jovial, sin embargo tenía esa irritable insistencia de seguir llamándome "señora" a pesar de mis palabras.

—¿Qué pasa, Garret?

—Un mensaje del capitán— se paró a mi lado— Dice que le han surgido unos asuntos urgentes. Me ha pedido que sea yo quien le acompañe hacia la casa del señor Whitlock.

Una mueca se formó en mis labios disgustada. Vaya, después de tanto tiempo me hubiera gustado pisar tierra con Edward a mi lado, pero si le había surgido algo que no podía posponer… Bueno, ya me lo contaría.

Borrando mi mala cara momentánea, sonreí.

—Claro, vamos entonces.

Cuando la pasarela estuvo puesta y asegurada, la usé y entonces me vi en el puerto. Mi pecho se hinchó por el aire que cogí y después lo solté del tirón, verdaderamente feliz.

Podría decirse que estaba en casa.

Empezamos a caminar entre la gente y mis ojos se escapaban a cada lugar que encontraba, por mísero que fuera. Los pescados en el tendero, los juegos de los niños, las charlas entre hombres, los perros paseando por ahí con sus dueños…

—Espere aquí, conseguiré un carruaje— me dijo Garret antes de perderse entre la muchedumbre.

Mientras lo esperaba mis ojos se escaparon hacia donde se encontraba nuestro barco y distinguí a los tripulantes caminando por la cubierta y yendo y viendo por la pasarela. Por un momento me pregunté que había sido aquello que había retenido a Edward nada más llegáramos, pero rápidamente lo deseché. Después cuando llegara a casa de Alice y Jasper me lo contaría.

¡Ay, que ganas tenía de ver a mi ahijada!

—¡Señora, aquí e…!

No pude oír la frase completa de Garret. De pronto, sentí un duro golpe en mi espalda y todo se volvió negro.


Tres mil años después, cuando los extraterrestres han conquistado la tierra, Edward ha dejado de brillar y Nessie ya es viejecita, por fin (¡por fin!) actualicé. Costó lo suyo y honestamente todo se debo a una primita que no ha dejado de dar la murga todo este tiempo para que siguiera con él. (¿Debería agradecértelo o lanzarte al río, primita?) Pero bueno, siendo como fuere, aquí os lo dejo.

Como dije en el primer cap, no me salió el one-shot como quería. Pero después de darle vueltas ya lo tengo pensando y finalmente será un three-shot. Es decir, el próximo será el último. Y no sé cuando lo podré hacer (dame un poco de tranquilidad, prima).

¿Cómo creéis que acabará todo?

¿Os esperabais los de Charlie y Carlisle? ¡Me encantó escribir sobre ellos! *-*

¡Saludos!