Serpiente.
En cuanto escucho a Reyna narrarle la sentencia dictada por Afródita, Piper tuvo ganas de darle un puñetazo en la cara a su progenitora, ¿cómo podía haber sido tan cruel y arruinar las esperanzas de alguien usando una breve charla como instrumento inconsciente de destrucción?
Como descendiente de la diosa, la castaña comprendía y, en cierto grado, aceptaba que el amor podría transformarse en algo doloroso y cruel si uno dejaba que una fuerza tan poderosa como esa se contaminara o acabara en las manos equivocadas.
O en la falta de tacto al hablar de la deidad griega y romana del amor, pensó McLean, furiosa.
Viéndolo desde ese punto, a la chica de ojos caleidoscópicos no le extrañaba que Drew Tanaka, su segunda al mando en la cabaña 10, fuera tan ponzoñosa al hablar; Drew ciertamente conocía la fuerza de las palabras pero no sabía emplear tal habilidad a conciencia.
Detalle que, al parecer, su madre también olvidaba.
Piper se sentía incapaz de dejar a la romana así, debía proporcionarle una fuente de esperanza para reemplazar la inquietud que la diosa había sembrado en el corazón de la pretora. Fue entonces que decidió que intentaría extraer el veneno dejado por una palabra mal dicha y sustituirlo por el bálsamo de la esperanza y la amistad.
De ahora en adelante, la hija de Afrodita convertiría las serpientes en rosas y en llamas de esperanza por las personas como Reyna.
