—Vaya, me quedé dormida —se dijo Sayuri cuando despertó.

Buscó con la mirada al muchacho rubio y apenas se dio cuenta de que él ya no estaba, la puerta se abrió y Deidara entró.

—Come esto y prepárate, vamos a una misión —dijo él y le entregó a Sayu una bandeja con comida.

—¿Y de qué trata la misión? —preguntó la muchacha empezando a comer.

Notó que Deidara estaba un poco alterado pero no quiso mencionarlo para no molestar, además no lo conocía tan bien como para preguntárselo. Simplemente no tenía el derecho.

—Como prueba final, el líder quiere comprobar tu lealtad. Debes… asesinar a tus padrastros.

Sayuri se quedó helada. Era verdad que no le caían bien sus padrastros y que cada golpe y cada insulto, que sufrió gracias a ellos, dolió a más no poder. Bajó la mirada sin atreverse a mirar en el ojo visible de Deidara y siguió comiendo dando pequeños mordiscos, sin apetito.

—¿Vamos con Sasori-san? —murmuró.

—Él tiene otra misión, vamos sólo nosotros dos.

Al escuchar eso y en otras circunstancias, Sayu habría sido la muchacha más feliz del planeta. La noche anterior se sentía ligera al mirar la apuesta cara de Deidara, sentía cosquillas en el estómago y a su corazón dando grandes saltos cuando él le hablaba o la miraba fijamente con sus penetrantes ojos azules; era como si con tan sólo mirarlo se sentía obligada a sonreír y creer que no había absolutamente nada malo en el mundo.

A pesar de sentirse extraña por el hecho de tener que asesinar a las dos personas que aunque la trataron mal durante todos estos años, pero que aun así le dieron cobijo, techo y comida, se arregló rápidamente para no hacer esperar mucho a Deidara.

—Tendremos que ir caminando, si vamos en mi pájaro de arcilla nos verán, un —indicó Deidara.

—Hai, Deidara-san —contestó Sayu un poco ida.

Kiyomaru corría por el bosque. Su cara estaba iluminada con una autosuficiencia y casi arrogancia que casi palpable (N/A: en términos científicos, tenía la autosuficiencia elevada a 250000000000000000000000000, sólo para que se hagan una idea).

Podía sentir el chackra de Sayu cerca, muy cerca; el único problema era que también sentía otro chackra desconocido, pero eso no era problema con tal de que Sayu estuviese bien.

Su sonrisa se borr´de su rostro cuando sintió ambos chackras desaparecer.

—¿Pero qué demonios?

Paró en seco, giró sobre sus talones y se fue en la dirección en la que había venido. Algo le daba un muy mal presentimiento.

—Sayuri, agárrate de mi —dijo Deidara de forma muy sorpresiva.

—¿Nani? —el inner de Sayu bailaba el baile de la felicidad, pero ella no entendía realmente bien por qué Deidara se lo pidió.

—Agárrate, testaruda, hay alguien cerca.

De forma un poco brusca, Deidara la rodeó con un brazo y la apegó a él. Sayu estaba haciéndole honor al color rojo con sus mejillas. En un momento ya no estaban en esa parte del bosque, sino muy cerca de la aldea de la roca.

Deidara la soltó y estuvo a punto de caerse, pero Sayu por una reacción espontánea lo agarró el brazo, evitando que legara al suelo. Apenas vio que Deidara podía mantenerse de pie, le soltó el brazo, ruborizándose de nuevo.

—Descansemos aquí un poco —jadeó Deidara—. Ese jutsu gasta demasiado chackra.

Se sentó en el suelo y Sayu hizo lo mismo, sentándose ni tan lejos ni tan cerca del muchacho.

Sayu seguía un poco complicada por tener que matar a sus padrastros. Recordó los pocos momentos felices que vivió con ellos, en su antigua aldea y…

—Kiyomaru —susurró alzando las cejas, dándose cuenta de que si entraba a la aldea de la roca, él probablemente iría en su búsqueda.

Deidara la miró de soslayo y notó una pequeña lágrima, casi invisible, en la mejilla de la chica.

—¿Qué pasa? ¿Te arrepentiste? —preguntó.

Sayu negó con la cabeza.

—Un amigo quizá me vea y trate de hacer que me quede en la aldea.

—Relájate, lo haremos rápido. De todas formas tenemos que hacerlo rápido.

—¿A qué te refieres?

—En el bosque había un chackra acercándose a nosotros. Si esa persona por alguna casualidad nos estaba rastreando, como suele suceder porque estamos en Akatsuki, nos seguirá hasta aquí. Suficiente descanso —dijo levantándose—. Supongo que ya sabes cómo los vas a matar, ¿cierto?

Sayu se limitó a asentir. Usando el jutsu de transformación para cubrir sus identidades, entraron a la aldea de la roca y a la casa de los padrastros de Sayu.

—Yo esperaré aquí, tú me avisarás cuando hayas terminado —dijo Deidara.

Sayu asintió de nuevo. Entró a la casa y lo primero que divisó en el comedor fue una botella de sake con dos copas a un lado.

Al fin, Kiyomaru llegó a la aldea. Iba camino a la oficina del Tsuchikage cuando escuchó un rudo de vidrios quebrándose vinieno de la casa de Sayu.

Sayu escuchó los pasos de sus padrastros. Se escondió dentro de un armario; si la veían todo el plan se arruinaba. Escuchó el choque de las copas de Sake y luego la conversación de sus padrastros.

—Increíble que haya pasado tanto tiempo —dijo el señor Kurohana.

—¿Y qué haremos respecto a esa chiquilla? Sabes que tarde o temprano tenemos que ir a buscarla.

—Déjala, no durará mucho allá afuera y regresará rogando que la acojamos de nuevo.

—Repíteme, ¿por qué la tenemos aquí?

—Ya sabes que fue orden del Tsuchikage. Lo que el viejo tonto no sabe es que la mandó con los mismos asesinos de los padres de esa mocosa, la misma que… —las puertas del armario se abrieron de par en par. El padrastro de Sayuri apareció con su cara llena de malicia— está escondida en el armario como una cobarde.

A Sayuri se le hervía la sangre. De rabia, de tristeza y de frustración. Todo ese tiempo viviendo con las personas que juró que odiaría hasta el fin de sus días: los asesinos de sus padres.

El señor kurohana la sacó del armario y la acorraló contra la pared, poniéndole un kunai en el cuello.

—¿POR QUÉ LO HICISTE? —gritó Sayuri.

—¿Por qué? —murmuró el señor Kurohana—. Porque ellos descubrieron durante una misión que estábamos manteniendo contacto con akatsuki y que luego los desertamos. No podíamos dejar que esa información saliera a la luz… Y ajora que lo sabes… —presionó un poco el kunai contra el cuello de Sayu, haciendo que un poco de sangre saliera del corte recientemente hecho.

—¡Quítale tus manos de encima! —Kiyomaru irrumpió en la habitación.

Después todo se movió en cámara rápida. La señora Kurohana desplomándose en el piso, Kiyomaru a punto de lanzar un kunai cuando Deidara apareció y lo detuvo.

—Ella debe hacerlo, no interfieras —murmuró apretando la muñeca del muchacho.

Kiyomaru apretó los dientes, sin darse cuenta de que algo cayó de uno de sus bolsillos a la bolsa de kunais abierta de Deidara (N/A: es casi físicamente imposible, pero pasó xD). El señor Kurohana estaba a punto de deslizar el kunai por la garganta de la muchacha.

—Parece que tu muerte tendrá testigos… Shine, Sayu…

Abruptamente soltó el kunai y puso sus manos en su garganta, jadeando desesperado por aire. Después se desplomó en el suelo de la misma forma en que lo hizo la señora Kurohana.

—¡Sayu! —Kiyomaru se soltó de Deidara y corrió hacia ella—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? —preguntó desesperado.

—Puse veneno… en su sake… —suspiró Sayu.

Kiyomaru abrió los ojos y Deidara sonrió.

—Vámonos Sayuri —dijo el ruibio.

—¡No te atrevas! —gritó Kiyomaru, arrojándole kunais a Seidara.

Él los esquivó fácilmente y estaba a punto de atacarlo cuando…

—¡Basta! —Sayuri se puso en medio de ambos—. Kiyomaru, mi lugar es en akatsuki, allí soy realmente feliz —le suplicó con la mirada que la dejara ir y de paso que se mantuviera en silencio.

—Como desees —dijo él, apretando los puños.

Sorpresivamente, Sayuri lo abrazó.

—No sabes cuánto te lo agradezco —le susurró en el oído.

—Jamás te olvidaré, Sayu-chan.

¿Qué es esta sensación cuando ella está junto a mí? Sentir que estoy lleno de vida cuando ella ríe, sentir un calor en mi corazón cuando sonríe… Ese miedo de no volverla a ver cuando va a misiones…

Pasaron unos cuantos meses y Sayu fue verdaderamente aceptada en akatsuki. Resultó ser que el líder sabía acerca de que los padrastros de Sayu eran los kurohana, y los mandó a matar para comprobar la lealtad de Sayu y de paso matar a los traidores, de los cuales habían perdido el rastro hasta que Sayu apareció.

Deidara estaba afuera de la guarida de Akatsuki, pensando en Sayu. Ya no estaba seguro de lo que pensaba de ella, estaba confundido. Y extrañamente, todos sus problemas se disipaban cuando ella aparecía y esa confusión que tenía se esfumaba en dos segundos si no era menos. Tenía una libreta en sus manos, la misma que cayó en su bolsa de kunais cuando evitó que Kiyomaru ayudara a Sayu.

En ese momento Sayu apareció. Caminaba lentamente del bosque, con su típica sonrisa en su rostro. Volvía de una misión, la cual había cumplido con éxito, como muchas otras que había realizado estando en akatsuki.

—Volviste, un —dijo Deidara a manera de saludo—. Ven.

Sayu lo siguió mientras se internaban en el bosque.

—¿Qué sucede, Deidara-kun? —preguntó Sayu. Ahora lo llamaba Deidara-kun porque la confianza había crecido entre ellos.

Ahora me he dado cuenta…

—Hay algo muy importante que tengo que decirte —contestó.

…de lo que realmente siento por ti…

—¿Qué es? —inquirió Sayu, ladeando la cabeza.

—Te amo.

Sayu sintió que su corazón daba un vuelco y como si un montón de mariposas se hubieran liberado en su estómago. Uno de los brazos de Deidara rodeó su cintura la apegó al cuerpo del muchacho.

—Yo también —murmuró ella, abrazándolo.

—Feliz cumpleaños, Sayu-chan.

Y Deidara le dio el mejor regalo que Sayu pudo haber deseado. La abrazó con más fuerza y la besó, dejando que éste hablara por él y revelara todo lo que sentía.