Gokudera Hayato nunca había tenido una vida sencilla. Se escapó de su casa poco después de cumplir los cinco años, tras descubrir la terrible verdad sobre sus padres. Su madre era, en realidad la joven que venía cada año a enseñarle piano, la misma que había muerto en su tercer cumpleaños. Incluso entonces, sin saberlo, Gokudera la había querido como a su auténtica madre. Nunca podría olvidar la agradable sensación de familiaridad que sentía cada vez que la miraba a los ojos. Pero su madre había muerto, y él sabía porqué: según las criadas su propio padre había sido el culpable. Su padre, el mismo hombre al que Gokudera no solo esperaba parecerse algún día, sino que también lo admiraba y respetaba. El niño ni siquiera dudó al escaparse de su casa - ya no podía considerarlo su hogar - y supo, en alguna parte ahora destruída de su corazón, que nunca más podría encontrar un hogar.
Fue entonces cuando empezó a desarrollar su personalidad fría y distante; ¿para qué molestarse en acercarse a los demás, cuando incluso tu propia familia podía traicionarte de esa manera? Con solo siete años Gokudera ocultó cualquier rastro que lo relacionase con la mafia e intentó empezar una vida por su cuenta. Aprendió a fingir, porque sabía que podía estar siendo vigilado. También aprendió a luchar porque sabía que el mero hecho de ser hijo de quien era lo pondría en peligro. Frente al mundo, a ojos de todos, era Gokudera Hayato, un chico huérfano pero con suficiente inteligencia y determinación como para salir adelante por su cuenta. En la seguridad de su casa, donde sabía que nadie podía verlo, Gokudera entrenaba con dinamita, explosivos y bombas. Para mantener su fachada consiguió un trabajo a jornada partida al cumplir los trece. En ese entonces ya había comenzado a trabajar bajo el alias de Uri a escondidas. Cualquier espía creería que estaba intentando vivir una vida normal, y eso era precisamente lo que Gokudera quería que pensasen.
No fue hasta que cumplió los catorce que su determinación para permanecer en la soledad se vio quebrantada. Todo por culpa de un fanático del béisbol y un chico con los ojos más puros que había visto nunca. Hayato no quiso admitirlo en un principio, pero después de la misión que los había unido se sintió tranquilo por primera vez en mucho tiempo. Y aunque su respuesta fue un comentario borde alegando que ninguno de ellos podría sobrevivir sin su ayuda, la verdad es que sintió un tremendo alivio cuando le ofrecieron crear un grupo.
Ese mismo día se mudó a Namimori.
Ese día se sintió bien por primera vez en más de seis años.
Por eso protegería a Tsuna a toda costa, aunque eso implicase arriesgarse a ir contra uno de los mejores asesinos de la historia. Por que Gokudera sabía, en el fondo, que ese chico le había devuelto un motivo para creer en los demás. Sawada Tsunayoshi, sin saberlo, le había dado aquello que Gokudera más ansiaba: un sitio al que pertenecer, alguien en quien confíar. Tsuna le había devuelto su hogar.
OBJETIVO 1: De tutores espartanos y Jefes de la mafia
Lo peor de todo era que su madre ni siquiera se había molestado en escucharle. A pesar de que Tsuna había protestado, alegado que él no necesitaba un tutor, que sus medias estaban perfectamente bien a como estaban, Nana le había ofrecido una habitación a Reborn ignorando las cada vez más desesperadas súplicas de su único hijo, y había sellado la sentencia de muerte de Tsuna mediante un espresso. Tsuna se había quedado ahí, mirando la escena con una expresión indescifrable, mientras por dentro maldecía en todos los idiomas posibles. El chico no pudo sino alegrarse de haber sido lo suficientemente prudente de pedirle a Gokudera que le guardase las Desert Eagles esa tarde...aunque en realidad ahora que lo pensaba, eso lo dejaba indefenso en caso de que el asesino supiera quien era; cosa que dudaba, pero siempre existía la posibilidad.
—Grazzie mille, signora.—dijo Reborn poniéndose en pie y provocando que Tsuna saltase en la silla.—Ahora querría hablar en privado con Tsuna, para ir conociendo a mi alumno.
No hace falta que nos conozcamos. En serio, me gusta el anónimato.
—¡Eso sería perfecto! Podéis ir al cuarto de Tsuna, ¿verdad, Tsu-kun?—exclamó Nana, mirando a su hijo con una sonrisa encantadora.
¿Ni siquiera te preocupa la posibilidad de que sea un pedófilo?
—Claro, mi cuarto. Eh...está un poco...desordenado.—Tsuna miró de reojo a Reborn.—Pero...ehm...vale. Sí, por...ah, aquí.
Decir que su cuarto estaba desordenado era el eufemismo más grande que Reborn había oído en su vida. A simple vista, parecía que la habitación había sido arrasada por un huracán. Tsuna avanzó por la habitación haciendo un amago de limpieza, que terminó derivando en esconder las cosas descolocadas debajo de la cama. Finalmente el chico se sentó en la silla del escritorio con aire de nerviosismo y dirigiéndole rápidas miradas a Reborn, que se había apoyado en la pared y tenía los brazos cruzados y una expresión calculadora en el rostro.
—La organización es una cualidad indispensable para un Don de la mafia.—comentó Reborn tras una eternidad de silencio.—Tendré que hacerme cargo de esto también.—Tsuna enarcó una ceja, confuso.—En realidad soy un asesino de los Vongola, y estoy aquí para convertirte en un perfecto heredero para la Famiglia.
Silencio. Tsuna miró a Reborn como si se hubiera vuelto loco. ¿Él, heredero de los Vongola? Sí, sabía que compartía sangre con Primo, igual que era consciente de que su padre trabajaba a las órdenes del Noveno, como jefe del CEDEF, pero, ¿qué? Eso no tenía sentido. La última vez que lo había comprobado, él estaba en la última línea de sucesión. Nono tenía tres hijos, de los cuales Federico era el favorito para convertirse en el próximo Don. Tsuna se maldijo por haber sido tan despreocupado y haber dejado de informarse. ¡Tendría que haber sabido que algo así podría pasar en cualquier momento! Oh, bueno, ahora tenía que centrarse en el problema. Tsuna no quería convertirse en el Don, pero también sabía que si Reborn estaba ahí para entrenarle significaba que el Noveno no iba a cambiar de opinión. Por lo tanto, al menos de momento, tendría que seguir las reglas del juego. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro, si iba a aceptarlo, también podría manejar la situación a su favor. Tsuna sabía de la existencia de los anillos, y de la necesidad de tener Guardianes, y él ya tenía decidido cuáles serían los suyos.
Pero al margen de eso, tenía un papel que interpretar, así que tras abrir mucho los ojos con una sorpresa no tan fingida, Tsuna soltó un grito.
—¿¡Qué!? ¿He...heredero? ¿Qué son los Vongola? ¿A...asesino?—y con eso Tsuna se esforzó en aparentar intimidación mientras se ocultaba detrás de la silla.—¿Ha...has venido a...?
Reborn supo que iba a decir incluso antes de que terminase la frase. Hizo un sonido desaprobador, y se cruzó de brazos.
—He dicho que voy a convertirte en un perfecto heredero para los Vongola, Dame-Tsuna, ¿como podría cumplir mi misión si te mato primero?
Tsuna contuvo una sonrisa ante el tono irritado del asesino y se forzó a sí mismo a asentir. Había oído hablar de los métodos de entrenamiento de Reborn. Dino Cavallone, sin irse más lejos, era un completo desastre antes de que Reborn apareciese en su vida. El problema era que el asesino no parecía tener ningún tipo de piedad con sus alumnos, poniéndolos en muchas ocasiones en situaciones de vida o muerte para sacar su máximo potencial. Tsuna no estaba seguro de si eso sería algo positivo o negativo, pero tenía claro que los siguientes meses de su vida iban a ser caóticos. Como fuera, el chico se apoyó contra la pared en un aparente estado de shock.
—¡Pero yo no quiero ser jefe y mucho menos de una mafia!—Tsuna permitió que su voz subiera de tono.—¿No hay nadie más que pueda...?
—No, eres el único descendiente que queda, por tanto, tienes que convertirte en el Décimo.—Reborn le dirigió una mirada evaluadora.—No merece la pena luchar contra el destino, Dame-Tsuna.
—No creo en el destino.—murmuró Tsuna.—¡Y deja de llamarme así! ¡No pienso relacionarme con nada de la mafia!
Y con eso salió dando un portazo. Podrían haberle concedido un Óscar a la mejor actuación del año, se la merecía. Tsuna salió a la calle sin molestarse en despedirse de su madre. Tenía que darse prisa y hablar con el resto del grupo. Reborn seguramente decidiría darle algo de espacio para que Tsuna pudiera acostumbrarse a la idea de estar involucrado con la mafia - Tsuna casi se ríe ante ese pensamiento, había tenido demasiado tiempo para su gusto - , tiempo que el chico tenía que aprovechar para informar de los cambios. Tendrían que andar con mucho cuidado a partir de ahora, especialmente cuando salieran para hacer misiones. Ah, riesgos. Tsuna podía sentir la adrenalina recorriendo sus venas en ese momento. Quisiera aceptarlo o no, a partir de ahora su vida iba a ser mucho más interesante. Extrema, diría Ryohei, y esa vez Tsuna sí acabó riéndose.
—Su último ataque fue dirigido contra la base japonesa de los Kozlov. Según el informe robaron una de las reliquias de la Famiglia; Flies...
—Una daga capaz de absorver Llamas de la Última voluntad y utilizarlas como veneno, pasada de generación en generación desde el primer Kozlov. ¿Estado?
—Han enviado a tres de sus mejores asesinos contra ellos, pero dudo que los encuentren. Hasta ahora nadie ha conseguido seguir su rastro.—no hubo respuesta en el otro lado, así que el hombre suspiró.—¿Hay alguna razón para que me hayas llamado a estas horas, Reborn?
—Quiero que lo prepares para el próximo ataque. Me encargaré personalmente de esto. ¿Podrás hacerlo?
—¿Lo dudas?
—¿Tengo que recordarte lo que pasó en Berlín?—silencio.—Eso supuse. Tenlo listo para mañana como máximo, enviaré a un conocido a recogerlo.—Reborn alzó imperceptiblemente la comisura de la boca.—Y, ¿Verde? Si está envenenado, lo sabré.
Colgó antes de que el otro tuviera tiempo de contestar. Sabía del odio que le profesaba, y la determinada obsesión que tenía con asesinarlo, pero en ese momento no había tiempo para ese tipo de tonterías. Reborn bajó su fedora para que le cubriera los ojos antes de salir del cuarto.
Tsuna se apoyó contra la pared conteniendo un suspiro mientras esquivaba una tonfa directa a su cabeza. A veces se preguntaba qué había hecho tan terrible a lo largo de su vida como para merecerse esto. De alguna forma, pese a que había insistido en que tenía algo importante que decirles, todos sus compañeros habían terminado discutiendo por...sinceramente, Tsuna ni siquiera sabía porqué. Lo único que sabía era que cuando había entrado al piso lo habían recibido con bombas, gritos y la amenaza de ser mordido hasta la muerte. Por los trozos de conversación que pudo captar en medio del caótico escenario que tenía delante, Tsuna entendió que Lambo había vuelto a irritar a Gokudera y este, tan impulsivo como siempre, había decidido que volarlo por los aires era una buena idea. Al final Hibari se había hartado del ruido, Ryohei tuvo la extrema necesidad de demostrar sus extremas habilidades y Yamamoto simplemente había tenido que defender su vida. Chrome e Irie eran los únicos que estaban sentados en el sofá observando la pelea con una sonrisa tranquila. Tsuna les dirigió una mirada exasperada, ante lo cual la chica simplemente sonrió. Tsuna chasqueó la lengua antes de sentarse con ellos. No merecía la pena intentar separarlos mientras discutían, Tsuna había aprendido eso hacía mucho tiempo.
La disputa continuó durante casi diez minutos antes de que Yamamoto consiguiera calmar los ánimos. Ryohei siguió gritando que había sido un entrenamiento extremo, y Gokudera acabó lanzandole dinamita a la cara para que se callase. Hibari tomó cartas en el asunto y le dio un tonfazo - no había otra forma de definirlo - en las costillas. Finalmente consiguieron calmarse y se acomodaron cada uno en su sitio. Tsuna los miró con una sonrisa divertida antes de sacudir la cabeza. Tampoco merecía decirles nada, ellos eran así y no iban a cambiar por mucho que lo intentasen. En cierto modo Tsuna lo prefería así. Las única vez que los había visto serios fue en esa dichosa misión en Berlín, y, de verdad, no quería repetir esa experiencia. Tsuna esperó un par de minutos más a que las últimas conversaciones - discusiones - se acallasen y miró a Irie de reojo, asintiendo.
—Tras meternos en la base de datos de los Vongola, Spanner y yo hemos encontrado cosas que deberías saber.—Shoichi miró dudoso a Tsuna que volvió a asentir.—Todos los hijos del Noveno han muerto, lo que deja como único heredero...
—...al jefe.—completó Chrome en un susurro.
—Jaja, eso es fantástico Tsuna.
—¡No digas tonterías, fanático del béisbol! ¡¿No ves que Tsuna no quiere convertirse en el Décimo?!
—Ese no es el problema.—murmuró Tsuna llevandose una mano al pelo.—Timoteo ha enviado a Reborn para entrenarme. Va a vivir en mi propia casa.
—¡Extremadamente inesperado!
—Hn.
—Yare, yare...eso sí es un problema. ¿Qué vas a hacer, Tuna?
Inconscientemente Tsuna le dio un golpe amistoso a Lambo.
—No me llames Tuna.—le riñó con una sonrisa.—No hay mucho que pueda hacer. Soy el único heredero con vida al parecer, aunque...por alguna razón no han contado a Xanxus como posible heredero.
—¡Spanner y yo nos encargaremos de investigarlo!—exclamó Shoichi, y se llevó una mano al estómago casi al instante. Los nervios nunca le habían sentado bien.
—No quiero convertirme en el Décimo, pero vamos a tener que seguirles el juego. De momento, y solo por si acaso, quiero mostréis algo de habilidad delante de Reborn. En caso de que no pueda evitarlo no aceptaría a nadie más como Guardián.
Desde el fondo de la sala Kyoya lanzó un "hn", que Tsuna asoció como lo más cercano a un "sí" que obtendría del jefe del Comité Disciplinario. El resto del grupo asintió con entusiasmo, salvo Ryohei que gritó extremadamente alto, y Chrome, que lo miró con algo de duda en los ojos.
—Pero...
—Tu caso es diferente, Chrome, no te preocupes. Estando la situación como está, creo que tanto tú como él podéis contar como Guardianes.—Tsuna le sonrió.—No te preocupes, confío en ti. ¿Algo más Shoichi?
El chico pelirrojo asintió con aire algo dudativo.
—Tenemos que estar alerta no solo por Reborn, sino porque quien sea que haya asesinado a los otros herederos, va a venir a por ti también, Tsuna. Solo es una cuestión de tiempo.
Al final decidieron que postergarían sus misiones durante un par de semanas mientras se ajustaban a su nuevo estilo de vida, y esperaban cualquier posible ataque contra Tsuna, quien había sentido algo de desconfianza ante las sonrisas que se estaban dirigiendo sus amigos. Siempre, y recalcaba siempre, que sonreían de esa manera, algo malo acababa sucediendo. Algo que por alguna razón lo fastidiaba a él.
La confirmación vino por la mañana cuando, en vez de por su despertador, su madre, o Reborn, Tsuna se despertó ante un repentino peso sobre su pecho. Entreabriendo los ojos y poniéndose una mano delante para no ser deslumbrado por el exceso de luz, Tsuna intentó fijar la mirada sobre la sombra que tenía encima. Pelo negro, un ojo cerrado, camiseta medio abierta...
—¡LAMBO, QUÍTATE DE ENCIMA AHORA MISMO!
—No hace falta que me grites, Tuna.—Lambo rodó sobre sí mismo para caer de pie en el suelo. Tsuna frunció el ceño.—El desayuno está servido, deberías bajar.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¡Estás corriendo un riesgo enorme!
Lambo no respondió, se limitó a sonreírle de forma burlona antes de bajar. Tsuna se quedó un rato tumbado en la cama antes de ponerse en pie mientras maldecía, de nuevo, entre dientes. ¿Ahora como se suponía que debía explicarle a Reborn que conocía a un ex-miembro de los Bovino? ¿En qué demonios estaba pensando Lambo? Agh, se suponía que al menos en su casa podía sentirse a salvo. ¿Qué había hecho para merecer esto?
Su irritación no hizo más que aumentar al bajar y encontrarse el comedor ocupado no solo con su tutor, el idiota de Lambo y su madre, sino también por Bianchi, conocida como Escorpión Venenoso, y una a-veces-asesina china llamada I-Pin. Tsuna se limitó a mirar al techo alzando ambos brazos en un gesto de exasperación. ¿Qué había hecho para merecer esto?
—¡Tuna!—lo saludó Lambo, al parecer sin importarle en lo más mínimo que Reborn estaba delante y que estaba metiendo en un auténtico problema a Tsuna.—¡Mira! ¡Ella es I-Pin, una buena amiga mía!
Tsuna le dio un manotazo en la nuca a Lambo para expresar su desacuerdo con su presencia ahí. Reborn ni siquiera había levantado la mirada del plato, pero Tsuna no necesitaba verlo para saber lo que estaba pensando; su hiper intuición se estaba volviendo loca en ese momento y el chico sabía lo que eso significaba. Ah, demonios, Tsuna se preguntó por tercera vez consecutiva en ese día que había hecho para merecer esa tortura. ¿Y porqué demonios estaba Bianchi en su casa? No, más importante, ¿porqué su madre le había ofrecido cobijo a ese grupo de supuestos desconocidos? Cualquier día a acoger a un psicópata sin saberlo. Definitivamente, Nana sobrepasaba los límites de la ingenuidad. Tsuna estaba tan ocupado en sus propios pensamientos que casi se mete una cucharada de cereales a la boca.
Palabra clave: casi.
Justo cuando estaba a punto de comérselo se percató de que, curiosamente, sus cereales, habitualmente amarillos, hoy parecían violetas. Y tenían un bonito decorado gusanil, porque, al parecer, no podía tener ni un maldito desayuno en paz. Tsuna apoyó de nuevo el bol en la mesa, con una tranquilidad que no presagiaba nada bueno, y los miró a todos uno por uno, su mirada deteniéndose apenas una fracción de segundo más en Bianchi.
—Muy bien. ¿Porqué mis cereales parecen raticida y quien pensó que sería divertido hacerlo?—Lambo se atragantó con su vaso de leche. El maldito se estaba divirtiendo.
Tsuna, ocupado lanzandole miradas asesinas al otro adolescente, observó un objeto volador no identificado (no se atrevía a decir OVNI, algo le decía que de hacerlo, Gokudera saldría de debajo de la mesa gritando cosas sobre invasiones alienígenas) acercandose a una peligrosa velocidad a su cara, así que hizo lo que cualquier persona con algo de sentido común hubiera hecho; lo esquivó, se puso en pie de un salto y se preparó para la pelea. Segundos después se arrepintió de haberse movido. Tanto Reborn como Bianchi lo miraron como si le hubieran salido antenas de la nada, y Tsuna se golpeó mentalmente. Se suponía que no tenía ningún tipo de habilidad física, igual que se suponía que no tenía relaciones con la mafia. Estúpido Lambo y su forma de hacer que su instinto saltase a la superficie de nuevo. Tsuna se relajó y miró hacia Bianchi en espera de una explicación...
—¡Oh, Reborn, no puedes quedarte aquí!—...y Bianchi lo ignoró y se dirigió al asesino.—Tienes que volver conmigo a Italia, no deberías estar aquí cuídando de un niño...
—Ya te lo he dicho, Bianchi, me ha sido encargada la misión de convertir a Dame-Tsuna en un buen jefe. Tengo que quedarme aquí.—A mí no me importaría que te fueras, en realidad.—No creo que a Nono le gustase descubrir que has matado a su último heredero.—agregó tranquilamente Reborn mientras Bianchi apuntaba a Tsuna con su Poison Cooking—Quizá lo mejor sería que te quedases por aquí. Puede que el idiota de mi estudiante necesite ayuda con historia de la mafia.
—¡Reborn! ¡No ofrezcas mi casa a extraños como si fuera tuya!
—¡Eso sería maravilloso!
—¡Mi casa no es un maldito hotel!
—Entonces está decidido.
—¡Pero...!
—¡Perfecto! ¡Traeré mi equipaje aquí!
—Lambo, I-Pin, vosotros podéis verme, ¿verdad? No me he vuelto invisible ni soy un fantasma, ¿no?
—Deja de gimotear, Dame-Tsuna, y ve a vestirte. Tenemos que entrenar antes de clase.
Al final su humor decreció a pasos agigantados. No solo no había tenido tiempo de desayunar sino que estaba empezando a descubrir las tendencias sádico-espartanas de Reborn. El asesino había decidido que tenían que entrenar su resistencia primero, para lo cual le colocó una mochila de cinco kg en la espalda y le ordenó correr a máxima velocidad por todo el vecindario. Tsuna, que no estaba acostumbrado a ese tipo de entrenamiento, se sintió agotado antes de hubiera pasado un cuarto de hora. En consecuencia su querido tutor creyó que se recomendable darle algún tipo de motivación, cosa que podía traducirse de la siguiente manera: Reborn había supuesto que algo así pasaría, así que puso carne congelada en la mochila, y después se limitó a soltar a un par de dobermans para que persiguiesen a Tsuna, quien redescubrió el significado de correr por tu vida.
El resultado fue que cuando Yamamoto y Gokudera aparecieron en la puerta para acompañarle a clase, Tsuna se vio obligado a apoyarse en ellos, sin ni siquiera preocuparle el hecho de que Reborn seguía observándolos con una expresión indescifrable en el rostro. Estaba demasiado cansado como para que le importase. Tsuna no se molestó ni en levantar la mirada cuando Kyoko, la hermana pequeña de Ryohei, los alcanzó por el camino.
—¡Buenos días Takeshi, Hayato, Tsuna!—los saludó alegremente.—¿Qué tal?
Tsuna gruñó algo en la línea de "cansancio" y "muerte" mientras Yamamoto iniciaba una conversación amistosa con Kyoko. Gokudera estaba muy ocupado fumando nerviosamente un cigarrillo como para prestar atención a la conversación. Tsuna le había comentado que su hermana estaba usando su casa como hotel personal y al parecer no se lo había tomado demasiado bien - cosa comprensible teniendo en cuenta su historia familiar, se dijo Tsuna. Durante el camino el estado de ánimo de Tsuna había mejorado notoriamente, y para cuando entraron en el terreno escolar, estaba riéndose de nuevo con sus amigos. Todo hasta que su instinto le gritó que se agachase para esquivar un puñetazo procedente de su espalda. Tsuna se giró para encontrarse con un furioso Mochida.
—¡SAWADA!—en realidad, tacha lo anterior. Furioso era claramente una forma suave de decirlo.— ¡TE RETO A UN DUELO POR EL HONOR DE KYOKO!
—¡¿Quién te crees que eres para hablarle así a Tsuna, Mochida?!—exclamó Gokudera haciendo un amago instintivo de sacar dinamita, pero conteniéndose en el último segundo gracias a Yamamoto.
—¡SAWADA ESTÁ ENAMORADO DE KYOKO! ¡Y ella es mía!
Silencio incómodo. Tsuna estaba redescubriendo el significado de muchas expresiones ese día. De pronto, tanto él como sus tres amigos empezaron a reírse. Entre las carcajadas Yamamoto se las ingenió para informarle a Mochida de que llegaba unos tres años tarde. Por que, sí, Tsuna había estado enamorado de Kyoko, pero eso había sido cuando tenía diez años. La risa solo hizo que Mochida se ruborizase y se enfadase más, viendo que había hecho el ridículo frente a todo el instituto.
—¡Estás mintiendo!—insistió furioso.—¡El nuevo profesor me lo dijo!
La risa se le estancó en la garganta. Ese maldito manipulador...
—¿Y porqué iba un profesor a cotillear sobre los alumnos, Kensuke? Te ha engañado, ahora mismo debe estarse riendo de ti. De hecho, todos nos estamos riendo de ti. ¿Te importaría dejar de hacer el ridículo y quitar de en medio? Tenemos clases ahora mismo.
Tal como Tsuna había esperado sus palabras solo sirvieron para que el ya furioso capitán del club de kendo se lanzase contra él. Tsuna dio un paso a la derecha deliberadamente, esquivandolo, y le puso la zancadilla. Mochida cayó al suelo, se puso en pie e intentó atacar de nuevo a Tsuna, que simplemente lo esquivó y le dio un puñetazo en el pecho, haciendo que se cayese al suelo de nuevo, esta vez con algo de dificultad para respirar. A su alrededor sus compañeros se habían quedado con la boca abierta; nunca hubieran esperado que Tsuna, siendo un desastre en los deportes, tuviera algún tipo de posibilidad contra el capitán del club de kendo.
—¡Así se hace, Tsuna! ¡Demuéstrale quien es el mejor!—lo alabó Gokudera.
—¡No deberías hacer cosas tan peligrosas!—lo regañó Kyoko automáticamente, aunque estaba sonriendo, por algún motivo.
—La próxima vez que decidas atacar a Tsuna tendrás que enfrentarte a un bate primero.—dijo simplemente Yamamoto con una sonrisa que no pegaba con la seriedad de su mirada.
Tsuna sacudió la cabeza. No era necesario que se pusieran tan serios, a fin de cuentas, había pasado por cosas peores. Aún así no pudo evitar sonreír ante la demostración de lealtad que acababan de hacer. Era por eso que confiaría en ellos para cualquier cosa. Tsuna se giró para observar a su alrededor: gente asombrada, Reborn apoyado en una puerta, Hibari acercándose con las tonfas en la mano, Ryohei gritando extremo de fondo. Síp, todo parecía normal.
Espera.
Hibari con las tonfas.
...
...
...
Mierda.
—¡Hibari! ¡No! ¡Espera! ¡Todo esto tiene una explicación!
—Vas a ser mordido hasta la muerte, Omnívoro.
—Calma, calma, Hibari...Mochida atacó primero, ¡así que esto solo era defensa propia!
—¡Si le pones un dedo encima te...!
—¡Si vais a hacer un entrenamiento AL EXTREMO me apunto!
—¡No! ¡Nadie va a hacer nada! ¡Hibari, baja las tonfas! ¡Deja de provocarle, Gokudera! ¿¡DE DÓNDE DEMONIOS HAS SACADO ESOS GUANTES DE BOXEO!?
Mientras la discusión aumentaba Reborn los observaba desde una esquina. Aunque según los informes Sawada Tsunayoshi no tenía ningún tipo de habilidad física, había sido capaz de derrotar al capitán del club de kendo y de esquivar la técnica especial de Bianchi. Aunque según los informes, Tsuna no debería conocer ni a Ryohei ni a Hibari, parecía tener basante confianza con ambos, aunque era una confianza que, por alguna razón, estaban intentando ocultar. Aunque según los informes tampoco debería tener contactos con la mafia, conocía a Lambo Bovino, desde hacía bastante tiempo, al parecer. Reborn bajó su fedora ensombreciendo su mirada. La forma en que interactuaban entre ellos se le hacía familiar, pero no era capaz de averiguar de qué. Lo que si sabía era que su alumno estaba ocultando algo grande y él iba a averiguarlo.
Tsuna regresó practicamente a rastras. Al final había sido imposible evitar la pelea, y Hibari había acabado mordiéndolos a todos hasta la muerte, lo que solo había provocado que el genio de Gokudera saliese a la luz e intentase atacar a Yamamoto. Al menos habían tenido el sentido común de no usar las típicas armas que usaban en las misiones. Chrome siempre utilizaba ilusiones para cubrir las tonfas de Hibari, así que de momento todo debía estar bien. Con suerte, se dijo, podría sacar algo bueno de todo eso. Reborn los había visto y su intuición le decía que no sospechaba nada de su verdadera identidad todavía, con lo que a lo mejor serviría para que sus compañeros ganasen puntos en la labor de convertirse en sus Guardianes. Tsuna no permitiría que nadie más que ellos cumpliera esa función. Tsuna solo confiaba en ellos, incluso en Hibari y él era el más distante del grupo. Tsuna suspiró antes de entrar en su casa...para ser recibido por una bala directa a su cabeza. Tsuna la esquivó por muy poco y miró con confusión al interior, solo para encontrarse con un aparentemente irritado Reborn y un cada vez más divertido Lambo.
—Yare, yare...que cará único que digo es que los sombreros de fedora dejaron de utilizarse en el siglo XX.— la sonrisa de su amigo aumentó.—y que las Glock 45 son para nostálgicos. No entiendo porqué tanto escándalo, no hay nada de malo en hacerse viejo.
Otro disparo. Tsuna observó la escena con incredulidad. Lambo siempre había sido el más cobarde del grupo, así que, ¿porqué estaba provocando deliberademente a un asesino que no tendría el más mínimo arrepentimiento a la hora de matarlo? Parpadeo. Su vida no tenía sentido. Tsuna suspiró.
—Reborn, ¿te importaría dejar de dispararle? Si lo matas tendré que buscarme un nuevo amigo idiota y molesto.
—Ya tienes un amigo así, Tuna.—Gokudera, por supuesto, ¿algún día podrán llevarse bien?—Además Reborn no puede matarme. A Mamá no le gustaría.
Ah, así que es eso. Inmunidad diplomática. Bien jugado, Lambo.
Aunque eso hizo que Reborn guardase la pistola, no le impedió meterle una patada a Lambo. Una vez se hubo desquitado se dio la vuelta y subió al cuarto de Tsuna, no sin antes llamarlo a él diciendo que tenían cosas de las que hablar. Lo que la mente de Tsuna tradujo como "estás a punto de morir, despídete de la vida". Tsuna gruñó. ¿Porqué a él? Lambo le dio un golpecito de animo en la espalda pero Tsuna le gruñó. Todo era culpa suya, ahora tendría que explicar porqué conocía a un Bovino y...
Abrió la puerta para ser, de nuevo, recibido por una bala. Tsuna la esquivó como un acto reflejo. ¿Porqué hoy todo el mundo estaba tan empeñado en atacarle? Se miró por encima del hombro, solo para asegurarse de que Lambo no le había puesto un cartel de atácame como broma. Nop, no había nada, pero Tsuna seguía sintiendose como una diana con patas. En serio, la gente tenía que empezar a relajarse, no se podía ir así por la vida.
—¿Era realmente necesario dispararme? ¿Otra vez?
Reborn no perdió el tiempo; lo cogió por el cuello de la camiseta y lo estampó contra la pared, apoyando el brazo contra su cuello para impedir que se moviera. Tsuna solo pudo parpadear. Incluso después de todo ese tiempo, la diferencia de nivel entre ambos era increíble.
—¿Quién eres?
—La...la reencarnación de...un Dios.—replicó con sarcasmo Tsuna, aunque sonó menos burlón debido a la posición en que se encontraba.—¿Qui...quién vo...voy a ser?
—Sawada Tsunayoshi es un inútil en cualquier tipo de actividad física sin ningún tipo de contacto con la mafia.—Tsuna estuvo a punto de sonreír pero consiguió contenerse.—Así que, ¿porqué tienes buenos reflejos y conoces a un Bovino?
—E...ex Bovino.—corrigió Tsuna automáticamente. Reborn lo soltó con brusquedad sin dejar de apuntarle con la Glock.
—¿Qué?
—Ex-Bovino.—repitió esta vez más alto.—Nos conocimos poco después de que abandonase a su Familia y me lo contó todo, desde...desde entonces hemos sido amigos y hemos entrenado de vez en cuando, es solo que no me gusta demostrarlo públicamente y...
La mirada de su tutor se oscureció y Tsuna cerró la boca, casi esperando que le disparase en ese mismo momento. Tras lo que se le antojó como una eternidad de silencio, Reborn guardó de nuevo la Glock.
—Juega con fuego y te acabarás quemando, Dame-Tsuna.—le advirtió Reborn con una voz totalmente seria y fría.—Estás ocultando algo y pienso descubrirlo.
Reborn salió de la habitación sin darle tiempo a réplicar, pero Tsuna se quedó en el suelo intentando contener la sonrisa sarcástica que luchaba por salir a su rostro. Que un asesino le dijera que estaba ocultando algo, cuando el día anterior le había ocultado deliberadamente la muerte de tres personas no tenía precio. Y para todo lo demás, pensó burlonamente, recordando un viejo anuncio que había visto en la televisión, mastercard.
Muchas gracias por todas las respuestas y favoritos :DD Aquí dejo el siguiente capítulo, aunque no me convence demasiado...pero, en fin, espero que os guste ^^ Siento el chiste malo de mastercard, simplemente tenía que hacerlo xD
