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Anduin Wrynn escapó de la seguridad de Stormwind para aventurarse a la costa quebrada. Muchos dirían que se trató de un capricho infantil, el simple deseo de un niño para llamar la atención, pero, ¿era cierto? Sabía que la sombra de su padre opacaría cada acción que lograra, siempre lo compararían con Lo'Gosh, nunca sería más que el hijo del lobo. Jamás buscó resaltar por sus heroicas acciones, él era feliz alejado del mundo, sumido en las enseñanzas sobre la luz que veneraba, pero su mundo cambió dramáticamente... ahora Varian estaba muerto y él se vio obligado a tomar el trono y posiblemente el mando de la alianza. Nadie tenía fe en sus capacidades y no podía juzgarlos, él mismo se sentía incapaz de liderar a las distintas facciones bajo el escudo del león; cada raza tenía un modo distinto de pensar y de actuar y lograr que estuvieran de acuerdo en algo era todo un logro, admiraba eso de su padre. Genn Cringris también admiraba a Varian, se atrevió a pensar que eran tan cercanos como él y Velen; las palabras del huargen calaron duro en su orgullo, "él no vio el sacrificio que hicieron sus soldados...el que aún siguen haciendo"... Tenía razón, y estaba ahí para cambiar eso.

Sacó la brújula que le habían entregado en el castillo para ubicarse, era la misma que su padre usó desde que se la había obsequiado, antes de atracar en Pandaria; admiró su propia imagen en ella, un dibujo de cuando era niño le devolvió la mirada con burla, era como si él mismo se estuviese juzgando. Borró esos pensamientos de su cabeza, necesitaba centrarse en su cometido. Decenas de espíritus de los aliados lo rodearon, clamando el eterno descanso que les fue negado por la forma tan violenta de sus muertes entre los demonios de la legión; Anduin elevó una plegaria en sus nombres e intercedió por ellos ante el poder de la luz para que dejaran el plano terrenal al que ya no pertenecían, era lo mínimo que podía hacer por ellos... se sintió inútil, jamás estuvo en una batalla como la que se libró en ese lugar y no se sentía capaz de liderar un ejército, ¿qué clase de rey sería, si ni siquiera estaba frente a sus tropas? Esta vez ya no estaría bajo el manto protector de su padre, ni de guerreros como Tirion o Bolvar, aún asimilaba eso.

El Adalid lo llevó al lugar donde el lobo cayó y divisó las siluetas de Cringris y Velen, se acercó en silencio para escuchar sus palabras, no le sorprendió que estuviesen hablando nuevamente de él.

— Aquí es donde murió su padre.

— El joven jamás conoció los horrores de la legión, como nosotros.

— No... es verdad. — Se mostró frente a ellos, ya no tenía caso seguir ocultándose. Se intimidó un poco ante la colérica mirada de Genn y la sorpresa de su maestro, pero siguió caminando, jamás volvería a encogerse frente a alguien.

— Anduin...

— ¡¿CÓMO PUDISTE MARCHARTE?!

— Tenía que venir.

— Muchacho, no tienes que ver esto.

De nuevo trataban de protegerlo, pero esta vez no se negaría al dolor ni a la verdad. Imágenes de los fatídicos sucesos abrumaron su mente: la retirada de la horda, el sonido del acero atravesando carne y hueso, la forzada huida de la alianza, Gul'dan invocando a un fel reaver y el sacrificio de su padre.

— Padre...

Sintió su dolor al momento de ser atravesado por la espada del enemigo, la impotencia ante la derrota, su agonía al ser destruido por la magia vil del orco... fue demasiado para él y cayó de rodillas, justo donde las cenizas de su padre fueron esparcidas por el viento. Una parte de Shallamayne estaba oculta entre el polvo, inactiva por la pérdida de su dueño, esa espada era el único testigo de todo el sufrir de su padre en ese lugar.

— Nunca te rendiste... ni siquiera aquí, en el final. — Cedió ante el llanto, ¿cómo iba a ser capaz de soportar el mismo sufrimiento que su padre? — No puedo ser el héroe que tu fuiste... no puedo ser el rey que tu fuiste...

— Anduin, las acciones de tu padre fueron verdaderamente heroicas. Fueron un desafío para nosotros, su pueblo, para que nunca dejemos que el miedo nos venza... ni siquiera ante las puertas del infierno.

Genn se arrodilló a su lado y le entregó la espada que no quiso tomar, iba a agradecer sus palabras pero un gran resplandor lo cegó; ya no estaba en la costa quebrada, ¿En que lugar se encontraba? Reconoció los monumentos del valle de los héroes y Varian estaba frente a él, mirándolo como solo un padre puede observar a su hijo. Se veía tan imponente y fuerte, tal cual lo recordaba. Se sintió insignificante a su lado y desvió la mirada, avergonzado de las lágrimas que aun cristalizaban sus ojos.

— ¿Qué se supone que debo hacer ahora?

— Lo que un rey debe hacer.

Era todo lo que necesitaba escuchar, alguien tenía fe en él y eso bastaba para que su determinación se cimentara, sería digno de volverse el rey de Stormwind, porque su padre sabía que podía hacerlo. Todas las dudas desaparecieron de la mente de Anduin, ya no se escondería en el castillo ni evitaría la guerra, para obtener paz se debe estar dispuesto a luchar por ella y él lo haría, como todos los Wrynn antes que él. Genn miró la determinación en los ojos de su nuevo rey, el azul que antes lucía tímido ahora resplandecía valía ante la luz de la vieja espada elfica de Varian, Shallamayne lo reconoció como alguien digno de ser líder de la alianza, él también lo haría.