Hola!
Una actualización súper rápida (quien no me conoce, asumo que se caerá de la silla jejeje)
En este cap, aparecen algunos personajes nuevos (los relacionados con el mundo mágico son reales, ya que los saque de los libros) los muggles, sólo son fruto de mi imaginación.
Disfruten el cap. Y no olviden dejarme un regalito.
Gise
CAPITULO II – QUIEN LLAMA, DISPONE
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Un pequeño grupo de magos adolescentes se apostaban en el vestíbulo del Ministerio. Les habían pasado el chivatazo que los miembros del Holyhead Harpies llegarían en cualquier momento, para un discreto homenaje en el Departamento de Juegos y Deportes Mágicos y lograron colarse, como visitantes del club de Gobstons. Los muchachos tenían bufandas verde oscuro, el color de su equipo, y las muchachas, insignias con sus jugadoras favoritas. Ginny con túnica verde, sonriente, saludaba agitando la mano desde uno de estos emblemas.
–¿Crees que Harry Potter la esté acompañando? –vociferaba una chica con gafas hacia la chica con coleta junto a ella–. Los podría retratar a ambos con mi cámara. Sería como haber tomado un trago de Felix Felicis por la mañana. ¡Quizás hasta se den un beso!
–¡Claro que están juntos! –rugió para hacerse oír, la chica de la coleta–; porqué recién tienen tres meses de casados. ¡Es más que obvio!
–¿Nos dejarán entrar? Digo, somos el Club Oficial de admiradores de las Holyhead Harpies. Tenemos más de tres horas esperando que nos inviten a ingresar. Además somos el único club reconocido por el ministerio… tienen que hacerlo.
–Yo me conformo con que Ginny y Gwynet salgan y autografíen mi quaffle –intervino chillando una niña pequeña.
Un mago salió de la puerta principal hacia el vestíbulo con la varita dentro de la túnica color azul marino. Era el encargado de mantenimiento y era la segunda vez que le hacían ir hacia aquella turba de hormonas para pedirles que se dejaran de arrojar snitchs y sobre todo, para que dejaran los gritos ensordecedores.
Reginald Cattermole caminaba con paso risueño, a pesar de que tenía que ir a solicitarles, otra vez a aquellas personas, que bajaran la voz y se calmaran un poco. No le molestaba, para nada, pues también era fanático de las Arpías y estaba impaciente por darse una vuelta por el salón de recepciones. Rodeó la fuente, cavilando como lograría llegar hacia Gwynet MacFarlan para pedirle una foto autografiada cuando poco le faltó para estrellarse contra un muro de carne que apareció de improviso frente a él.
Bernie Pillsworth le dedicó una mirada insociable. Terminó de pasar una de las grageas Bertie botts que estaba degustando, aunque le quedó un poco de almíbar en la barba negra.
–Otra vez tenemos que calmar a esta turba, –refunfuñó molesto, haciendo un gesto con la mano para que continuaran caminando-. Detesto estos tumultos y a los tumultuosos…destrozan todo y no los puedes amenazar con la varita. Sobre todo cuando se trata de menores de edad eufóricos.
–Tranquilo, Bernie, tienes que entender a los jóvenes. Las "doble H" han ganado el campeonato europeo por segundo año consecutivo. Eso hace delirar a la juventud. Además –acotó al ver que el semblante de fastidio de Bernie Pillsworth no mejoraba–, me dijeron que también enviarían a otra persona para hablar con ellos. Mira creo que es ella –señaló hacia los ascensores. Ambos detuvieron la marcha.
Una joven de cabellera marrón, caminaba con paso decidido hacia el grupito de chicos. La túnica negra ondeaba con cada paso que daba, dejando ver parte del sobrio vestido gris. Sin titubear se acercó hacia la presidenta del Club, fácil de ubicar debido a su gran gorro verde estampado con un blasón que incluía una garra dorada. Ambos magos observaron en silencio.
–Esa chica es una cría, no creo que pueda hacer nada –Pillsworth sonrió avieso
El intercambio de palabras fue mínimo. A Hermione no le había tomado ni dos minutos hacer que los chicos dejaran el vestíbulo, en forma ordenada y por demás silenciosa. Pillsworth bufó molesto.
–Ya veo porque dicen que será la sucesora de Amelia Bones. Definitivamente esa joven me cae muy bien.
–Bah, lo dices por lo que te pasó hace cinco años. Además sólo es la amiguita de Potter y por eso tiene el nuevo cargo –cortó a Cattermole de inmediato–. En cambio otros, deben hacer el esfuerzo para llegar a trabajar aquí y aún peor: a otros ni siquiera los toman en cuenta.
–Hablas por la herida Bernie, la señorita Granger es una persona muy correcta y de buen corazón.
Y sobre todo, se ha ganado a pulso el empleo. La hija de tu hermana en cambio, postuló pero no logró el empleo. Pero de ello no tiene la culpa la señorita Granger.
–Romilda ya encontró un buen empleo finalmente. Así que no le importa haber sido rechazada por el ministerio. Hace pociones y filtros muy solicitados.
–¿Qué no era por eso que la citaron al Departamento de Accidentes y Catástrofes en el Mundo de la Magia hace unos meses?
Bernie Pillsworth volvió a rumiar como contestación. Dijeran lo que dijeran, el sabía que a la chica Granger la habían aceptado en el ministerio sólo por ser amiga del famoso Harry Potter. Porque tampoco estaban comprobadas, al cien por ciento, las fantásticas hazañas que les atribuían al popular trío. También estaba convencido que Romilda, a la que consideraba casi una hija por que su esposa y él no habían podido tener hijos, era una chica muy competente y extraordinaria, pero que no había podido desarrollar su potencial justamente por la tal Hermione.
Ambos magos se despidieron con un movimiento de cabeza y enrumbaron hacia sus labores.
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La tarde todavía tenía rastros de luminosidad y el cielo estaba completamente despejado, sin nubes de lluvia ni mal tiempo. Pronto empezaría a oscurecer y la temperatura se mantenía agradable. Era la noche perfecta para su negocio.
–Caballero ¿le gustaría sentir la potencia de este Porsche? Estoy segura que es el auto perfecto para alguien como usted…
Emma intentaba "ablandar" al potencial comprador Con la candencia de su voz, sus movimientos corporales, su mirada que irradiaba confianza, lograba separar a los simples curiosos de los posibles clientes. Se acercaba, escudriñaba con la mirada tan rápido como la experiencia le había enseñado, los datos que le permitieran enfocarse en su "presa". Su sentido del análisis por observación era innato a pesar de sus cortos veinticuatro años. Era de aquellas personas que con un vistazo, te leían el alma.
Los vendedores se peleaban entre ellos para hacer dupla con ella, pues significaba una venta fija con las consiguientes jugosas comisiones para ambos. Ella aprovechaba, en franca coquetería, para dejarse halagar con toda clase de detallitos. Perfumes, accesorios, peluches, hasta joyas. Pero ahí terminaba todo. Nunca había cruzado la línea con algún empleado de la firma. Con nadie. Quizás porque muy en el fondo conservaba la esperanza.
Levantó la vista nuevamente, sólo para confirmar si su jefe ya no estaba allí. Pero se equivocó. Desvió la mirada con rapidez y la posó con afectación en el tipo atlético, sentado junto a ella en el Porsche Panamera gris metálico.
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Legeremencia.
Como primera y todavía instintiva reacción, había sentido la necesidad de aplicarla hacía media hora. Divisaba desde su posición a todos los empleados y a lo que ocurría en aquella venta especial, cuando notó a sus dos empleadas susurrando sin dedicarse a sus laborares. Y mirándolo a él. Bastó una mirada suya para restaurar el orden.
Legeremencia.
Después, se le hizo obvio no necesitarla, pues adivinaba el tema de conversación suscitado entre sus dos empleadas. Como cada cierto tiempo, con casi cualquier nueva empleada. Arrugó la nariz con fría arrogancia y desdén.
Con todo, odiaba igualmente no poder controlar todos los aspectos de esa vida que tenía ahora. Apretó el puño dentro del pantalón por una milésima de segundo, luego relajó la mano y acarició distraídamente la llave de su Audi R8 V10. Dio una pitada más al cigarrillo y apagó la colilla en el cenicero. Tomó una de los resúmenes dejado por Roger, su competente empleado. Las ventas crecían mes a mes y su cuenta bancaria en proporción directa. No podía quejarse. Tenía a un excelente y eficiente grupo de personas…
Muggles
Draco Malfoy exhaló con enojo. Debía dejar de torturarse.
El vibrar de su móvil contra el vidrio del escritorio lo sacó de sus pensamientos. Tomó con fastidio el aparato y abrió el flip. Odiaba que lo llamaran fuera del horario de oficina y mucho menos cuando estaba en su venta especial del trimestre. Desbloqueó el aparato privado.
Escuchó la impasible voz, no sin asombro. Pensó que no recordaría el sonido de esa voz pero invariablemente lo hizo y casi se transportó a su época estudiantil. Pero sin poder evitarlo, también se filtraron en él, imágenes superpuestas, casi palpables: Sus padres, la mansión, su tía Bellatrix, Potter, Weasley, Granger. Rayos verdes, varitas, ojos inyectados, sangre. Y sobre todo, él. El Señor Tenebroso.
Hasta hace un año, un escalofrío recorría su columna vertebral, cada vez que recordaba ese año de su vida. Aunque ciertamente, lo que más le erizaba, eran las reminiscencias de voces de aquel tiempo, que lo pillaban desprevenido y le dejaban un sabor amargo en la boca y el alma. Gritos que retumbaban contra las paredes de su mente, gemidos que emponzoñaban sus sentidos y súplicas, las propias y ajenas; que finalmente desmoronaban su tan conquistado autocontrol.
Agitó la cabeza en un afán por despejarla de aquellas memorias de su pasado.
Que ahora pesaban menos, que se habían vuelto soportables con el transcurrir de los años, era cierto. Lo había logrado. Se concentró nuevamente en las palabras que escuchaba en su celular.
Sólo una tipa como la doctora, podría creerse el cuento de que viví un secuestro muy traumático.
Con todo, y de mala gana, debía reconocer que 3 años de terapia, con la doctora Towel, surtieron efecto. Había conseguido hacer a un lado los recuerdos lacerantes cuando lo atacaban de improviso, justo como ahora le estaba ocurriendo. Entendió que la voz en el móvil, había sido una especie de catalizador para esos recuerdos, pero ahora se sentía en confianza para continuar con esa conversación sin aflicciones. Sólo su ancestral antipatía volvió a inundarlo.
Porque, aunque lo detestara, había esperado esa llamada desde hacía una semana. La cabeza de Nicolás Thorndike se apareció el último sábado en la chimenea de su oficina, como siempre dos veces al mes, para informarle que aparentemente ya no sería su supervisor. Que debido a los ascensos de los últimos meses, se estaban re-distribuyendo las labores y los cargos a los nuevos funcionarios. Draco casi había saltado de su silla gerencial cuando Thorndike le dijo el nombre de su posible reemplazante.
La vida definitivamente era muy irónica.
Faltaban aún cinco días para su cita quincenal. Analizaría bien esa conversación inicial y se enfrentaría de nuevo a esa parte de su pasado. Tenía tiempo para planear aquella detestable visita.
Pero los planes de su interlocutora eran otros. Completa y diametralmente opuestos a los suyos. Sintió la ira crepitar en su interior.
–Hoy no –masculló antes de cerrar con furia contenida el flip de su móvil.
Ella le estaba exigiendo. A él. Era obvio que no se lo permitiría.
El móvil volvió a sonar con insistencia. Malfoy se vio tentado de no contestar y hasta de estrellar el aparato contra la mesa al comprobar el ID de la persona que lo llamaba en la pantalla del móvil.
Lo que daría por hacer polvo aquel aparato.
Draco exhaló ruidosamente antes de contestar.
¡Maldito ministerio!
Volvió a llevarse el aparato hacia él.
Los ojos grises se volvieron apenas dos rendijas mientras escuchaba nuevamente aquella voz. Sus labios eran una línea apretada. Casi se los estaba mordiendo por dentro para impedir que el torrente de palabrotas que giraban en su mente se le desbordara por la boca.
Segundos después, miró su Rolex plateado y apretó tanto la mandíbula que sus perfectos dientes rechinaron. Luego bufó sin cortesía.
–Iré quizás dentro de cuatro horas...
Sus dedos se crisparon en torno al pequeño aparato, casi hasta hacerlo desaparecer, cuando escuchó la réplica inmediata que ella le soltaba. Pasaron unos segundos más, en los que intentó aquietar al monstruo que le arañaba en el pecho por la impotencia de esa absurda situación. Con el mayor autocontrol, logró apenas espetar:
–En quince minutos estaré allí.
Cerró el flip de su móvil y se contuvo apenas para no destrozarlo. Más aún si no había hecho un backup de su agenda comercial desde hacía tres meses. Sería una idiotez perder los números de los clientes.
Cómo deseaba echarle una maldición justo en ese instante.
Pero no podía, ni en ese momento, ni después. Porque ya no tenía varita. No desde hacía cinco años.
Se pasó una mano por la cabellera rubia despeinándola según la moda actual tratando de recuperar el aplomo. Caminó hacia la silla frente a él y tomó su maletín negro junto a su chaqueta de cuero sin prisa, pero con resolución. Salió del área de reuniones para dirigirse hacia su oficina.
Penny, su secretaria, casi dejaba huella por la alfombra del pasillo mientras regresaba apurada de la máquina de golosinas hacia la oficina de su jefe. Era menudita aunque algo entrada en carnes. Cabello lacio y tan delgado que parecían hebras de heno. Su tez blanca contrastaba con los pómulos encendidos que siempre presentaba cuando se dirigía a su jefe. Dejó su milkibar y se asomó con reserva en la oficina principal.
–Señor Malfoy –miró extrañada–. ¿Saldrá hoy?
Le extrañó verlo, apagando su laptop, cerrando las cortinas y cajones de su extensa oficina. Justo el día más importante del último trimestre. Sabía de las historias de sus ausencias, pero nunca las había vivido. Era difícil de creer que él se iba, después de haber planeado minuciosamente ese evento por dos largos meses.
–Distribuya a Roger y a los administradores de los otros locales, estos documentos –habló mientras colocaba un par de sobres en la esquina de su amplio escritorio, ignorando la pregunta.
–Pero señor, hoy es el Motorshow…
–Los sobres verdes son para los administradores –ignoró el interrogatorio nuevamente–, y el plata, para Roger y para –hizo una pausa, tratando de recordar el nombre de su otro gerente.
–Jacob.
La mirada que le dedicó Draco fue suficiente para que las mejillas de Penny estallaran en una gama de rojos dignos de acuarela surrealista. Bajó la vista al no poder contemplar más los acerados ojos.
–Y Jacob –ultimó.
Si hubiera posibilidad de encontrar una secretaria mejor, definitivamente ya la habría despedido porque esa joven no era para nada competente. Pero las que llegaban: o intentaban ligarlo o se enamoraban perdidamente de él. Al menos ésta, ni siquiera tenía esperanza en ello por su problema de autoestima. Gracias a ello, no solía fastidiarlo o atosigarlo. Pero sí que lograba impacientarlo.
Aunque la llamada lo había frustrado más.
Justo hoy, en el Motorshow con más modelos.
–Señor Malfoy –Penny interrumpió los pensamientos, aún cohibida–, la chimenea detrás suyo está brillando…pe-pero no está encendida…
Draco injurió por lo bajo. De la chimenea forrada en piedra que dominaba la oficina, surgió un resplandor verdoso.
–Retírese, Penny. Eso es todo.
–Pero señor Malfoy…
– ¡Fuera!
Penny apenas había alcanzado a cerrar la puerta de la oficina cuando Draco corrió hacia la chimenea. Un tirón hacia adelante lo envolvió rápidamente y lo introdujo hacia el caótico medio de transporte mágico. Los fugaces vistazos de muchas chimeneas y voces entremezcladas bailaron ante sus ojos y le impidió casi cualquier pensamiento coherente.
Casi. Porque muy dentro suyo, como si lo aguijonearan, había espacio para dos palabras.
Maldita Granger.
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Bien, Draco es dueño de una empresa en el mundo muggle. Y Hermione es funcionaria en el ministerio de magia. Y ambos tienen una cita. ¿para qué?...
¿Como será aquel encuentro? Seguirán detestándose como siempre…?
Y sobre la linda Penny. Es una chica con baja autoestima porque es gordita.. Yo diría que más bien es una tonta. Creo que aún no se da cuenta que la apariencia no importa. Lo importante es lo que somos, lo que llevamos dentro y nuestra acciones. Si no, miren a Mary Sue… bella, pero hueca…
No se torturen porque no tienen el cuerpo de una barbie (grrrr), cultiven su intelecto, finalmente , y aunque suene redundante, la belleza se va, pero tu forma de ser, tu capacidad y tus sentimientos son para siempre.
Gracias por los reviews que me dejaron. Aunque aún tenemos un poco de dedos flojillos por aquí jajajaja que leen pero aún no comentan.. Vamos chicas! No se restrinjan, dejen fluir sus opiniones!
Igualmente, gracias a las personas que activaron las alertas para esta historia y quienes la incluyeron en sus historias favoritas a pesar de que sólo es el primer capítulo. Me llena de orgullo.
Son las mejores! Un besote a todas.
Gise.
PD. Este capítulo lo subí un poco antes de lo previsto porque salgo de vacaciones fuera de mi terruño y me desconectaré de todo!! (adiós , facebook, blog , twitter G-reader y demás!!!,). Nos vemos en dos semanas!!!!!
Nuevos y últimos besotes para ustedes.
Pd2. Draco y Hermione : FACE TO FACE!!!! En el siguiente cap!
