Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es propiedad de J.K. Rowling.
Aquí traigo el segundo capítulo y debo dar una advertencia. Este fic es rated M por violencia, osea torturas, que es lo que vais a encontrar en este capítulo. Leed bajo vuestra responsabilidad.
Dicho esto quiero agradecer a la única persona que me ha dejado un review, razón con lo de las comas muchas veces no se exactamente dónde ponerlas. Espero mejorar en ese aspecto Me has motivado a continuar este fic. Me ha hecho mucha ilusión que alguien que realmente sabe de esto me diga que tengo madera. Infinitas gracias. Prometo que la terminaré. Mientras haya aunque sea una sola persona interesada en esta historia seguiré escribiendo.
También quiero agradecer a una personita que agregó mi historia a alertas. Por desgracia borré el correo que me avisaba y no puedo poner el nombre, pero espero que lea esto y que sepa que se le agradece)
Bueno no entretengo más ¡A leer!
§ Diversión §
Observé al Señor Tenebroso caminar lentamente hacia mi. En su rostro había casi una imperceptible sonrisa. Sin duda la captura de la sangre sucia le había complacido mucho.
Lily, al verle dio un par de pasos hacia atrás sin dejar de mirarle.
El Lord me hizo una señal y con un pase de mi varita abrí la verja de la celda de la sangre sucia. Voldemort entró y después le seguí.
-Espero que este todo a tu gusto, querida –Comentó el Lord con burla.
Evans se limitó a seguir mirándole fijamente con una clara mueca de asco en la cara.
Sabía lo que iba a ocurrir ahora. El Lord le sacaría toda la información posible y después la mataría. Yo sería el encargado de hacerlo, muy pocos eran dignos de ser torturados por el Lord. Y esta impura claramente no lo era, cosa que me encantaba. Yo sería quien reduciría a la orgullosa y valiente Liliana Evans a la nada. Poder y superioridad se extendieron por mi pecho. Esto sería el anticipo del futuro que tanto deseaba. La escoria sometida por mi propia varita.
-Bueno ¿Y qué es lo que está tramando el bueno de Dumbledore?- Continuó Voldemort con un tono casual. La mueca de asco de la sangre sucia pasó a ser una sonrisa ladeada y se encogió de hombros.
Voldemort apretó los puños– Parece que te ha comido la lengua la serpiente –Siseó –Pero tranquila, tengo la solución … -Se giró a mirarme– Lucius–Murmuró- Di un paso hacia delante –Dale a Evans una pequeña ayuda, para que recupere el habla.
Asentí y la apunté con mi varita –Cruccio –La maldición dio en el pecho de la impura que cayó de rodillas en el suelo. Su cuerpo estaba completamente rígido y sus ojos cerrados. A pesar del infinito dolor que debía sentir no soltó ni un solo grito. La intensidad de la tortura fue aumentando, debido a mi euforia creciente.
Basta –Dijo Voldemort en un tono molesto. Se acercó a ella y la agarró del pelo. De un brusco tirón hizo que levantara la cara– Los planes de Dumbledore –Repitió.
Para mi sorpresa Evans volvió a sonreír– Yo no se nada –Su voz fue apenas un susurro, debido a la maldición que acababa de recibir.
El Lord la puso de pie tirando de su pelo y conjuró un par de cadenas que colgaban del techo. Cada cadena se amarró a sus muñecas y la elevaron un par de centímetros del suelo.
Creo que aún no comprendes la situación en la que te encuentras, querida –Comentó el Lord dando vueltas alrededor de ella, como un depredador que rodea a su presa– Dumbledore no va a hacer nada por ti –Lily, que hasta entonces me había estado mirando a mi, giró su cabeza hacia Voldemort -¿Por qué seguir guardándole lealtad? Sé un poco inteligente. Cuanto antes me des lo que quiero, antes terminará tu sufrimiento-
Evans estalló en carcajadas e incluso yo tuve un leve acceso de pánico. La impura estaba jugando con fuego y se iba a quemar –No vas a matarme, me necesitas viva –Explico aún entre risas Y si te doy lo que quieres tan fácilmente –Ahora habló con un tono casi cariñoso -¿Dónde quedaría la diversión?
El Lord, que había parado a un lado suyo cuando empezó a reírse, la fulminaba con la mirada. Sujetaba su varita con fuerza, conteniéndose para no lanzarla la maldición asesina –Diversión ehh –Dijo después de un momento. Entonces en movimiento rápido se colocó delante de ella y abofeteó– Pues eso tendrás-
Voldemort se dio la vuelta y se acercó a mi– Veamos hasta dónde la lleva su estúpido orgullo Gryffindor –Me susurró el Lord sólo para que yo lo oyera– Tortúrala hasta que grite– Ordenó. Caminó hasta el lado opuesto de la celda y se apoyo en la pared. Desde allí tendría un visión perfecta del espectáculo.
Una sonrisa absolutamente maligna se extendió por mi cara. Caminé lentamente hasta ella. Tenía la marca de la mano de Lord en una de sus mejillas y me dí cuenta de que movía sus manos compulsivamente. Sin duda el que todo su peso estuviera sujeto por sus muñecas la estaba destrozando.
Ha llegado el momento de saldar cuentas, sangre sucia –Murmuré. Ella me miró a los ojos, con la misma fuerza con la que se enfrentaba a mi cada vez que todo el grupo de Slytherins o yo en solitario la recordábamos cual era su lugar en nuestro mundo.
Evans torció la boca¡Ohh Malfoy! ¿Todavía te duele que te dejara atado en la puerta de la biblioteca con unos dientes gigantescos? -Soltó una carcajada. Mis ojos se estrecharon y me incliné un poco sobre ella, amenazante -¿Herí tu ego de sangre limpia? -Continuó con una sonrisa burlona.
Dí un paso hacia atrás, la maldita me estaba dejando en evidencia delante del mismísimo Señor Tenebroso¡Cruccio! -Grité con odio y furia.
Su cuerpo se retorció contra sus ataduras doblándose en ángulos casi imposibles. Pero a parte de esos movimientos completamente involuntarios y algunos quejidos o gruñidos, Evans no dio muestras de sufrimiento.
Paré la maldición para un momento después reanudarla. Iba a pagar por esa humillación y por todas por las que ella me había hecho pasar.
Un largo rato después bajé mi varita, con la respiración acelerada por el esfuerzo mental que estaba realizando. Canalizaba toda mi ira, furia y odio en la maldición para que tuviera todo la fuerza posible.
Miré a Evans. Tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta supuse que luchando por respirar. Su pecho se movía con rapidez. De sus labios salía un hilo de sangre, se los había mordido para no gritar. Por sus brazos también bajaban finos ríos de sangre provenientes de sus muñecas aprisionadas por las cadenas.
Mis ojos recorrían esos caminos rojos casi con deleite, debía estar muy cerca de acabar con ella. De romper su espíritu de lucha. Entonces Evans abrió los ojos, demostrando lo equivocado que estaba. La expresión de sus ojos no había cambiado ni un ápice. La misma mirada fiera que había tenido desde que llegó a la mansión. La misma mirada que había recibido de ella durante años seguía allí, haciendo que una bola de fuego y veneno me subiera desde el estómago. Tenía que acabar con ella.
¡Cruccio! -Volví a gritar y la maldición tuvo tal magnitud que tuve que agarrar mi varita con las dos manos. Su espalda se dobló hacia atrás y varias heridas empezaron a abrirse en su torso. Sus ropas empezaron a empaparse de sangre.
No rompí la maldición hasta que oí un gemido ahogado y el cuerpo de Evans quedó colgando laxo, con la cabeza colgando hacia delante. Se había desmayado.
Entonces el Lord se acercó ella y le levanto la cabeza –Es fuerte la impura– Oí que murmuraba. Dejó caer su cabeza sin ningún tipo de cuidado y se dio la vuelta.
–Tú serás el único mortífago que tendrá contacto con ella ¿Entendido? Nadie más se entrará a esta celda. Encárgate de que todos se enteren–Me ordenó. Antes de salir miró a la sangre sucia una vez más– Cúrala, la diversión no ha hecho más que comenzar– El Lord sonrió de una forma sádica y se fue.
No pude evitar soltar un bufido, tendría que cuidar de la maldita sangre sucia. Por mi la dejaría morir desangrada. Chasqué los dedos y un elfo doméstico apareció.
-Trae lo necesario para curarla–El elfo hizo una reverencia y desapareció.
Con una pase de mi varita hice desaparecer las cadenas y Evans cayó a plomo al suelo. La observé y recordé las palabras del Lord. Fuerte … Sin duda lo era. Había conseguido ganar esta batalla. Ni un solo grito había salido de su garganta. Sentí ganas de patearla pero me contuve.
El elfo volvió a aparecer, dejó a mi lado un maletín y se fue. Con una clara mueca de asco, me dispuse a curar las heridas que yo había creado.
