Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Tite Kubo & Cía. La historia la hago sin fines lucrativos.

Simbología convencional:

- Diálogos.

"Pensamientos".

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Capítulo 2: A Contre-Courant.

Cuando crees conocer una persona, sabes como se comportará ante diversas situaciones y, en el caso de Ichigo lo que más le caracterizaba, después del ceño en la frente, era su impulsividad que muchas veces era irracional, pero ahora, le resultaba desconcertante, es más, casi irreconocible. No lo entendía, su petición fue demasiado sorpresiva, por un lado casi le rogó para que no lo tocara y ahora estaban prácticamente pegada a él. Se estremeció cuando el muchacho hundió la cabeza en su hombro, claramente percibía la respiración agitada del chico que chocaba en la sensible piel de su cuello; en un segundo más, tuvo debilidad, sus piernas comenzaron a flaquear cuando se halló completamente envuelta en los brazos de su compañero. La calidez de ese abrazó se intensificó cuando Ichigo balbuceó el nombre de la shinigami rozando los labios en el cuello de ésta.

- Rukia… - susurró una vez más, todavía frisando su nariz en la piel blanca de la fémina.

¡¿Qué demonios se encontraba haciendo?! Cada uno interiormente se formulaba esta interrogante, el chico no sabía exactamente porque actuaba de esa manera, mientras que la mujer ignoraba porque no contrarrestaba esta circunstancia.

Tenía que controlarse y simplemente cedió, pero agradecía a quien fuera que por lo menos no hizo lo que planeaba, lo que verdaderamente ansiaba, quería probar esos labios, conocer su sabor, su textura; pero así como no se atrevió a degustar los labios, pero si podría probar la tez que tenía a su merced, ¿O no?

Rukia estaba totalmente pasmada, ante la actitud de Ichigo ni siquiera le dio tiempo para poder reaccionar como debió o creyó haber echo; no obstante, toda su templanza se desquebrajó en el mismo instante que percibió una sutil caricia en su cuello y si no se equivocaba, ésta era proporcionada por los labios del muchacho. Sus ojos se abrieron en gran medida, por un momento su respiración ya no le era suficiente; quería hacer algo urgentemente, pero su juicio no funcionaba.

- ¡¡¡Kurosaki!!!

¿Tenían que agradecer o maldecir a la dueña de esa voz?

Los dos se separaron con brusquedad, inmediatamente escondieron sus ya ruborizados rostros. Ese hecho, ese simple acto del pelinaranja trastornó su universo; ya todo se encontraba al revés. Asimilación, necesitaban asimilar lo sucedido, pero para poder hacerlo, solo debían saber en que terrenos andaban; ¿qué fue lo que pasó exactamente?, ¿un accidente?, ¿un reflejo del 'malestar del muchacho'?, o bien, ¿una demostración de una inquietud o sentimiento por parte del joven?

- ¿Te sientes bien muchacho? – La mujer médico se acercó a la pareja.

Ichigo reconoció a la nueva interlocutora a quien miró apenas pudo.

- Yo… - se tensó al no saber que responder - … yo me… sentí… un poco… mal…

Rodeo burdo.

La shinigami decepcionada, dio dos pasos hacia atrás, finalmente encaró a su compañero de peleas; quería una respuesta a todas sus interrogantes, pues bien, ya la había obtenido; aunque juraba que ese 'acercamiento' iba enfocado hacia otro aspecto.

- En ese caso será mejor que te quedes en enfermería, no me gustaría que tuvieras algún percance.- Sugirió la doctora.

- No… no creo que sea necesario…

- ¡Pienso lo mismo! – Exclamó la chica – es mejor que te quedes, debemos prevenir cualquier cosa.

- Ya dije que no es necesario…insisto – Ya con su ceño más marcado.

- Bien, pues… te encomiendo que cuides a tu novio – mirando a Rukia – cualquier cosa, vengan inmediatamente a buscarme.

Un comentario totalmente inoportuno y bastante incomodo, ya estaban logrando menguar ese teñido rojizo de sus rostros y con la última frase, solo volvieron a encender ese color evidentemente acompañado de un abochornamiento que ocultaron otra vez.

- No… no… - avergonzado – no es… - respiró hondamente - …no es mi novia…

- (...)

- (...)

- Ah… perdón… solo un novio puede permitirse esa clase de confianzas con su novia… - se percató que lo jóvenes la quedaron viendo extrañados por las palabras que acababa de mencionar - …me refiero… a que un hombre no abraza a una mujer así nada más… - con ademanes en las manos.

- ¡¡¡No me abrazó!!!

- ¡¡¡No la abracé!!!

La doctora que no rebasaba de los 35 años los miró con igual o mayor extrañeza al escuchar como los muchachos refutaban al mismo tiempo; decidió hacer caso omiso a los que presenció; "…así empecé yo… y ahora estoy casada…"; sonrió y dio media vuelta para dirigirse a la enfermería.

- Nos vemos… cuídense – se despidió.

Quedaron de pie, atónitos y sin saber que hacer; aquellos shinigamis que pocas veces guardaban silencio entre ellos, ahora estaban prolongado un lapso de mutismo con movimientos mínimos corporales; tenían miedo de encontrar sus miradas y mucho menos de tener cualquier contacto físico. La primera en recobrar valor para poder emitir unas cuantas palabras fue la chica de cabellos negros.

- ¿Ya te sientes mejor? – Hizo un gran esfuerzo para poder hablar de forma corrida.

- Si… es mejor que regresamos a la clase – envalentonado por el comportamiento de su compañera, siguió el estilo.

- Si…

Los dos caminaron en silencio, a paso lento, y lo más alejados posibles; nuevamente evitaron mirarse.

¿Qué hubiera sucedido si la doctora no los hubiera interrumpido?, más bien, ¿de qué más hubiera sido capaz de hacer teniendo a la chica a su merced? Ya no podía negarlo más, desde hace tiempo, por no decir que desde hace demasiado, comenzó a tener cierta atracción por aquella enana; con anterioridad pudo darse el lujo de detallar los rasgos femeninos de Rukia, que si bien simulaba una voz dura, fría y calculadora; también en ella se podía apreciar suavidad: la fineza de su rostro, su menudo cuerpo con apariencia entre infantil y el de una mujer, la elegancia de su porte y caminar, la desenvoltura que tenía en cualquier circunstancia. En ocasiones se sentía un total estúpido al quedarse admirando los encantos de la shinigami. Y lo más frustrante de todo, es que no era el único en advertir la feminidad de la muchacha; habría una larga fila de éstos "abusadores" tratando de conquistarla, cosa que le calaba hasta los huesos.

La sensación de estar envuelta entre los brazos del temperamental y ceñudo chico fue rara, pero muy cálida y acogedora, y que decir de ese roce en la piel de su cuello que aún palpitaba como reclamando una caricia más de ese tipo ¿cuánto tiempo llevaba de conocer al shinigami sustituto?, dos años, aproximadamente; podría decir que lo conocía casi a la perfección: temores, virtudes y complejos, salvo algunos aspectos que consideraba muy de la propiedad de Ichigo aunque, su curiosidad era enorme y anhelaba conocer un poco más de él, ¿cuánto más?, lo que el chico le permitiera. También aceptaba que de un tiempo a la fecha, guardaba ciertos celos que era causados por las diversas mujeres que se aventuraban a invitarlo a tomar un café o lo que fuere, y en especial, por su amiga Orihime, que a pesar de no tener un acercamiento con el susodicho, le molestaba como ésta miraba al joven y él le respondía.

Ya se encontraban a unos cuantos metros de la entrada del salón de clases cuando repentinamente Ichigo se detuvo; la chica que lo acompañaba así también lo hizo.

- ¿Te sucede algo? – Lo cuestionó, pero no lo miró.

- Solo… solo… - titubeó – solo quería agradecerte por haberme acompañado.

Rukia al escucharlo, cruzó los brazos y con un gran esfuerzo lo volteó a ver.

- Tú hubieras hecho lo mismo por mí, y no tienes nada que agradecerme…

- Lo consideré necesario – dijo mansamente – también quiero explicarte lo del…

- ¡¡¡No es necesario!!! – Lo interrumpió, sabía muy bien que lo que seguía en la frase coartada del shinigami le causaría temor y nerviosismo, así que el asunto era preferible dejarlo tal como estaba – Lo hiciste porque te sentiste un poco mal… y yo… serví de tu apoyo.

¿Alguna clase de discusión podría objetar o resistir? Su amiga ya lo había manifestado, no le quedaba más remedio que seguir la corriente, aunque no le gustaba, pero, ¿eso significaba que sería capaz de confesar la atracción creciente que sentía por ella?, no, definitivamente no.

- Que bueno, en ese caso… entremos – viendo hacia la puerta el aula.


La tensión entre ellos aumentó, su contacto era escaso por el resto de las clases y del día; se evitaban a toda costa. La rutina del día siguiente se efectuó, sin sobresaltos, bueno, con los característicos golpes del desayuno.

Tres horas después, una alegre profesora terminaba de impartir su clase, ahora si, venía la parte menos agradable para los alumnos, el dichoso examen que había sido anunciado exactamente una semana atrás. Para ello, todo el grupo tuvo que movilizarse hacia uno de los laboratorios de biología, asignatura que sería calibrada con sus conocimientos.

Orihime, siendo el contraste de la gran mayoría de sus compañeros, reflejaba un rostro lleno de alegría, pues en un día más, sería el 'día negro' y por supuesto que ya estaba más que lista para elaborar sus chocolates que entregaría a sus más allegados amigos y a la persona más importante de su vida; pero un día anterior, en lugar de estudiar para el examen que minutos después le aplicarían, realizó unos cuantos dulces como ¿prueba' para los que haría para el sábado; milagrosamente, le había salido bien, por lo menos esa fue su apreciación, no obstante, necesitaba que alguien catara y que mejor que con la chica que había afianzado un fuerte lazo de amistad, Rukia Kuchiki.

- ¡Kuchiki-san! – Expresó alegremente.

- Si, dime Inoue – dirigió su mirada a la aludida.

- ¿Puedes probar este chocolate? – Ofreciendo un pedazo que llevaba en una servilleta.

La shinigami la miró algo estupefacta, conocía el arte culinario de la chica, negarse, no era propio.

- Claro – riendo nerviosamente – ¿no prefieres que sea después del examen?

- Es importante para mí…

No podía escapar.

- Bien… - tomó un pedazo y lo llevó a su boca.

Ya estaban esperando a que abrieran el laboratorio; algunos pretendían aún aprender lo que no hicieron en una semana, solo unos cuantos, optaron por solo esperar la hora de la prueba. Ella, la tercera mejor posicionada de la clase, aguardaba por una buena respuesta.

- ¿Qué tal está?

Degustaba el sabor, la consistencia; ahora si, Inoue se había lucido.

- ¡Muy sabroso!

- ¿En serio? – Ya muy ilusionada.

- Si, realmente muy bueno, ¿me regalas más?

- ¡Claro, toma todo lo que quieras! – Dándole todo lo que quedaba del chocolate.

Con entusiasmo, empezó a comer los restos de la tabletilla, parecía una niña que tenía una vianda suculenta y que por nada en el mundo la dejaría escapar.

- ¡Todos dejen sus mochilas en la parte delantera del laboratorio, yo les asignaré un lugar!

Exageración, ¿esa profesora acaso creía que eran unos niños como para cometer la tontería de copiar en el examen? Ichigo observó a su alrededor; "…bueno… hay unos desesperados…"; sus pupilas se fijaron en una persona que aparentemente disfrutaba con toda tranquilidad de una golosina, o eso pensó. Minuciosamente examinó el movimiento de labios, que después de todo, no eran delgados; esas carnosidades lo entretenían como si fuera lo más divertido que hubiera en este plano. Sinceramente, la dueña de esos labios, había cambiado su mundo.

En el laboratorio había tres mesas de gran longitud en la que se acomodarían todos lo alumnos.

- Hice seis versiones del examen, del A hasta el F, varían en la preguntas, pero todos son del mismo nivel – sonrió la maestra.

Los estudiantes pusieron una cara de decepción, toda oportunidad de ser "ayudados" por los que si habían estudiado, que eran pocos, se desvaneció.

- En estas mesas podemos hacer seis filas enumeradas, de tal manera que las filas 1, 3 y 5 les aplicaré las versiones A, B y C; mientras que las filas 2, 4 y 6 el resto de versiones; así que si pensaban copiar, pues lamento decirles que sus compañeros de a lado y enfrente, tendrán un examen diferente – su sonrisa se magnificó – ya saben que no quiero nada de ruidos ni cualquier clase de cuchicheos.

Terminó de dar las indicaciones y procedió en acomodar a los alumnos, a Ichigo le tocó la fila uno, Ishida la tres, Orihime la 4 y Rukia la 6.

- Tienen exactamente media hora para concluir.

Rostros que demostraban la sencillez que les resultaba aquel examen, otros que era la peor pesadilla, en particular dos, que estaban en otro lugar, menos ahí.

Afortunadamente en esta ocasión pudo estudiar para esa fastidiosa prueba, debía quitarse la fama de ser una mala estudiante y, por todo el tiempo que ya había vivido en ese mundo, paulatinamente adquirió habilidad para poder aprender los conocimientos suficientes para mínimo "defenderse". Sorprendentemente, concluyó con la prueba 10 minutos antes del tiempo límite; y por inercia, inmediatamente vio hacia el lugar de Ichigo que se encontraba hasta el otro extremo. Sus mejillas se enrojecieron al encontrarse con la mirada del pelinaranja que estaba clavada en ella, cosa que la perturbó y decidió ignorarlo.

"Piensa otra cosa… piensa otra cosa"

La menuda chica se desesperó y tragó una bocanada de aire, la finalidad, tranquilizarse. Dirigió su mirada se encontró a Orihime, el tal solo verla le causó gracia, en verdad, que el chocolate que ésta le había regalado estaba muy sabroso y tenía una naciente ansia de seguir comiendo de ese dulce. Unas monedas, solo tenía unas monedas en la bolsa de su saco escolar que serían suficientes para comprar unos cuantos chocolates. Sacó una moneda y comenzó a jugarla con el menor ruido para no disturbar el ambiente del laboratorio.

Ichigo se levantó dispuesto a entregar su hojas de examen con la profesora, solo un par de minutos faltaban para concluir.

- Los que quieran saber las respuestas, las pegaré aquí enfrente – señaló el pizarrón – algunos de sus compañeros o yo pasaremos por los exámenes.

Como Ichigo era el más cercano en ese instante, le pidió que recogiera los exámenes de la fila 6.

Rukia estaba tan sumida en sus pensamientos y planes que no se dio cuenta a quien debía entregar la prueba; como el ruido se incrementó, tuvo una mayor libertad de seguir jugando con la moneda que tenía, lanzándola a poca altura para poder atraparla.

- Tu examen…

No le dio tiempo siquiera de voltear a ver a quien la llamaba, pues la moneda no pudo atraparla y se fue rodando sobre la mesa directo hacia una hendidura donde ya no la podría recuperar y de ser así, pues le diría adiós a los chocolates, para evitarlo, con movimientos rápidos, su mano izquierda siguió la moneda, al mismo tiempo que con su mano derecha tomó las hojas para entregarlas al compañero que las solicitó; en ningún momento perdió de vista a la moneda, pues ésta era mucho más importante.

La moneda no cayó, su mano izquierda pudo agarrarla, pero su mano derecha, exactamente la palma, se había topado con algo diferente de lo que esperaba, algo blando y manejable. Con miedo y sin quitar la mano del 'obstáculo' que encontró, poco a poco viró su cabeza para poder visualizar ese 'objeto'. Se perturbó por completo, toda su cara ya estaba roja, su respiración se incrementó. Esa no era la mano de Ichigo, no era su brazo, no era su pierna, no era su abdomen, era…

- ¡¡¡Perdón!!! – Alejó su extremidad dejando caer las hojas - ¡¡¡Perdóname Ichigo!!!

El referido no emitió ni una sola palabra, quedó estático y al igual que la chica, ya esta todo rojo. Su entrepierna había sido la presa de la ojivioleta; el miembro viril del muchacho quedó muy sensibilizado a causa de unos cuantos segundos de ese contacto tan especial.

Como pudo, se fue del lugar; su mano pulsaba cada vez más, se encontraba caliente, ella así la percibía. Agarró su bolsa y salió del laboratorio con la mayor prisa que pudo.

- ¡¡¡Kuchiki-san!!! – Le gritó Orihime - ¿No verás los resultados?

Escuchó la pregunta, más ya no quiso contestarla; estaba terriblemente avergonzada.

Primero lo del abrazó del día anterior y ahora, este 'roce'; una verdadera "calamidad".

Ichigo, todo estupefacto y claramente confundido por lo acontecido; forzadamente levantó el examen tirado. Por suerte, Rukia compañera a la cual le recogió las hojas, gracias a ello, nadie más se dio cuenta del pequeño incidente que hubo entre ellos, pues de lo contrario, los escandalosos compañeros con los que contaba, ya hubieran formado un gran revuelo.


La tarde cayó, el resto de clases no las sintió, no les hizo caso para ser exactos; ambos shinigamis se ignoraron, no se vieron, trataban de no escuchar la voz de uno y del otro. Solo habían transcurrido unas horas desde ese aquel accidente y el no hablarse, debido a esa causa, los desesperó, ¿cuánto tiempo más se comportarían así? Y por encima de todo, ¿cuánto tiempo soportarían ese ambiente entre ellos? Casi siempre discutían, pero era su forma de ser entre ellos; y la aparición del silencio, terminantemente no era lo suyo ¿Realmente serían capaces de tolerar una situación así?

Rukia observó su palma, era la primera vez que tocaba a un hombre, al menos de esa forma, pero, ¿por qué precisamente él tuvo que atravesarse?, ¿por qué ocurrió ese hecho con él? ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido otro chico? Posiblemente un dejo de pudor tendrían que terminaría con un ofrecimiento de disculpa, pasar un tiempo y asunto arreglado ¿Y no debería ser lo mismo con Ichigo?, no, con él era diferente, lo conocía desde tiempo atrás; era su compañero, su amigo; entonces, el proceso se supone sería más sencillo tratándose de un amigo; en ese caso, ¿Por qué hacer tanto lío?

Ichigo llegó a la misma conclusión, ¿por qué hacer una tormenta en un vaso de agua?, ella era su amiga, su compañera; y el mismo se dio cuenta de que fue un total y verdadero accidente. "¡¡¡No!!!"; empuñó su mano, categóricamente ella era diferente, era un punto y aparte a resto de mujeres con las que tenía contacto; Inoue, otra de sus compañeras la estimaba como una hermana; un accidente de esa misa clase y magnitud, lo hubiera olvidado rápidamente, no objetaba que quizá hubiera tenido un poco de vergüenza, pero hasta ahí, no más.

¿Cuál era la diferencia con respecto a otras personas? La respuesta la tenían, solo que les costaba admitirlo.

"Porque ella me gusta…"

"Porque él me gusta…"

Las actividades finalizaron, constantes bombardeos de insistencia por parte de sus amigos de escuela, dieron como resultado a que aceptaran ir a la salida que planearon sus compañeros al parque de diversiones, no tenían escapatoria. Bajo el pretexto de festejar el día de 'San Valentín', desde luego que las mujeres entregarían chocolates a sus amigos, y no faltaría el hommei choco para el hombre amado. Algo bastante ridículo según el criterio de los shinigamis.

Varios chicos rodearon la banca de Rukia, de una forma sumamente alborotada, le explicitaron que no se le fueran a olvidara de los chocolates para que se los obsequiara, esperando ser aquel hombre que tuviera el privilegio de recibir de manos de la pelinegra ese dulce tan especial, símbolo de sentimientos profundos.

Ishida guardando sus cosas, y estudió la escena que tenía delante de él; el acoso de los muchachos apenas era esquivado por la ojivioleta. Sin pensarlo mucho, volteó hacia Kurosaki adivinando el humor que tenía éste y no se equivocó. En la mirada de su amigo percibía una expresiva furia para aquellos muchachos, daba gracias no estar en el grupito, ya que si esa mirada tuviera un poder fulminante, él, Uryu Ishida ya no existiera. Le causó gracia la situación, ese par de shinigamis lo habían divertido ese día, porque si se dio cuenta de aquel contacto después de que finiquitaron el examen; deseó haber tenido una cámara para poder fotografiarlos. Era villano reírse a expensas de la segura incertidumbre de eso muchachos, pero si que era entretenido.

Un momento difícil había llegado, el regreso a casa. La costumbre de siempre ir y venir juntos, esta vez, los mortificaba, ¿por qué les resultaba tan complejo actuar con naturalidad?, primero deberían hacer el intento. Tenían la sensación de caminar en sentido contrario, similar a nadar en una corriente revuelta. Tenías los nervios a flor de piel, no se querían mirar, no se querían hablar, ¿cuánto les había afectado ese simple 'toque'?

Era el primero, el primer hombre al que 'conocía' de esa manera; infantilaza advertía dentro de su ser al no saber como reaccionar, pero también había una curiosidad. Si había rozado esa 'zona' y de por medio estuvo la tela del pantalón y las hojas, aún así advirtió que 'eso' era grande, ¿Qué pasaría si lo conociera en vivo y a todo color? Sus pómulos se tiñeron de rojo por el pensamiento y por el enfado, ¿cómo se le ocurría esas estupideces?

Era la primera, la primera mujer que lo 'tocaba' de esa manera; una cosa era soñarlo y otra era vivirlo. De no haberse hallado en el laboratorio y sin la presencia de todos los seres, ¿qué hubiera echo?, ¿permitir el desencadenamiento de su fantasías para hacerlas realidad? Si, ya no hubiera podido resistirse y rogaba a la vida ya no lo pusiera en medio de esos predicamentos, porque ya no sabría como contenerse. "Malditas hormonas".

¿Solo eran hormonas?

- ¿Me acompañas a comprar unos chocolates?"Y eso que quiero alejarme de él".

Ichigo la miró con enojo.

- ¡¡¡¿Piensas regalar chocolates el día de mañana?!!!

- ¡No son para regalar! – Suspiró – son para mí…

- (…)

- (…)

- ¿Segura… Rukia?

- No tengo porque engañarte, además, no tengo los ánimos de ir a divertirme a ese parque, feria o lo que sea… - enunció con fastidio.

- Pues si quieres… no vamos…

- (…)

- (…)

Silencio intrigante.

- (…)

- (…)

- El que no vaya, no significa que tengas que quedarte conmigo.

Desgraciada enana, tenía razón; ¡¡¡mierda!!!

- ¿Y si aparece un hollow?

- Yo lo puedo resolver…

- Aja…… - ironizó el chico – pues yo tampoco quiero ir… y no lo hago por ti – aclaró.

- Puedes hacer lo que quieras – vio su reloj – mejor adelántate a la casa, yo iré por mis chocolates.

Ichigo ya no contestó, de alguna manera se sintió humillado y le dolía que Rukia lo sobajara a ese nivel. Cuando éste llegó a su casa, sus hermanas estaban más que ilusionadas, aunque Karin no lo demostrara tanto como su hermana melliza, le atraía la idea de salir de su casa por dos días para entretenerse en un ambiente fresco como lo era el campo y descansar de su padre por ese tiempo.

- ¿Quién vendrá por ustedes? – Indagó el hermano mayor.

- Los Señores Ogata, padres de nuestra amiga – contestó Yuzu.

- ¿Y tiene todo preparado?

- Si Ichi-nii… nos preparamos.

- ¿A qué hora se irán?

- Quedaron en venir por nosotras a las 7:30pm, por eso papá iba a tratar de llegar antes de esa hora para despedirse de nosotras.

- No necesitamos una despedida de papá…

- No seas mala Karin-chan… él solo actúa como un padre normal…

- ¿Y a dónde fue el viejo?

- A Tokio, a reabastecerse de medicamentos… - indicó Karin.

- ¿Y Rukia-chan?

Escuchar ese nombre lo tensó, ¿qué tenía esa mujer que lo ponía de esa forma?

- Fue a comprar unas cosas… no tarda en llegar.

- Fue por tu chocolate seguramente… - dijo Yuzu.

- ¿Rukia… un chocolate para mí? Eso nunca, primero llueve de abajo para arriba.

- Ichi-nii – tocó el hombro de su hermano – todo puede suceder en esta vida.

- (…)

- (…)

- (…)

- La esperaremos para cenar…

La cena terminó y Rukia no llegó, ¿qué le habrá pasado?, ¿estará bien?


El timbre sonó y el muchacho pronto dedujo que esa no era Rukia, puesto que ella ya tenía llaves de la casa, lo más probable es que eran las personas que esperaban sus hermanas y así fue. Cuando la ya no tan niñas se despedían de su hermano en el umbral de la entrada de la casa, apareció la muchacha con una bolsa; ésta también se despidió de sus compañeras de dormitorio. Yuzu le dio unas cuentas indicaciones sobre el aseo de la cocina, cruzaron unas cuantas palabras. Rukia les deseó un buen viaje.

- ¿Por qué llegas a esta hora?

- No encontraba lo que quería – replicó con desafío.

- ¿Lo encontraste?

- Por eso llegué tarde… - señalando la bolsa – me encontré con un dulce cremoso de chocolate, muy bueno por cierto – le sonrió al joven - ¿quieres? – dándole una muestra.

¿Rukia le había coqueteado? Eso extralimitaba sus pensamientos, una completa exageración.

- No gracias – despreció la oferta – mejor cena.

- No tengo hambre – dijo con irritación – me voy a cambiar…

- Aunque no cenes, te toca lavar los trastes – se fue atender el teléfono que sonaba.

La pelinegra subió a la que era su recamara compartida, encontró en su cama a aquel fastidioso peluche que dormía placidamente, sin miramientos, lo aventó hacia la entrada de la habitación, no quería que la molestaran; el pobre león de felpa lloriqueó insufriblemente, pero no dijo palabra alguna, no apetecía meterse en problemas, prefería vivir su depresión ahí tirado.

Se puso vestido amarillo claro que llegaba por arriba de las rodillas y unos zapatos color café y para que no hablara mal Ichigo de ella, decidió apoyarlo con la limpieza de la mesa, los trastes se los dejaba a él. Notó que el shinigami ya había tardado en hablar por teléfono; no hizo mucho, pero lo suficiente para justificar su 'ayuda' en el aseo. Nuevamente subió a su habitación y se recostó cruzando sus piernas sin olvidar sus dulces de chocolates que comenzó a comerlos.

La ojivioleta le había ganado, le dejó el trabajo más difícil, pero se las pagaría, suponiendo donde estaba, llegó a la recamara y la imagen que vio lo extasió ¡Rukia lucía muy sensual en esa cama, comiendo sus dulces, tal parecía como si lo estuviera esperando.

- ¿Qué quieres?

- Te toca lavar los trastos – tragó saliva y viró, eso no podía estar pasándole.

- No.

- No, ¿qué?

- No lo voy a hacer – lo retó.

- ¡¡¡Ahggg!!! ¡¡¡Tú solo quieres pelear!!!

No debía poner trabas, tenía claro que si quería aliviar la tensión entre ellos, una discusión sería la mejor medicina, y una discusión tonta motivada por unos simples trastos. Ella indudablemente no perdería, ante él nunca. Aunque pensándolo mejor, si los lavaría, pero un momento para sacar de quicio al pelinaranja no le caería mal.

- ¡No los voy a lavar! – Sentenció la muchacha.

- ¡Desgraciada enana… tienes que lavarlos porque a ti te tocan! – sujetó al peluche que estaba a sus pies.

- ¡Yo no cené!

- Ese no es mi problema.

- Ya te dije que no lo haré, incluso ya te ayudé mucho con limpiar la mesa.

- Yo la iba a limpiar pero tú te adelantaste… ¡Te impusiste! – Declaró el joven.

- No me impuse – probó una vez más el dulce cremoso de chocolate – solo me vi más inteligente que tú.

"Maldita desgraciada"

- Además, tu les dijiste a mis hermanas que recogerías la cocina – vio como la chica disfrutaba de la golosina - ¡¡¡Deja de tragar esa mierda, vas a engordar!!!

- O a crecer… cualquiera de las dos – contestó con desfachatez – no me importa – dijo socarronamente – de hecho, pienso ir por más… - se levantó y salió de la recamara y finalmente miró al shinigami sustituto – Así que apúrate Ichigo – chasqueó sus dedos y corrió hacia las escaleras.

Ichigo se enfadó y aventó a Kon a la esquina de la habitación, dejándolo inconciente. Esa perra desgraciada no se burlaría de él, eso ya no, ¡jamás! La persiguió, si bien la perdió de vista, aún escuchaba los pasos que bajaban las escaleras hasta que oyó un fuerte golpe que o alertó y obligó a apresurar el paso. Cuando la alcanzó, la pelinegra estaba sentada en un escalón; el rostro de ésta mostraba una visible mueca de dolor por el golpe que se llevó.

- Por terca… mira lo que te pasa – ahora él se burlaba.

- ¡Cállate!

- ¿Dónde te lastimaste? – Preguntó a la vez que llegaba a ella y se inclinaba para examinarla.

- Solo me… - que quejó – …solo me duele el sentón…

Ichigo carcajeó, la shinigami que se caracterizaba por movimientos llenos de destreza, había sido vencida por unas escaleras, posiblemente resbalosas.

- ¡¡Ayúdame idiota!!

- Está bien – se calmó. Quiso cargarla pero esta se negó, pues moverla un poco incrementó su dolencia.

- ¡¡¡No imbécil!!! – Gritó la mujer – me duele más…

- ¡¿Quién te entiende?! Pides que te ayude y cuando lo hago, simplemente te enojas…

- (…)

- (…)

- (…)

- Si te lastimaste algo, ¿verdad, Rukia?

- (…)

- ¿Rukia? – Ahora si se preocupó al ver el gesto de la chica.

- Es… - negando con la cabeza – es mi tobillo... derecho…

Prontamente observó la zona afectada y con su mano palpó toda la articulación, al parecer solo había sido un pequeño traumatismo, nada severo, pero por el momento, si le causaba un tormento a su compañera, era cuestión de esperar unos minutos.

Se puso nervioso cuando advirtió lo que hacía; sobaba delicadamente la parte lesionada, pero también podía admirar las extremidades pélvicas de la joven. Con la caída, el vestido se deslizó dejado ver poco más de la mitad inferior de los muslos y sus piernas completamente. Un pie de la shinigami se encontraba un escalón más abajó en comparación del otro, su brazos los echó hacia atrás para poder equilibrarse, una imagen muy exótica para el varón.

Más que tratar de disminuir el dolor con el masaje que le proporcionaba, en unos cuantos instantes se convirtió en una caricia. Con lentitud, la mano del pelinaranja se desplazó del tobillo hasta la rodilla; la piel era muy suave y tersa a su percepción. Ese tacto se prolongó, lo hacía con ternura, como si no quisiera romper o lastimar la pierna; la frecuencia de su respiración aumentó considerablemente. Aquella chica si que era hermosa, sus piernas delgadas, pero nada despreciables, en lo absoluto, agregaba una fineza más a su persona. Como embrujado, se atrevió a subir más allá de la rodilla para conocer la piel del muslo hasta que se topó con algunos rastros del dulce de chocolate que minutos atrás degustaba la pelinegra.

¡¡¡¿Por qué demonios no obedecía su raciocinio?!!! ¡¡¡Hacía todo lo contario!!!

Rukia ya estaba totalmente pasmada y paralizada, el comportamiento de Ichigo nuevamente la desconcertó, pero le desconcertó más su propia actitud, lejos de reclamar por lo que le hacía su compañero, le permitió acariciar su pierna, lo aceptaba y lo gritaría si fuera necesario, el calor que recibía de ese contacto era demasiado placentero. Su dolor se esfumó el joven Kurosaki logró desaparecer ese ligero malestar, y como no iba a hacerlo, pues la trataba con sutileza, algo que él pocas veces hacía. Una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo cuando el pelinaranja siguió con esa 'demostración de afecto'.

- ¡¿Qué haces Ichigo?! – Sonaba alterada.

¿Qué esta haciendo? Seguir su instinto, sus deseos y sus sentimientos. Ichigo en un impulso, despacio acercó su boca al muslo de la fémina, con suavidad, con sus labios ligeramente entreabiertos, probó el chocolate que estaba sobre la piel de la shinigami, lo hizo sin dudarlo, confiando en que ella accedería y para su fortuna no se equivocó. Con su lengua, terminó por borrar toda la golosina que era deliciosa, pero no le llegaba al sabor de la piel que ahora besaba.

Sintió desfallecer, ese Ichigo lo desconocía totalmente; sin embargo, no tuvo miedo, no tuvo vergüenza. Disfrutó como una mano emprendía un frote en la otra pierna que estaba abandonada; fue inevitable que lanzara un gemido de gozo y más cuando esos besos de su muslo estaban llegando más cerca de su intimidad.

Ese no fue un grito de reclamo, de eso estaba seguro, Rukia, su compañera, su amiga estaba permitiendo su osada conducta; quizá esa era la oportunidad que estaba esperando y la aprovecharía si pudiera. Retiró sus labios y miró directamente a los ojos de pupila violácea. Su corazón ya estaba sumamente agitado, ocasionando un estado febril, inquieto y hasta lujurioso. Sin pensarlo más, con timidez acortó la distancia entre sus rostro sonrojados; el aliento de la chica era cálido y lo invitaba a concluir ese algo que tanto anhelaba; con cuidado y con duda, posó sus labios en los de la muchacha; fue una unión corta, pero suficiente como para despertar en cada uno una especie de cortocircuito en su cordura. Ambos cerraron sus ojos y volvieron a juntar sus labios de una forma torpe, pero gracias a su instinto, gradualmente se intensificó ese beso de manera perfecta.´

Quería conocer a una MUJER.

Ansiaba sentirse poseída por un HOMBRE.

Continuará…


Notas de la autora: Ichigo me hace lo que le hizo a Rukia y yo me muero…… *¬*

Perdón por la terrible tardanza, pero esta vez no fue mi culpa… fue de la página que tuvo muchos problemillas, envié un correo a soporte técnico y me enviaron una contestación que tenía que esperar unos días para que ellos pudieran resolver la imperfección. Y es hasta ahora, que lo hago. Y tengo que esperar mínimo 12 horas para subir otro capítulo de este u otro fic, así que tendré que obedecer.

Como ya lo había mencionado en el capítulo anterior, este fic es el pago de una apuesta a Lillytownparis; el segundo abono…jejejeje y como yo gané la apuesta (yeah!) no habrá día blanco (¡mi equipo le ganó al Tigres….jajajajajajaja, sin embargo, perdió una semana después…¬¬), pero en un ofrecimiento de disculpa a todos los que leen esta mini-historia por el retardo, si habrá un mini-lemon (todo mini..jajajajaja).

El nombre del capítulo, es el título de la canción preferida de Lilly… , como me di cuenta que es fan de la cantante francesa, Alizée (me sorprende como dejó locos a los hombres de mi país), pues quise darte ese simple detalle. Fue una lastima que no pudiera conocerte cuando anduve en tus terruños.

Encarecidamente, doy gracias a todas las personitas que me dejaron un mensaje y a los que solo lo leyeron; me encantó que les gustara la trama…jejejejeje .Muchas gracias.

¿Qué les pareció el capítulo? Saber su respuesta es muy importante para mí, así que un review no les hará daño.

Como ya subí el capítulo, me prepararé para irme a la Universidad.

¡Hasta la próxima!