Chapter 2
– Ranma Saotome, eres el hombre más afortunado de todo el campus.
– ¡Casanova!
– Ídolo, lograste lo que nadie aquí pudo: tener una cita con Akane Tendo.
Ese fue el recibimiento que tuvo Ranma al día siguiente. Dejó el bolso en el suelo mientras se sentaba.
– No fue una cita.
– ¡Vamos, Saotome!, te vieron alumnos de otros cursos y rápidamente corrió la voz. ¿Tú crees que es cosa de todos los días ver a Tendo-san abandonar la universidad en compañía de un chico?
– ¿Y más encima que la cita sea en un local stripper? Eres increíble… ¡cuando supimos que el lugar era ese casi nos morimos! – exclamó otro compañero, desordenándole el pelo histéricamente – ¡maldito, no sabes cómo te envidiamos!
– Oigan… que no… – alcanzó a decir.
– ¿Tendo-san se sacó la ropa y te bailó en privado?
– Esa chica tiene un cuerpo envidiable… ¿has visto sus piernas cuando se pone falditas?
– Y lindo busto… aunque el de su amiga es mucho mejor.
– ¿Hablas de Xian-Pu Feng? Olvídalo, para estar cerca de ella necesitas, al menos, una buena fortuna personal. En billetes.
– Dicen que la vieron salir la otra vez con un senador, se subió a su limosina y quizás dónde fueron…
– Qué ingenuo eres Aoki, ¿piensas acaso que se dirigieron al parque para declararse amor mutuo?, imbécil…
– ¿Por qué no se van a hablar a otro lugar?, tengo cosas que hacer – interrumpió Ranma, aburrido de la conversación que sostenían sus amigos.
– Claro, claro… no te molestamos más… – se alejó un poco, para luego voltearse – ¿Vas a textearla a su celular?
– Si no nos cuentas todo, nos vengaremos… – bromeó el otro joven.
Ranma suspiró mientras los demás se iban a sus puestos, cantando una canción de amor empalagosa que daba risa. Cerró los ojos, recordando lo ocurrido ayer en la tarde. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan cómodo compartiendo con una chica. Su sonrisa tenía algo especial que le llamó la atención desde el primer instante.
Ranma era un joven de 23 años que había pasado la mayor parte de su vida compitiendo para el país. Viajando por todos lados, entrenando casi los 365 días del año, si el combate libre no fuera su pasión hace mucho tiempo se hubiera alejado de ese medio. En su apreciación, las artes marciales eran todo lo bueno y lo malo en su vida. No podía vivir sin ellas, pero no le habían traído más que soledades y traiciones.
Tenía un físico trabajado que las mujeres no podían ignorar. A su paso, las chicas suspiraban sin atreverse a decirle nada. Ranma no estaba muy consciente de su efecto, pero sabía de su aspecto varonil, su trenza le sentaba muy bien y se había acostumbrado a usar ropas chinas debido al largo tiempo que pasó entrenando en ese país.
– ¿Por qué no quiere nada con los hombres? – pensó, aún con la imagen de Akane fresca en la memoria. Sonrió al recordar su pequeña "batalla", al menos había conseguido su objetivo de animarla… la vio tan triste en un momento que lo único que vino a su mente para distraerla fue hacerla combatir con él – sí que tiene fuerza esa mujer… – pensó, recordando el golpe que desvió con su mano. O el poste de alumbrado que rompió. La pregunta era… ¿volvería a verla?, había pasado un buen rato con ella, pero eso no significaba que se encontrarían de nuevo. El campus era grande y miles de alumnos entraban y salían diariamente…
Luego de una semana, Akane estaba más tranquila en cuanto a su extraña confusión. Sentada en una banca solitaria, estudiaba arduamente cuando alguien se sentó a su lado. No levantó la vista de su libro, esperando que quien fuera su acompañante se aburriera luego y se largara de ahí. Eso pensaba, cuando notó que la persona no se movía. Entonces, recién se decidió a mirar. Era Ranma.
– ¡Hola! – saludó el joven de la trenza, alegremente.
– Hola… ah… – carraspeó – ¿qué haces aquí?
– Estoy bien, gracias por preguntar – contestó con una sonrisa.
– Sí… perdón… – Akane enrojeció por su falta de tino.
– Este… veo que estás ocupada.
– ¡No…! bueno… eh… ¿c-cómo te ha ido? – dijo, odiando su tartamudeo.
– De hecho, a raíz de eso tenía ganas de verte.
– ¿Tenías…? – su corazón dio un respingo – ¿por qué, Ranma…?
Y por respuesta, el joven de la trenza le entregó lo que parecía ser una entrada a un evento. Akane lo miró, confundida.
– Tengo una pelea mañana y quiero que vayas. ¿Qué te parece?
– Eh…
– Eres artista marcial como yo, y me conseguí un ticket para regalar… por eso pensé en ti.
– Pero… debes tener novia ¿no?
Ranma hizo un gesto que Akane no pudo descifrar. Pensó que a lo mejor había dicho algo malo y quiso rectificarse.
– Perdón… no debería preguntarte sobre eso…
– No importa.
Se quedó en silencio, lo cual incomodaba como nunca a la pobre chica.
– ¿Por qué me miras así?, no tengo novia si eso es lo que te preocupa… – dijo luego de una pausa, sonriendo nuevamente.
– ¡Q-qué idiota…! – exclamó, sonrojándose – ¡no me interesa eso!, es que… bueno, te pusiste tan serio…
– Mira… te lo diré porque te has portado bien conmigo – se cruzó de piernas – estoy soltero y libre. Hasta ahora, ninguna mujer me… ha llamado la atención realmente.
– Ya… ya veo… – respondió mecánicamente, porque la frase "hasta ahora" bailaba frenéticamente en su cerebro, como un taladro enloquecido – qué tonta soy, no quiso decir nada entre líneas… solamente que no ha encontrado a la chica para él, eso es todo…
– ¿Y tú, Akane?
– ¿Eh…?
– ¿Me dirás por qué rechazas a todo el mundo?
La chica frunció el ceño. Le disgustaba hablar sobre eso, cuando las personas le preguntaban era como si trataran un tema de importancia mundial. O lo hacían con tanta delicadeza, que parecía como si conversaran con una enferma. Incluso Xian-Pu la analizaba como si hubiera estudiado sicología.
Sin embargo, la forma en que Ranma le preguntó la descolocó. Fue directo al grano. No tuvo más remedio que dejar su molestia de lado y darle la respuesta que tenía preparada para estas ocasiones.
– Simplemente, no he encontrado al hombre que llegue con intenciones sinceras a mi vida.
– Claro… es fácil saber lo que quiere una persona con sólo verla un segundo ¿no?
– Ah… – para esa réplica no estaba preparada.
– Por ejemplo… ¿qué dirías de mi?, ¿crees que vengo a conquistarte o algo parecido?
– Ah… eh… – intentaba recoger los pedazos de su ironía, esparcidos por su mente – no lo creo… casi no nos conocemos, y no tendría sentido querer a una chica como yo, que no te correspondería…
Ranma entrecerró los ojos con la última respuesta de Akane.
– O sea, tratarías de "protegerme" – gesticuló las comillas con sus manos.
– No sé si yo lo llamaría así… pero…
El joven estalló en una risa franca, dejando a su interlocutora sin comprender lo que estaba pasando.
– ¿Tú crees que un hombre como yo necesita protección de una chica? – rió, palmoteándole el hombro.
– Oye… – Akane recuperó su tic en la ceja.
– ¡Eres muy graciosa…!
– Y tú un idiota… ¿quieres decirme cuándo hablarás en serio?
– Por supuesto – contestó, levantándose de la banca – cuando tú me digas la verdad de por qué no aceptas hombres en tu vida.
– Pero… – replicó sorprendida – ¡pero si te respondí!
– No con sinceridad. ¿Crees que no me doy cuenta?
– …
– Bueno. ¿Irás a verme entonces?, esta entrada es VIP, así que cuídala. Te la hubiera entregado antes, pero no pude toparme contigo.
– Yo… no sé…
– ¿Tienes un compromiso?
– Ah… eh… n-no… – trató de mentir, pero no le resultó.
– Entonces, nos vemos – dijo retirándose del lugar.
Akane lo quedó mirando mientras se iba, luego clavó la vista en el ticket, y por último se agarró la cabeza con desesperación. ¿Cómo iba Ranma a saber que lo último que quería era verlo?, la tranquilidad de saber que estaban en un lugar muy grande no era suficiente. Deseaba no encontrárselo más y por otro lado, quería ardientemente estar con él y saber más cosas de su vida.
– ¡Esto no está bien…! – gritaba Akane durante la cena.
– ¿Pero qué rayos…? Estás loca, mujer. Ese joven tiene algo que te gusta, deja ya de evitarlo – dijo Xian-Pu con liviandad.
– Es que tú no lo entiendes… pensé que no me lo encontraría más… o tal vez en alguna ocasión, un saludo y sería todo… pero ahora me comprometí a verlo en su combate…
– ¿Y?
– No quiero estar cerca de él…
– Porque te gusta.
– ¡No!
– Entonces, te disgusta.
– … n-no…
– ¿Me tomas el pelo?
– Él… no me puede gustar, Xian-Pu… – dijo tristemente, dejando los palillos a un lado – no me debe gustar…
– ¿Otra vez tu resolución absurda de no enamorarte de nadie? – Akane asintió en silencio – ¿pero hasta cuándo sigues con esa tontería?
– ¿Quién eres tú para decir eso? – ahora empezaba a molestarse – ¡ni siquiera sabes por qué lo hago!
– ¡Claro, porque nunca me lo has dicho!
– ¿No has pensado que si no te lo explico es porque creo que no entenderás? – exclamó, tirando su plato lejos de ella.
Xian-Pu suspiró, bebiendo agua calmadamente.
– Mira, Akane, hay una cosa que sí entiendo: este chico te hizo dudar, y es algo que nadie había logrado hasta ahora. ¿Por qué no dejas de rechazar tus sentimientos y ves qué pasa?
– …
– Inténtalo. A lo mejor por fin tienes novio y te puedo dar consejos de sexo – dijo entusiasmada.
– Idiota… reduces todo a eso – esbozó una sonrisa torcida – oh, por cierto ¿no es mañana tu día de revolcarte con algún desconocido adinerado?
– Querrás decir tener un rato de esparcimiento. Y sí, es mañana.
– Yo estaré fuera por un rato… iré al evento para ver pelear a Ranma.
Xian-Pu pareció mirarla con curiosidad por medio segundo. Luego, cambió el gesto por otro diferente.
– ¡Ajá!, que te vaya bien. ¿Segura que no necesitas un diafragma?, yo te puedo pasar…
– ¡QUE NO VOY A ESO! – rugió Akane, enfurecida.
Al día siguiente, Akane salió para cumplir con su compromiso. O al menos, era lo que intentaba decirse a sí misma, que era sólo su obligación y por eso salía un sábado y no se quedaba en casa estudiando.
El local estaba lleno y la gente se distribuía por las graderías y los asientos. Como efectivamente su entrada era tipo "VIP", la instalaron en un sillón de cuero junto con otras personas que parecían importantes… y la vista al ring era privilegiada. Se sintió rara entre tanto snob junto y sólo atinó a embutirse en su asiento, rogando pasar desapercibida.
Pero de pronto, un guardia se le acercó preguntándole si era la Srta. Tendo, y luego llevándola a camarines. Ranma la esperaba.
– ¡Sabía que vendrías! – exclamó alegremente.
– Claro, te lo prometí – respondió, regalándole una sonrisa.
El joven de la trenza pestañeó, como si hubiera sido deslumbrado. Akane se dio cuenta de su gesto y al ver que continuaba observándola, enrojeció bruscamente. Hizo ademán de retirarse, pero su acompañante la detuvo.
– ¿No vas a darme ánimos?
– ¿Para qué? No creo que lo necesites… eres el gran Ranma Saotome – dijo con tono burlón.
– Es cierto, pero tampoco está de más… – explicó con naturalidad.
Akane se lo quedó mirando, incrédula, sin entender para qué le preguntaba por algo si al final no lo quería.
– Tú nunca hablas en serio… ¿cierto? – Ranma le sonrió sin responder – ¿lo ves?, así nunca conseguirás una novia – dijo, sacándole la lengua.
– Quien sabe…
La chica se encaminó a la puerta.
– Vi tu contrincante… ten cuidado… – murmuró, sin mirarlo.
– Es fácil de ganar. No te preocupes y disfruta el combate. Luego de eso, te invitaré la cena.
– ¿Eh? – se giró hacia él – ¿por qué?, no es necesario…
– ¡Ajá! ¿Pensabas que iba a permitir que me pagaras la comida alguna vez sin devolverte la mano?
– Pero… no fue así…
– Ya, ya… nos vemos más rato.
Akane salió del camarín sintiéndose extrañamente halagada. Y luego, se sintió vulnerable. Y por último, decidió olvidarse del tema antes que le entraran los nervios.
Ranma reía como un poseso, golpeando la mesa donde estaban sentados. Casi no había probado bocado de tanta risa. Akane, avergonzada, casi se había fusionado con su silla, y su rostro encendido de rubor se mezclaba con las luces del local y el color del mantel.
– Oye… no te pases – dijo la chica con su respectivo tic en la ceja – ¿podría saber cuándo dejarás de burlarte de mí?
– ¡Fue muy gracioso!
– ¡Yo de verdad pensé que te habías muerto! ¿Qué tiene eso de gracioso, idiota?... ¡y encima me traes aquí a cenar!
Habían vuelto al local stripper de la vez anterior. Como Ranma encontraba que la reacción de Akane en esa ocasión fue tan divertida, decidió repetir la visita. Por otro lado y volviendo al presente, la razón por la que el joven de la trenza estaba muerto de risa era que, durante el combate, recibió un golpe que lo noqueó por un momento. Entonces, Akane se preocupó visiblemente creyendo lo peor…
– ¡Cuando gritaste "Ranma, si no te levantas ahora lo haré yo de una patada en tu trasero" hubieras escuchado la reacción del público!
– ¡Ya te dije que no me di cuenta de eso…! – exclamó, con la vergüenza en el rostro.
– Yo me había despertado hace rato, sólo perdí la conciencia por medio segundo. Estaba fingiendo para sorprender a mi rival… ¡y tú sales con eso! ¿tienes idea de cuánto me costó no escupir de risa?
– …
Y mientras conversaban (o mejor dicho, mientas Ranma reía), las bailarinas del local se paseaban a su alrededor, buscando conseguir atención. Eso tenía a la pobre Akane con los nervios de punta, preguntándose si había sido razonable salir con él. Por medio segundo lo observó atentamente. Se dio cuenta de lo guapo que era a sus ojos, y se asustó. Enrojeció de nuevo, pero el rubor era diferente al que lucía hace rato, y su acompañante pareció notarlo.
– Oye… – dijo Ranma, luego de una pausa en que intentó dejar de reír – ya que estás estudiando terapias naturales… ¿me ayudarías en algo?
– S-si puedo… – tartamudeó.
– Verás, hace tiempo que tengo un leve desgarro en el hombro que me impide levantar bien el brazo… ¿lo ves? – dijo, mientras hacía el gesto – no quiero lesionarme más… ¿hay algo que puedas hacer?, te pagaré…
– No – contestó Akane, bruscamente.
– ¿No?
– Digo… que no me pagues, ¿cómo se te ocurre? – replicó.
Poniéndose detrás de él, tocó y examinó el área afectada. Pensó un momento y decidió que había encontrado la forma de ayudarlo.
– Cuando terminemos de comer, iremos a un lugar más tranquilo y te aplicaré un ungüento que tengo en mi cartera, y te vendaré. Verás que tu dolor se irá en un dos por tres.
– Gracias, pero… ¿por qué andas trayendo eso contigo?
– Suelo lastimarme cada vez que golpeo a Kuno Sensei, es el único momento donde realmente pierdo el control… ¡Argh, de sólo recordarlo se me pone la piel de gallina…! – se abrazó a sí misma, asqueada – ese imbécil… no me mido cuando lo golpeo…
– Realmente te saca de quicio ¿no?
– Me dice "Tendo-san, sé que tu corazón vibra por mí en secreto, es hora de quitarte la máscara y aceptar tu amor por este maravilloso ser humano"… ¿quién podría querer a un estúpido como él?
Pero Ranma ya se reía de nuevo, así que Akane guardó silencio, avergonzada. Volvió a sentarse con cara de niña castigada y bebió su jugo sin mirarlo. El joven de la trenza se mordió el labio inferior para no estallar en nuevas carcajadas viendo la expresión de Akane, y decidió cambiar el tema.
– Si te veo un día pegándole a Kuno Sensei, créeme que no intervendré.
– No te necesito para cuidar mi virtud, si a eso te refieres – dijo con una sonrisa torcida – me las he apañado muy bien estos años sin ti.
– Yo no hablaba de protegerte… ¡está claro que puedes sola!, yo hablaba de salvar al Sensei…
Akane abrió los ojos, dándose cuenta de que Ranma nuevamente se burlaba de ella. Frunció el ceño, molesta. Se cruzó de brazos, y dirigió una mirada asesina a su acompañante, que correspondió con ligero temor.
– ¡Muérete! – masculló, tirando su plato al medio de la mesa. Era su gesto típico de enojo – sabes, me enfurece que nunca me hables en serio.
– ¿Por qué? – inquirió Ranma, apoyando los codos en la mesa y mirándola directo a los ojos – ¿eso qué más te da?
– Ah… – murmuró, recuperando sus nervios.
– ¿Decías…?
La intensidad en el gesto de Ranma hizo que la chica se cohibiera, sin encontrar respuesta a la pregunta. En realidad, ¿qué le importaba?, ¿por qué le molestaba?, las preguntas bailaban por su cabeza. Lo miró de reojo, sin atreverse a decir nada… ¿y qué podría contestarle, si ella misma no sabía?, bajó la cabeza mordiendo su rabia… y de pronto, sintió un golpecito en el hombro. Su acompañante ahora estaba al lado de ella.
– ¿Por qué te complicas tanto?
– No sé que decir…
– Yo sí. También eres linda cuando estás confundida – declaró, con una sonrisa.
Ahora, el rostro de Akane mostraba todos los colores del universo. Estaba por alzar su puño cuando le escuchó decir que iba al baño, y como se fue tan rápido no alcanzó a reaccionar. Se quedó sentada, impávida, pensando en irse y dejarlo plantado, por otra parte le preocupaba su hombro… – ¡qué idiota soy! – masculló, frustrada.
Cuando Ranma volvió, la chica prácticamente se lo llevó en vilo cuando pagó la cuenta. Mientras caminaban por las calles poco iluminadas, se encontraron con que el poste que Akane derribó la vez anterior había sido muy mal reparado.
– ¡Mira! – exclamó el joven de la trenza – estoy seguro que tu puño está perfectamente marcado…
– ¿Cómo te las arreglas para ser tan idiota? – respondió, caminando sin mirar.
– ¿Ya te enojaste de nuevo?
– No me molestes, Ranma…
Pero el aludido tenía otro de sus ataques de risa, así que Akane decidió largarse a paso ligero sin preocuparse más por él. Pero no se fijó en el terreno, que la traicionó y provocó que se doblara un pie bruscamente. No alcanzó a tocar el suelo, porque Ranma ya la tenía sujeta firmemente por la cintura. Akane enrojeció, y empezó a dar manotazos para liberarse. Pero no lo logró.
– ¿Qué rayos haces? – preguntó Ranma.
– ¡Suéltame…!
– ¡Te acabas de doblar un pie, no seas insensata!
– ¡Yo puedo caminar perfectamente sin ti!
Ranma la soltó medio segundo, lo suficiente como para que la chica se diera cuenta que realmente no podía ir muy lejos con el tobillo sensible. Al instante volvió a sujetarla, mirándola con desaprobación.
– ¿Lo ves?
– Suéltame… sólo déjame en el suelo, me curaré con el ungüento y me vendaré en casa…
– Claro, ¿piensas que te dejaré hacer eso?, te llevaré lo quieras o no.
Y como Akane seguía dando manotazos, a Ranma no le quedó otra que sujetarla firmemente contra su cuerpo, aprisionando sus brazos con los suyos, grandes y fuertes.
– Quédate tranquila ahora – le ordenó sin alzar la voz – no me obligues a noquearte. Si hago eso, te llevaré a mi casa y supongo que no me lo perdonarías… ¿o sí?
– Eres un…
– Hey… – levantó su barbilla para que lo viera – es por tu bien…
Y cuando le dio un segundo vistazo, se dio cuenta que una lágrima rodaba por su suave rostro. Akane enfrentó su mirada con expresión desafiante, mientras sus mejillas comenzaban a empaparse de humillación con relativa rapidez.
– No he permitido que ningún hombre me toque en muchos años. ¿Y tú me sostienes como si nada?
– No lo hago porque quiero, si eso te preocupa – respondió.
– ¡Imbécil, te odio! – exclamó, dolida – ¿por qué haces eso?
– Está bien. No hablaba en serio, realmente quería una excusa para abrazarte. ¿Así está mejor?
– ¿Qué rayos…?
– Ninguna respuesta será la correcta contigo. Así que cállate y escucha esto: no voy a dejarte aquí para que pruebes tu ungüento y vuelvas caminando a tomar el autobús, y luego camines hasta tu casa para recién vendarte el tobillo. Te llevaré hasta que me asegure que estarás bien. Y tú lo aceptarás, porque no estoy haciendo nada malo o que viole tu orgullo. ¿Estamos?
– Ok… – asintió a regañadientes.
– No llores… aunque así también te ves linda… – dijo con cierta dulzura, secándole una mejilla a la pobre chica, que ya se había rendido.
Acomodándola en su espalda, la llevó. Y Akane comenzó a preguntarse cómo evitar lo que ya se había arraigado en su corazón.
Hola a todas! Y todos :D he vuelto con un nuevo capítulo que espero sea de su agrado :D
Comentarios sobre el mismo?, bueno… Akane está claramente rechazando el "clic" que hizo con este joven (XD) pero… quien sabe cuánto tiempo podrá evitarlo, por otro lado… qué la hizo actuar así?, interrogantes, dudas xD
Gracias como siempre a Valen, Mille, Andrea, Evelyn, Vanessa, Mari y Cristal :D
También a quienes me leen por primera vez, o me siguen de historias anteriores :D Yumita, Nadioshi, Kotokoasialove, aisakahyuuga, Cami
Besos, nos leemos pronto! ;)
