Lo que necesitas es un buen masaje
Capítulo 2
Derechos: Los personajes pertenecen a Capcom.
N/A: Increíble pero cierto, el segundo capítulo es aún peor que el primero! Dejadme críticas, por favor, a ver si puedo mejorar ;)
Phoenix estaba tumbado en el sofá viendo la televisión. No tenía ningún caso próximo y Maya se encontraba en la aldea Kurain. En cuanto a Larry, tenía nueva novia, por lo que debía aprovechar el momento antes de que le largara, para lo cual no faltaría mucho, decidió. Estaba a punto de quitar la tele, cuando llamaron al timbre. Se levantó de un salto (Bien, quizá sea un cliente, pensó) y abrió la puerta. Tuvo que poner todo su empeño para no abrir la boca. Frente a él, con su acostumbrado traje color magenta y su pañuelo al cuello, se encontraba la persona que menos se esperaba.
- Edgeworth- le dirigió una mirada fría. El fiscal pareció no inmutarse. Permanecieron varios segundos en silencio -Bien, se supone que debería preguntarte: "¿Qué haces aquí?" . Pero no sé si realmente quiero saberlo.
Edgeworth pareció acusar el golpe, pero inmediatamente recuperó su expresión impasible.
- Entiendo que estés molesto conmigo, Wright. Pero me gustaría hablar contigo un momento, si no tienes inconveniente.
Phoenix le estudió durante un momento, con rostro serio, y luego se apartó de la puerta.
- Pasa.
Edgeworth entró y Phoenix cerró la puerta tras él. Volvió a tumbarse en el sofá, sin ofrecerle que tomara asiento. Así que permaneció de pie, mientras Phoenix miraba la tele, sin prestarle atención.
El fiscal carraspeó y comenzó a hablar.
- He estado pensando mucho en lo del otro día, Wright.
- ¿A qué te refieres con "lo del otro día"? No tengo ni idea de qué me hablas- Phoenix cruzó los brazos detrás de la cabeza y le miró fijamente.
El fiscal se revolvió, incómodo.
- Quieres hacerlo más difícil, ¿eh?- suspiró brevemente y prosiguió- Me refiero al otro día en el juzgado, cuando nos sentamos a descansar en una de las salas vacías.
- No recuerdo nada parecido- aseguró Phoenix con cara de inocencia.
- Oh, vamos, Wright, ¿quieres que te lo diga claramente? Está bien: he estado pensando mucho en lo que pasó el otro día, cuando nos…eh…hicimos un masaje.
- ¡Ah, te refieres a "eso"! Haber empezado por ahí. Empiezo a hacer memoria. ¿Te refieres a cuando admitiste que yo te gustaba, nos besamos, nos acariciamos, nos quitamos la ropa y acabamos desnudos encima de la mesa haciendo…?
- ¡Basta!- Edgeworth estaba completamente rojo- N-no hace falta que seas tan preciso, está claro que te acuerdas del momento al que me refiero.
- Bien. ¿Qué quieres decirme respecto a eso?
- Bueno, lo que quería decirte es que quizá fui algo brusco con las palabras que utilicé…
Phoenix se incorporó en el sofá, su expresión inocente había desaparecido y ahora parecía realmente enfadado.
- ¿Qué es lo que pretendes decirme, Edgeworth? ¿Que estuvo bien y quieres repetir, pero cuando a ti te apetezca?
Edgeworth parpadeó.
- ¡No! No quiero decir eso. Si me dejas terminar de hablar… Solo estoy tratando de arreglarlo.
Phoenix se dejó caer hacia atrás, con los brazos cruzados.
- Ah, estás tratando de arreglarlo. Y yo tengo que entenderlo, escucharte y darte la razón. Cuando me dijiste que lo olvidara tenía que callarme y obedecerte sin rechistar y, ahora que has cambiado de opinión, debo hacerte caso igualmente. Siempre tienes que ser tú quien controle la situación, ¿verdad? Y yo quien se adapte a ti. Exactamente igual que cuando te marchaste sin darme opción a contactar contigo y, cuando intentaba acostumbrarme a ello, regresaste porque cambiaste de opinión…
Edgeworth bajó la mirada, molesto.
- No sabía que te hubiera molestado tanto aquello.
- ¡Por favor!- Phoenix se rió sarcásticamente.
Edgeworth intentó replicar varias veces, pero no lograba encontrar las palabras adecuadas.
- ¡Maldita sea, Wright!- exclamó por fin-, ¿acaso tú siempre tienes las cosas claras? Yo… no puedo evitar darle vueltas a las cosas.
Aunque seguía enfadado, Phoenix no pudo evitar sonreír ligeramente.
- Bueno… yo a lo que estoy acostumbrado es a darle la vuelta a las cosas.
- Cierto- el fiscal no sabía cómo actuar, no quería que se volviera a enfadar.
Phoenix suspiró. No podía enfadarse con él. A pesar de todo. Se levantó del sofá y se acercó a Edgeworth.
- ¿De verdad crees que yo siempre tengo las cosas claras? Ni mucho menos, Miles. Pero, aunque no esté seguro de algo al 100%, lo que sí hago es luchar por lo que creo que vale la pena en lugar de huir para evitarme problemas. El otro día… bueno, pensé que significó algo para ti, que después de todo este tiempo podía haber algo entre nosotros, pero me dejaste claro que solo fue…- se encogió de hombros- da igual, como lo quieras llamar. He dicho que lucho por lo que creo que merece la pena, pero eso es una cosa y otra es que te obligue a sentir lo que no sientes. Si quieres que lo olvidemos, tengo que aceptarlo aunque me duela.
- Wright, lo del otro día…no pude evitarlo…
- Está bien, no pasa nada. Ya te he dicho que lo entiendo- le puso una mano en el hombro.
- No me refiero a eso. Yo quería que pasara, pero no así.
Phoenix enrojeció.
- ¿Q-querías que pasara?
Edgeworth le apartó la mano y cruzó los brazos.
- ¿Creías que quería que lo olvidaras porque no significó nada para mí? Creí que me conocías un poco mejor.
- ¿Cuál es el problema entonces?- preguntó el abogado, confuso.
Tras un momento de vacilación, el fiscal le respondió, evitando su mirada:
- Wright, el problema no es que no me intereses, sino que me interesas demasiado. El problema es el de siempre: que tengo miedo. Tengo miedo a decepcionarte, a abrirme a ti y que no te guste lo que ves. Tengo miedo a tenerte y luego perderte y no ser capaz de soportarlo.
A medida que iba hablando, Phoenix estaba más sorprendido.
- Supongo que también tendrás miedo a que sea yo el que te decepcione-acertó a decir.
Edgeworth negó con la cabeza, sonriendo.
- Wright… ¿crees realmente que puede existir alguien a quien no le gustes? Estoy convencido de que nadie que te conozca puede evitar quererte.
- Estás exagerando- se rió Phoenix.
- No, lo creo de verdad. Ya te dije que eres perfecto. Por eso es absurdo que te fijes en mí. Eres demasiado bueno para alguien como yo. Te mereces a alguien mejor. Te mereces una relación más… normal. Con una chica, supongo. Alguien que te haga feliz.
Esta vez. A medida que hablaba, el ceño del otro hombre se iba frunciendo más y más. Hasta que Phoenix explotó:
- ¡Merezco que me hagan feliz, pero que sea otro quien lo intente, ¿verdad?! ¿Eso es lo que te importo? ¿Ni siquiera quieres intentar hacerme feliz tú? ¡Para hacer feliz a alguien solo hay que tener la voluntad y las ganas de hacerlo!
- …
- Ya basta, Edgeworth. Deja de dar las cosas por supuestas, deja de opinar por mí. ¿Crees que sabes lo que quiero mejor que yo? Yo te quiero a ti. Quiero ser feliz contigo. Y no me importa que luego todo sea una mierda, que me decepciones o que te decepcione yo a ti, o que haya momentos en que nos hagamos daño o que todo se acabe algún día y suframos. No me importa porque no quiero renunciar al tiempo que podamos ser felices, aunque sea tan poco que parezca que no ha merecido la pena. Porque aunque sea por un instante, podemos ganar la partida a la estupidez, al sinsentido, a la injusticia de la vida que…
Phoenix no pudo continuar hablando porque Edgeworth le tapó la boca con la mano.
- ¡Está bien, está bien! Escúchame bien: Phoenix- el abogado abrió los ojos por la sorpresa al oírle decir su nombre-, hacerte feliz es lo que más deseo en este mundo y voy a hacerte feliz aunque no quieras, te aseguro que nadie te va a hacer feliz nunca como yo te lo voy a hacer…¡au!- Edgeworth apartó la mano de la boca de Phoenix. Le había mordido.
El fiscal continuó:
- A pesar de esto, sigo queriendo hacerte feliz, incluso más que antes, porque…
Esta vez, Phoenix le calló a él, con un beso.
