Quédate conmigo.
Capítulo 2: El ojo de la tormenta.
Temperance se sintió extraña al no sentir el calor de su novio cerca, es más, eso fue lo que despertó esa mañana, abrió los ojos, el despertador comenzaba a sonar, se estiró y lo apagó.
.-.¿Booth?- nadie le respondió. Preocupada se levantó.
Recorrió el departamento, sólo para asumir que estaba sola, prueba de eso era que la el mesón de cocina había quedado cargado de ingredientes para el desayuno. Un poco deprimida porque pretendía hablar con él, sobre su pequeño problema de tiempo. Sin embargo, su novio había salido sin siquiera despedirse de ella; decepcionada, se bañó y se metió a la ducha, el día ya no se veía bueno.
Por su parte el agente, miraba por el espejo retrovisor, estacionado en el edificio Hoover, por alguna razón no había tenido ánimo ni fuerza para salir del auto, llevaba allí cerca de quince minutos. Sabía perfectamente qué día era, había visto el calendario, estaba marcado, hoy él y su novia debían hablar con sus respectivos jefes y él, cobardemente había dejado a su novia en la cama sin hablar sobre lo que había decidido. Resoplando cansado, bajó de la SUV y se encaminó al ascensor.
El lenguaje corporal lo decía todo, cabeza gacha, hombros bajos, y una cara: como para ir a buscar empleo, cualquiera que viera a Booth podía afirmar que se le había muerto su perro, se le había vencido la hipoteca o lo había dejado su novia. Para Booth era peor, no eran ni las ocho de la mañana y ya era el peor día de su vida. Caminó lentamente a su oficina, cuando su teléfono comenzó a vibrar e incluso antes de que la melodía comenzara a sonar ya se había escuchado el apellido del agente atendiendo el teléfono, un par de minutos después pasaba de largo su oficina y seguía hacia la de su jefe, un folder lo esperaba, un nuevo caso que investigar. "¡Demonios!" reclamó mentalmente y abrió la puerta de la oficina.
El reloj marcaba las siete y cuarto cuando la Doctora Temperance Brennan abandonaba su departamento con dirección al Jeffersonian, acompañada de un mug con café y un muffin. Arrancó el auto y se aventuró a enfrentarse a la cólera de su mejor amiga, cuando le dijera que ella y su novio no habían decidido nada en lo concerniente a hablar con sus respectivos jefes.
Veinticinco minutos después la antropóloga aparcaba su auto en su espacio designado del estacionamiento. Miró a la derecha, al escuchar el sonido de otro vehículo llegando al lugar, conocía perfectamente ese automóvil, su mejor amiga y la causa de su desvelo de la noche anterior llegaba al trabajo, lo más probable a dar cuenta de la decisión de la pareja. La doctora, sin más remedio se quedó en su puesto esperando que la artista aparcara su auto, de todas maneras ya no tenía forma de escapar de esa conversación.
.-¡Bren!- fue el saludo que recibió de parte de una bastante hiperventilada artista.
.-Ángela… buenos días…-.
.-Muy buenos días… Y nos llegó el día… ¿No es verdad?-.
.-Sí… nos llegó el día…-.
.-¿Qué tal si lo conversamos en la oficina junto a un par de cafés?-.
.-Sí, me parece lo más apropiado…- contestó, "Cualquier cosa para dilatar este momento" pensó.
Así, cerca de las siete cuarenta y cinco, ambas caminaban hacia el laboratorio médico legal del instituto Jeffersonian.
Ambas tenían un café en las manos, el del mug, Temperance ya lo traía vacío antes de llegar al estacionamiento; se encontraban sentadas en el sillón de la oficina de la antropóloga y Ángela la miraba con una cara de "quiero-saberlo-todo-y-quiero-saberlo-¡ya!"
.-¿Así que…?- comenzó Ángela, guardando silencio antes de continuar.
.-Así que ¿Qué?- respondió Temperance tratando de irse por la tangente.
.-No trates de confundirme, que no lo conseguirás… como bien sabes, HOY termina tu plazo para contarles a todos tu cambio de estatus con tu agente-.
.-Lo sé, no creas que se ha olvidado, es algo que no he podido olvidar en el último mes… créeme…-.
.-Y sin embargo, eso no me dice nada ¿Qué fue lo que tú y Booth decidieron?-.
.-La forma correcta de decirlo sería: Booth y tú…-.
.-Eso es irrelevante Brennan. Lo que me interesa saber es qué fue lo que decidieron…-.
.-Nada…-.
.-¿Qué¿Pero cómo?-.
.-Anoche… intenté hablarlo y, para ser honesta, lo dilaté hasta que… bueno, se me fue de las manos, Booth me llevó al dormitorio, después ya sólo tenía sueño y cuando desperté, cerca de las dos de la mañana, Booth ya estaba dormido… esta mañana, cuando desperté, ya estaba sola en el departamento y por el estado de mi cocina, algo debe haber sucedido en el trabajo para que Booth haya dejado los ingredientes del desayuno tirados en el mesón-.
.-Así que nada…-.
.-Exacto…-.
.-Brennan- la voz de Ángela, fuera de su tono y nivel normales, adquirió un nivel de seriedad pocas veces visto por la doctora y era de la clase que NUNCA dejaba algo bueno -…lamento mucho decirte esto, pero tienes hasta…-.
.-¡Huesos!... tenemos un caso- el Agente Seeley Booth interrumpió la conversación de las amigas, fiel a la costumbre, Brennan salió un par de segundos después con la protectora mano de su novio en su espalda, dejando a la artista sola en la habitación.
.-Bueno, supongo que la aclamación de su amor a los cuatro vientos puede esperar a que resuelvan el caso- Ángela se paró de su asiento y salió de la oficina de su mejor amiga.
