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No soy dueña de ninguno de los personajes de los miserables, todo es de él señor Victor Hugo; a mi solo me pertenece la idea y el tiempo empleado para esta historia, espero que les guste; cualquier critica sera bien recibida, siempre y cuando sea para mejorar la historia o mi forma de escribir.


Capítulo 2

1831

Diciembre

Éponine despertó sudando. Su respiración entre cortada. La fiebre le había regresado. Javert fue por el mismo trapo con el que le había quitado la fiebre tan solo hace unas horas antes.

-¿Monsieur Marius?- Dijo casi en un susurro con una ligera sonrisa -¿Qué esta haciendo?- Pregunto justo cuando Javert comenzó a ponerle el paño en la cabeza.

Javert decidió que dejaría a la niña hablar sola. Después de todo, de su boca solo iban a salir palabras sin sentido.

-Marius abrázame por favor- Imploro la chica casi al borde de las lagrimas.

La mente de Éponine no podía ver al Inspector Javert, ella solo podía ver a Monsieur Marius, ella creía que Monsieur Marius era el que la estaba rechazando tan cruelmente.

-Monsieur Marius, acérquese- Dijo sentándose en la cama, haciendo un movimiento rápido para tomar el antebrazo de Javert y llevarlo hacía ella.

-Déjame chica- Dijo el inspector intentando liberarse de la chica con mucho cuidado.

Éponine lo tomo con fuerza, negándose a dejarlo ir. Ella siendo victima de la fiebre acerco su cara a la del inspector y en un rápido movimiento tomo sus labios con los de él.

Lo primero que él pensó, fue alejar sus labios. Pero el fino toque de los labios de la joven, fue demasiado embriagador para él. Tardo unos segundos para recordar que esta chica solo lo besaba porque creía que era otro hombre y que tenía la fiebre muy elevada.

Al retirar sus labios, encontró a la chica con los ojos cerrados y una sonrisa inocente. Se sintió culpable por haberla besado; pero se consoló diciéndose así mismo que ella fue la que lo besó.

Después de una mirada rápida, Éponine volvió a dormir.

Hace mucho que el inspector no besaba a una mujer. Habían pasado demasiados años desde la ultima vez. Algo bastante curioso en esto; es que la mujer que había besado hace tantos años, era la madre de la chica que había besado hace apenas unos minutos.

Debía de admitirlo, le había gustado sentir esos dulces y cálidos labios. No pudo evitar compararlos con los de su madre. Los de esta chica estaban más ásperos, pero su beso fue más inocente. En cambio las veces que Eloisa y él se habían besado, habían sido bruscos y demasiado rápidos.

Se apresuró para alistarse para otro día de trabajo. Arreglo su uniforme sin ninguna arruga igual que siempre.

El alba comenzó a asomarse; lentamente se acerco a Éponine, cuidando de no despertarla. Cuidadosamente puso sus manos en la pequeña frente de la chica y al darse cuenta de la que la fiebre se había ido y ahora tenía una temperatura normal, comenzó a despertarla.

-Chica es hora de irse- Le dijo con su tono áspero.

Éponine lentamente fue abriendo sus ojos. Fue difícil despertar, considerando que hace tantos años que no tenía una cama tan grande y suave.

-Lo siento Monsieur- Dijo la chica sentándose en la cama bajando la mirada.

El inspector dio una mirada rápida a la chica, antes de volver a poner la frente en alto.

-Chica... Tu ropa ya debe de estar seca, iré por ella.

El inspector ni siquiera le dio tiempo a Éponine para poder contestar, pues no había ni terminado de decir la frase, cuando ya se había ido.

Ella se sentó en la cama, a la espera del inspector. Comenzó a examinar la habitación, se dio cuenta de que no tenía ni un solo adorno, ninguna sola imagen; nada que pudiera dar una pista de quien vivía allí, siendo sinceros, a simple vista parecería que nadie vivía ahí.

-Aquí tienes tu ropa, pontela rápido que no quiere llegar tarde al trabajo- Dijo Javert aventándole la ropa y saliendo de la habitación.

Se vistió lo más rápido que pudo, temerosa de que el inspector llegara y la volviera a ver. En realidad, ella no sentía miedo del inspector; sentía vergüenza, ningún hombre la había visto desnuda, él era el primero.

Al terminar de vestirse, salió cabizbaja de la vergüenza, ni siquiera fue capaz de mirarlo a la cara.

-Gracias Monsieur-Dijo la niña mirando sus pies. -Sera mejor que me valla rápido.

-Sera lo mejor chica- Dijo el inspector tan cortante y frío como siempre.

Éponine pronto abrió la puerta y salió del apartamento.

Afuera hacía un frío espantoso; las calles estaban cubiertas de nieve, y en el momento en que Éponine puso su piel descalzo en la nieve, se heló toda.

Se apresuro a llegar a sus casa, en donde si tenía suerte, podría recoger algo para taparse el frío y entrar en calor.

Al llegar al cuarto en donde se encontraba toda su familia, se apresuro a tumbarse cerca del pequeño fuego de la chimenea, para poder entrar en calor.

-¡Ponine!- Grito Azelma con alegría. -¿Dónde estuviste toda la noche? No regresaste después de ir con Montparnasse- Cambió su tono de alegría en preocupación en menos de lo que pudo terminar la frase.

-Si, maldita perra, ¿Dónde te metiste?- Dijo Monsieur Thénardier con ira hacia su hija mayor.

-Dormí afuera- Contesto tan fría como siempre.

-¿Con este frío?- Pregunto tan asustada Zelma. -Ponine te puedes enfermar.

-Si, y no vamos a estar comprando medicinas para ti maldita perra... Preferiría que murieras- Dijo el padre amenazando a Éponine.

-Una boca menos que alimentar- Contesto Madame Thénardier, uniéndose a la conversación.

-Si tanto te gusta estar afuera, ve a conseguir dinero- Dijo su padre señalando la puerta.

-No papá, hace mucho frío, necesito calentarme mejor- Dijo Éponine intentando no mirarlo a los ojos, pero manteniéndose firme.

La ira inundo los ojos de Monsieur Thénardier, si algo odiaba, era que alguna de sus dos hijas (sobre todo Éponine), lo contradijera. Se acerco amenazante hacia Éponine, haciendo crujir sus pasos bajo el piso de madera. Al llegar justo en donde estaba ella, se paro por un segundo frente al cuerpo temeroso de su hija. Con un movimiento rápido con la mano, la azoto en la cara de la pobre chica. En ese momento lo único que se escucho, fue el sonido de una mano grande y pesada, golpeando una piel pequeña y delicada. La mano del hombre quedo marcada en la mejilla de la pobre joven. Acto seguido, la pateó un par de veces en el vientre. Como gran final, tomo su pálido y flaco brazo y la levanto; la tomo tan fuerte, que sus dedos quedaron marcados en la piel de Éponine. Le tomo por el cuello para poder verla. Éponine ya no tenía una mirada de indiferencia, ahora era de terror puro y absoluto. Le clavo las uñas en el brazo y Éponine chillo ante esto; la miro a los ojos y después estrello su puño en uno de los ojos de la chica. Lo más impresionante de esto, es que Éponine nunca lloro. Estaba acostumbrada a no llorar.

-¡Fuera de aquí!- Grito tan fuerte que hasta las paredes retumbaron.

La pobre chica herida se apresuro para salir; a duras penas se puso de pie y corrió hacia la puerta, ignorando el horrible dolor que eso le producía. Antes de salir tomo su chal, se lo puso en sus huesudos hombros y le dio una mirada fugaz a su hermanita y a través de sus quebradizos y pálidos labios, se asomaba una falsa sonrisa. Al salir, se encontró con Marius asustado.

-¿Ponine estas bien?- Dijo acercándose a la chica herida.

-Si Monsieur, he sufrido peores- Le dio otra falsa sonrisa y salió corriendo de la casa.

Cada vez que su padre o Montparnasse o alguien la golpeaba, lo que menos quería es que Marius la viera; se sentía débil y avergonzada, y no quería que él la viera así. Ella quería que él la viera como la chica fuerte y fría que aparentaba ser, después de todo, su corazón late, pero no se siente viva.

Se recostó en una callejuela, en la búsqueda de algo para robar. Se tapó lo mejor que pudo con el pobre trapo, temblando de frío, su estomago pidiendo algo de comida; la pobre no había comido nada desde la mañana del día anterior, y lo único que comió fue una manzana a medio comer que le logro arrebatar a una pequeña burguesa.

Unas damas burguesas pasaron justo en frente de Éponine, y ella las envidio, estaban riendo, sin pasar ni un poco de frío, altaneras y alegres. Muy bonitas ante los ojos de la pobre chica. Se acerco a ellas para poder pedirles un poco de caridad, algo que la pudiera ayudar, lo que sea; sin embargo esas mujeres, era mujeres bonitas, pero sin corazón.

-¡Que asco una prostituta!- Grito una de ellas.

Éponine retrocedió por el grito, ellas no tenía derecho de juzgarla, ella ni siquiera era una prostituta, nadie sabía bien quién era ella. Las vio alejarse, ella tenía odio en su alma, dentro de su ser. Ellas la juzgan sin siquiera conocerla, eso la enojo; jamás sabrían su historia; jamás sabrían que ella había sido herida en el alma, que se sentía derrumbada, que estaba sola, que sufría y que ella misma se odiaba; pero ella antes no se odiaba, ellos la hicieron odiarse. Pero ella se volvió más fuerte, aprendió a serlo, el mundo la hizo así.

Se fue acercando lentamente, tan sigilosa para que nadie la viera, con un movimiento rápido, se puso delante de ellas, y le roba su collar a la más cercana. Éponine ya estaba lejos, cuando ellas gritaron por la policía.

El inspector Javert escucho el grito de las mujeres y se acerco; en base a las instrucciones que estas le dieron, corrió en busca de la chica. No tardo mucho en encontrarla tirada en el piso arrastrándose, pues a pesar de que Éponine llevaba ventaja, se resbalo con la nieve y se había lastimado un tobillo. Él se acerco a ella a paso normal. La miro con asco, de la misma manera que a cualquier otra prostituta. Pero la joven levanto la cara para poder ver quien era el policía, y se dio cuenta de quien era ella. Otra vez estaba frente a él, lastimada, con ojos llenos de miedo y algo que no supo diferenciar. Le dio una rápida mirada al cuerpo de la niña, y se dio cuenta de los nuevos golpes.

-¿Qué te paso chica?- Pregunto Javert con un tono indiferente.

-No es de su incumbencia Monsieur- Dijo ella templando de frío comenzando a sentir su piel adormecida.

-Tienes razón- Dijo con seriedad haciendo una pausa. -Vendrás conmigo asquerosa ladrona- Dijo tomando el collar y a ella fuertemente del brazo maltratado previamente por su padre.

Éponine chillo ante el brusco agarre del inspector, y mucho más cuando la obligo a pararse utilizando su pie lastimado. El inspector lo notó, pero le dio lo mismo e inicio su camino hacia la comisaria, para llevar a la "ladrona" ante la justicia.

Ella se lleno de diferentes temores, no podía ir a la cárcel. Había oído hablar, que estar en la cárcel es algo muy malo para una mujer. No todos lo policías eran igual de correctos como Javert. Otros, no lo pensarían dos veces si tuvieran que golpearla, es más, dicen que hasta disfrutan haciéndolo. Otra cosa que le heló la sangre solo de pensar, fue las diferentes historias de presas (la mayoría prostitutas), que habían sido violadas en la prisión.

Comenzó a moverse desesperada, ignorando el dolor de su tobillo. Él, por su parte, la agarro más fuerte y la arrastro, no fue muy difícil, ya que ella no era nada comparada con Javert, en realidad, ella no era nada.

-¡Monsieur déjame ir!- Grito lo más fuerte que pudo, comenzando así una guerra contra él... Javert ni se inmuto, siguió su camino cada vez más y más cerca de su destino.

Ella siguió con su lucha para salir de las manos del inspector, pero él era muy fuerte, y ella muy pequeña.

-¡Suéltame asqueroso bastardo!- Grito la chica lo más fuerte que pudo, sin saber que había cometido un gran error.

El inspector de detuvo, miro a la niña y Éponine distinguió ira pura en sus ojos grises y fríos como el hielo. La aventó hacia un callejón. Éponine no supo como mantenerse de pie y callo de centon sobre la nieve helada.

Javert miro hacia ella y dijo con un tono seco -No me vuelvas a llamar así chica.

Ella lo miro asustada, nunca lo había visto así, su mirada y la de él chocaron, y rápidamente la apartaron. La chica recordó que él la había visto desnuda, y él encontró esa mirada demasiado familiar, más de lo que le gustaría.

El inspector intento no pensar en la mirada de la chica delante de él, y la chica de su pasado; pero se le vio imposible, no podía llevarla a la comisaria, ni siquiera podía mirarla. Luego, por si fuera poco, recordó el beso que hubo entre ellos dos. Recordó a esa chica en ese estado tan débil, y se dio cuenta, de que no había mucha diferencia entre la chica de la mañana y la de ahora.

Lo pensó un momento y luego dijo -De acuerdo chica, vete antes de que cambie de opinión- Dijo desviando la mirada, sin poder creer lo que acababa de decir.

Ella no lo pensó dos veces, cuando se levanto como pudo y salió corriendo. Temblando por una mezcla de frío y temor.

Él la vio alejarse, pidiendo a Dios, para que nunca se la tuviera que encontrar. Le regreso su collar a la dama que se le había sido robado, y siguió con su trabajo.


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Por fin lo termine, me siento tan feliz. Estos días he estado pasando falta de inspiración, perdónenme si no publico los capítulos rápido, pero pues como ya les dije, no tengo mucha inspiración, pero en esos momentos de inspiración fugaz, escribo lo que puedo.

También quiero agradecer a mademoiselletori, AliceB1402 y gorettiMist, muchas gracias por sus comentarios, todos ellos me ayudan mucho con la historia. También quiero darle las gracias a una amiga Sofia, que también lee esto, gracias a todo lo que me dice, me inspira y aveces hasta las imágenes que hace me ayudan.

Gracias a todos los que lee mi historia, si ustedes esta historia no sería nada.

Adiós.