Mientras estuvieran juntas (Luna x Sam +15)

Este relato contiene yuri muy ligero y temas de homosexualidad femenina. A quien no le agrade este tipo de temas y situaciones, hará bien en buscar un relato que corresponda más a sus gustos y sensibilidad.


En la soledad de la habitación, Luna y Sam se llenaban de besos y caricias. Las manos recorrían las suaves curvas de aquellos cuerpos adolescentes. Las bocas se acariciaban y besaban cada vez con mayor pasión. Los nervios y la tensión que recorrían sus jóvenes cuerpos solo incrementan la excitación; el amor y el deseo febril que ambas sentían. Hacía una semana que habían acordado aquel encuentro íntimo, y ahora que estaban juntas, no deseaban perder ningún solo segundo de la gloria de su amor.

Poco a poco, los labios de Sam comenzaron a descender por el cuello de Luna. La chica temblaba de deleite, de placer anticipado y nerviosismo. Ya hacía dos meses que tenían relaciones sexuales; pero el nervio, la ansiedad y la intensidad de su pasión prohibida las hacía sentir como si fuera su primera vez.

Sam sintió el nerviosismo de Luna. Apartó los labios de su cuello, y la abrazó con todas sus fuerzas.

- Tranquila, mi amor. No debemos tener miedo. Estamos solas, nos amamos... Nadie nos interrumpirá.

- Lo sé, mi vida -dijo tímidamente Luna-. Es que... ¡Perdóname, mi amor! Todavía no puedo creer que esto sea real... Que estés conmigo y que me ames. Llevamos un año, y todavía no puedo creerlo.

- Corazón... Yo estoy contigo, y te amo. ¿Puedes sentirme?

Sam tomó la mano de Luna y la puso encima de uno de sus pechos.

- Claro que sí, mi amor - respondió Luna con una sonrisa sesgada.

- Entonces, déjate llevar, mi vida. Vamos a amarnos. Vamos a sentirnos. Sé que lo deseas tanto como yo.

Luna sonrió. Las palabras de su amada siempre tenían un efecto mágico en ella. Ahora, la chica castaña fue quien tomó la iniciativa.

Besó suavemente el rostro y el cuello de su amada. Cada suspiro y gemido era música celestial para sus oídos. Por fin estaba sacando sus preocupaciones del espacio privado que solo correspondía a las dos.

Las prendas superiores cayeron. Las manos de las chicas acariciaron febrilmente sus cuerpos. Luna atrajo a su amada para besarla en el pecho, y aspirar profundamente el aroma de su cuerpo. Sam abrazó su cabeza e hizo que la mirara, para besarla dulcemente en los labios.

Luna disfrutó el suave contacto de los labios de seda. Estaba tan emocionada, que hubo de luchar para contener sus lágrimas. No quería llorar, ni que Sam se diera cuenta y se preocupara. ¡Pero era tan difícil!


Tuvo que sufrir tanto por aquel amor. Primero, afrontó la incertidumbre de no saber si Sam sentía lo mismo que ella. Quizá nunca se hubiera armado de valor, de no ser por la confusión con la carta de San Valentín de sus padres. Luego, sus hermanos tuvieron que animarla para que se arriesgara a declarar su amor. Y cuando finalmente lo hizo, el temor y la incertidumbre sobre si la persona amada la aceptaría.

Fueron días de tensión; de angustia sin fin. Sam tardó en responder. Luego se enteró de que no contestó de inmediato porque no se atrevía a creer que ella pudiera gustarle a Luna. La confesión fue difícil para las dos, pero al cabo pudieron decirse lo que sentían. Y esa misma noche, ambas lograron darse el tímido primer beso.

No sospechaban que aquello sería solo el principio de sus problemas.

Estaban juntas. El mundo había cambiado y era mucho más tolerante. Tenían la esperanza y el deseo de ser aceptadas como pareja, pero descubrieron con tristeza que no era así.

Sus amigos se dividieron entre quienes les dieron aliento y apoyo, y entre quienes las agredieron e insultaron. Perdieron varias amistades, incluyendo a un integrante de su incipiente banda que estaba enamorado de Sam. Recibieron insultos y amenazas anónimas por sus redes sociales, y hubo quien les dijo que se estaban ganando el infierno por anormales y tortilleras.

Acordaron decirles a sus familias. No querían que su amor fuera secreto y las cosas se distorsionaran con rumores y malentendidos. Luna no estaba tan segura, porque se imaginó que algunas de sus hermanas y sus tías no lo aceptarían. Así que Sam fue primero, y casi se arrepintieron de haber hablado.

Los padres y hermanos de Sam aceptaron a regañadientes. Dejaron claro con su actitud que aquello no les agradaba, pero se avenían a ello por ver feliz a Sam. Luna les simpatizó, pero alguien llegó a comentar que se abstuvieran de hacer sus cosas frente a ellos.

Uno de sus primos mayores de Sam reaccionó mucho peor. Le dijo con desprecio que le gustaba el bizcocho, porque aún no sabía lo que era ser tomada por un hombre de verdad. Sam apenas se salvó de ser violada por ese individuo. Los insultos y el escándalo familiar fueron espantosos.

Luna solo se atrevió a decirle a una persona: su único hermano varón. El niño hombre que siempre había estado allí para amar y apoyar a todas sus hermanas.

La muchacha empezó y se detuvo mil veces. Estuvo a punto de echarse a llorar, pero finalmente logró decirle a Lincoln lo que tanto la atormentaba. Mientras hablaba, apenas se atrevió a mirarlo a los ojos. Pero Lincoln, tan lindo y comprensivo como siempre, solo se sorprendió por un momento. Después sonrió, y luego abrazó a su hermana con mucha fuerza.

- Ay, Luna... ¡Cuánto debes haber sufrido por esto, hermanita!

- No tienes ni idea... -susurró la chica, secándose las lágrimas que no había podido contener.

Lincoln sonrió y le dio un beso en la frente.

- No lo sé, pero tengo la idea. Recuerda a los padres de Clyde.

En Lincoln encontró el apoyo y la comprensión que tanto necesitaba. Estuvieron hablando largo tiempo. Luna le contó la manera en que se conocieron, cómo se enamoraron, y los mil problemas que tenían para vivir su amor.

- Te juro que no lo entiendo, Linc. ¿Por qué lo mío con Sam tiene que ser así, tan oculto y pecaminoso a los ojos de los demás? ¿Por qué no podemos amarnos? Dudo mucho que lo que Sam y yo sentimos sea diferente a lo que sienten Lori y Bobby.

- O a lo mío con Stella -suspiró Lincoln-. ¿Sabes hermanita? Yo no sé mucho de estas cosas, pero... Creo que no debes esperar a que el mundo cambie. A que las acepten. La gente intolerante nunca cambiará: es como si les doliera que el mundo no se adapte a sus prejuicios, y a su manera de ver la vida. Quieren que todos vean el mundo como ellos, o que callemos y escondamos todo lo diferente. Las cosas que no aceptan les provocan miedo y dolor.

- ¡Ojalá las cosas no fueran así! -gimió Luna -. He soñado tantas veces con decirle a nuestra familia...

- Luna... ¿De verdad crees que ellos necesitan saberlo? No todos van a poder aceptarlo. Y tú lo sabes.

- Ojalá todos fueran como tú, Linky - dijo la muchacha, tomando las manos del peliblanco.

- Pero no lo son, Luna. Y a pesar de eso, los amamos. Quizá en el futuro, hermanita. Por ahora, varios de ellos solo podrán sentir dolor y rechazo. Tendremos que trabajarlos poco a poco, y tal vez no resulte con todos. Al menos, quiero que sepas que siempre contarás conmigo. Estés con Sam, o con cualquier otra persona que te ame.

Los hermanos volvieron a abrazarse, y Lincoln besó de nuevo la frente y las mejillas de Luna.


Y aquella vez, cuando estaba a punto de llorar, las palabras de su hermano menor volvieron a su mente. Miró a su adorada Sam, que tenía los ojos entrecerrados. La muchacha rubia los abrió, para dedicarle la más hermosa de sus sonrisas.

Luna sonrió a su vez. Las muchachas se besaron, y se dejaron llevar por su amor y sus sensaciones. Lincoln tenía razón: tal vez el mundo no las aceptaría del todo, pero muchos de quienes las amaban sí lo hacían. Tenían que estar unidas, ser fuertes y valientes; porque el mundo y sus prejuicios eran como eran, y no iban a cambiar.

La vida no era justa. Pero mientras estuvieran juntas, su amor siempre podría tener esperanza.