Capítulo 2.
La mujer que me ha traído loco por todo el puto mes, está frente a mí dentro de un grupo de personas. Ríe.
Camina hacia mí y corta el metro de distancia que nos separa. El olor de ella inunda mis fosas nasales. Y estoy tentando a cerrar mis ojos y aspirarlo tranquilamente. Pero no. No sé qué me pasa ante su presencia y no tengo tiempo para averiguarlo.
—Hola... —dice acercándose un poco más. Invadiendo mi espacio privado.
— Hola... La última vez desapareciste. —digo, y de pronto:
Su mano acaricia mi mentón, acariciando la diminuta barba de dos días y luego se desliza hacia mi nuca, sube lentamente entrelazando sus dedos entre mi cabello. Ese gesto, lanza un escalofrío a cada parte de mi piel. Erizando, erizando cada centímetro.
¿Y?... ¿Tenía que quedarme? —Su respuesta me dejó perplejo.
— ¿Cómo te llamas?
— ¿Para qué quieres saber?— Mi rostro se contrae.
— ¿Sabes algo? Llevo prisa...
—¿Ahora me evitas?—.
— ¿Evitarte? ¿En serio?—suena sarcástica.
—¡Si! —Nos quedamos callados.
Oh... Disculpa... —dice, y me esquiva. Arqueo una ceja. ¿Eh? ¿Qué ha pasado aquí? ¿Acaso no...? Me vuelvo hacia ella, pero está distraída con algo.
— ¿Disculpa?—suelto irritado, ella arruga su entrecejo y me quedo mudo al ver por completo su rostro.— ¿Es todo?
Se detiene y se gira...
—Creo que... Tu ego es demasiado enfermizo. —camino hasta ella, quedamos frente a frente.
—¿Qué has dicho? —creyendo que va a encogerse por mi altura y mi intimidante tono, ella alza la barbilla y su mirada verde desafiándome.
—¿Aparte de eso, estás sordo? —espeta.
—¿Quién te crees para hablarme así? —Me irrita su actitud. Se queda callada por un par de segundos, pero no baja su mirada.
—Si todo tu drama es porque no te he pedido tu número, o inclusive ponerme de alfombra como acostumbran al verte el resto del mundo... Seré la primera en aplastar tu mundo de ensueño. No todas somos tontas ante un rostro atractivo. —Aparece una sonrisa triunfante en sus labios al ver que me ha dejado sin palabras.
—No tienes idea a quien estás...
—No eres el único que tiene esa tendencia de... —me interrumpe y finge encontrar la palabra en el aire —. Oh sí... Investigar.
— ¿Me has investigado? ¿Cuánto sabes de mí?—. Sé que es una estúpida pregunta. Todo mundo sabe de mí y que mi vida es el dinero, el poder. ¿Por qué me preocupa cuanto sabe de mí?.
— Sé lo suficiente. ¿Crees que eres el único con el poder de averiguar la vida de otra persona? —Sus hoyuelos se muestran ante mí y roban el aire entre nosotros. ¡Son tan pero tan familiares!
— ¿Cuánto? La desafío, puedo ver la sonrisa que se empieza a formar en sus labios perfectos, arquea una ceja y ladea su rostro. Se muerde el labio inferior y me guiña el ojo.
— Bueno, adiós... —me da la espalda para ir por la fila de autos estacionados.
Avanza unos metros y no puedo evitar ver el movimiento que hacen sus piernas deliciosas meneando su bonito trasero, extiende su brazo. Un Audi A9x. Color negro, vidrios polarizados se detiene frente a ella. Miro la placa del carro y me la memorizo en instantes.
—Un poco de humildad te vendría bien, Terry...
Mi mirada de idiota la sigue hasta que entra al auto, arranca y se pierde en el tráfico. Y yo como un estupido embelesado de pie en la acera parado sin saber que hacer. ¿Quién demonios es esa mujer? ¡Necesito averiguar ya! Cerré los ojos... Los abrí de golpe con el corazón agitado. —¿Terry? Sin duda ella sabía quién era y yo estaba en desventaja. Muy pocas personas se dirigen a mi con ese diminutivo. Pero sus placas me darían la información que necesitaba... ¿Quería jugar? Jugaremos...
El corazón se agitaba por la adrenalina que empezaba a correr por mis venas. Finalmente han dado con la mujer del antro. Había investigado inmediatamente a la Rubia. Apreté el volante inconscientemente al recordar sus palabras. «Ego enfermizo» Mierda. Eso me enfurece. Me había quedado sorprendido cuando leí el informe.
-¡¡Candy White...!!
— ¡Quiero todos los putos detalles de Candy White! La hija de...
—Tomo aire para calmarme pero es imposible, y lo siguiente sale cargado aún de ira— ¡Se ha cambiado el nombre y apellido!
-- Llama a Charles y que investiguen ¡TODO! ¡No quiero ningún detalle fuera de mis manos!
—Sí señor.
--Calmate Terry--. Dice Adam.
—Dame las llaves. —Adam parece confundido— ¡Qué me des las llaves del puto auto, joder!
— ¡Qué esta me las cobro!
—Iré con tigo.
—No. tú sigue investigando quién nos tumbó el contrato.
Sin dudar más Adam me entrega las llaves. Salgo de la oficina y busco el carro de Adam, está cruzando la calle. Me subo al auto y arranco en reversa.
Manejo rápido entre el tráfico y pongo la dirección que me dieron en el reporte. Está a diez minutos de mi ubicación. Aprieto el agarre del volante con tremenda fuerza que hasta los nudillos se ponen blancos.
Recuerdo perfectamente a Candy, de piel pálida, unos hermosos hoyuelos que raras veces aparecían. Y eso me hace sonreír. Era una hermosa rubia, ojos verdes su voz era melodiosa, cálida, confortable. Era como si te relajara y te llevara a otro lugar. Pero la Candy que yo guardo en mi mente tenía pecas. Está Candy que ha venido a sacar todo lo que ya había enterrado, no tiene pecas y era obvio que cubrío bien sus características ¿Como fue que cambió así?
Llegué a un semáforo en rojo y me recargué en el respaldo del asiento.
Los pensamientos a aquellos tiempos antes de ser un gilipollas hijo de puta como el que soy ahora, me lanzaron como un torpedo furioso.
La había observado en silencio durante clases, sentía una atracción fuerte por ella, la había convencido de salir conmigo para descubrir que era solo una follada, y dejaría de tenerla en mi mente, pero no. El ver como otros hombres la miraban me provocaba hervir de ira, no quería que nadie la mirase más que yo. La misma noche que salimos estuvimos a punto de hacerlo en el sofá. Me hizo descubrir que era algo más.. los besos robados me comenzaron hacer que la deseara muchísimo más para mi sorpresa... Pero estaba confundido, y no la busqué.
Hasta que regresamos de vacaciones, En todo ese tiempo me si cuenta que la había extrañado. Pero ella llegó comprometida, puso distancia entre los dos, una semana antes de graduarnos, golpeé a su prometido hasta casi desfigurarle la cara al descubrir que la había maltratado.
Cuando volvió a aparecer en mi vida. Había sacado algo malo en mí, y jure que me vengaría.
Luego una noche y entre reclamos de sentimientos, odio, arrepentimiento, furia, las cosas aumentaron de calor, hasta que descubrí que era virgen. se desató un infierno. Había vengado una parte de su ausencia para luego dejarla marchar sin pedirle más explicaciones. Sin embargo, lejoz de olvidarla, no podía ni quería perderla.
Decidí dejar al gilipollas que era, de centrarme y luchar por ella. Mucho tiempo sin saber de ella... me estaba volviendo loco. Un dia todo cambió. Me encerré en mi mundo y me juré no volver a dejar que nadie pudiese siquiera acercarse como ella lo había hecho... Y ella no volvió aparecer...
El ruido del claxon me sacó de mis pensamientos. Arranqué un poco más calmado, pero la ira aún seguía.
Di la vuelta y encontré el edificio de veinte plantas. Todo de cristal. Era elegante.
Ahora me preguntaba ¿Qué había hecho de su vida? ¿Por qué hasta ahora nos habíamos cruzado? ¿Por qué no años antes? ¿Y cómo se atrevió a provocarme? A lo mejor me lo merezco. A lo mejor fue una jugada para cobrarse lo qué pasó hace años.
Casi una hora después, su auto se estaciona en la acera del edificio.
Sonrió malévolamente.
La suerte está de mi lado y eso me inyecta un poco de adrenalina. Bajo del auto y estoy a punto de cruzar. Giro a un lado para ver si viene un auto, pero no viene. Así que cuando estoy a punto de cruzar, me quedo congelado ante tal escena: Un hombre le ha abierto la puerta del auto, le besa los labios y le sonríe animadamente. Cuando abre la puerta trasera, sacan en brazos a un pequeño niño. El hombre se gira para entrar y es cuando Ella se da cuenta de mi presencia.
— ¿Qué mierdas...?—no termino la frase. Estoy desconcertado. ¿Es casada? ¿Tiene un hijo? ¿Tiene un hombre quien le calienta la cama todas las noches? Eso me enfurece de alguna manera. Odio esa escena y el odio que tenía en contra de ella en algún rincón dentro de mi pecho, sale a la superficie. Odio por hacerme creer...no.
No. Ella no dice nada, escucha que la llaman y se gira para alcanzar al hombre que carga al niño que parece estar dormido en sus brazos. Él le pasa el brazo por sus hombros y deja un beso en su coronilla cuando se detienen a esperar el ascensor. Ella mira hacia mí dirección a través del gran ventanal del lobby. Apenas puedo tragar saliva. Las puertas se abren y ella se detiene antes de entrar. Su rostro no muestra nada.
Pero un segundo después es cuando sonríe antes de desaparecer... y es cuando entiendo algo o es lo que creo entender... Es su venganza: Enseñarme lo que un día pudimos tener.
Continuará...
Saludos. Gracias por acordarse de mi, pronto nos leemos...
JillValentine
