Astoria Greengrass
Pequeña y menuda. Siempre me criticaron por mi baja estatura. Claro, sólo porque Daphne era mucho más alta y estilizada.
¡Como la envidiaba a la maldita!
Cambiaba de novio como quien cambiaba de ropa interior. Los desechaba sin importarle qué sucedería después con ellos; que juraban pasar días de inanición sólo por volver con ella.
Desgraciada.
En cambio yo, yo me desvivía por tocar los labios de uno de esos chicos. Simplemente para sentir el sabor amargo de los labios masculinos.
Me reacomodo en el sillón mientras doy vuelta la página del libro de pociones. No puedo pensar en otra cosa. Esta tarde solamente, rompió con uno de los chicos más guapos de Ravenclaw, y ahí está, en un rincón, besuqueándose con el guardián del equipo de Slytherin.
Perra inmunda.
Me giro hacia la ventana, para no escuchar los ruidos succionadores que se van alejando hacia la recamara de los chicos. Entonces, sólo por querer fijarme en algo más, me encuentro velozmente con unos fríos ojos grises.
Él ríe, claro, se ríe de mí, ¿De quién más va a ser?
Bajo la mirada avergonzada, mientras sin querer vuelvo a concentrarme en los ruidos provenientes, ahora, de la habitación de arriba.
Todos están en los jardines, disfrutando de la brisa veraniega. Mientras que a mí, el calor comienza a embargarme al escuchar los gemidos de mi hermana.
Incomoda, intento inhalar aire, pero sólo ingresan a mis pulmones el oloroso aroma acido de un perfume varonil.
Nuevamente nuestros ojos se encuentran. Pero ahora, veo en los suyos el mismo deseo de los míos.
Creo que es primera vez que le agradezco algo a Daphne. No, no era el verano el que producía tal calor. Eran sus ojos, los gritos de ella, y nuestros corazones latiendo con fuerza gracias a una pasión ajena.
Anya Naivea.
Próximo Personaje: George Weasley.
