El fic y algunos de sus personajes, son de mi autoría. Otros pertenecen única y exclusivamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, Candy Candy.
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DOS
—¿Tu novia? ¿Tu novia?—Candy estalló en un furioso susurro en cuanto los Leagan se alejaron unos momentos fuera de alcance—¿Estas loco o qué te fumaste? ¿Cómo pudiste decir que soy tu novia?
—Relájate— dijo Terry mirando hacia los hermanos, que en ese momento hablaban con alguien— Volverán en unos minutos y tenemos de concretar nuestra historia.
—¡Nuestra historia! ¡Este es tu cuento de horror! No se me ocurre ni un motivo por el que no deba contar la verdad...
—Porque...—cortó con voz baja y seria— ...mi padre necesita que George Leagan firme ese contrato.
— Tú quieres que me exponga al ridículo público y finja ser tu novia.
—¡Hey! Muchas mujeres mueren por tenerme en su cama. O al menos que les dé una mirada.
—Pero ese no es mi caso. Acabas de arruinar mi salida con Jey.—dijo molesta y a punto de soltar en llanto.
—Bueno, mira el lado bueno.—dijo él y ella lo miró frunciendo el ceño.
—No le veo nada de bueno.—se cruzó de brazos.
—Te ahorré la pena, porque si ese beso fue tu mejor esfuerzo para fingir pasión, ese Gay hubiera salido corriendo.—dijo y rió abiertamente.
—¡Idiota!. Y es Jey, de Jeisson —dijo ella dándole un golpe en el brazo.
—¡Ouch!—se quejó.—Ya, cambia esa cara y finje ser la novia más feliz.—dijo él haciendo una sonrisa para que ella lo imitara.
La pecosa aun no tenía ni idea por qué Terry había inventado semejante historia, salvo que al parecer la negociación dependía de ello. A pesar de lo descabellado que parecía, le quedaban dos opciones: aceptarlo como verdad o arriesgarse a estropear el trato para Grandchester & Cia.
—Esta bien. Te ayudaré —dijo con resignación— ¿Que se supone que debo decir? —el alivio que vió en su cara habría sido risible si hubiera tenido el estado de ánimo para encontrar algo en Terrence Grandchester que le resultara divertido.
—Llevamos dos meses de novios —se apresuró a explicar—. Aparte de eso, somos los mismos; tú acabas de terminar la escuela e ingresaras en mí misma universidad.
—Ok.
—Ah… otra cosa. No pudiste volar hasta aquí antes, por…
—La fiesta de egresados.
—Si dices eso van a pensar que me importas nada. Ya que no te acompañé.
—Tienes razón.
—Algo simple…—pensó que decir—Solo di que tus amigos organizaron una pequeña reunión. Cuantas menos mentiras contemos, más seguros estaremos.—terminó él y luego la miró.—¿Y ahora qué?—cuestionó a su amiga que tenía los ojos vidriosos.
—Hoy Jey hará una fiesta en su casa y yo no podré ir. Iba a decirme algo importante.
—Habrá más oportunidades. Estoy seguro.—mintió ya que sabía que su amigo no iba a permitir que el muchacho se acercara a su pequeña hermana.
—Si… Espero.—dijo resignada.—Bien ¿Y cual es el motivo para esta farsa?
—Eh... es una larga historia. No hay tiempo ahora. Te la contaré luego.—dijo.
Su modo evasivo mientras recogía su equipaje disparó el indicador de suspicacia de la pecosa. Le aferró el brazo y apretó hasta que él alzó sus ojos. Tal como sospechaba, su cara reflejaba la expresión ligeramente estúpida que siempre ponían los hombres cuando trataban de ocultar la culpa con inocencia. En especial dos, los cuales conocía mejor que nadie.
—Dímelo ahora, Terry —esbozó una sonrisa dulce—. O este cariñoso reencuentro se va a la basura.
—Pecas, no es na...
—¡Dímelo!—ordenó.
—Ok ok. Me tiré a la hija de George Leagan.
—¡Debí imaginarlo! Eso explica las miradas venenosas que me ha estado dirigiendo.
—Puede ser... —de nuevo miró incómodo en dirección a los hermanos—su padre es un hombre muy estricto y demasiado, hasta podría decir enfermizamente celoso con su hija. Es por eso que quiero evitar cualquier contacto con ella. No quiero que se me pegue como sanguijuela.
—Pero no crees que ella se sentirá peor. Al estar conmigo.—el desvío su mirada y rascándose la nuca, trato de ocultar algo más.—Oh no. ¿hay algo más que deba saber?
—Bueno…
—Terry...—amenazó.
—Tambien pensé en eso. Por lo que tuve que decir que tú y yo…
—Ay no. ¿Qué le dijiste?—preguntó temerosa.
—Eh…
—¡Terry habla de una sola vez!—dijo exasperada.
—¡Que estas…posiblemente...em-barazada!
—¿QUÉ?—dijo en voz alta.
—Shhh… baja la voz.—dijo ya que la rubia llamó la atención de todos. En especial la de dos pares de ojos aceitunados que los miraban curiosos.
—¿Te das cuenta la vergüenza que me estás haciendo pasar?¿Cómo pudiste decir algo así?—estaba roja de la bronca.
—Fue lo único que se me ocurrió para evitar que se me acercara. Es solo una blanca mentirita—dijo y sus labios formaron una línea sombría.
—Vas a deberme un favor muy grande por ésto, Terrence Grandchester.
—¿Lo harás?
—No temas, cariño, seré la mejor novia que jamás hayas tenido —rió entre dientes ante su expresión—Aunque pensándolo bien, tu jamás tuviste una novia.
—No. Sabes que eso no va conmigo. Y no la subestimes—advirtió—Elisa no es tan tonta como parece.
—Puede —aceptó Candy, pasando la mano por su brazo y sonriéndole en beneficio de la voluptuosa pelirroja y del flaco muchacho que rápidamente se acercaban a ellos.
—Papá rentó un yate para nosotros. Así que… está todo listo para la fiesta de esta noche.—dijo Elisa con voz melosa.— Esta noche será inolvidable—lo dijo mirando especialmente al castaño.
—Estoy seguro que sí—abrazó a la pecosa— no es así, nena.
—Eh… si. Me gustan las fiestas.
—Bien, entonces vamos.—dijo Elisa.
Una vez fuera del aeropuerto, los jóvenes pelirrojos dejaron a los "novios en el coche que los llevaría al hotel donde se estaban hospedando, tanto ellos como los Grandchester.
Cuando estuvieron lejos de la vista y el oídos de los hermanos, Terry llevó a Candy a la habitación.
—Aun sigo pensando que esto es una locura. ¿Te pusiste a pensar lo que va a pasar cuando Cody se entere?
—¿Tu hermano fue el de la idea?
—Qué?—dijo la rubia con los ojos como platos.
—Bueno… yo fui el de la idea de buscar una novia sustituta. Pero el fue quien me sugirió que fueras tú.
—No lo puedo creer.—se dejó caer en el blanco y comodo sofá. Y él se arrojó de espalda en la amplia y cómoda cama.
—Es así como te digo… fué él...—dijo el castaño recordando la conversación que había tenido con el hermano de Candy.
Flash back
Terry había llamado, desesperado, a su amigo cuando supo que Elisa Leagan, la hija del hombre con quién su padre firmaría un importante contrato, estaría en Miami ese fin de semana.
La chica había sido uno de los tantos revolcones de una sola noche. Él le había mentido cuando después de tener una noche de sexo salvaje, le había prometido llamarla. Cosa que nunca hizo y ahora la volvía a encontrar.
—Esta bien, está bien. Déjame pensar.—dijo el chico rubio del otro lado de la línea.
—No tengo mucho tiempo. La mujer es realmente insoportable. Si no fuera porque mi padre necesita de ese negocio para levantar la empreaa, ya la hubiera mandado a volar.
—No pensaste lo mismo esa noche.
—Habia alcohol de por medio. Pero bueno… ¿ya pensaste?
—Llama a mi hermana.
—Vamos, estoy desesperado y tú te burlas de mí.
—Hablo en serio. Candy es la única que puede ayudarte. Es la única que no querría envenenarte.
—¿Estás hablando en serio?—preguntó incrédulo.
—Si. Pero…
—Ya me parecía…
—Tienes prohibido besar su boca, acariciar cualquier parte de su cuerpo. A los sumo puedes tomar su mano y besar su frente. Tampoco puedes mirar más abajo de su rostro, especialmente sus pechos o trasero. Así que mantén tu vista siempre arriba y sobretodo, mantén tus manos quietas.—dijo en un tono severo.
—Pero…
—Si me entero que no cumpliste. Te contaré las bolas con un cuchillo sin filo.
—¡Ouch! Eso dolió.
—Bien. Ahora llámala.
—Gracias amigo. Te debo una.
—No. Estamos a mano.
— ¿Hmm..?
—Si Candy va contigo, evitarás que tenga que romperle los huesos al idiota que anda detrás de ella.
—Nos evitaríamos de que nos apresen. Porque sabes que estoy contigo en lo que se refiere a proteger a Pecas.
—¿Cuento contigo, entonces?
—Tienes mi palabra.
—Recuerda… TE CONTARÉ LAS BOLAS.
Fin flash back.
Un suspiro sonoro y un gesto de ella lo sacaron de su ensoñacion.
—¿Y? —instó cuando el castaño no añadió nada más—. ¿Qué haremos ahora?
—Ah… si. Te dejo descansar. Tienes solo tres horas para hacerlo y estar lista para esta noche.—dijo él levantándose de la cama y caminando hacia ella, quien frunció los labios y parpadeó con vehemencia—. ¿Pecas?
¿Qué pasa?
—¡No tengo que ponerme!
—¿Y que trajiste en esa enorme valija?—cuestionó él, viendo el enorme y pesado equipaje.
—Son sol zapatos, trajes de baño. La otra que dejé en casa contenía mi ropa—hizo un tierno puchero. El suspiró.
—Ok. Vamos por algo para tí.—dijo a regañadientes.
…
Cuando llegó el momento de tener que irse al embarcadero, Candy seguía sin aparecer, de modo que Terry llamó a la puerta por quinta vez.
Ella abrió y por primera vez en su vida, él estuvo a punto de anteponer su amistad y negocio de su padre por lo que tenía en frente.
—Oh, lo siento.—dijo sin en verdad sentirlo.—Me perdí en el tiempo charlando con Flammy.
El castaño ni si quiera la escuchó. Estaba rompiendo por completo el acuerdo que había hecho con su amigo.
Su mirada bajó, muy lentamente de la cabeza a los pies. Deteniéndose en sus generosas y bien proporcionadas curvas. Y luego en su plano vientre que apenas cubría el top crop negro, ajustado y sin breteles. Bajando hasta sus bien torneadas piernas, que se dejaban ver por el short de denim deshilachado, que había escogido.
—¿Crees que estoy bien asi?—dijo ella viendo que él también vestía muy informal, una bermuda coral y camisa celeste, mangas largas pero dobladas hasta los codos y unas converse grises.
Él continuó bajado su vista hacia los pies blancos y con una perfecta pedicure. Tenía unas chinelas negras, bordadas con pequeñas perlas, que se abrochaba a sus tobillos.
—¿Terry?—se cruzó de brazos. Él levantó la mirada hacia esos preciosos ojos que siempre había evitado ver.
—¿Ah…?—fue lo único que emitió.
—Deberías haber dormido más.
—Lo habría hecho si alguien no me hubiera hecho recorrer todas las tiendas para sólo comprar unos simples trozos de tela. Que por cierto, si tu hermano te viera en estos momentos estaría cavando mi propia tumba.—dijo él luego de examinarla. Ella rodó los ojos.
—Si si.
—Creo que deberías cubrirte un poco más. Hace frío.—dijo él y ella emitió una fuerte carcajada.
—¡Dios! Evidentemente necesitas dormir.—dijo ella pasando por delante de él.—Apúrate o llegaremos tarde.
—Oh Dios. Cody va a matarme.—dijo mientras observaba el coqueto caminar de su descarada amiga.
…
..
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La pareja había llegado justo a tiempo, antes de que el yate zarpara.
Se podía oír la música y ver la embarcación llena de chicos y chicas de unos 20 y 25 años aproximadamente.
La cara de disgusto de Eliza fue diversión para la pecosa, ya que no había podido asistir con sus compañeros por lo menos trataría de pasarla bien y divertirse a lo grande.
—No me parece adecuado que te sometas a los vaivenes de un barco, en tu estado. Es evidente que tienes una constitución poco robusta. Hasta podría decir que demasiado delgaducha—dijo observando al cuerpo de la rubia.
—¡Oh, por lo general Candy tiene una salud de hierro! —intervino el castaño para evitar la demoledora respuesta de la pecosa—. Pero ya sabes cómo pueden ser los mareos.
—Entonces es verdad...¿Está embarazada? —la sorpresa de Elisa fue tan aguda como las dagas visuales que le lanzó Candy.
—Bueno, eh... —intentó el castaño, remediar el error cometido—, es decir, creemos que lo está. Hmm... podría estarlo. Bueno, podría ser. Eh... aún no ha sido confirmado. ¿No, nena?
—No, razón por la que deseaba mantenerlo en secreto —le sonrió con expresión asesina.
—Nena...—intentó esbozar una sonrisa tímida—...no hay motivo para molestarse, estoy seguro de que Elisa no lo comentará. ¿Verdad?
—¡No es algo que me interese! —el tono despectivo se vió acompañado por un escalofrío y una mirada gélida—. Si me perdonas, Terry, dejaré que ambos solucionen sus diferencias personales en privado. Y de verdad creo que sería mejor que convencieras a tu novia de que no nos acompañara. No quiero que la fiesta me la estropee una posible embarazada vomitando por la borda.
—Oh, no te preocupes, Eli —dijo la rubia—. Creo que el hecho de que aún
no haya vomitado demuestra que tengo un estómago excepcionalmente fuerte.—dijo la rubia burlándose de la cara de Elisa.
Riendo con la vana esperanza de que la pelirroja confundiera el comentario por una broma, Terry sujetó el codo de su supuesta novia y se la llevó a popa.
—No dejes que te irrite —musitó—Ella no merece la pena.
—No es ella quien me irrita. ¿Por qué demonios has tenido que inventar que estaba embarazada?
—Fue lo primero que se me ocurrió. Ya te lo expliqué.
—¡Pues deja de decir que estoy enferma!
—Perdón —dijo, sonrió, y alargó la mano, incapaz de contenerse de acariciarle la sedosa mejilla con los nudillos—. Gracias, Pecas. Lo aprecio.
— Sólo lo hago porque este trato es importante para Richard. Pero puedes estar seguro que te saldrá muy caro—dijo con una sonrisa maliciosa.
—Creo que el favor será de temer.
En eso apareció un sonriente Neal.
—Hey chicos. ¿la están pasando bien?
—Si.—dijeron ambos con una sonrisa más que exagerada.
—Estupendo. Porque no paramos hasta mañana.—dijo.— Ah, por cierto. Supongo que mi hermana les comentó que pasaremos el finde navegando ya que nuestros padres estarán ocupados.
—¿Qué?—dijo la rubia sorprendida.
—Su camarín está al lado de del mío y de Eli. Así que cuando quieran descansar nos avisan y les indicamos por donde. Supongo que estarán acostumbrados a compartir.—dijo con un guiño.
Luego se alejó.
—No voy a dormir contigo.—dijo ella.
—No te preocupes por eso. Vamos a disfrutar un poco.—dijo el evitando de reírse de los pucheros de su amiga.
Ambos se unieron al grupo que bailaba animadamente.
Terry hacías unos pasos graciosos y otros de reggaeton, provocando las fuertes carcajadas de su amiga.
—Eres malísimo, Terry.—dijo ella secandose las lágrimas provocadas por las risas.
—¿Seguro que tu puedes hacerlo mejor?—la provocó.
En eso sonó "Despacito" el tema de Luis Fonsi y Dadee Yankee.
La pecosa sonrió con malicia y comenzó a mover sus caderas con movimientos sexi mientras cantaba para él. Terry la siguió cantando de igual manera. La tomó de la cintura desde atrás. Sintiendo la suavidad de ña sedosa piel desnuda, le cantó:
Despacito. Quiero respirar tu cuello despacito.
Deja que te diga cosas al oido
Para que te acuerdes si no estás conmigo.
Despacito. Quiero desnudarte a besos despacito
Firmo en las paredes de tu laberinto
Y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito…
La suavidad sedosa de su pelo era familiar, pero la leve fragancia de su champú no. Se centró en el aroma, pero lo distrajo el modo en que sus dedos jugaron con el puño de
su camisa y el cosquilleo en su muñeca.
—Terry...
—Hmm —¿qué perfume era ese? No era el de siempre.
—¡Terry!—lo volvió a llamar poniéndose frente a él.
—¿Qué?—la miró.
—Terry... ¿me prestas atención?
—Más que nunca.—dijo divertido.
—Bien. Entonces no bajes la guardia con Elisa —suspiró; eso alzó sus pechos y la frecuencia cardíaca de él—. Por algún motivo los hombres tienen la costumbre de subestimar de lo que es capaz una mujer.
—Dímelo a mí—pensó, y sus dedos anhelaron comprobar si su cuello era tan suave como sus hombros desnudos.
—Deja de preocuparte, no debemos olvidar que es el tipo de mujer que si se siente rechazada, podría decirle algo a su padre y fastidiariamos el negocio de mi padre.
—¿Debo sorprenderme?
—Lo único que te digo es que sería inteligente que dejaras de provocarla cada vez que abres tu linda boquita.
—Pero si es ella la que parece querer eliminarme de su camino. Terry...—dijo.
—¿Qué?—la miró.
—Elisa nos está mirando. Tengo miedo de morir ahogada.—dijo ella fingiendo estar asustada.
—Rodéame el cuello con tus brazos.
—Oh, no. No de nuevo.
— ¡Hazlo!— dijo en voz baja pero firme.
—Ok.—lo hizo—Esta mujer no entiende de límites. Se supone que tienes novia y un posible hijo y aún así no deja de coquetear contigo.
—Es Elisa.—dijo el mientras disfrutaba de la suavidad y el perfume de su cuerpo.
—Tienes un pésimo gusto. Te creía más inteligente.—dijo divertida.
—¿Qué hay de tí?
—¿Qué pasa conmigo?—ella lo miró sin entender.
—Siempre has sido muy enamoradisima. Qué hay del chico que me hablaste. De ese tal Gay.
—Jey. Es Jey.
—Ok ok. ¿Qué pasó con Jey?
—Nada.—dijo con pena—Supuestamente hoy me lo diría.
—¿Por qué esperó a que terminaran las clases y no lo dijo antes? Es un cobarde.
—Por respecto.—dijo ella. Y él rió abiertamente.
—Es un cobarde.
—¡No es verdad! —la expresión de indignación herida la tenía muy dominada. Él la había visto usarla innumerables veces para convencer a sus padres o hermano y hasta el mismo, de que era inocente de cualquier travesura en que la hubieran descubierto; pero Terry era menos
ingenuo. La miró fijamente hasta que ella no pudo dejar de esbozar una sonrisa tímida.—. De acuerdo —musitó— no sé porque no lo hizo pero no creo que sea un cobarde.
—Hmm.
—Hablo en serio, Terry —afirmó con convicción. Lo que siento por Jey era... es —corrigió— realmente especial. Él es... bueno... es único.
—Único, ¿eh? Me lo imagino —dijo con asombro—. ¿Quién habría pensado que Hay tendría tanto en común con todos los chicos de los que te enamoraste en los últimos tres años?
—¡Pero de eso trata! Jey no es como los chicos de los que me enamoré antes —una sonrisa extasiada apareció en su cara—. Es inteligente, considerado, compasivo, divertido y... y... —agitó los brazos—. Y maravilloso.
—¡Y un cobarde! —le recordó.
—Contigo no se puede.—dijo frustrada.
Sin poder aguantarse las ganas de volver a tenerlo cerca o por lo menos lejos de la rubia entrometida, Elisa se acercó a ellos.
—Lamento interrumpirlos.—dijo con voz melosa.—Terry,—se aferró a su brazo— los chicos me están pidiendo que nos deleites con tus canciones.
Tanto el castaño como el rubio, hermano de Candy, integraban una pequeña banda. Solían tocar en un bar bien reconocido en Nueva York y en las fiestas universitarias.
—Claro… si es que a tu novia—dijo mirándola con desagrado.—...no le molesta.
—Para nada. Amo escucharlo cantar porque sé que lo hace pensando en mí—mintió la rubia con descaro.
—Si. Me lo imagino tanto que por ahí se olvida que tiene una—dijo la pelirroja y luego se alejó.
Terry tomó su lugar en un simulacro de escenario y se paró frente al micrófono, y con guitarra en mano. Las notas musicales comenzaron a sonar y llamar la atención de todos los presentes. Candy se quedó en una esquina, donde tenía una vista privilegiada del joven castaño, de cabellos hasta los hombros, cuerpo bien definido y piel bronceada. Y unos ojos azules que resaltaban por el tono de su piel.
Él la buscó con la mirada, la encontró sonriendole. Estaba hermosa. Nunca la había visto así o quizás nunca la quiso ver de esa manera ya que estaba prohibida para él.
Le sonrió de igual manera y comenzó a cantar:
No te buscaba y me supiste encontrar,
no te esperaba y ahora sé que quizás
no es humano tu cuerpo, ni tu forma de amar.
Cada palabra que jamás podré usar,
un pensamiento que me incita a pecar,
no es bendito, amarte es una necesidad.
La rubia se conocía todas las letras de las canciones, por lo que cantó y bailó, al igual que todos ahí.
Cinco minutos más
se hacen eternos si no estás, amor.
No necesito más,
mi única realidad es que cada segundo del día.
contigo sabe mejor.
A fuego lento tú me vas a quemar,
en un incendio que no quiero apagar,
decir "te amo" no es nada original,
pero a tu lado, decirlo sabe mejor.
Sus miradas se cruzaron en un momento y, sin apartar sus ojos de los de ella, continuó cantando. mientras que la ira de unos ojos aceitunados aumentaba a medida que observaba a la pareja.
Y no hay remedio para esta enfermedad,
pero yo sé que tú te sientes igual,
decir "te amo" no es nada original,
pero a tu lado es mejor.
Somos perfectos juntos, somos verdad,
dos locos sueltos en un mundo real,
casi humanos, pero distintos a los demás.
Cinco minutos más
se hacen eternos si no estás, amor.
No necesito más,
mi única realidad es que cada segundo del día.
contigo sabe mejor.
A fuego lento tú me vas a quemar,
en un incendio que no quiero apagar,
decir "te amo" no es nada original,
pero a tu lado, decirlo sabe mejor.
Y no hay remedio para esta enfermedad,
pero yo sé que tú te sientes igual,
decir "te amo" no es nada original,
pero a tu lado es mejor.
Casi humanos, casi humanos.
Cada segundo del día,
contigo sabe mejor.
A fuego lento tú me vas a quemar,
en un incendio que no quiero apagar,
decir "te amo" no es nada original,
pero a tu lado, decirlo sabe mejor.
Y no hay remedio para esta enfermedad,
pero yo sé que tú te sientes igual,
decir "te amo" no es nada original,
pero a tu lado es mejor.
Finalizó con una sonrisa dirigida únicamente para ella.
Los aplausos no se hicieron esperar. Realmente el chico cantaba demasiado bien.
—¿Qué te pareció?—le preguntó en cuanto la tuvo en frente. Ella sonrió.
— Me en...
—¡Te luciste!—la cortó una voz demasiado empalagosa para luego colgarse del castaño y comerle la boca.
Continuará…
*El tema es de Dvicio, es una banda española.
Bueno gracias por sus comentarios y por el tiempo valioso, que me regalan en leer mis historias.
¡SIEMPRE AGRADECIDA!
BUEN COMIENZO DE SEMANA.
