holaaa como estan? ! bueno chicas les quiero hacer una aclaratoria importante ! subire cap cada 2 dias ! ...
aca esta el primer cap espero que lo disfruten ... gracias por leer , besos ...
Capítulo 1
Londres, 1815
"No te preocupes por nada, Susie. Madame Alice no va' dejar que nadie te haga mal".
El Séptimo Conde de Calverton, Jasper Withlock, curvó el labio al escuchar el pequeño fragmento de conversación en la puerta. Obviamente, "Susie" era nueva en el puesto.
"Les damos a los clientes lo que quieren, pero nada de cosas rudas. Es regla de la casa, y Antonio va a llegar en un segundo si le pegas el grito".
Las voces se apagaban, dejando a Jasper un poco confundido. Esto era un burdel. Ni más, ni menos. Claro que estaba enmascarado con los atavíos de una "discreta casa de placer" y ofrecía a sus clientes una buena elección de comidas, vinos excelentes y varias mesas de juego bien organizadas.
Pero debajo de la fachada de discreción y elegancia, había mujeres dispuestas a vender su cuerpo por dinero. Efectivo. Frío y duro efectivo.
Jasper resopló. Siempre habría mujeres dispuestas a vender su cuerpo a cambio de efectivo. Algunas impulsadas por la necesidad, otras por la codicia. Su labio se curvó aún más mientras estaba recostado en el cómodo diván y observaba el brillo intermitente del fuego en la parrilla.
Esperaba con devoción que Susie no tuviera que llamar a Antonio a los gritos, sin importar quién diablos fuera él. Probablemente era ese portero montañés que había hecho un intento de inclinarse respetuosamente mientras lo escoltaban dentro de las instalaciones más temprano. Verlo inclinarse fue como ver a una ballena rompiendo olas en el océano. Sorprendente, enorme y un poco desordenado al descender.
Le parecía que ya podía evaluar el lugar bastante bien, al verlo con la mirada de alguien que no era un cliente. Bueno, no en el sentido estricto de la palabra. Él recibiría un servicio esta noche, pero no uno sexual.
Este era el único lugar donde podía encontrar a alguien que lo ayudara a aliviar su dolor de espalda. Durante algunos meses, había estado utilizando los servicios del sirviente japonés del Mayor Rayan Penderly. El truco de Kasuki de caminar sobre la espalda de Jasper le había hecho crujir fuertemente algunos huesos, había aplastado sus intestinos, dejándolos como panqueques, y le había aliviado enormemente el dolor que sufría de manera intermitente desde que se cayó de su caballo en Bélgica.
Ahora Kasuki ya no estaba, se había ido a su casa en un barco a vapor, y él sabía de una muchacha japonesa, aquí en la Crescent, que hacía la misma clase de tratamientos.
Se movió nerviosamente un poco, consciente del creciente dolor en su espina dorsal. Maldición. Había llegado aquí en el momento preciso.
Desde luego, pensó, podía echarse un polvo rápido mientras estaba allí.
Había pasado casi un año desde el último, aunque pareciera increíble.
Un año desde que se había enterrado entre los muslos suavemente redondeados de quien pronto sería su prometida, Daisy Wrothings. Un año desde que sorbió los dulces jugos de entre sus piernas y la sintió acabarse en su cara, sólo para que luego ella le dijera que se casaría con otra persona. Un Duque. Uno con su hacienda intacta y más dinero que Dios. Maldición. Y otra vez maldición. Fue entonces cuando dejó de
patanear.
Por suerte, coincidió con el comienzo del trabajo más duro que recordaba
haber hecho jamás. El dolor en su espina se estaba transformando en una dolorosa erección. Quizás debería convencer a la Señorita Pies Ágiles del Japón de que se la chupe mientras estaba aquí; que se ocupara de todos sus dolores a la vez, por decirlo así.
Probablemente no tendría problemas y él podía pagar el costo adicional. Ahora que el Coto de Caza Calverton estaba prácticamente entero y la hacienda recobraba algo de su ingreso, ya era tiempo de volver a tener una vida. Una que no incluyera largas horas en los campos con sus arrendatarios, días absortos en la lectura de documentos financieros con su procurador y su abogado, y noches solo con la única compañía del brandy y el cansancio.
Sí, quizás un polvo rápido era justo la distracción que necesitaba. Alguna persona joven, flexible, que pudiera chuparle la polla hasta la semana siguiente. Alguna persona bien dispuesta, alguien alta, alguien rubia quizás, alguien agradable a la vista...
Alguien como ella. Estaba tan absorto en sus pensamientos que ella entró en la habitación sin que él la escuchara. Sus instintos de soldado se horrorizaron ante tal desliz de su concentración. Se frunció el ceño a sí mismo.
"Buenas noches, mi Señor".
Su voz era baja y refinada; su cuerpo, delgado y bajo ; y era una mujer tan hermosa que se le hacía agua la boca. La quiso tener inmediatamente y su polla apoyaba la moción.
"Debo disculparme por hacerlo esperar. Me acaban de informar que usted había pedido por Kiko-San".
Jasper se levantó sin pensarlo siquiera. Fuera lo que fuese, ésta era una mujer y merecía, al menos, su cortesía.
"No importa. He estado muy cómodo y el personal aquí es ciertamente atento".
Hizo un gesto descuidado con la mano, señalando el vaso de brandy, que estaba casi vacío.
"Un muy buen brandy también, si me permite". Ella inclinó la cabeza en agradecimiento. "Me siento complacida. Mi personal hace lo mejor de sí".
"¿Su personal?".
"Exactamente".
Los ojos grises que lo miraban carecían de expresión y no le dejaban entrever nada de sus sentimientos, su carácter o su personalidad. Malévolamente, él quería ponerle un poco de brillo a esos ojos. Provocar una reacción en ella. Ver cómo se vería si la embestía profundo dentro de ella y apretaba su clítoris en el punto exacto que la haría caer de la cima más alta.
"Entonces usted debe ser...".
"Madame Alice . Sí". Otra amable inclinación de cabeza sucedió a sus palabras.
"¿Es usted la dueña de la Crescent?".
"Así es".
"Parece muy joven para tener una responsabilidad tan grande. ¿Hace mucho que es prostituta?".
Podría haber jurado que sus ojos dispararon un tenue destello de enojo, pero antes de que pudiera estar seguro, ya no estaba allí. Ella se dio vuelta, haciendo como que controlaba el fuego.
"Lamentablemente, mi Señor, Kiko ha abandonado nuestro establecimiento".
¿Sería verdad? ¿O una mentira para deshacerse de él, después de ese insulto imperdonable? No lo sabía. Maldición. Ella era muy, muy buena.
"Sin embargo, todos supimos reconocer los extraordinarios beneficios que las técnicas de Kiko le traían a sus clientes. Ella se tomó el trabajo de enseñarnos sus métodos a algunas de nosotras. ¿Quizás usted querría considerar que alguna otra persona le administre el masaje?".
Jasper simuló pensar en su ofrecimiento, mientras observaba cada costura en la ropa que lucía tan hermosamente, cada mechón de pelo, cada hoyuelo que podía ver de su piel. Hizo un catálogo de ella, detallada, efectiva y rápidamente. Sus habilidades de soldado podían estar fallando en algunos aspectos, pero otras habilidades todavía le resultaban invaluables, alguna que otra vez. Ésta era, ciertamente, una de esas veces.
"Bueno, considerando que mi espalda sólo parece empeorar si no hago nada al respecto, parece que no tengo muchas alternativas en este asunto. Estaría dispuesto a aceptar los servicios de una sustituta, si usted me asegura que es lo suficientemente habilidosa como para al menos no hacerme daño".
"Eso se lo puedo asegurar".
"Dígame, entonces, Madame Alice . ¿Quién es la habilidosa profesional de las técnicas curativas orientales?".
"Yo ".
Alice supo que al fin -absoluta y magníficamente- había perdido la cabeza. Sin embargo, su cara no dejó ver nada de su agitación interior. Se había disciplinado demasiado bien para eso.
Pero acababa de aceptar ofrecerle un servicio a un cliente, algo que había jurado no hacer jamás. Y todo por sus ojos.
Esos estanques azules , que destellaban con manchones grisáceos , la miraban más allá de su fachada exterior y parecían cavar profundamente hasta lugares que ella consideraba muertos desde hacía mucho tiempo.
Él la había mirado como si quisiera saber cómo se vería desnuda, pero a la vez como si necesitara saber en qué pensaría mientras estaba desnuda.
Fue esa particular mirada la que había quebrado su firme decisión.
"¿Podría quitarse la ropa, mi Señor?", preguntó haciendo un gesto hacia el biombo decorado que estaba en un rincón de la gran habitación. "Luego vuelva a tomar asiento, por favor. Yo regresaré en un momento".
Ella no le dio oportunidad de contestar; salió rápidamente de la habitación y subió rápidamente los pocos escalones que llevaban a sus habitaciones privadas. Sus manos estaban temblando cuando llegó al lugar y al entrar bruscamente y sin aliento, conmocionó a la mujer que estaba allí.
"Santo cielo, señorita Alice. ¿Qué es lo que sucede?".
"Debo cambiarme. Rápido. Mi bata y mi camisola de seda. Las azules".
"Señorita Alice. ¿Para qué?".
"Date prisa, Matty. Le voy a hacer el tratamiento de Kiko a un cliente".
"Ay, señorita. No. Usted no irá a...".
"No, Matty. Solamente voy a caminar por su columna vertebral y le voy a dar un masaje rápido en la espalda. Tal como me enseñó Kiko. Eso será total y absolutamente todo".
Matty miró a su señora. "¿Está segura? Está terriblemente sonrojada".
Alice intentó desacelerar su respiración deliberadamente. "Lo sé. Él me tomó por sorpresa. Es el Conde de Calverton".
Matty dejó caer su quijada y se desplomó en la gran cama, sin prestar atención al vestido que estaba aplastando bajo sus amplias caderas. "¡Uuuh! No diga".
"Ah sí, Matty. Él está aquí". Alice luchó para desatar sus lazos y se quitó el
vestido. "Tiene un problema de espalda y vino buscando a Kiko. Eso es todo. Y antes de que lo preguntes, no tiene la menor idea de quién soy yo".
"Bueno, mantengámoslo así, ¿le parece?", dijo la mujer, con la relajada familiaridad de una amiga de muchos años. Alice se quitó la ropa interior y dejó que Matty la ayude a ponerse la seda por la cabeza. Sabía que necesitaría de su equilibrio para mantener este tratamiento, y Kiko
había hecho hincapié una y otra vez en la necesidad de estar ligera. Ligera en el
corazón, en la mente y en el cuerpo. No debían haber ropas pesadas, ni pensamientos
intensos: sólo concentración y conciencia.
Alice suspiró.
Conciencia. Eso no sería un problema.
Era muy consciente de Jasper Withlock. Sólo que no estaba muy segura de por
qué. Su expresión ceñuda había captado su atención a los pocos segundos de entrar en
esa habitación, y él se le fijó fuertemente en su conciencia.
"¿Y quiere a alguna otra muchacha allí con usted?". Las palabras de Matty la
sacaron bruscamente de sus pensamientos.
"No, no lo creo. Pero, por las dudas, ¿quién está libre?".
Matty dejó de doblar y ordenar por un momento y arrugó el ceño. "Bueno, déjeme
ver, Susie y Grace están atendiendo al Sr. Johns esta noche".
"Lo recuerdo. Nos había dicho que estaría aquí esta noche para su sesión de
costumbre. Y creo que sería perfecto que Susie empiece con Grace. Una buena
presentación. "
"Casi todas tienen un cliente que ya ha llegado o está por llegar".
Alice no dejaba de sorprenderse de la asombrosa habilidad de Matty para estar al
tanto de todo lo que sucedía en la Crescent cada noche. Parecía saber instintivamente
quién sería la mejor para quién, y era el mejor recurso que Alice podría haber
imaginado tener. Alice habría dejado ir cualquiera de todas las cosas que poseía
felizmente, antes de dejar que algo le pasara a Matty.
"Las tres muchachas nuevas están en la sala de billares y Antonio le está echando
un ojo a la multitud allí. Está lleno otra vez, por supuesto, y hay algunos haciendo fila
para entrar".
La nueva atracción de Alice, la "Sala de Billares", ofrecía una gran mesa de paño
verde, varios tacos y tres jugadoras de sexo femenino, todas completamente desnudas.
A los clientes, se les permitía sentarse alrededor de la mesa; allí podían fumar,
beber y disfrutar de la vista todo lo que quisieran. Sin embargo, tocar estaba prohibido.
Hasta ahora, la sala era un éxito rotundo. La imagen de tres bellezas desnudas
jugando al billar era provocativa y seductora. Eran pocos los clientes que se iban del
establecimiento al término de su tiempo asignado en la sala de billar. La mayoría de
ellos se apresuraban a buscarse una compañera para el resto de la noche. Había
resultado una interesante manera de hacer dinero, a las muchachas les gustaba el
respiro de otras tareas más atléticas, y Alice estaba satisfecha con los resultados en
general.
"Ah, sabes, la que no está trabajando hoy es Jane. Está en algún lugar por allí, pero
no puede atender a ningún cliente esta noche, es su horario de cursos.
Alice asintió con la cabeza, sabiendo que era seguro que una que otra de sus
muchachas faltara algunos días al mes. Estaba calculado en su sistema, y se estaba
sorprendida de cuánto se lo agradecían las muchachas.
"Y el Dr. Ponsonby estuvo otra vez". Los labios de Matty se curvaron en una media
sonrisa desdeñosa. "Estaba presionando a Dora para que lo lleve arriba. Tal como lo
hizo la última vez. Antonio lo acompañó a la salida, pero creo que ese va a causar
problemas".
Alice asintió con la cabeza. "Es hora de hacerse cargo de él, yo creo". Giró en
dirección a la puerta. "Recuérdame arreglar una entrevista con Ponsonby pronto.
Vamos a poner esta cuestión en claro de una vez por todas. Debo irme. El Conde me
está esperando".
Matty miró de lado a Alice. "Ten cuidado con ese, linda. Jasper Withlock puede
ser muy peligroso".
"No para una madame de Londres, Matty", dijo ella con una ligera sonrisa. "Eso es
todo lo que el piensa que soy. Una proxeneta. Lo más bajo de lo bajo. Me preguntó
cuánto hacía que era prostituta".
Matty la miró boquiabierta. "Qué sucio, de mente". Podrida, y pedazo de
"¿Qué otra cosa podría pensar? Me alegro de que piense de esa manera. Lo
mantendrá alejado de nuestros asuntos. No me prestará más atención de la que me
prestaría si yo fuera lo que el supone que soy".
"Tenga cuidado. ¿Me escuchó?". Los ojos de la otra mujer delataban su
preocupación.
Alice cruzó la habitación y rodeó a Matty con sus brazos, abrazándola con fuerza.
"Te preocupas demasiado".
"¿Y si yo no lo hago, quién lo hará, me gustaría saber?".
Alice se apartó y miró a la mujer que amaba más que a cualquier otra sobre la faz
de la tierra. Levantó la mano y acarició suavemente la piel salvajemente arrugada que
desfiguraba un lado del cuello de Matty y subía hasta terminar en forma de punta
detrás de una de sus orejas. Allí ya no le crecía el cabello.
"Matty, ya has hecho suficiente por mí. Déjame preocuparme y planear a mí, de
ahora en adelante. ¿Por favor?".
Los ojos de Matty se llenaron de lágrimas. "Eres más preciada para mí de lo que
sería cualquier hija, Alice. No puedo evitar preocuparme al pensar que esta vida no es
la que deberías tener. Deberías estar en una buena casa con un buen marido y varios
buenos...".
Alice detuvo el discurso de Matty con un dedo. "... Niños. Sí, lo sé. Ya me lo has
dicho. Pero no sucederá así. Ahora estamos aquí, empezando una nueva vida y de paso,
con suerte, haciendo un poco mejores las vidas de algunas pobres y desafortunadas
muchachas. Veámoslo de esa manera, Matty. ¿Sí?".
"Ay, sigue con lo tuyo. Ve y camina por la espalda de ese hombre. Tienta al
demonio si es lo que debes hacer, pero no me culpes si tus pies se chamuscan".
Alice le sonrió a Matty y salió como un remolino de la habitación; una belleza
descalza vestida de arremolinada seda azul.
Su sonrisa se desdibujó al llegar a la puerta cerrada, detrás de la cual estaba
recostado un muy desnudo Jasper Withlock. La mano de ella se deslizó por su propia
espalda mientras se tocaba las cicatrices de sus heridas a través de la suavidad de su
bata. Esta familia ya le había ocasionado quemaduras una vez.
No dejaría que eso volviese a suceder.
