El laberinto.

Siguiendo a la luna, y su veta invisible,

La noche seguro que me alcanzará,

No es que tu mirada me sea imposible,

Tan sólo es la forma, como caminás.

Tercera prueba de los campeones. Toda la escuela estaba pendiente de ella. En el campo de Quiddicht, los alumnos, tanto de Hogwarts como de Beauxbatons y Durmstrang, abarrotaban las gradas. Luna se hallaba entre el grupo de los Ravenclaw, un tanto aislada. Había escogido la parte más alta, porque desde ahí podía ver las gradas de Gryffindor. Ronald estaba ahí. Junto a Hermione Granger y otras dos personas de cabello pelirrojo, tal vez su hermano y su madre. Todos ellos lucían nerviosos y sin embargo, agitaban sus manos y lanzaban vítores sin duda para Potter. De cuando en cuando, intercambiaban miradas, entre risueñas y asustadas. Luna miró al laberinto. Parecía enorme y por un momento se preguntó a qué se enfrentaría Potter allá adentro. Fuera lo que fuera lo superaría. Siempre lo hacía ¿no? No veía entonces de que preocuparse. Regresó su vista hacia los Gryffindors. Entonces vio a Ginny. Tan nerviosa como pocas veces la había visto. No la entendía ¿para qué angustiarse? Al final de cuentas el asunto no era tan importante como el hecho que hubieran descubierto runas misteriosas de antiquísimos magos en el caparazón de una tortuga, según le había informado su padre. "De cualquier forma él va a ganar" , pensó en voz alta mientras su mirada se perdía en el oscuro azul del cielo donde las estrellas empezaban a aparecer. Oyó risas a su lado y una voz desagradable diciendo "es Lunática Lovegood". No volteó. No le importaba.

El torneo se le antojaba aburrido. En esos momentos podría estar haciendo cosas más útiles en lugar de esperar que alguno de los campeones saliera con la copa en la mano. Durante lo que duraba la prueba, se dedicó a juguetear con el collar de corchos de cerveza de mantequilla que pendía de su cuello, haciéndolo girar una y otra vez, mientras entonaba con voz muy suave lo primero que venía a su mente. "Ya levanta su aldabón, con su mano de algodón...". Las notas de la canción en su cabeza se evaporaron cuando descubrió que Ronald corría gradas abajo hacia el lindero del laberinto. Se agachó para ver mejor. Detrás de él, Hermione Granger corría con el susto en la cara. Fue entonces que descubrió que algo había sucedido. Un alboroto en el centro del estadio y un sinnúmero de voces hablando entrecortadamente eran clara señal de que algo malo estaba ocurriendo. Todos se dirigían en tumulto hacia el mismo lugar que Ronald. No lo pensó, y cuando se dio cuenta, ella también iba hacia él. Llegó al fin. Abriéndose paso entre la gente intentaba llegar hasta adelante, donde, fuera lo que fuera, estaba lo que había llamado la atención del pelirrojo. La voz de Dumbledore llegó a sus oídos "Ya no puedes hacer nada por él, Harry. Todo acabó. Suéltalo". Y luego una voz angustiada y balbuceante diciendo "Quería que lo trajera... quería que lo trajera con sus padres". Luna por fin se abrió paso entre dos alumnas que lloraban angustiadas, y lo primero que vio fue al campeón de Hufflepuff, con ojos fijos... muy, muy fijos. Una imagen pasó veloz por su mente. Había visto ya esa mirada una vez en otra persona. Estaba muerto. Como su madre. Porque era en ella donde la fijeza en la mirada la había asustado por primera vez siendo muy niña. Sacudió la imagen de su cabeza para reparar en otra cosa. Enfrente de ella, con cara aturdida, asustada, estaba Potter. Herido de una pierna, que sangraba copiosamente. Daba la impresión de no poder despertar de una pesadilla. Luna oía voces, pero no podría decir exactamente que era lo que decían. Sus ojos viajaban de Potter a Cedric y un tumulto de recuerdos la golpearon con violencia. Pensó por un momento, que quizás ella, lucía tan desvalida junto al cadáver de su madre como Potter ahora junto al de Diggory. Potter estaba asustado, no, más que eso, daba la impresión de haber pasado por algo horrible que aún no podía asimilar. Volteaba a todos lados y por milésimas de segundos sus ojos se posaron en ella, sin verla; sin embargo, Luna alcanzó a percibir la desolación en esa mirada. Avanzó unos pasos, con la firme convicción de decirle algo que lo confortara, aunque no tenía ni la más mínima idea de lo que pudiera ser. Tal vez simplemente pusiera una mano en su hombro, tal y como había hecho su padre con ella. Una mano cálida y fuerte que siempre había alejado todos los temores de su alrededor. La mano de Luna no era fuerte, y tal vez ni siquiera cálida, pero si tenía la mejor de las intenciones, porque ella comprendía a Potter. Avanzó más y alargó su mano, pero se detuvo. El profesor Moody había tomado a Potter por el brazo y diciéndole algo que Luna no alcanzó a oír lo arrastró tras él. Luna frunció el entrecejo. Había algo en ese maestro que no le gustaba. Luego, sencillamente se encogió de hombros y comenzó a caminar en sentido contrario. Potter lo superaría. Ningún dolor podía durar la vida entera. Aunque a veces, muchas veces... pareciera que sí.