Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todo es propiedad de Rowling y de Warner. Nada de ganancias económicas por esto. Utilizaré algunos fragmentos del libro, sólo un diálogo estrictamente necesario pero sin fines de lucro ni nada parecido. Gracias por leer.
Ella y… ella
No tiene idea de que significan las palabras de su madre, no sabe nada de nada, sólo tiene la certeza de que ella le desvela un mundo lleno de maravillas que es ajeno a millones de personas que jamás sabrán de las delicias de lo imposible. Le dice sobre la magia, le susurra su pasado. Le explica que le pasa, por qué suceden las explosiones de magia accidental y comienza su educación mágica así como su aleccionamiento respecto al control de las emociones. Su madre le explica que este aleccionamiento tiene una doble finalidad. La primera e inmediata es alejar a los curiosos "muggles" de su mágica vida; la segunda, es simplemente por qué es lo que un sangre pura bien educado debe aprender.
Él sabe que no es un sangre pura, pero sabe a qué se refiere con "bien educado". Su madre mezcla de forma extraña los conceptos de: orgullo de la buena crianza, honor sangre pura, igualdad, muggles y justicia. Al parecer ella no tiene muy claro que no hay justicia en la forma en la que viven, que no son iguales a los muggles, que ella traicionó el honor de los sangre pura y que, definitivamente, vivir entre harapos y mugre no es señal de buena crianza. No obstante, le agradece que le cuente, le explique, pero sobre todo, le agradece que le enseñé del mundo al que algún día entrará.
Apenas estos primeros años se siente cercano a su madre, piensa con inocencia que es así como los demás niños se sienten con respecto a sus madres. Imagina que todos los demás comparten secretos con las mujeres que les dieron la vida. Cree que les cuentan cuentos que para él serán realidad. Sueña que se susurran encantamientos por las noches, pero ve que ellos no comparten el secreto sentimiento de venganza.
–Cuando no estés aquí, él ya no podrá hacerme daño. Sí hay justicia.
No entiende, pero presiente por su forma de decirlo que un día no habrá nada que temer. Ella le insta a salir a jugar, a despreocuparse de los problemas. Él le hace caso y entonces la ve. Va acompañada de otra niña más grande. Son una mezcla extraña que le recuerda su dolorosa posición marginal. No se atreve a acercarse por temor al rechazo o a la burla… tiene que hacerlo, debe ser cortés como un caballero, como su madre le ha enseñado. Nunca las ha visto en el barrio por lo tanto debe dar una buena impresión para que los demás no las asusten con historias sobre él.
A pesar de tanto tiempo, él quiere con fuerza ser reconocido, tener amigos, ser querido por sólo más que una persona. Sabe que es egoísta pero le duele quererlo tanto y no poder lograr una mirada de simpatía de los demás. Es un humano, un niño, vive rodeado de gente y se niega a ser invisible o ignorado pero debe planear bien el acercamiento, no quiere arruinarlo.
Sin darse cuenta, ellas se van. Piensa que tal vez es mejor así, de esa forma podrá planear mejor su encuentro con las niñas. El tiempo pasa de forma tediosa, sin embargo, él está siempre ansioso. Hace unas semanas que ya no ve a las niñas. Tal vez se enteraron de su rareza y los padres decidieron marcharse. Le cuenta a su madre sobre eso, apenas un esbozo. Su respuesta es helada.
– No te atrevas a seguir los pasos de tu madre, Prince.
De un tiempo acá ella le llama así, Prince, él no va a aquejarse pues siempre le ha gustado ese segundo apellido que lo liga a la realeza y a la magia. Desanimado, camina por las grises calles de su barrio para ser sorprendido por una llamarada de color que, en medio de ese lugar, sólo puede resaltar, es a la única niña que conoce con ese color de cabello, curiosamente el color de cabello de su hermana es también rojizo pero más oscuro. Ambas van risueñas, van felices.
El tiempo no puede ni quiere detenerse, tampoco le da respiro de ningún tipo. Francamente ha desistido en intentar entablar algún tipo de relación con aquellas chiquillas. Para él es evidente que pertenecen a mundos distintos, no sólo es la forma en la que visten, también es el hecho de cómo se ven. Se ven como él no puede lograr verse. Ellas son amadas mientras que él es únicamente tolerado. Ha descubierto por fin que Ella, su madre, lo ve como la prueba visible de su error y debilidad. La escucho decirse a sí misma que jamás debió irse con Tobías, mucho menos permitirse tenerle a él. No la puede comprender porque después de eso capto su mirada de amor y orgullo al comprender perfectamente los principios básicos de la elaboración de pociones.
Él las percibe diferentes. Él tiene la certeza de que sus nuevas vecinas no entienden la sutileza de la preparación de pociones; tampoco sospechan lo importante que es dar intención a un hechizo para que funcione, muchísimo menos se imaginan lo valioso que es mantener las manos a salvo para poder coger una varita. Sin embargo, la chiquilla mayor es la que capta su total atención por esa aura de anodina normalidad que exuda.
Esa chiquilla es Petunia, está seguro de qué es inteligente, de que capta las anomalías a su alrededor así como la fiereza de la defensa hacia su hermana menor. Decide que le agrada e intenta, en vano, acercarse a su normalidad. Mientras ella exuda regularidad él no puede evitar gritar con todo su cuerpo y esencia "diferente". Cosa malísima en un mundo en el que, desde siempre, la diferencia ha sido pecado de aquellos que la portan.
Intenta de forma un tanto desesperada hacerse visible para ella, y ella le nota, mas no en la forma en la que él quisiera. La descubre mirándolo con el ceño fruncido, con miradas reprobatorias. La escucha susurrar palabras de censura a su aspecto, a su comportamiento. Nota en su forma de evitarlo que ella le teme, le envidia y siente lastima por él. Él es todo lo que ella no pero que quiere ser. Pero ella es tajante, toda ella le deja claro que no puede ni debe acercarse. Él entiende…
Se lamenta de forma constante no haber podido impresionar a Petunia, hasta que descubre a la hermana pelirroja haciendo magia. Es magia. Magia en todo sentido porque es mágico verla levitar las flores a su alrededor, mirarla ser feliz, saberse parte de algo pero sobre todo, no sentirse solo nunca más. Desde ese momento se propone enseñarle a ella todo lo que su madre le ha enseñado a él, quiere abrirle las puertas del mundo mágico que existe paralelo al mundo muggle y, por primera vez desde que tiene memoria, deja de admirar la normalidad de los demás. Por primera vez desde que las conoció, ve a Petunia como una chica insípida que jamás podrá ser maravillosa. Se complace en secreto de saberse acompañado en su rareza, le gusta saber que el maravilloso secreto de la magia no sólo lo comparte con su madre sino también con ella, con Lily Evans.
Sin percatarse de cómo o de cuándo. Ella y… ella, se han vuelto piedras angulares de su vida. No sospecha que en un futuro las mismas que hoy le dan poder, confianza y esperanza se lo arrebataran todo. Por ahora, sólo planea la mejor forma de desvelarle a Lily la gran noticia. Aunque muchos vecinos puedan decirle tonto, Severus no es ni por asomo estúpido, comprende perfectamente que para el resto de las personas la magia es una ilusión, que ser llamada bruja es un insulto o que hablar de Howarts (además de ser ilegal) puede ser considerado como una broma de muy mal gusto.
Pero esa mañana se siente particularmente pletórico, se acerca al lugar en donde siempre las ve jugar. Está pensando como acercarse para no asustar a la mayor pero no le da tiempo de pensar nada y se abalanza como de forma desesperada. Por supuesto que las asusta.
—Eres una bruja
Nada más decir las palabras sabe que ha iniciado con mal pie, trata de recomponer las cosas explicándolo todo, a trompicones, con dificultad pero Petunia es entrometida como pocas. Ellas se van mas Lily le promete volver. Nada salió de acuerdo a lo planeado pero al fin y al cabo obtiene lo que quiere: la atención e interés de Lily. Está complacido con los resultados; lo único que le importa son las deliciosas promesas de juegos, susurros, admiración… que nunca nadie antes le ha dado.
Los días continúan dando paso a las semanas, a los meses e incluso a los años. Hace ya tres años que conoce a Lily. Ahora ella es su única amiga, la que lo defiende, lo escucha, le pregunta, lo respeta, lo quiere y lo admira. Él en realidad no pide nada más, la quiere, la protege y le enseña.
Ella se ha dado cuenta de que esa chiquilla le roba el tiempo y el conocimiento a su hijo pero no dice nada, consciente de que Lily también irá a Howarts, espera que ese cariño tenga dos finales (a ser posible el primero): uno, que pase pronto; y dos, que sea lo suficientemente sólido para dar soporte a su amado hijo. Ella pronto no estará mas no desea dejar a su pequeño en manos de la amada bestia que tiene por esposo.
Pensó con frecuencia en pedir ayuda a su familia pero ese tiempo ha pasado, por ilusión, necedad u orgullo (principalmente lo último), el tiempo transcurrió implacable haciendo de la indulgencia de su estricto padre una opción finiquita. Y aquí está ella, compartiendo con una niña la absoluta devoción de su hijo y espera, de verdad lo hace, que esa devoción se enfríe o será la perdición de Severus. Lo presiente. Por ahora, su debilidad física y mágica no le permite defender a su hijo como debería hacerlo. Las fuerzas de la ilusión y el amor se le escapan; lo único que está a su alcance es incendiar el amor de su pequeño por la magia para que nunca se sienta tentado a regresar al mundo muggle que tanto mal les ha hecho. Entonces ella es abusada otra vez, más fuerte, más brutal. Cada vez se defiende menos.
Ella siempre es abusada de una u otra forma, no puede comprender la razón de su sumisión, ella le cuenta de su enfermizo amor pero simplemente no puede comprender por qué siendo ella tan poderosa, permite que la lastime de esa manera. Lo odia, lo odia; le teme, lo aborrece. Lo quiere muerto, mejor aún, inexistente en sus vidas. Es en ese preciso momento en el que se jura que nunca ningún muggle lo hará sentirse inferior; jamás les temerá, o les querrá. Él es superior a ellos en inteligencia y dones.
Se divide siempre entre lo que quiere, lo que debe y las consecuencias de lo que termina haciendo. Defiende a su madre de Lily y viceversa. Está entre ambas pero ambas hacen magia. Una crea pociones, la otra mueve el viento; la primera le desvela su mundo la segunda le mueve el mundo.
