2.- El vagabundo sin nombre

La gente está llegando a la iglesia por familias. Como es tradición en ese lugar el padre debe entrar primero pero una vez dentro esperará al resto de la familia.
Esto se hace así en memoria de los fundadores de esa villa lejana. Sin embargo, una persona totalmente cubierta de andrajos está a las puertas de la iglesia a un lado de Shinobu. Comienza a hablar en una lengua extraña que nadie conoce. Lo hace de manera apresurada y se nota que ha estado bebiendo por muchas horas. Habla de lugares lejanos más allá del crepúsculo y de una ninfa que canta al salir el sol a la orilla de un lago oculto al lado de una montaña.

Los padres de familia le piden a sus hijos no acercarse a él. Es un forastero como hay muchos yendo de paso hacia el sur buscando trabajo en los lugares más templados. Shinobu vendiendo cerillas no se pone nerviosa a su lado, pero le da curiosidad. Habla con una voz joven pero sus palabras parecen decantadas por el tiempo, como si estuviera hablando una persona que ha vivido muchos años. Si pudiera verlo también notaría sus ojos llenos de pesadumbre y hambre de paz.

Soujiro recibe limosna de una señora que lleva una canasta con su bebé recién nacido. Cuando voltea a ver la fuente frente a la iglesia se sorprende. Hay una persona a caballo llegando por el camino principal bastante equipado, como si fuera a la guerra. El caballero trae una armadura completamente roja, solo el escudo es blanco. Eso lo delata. O no es suyo o lo ha robado.

Sin decir palabra alguna toma a Shinobu por la fuerza. - ¡Hola preciosa! ¿Te has decidido a acompañarme? ¿Has esperado suficiente por ese tal Soujiro? Anda que no tengo tiempo para tus historias absurdas, quiero una esposa que me siga a la guerra con los pueblos del sur. - Saca una daga y le corta la ropa sin miramientos. Muchos de ls aldeanos se indignan y le comienzan a gritar. - Hey tu, fantoche, ve a buscar placer allá donde te hace falta valor de buscar. -

En respuesta el caballero se apea y enfrenta a la gente. - ¡Repitan esas palabras! ¿No saben con quien se enfrentan? Soy Lanzer, el mismo capitán de las tropas del ejército del norte. ¿Quién es el primero en querer defender a esta pordiosera? -

Estas palabras remueven muchos recuerdos en Soujiro. Aunque nadie le reconoce se levanta y proclama: - Si te venzo solo con mi espada, sin escudo, sin armadura:
¿Puedo reclamar el derecho sobre mi prometida? -

Todos dejan salir una expresión de asombro. El mendigo a las afueras de la iglesia está sosteniendo la legendaria espada de la reina Kaolla Su.

Lanzer se pone en guardia. - ¡Jajajajaja, estúpido! Debes ser Soujiro. Por tu aspecto deduzco que te ha ido muy mal. - Le escupe a los pies. - Jamás evito combate alguno. Comience Sir Soujiro caballero de los mendigos - Y le hace una reverencia en burla.